Capítulo 23

«¿De verdad?»

«Sí, te lo juro, estaba esa flor enorme que hablaba con Regina y ella le contestaba como si fuese la cosa más normal del mundo»

Ruby y Belle se echan a reír mientras, echadas en el suelo, una al lado de la otra, comían papas fritas y bebían coca cola. No habían dormido mucho porque Ruby tenía ganas de contarle a alguien su gran aventura. Así que había invitado a su casa a Belle.

«Te ruego, cántame otra vez la cancioncita de Panco Pinco y su hermano»

Ruby da un suave codazo a Belle que casi se atraganta con un pedazo de papa.

«Eran Pinco Panco y Panco Pinco…Y hacían…»

Se aclara la voz haciéndola más aguda y chillona

«Aprieta la mano, encantado, encantado, encantado. Aprieta la mano encantado y después presentación»

Se levanta de un salto y pone una pose algo cómica y sonriendo

«Esta es la educación»

Belle se sienta, muerta de risa. Ruby hace lo mismo, y se sienta a su lado quitándole una papa de la mano.

Belle se calla y la mira feliz. Aquella muchacha de cabellos negros y rojos que usaba escasa ropa era fantástica

«¿Qué? ¿Tengo algo entre los dientes?»

Ruby, preocupada, se mete un dedo en la boca inspeccionando los dientes uno por uno. Belle le toma la mano, deteniéndola y riendo.

«No, es que soy feliz. Nunca había hablado así despreocupadamente con nadie. Sin pensar en problemas y riendo tanto.

Ruby le sonríe tomándola de las manos

«Bah, somos amigas y es lo que hacen las amigas, ¿no?»

Belle baja la mirada

«No lo sé. Nunca he tenido una amiga»

«Entonces fíate de mí. Hacen eso.»

Ruby se levanta, deja a Belle y corre hacia la habitación, para gritarle a la muchacha que pasmada se había quedado en el suelo

«¿Y sabes qué otra cosa hacen las amigas?»

Vuelve a la sala con dos almohadas rojas en la mano, le lanza una a Belle y le hace señas para que se levante.

Belle mira perpleja la almohada y después a la morena que levantaba la suya como escudo

«¿Qué?»

Ruby sonríe

«¡Lucha de almohadas!»

Grita lanzándose hacia Belle que, divertida, corría por toda la casa.

Emma siente una ligera presión sobre la mejilla y perezosamente abre los ojos. Ante ella Regina la miraba con una magnífica sonrisa en su rostro.

«Perona si te he despertado»

Emma hace fuerza con los codos para acercarse a Regina, que de lado apoyaba su cabeza sobre una mano. Cuando estuvo al lado le roza los labios con los suyos, sonriendo.

«No te excuses nunca si me despiertas así, ¿comprendido?»

Regina sonríe, bajando y buscando el contacto con los labios húmedos de la rubia. Esta, en respuesta, ciñe a la morena por las caderas y recorre con sus manos su espalda desnuda. Ante aquel roce, un cálido temblor recorre a Regina que rápidamente posa su mano abierta sobre el pecho de la rubia, que gime. Regina ríe separándose de la boca enrojecida de Emma y acercándose a su oído

«¿Aún no está satisfecha, sheriff Swan?»

Emma se ríe y dando la vuelta a la situación, se coloca sobre la morena que, aplastada contra las sábanas, reía.

«¿De usted Regina? Nunca»

Se besan de nuevo, mientras Regina enrosca sus piernas alrededor del cuerpo de Emma que como respuesta aplasta su cuerpo contra el de la morena.

«Veo que tampoco usted está saciada»

Emma lleva su mano hacia la intimidad de Regina, apenas rozándola

«Y veo que está también contenta de verme»

Se echan a reír cuando el teléfono comienza a sonar

Emma baja la cabeza, Regina resopla cogiendo el móvil de la mesita

«Lo positivo del mundo de los cuentos es que no existían estas cosas infernales»

Aprieta la tecla verde y responde, mientras Emma la martiriza mordiéndole el lóbulo de la oreja y el cuello.

«¿Diga?»

Suspira silenciosamente ante el roce de las manos expertas de Emma que la acarician con amor

«Hey Regina, soy Nieves»

Regina pone los ojos en blanco, intentando concentrarse en el teléfono y no en el aliento cálido de la rubia que le masajeaba el cuello.

«Para»

Susurra hacia Emma que como toda respuesta ríe con gusto sobre la piel de la morena haciéndola estremecerse.

La voz al otro lado de teléfono responde

«¿De hacer qué Regina?»

No, Blancanieves, no te lo decía a ti»

«Ah, ¿no me digas que he llamado en mal momento?»

El tono incómodo de Blancanieves desentona con el irónico de Regina que le responde mientas da un ligero golpe a Emma en el hombro que poco a poco descendía por el vientre llenándolo de besos.

«No, Blancanieves, ¿qué te hace pensar eso? De todas maneras, ¿por qué has llamado?»

Regina, con un movimiento felino, se pone a horcajadas sobre Emma, para, con una mano, atraparle las muñecas sobre la cabeza y sonreírle. Emma intenta protestar, pero renuncia, y aprovecha para degustar el espectáculo que tiene delante, el de su mujer completamente desnuda.

« Antes que nada quería saber cómo estabais. Tú y Emma. Y después, James y yo queríamos que vinieses con nosotros a las cavernas para organizar un verdadero plan contra Cora. James dice que es inútil esperar»

Regina mentalmente da la razón a Blancanieves. Deben atacar o por lo menos encontrar un modo para llevarle ventaja a Cora.

«Ok, nos vemos en veinte minutos delante de la biblioteca»

«Bien Regina, hasta después. Tiempo suficiente para ir a buscar a Ruby y a Belle»

Tras decir esto, Blancanieves cuelga y Regina tira el móvil sobre la cama, mirando a Emma que se había enfurruñado.

«¿Qué?»

«Quería estar un poco contigo»

Regina sonríe besando los ángulos de la boca de Emma y acariciándole la cara con una mano, mientras la rubia, libre del férreo agarre de Regina, le acariciaba la espalda.

«Bien, como yo lo veo, tenemos exactamente diez largos minutos para estar juntas»

La rubia la mira perpleja

«cinco minutos para vestirnos y cinco minutos para llegar a la biblioteca»

Emma sonríe sacudiendo la cabeza.

«Estoy segura de poder vestirme y llegar a la biblioteca en menos de cinco minutos»

La sonrisa maliciosa de Emma se abre más cuando Regina restriega su nariz contra la suya.

«¿Segura sheriff Swan?»

Emma captura los labios de Regina en un largo beso, cuando se separan se echan a reír.

«Segurísima»

«Diez minutos de retraso. No sé quién de entre las dos es más irresponsable»

Blancanieves mira a su marido sonriendo, este caminaba de aquí para allá en el umbral de la biblioteca, mientras Ruby, sentada en el suelo junto a Belle enseñaba a esta a hacer aviones de papel.

«Venga, James. Debes admitir que se acaban de encontrar»

James sonríe, se para y abraza a Blancanieves que se le había acercado.

«Ahí están»

Henry grita señalando el famoso automóvil amarillo que aparcaba en la calle.

Las dos mujeres bajan riendo

«Llegamos tarde»

«No es mi culpa Regina si nos sabes qué ponerte»

Regina resopla, pero sonríe al sentir que Emma la ciñe por la cintura.

«Quiero de vuelta mis faldas, mis tacones y mis blusas»

Emma asiente

«Te prometo que cuando todo esto acabe te llevo de compras»

Roba un beso, rozando los labios de la morena, y se acercan al grupo que reía incómodo.

Henry corre hacia sus madres saltando literalmente a los brazos de Emma.

«Hey, chico, ¿cómo estás?»

Henry que se había acercado a Regina y le había cogido de la mano, le sonríe

«Todo bien, excepto que tengo un pequeño problema»

Las dos mujeres se paran preocupadas

«Nada de qué preocuparse. Solo es que ahora que estáis juntas no sé cómo distinguiros. No puedo llamaros a ambas mamá. Demasiado confuso»

Las dos mujeres suspiran, pero en seguida se echan a reír seguidas del resto del grupo que se había acercado.

Regina se arrodilla ante el hijo

«Llama a Emma papá»

Emma emite un chillido de desaprobación

«¡Hey!»

Regina sonríe, se acerca a su oído y le susurra

«Pensaba que querías hacer de macho dominante tras ver qué me haces en la cama»

Nadie escucha esa afirmación si no es la interesada que se pone como un tomate, mientras Regina, bajo la mirada perpleja de los demás, se parte de risa.

«¿Qué tienes Emma?»

Ruby se acerca a la rubia abanicándola con un pañuelo rojo que llevaba al cuello.

«Ehm, según creo es algo entre ella y Regina, mejor no saber»

Belle toma de la mano a Ruby haciéndola retroceder al intuir de qué le estaba hablando Regina al oído.

James hace volver e sí a Emma girándose hacia la entrada de la biblioteca

«Henry, ya pensarás en otro momento en cómo llamar a tus madres. Ahora solo busquemos cómo deshacernos de Cora»

Henry asiente arrastrando a Regina que ciñe a la rubia por la cintura en dirección a la biblioteca.

«Se han pasado un año odiándose y ahora parecen pegadas con pegamento»

Ruby se había quedado atrás con Belle que miraba a la feliz pareja con el pequeño muchacho de ojos claros.

«Bah, Ruby, si recuerdas, ya era difícil despegarlas incluso cuando peleaban»

Ruby asiente

«Tienes razón»

«Sabes, quisiera que Rumpelstilrskin encontrase la manera de estar conmigo como lo ha hecho Regina»

Ruby le da un afectuoso abrazo a la amiga, y le revuelve el pelo

«Me parce que ha dado un gran paso con el gesto de anoche. Verás que todo se arreglará y podrás estar con él»

Belle sonríe tomando de la mano a Ruby y entrando en la biblioteca.

«Pero, seremos siempre amigas, ¿verdad?»

Ruby asiente con alegría

«Obviamente. Si no, ¿con quién pasaré las noches tirada en el suelo comiendo porquerías?»

Cora sabe qué hacer. En breve tendrá lugar la batalla final y ha llamado junto a ella a los más acérrimos enemigos del final feliz.

«¿Dónde diablos está mi garfio?»

Un hombre alto, de espesa cabellera negra y alargados y cuidados bigotes corría de aquí para allá, agitando delante de todos su mano mutilada

«¡Borrachín!»

Grita, pero nadie lo escucha

«¡Diablos!, ¿dónde se ha escondido ese bueno para nada? Lo entregaré de comida a los tiburones si…»

Las paredes del castillo tiemblan ante un ruido rítmico de pasos

«Mantente callado»

El hombre, que poco antes, gritaba al viento, levanta la vista.

«¿Y tú quién eres, gordinflón?»

El hombre se había dirigido a un verdadero gigante que miraba hacia fuera, por la ventana, la gran cara redonda y roja por el sol, rodeada de rizos grasientos y despeinados, sobresalía desde el balcón.

«Soy el gigante»

«Eso lo he comprendido, cara de cerdo. ¿Tienes por casualidad un nombre?»

El gigante sacude enfadado la cabeza, mientras una mujer, algo anciana, con la piel violácea y una enorme pluma de avestruz sobre la cabeza se había acercado al hombre de bigotes.

«Mi querido capitán, no es inteligente ofender a un gigante»

El hombre bigotudo se gira hacia la anciana que plegada sobre sí misma sonreía mostrando viejos y podridos dientes.

«¿Y vos quien sois su gracia?»

La mujer se endereza fatigosamente, tose y escupe en el uniforme de capitán de su interlocutor

«Yo soy la grandiosa Yzma»

El hombre perplejo retrocede

«Curioso nombre. Pido perdón, pero nunca he oído hablar de vos. ¿De dónde venís?»

«Vengo de una tierra mucho más al sur de aquellas que conocéis»

«¿Llegáis acaso de Aghrabah?»

Quien habla es un hombre más alto que el bigotudo. Una larga perilla y un vestuario algo extravagante lo presentan. Llevaba una larga capa roja con los bordes dorados y negros. En la cabeza un turbante rojo con una piedra cerca de la frente y sobre un hombro un grande y gordo papagayo. Los rasgos eran árabes.

El hombre se masajea la sien con estilizados dedos decorados con miles de anillos de oro y plata esperando la respuesta de la anciana.

«No, de tierras más lejanas. No creo que vos las hayáis visitado. De todas maneras, ¿quién sois vos?»

El hombre del turbante realiza una ligera inclinación hacia la mujer

«Soy Jafar, ¿y vos?»

«Soy la grandiosa Yzma»

El hombre del turbante mira al hombre bigotudo con perplejidad

«No se preocupe, tampoco yo sé quién es. Yo soy Killian Jones, más conocido como el Capitán Garfio»

«He escuchado hablar de vos. Sois un viajero en busca de una isla que efectivamente no existe»

El Capitán Garfio sacude velozmente la cabeza

«No existe en este mundo. Nunca Jamás es sin embargo una certeza, os lo aseguro por mi garfio»

Dice mostrando el brazo sin mano, y comienza a imprecar

«¿Dónde diablos está mi garfio?»

Se pone otra vez a correr por las estancias del palacio seguido por la mirada perpleja del gigante que miraba de reojo desde la enorme ventana de la sala.

«Extraño personaje»

Un perfume de rosas se difunde por la estancia cuando una mujer con esponjados cabellos negros ondulados y escondidos en una amplia capucha y con una capa que rozaba el suelo se acerca al grupo que se había formado. Tiende la mano esperando que Jafar se la besase, lo que no hace, dejando a la mujer perpleja y desilusionada.

«Yo soy Madre Gothel. Ahorradme las presentaciones, sé quiénes sois»

Yzma mira de abajo a arriba a las dos figuras que tenía al lado y resopla haciendo vibrar la pluma de avestruz que le decoraba el sombrero.

«¿Hay alguien en esta estancia que sea más bajo que yo?»

Alguien le sacude ferozmente la falda negra y ella baja la mirada. A su lado había una enana con sobrepeso. Dos ojos redondos como pelotas de billar la escudriñaban con una vena de locura. Cabellos ralos, blancos y apestosos demostraban la escasa hiegiene de ese ser. La nariz curva y los dientes torcidos. Vestía un sencillo vestido rosado y azul completamente sucio y ajustado, mientras en los pies llevaba extrañas pantuflas peludas y de color rosado.

«¿Algo en contra de las personas bajas, palillo?»

Yzma se echa a reír señalando a la enanita que le lanzaba una mirada furibunda

«¿Quieres que te transforme en un pollo?»

Tras decir esto, la enanita mueve sus regordetes dedos hacia Yzma que aparece tras una nube amarillenta convertida en un enorme pavo.

La enanita se echa a reír seguida de Jafar y de aquella que se presentó como Madre Gothel.

«Bien te lo mereces, vieja, nadie se ríe de Madam Mim»

Y tras decir esto, se pone a saltar riendo como una loca, mientras Yzma, que ahora era un pavo, corría desesperada de acá para allá.

Madam Mim rodando los ojos comienza a canturrear en mitad de la sala

«Si con un dedín yo toco una flor, zumparimpim, se deshoja y muere»

Ríe y se acerca a Jafar retorciéndose en su capa rojo fuego

«Solo el demonio igualarme puede, yo soy la mítica y esplendida Madam Mim»

Jafa,r asqueado, se aleja de la bruja junto a Madre Gothel.

«Pero es terrible»

Dice haciendo referencia a la voz chillona y fastidiosa de la bruja. Madam Mim sonríe a Madre Gothel para continuar.

«Puedo hincharme, hacerme pequeñita como un topín. Brujería o magia negra son especialidades mías»

Comienza a correr por la sala fastidiando a todas las personas que tranquilamente estaban allí, haciendo incluso caer al Capitán Garfio que finalmente había encontrado su garfio. Con la caída este acaba en el balcón

«Yo soy la magnífica y esplendida Madam Mim»

Cierra los ojos y se transforma en una bellísima mujer rubia, alta y escultural.

«Puedo tener un fascinante rostro, úvula de oro, mórbida cabellera»

Se acerca a un hombre, con un extraño sombrero en la cabeza y una toga parecida a la de los sacerdotes, y se transforma en seguida en la enanita apestosa.

«Pero no te hagas ilusiones. Yo soy la mítica y esplendida Madam Mim»

Madre Gothel se acerca a Jafar

«¿No esperará que la aplaudamos, verdad?»

El hombre que antes había sido molestado por la bruja chilla de rabia.

«Basta ya. Acaba con esos juegos sin sentido. Quiero saber inmediatamente el motivo por el cual he sido arrastrado a este mundo. Debo vigilar mi iglesia y a los infieles. Como aquella sucia gitana que se ha encerrado en mi Nôtre Dame»

El hombre continúa agitándose y empezando a impacientar también a los otros.

«Cálmate, mi querido Frollo, calmaos todos»

Cora entra finalmente en la sala, después de abrir, con la ayuda de la magia del libro de Rumpelstilstskin, el portal hacia varios mundos para traer a las personas que necesitaba.

«¿Qué hacemos aquí?»

Pregunta un hombre forzudo que Cora identifica como Comefuego.

Cora sonríe, mientras a sus espaldas aparece Byron ofreciéndole una copa de sidra.

«Queridos míos, estáis aquí porque os voy a ofrecer finalmente el modo de cumplir todos vuestros sueños. Todos nosotros tenemos en común una cosa, es decir, todos nosotros queremos destruir a alguien por puro divertimento. Alguien que ha sido demasiado feliz para nuestro gusto»

«¡Como aquel malnacido muchacho volador, Peter Pan!»

Chilla el Capitán Garfio, mientras trepaba por la balconada después de recuperar su garfio.

«Sí, Capitán. Precisamente. Se está llevando a cabo una guerra en este mundo. Las fuerzas del bien contra nosotros, las del mal. Al frente de la otra facción está Regina. La conoceréis todos»

«¡Aquella que ha creado la maldición!»

Dice la Reina de Corazones que estaba sentada en una esquina de la enorme mesa de madera.

«Exactamente. Algunos tenéis cuentas pendientes con ella, otros la conocéis solo por su fama, pero poco importa. Os estoy dando la posibilidad de aniquilar el bien de una vez por todas y para algunos de vosotros vengaros de vuestros enemigos»

«¿Y qué obtendrán los que no encuentren a sus enemigos?»

Un hombre vestido de explorador con un gran fusil en la mano y un pañuelo rojo atado al cuello da un paso hacia delante.

«Clayton, sé que usted mata por pura diversión. Tendrá la posibilidad de hacerlo. Y además si ganamos esta guerra, y la ganaremos, os lo aseguro, habrá bastante poder para todos»

El gentío comienza a asentir satisfecho

«Lo que os pido es que os mantengáis bajo mis órdenes. Ganaremos a esas dichosas personas y yo arrancaré el corazón del pecho de mi hija»

La muchedumbre comienza a gritar clamando el nombre de Cora.

El fin está cerca. Se podía percibir en el aire.

En las cavernas se había organizado una tienda con una gran mesa en el centro. Llena de libros y de restos de comida que la dividían del resto de personas que discutían en el interior de la tienda.

«Debemos atacar. No podemos esperar a que Cora haga el primer movimiento»

James es inamovible y Regina por primera vez le da la razón,

«Es verdad James. Estoy de acuerdo. El problema es que no tenemos ninguna información del enemigo. No podemos atacar a ciegas, sería un suicidio»

Gruñón resopla

«¿Qué sabemos de Cora?»

Emma se acerca a la pizarra con el rotulador. Sonríe a Regina y comienza a escribir.

«Pues, es muy poderosa. Tanto como Regina. Debemos saber de dónde ha tomado su poder. Sabemos que después de su aparente muerte ha seguido a Regina en la sombra, así que…»

Blancanieves acaba la frase por Emma

«es probable que haya encontrado algo en el camino»

Señala a Regina que con ambos brazos apoyados en la mesa pasaba las hojas de un libro de magia.

«Que la ha vuelto tan poderosa»

Regina cierra el libro que ojeaba y golpea la mesa con el puño. Está nerviosa, llevan dos horas recapitulando lo obvio sin encontrar una solución»

«Sí, ¿pero qué?»

Emma se acerca velozmente a Regina abrazándola por detrás

«Calma. Intenta pensar en algo de tu pasado que Cora haya podido utilizar para llegar a ser tan poderosa»

Regina respira el dulce perfume de Emma y se calma comenzando a recordar

«Por donde quiera que yo hubiese pasado, me habría llevado todo el poder necesario para llegar a ser más poderosa. A menos que…»

De repente una idea. Algo le ilumina la mirada haciéndole comprender lo estúpida que había sido al no haberse dado cuenta antes.

Coge un enorme libro que estaba apartado, de piel negra brillante y pasa las hojas convulsamente. Ruby se le acerca echando un ojo a lo que hacía.

«¿Qué? Regina, ¿te ha venido algo a la mente?»

Regina asiente, mientras siente el agarre del brazo de Emma debilitarse para después ver despuntar a su lado sus rizos rubios.

«Sí…quizás…»

«¿Qué, Regina, qué?»

James la sacude hasta que Regina hubo señalado con el dedo una página amarillenta que mostraba símbolos arcaicos y escritos en una lengua extraña.

«El hechizo de la energía vital»

Todos la miran extrañados, sin llegar a comprender y entonces Regina comienza a explicarlo.

«Nosotros estamos hecho de energía. Cuando morimos, nuestra energía se dispersa en el aire. En tiempos antiguos se pensaba que con una apropiada sepultura las ánimas de los muertos regalarían a la naturaleza dicha energía. La energía vital es el conjunto de toda la bondad presente en el alma, da igual que la persona haya sido buena o mala. Quizás mi madre tiene un poco de esa energía»

«¿Tu madre?»

«Regina asiente a Gruñón y continua

«La energía cuando morimos se dispersa en la naturaleza que, con un lento proceso, y por lento quiero decir muy lento, la transforma en poder. En magia blanca, para entendernos, de la cual nacen seres como tú, Gruñón, o como el hada Nova. Es un ciclo vital. Sin embargo, debe existir un atajo para obtener ese poder, un atajo que mi madre debe haber utilizado. Con este hechizo, pronunciado delante del cadáver de una persona todavía insepulta, se puede extraer su energía y transformarla en poder. Este proceso, en cambio la hará transformarse en magia oscura»

Emma abre los ojos desorbitadamente como todos los demás como si hubiesen llegado a la conclusión

«Quieres decir que…»

Sí, Emma, mi madre debe haberle quitado la energía vital a las personas que yo asesiné»

Baja ligeramente la cabeza sintiéndose culpable.

«¿Por qué no lo hiciste tú?»

Gruñón se adelanta

«Se dice que el único modo para hacer que el alma esté en paz con el mundo es la sepultura. Nunca toque su energía vital porque no hubiera sido justo en comparación. Sé que es un razonamiento un poco torcido, pero en aquellos tiempos no razonaba muy bien»

Emma le toma la mano y se la aprieta.

Ruby se le acerca

«¿Así que Cora ha llegado a ser poderosa robando la energía vital de las personas que tu mataste?»

Regina asiente, una mirada triste en la cara.

«Al final todos los problemas conducen a ti»

Gruñón resopla recibiendo una depredadora mirada de Emma que siente la seguridad de Regina vacilar en el temblor de su mano en la suya.

Blancanieves intenta cambiar de tema

«Bien, si lo que has dicho es verdad, ¿existe un modo de volverla inofensiva?»

Regina levanta la cabeza

«Quizás. Pero no para volverla inofensiva, solo menos poderosa»

Todos esperan con ansia la respuesta de Regina

«El perdón. Pero es imposible. Hacerme perdonar por toda la ciudad y por las almas que he asesinado es algo imposible»

Gruñón habla de nuevo

«Bah, obvio. ¿Un plan B?»

«Tú, enanito…»

James agarra a su hija calmándola y haciendo que vuelva a coger de la mano a Regina que responde a Gruñón.

«Un hechizo. Nos sirve cualquier cosa que le haga perder los poderes que ha robado de las alamas inocentes. Ya tengo en mente alguno. Pero no le quitará todos los poderes. Seré solo un poco más fuerte que ella»

James asiente

«Para empezar está bien. Ahora…»

Una nube violeta hace su aparición en la tienda tras la cual aparece Rumpelstilstskin, que alegre saltaba de aquí para allá.

James se pone en alerta, poniéndose delante de los otros seguido de Emma que de forma protectora ceñía a Regina.

«Calma querido»

«¿Qué quieres?»

«Solo quiero continuar con mi oferta especial»

Belle da un paso adelante, separándose del grupo y mirando al hombre a los ojos

«¿Quieres ayudarnos de nuevo?»

Él sonríe a la mujer, haciendo una breve inclinación, para a continuación acercarse a su oído

«Sí, pero…no lo digas muy alto»

Se echa a reír, mientras Ruby agarraba a Belle por una manga haciéndola retroceder

«Tengo información para vosotros»

James, con la mano sobre la empuñadura de la espada, avanza hacia él

«¿Y bien?»

«Cora está formando un ejército. Un ejército de malvados, si puedo usar el término»

Regina se pone blanca. ¿Un ejército? Eso no se lo esperaba.

«Explícate mejor»

«Mi querida Regina, vuestra madre ha encontrado el modo de abrir portales entre mundos y con la ayuda de un libros de cuentos ha recuperado a todos los malvados protagonistas de ese libro. Un ejemplo, Comefuego, incluso la Reina de Corazones»

Ruby rueda los ojos

«No, ¡esa psicópata no!»

James se da la vuelta hacia el grupo, mientras Emma abraza a Regina que está aterrorizada ante la idea de enfrentarse a su madre apoyada por ese ejército. Blancanieves estrecha la mano de su marido que se sienta para reflexionar.

«Debemos organizarnos, y ¡rápido!»