Los personajes no me pertenecen son obra y creación de Masashi Kishimoto.
El terreno donde se alzaba el palacio estaba diseñado en una perfecta forma pentagonal, con cinco pequeños lagos rodeando cada lado. Sólo uno de los ángulos daba entrada al edificio pasando a través de un sendero cercado por unos setos bien podados. Los otros dos ángulos interiores que continuaban estaban cerrados por pequeños bosquecitos de verdes bambúes, los cuales dejaban despejado un tramo de terreno, en donde se ubicaban unos estanques rodeados de unos pulcros jardines, los más bellos que Hinata había visto hasta entonces. El espacio restante estaba ocupado por la construcción en donde residía la princesa Haruna y su administración. El edificio era magnífico, parecía uno de esos extraordinarios castillos de la antigua época de los samuráis que Hinata tanto había escuchado hablar en los cuentos. Tenía esa singular sincronía espacio-naturaleza que mantenía el resto de la ciudad.
- Impresionante lugar.- Sasuke comentó mirando sin emoción alguna el singular sitio.
- Ya lo creo.- se limitó a contestar su sorprendida compañera. Sasuke la miró de reojo. La chica parecía beberse con los ojos lo que veía. Su cara aunque reflejaba una clara seriedad la contrastaba un brillo radiante en los opalinos ojos. Dos emociones diferentes en el mismo rostro. Le entraron ganas de sonreír al verla.
- Veo que la ha impresionado el palacio, Hinata-san.
- Hai, es un sitio… precioso. Me deja sin palabras.- apartó la mirada para sonreírle con sinceridad al pelirrojo. Sasuke frunció el ceño.
- Yo tuve la misma reacción cuando lo vi la primera vez.- Ranmaru también veía con fascinación el palacio.- Entremos por favor, Haruna-sama esta esperándolos.
Los escoltó por el interior del edificio, que por dentro también era impresionante, hasta el lugar en donde la princesa despachaba los asuntos administrativos del País.
Tocó la puerta, una segura y clara voz femenina (que le recordó a la de la Hokage) les autorizó a pasar.
Era una habitación bastante amplia, más aún que el despacho de la Godaime. Una gran mesa al lado, una serie de estantes con pergaminos, gavetas que guardaban documentos y una mesita en donde había unas tasas y un recipiente para té, conformaban el mobiliario del lugar. Mientras que las paredes eran adornadas por unas magníficas pinturas de paisajes montañosos. Unas grandes puertas corredizas justo enfrente de la puerta principal daban salida hacia uno de los jardines.
- Haruna-Sama, Los enviados de Konoha están aquí.- Ranmaru pareció de pronto algo tímido al dirigirse a la mujer que aún no les prestaba atención.
La joven mujer que estaba sentada justo en el centro de la mesa y que al parecer estaba en plena revisión de papeleo administrativo, dejó lo que hacía para mirar a los visitantes. Haruna, la nueva feudal del País Nano se levantó.
Ahora Hinata la recordaba perfectamente. Su cabello color castaño cenizo, lo recordó largo, debía seguir igual sólo que en este momento lo llevaba recogido en un elaborado moño y lo adornaba con una hermosa peineta de marfil con las formas de flores en los bordes y dos palillos de oro que terminaban en dos pares de perlas; la vestimenta que portaba era muy diferente a la que usaba cuando se habían visto por primera vez, esta vez vestía de manera exquisita un kimono de verano precioso, de un tenue color durazno, con un estampado maravilloso de flores y pequeñas aves en las faldas, y que era sujetado por un obi naranja haciendo resaltar su estilizada silueta. Conservaba el mismo porte arrogante que tanto había molestado a Naruto.
Tal parecía que no había cambiado mucho, sino fuera por lo diferente que era su mirada esta vez. En aquella ocasión cuando la había conocido, lucía triste, amargada, vacía. Sus impresionantes ojos violetas destellaban desprecio y resentimiento. Ahora tenían un resplandor especial, que la hacían ver radiante, feliz. Brillaron aún más al reconocer a Hinata.
- ¿Hinata?... ¡Oh Kami! Casi no te reconozco.- Se acercó hasta la kunoichi.- Si no fuera por tus preciosos ojos, juraría que no eras tú.- Hinata sonrió.- La misma sonrisa dulce, sí en efecto eres tú.- se acercó más para darle un abrazo. La peliazul se sorprendió pero correspondió al inesperado gesto.
- Konichiwa, Haruna-sama. Es un gran placer verla de nuevo.
- Estas tan diferente, mírate como has crecido y tu cabello es tan largo y hermoso.- tocó los mechones negros entre sus dedos.- Es una lástima que Naruto no haya podido venir, me habría encantado verlo de nuevo. Pero veo que te designaron otro acompañante.- sonrió con educación hacia el shinobi de cabellos negros, que la miró con gesto inalterable.
- Haruna-sama, mi compañero es Uchiha Sasuke.- Se sintió nerviosa al presentarlo, el chico sólo inclinó la cabeza en una pequeña reverencia a modo de saludo ante la mujer.- Naruto-kun estaba de misión cuando su petición llegó con Hokage-sama es por eso es que no está aquí, pero estoy segura que no hubiera dudado en venir.
- Me hubiera encantado verlo.- sonrió resignada.- Debe haber crecido tanto como tú. Espero que no haya cambiado su desparpajada actitud.
- Naruto-kun es más alto ahora, aunque sigue siendo el mismo chico admirable de siempre.- contestó divertida. La peliazul tomó su equipo y abrió la bolsa, sacando los pergaminos que custodiaban y entregándoselos. - Sus pergaminos están a salvo.
- Arigato.- Haruna sonrió melancólica al tomar los viejos rollos, abrazándolos contra su pecho.- Sabía que los Shinobis de Konoha me harían llegar con seguridad los preciados pergaminos de mi padre. Temía que pudieran robarlos.
- Si son tan valiosos para usted ¿Por qué los tenía en El País del Arroz?- preguntó Sasuke con ese característico tono arrogante. Hinata se sonrojó ¿es qué nunca se mostraba educado? Por suerte Haruna parecía que no le importaba el tono del chico. En cambio Ranmaru no pudo ocultar su molestia al mirarlo.
- Cuando huía del País Nano hace ya varios años, por un golpe de estado, viajaba de incógnita con unos comerciantes del País de Arroz. En esa ocasión fue cuando conocí a Naruto y Hinata. Yo era muy diferente a como soy ahora y gran parte de ese cambio se debe a ellos.- sonrió al ver a la peliazul.- Por demostrarme no solo con sus palabras sino con actos que el proteger a los que lo necesitan, a los que quieres, es lo que de verdad importa. Que si tomas en cuenta eso te haces más fuerte y aunque caigas, recuperas el valor para ponerte de pie.- Sasuke sonrió, palabras sin duda de Naruto. Ese baka siempre sería igual.- Te vuelves mejor persona. - Inesperadamente los ojos de Haruna se llenaron de lágrimas, respiró hondo y volvió a recobrar la compostura.- Aun sin que yo les agradase, aun a costa de arriesgar sus propias vidas, nos protegieron. Después de que Naruto me salvara de morir, mi actitud hacia la vida cambió. Decidí regresar a mi País y luchar por el ideal de mi padre, que nuestra tierra fuera de las más bellas, que la gente se sintiera orgullosa y feliz de vivir aquí. Sin embargo ese acto tan despreciable, de utilizar a los comerciantes para protegerme, me dejo en deuda con ellos y les hice saber que cuando necesitaran algo de mí o mi País no dudarán en pedirlo. Era lo menos que podía hacer.- Hinata vio aparecer un brillo de admiración en los ojos de Ranmaru.- Hace unos meses me llegó una petición de uno de ellos, su aldea estaba atravesando por una terrible sequía y la gente estaba muriendo de hambre. Así que decidí enviarles algunas provisiones y estos pergaminos que contienen una recopilación de sellos y técnicas especiales para el crecimiento de las plantas y el abastecimiento de agua. Un arduo trabajo de investigación de mi familia y de mi padre. Espero que les hayan servido.
- Fue un gesto muy generoso de su parte.- comentó la peliazul. Sasuke la miró de reojo, su compañera sonría conmovida.- Y sí, les han servido de mucho. Cuando estuvimos allí para recoger los pergaminos y traerlos de regreso a Konoha pude ver los campos verdes, y los brotes de las cosechas recién saliendo de la tierra.
- Me alegra escuchar eso.- sonrió aliviada.- Bueno, que les parece si seguimos la charla mientras comemos, he pedido que prepararan un pequeño banquete para su llegada- miró a ambos.
- Arigato, Haruna-sama no debió molestarse.
- Por supuesto que no es molestia, además me encantaría que se quedaran. Pasen la noche aquí. Descansen. Ya mañana podrán regresar al País del Fuego, ¿Qué dicen?
- Pues…- Hinata dudó. Miró de soslayo a Sasuke.
- Vamos Hinata-san, Sasuke-san. Así podrán relajarse y disfrutar un poco de la ciudad. Esta semana se inició la festividad de las flores y justo esta tarde habrá un concurso de monumentos florales, Haruna-sama será la que designe al ganador, también hay juegos, puestos de dulces, frutas, orquestas callejeras, bueno, hay tanto que ver en el País Nano. No se arrepentirán. - Ranmaru desplegó su galante sonrisa a Hinata. Un sabor amargo subió a la boca de Sasuke. Ese tipo le irritaba.
- No creo que sea buena idea retrasarnos por eso. No estamos aquí por paseo.- le dijo el pelinegro con claro tono malhumorado.
- Pero…-intentó continuar Ranmaru
- Oh, no intentaba ser impertinente Sasuke-san, si desean irse, está bien. Entiendo, este es su trabajo.- La mirada de la feudal se entristeció. Hinata se sintió mal al verla.
- Nos gustaría quedarnos Haruna-sama y disfrutar de su hospitalidad.- Le sonrió con cortesía la Hyuuga.- A decir verdad me encantaría visitar la ciudad y verla de día. Sé que a Uchiha-san no le importará si sólo es por hoy, ¿verdad? – Sonrió con algo de timidez a su compañero mientras le miraba con un asomo de súplica en sus ojos de luna. Su actitud lo turbó, nunca se había dirigido a él de esa manera tan suave. No entendió por qué pero se sintió un tanto inquieto. Haruna y Ranmaru lo veían con expectación. Exhaló con pesadez.
- Esta bien, pero nos iremos mañana temprano.- accedió de mala gana.
- Arigato, Sasuke-kun.- Le agradeció, llamándole por su nombre de forma muy familiar y regalándole una sincera sonrisa. Al ver sus opalinos ojos resplandecer, experimentó una cálida sensación en el pecho y una leve pérdida de aire. El par de brillantes lunas lo hipnotizaron. Se perdió en el momento, mirándola. Sintió la gran necesidad de acercarse y… Unos golpes en el hombro lo hicieron reaccionar
- Ya verá que bien la pasan, Sasuke-san.- Ranmaru se había acercado dándole unas palmadas. Sasuke lo miró con una clara antipatía que Ranmaru pareció no notar.
- Pues no se diga más, pasemos a comer.- dijo Haruna claramente feliz. Ranmaru sonrió.
El "pequeño" banquete consistía en una fuente con decenas de llamativos y olorosos platillos. Guisos, sopas, ensaladas, postres, frutas, todo se miraba apetitoso. El comedor también era un lugar bastante espacioso y cómodo. Dos jóvenes chicas, se encargaban de llenarles los vasos de bebidas y de estar al pendiente de reemplazar los platillos de la fuente cuando se agotaban sus contenidos.
La conversación había continuado mientras comían, aunque sólo ellos tres hablaban, Sasuke nada más se limitaba a escuchar. No sabía cuánto tiempo había pasado pero ya llevaban un buen rato en la mesa. Ranmaru era el más animado de todos. Era una persona realmente graciosa, le recordaba en algo a Kiba. Aunque a Sasuke no parecía caerle en gracia, bueno a él nada parecía divertirle. Sin embargo no parecía molesto más bien algo pensativo.
A pesar de haber seis personas en la habitación y de no estar sentados muy juntos, la peliazul se sentía nerviosa como si su compañero estuviera a centímetros de ella. Cerró los ojos y se reprendió mentalmente, tenía que relajarse.
Unas rojas y apetitosas fresas en uno de los platillos del centro llamaron su atención. Decidió probar una. Se llevó a la boca la olorosa fruta, dándole un pequeño mordisco. Cuando la termino, lamió uno de sus dedos. Se sintió observada al hacer eso. No se equivocaba. Levantó la vista al frente y en ese momento unos penetrantes ojos negros capturaron sus orbes plateados. Sin poder evitarlo recordó cuando él había lamido suavemente su dedo, precisamente ese que se lamía en este instante. Se ruborizó. Sasuke la miró con malicia y torció una sonrisa traviesa. ¿Habría recordado lo mismo que ella? Lo más seguro era que sí.
Desvió la mirada e intentó poner atención a sus anfitriones. De reojo lo vio inclinarse hacia el platillo y tomar una de las fresas. La degustó con suma lentitud, mientras miraba a la kunoichi con intensidad. La imagen la perturbó. Cómo podía convertir algo tan simple como comer una fresa en una escena tan torturadora para su paz interna. Tragó con fuerza. Después al terminarla, succionó, al igual que ella lo había hecho, uno de sus dedos sin apartar ni un solo instante la vista de ella. Volvió a poner la misma sonrisa traviesa y… le guiñó un ojo. A Hinata casi se le paralizó el corazón. Un rubor intenso volvió a cubrir sus mejillas. "Perversamente sexy" Sí, su Ino-conciencia tenía razón. Un calor abrazante le sobrevino. De nuevo se sentía un manojo de nervios. "Ignóralo, Hinata" "Ignóralo" se dijo, bueno mas bien, se gritó mentalmente.
De nuevo trató de prestar atención a sus acompañantes y lo consiguió. Claro, después de un rato, y con la ayuda de un buen vaso de agua fría. Pero había conseguido relajarse otra vez y escuchaba atenta las historias de Ranmaru.
- … entonces cuando encontré a la tierna mascota, el rescatado tuve que ser yo. Porque resultó que el precioso puerquito del granjero de la aldea era un enorme y bastante furioso jabalí. ¡Y yo aún no sabía algún jutsu que pudiera serme útil! Así que cuando mi primo se mofó de mi falta de valor, muy seguro de mí le dije que no había sido por miedo sino por cautela que me había subido a lo más alto de un árbol.- Hinata y Haruna se rieron ante la anécdota. Ranmaru sonreía con algo de sonrojo, mientras se mesaba distraídamente el cabello.
- Así que eres un shinobi también.- interrumpió de pronto Sasuke, el pelirrojo lo miro algo sorprendido de que por fin hablara.
- Oh Sasuke-san ¿está despierto? - intentó bromear, Sasuke ni se inmutó. Al ver la cara hosca de su interlocutor decidió responder.- Jounin, de La Aldea Oculta de la Nube.- le sonrió, señalando la placa que llevaba a modo de cinturón.
- ¿Y eres el único shinobi aquí?
- No, también están mi primo y cinco ninjas más.
- ¿Todos pertenecen a la Nube?
- Sólo mi primo y yo, tres son de La Aldea Oculta de la Roca y los otros dos son de Konoha.
- ¿En verdad hay shinobis de Konoha aquí?- preguntó Hinata
- Así es Hinata-san. En este momento están en la ciudad, vigilando que todo trascurra sin incidentes.
- Después que regresé.- Habló Haruna integrándose a la conversación.- Envié un mensaje a Tsunade-sama solicitándole los servicios de shinobis para restaurar el orden y la seguridad en el País. Sólo contaba con dos para servicio permanente así que me recomendó a los ninjas de La Roca. Mi antiguo guardia Yurinojou se mudó a la Aldea Oculta de la Nube al casarse y me sugirió a dos shinobis de ese lugar, así fue como llegaron Tetsu y Ranma.- Sonrió nostálgica.
- Agradezco mucho a Yurinojou -san por haber llegado aquí.- dijo el pelirrojo con suavidad. Hinata notó un claro sonrojo del guardia y el mismo brillo en la mirada de hacía un rato
- ¿Todos los shinobis están en la ciudad? –preguntó de nuevo el pelinegro
- Casi todos, Haruna-sama nunca se queda sin protección. Yo suelo estar de forma casi permanente en el palacio con ella, mientras que Izani y Ren se están encargando temporalmente de vigilar la entrada a los terrenos. El resto sí, se encuentra patrullando el festival.- contestó. Miró un momento su reloj.- Y hablando del Festival, Haruna-Hime, no quiero ser aguafiestas pero aún le faltan algunas cosas por hacer aquí antes de irnos y ya es bastante tarde. - le recordó a la feudal.
- Es cierto, pero es que estoy tan contenta, y son cosas poco significantes que... -
- Es mejor terminar de una vez el trabajo pendiente.- le recomendó su guardia
- Pero Ranma, hemos estado toda la mañana haciendo papeleo, no podríamos dejarlo para después. Sólo por hoy…- sonó suplicante intentando convencerlo. Sasuke los miró intrigado.
- Haruna-sama…- el tono de Ranmaru sonaba idéntico al que empleaba Shizune con la rubia líder de Konoha. Y la miraba con la misma aparente advertencia con la que la Jounin médico veía a su sensei.
- Está bien Ranma, odio cuando me ves en esa forma.- Había hecho una mueca pero para nada parecía molesta. Sus ojos brillaban.- Sumimase Hinata, Sasuke, me encantaría poder seguir con ustedes, pero tengo aun cosas que hacer.- Se levantó de la mesa junto con Ranmaru. Sasuke y Hinata hicieron lo mismo.- Si gustan pueden pasar a las habitaciones que ordené les prepararan. Fumiko, los conducirá. – Una de las chicas que parecía la más joven llegó junto a ella, hizo una pequeña inclinación a los de Konoha, sonrojándose al mirarlos.- Refrésquense y relájense un poco antes de salir a la ciudad.- Hinata asintió.- Bueno, pues entonces nos veremos en el festival.- Haruna sonrió y salió del lugar junto con su guardia. Los de Konoha miraron a la chica.
- Por-por aquí por favor.- Dijo ésta a penas con voz. Parecía algo tímida junto a los shinobis. Sasuke y Hinata la siguieron. Fumiko los dirigía en silencio a las habitaciones.
- ¿Tú eres de aquí, verdad?- preguntó Hinata queriendo romper la incómoda situación. La chica le recordaba inevitablemente a sí misma cuando era pequeña.
- H-ai, Hy-Hyuuga-sama.- respondió algo cohibida.
- No es necesario tanta formalidad Fumiko-san, con Hinata está bien.- le sonrió. Aunque la chica parecía más apenada que antes.- Debes estar muy orgullosa de vivir aquí.- continuó la Hyuuga.- Es un lugar verdaderamente bello.- Sasuke se sentía intrigado con su actitud. No importaba quien fuese, ella siempre se portaba amable. Porque a pesar de todo Ranmaru tenía razón, Hinata poseía un linaje ancestral, su clan pertenecía a la nobleza en el mundo ninja. Pero a ella parecía no importarle. Se dirigía del mismo modo dulce a las personas así fueran La Hokage, La Feudal o gente sencilla como el encargado del hotel o a esa chica que los guiaba en ese momento.- Los jardines son impresionantes pero creo que el palacio tiene los más hermosos que he visto en toda mi vida.
- ¿Us-usted lo cree? – preguntó pareciendo interesada.
- No lo creo, estoy segura.- le afirmó.
- ¿De-de verdad?- hizo una pequeña pausa, dudando en hablar.- Bue-bueno, yo-yo me encargo de cuidarlos.- comentó con más confianza.
- Pues haces un trabajo perfecto, Haruna-sama es muy afortunada por tenerte como encargada de ellos.
- Arigato Gozaimasu, Hi-Hinata-san.- sonrió mirándola emocionada.
- Tengo un pequeño jardín en mi casa, tal vez después podrías darme alguna sugerencia sobre cómo cuidarlo mejor.
- Hai, Hinata-san.- respondió encantada. Llegaron a un pasillo y Fumiko se detuvo.- Estas son sus habitaciones.- La de las puertas corredizas verdes es la suya Uchiha-san.- Fumiko enrojeció al ver su gesto adusto. El aludido asintió sin emoción. Fumiko, nerviosa de nuevo, volteó a ver a la peliazul.- Es-esta de puertas azules es la suya Hinata-san. Espero las encuentren cómodas.
- Arigato Fumiko.- contestó, mientras Sasuke las ignoró entrando en el cuarto. La chica le hizo a la Hyuuga una pequeña reverencia y se retiró. Hinata iba a entrar cuando Sasuke salió de nuevo.
- Te veo en una hora Hyuuga. No te tardes.
- ¿Una hora? ¿Para qué?- le preguntó extrañada.
- Aun falta para que oscurezca ¿Quieres ver el lugar de día, no? Así que si te apresuras tendremos más tiempo para recorrer la ciudad – Le soltó con su clásico tono seco. Hinata se desconcertó. El había accedido a quedarse pero no pensó que estaría interesado en ir. "Tendremos" No pudo evitar sentirse un poco, sólo un poco emocionada al saber que quería acompañarla. Sasuke la miró impaciente.
- Tienes razón. Me daré prisa.- contestó apenas logrando contener una sonrisa.
- Bien, te esperaré aquí afuera.- le respondió y entró de nuevo.
Sasuke miró la habitación, era espaciosa y bastante agradable. Había unos mullidos sillones y también una mesita con una bandeja de frutas y junto a esta una jarra con agua. Botó su equipo sobre uno de los muebles. Esperaba ver un futón, pero lo que había era una espléndida cama con un haori oscuro sobre ella. La feudal se había preocupado hasta por dejarles ropa disponible. Entró al baño. Le sorprendió ver una tina en el interior, hizo una mueca de fastidió, vaya cursilería. Abrió la llave del grifo y se lavó la cara.
"A Uchiha-san no le importará si sólo es por hoy, ¿verdad?" resonó su delicada voz en su cabeza ¿Por qué le había hablado así? Pensó en la posibilidad de que lo hubiese hecho a propósito para convencerlo.
Negó con la cabeza, descartando la idea, dudaba que ella intentara esas artimañas femeninas. Esa chica era la mujer con menos malicia que hubiera conocido. Y también la más noble y dulce que se hubiera cruzado en su camino.
"Arigato, Sasuke-kun" El reflejo de sí mismo que le devolvía el espejo, tenía un brillo que nunca antes había visto en su mirada y un raro atisbo de sonrisa en los labios.
Hinata salió del baño envuelta en una toalla, de nuevo se había tardado en la regadera. Volteó decepcionada hacia la blanca tina, le hubiera gustado remojarse a gusto en ella pero no podía. Tenía poco tiempo para estar lista.
Con la ayuda de una peinetas que le habían dejado en el tocador se recogió el cabello en un sencillo moño. Vio un estuche de maquillaje depositado frente a ella. Luego de un pequeño momento de vacilación decidió utilizarlo.
Después contempló absorta las bellas piezas de seda que usaría para vestir. Un precioso kimono de verano en un suave tono que no supo definir si era azul, verde, o tal vez una combinación de ambos, yacía tendido sobre la cama esperando por ella. Después de mirarlo un rato decidió que era azul. Pasó los dedos por el impecable bordado de hermosas flores de cerezo en ramilletes y palpó la suavidad del bello obi rojo y la almohadilla con los que se sujetaría el kimono. Afortunadamente solía usar ese tipo de vestimentas en las reuniones ceremoniales del Souke, así que no tendría problemas al momento de ponérselo.
Cuando terminó, se miró al espejo. Estiró los pliegues del pecho, miró por detrás la caída de la seda que dejaba ver sólo un poco debajo de su cuello y se acomodó unos frunces del obi. Se sintió a gusto con el resultado. Vio su reloj, hacía cinco minutos que había terminado la hora que tenía. Se miró por última vez al espejo y un claro nerviosismo se veía en sus ojos. El corazón comenzó a latirle deprisa.
Sasuke miro su reloj. Ya era hora. Pero dudaba que su compañera saliera puntual. Todas las mujeres parecían seguir como regla el tardarse cuando iban a salir. Cinco minutos después se abrió la puerta, iba a soltar un comentario mordaz sobre su tardanza pero la visión de su compañera le quitó las palabras.
La recorrió con la mirada de pies a cabeza. Se detuvo un instante en sus labios rosas que parecían temblar ligeramente y después en sus ojos, perdiéndose en ellos por un momento. Sumergiéndose en esas cálidas lunas plateadas. Sasuke admitió sin caberle duda alguna que Hinata Hyuuga era la mujer más hermosa que hubiera visto en su vida. La más perfecta. Hinata pestañeó sacándolo de su divagación pero haciéndole sentir un misterioso aleteo en el estomago. Su plan de que la Hyuuga cayera rendida a sus pies se tambaleó y si la kunoichi le sonreía en ese momento estaba seguro que se desmoronaría completamente. Tragó con fuerza. Haciendo acopio de todo el control que había adquirido en su entrenamiento como ninja logró contenerse.
Hinata permanecía inmóvil, aturdida por la fuerza de su mirada. Se sintió impaciente por saber que diría. Nunca se había creído bella, aunque las chicas siempre le dijeran lo contrario. Pero sólo por este momento anheló creer que ellas tenían razón y deseó de modo inexplicable que él pensara lo mismo. Sin embargo su compañero no le dijo nada, comenzó a andar. Ignorándola. Decepcionada bajó la mirada y de forma nerviosa jugó con sus dedos
- Claramente te dije una hora, Hyuuga.- sonó molesto, pero estaba muy lejos de sentirse en ese estado.
- Su-sumimase.- Le había costado hablar, la peliazul comenzó a seguirle. Se sintió terriblemente tonta y avergonzada.
Sin cruzar palabra alguna, salieron del palacio. Llegaron a la entrada de los terrenos en donde estaban los puestos de control, varias personas que también salían, les saludaron con pequeñas reverencias. Los guardias voltearon al ver a la pareja acercarse.
- Oh Hy-Hyuuga-san ¿to-todo bien?- preguntó Izani algo ruborizado, mirando embobado a la kunoichi e ignorando profusamente a Sasuke.
- Hai, Izani-san. Su ciudad es muy bonita así que saldremos a visitarla. – comentó cortésmente la peliazul. Después de que Ren diera un codazo a Izani este pareció reaccionar. Hinata les sonrió con lo que Izani se sonrojó completamente. A veces la Hyuuga exageraba en su amabilidad pensó el pelinegro con fastidio. - Haruna-sama y Ranmaru-san ya saben que estaremos allá. – el susodicho llegó en ese momento dejando unos documentos a los guardias.
- Esperó disfrute su paseo Hinata-san.- Le sonrió. Hinata asintió.- Y usted también Sasuke-san. – El pelinegro le ignoró, comenzando a caminar sin esperar a su compañera. - Si me permite decirle Hinata-san.- Ranmaru vio a Sasuke con un brillo travieso, quería ver la reacción del shinobi de Konoha al escuchar lo que iba a decir. - Esta deslumbrante. Sin duda alguna es la kunoichi más hermosa que he conocido.- Sasuke se detuvo y Ranmaru lo vio tensarse por completo. El guardia sonrió, parecía que después de todo el Uchiha no era diferente de cualquier hombre.
- A-Arigato, Ranmaru-san.- contestó la chica algo desconcertada de que Ranmaru mirara hacia Sasuke.
- ¿Vienes o no Hyuuga? – preguntó su compañero claramente enfadado. Hinata se despidió, alcanzándole. Los guardias les vieron alejarse, mezclándose entre la gente del palacio que también se dirigía hacia la ciudad.
- Un tipo maleducado y odioso ese Uchiha ¿no lo crees Ranma?- comentó Ren. Ranmaru sonrió.
- Yo reaccionaría de la misma manera si dijeran algo similar de…- El pelirrojo calló, sonrojándose. Ren e Izani lo miraron expectantes.
- ¿De quién Ranma?- preguntó Ren con una sonrisa. Ranma desvió la mirada, revolviendo, el ya de por sí, desordenado cabello rojo.
- No-no tengo tiempo para seguir hablando, aun me quedan cosas que hacer.- contestó nervioso. Adentrándose en los terrenos del palacio. Ren volvió a sonreír al ver a su amigo que se alejaba con rapidez.
