Tormenta
Regina nota que su cama se mueve… Un peso acaba de echarse encima…Las sábanas se rozan y se elevan un poco, una corriente de aire fresco roza su columna vertebral…Ella gruñe un poco y entreabre los ojos para ver a Henry inclinado sobre ella, con una gran sonrisa en el rostro.
H: «¡Buenos días!»
R: «¿Henry? Pero, ¿qué haces aquí?»
H: «Vengo a despertarte, me preocupaba al ver que no bajabas. Emma me ha pedido que viniera»
Regina levanta la mirada y ve el reloj: ¡ya son las 10:34! Ella se incorpora rápidamente, preguntándose por qué se había quedado tanto tiempo en la cama.
R: «Bajo en seguida»
H: «Di, ¿podemos darnos un baño hoy? ¡Hace un tiempo buenísimo!»
R: «¿No estará el agua muy fría?»
H: «Solo un remojón, te lo juro, fuera hace muy buen tiempo, nos hará bien»
R: «Muy bien, muy bien, pero no antes del mediodía»
H: «¡Sí!»
Salta de la cama y sale de la habitación. Deja a Regina para que acabe de despertarse. Ella se sienta en el borde la cama y mira por la ventana. Tocan a la puerta y sabe muy bien quién es, no pude ser de otra manera.
E: «¿Puedo?» Regina se gira y le sonríe «¿Va todo bien? Me preocupé un poco al no verte, tú que por lo normal te levantas temprano»
R: «Tarde en dormirme anoche…»
E: «…»
R: «No tuvo nada que ver contigo…»
E: «¿Es verdad esa mentira? Yo lo entiendo, ¿sabes?...Comprendo que debe haber un lío en tu cabeza»
R: «Emma…Tengo miedo…»
E: «Hablamos anoche y…»
R: «No me refiero a eso…Hablo de nuestro regreso a Storybrooke»
E: «Ah…No es en seguida, faltan todavía dos días para eso»
R: «Pero llegará el momento»
E: «¿Entonces? ¿Qué te da tanto miedo hasta el punto de no dejarte dormir?»
R: «Yo…De hecho…»
E: «Déjame adivinar: la mirada y el juicio de los otros, ¿no?»
Regina baja la mirada, avergonzada de dejarse guiar tanto por «los otros»
E: «Sabes…Yo también estoy nerviosa. Sería una tontería decir lo contrario: somos dos personas importantes en la ciudad. Antes de las vacaciones, aún éramos enemigas y volvemos, y somos amantes…Hay razón para estar intranquilas. Es evidente que van a hablar de nosotras, que nos señalarán con el dedo, que habrá secretos, dimes y diretes, cotilleos…Se reirán de nosotras, pensarán que todo es mentira… Pero, ¿sabes lo que creo?»
R: «…»
E: «Creo que te amo…Y que eso, poco importa los cotilleos y los demás. Sé que esta semana contigo y con Henry ha sido la mejor desde hace años y que finalmente tengo la impresión de tener un lugar en una familia: con mi hijo y su madre»
Regina no puede retener sus lágrimas ante semejante declaración. Le sonríe y separa un mechón dorado del rostro de la joven.
Después de todo, seguramente ella tenga razón: es evidente que serán el centro de atención los primeros días, pero luego, se acostumbrarán. Ellas son lo suficientemente adultas e inteligentes para separar las cosas y no mezclar el bienestar de la ciudad y su propia felicidad.
Sí, sería duro, muy duro, incluso, en una primera época, pero como acaba de decir Emma: ella no estaría sola, tendría a su familia con ella.
R: «Gracias»
E: «De nada. Venga, vamos, he hecho tortitas…Bueno, casi huele a tortitas, casi tienen su color y casi su sabor…Sí, casi son tortitas»
Regina se ríe, Emma la besa sobre la frente y la deja para que se vista.
Después Regina baja y se encuentra a Henry y a Emma en una gran discusión
R: «¿De qué habláis?»
E: «Henry me decía que estaba listo para darse un baño»
H: «Y Emma me decía que yo nunca conseguiría hundirla»
R: «Interesante. ¿Piensas ahogar a mi hijo, Emma?»
E: «¡En absoluto! Primero, nunca ahogaría a NUESTRO hijo, y segundo, yo lo que estaba diciendo es que él nunca lograría hundirme»
Regina se acerca a Emma que está cerca de los fogones, y la rodea con sus brazos
R: «Hm…Hueles bien»
E: «A orquídeas…»
R: «Bien, huele bien…»
H: « ¿Qué hacemos esta mañana?»
E: «Pienso que puedes hacer lo que quieras hasta que nos vayamos al lago»
H: «¡Genial!»
Sube por las escaleras hasta el piso de arriba, seguramente para entretenerse con las figuritas de madera hasta que sea la hora. Emma limpia la mesa.
E: «¿Café?»
R: «Con gusto…»
E: «¿Vas a bañarte también?»
R: «El agua parece muy fría»
E: «Venga, solo los pies… ¡Tengo muchas ganas de verte en bañador! » dice ella pícaramente
R: «Bah, ya veremos…»
Emma se acerca y apoya su barbilla en el hombro de Regina, sus manos alrededor de su cintura, acariciando dulcemente su vientre.
E: «Venga…Será divertido. Y disfrutaremos del lago, no hay en Storybrooke»
R: «Por supuesto que sí, hay uno»
E: «¿Ah sí? ¿Dónde?»
R: «En medio del bosque. Hay un claro con un pequeño lago en medio. Nada comparable con este, pero en verano, cuando hace mucho calor, los niños van a bañarse. Henry ha estado alguna vez»
E: «¡Nadie me dijo nada! ¿Me llevarás?» le pregunta estrechándola un poco más.
R: «Si tú quieres…»
Ella coloca sus manos sobre las de la rubia y deja caer su cabeza sobre el hombro de Emma, disfrutando de esos instantes de calma que se les ofrecía. Más avanzaban las horas y los días, más está convencida Regina de que su lugar está ahí, con Emma y con Henry. Su espíritu no había estado tan tranquilo desde que la rubia se les había juntado en el chalé.
Aquí, lejos de la mirada de los otros, se siente segura, en los brazos de Emma. Sabe que la joven es fuerte para luchar por ellas. Pero también sabe que no puede apoyarse eternamente en los hombros de Emma, ella debe también coger las riendas, defender sus sentimientos, sus deseos…No sentir vergüenza por sentir algo por una mujer, cuando pensaba que ya no volvería a sentir nada. No tener vergüenza de ser diferente y de crear una familia diferente: Henry es un niño inteligente que sabrá enfrentarse a los ataques de los niños crueles y curiosos: dos mamás no es corriente, y menos aún en Storybrooke.
E: «Hm…Podría quedarme así todo el día…»
R: «Yo también»
E: «¿Cómo no llegamos a esto mucho antes?»
R: «Porque preferimos detestarnos, pelearnos por Henry, en lugar de trabajar juntas por su felicidad»
E: «¿Sabes lo que me gusta?»
R: «No, pero creo que voy a saberlo…»
E: « Saber que tendré a mi hijo y a la persona que amo a mi lado todos los días. Porque está claro que yo no voy a quedarme en casa de Mary Margaret… Ella es simpática, pero… Un poco tímida. Y además estoy ansiosa por ver cómo es tu habitación…»
R: «¿Quieres venir a vivir conmigo?»
E: «¿Por qué? ¿Tú no?»
R: «Esto va algo rápido, ¿no?»
E: «No veo en qué: te amo, y tengo ganas de estar contigo, con vosotros… ¿Qué hay de raro?»
R: «No sé…Y en verdad…Encuentro esa idea agradable»
E: «Imagina: un día de verano, hace calor…Tú estás sobre la tumbona, en bikini, un pareo alrededor de tu cintura, te bronceas lascivamente…Henry se divierte en la cama elástica bajo la sombra de tu manzano… Y yo, acabo de servirte un té helado, preparado con mis blancas manos. Decidimos mojarnos en la pequeña piscina hinchable que acabamos de comprar…Esa piscina en la que, caída la noche y Henry dormido profundamente, nos hacemos mimos privados y tiernos… A continuación, nos acostamos en nuestra cama, para acabar con una sesión de caricias cada vez más íntimas. Y por la mañana, Henry nos trae el desayuno a la cama… yo encuentro esa visión perfecta, ¿tú no?»
R: «Ensoñadora, efectivamente…»
E: «¡Y tendremos un perro!»
R: «¿Un perro?»
E: «Sí, siempre he soñado con tener uno… Pero las familias de acogida en las que yo aterrizaba o no tenían o no querían. Un perro, un labrador o un pastor alemán, que llamaríamos… Max o Charlie… bien, ¿no?»
R: «¿Un perro, eh? ¿Por qué no…?»
E: «Lo que es genial es, sobre todo, que tú no veas objeción a que nos hagamos mimos en una piscina, está bien saberlo…» sonríe
Regina se gira y rodea a su vez la cintura de la joven y hunde su rostro en el hueco de su cuello, aspirando ese olor floral que le parece afrodisiaco, tantas son las ganas de estar con Emma.
E: «Hm…Estás cariñosa… ¿Acaso es una indirecta?» le murmura al odio
R: «Mmmm. Calla, solo quiero estar así»
E: «¿Qué te parece si nos quedamos así, pero en tu cama?»
R: «Sí…» suspira dulcemente
E: «¿Sí? ¿En serio?»
R: «¿Qué? Eh, no,no…»
E: «Ah, ya decía yo…» concluye ella con un guiño de ojos «Entonces, ¿qué comemos?»
R: «¿Qué quieres? Hay brócolis y batatas…Yo puedo hacerlos al vapor…»
E: « Perfecto… Solo que antes nos daremos un baño… Baño que tú evidentemente también te darás»
R: «Ok, ok, ¡tú ganas!»
E: «¡Sí! Bien, voy a preparar las cosas para el lago. Menos mal que tomé la precaución de coger un bañador, si no, estaría obligada a bañarme desnuda…»
R: «Sí, delante de Henry…»
E: «Bah, no, hubiéramos tomado un baño de madrugada, solas las dos»
R: «Veremos… Me hubiera asombrado si no hubieses hecho una última alusión sexual…»
E: «Ah, ya sabes, yo, desde que se habla de sexo…» bromea ella, antes de desaparecer por las escaleras, dejando a Regina que comienza a preparar la comida.
Henry tenía razón: hace mucho calor fuera…Un calor sofocante y pesado, lo que no presagia nada bueno.
Pero, sin embargo, acepta salir del chalé, vestida con un bañador negro, sencillo, pero elegante, y con pareo de un rojo vivo alrededor de la cadera. Emma había arrastrado las tumbonas hacia el borde del lago, así como algunos platos y una nevera.
Cuando ve a Regina aproximarse, no puede sino sonreír: no lleva un bikini, sin embargo, lo que el bañador deja vislumbrar, la subyuga: dejaba ver sus hermosas piernas esbeltas y su escote no decepciona.
E: «Wow… Dios, ¡qué hermosa estás!»
R: «¿No te has puesto el tuyo?»
E: «Por supuesto que sí…» dice con un guiño
Desabrocha sus vaqueros, se quita la camiseta y Regina ve, por primera vez, el cuerpo semi desnudo de la joven: lleva un bikini a rayas rojo y blanco atado al cuello, dejando sus hombros desnudos.
E: «¿Te gusta lo que ves?» dice lascivamente al ver que Regina enrojecía.
Esta última desvía la mitrada, mostrando un interés repentino por el contenido de la nevera. Emma se agacha, colocando sus manos sobre las rodillas de la bella morena:
E: «No te preocupes, es todo tuyo»
R: «¿De qué…»
E: «Mi cuerpo, es tuyo»
Después se marcha al borde del lago donde Henry la espera impacientemente
E: «Entonces, ¿vamos?»
H: «Está algo fría…»
E: «Mójate la nuca y a continuación, lánzate»
H: «¿Vienes?»
E: «¡Claro que sí!»
H: «¿Y mamá?»
Emma se gira e interroga a Regina con la mirada. Ante la insistencia, ella cede, se levanta, se quita el pareo y se dirige hacia ellos.
R: «Te lo había dicho, ¡está fría!»
Emma le tiende la mano:
E: «¿Juntas?»
Regina le coge la mano y toma también la de Henry y los tres entran no sin algunos suspiros, respiraciones retenidas e incluso algunos pequeños gritos agudos…Y finalmente, mientas Henry ya está por completo en el agua, Regina y Emma solo entran hasta la cintura. Intercambian una mirada cómplice, y Emma comienza una batalla de agua, que acaba por mojar completamente a la bella morena.
R: «Especie de…»
E: «Oh, oh, ¿Regina Mills se resiste? ¡Ven, atrápame!»
Y Emma se lanza lejos, dejando a Regina sola. Henry y Emma se divierten y ella se les une despacio.
Emma la agarra por la cintura y se pega a ella, y aprovecha para besarla.
E: «Soy…feliz»
R: «Yo también»
H: «¡Y yo también!» dice él saltando en el agua, salpicándolas
E: «Pequeño monstruo»
H: «¿Puedo nadar un poco más lejos?»
R: «No te alejes demasiado, quiero verte y oírte»
H: «Ok»
Y cuando él se aleja, Emma empieza con gestos tiernos: es la primera vez que puede contemplar el cuerpo de Regina con poca ropa.
Deja vagabundear sus dedos por la espalda de Regina, recorre su columna vertebral, parándose justo en el bode de la tela, a la altura de los riñones. Su otra mano pasa de su cintura a su vientre para acabar rozando su pecho derecho.
E: «Sabes que eres más deseable así, con los cabellos hacia atrás y mojados»
R: «¿Ah sí? Puedo decir lo mismo…»
Emma se estrecha contra ella y deposita algunos besos aquí y allí, sobre la piel desnuda y húmeda de su compañera.
E: «Comienzo realmente a degustar la idea de hacer obscenidades en el agua…»
R: «No olvides que Henry no está lejos…»
E: «No te preocupes, he comprendido muy bien que no haremos nada ahora… Pero me gusta y aprecio la idea de que podría concretizarse en los próximos días, semanas o meses…»
Su mano se atreve a posarse sobre su pecho, acariciando suavemente la tela…Siente, bajo sus dedos, una prominencia que hace nacer un suspiro de éxtasis a Regina y de deseo a Emma.
E: «Ok, vamos a dejarlo, si no, no respondo de nada…» murmura para convencerse a sí misma.
Se aleja y se une a Henry dejando a una Regina totalmente frustrada: ¿cómo puede sentir tantas cosas si no había hecho nada más que poner su mano sobre ella…?
Se imagina todo lo que ella podría hacerle y se deja ir… Regina se permite tener ideas pícaras y lúbricas con la bella rubia en escena y se sonroja ante sus propios pensamientos…Quizás es la hora de superar los obstáculos, de satisfacer lo que Emma dejaba ver desde la víspera… Un deseo que no pide si no ser satisfecho.
Se une a Emma y a Henry para una batalla improvisada en la que Henry, con la ayuda de su madre, logra hundir a la bella rubia, a pesar de una sólida resistencia.
E: «¡Hey! ¡Dos contra una!»
H: «Pero, ¡lo he logrado! ¡Si lo hubiera sabido, hubiera apostado!»
E: «¿Damos algunas brazadas?»
H: «Ok, ¿vienes, mamá?»
R: «Voy»
Pero, al levantar los ojos hacia el cielo, ve una enorme nube gris… Eso no presagia nada bueno.
R: «No deberíamos tardar»
E: «Unos minutos más, ¿ok?»
Regina acepta, pero al cabo de algunas brazadas, el tiempo empeora muy rápido: grandes nubarrones negros se forman, la brisa ligera se transforma en un viento helado…
R: «Emma… Será mejor que volvamos. Henry, sal del agua, por favor»
Su hijo obedece y da la vuelta hacia la orilla, saliendo rápidamente y enrollándose en la toalla cuando ya comenzaban a caer algunas gotas.
Pero Emma continua nadando descuidadamente para desquicie de la bella morena.
R: «¡Emma!»
E: «¿Qué?» gruñe
R: «Sería prudente volver, va a haber una tormenta»
E: «Algunas brazadas más…»
R: «¡No, venga, regresemos!»
E: «Entonces, ven a buscarme…» le dice desafiándola
Pero Regina no está de humor para esas bromas y se da la vuelta. Emma, al ver a Regina salir del agua, se resigna y la sigue. Cuando Regina se está secando, Emma se acerca a ella, aterida de frío.
E: «Olvidé mi toalla…» hace muecas como un niño
Regina abre su toalla y Emma se desliza al interior, abrazándola. Pero la lluvia se recrudece y pronto son cogidas por sorpresa por un chaparrón fulgurante y violento.
Vuelven al chalé y aún en bañador constatan que la tormenta dobla en intensidad, y pronto los truenos y relámpagos se unen a la fiesta.
H: «Mamá, dicen en la tele que es una tormenta muy fuerte y que debemos cerrar las ventanas»
R: «Ok, lo haremos, cierra las de tu habitación»
Están en bañador pero eso no les impide a las jóvenes volver a salir, con el viento y la lluvia bramando, para cerrar los postigos y entrar en la cabaña las tumbonas y demás muebles de jardín antes de que estos salgan volando y caigan al lago.
Después ellas entran congeladas. Henry no está muy tranquilo, él odia las tormentas y más aún los relámpagos, Emma, aunque ni lo muestra ni lo dice, tampoco está muy confiada…
R: «Voy a preparar algo caliente. Emma, ¿estás bien?»
E: «Sí, sí… Tengo frío, voy a tomar una ducha, deberías hacer lo mismo»
R: « Lo haré, pero me gustaría prepararle algo caliente a Henry»
Emma sube las escalones de dos en dos, y Regina acaba por hacer lo más rápido: un chocolate caliente, espolvoreado con canela. Le da una taza a Henry que, acurrucado en el sillón, tiene los ojos clavados en el boletín meteorológico.
R: «Cariño, deja eso…»
H: «No, prefiero mirar»
Regina comprende que eso lo tranquiliza y lo deja hacer, le acaricia los cabellos con gesto maternal.
R: «Voy a tomar una ducha, ya regreso. Dile a Emma que hay chocolate caliente para ella»
H: «Ok»
A continuación ella sube…Cuando escucha el agua correr, comprende que Emma está utilizando su baño. Sonríe y entra en su habitación. Coge una muda seca y cuando pone la mano sobre el pomo de la puerta, esta se abre con un golpe seco, dejando escapar algunas volutas de vapor.
Ella se da de bruces con Emma, enrollada en una gruesa toalla.
E: «Oh… Lo siento…Debería haberte preguntado…»
R: «No importa. Me toca…»
Emma la deja pasar y al cruzarse no puede retener un tierno gesto: huele los cabellos recién lavados de la bella rubia atrapando un mechón entre sus dedos
R:«Hueles bien, a orquídeas…»
Ellas se sonríen y Emma la besa tiernamente, pegando su cuerpo y acorralando el de Regina contra el marco de la puerta. Con su cuerpo oprimido contra el de la sulfurosa morena, Emma puede sentir cómo el corazón de Regina late estrepitosamente, así como sus contornos: su pecho, sus caderas, sus nalgas…
Pronto sus manos comienzan unas caricias bien ubicadas, rozando todavía la decencia.
E: «Hm… Detenme ahora o si no, no me hago responsable de lo que pudiera hacer…» dice ella mientras que hunde su rostro en el cuello de Regina. Pero esta no tiene la intención de pararla… en todo caso, no ahora…
Y a fuerza de moverse contra Regina, la toalla de Emma se abre y se desliza lentamente. Regina, al acariciar la espalda de la joven, nota la ausencia de toalla y se separa un poco: la toalla solo se mantiene por las axilas de Emma. Si esta levanta los brazos o los separa un poco, se encontraría desnuda ante ella.
R: «Voy a ducharme…»
E: «¿Por qué ahora…? Déjame al menos mostrarte lo que te pierdes…»
Y lentamente, eleva los brazos para apoyarlos en los hombros de la morena cuyas mejillas comienzan a encenderse. La toalla aterriza suavemente en el suelo y Regina, de forma mecánica, vuelve la mirada… No quiere ver, no desea ver de momento ese cuerpo que pronto sería de ella. Pero Emma no se da por vencida: con su índice eleva su mentón y la obliga a mirarla a la cara.
E: «Abre los ojos…Mírame… Regina… Mírame»
Ella obedece y abre los ojos, que en un primer momento se posan sobre su garganta, para luego descender más y más y posarse sobre sus pechos.
E: «Tócame…»
R: «No…ahora no…»
Emma, como única respuesta, se pega a ella y la besa fogosamente…
E: «Yo no puedo más, Regina… ¿Cuándo vas a dejar esta tortura…» le murmura contra su piel.
Emma pasa su índice por debajo de unas de las asillas del bañador y lentamente la hace deslizar antes de depositar algunos besos. La asilla cae del hombro, Emma tira de ella hacia abajo, casi dejando ver un pecho… Pero Regina lleva su mano y coloca de nuevo la asilla.
R: «Ahora no…tengo frío, voy a ducharme, por favor»
Emma se separa, más que frustrada, pero comprende. Le sonríe y se agacha para coger su toalla, pero no se la vuelve a enrollar. Se aleja, ofreciendo a la mirada deseosa de Regina su espalda desnuda en un movimiento más que explícito. Y antes de desaparecer detrás de la puerta de la habitación, envía una última sonrisa a Regina, aún apoyada en la puerta del baño.
Decididamente… no resistiría mucho tiempo…
H: «Te ha dejado chocolate caliente»
E: «Gracias chico…»
Emma se sirve una taza de chocolate y se sienta en el sofá al lado de Henry. Juntos miran las primeras evidencias de la tormenta: cables eléctricos arrancados, tejados que han volado… Parece que ellos tienen suerte: rodeados de bosque, están protegidos y no reciben el grueso de la tormenta, pero aun así el viento sopla por debajo de las puertas y la lluvia tamborilea sobre los postigos, y a veces ven algunos relámpagos por las fisuras de las puertas, seguidos por truenos que los hacen sobresaltarse cada vez.
A Emma le gustaría tranquilizar a Henry, pero la verdad es que ella no está mucho más tranquila que él. Y siente alivio al ver entrar a Regina.
E:«¡Ven a sentarte!»
Regina se sienta al otro lado, rodeando a Henry, y por detrás de este, ellas entrelazan sus dedos.
R: «¿Y si vemos otra cosa?»
E: «Te toca, fui yo quien eligió Charlie y la fábrica de chocolate la primera vez»
R: «Sé que tengo que tener El mago de Oz por alguna parte. ¿Nunca la has visto, no Henry?»
H: «No, nunca»
Regina hurga y encuentra la película. Apaga los informativos y pone la cinta, lo que relaja un poco la atmosfera…Porque a pesar de los relámpagos y los truenos que resuenan fuera, Emma se relaja un poco… Así como Henry.
Cuando la peli acaba, es hora de irse a dormir.
R: «Ve Henry, nosotras ya vamos»
Él hace un signo con la cabeza y sube las escaleras. Regina saca un vaso y vierte chocolate. Después saca de su bolso algunas pastillas que aplasta para convertirlas en polvo y echarlas en el chocolate.
E: «¿Qué es eso?»
R: «Calmantes. Henry siente pánico con las tormentas. Nunca se dormirá con esta tempestad fuera»
E: «Entonces…¿Le drogas?»
R: «Por supuesto que no. Tiene la costumbre de tomarlos. Cuando tiene pesadillas y cuando hay tormenta, je se los doy. Lo ayuda a dormir y pasar una buena noche»
E: «Oh, ya veo…»
Un trueno estalla, haciendo saltar a Emma. Regina esboza una sonrisa:
R: «¿Quieres uno también?»
E: «Ah, ah… Muy divertido»
R: «Ven, vamos a desear buenas noches a Henry»
Emma la sigue: Henry está acostado en su cama, esperando a su madre con impaciencia. Nunca le había ocultado que ella le daba pastillas para calmarlo. Funcionaba, entonces, ¿por qué dejarlo?
Regina le tiende el vaso de chocolate y Henry da a algunos sorbos antes de ponerlo en la mesilla de noche. Regina le besa tiernamente en la frente murmurándole un «buenas noches», después deja sitio a Emma, que hace lo mismo. Le lanza una última mirada antes de cerrar la puerta.
R: «Buenas noches Emma…»
E: «Hey, Tú…¿Te va a acostar?»
R: «Es tarde…»
E: «Oh…Ok. Entonces, hasta mañana…»
Regina se acerca y la besa tiernamente
R: «Hasta mañana» le susurra antes de entrar en su habitación.
Emma se acurruca en su cama, tapándose con su manta: cada cierto tiempo algunos relámpagos iluminan la estancia, seguidos de vibrantes truenos. Cada vez, ella hunde su rostro en las sábanas, muerta de miedo.
Regina nota que su cama se mueve… Un peso acaba de echarse encima…Las sábanas se rozan y se elevan un poco, una corriente de aire fresco roza su columna vertebral…Ella gruñe un poco y entreabre los ojos para ver a Emma inclinada sobre ella, una sonrisa intranquila en el rostro.
E: «Yo…puedo…»
Regina comprende en seguida y le permite que se deslice bajo las sábanas. De espaldas a la bella rubia, siente cómo esta se pega a ella, deslizando un brazo bajo su cabeza y el otro por encima de su cintura. Ella está temblando: frío o miedo, poco importa, Regina no la rechaza, al contrario, pone su brazo sobre el suyo y la estrecha contra ella, puede sentir su respiración en su nuca y la nariz de Emma contra su cuello.
Se duermen así, sin ninguna otra segunda intención si no la de tranquilizar a la persona que ama. Y es sí como pasan su primera noche juntas.
