A/N – Bueno, primero de todo, ¡muchas gracias por las opiniones! Este capítulo ha sido bastante difícil de escribir y he estado de viaje así que he tardado más de lo que esperaba. He añadido las partes de Akkarin explicando su historia por encima porque creo que su punto de vista va a ser muy importante, pero si creéis que sobran, ¡decidlo! Espero que os guste y que dejéis comentarios con todo lo que penséis =)

Aviso – El mundo de Cronicas del Mago Negro pertenece a Trudi Canavan. Yo sólo pretendo hacer algo entretenido con él.

CAPITULO 2 – DESCUBRIMIENTOS

Akkarin entró en una de las tumbas de las Lágrimas Blancas lleno de expectación. Tenía muchas esperanzas puestas en aquel lugar recóndito y parado en el tiempo. Después del chiste que resultaron ser los manuscritos de Drogon, no iba a irse de allí hasta encontrar algo interesante. Al fin y al cabo, si en algún lugar de las Tierras Aliadas podía encontrar más información sobre la llamada Magia Superior, de la que había encontrado tan pocas referencias en la Gran Biblioteca de Capia, era allí. La verdad, parece como si alguien se hubiera dedicado a borrar todo rastro de esta magia. Al menos espero que no llegaran a profanar tumbas… Pensó mientras se adentraba en el oscuro túnel que llevaba hasta las tumbas más antiguas.

Cuando llegó al final, empezó a buscar inscripciones en las paredes, pero allí había tantas estalagmitas y estalactitas que habían formado casi una pared compacta que le impedía ver nada. Esperando que nadie se diera cuanta, aplicó un poco de calor focalizado en un punto donde la pared no era muy gruesa para crear un agujero lo suficientemente grande para ver el interior de una de las tumbas. Inspeccionó las inscripciones con detenimiento antes de pasar a la siguiente.

En muchas de las tumbas que inspeccionó había un mismo símbolo. Una mano con una media luna encima, el símbolo de la magia superior. Por lo que parecía, casi todos los que yacían en las tumbas más antiguas habían practicado esa magia, pero allí no había ningún detalle sobre qué era o cómo se hacía. El hecho de que tantas personas la practicaran pero que ningún libro la explicara le hizo confirmar sus sospechas, una magia que antaño fuera común, había quedado ahora en el olvido, enterrada bajo un minucioso trabajo de destrucción de la información.

Cuando Akkarin había empezado su viaje, sus únicas esperanzas eran correr aventuras y tener libertad, pero ahora había encontrado algo que nadie esperaba que hubiera. Realmente si existía un tipo de magia ancestral, pero tendría que indagar en los lugares más antiguos y recónditos si quería descubrir algo que quienes tan interés tuvieron en esconder esa magia. Ahora la pregunta era por qué lo habían hecho.


Ya hacía siete meses desde que había chocado con Akkarin, siete meses en los que todas las noches había intentado encontrar su magia. Primero había intentado verla, después había intentado tocarla, incluso había intentado oírla y olerla, pero siempre sin éxito. La noche anterior había intentado notar si algo se movía en su interior además de sangre, pero sólo escuchó el sonido de su corazón. Tampoco estaba más cerca de encontrar un plan para convencer a su padre de que la dejara entrar en el Gremio. Un día cenando le había preguntado si podría pedir a un mago que le hiciera las pruebas, él simplemente dijo no, sin tan siquiera levantar la vista de los documentos que estaba leyendo.

Aquel día, siete meses después, Lyria se despertó cuando el primer rayo de sol entró en su habitación. Se levantó de un salto y empezó a vestirse.

- ¡Despierta Sky! ¿No recuerdas qué día es? – Y tiró el camisón de dormir encima del pájaro azul que dormía tan tranquilo encima de un perchero. – ¡Despierta, nos vamos!

Salió de la habitación y bajó los escalones que llevaban al comedor de tres en tres. Allí, como cada año, había un paquete envuelto con suma exquisitez, pero a Lyria no pareció impresionarle ni importarle demasiado porque lo cogió y empezó a romper el papel con rápidos y fuertes tirones. Pronto pudo sacar lo que estaba buscando, su nuevo libro de aventuras. ¡Genial! A ver de qué va… Pensó antes de dejar caer el paquete roto por un lado encima de la mesa. Lyria ya estaba leyendo las primeras líneas cuando el paquete choco contra la mesa con un sonido mucho más fuerte del que haría un simple envoltorio. Lyria se sobresaltó y dejó cuidadosamente su nuevo libro a un lado para examinar el paquete con más atención.

Dentro encontró un sobre grueso y un papelito que decía "Creo que ya eres suficientemente mayor para leer esto." Era la letra de su padre lo cual hizo que se intrigara aún más. Abrió el sobre con sumo cuidado y dentro encontró una cadena de plata que sujetaba una piedra azul con rayos plateados que salían de ella o como si estuviera en el centro de una especie de flor de plata, depende de cómo lo miraras. La observó durante unos momentos antes de dejarla encima del libro para sacar del sobre dos papeles escritos con una letra grande y elegante. Miró el primero por encima y vio que era una carta, luego busco la firma el segundo y se quedó helada. Era una carta de su madre.

Lo único que sabía Lyria de su madre era lo que le habían contado los criados. Una mujer muy guapa, lista y elegante, con un gran sentido de lo que era correcto y lo que debía hacerse. Su niñera también le había contado que ella había sido la criada personal de su madre, que ella la quiso mucho aunque pudieron compartir tan poco tiempo. Sabía que ella había muerto justo después de darle a luz, la madre de Tiara le dijo una vez que fue a causa de una extraña enfermedad que había matado a mucha gente en aquella época, pero nadie le quiso dar nunca muchos detalles y, de todos modos, ella no sabía si de verdad quería oírlos. En general, no pensaba mucho en ella porque siempre la invadía una extraña tristeza, pero cuando lo hacía se la imaginaba amable y alegre, todo lo contrario de su padre.

Empezó a leer la carta con una mezcla de ilusión y temor, las manos le temblaban.

"Querida Lyria,

He decidido escribirte esta carta para contarte lo que nunca tendré la oportunidad de mostrarte. Ante todo, quiero que sepas que te quiero, des del primer momento, con todo mi corazón. Lo que más lamento de esta enfermedad es que me impida verte crecer. Espero que tu padre haya aceptado mi inevitable muerte y te quiera, sé que cuidará bien de ti. El collar que guardaré con la carta ha pertenecido a nuestra familia durante generaciones, ahora te pertenece a ti. Estas son las palabras que me dijo mi madre y que tu deberás repetir a tu hija cuando llegue el momento. "Habrá ocasiones en las que tendrás miedo, es normal, es sensato tenerlo y es en esos momentos cuando debes ser valiente. Lleva la Piedra Azul y estaremos todas contigo para darte fuerzas y guiarte por el camino correcto". Se valiente, mi pequeña, se fuerte y, sobretodo, se feliz. Pero no bases tu felicidad en ti misma, porque nada te hará más feliz que la felicidad de quienes amas. Trabaja duro y no utilices ni menosprecies a los demás para alcanzar tus metas, estas actitudes están condenadas al fracaso y a la soledad. Se buena persona, pero confía sólo en quien se lo merezca; espera lo justo de los demás y nunca te decepcionaran. Sé que son unos consejos muy pobres para toda una vida y siento con todo mi corazón no poder ayudarte ni enseñarte en los momentos precisos. Pero cuándo te sientas sola recuerda la Piedra Azul y hallarás la fuerza necesaria para continuar.

Sé que lo harás bien, haz que estemos orgullosas de ti.

Te quiere, ahora y siempre.

Tu madre

Elia"

Cuando Lyria terminó de leer la carta se quedó quieta como una estatua por unos instantes y luego volvió a leer la carta una y otra vez. Al final, la guardó en el sobre y cogió el colgante con la Piedra Azul y se lo colocó alrededor del cuello con suma delicadeza. Le sorprendió comprobar que el metal no estaba frío al tacto, más bien desprendía una calidez reconfortante.

- ¡Vamos Sky, tenemos que contarle todo esto a Tiara! – Dijo mientras cogía un par de panecillos con mantequilla en una mano, guardaba el sobre dentro de su libro nuevo y salía por la puerta dando saltitos. Sky, que había empezado a comerse galletas de toda clase cuando Lyria había terminado de leer la carta por primero vez, cogió todas las que pudo con las patas y el pico antes de salir volando detrás de su amiga.


Lyria volvió a casa a la hora de cenar, después de haber pasado un gran día con Tiara. Primero le había enseñado la carta y el colgante de su madre, lo cual derivó en una conversación sobre cómo debía de ser su madre y en cómo podría darle fuerzas una piedra por muy azul que fuera. Por la tarde habían leído el libro nuevo, que resultó ser bastante bueno e intrigante. Así que cuando Lyria iba hacía el comedor para cenar con su padre después de haber dejado el libro y la carta en su habitación, estaba de un humor excelente, casi bailando mientras andaba.

Pero antes de que pudiera llegar al comedor, cuando pasaba por delante de la biblioteca, oyó una voz gutural que decía "Lyria, ven aquí." La biblioteca estaba a oscuras pero Lyria pudo vislumbrar la silueta de su padre en el sillón y unas cuantas botellas de vino en el suelo.

- ¿Has leído la carta de tu madre? – Le pregunto con una voz más parecida a la habitual.

- Sí, padre. – Lyria podía oler el alcohol en la atmosfera, aquello no le gustó, su padre no solía beber ni una gota.

- ¿Qué ponía? No, da igual. – dijo antes de que Lyria pudiera pensar siquiera en qué responder. – No tenía que poner nada, no debería haber habido carta, porque ella debería estar viva. – Su voz era ahora como un pozo oscuro lleno de cristales rotos. – Pero tú me la quitaste. ¡Tú la mataste! ¡Le robaste la vida poco a poco hasta que no le quedó nada! – Con la última palabra aplastó la copa de vino que sujetaba con la mano y se levantó. Lyria dio un paso atrás, asustada.

- Padre, yo…

- ¡Calla! Incluso le robaste sus ojos y ahora tengo que recordarlo cada vez que los veo. – Entonces la cogió por el brazo, con la mano manchada de vino y sangre, y la miró profundamente, con la mirada más larga que le había dado jamás. – Devuélvemela, – susurró – tú la mataste, no deberías estar aquí. Devuélvemela, tú la mataste, no deberías estar aquí. – Repetía una y otra vez como un mantra, cada vez un poco más alto.

Lyria estaba petrificada mientras pensaba. ¿Cómo puede culparme de la muerte de madre? Todos dicen que fue una enfermedad, yo no quería que ella muriese. No, es imposible que yo la matara. Pero entonces ¿Por qué él dice que yo la maté? Intentó hablar, intentó explicárselo todo a su padre. Pero él estaba zarandeándola y gritando una y otra vez "devuélvemela, tú la mataste, no deberías estar aquí" mientras no apartaba los ojos de los suyos. Sky daba vueltas a su alrededor, dando picotazos a Víctor y chillando sin parar. Lyria estaba aterrada, ya no podía ni pensar y las mejillas se le empezaron a llenar de lágrimas.

Entonces, con un empujón especialmente fuerte, notó el collar de su madre impactando contra su pecho y recordó las palabras que había leído tantas veces aquel día que ya se las sabía de memoria. Se valiente, se fuerte. Y entonces su miedo se vio superado por su determinación. Sería valiente y también fuerte, no dejaría que su padre la culpara por algo que no había hecho ni deseado. Y entonces llego la rabia. Rabia por ocho años sin un abrazo, sin un juego y sin tan siquiera una mirada de aprobación. Rabia por saber que él no la quería y que la mirada más larga que le había dado en la vida, la única vez que la había tocado, era para decirle eso.

Y, dejando que toda la rabia de su corazón se concentrara en sus ojos, le devolvió la mirada. Pero él parecía estar en trance mientras gritaba y zarandeaba y ni tan siquiera se dio cuenta del cambio en la actitud de Lyria. En ese punto Lyria sintió asco y un deseo inmenso de estar lo más lejos posible de él, de su mirada y de su aliento a vino.

De repente, Víctor salió volando hasta el otro extremo de la biblioteca, los libros cayeron de las estanterías y el sillón empezó a arder. Por unos instantes todo quedó quieto y en silencio. Entonces Lyria se dio cuenta de lo que había hecho y huyó sin mirar atrás.

Corría tan rápido como podía, sin prestar atención a dónde iba ni dónde estaba hasta que tropezó con una raíz. Sus pies la habían traído al bosque. Y allí se quedó, acurrucada entre raíces del gran roble blanco, hasta que se quedó dormida con a imagen del sillón ardiendo y las palabras de su padre retumbando en su cabeza.


Cuando Akkarin llegó a las ruinas de la antigua ciudad de Armje, tres meses después de visitar las Tumbas de las Lágrimas Blancas, ya estaba completamente seguro de que, hacía muchos años, existía un tipo de magia, llamada magia superior, que era practicado ampliamente por los magos y que algo había sucedido para que dejaran de hacerlo e intentaran borrar todo rastro de ella. No era mucho, aunque teniendo en cuenta las expectativas con las que había empezado el viaje, el sólo hecho de descubrir que sí que había una magia ancestral ya era todo un logro. Estaba orgulloso de haberlo descubierto y de haber visto todo lo que había visto. Esta es la gran aventura que tanto deseaba pensó con una sonrisa en los labios. En ese momento volvió a ver los ojos brillantes de la pequeña niña que le miraba con adoración y, en ese momento, se sintió orgulloso de si mismo.

En las ruinas descubrió algunas habitaciones bastante bien conservadas, en varios sitios vio el símbolo de la Magia Superior. En una habitación había una gran piedra que parecía una puerta, con unas inscripciones en elyeno antiguo en el techo que decían que la puerta dirigía a la Cámara del Castigo Último, hecha para ejecutar magos. Sabía que probablemente no era sensato ir a investigar una cosa que podía matarle, pero su curiosidad pudo más que su sensatez. Retiró la puerta con magia y empezó a bajar por el pasadizo, el suelo se inclinaba ligeramente hacia abajo y el aire se enfriaba con rapidez. Las paredes del pasillo se terminaron para dejar paso a una cornisa. Akkarin se quedó en el pasillo con paredes, precavido por una vez, no tenía ninguna intención de morir ahora. Lanzó su bola de luz hacía delante, la caída a ambos lados de la cornisa era considerable. El saliente se ensanchaba para formar una plataforma circular unos diez pasos más adelante. Hizo que el globo de luz brillara con más intensidad y jadeó cuando la luz se reflejó en una bóveda llameante. La superficie centelleaba y relucía como si estuviera revestida de innumerables piedras preciosas. Se fijó en ellas y pudo percibir que estaban llenas de magia, no como la magia que usaban en el Gremio para construir, aquella era una magia más intensa, más viva.

No tenía ni la más remota idea de cómo podía hacerse eso con las piedras, pero decidió que no pensaba jugarse la vida para descubrirlo allí y entonces, tendría que descubrirlo en alguna otra parte. Además, su curiosidad había quedado deslumbrada por un sinfín de piedras preciosas y peligrosas. Salió de la Cámara del Castigo Último, volvió a colocar la piedra y escribió con magia en el techo, encima de las escrituras en elyeno antiguo, un aviso por si algún mago llegaba allí sin saber leerlas.

Ahora que había agotado todas las ideas que tenía sobre dónde encontrar explicaciones sobre la Magia Superior en las Tierras Aliadas, sólo le quedaba una opción, sólo le quedaba Sachaka.

A/N – ¡Gracias por leer! Ya diréis que os ha parecido :P