A/N – Gracias a los que habeis leído el principio de mi historia. Sobretodo a Lyra1502 y a polmar por las reviews! :) Lyra tienes razon con lo de los dialogos, pero leí los libros en inglés y lo hacían así, me he mirado como son en castellano para intentar adaptarlo, cualquier otra cosa me lo dices! ^^

Aviso – El mundo de Cronicas del Mago Negro pertenece a Trudi Canavan. Yo sólo pretendo hacer algo entretenido con él.

Vocabulario

Ritel: es un pájaro pequeño, normalmente de color negro, que hace un sonido como de campanillas y que come granos y pequeños insectos.

Campanillas: pequeñas flores blancas con forma de campana y que acostumbran a crecer en las sombras de las acacias.

CAPITULO 1 – ENCUENTROS INESPERADOS

Lyria estaba aburrida, como siempre que tenía que quedarse en casa con Naty, su niñera. La verdad es que la mujer no era muy divertida, nunca lo había sido y a sus sesenta años ya le quedaba poca energía y ningunas ganas de jugar con una niña de siete. El señor David, el tutor de Lyria que le enseñaba todo lo que podía necesitar una dama de las Casas, había avisado de que vendría una hora más tarde de lo habitual para sus dos horas de lecciones. Así que allí estaba ella, sentada en el suelo de la biblioteca leyendo un libro de aventuras por encima y mirando por la ventana como volaban los pájaros. No es que el libro fuera malo, en realidad era uno de sus favoritos, el protagonista era un chico que corría aventuras por todo el mundo y se convertía en héroe. Pero no podía concentrarse mucho en la historia porque ya la había leído cien veces. Lo único que quería era irse al bosque del Gremio y escalar a lo alto del roble gigante dónde la pareja de Ritels tenía el nido con tres huevos a punto de abrirse. No podía creer que tuviera tan mala suerte. ¿Por qué David tenía que venir tarde justamente hoy?, pensó. Podría escabullirse de Naty, eso no era difícil, pero si no estaba cuando viniera David su padre se pondría furioso. ¡Al menos espero que Tiara llegue a tiempo para verlos salir y me lo pueda contar todo!

Tiara era una de sus dos únicos amigos en el mundo. Era una chica un año menor que ella, su madre había trabajado como cocinera en casa de Lyria y ellas dos habían pasado días enteros juntas hasta que su padre las había echado sin razón aparente hacía ya un año. Lyria se había pasado el día entero llorando y gritando a su padre que porqué lo había hecho, pero lo único que consiguió fue que la encerrara en su habitación. Su relación nunca había sido buena, básicamente sólo lo veía a la hora de cenar y la mayoría de los días no se dirigían ni una sola palabra. Las pocas veces en las que se cruzaban sus miradas a Lyria le parecía ver una mezcla entre tristeza y rabia, lo cual le hacía pensar que había hecho algo mal, aunque nunca sabía qué era. Lo único que le gustaba de su padre eran los libros que le regalaba cada año por su cumpleaños. Así que ella intentaba verlo lo menos posible y se largaba de casa en cuanto le salía la oportunidad, así tenía menos probabilidades de hacer algo que le molestara.

Lyria leía sus libros de aventuras a Tiara hasta que decidió que sería mejor enseñarle a leer y escribir, después empezaron a inventar aventuras juntas. Habían investigado el bosque y los jardines del Gremio y, recientemente, habían empezado a visitar las regiones de las Barriadas más próximas a la Muralla Interior, cerca de dónde se habían visto obligadas a vivir Tiara y su madre después de que las echara del Circulo Interno en la última Purga. Lyria nunca entendió porque las echaron, ellas eran buena gente, y todo el mundo decía que en las barriadas vivía gente mala. Aunqué los chicos que le había presentado Tiara parecían simpáticos, quizá depende de la parte de las Barriadas, concluyó. Le había dado un poco de ropa vieja a Tiara para que pudiera pasar por las puertas de la Muralla Interior sin problemas con la Guardia y ella había conseguido un poco de ropa de criado, que ensució y rompió para poder pasar desapercibida cuando iba a jugar con los nuevos amigos de Tiara. Eran simpáticos con ella, la trataban bien, pero les había visto algunas veces mirarla con el ceño fruncido, sabía que no confiaban en ella, al fin y al cabo, ella era una niña de las Casas demasiado bien educada y alimentada para estar en las Barriadas.

Algunas veces su niñera la llevaba a jugar a casa de algún vecino. Les conocía a todos pero no había conseguido encontrar ninguno con quién pudiera conectar. Pensaba que la mayoría eran unos niños mimados que sólo pensaban en juguetes o vestidos nuevos o, aún peor, algunas de las chicas mayores hablaban sin cesar de lo guapo que era don perfecto y lo mucho que querían casarse con él. Ninguno estaba interesado en ir al bosque ni, a su parecer, en hacer nada remotamente emocionante. Suponía que ellos pensaban que era un poco rara, pero había aprendido a base de reprimendas, y después de que se rieran mucho de ella, que decir lo que pensaba sobre sus aficiones no le aportaba nada bueno. Así que iba allí y hacía ver que probarse cincuenta vestidos en una tarde era lo más divertido del mundo, aunque lo de mostrarse convincentemente interesada por lo guapos que eran los chicos todavía no lo había conseguido y cada vez que empezaban a hablar del tema se escabullía al patio o a la ventana donde sabía que con un silbido aparecería Sky en un momento.

Y es que Sky y Lyria eran inseparables, ella lo había rescatado de un nido que había caído después de una tormenta especialmente intensa un par de años atrás. El huevo estaba resquebrajado pero ella se lo llevo a casa y lo escondió al lado de la chimenea de su habitación, lo tapó con mantas y se dormía en el suelo mientras lo acariciaba. Al final el huevo se abrió y aparecieron un pequeño puñado de plumas blancas que hacían un ruidito casi inaudible. Tiara y ella se pasaron días buscando y atrapando toda clase de bichos, granos, hierbas y gusanos para darle de comer, al final resultó que su comida favorita eran las campanillas, aunque como eran bastante difíciles de encontrar tenía que conformarse con lo que había. Poco a poco Sky creció hasta ser tan grande como la cabeza de Lyria, su voz se volvió fuerte y clara, capaz de interpretar intrincadas melodías, y el plumón blanco dio paso a unas plumas grandes y de tonalidades azules que a Lyria le recordaban el color del cielo después de una tormenta de verano. Siempre que podían intentaban llevarlo al bosque para que volara libremente y, cuando había crecido suficiente, Lyria le intentó explicar que tenía que quedarse a vivir en el bosque y se fue corriendo cuando lo perdió de vista, pero al volver a su habitación después de cenar se lo encontró dando golpecitos con el pico en su ventana. Desde ese día se convirtió en su mejor amigo y confidente, le contó las aventuras de sus libros, sus más profundos sueños y lo que pensaba de los otros niños y de su padre, se lo llevaba a jugar en el bosque y lo entrenó con una serie de silbidos para indicarle cuando debía quedarse en un sitio, ir hacia ella, hacer una carrera, dar vueltas o dormir. Pero lo que más deseaba Lyria en el mundo era poder volar con Sky por encima de las casas y de los árboles, envidiaba sus movimientos fluidos para hacer curvas cerradas, sus bajadas en picado para cazar y sus interminables danzas al son del viento. Pero a falta de alas, se quitaba las sandalias y corría por el bosque con hierva, tierra o nieve bajo sus pies y un destello azul a su alrededor. Luego iba a limpiarse a la fuente que había descubierto en un rincón del bosque, su padre no estaba nada contento cuando llenaba la casa de barro.


Lyria estaba corriendo tanto como podía y Sky la seguía con un aleteo frenético. Después de comer se había escabullido de su niñera y había corrido hacia el bosque, pero se había entretenido demasiado observando a las crías de Ritel con Tiara y ahora llegaría tarde a cenar. Giraba las esquinas a toda velocidad hasta que, cuando solo le faltaban tres manzanas y media esquina para llegar a casa, vio un destello de rojo oscuro y salió disparada hacia atrás golpeándose con los adoquines sucios de polvo.

Cuando abrió los ojos le escocían los codos y las manos y vio que los tenía manchados de sangre y las mangas de la camisa estaban estropeadas. Perfecto, ahora además de llegar tarde, llegaré echo un cromo, pensó. Pero entonces oyó una voz grave y con un deje de preocupación que decía

- Lo siento pequeña, ¿estás bien?

Y cuando miró hacia arriba vio a un hombre joven con el pelo negro a media melena y bastante despeinado, tenía la tez pálida y los ojos más negros que había visto nunca. Pero aunque eran negros como una noche sin luna ni estrellas, le extrañó ver que no eran fríos, sino que destilaban una calidez y una amabilidad que la hicieron sonreír. Intentó levantarse pero soltó un quejido en cuanto sus manos heridas tocaron el suelo.

- ¡Te has hecho daño! Déjame ver eso. – Dijo el joven.

Y cogió una de sus pequeñas manos con unos dedos largos, delicados pero firmes, cerró los ojos y Lyria empezó a sentir picor y calor en las zonas heridas. Cuando se miró los brazos vio que estaban como nuevos, sin rastro de los arañazos ni quemaduras. ¡Me ha curado, es un mago!, pensó mientras la emoción le recorría todo el cuerpo. Había observado los magos des de lo alto de los árboles y había visto algunas de las cosas maravillosas que podían hacer. Entonces se levantó, se sacudió el polvo, volvió a mirar a aquel chico más detenidamente y reconoció las túnicas rojas de los guerreros. Volvió a mirar esos ojos negros y le dio las gracias con una gran sonrisa. De repente recordó sus lecciones de modales, se puso roja e hizo su mejor reverencia mientras añadía un "mi Lord". No estaba acostumbrada a ver magos tan de cerca y menos aún a hablar con ellos, su padre no los apreciaba mucho así que nunca había ninguno en casa.

- No hace falta que me llames así, ¡me haces sentir viejo!– Dijo el joven con una media sonrisa en los labios – Llámame Akkarin. ¿Y este quién es? – Añadió mientras alzaba las cejas y señalaba a Sky, que se había puesto encima del hombro de Lyria en cuanto se había levantado y le miraba con la cabeza inclinada.

- Oh, este es Sky, mi mejor amigo. – respondió Lyria relajándose y haciendo una ancha sonrisa mientras acariciaba la cabeza de su pájaro.

- Eso me había parecido, tienes mucha suerte, yo nunca he tenido un amigo pájaro.

- Pero usted es mago, ¡no hay mayor suerte que esta!

Y Akkarin lanzó una carcajada y le dijo que la acompañaría a casa para explicar a sus padres porque se había roto la camisa y que no la castigaran. A Lyria le pareció perfecto, sabía que a su padre no le haría la menor gracia que se presentara un mago en su puerta, pero en ese momento sólo quería pasar más tiempo con ese maravilloso mago, además, quizás le serviría de excusa para llegar tarde también. Así que mientras iban para su casa le preguntó qué hacían los guerreros magos, porque des del bosque sólo podía ver que acostumbraban a entrar en un edificio con una forma muy rara pero no podía ver lo que pasaba dentro. Y él le contó que algunas de las cosas que hacían los guerreros y que él se iba el día siguiente a recorrer el mundo para encontrar magia ancestral. A Lyria le brillaban los ojos de fascinación y envidia y pensó, no por primero vez, que si pudiera ser maga podría cumplir todos sus sueños.

- Cuando sea mayor yo también iré a recorrer el mundo en busca de aventuras – dijo mientras daba vueltas con los brazos abiertos, los ojos cerrados y mil imágenes dentro de su pequeña cabeza.

- Eres una niña muy valiente – dijo Akkarin mientras reía por lo bajo – pero tendrás que tener cuidado, el mundo es un lugar muy peligroso para recórrelo solo – añadió con un toque de intriga en su voz.

- ¿Y tú con quién vas? – Preguntó Lyria parando de girar y mirándole directamente a los ojos con curiosidad manifiesta.

- Yo voy solo, pero soy uno de los magos más fuertes del Gremio, ¡a mí no puede pasarme nada! – Dijo sonriendo, haciendo un posado de orgullo y dejando a Lyria con los ojos llenos de fascinación y admiración.

Ya casi habían llegado a la puerta, pero, antes de que Akkarin llamara, Lyria se giró para mirarlo a los ojos y dejó escapar la pregunta que contenía la esperanza más profunda de su corazón.

- ¿Tú crees que yo podría ser maga? –su voz reflejó el temor a descubrir que no tenía ninguna posibilidad.

- A ver, dame un momento. – Akkarin le dedicó una media sonrisa antes de cerrar los ojos y poner sus largos dedos a cada lado de su cabeza. Al cabo de un instante los retiro y la miró con las cejas ligeramente levantadas. – Si, sin duda podrías ser una gran maga. – le respondió acariciándole la mejilla y dedicándole una sonrisa alentadora.

Lyria se quedó con los ojos abiertos y brillando de emoción. Ni tan siquiera la bronca que le dio su padre cuando se fue Akkarin por haber hablado con un mago le quitó la sonrisa de la cara, una sonrisa que todavía llevaba puesta cuando se estiró en su cama para dormir. Pero el sueño se negaba a llegar, estaba demasiado concentrada en una sola idea. Tenía magia, podría hacer realidad sus sueños. Ahora sólo faltaba convencer a su padre de que la dejara entrar en el Gremio. No sería fácil, pero ella nunca se rendía.

- ¿Has oído, verdad, Sky? ¡Tengo magia! Ahora tenemos que pensar un plan para convencer a padre. – Susurró al pájaro que dormía en lo alto del perchero que tenía al lado de su cama.

Esa noche empezó a buscar la magia en su interior, cerró los ojos e intentó mirar hacia dentro a ver si veía algún rastro, una luz o algo. Pero lo único que consiguió fue un fuerte dolor de cabeza.


Akkarin estaba caminando a grandes zancadas, había quedado con Lorlen para despedirse mientras tomaban algo y ya llegaba tarde. Su madre le había entretenido describiéndole una y otra vez lo estúpida e inútil que era su idea de hacer un libro de magia ancestral, recordándole las innumerables cenas que tenía programadas para conocer a mujeres dignas de casarse con él y asegurándole que Merin sería rey dentro de poco y no podía dejar perder la amistad entre ellos.

Estaba distraído pensando en lo mucho que quería él librarse de su madre y de todas esas cenas que sólo vio un destello dorado antes de notar que algo había chocado contra él. Entonces vio a una niña tendida en el suelo y un pájaro azul que aterrizaba sobre su pecho y le tocaba la nariz con el pico mientras cantaba una sola nota lenta y aguda, parecía preocupado. La niña tenía el pelo rizado muy rubio, entre dorado y plateado, estaba un poco broceada, aunque continuaba siendo muy blanca. Tal vez es de Elyne. Pensó antes de acercarse e inclinarse para ayudarla. Entonces vio que la niña abría los ojos, unos grandes ojos tan azules como su pájaro, y hacía cara de no saber qué había pasado. Tenía prisa, pero no podía dejar a esa niñita en ese estado, así que la curó, la acompañó a su casa y se fue corriendo a buscar a Lorlen.

- Perdón por llegar tarde, amigo. Mi madre y un pajarito me han entretenido. – Le saludó con un golpe en el hombro y una gran sonrisa.

- Menudas excusas para llegar tarde a tu despedida. – Dijo Lorlen levantado la cabeza, frunciendo el ceño y sacudió la cabeza mientras intentaba esconder una sonrisa. – ¿Cómo diablos puede entretenerte un pajarito?

- Bueno, en realidad era una niña con un pájaro bastante grande. Me he chocado con ella cuando doblaba una esquina. Se ha hecho daño y se ha roto la ropa así que la he curado y la he acompañado a casa para que no se metiera en líos por mi culpa.

- ¿Tú preocupado por lo que pueda pasarle a una chica? ¿Quién eres y que has hecho con mi amigo? – Dijo Lorlen con las cejas levantadas y una sonrisa incrédula mientras Akkarin soltaba una risotada.

- Puede que sea la mujer más interesante con la que me he encontrado en mucho tiempo. Supongo que me ha recordado a mí mismo. ¡Ha resultado que le gustaban las aventuras tanto como a mí o más! Tendrías que haberle visto la cara cuando le he dicho que me iba mañana a recorrer el mundo. – Le respondió mientras recordaba esos grandes ojos azules que brillaban como si por dentro estuvieran llenos de estrellas diminutas.

- Pobre niña, ¡menudas mentiras debes haberle contado para hacerte el interesante! – dijo Lorlen riendo mientras negaba con la cabeza y le lanzaba una mirada de divertida reprobación.

- Mira, probablemente entre en el Gremio dentro de poco porque he percibido un gran potencial mágico en ella. – y después de un momento de silencio añadió – Échale un ojo por mí si yo aún no he vuelto, ¿vale?

- De acuerdo. – Lorlen parecía divertido. – ¿Pero cuántos años tiene? ¿Cómo se llama?

Akkarin se quedó mirándolo con cara de perplejidad e hizo unos parpadeos rápidos.

- La verdad amigo, no se lo he preguntado.

Los dos rieron y charlaron largamente de todo y nada mientras bebían Anuren Dark. Se despidieron al alba con la seguridad que permite la osadía de la juventud, un abrazo y el convencimiento de que su amistad sería eterna.