Los personajes no me pertenecen son obra y creación de Masashi Kishimoto.
Cuando Hinata llegó a la ciudad el lugar era muy distinto al de la mañana cuando había dejado el hotel. En su recorrido al palacio se había encontrado gente en la calle pero no en la cantidad que veía ahora. Lo que parecían cientos de personas de todas las edades circulaban por doquier pareciendo no importarles la aglomeración ni el clima. Simplemente lucían felices de estar allí. La peliazul dudó que hubiera visto tanta gente en su vida.
Miró el lugar con entusiasmo, Ranmaru tenía razón. Parecía que había mucho que ver en el festival, porque a donde quiera que se mirase había algo novedoso o entretenido que llamaba la atención.
Atrayentes puestos de dulces y de originales helados invitaban a saborear y a olvidarse del calor, mientras que los establecimientos en donde se elaboraban figuras extraordinarias con globos mantenían fascinados a los emocionados niños.
Los pequeños restaurantes en plena calle, exhibían fuentes de llamativas comidas exóticas, bastantes extravagantes, que a pesar que atraían con su aroma, los presentes parecían no muy seguros de animarse a degustar (Temari no habría dudado un segundo en acercarse a probarlas)
Juegos de todas clases, en donde todo mundo parecía querer participar y demostrar que eran mejores que los demás, eran lo más concurridos.
Unos en particular, porque le habían recordado a sus amigas, habían obtenido su atención, el de lanzamientos de dardos (en ese Tenten ganaría con los ojos vendados y una mano atada), no muy lejos de ese estaba otro en donde se medía la fuerza del concursante dando un puñetazo a lo que parecía un pequeño almohadín, y en donde muchos chicos querían lucirse ante las muchachas que los acompañaban (Sakura habría ganado a todos con un mínimo esfuerzo) y uno más, que se encontraba muy cerca de donde ella se hallaba, le pareció el más entretenido; en ese se tenían que imitar los pasos de baile de una chica que aparecía en una pantalla, el juego estaba saturado en su mayoría por chicas que intentaban mostrarle a sus acompañantes sus dotes de danzantes (sin duda alguna ese hubiera sido el de Ino, quien era la mejor bailarina que tuviera toda Konoha).
Sonrió al recordarlas. Si estuvieran allí la habría pasado en grande con ellas, pero no, dudaba mucho que ahora pudiera divertirse en ese lugar. El humor de su acompañante era muy diferente al de sus simpáticas e inquietas amigas. Su acompañante, el cual desde que habían dejado el palacio lucía mas ceñudo que de costumbre y que desde hacía rato lo había perdido de vista sin tener idea de donde se encontrara.
Miró entre la muchedumbre, estirando al máximo su cuello para buscar a su compañero. No la había esperado y ahora ella se había perdido entre tanta gente al entrar a la ciudad. No le veía por ningún lado. De seguro estaba más que furioso buscándola también.
Sasuke miró con fastidio al gentío, odiaba las multitudes. ¿Por qué demonios había accedido a venir? La que era su respuesta lucía desconcertada, parada a media calle, mirando para todos lados, seguro lo buscaba. Torció una mueca de resignación a al verla, el gesto se le deshizo al notar que dos sujetos se acercaban a ella.
- Las chicas de este lugar vaya que son bellas ¿no te parece Jin? – Un chico con un arete en la oreja derecha le sonrió a la peliazul. Hinata se sorprendió al notar que se dirigía a ella.
- ¿Qué estás haciendo aquí tan sola preciosa? Si estás perdida, con gusto te ayudaré a encontrar lo que buscas.- se ofreció el tal Jin sonriéndole también.
- Eh, yo…- Ella iba a contestar cuando una conocida e severa voz la hizo voltear.
- Ella viene conmigo, así que lárguense.- les soltó el Uchiha acercándose a Hinata y mirando con enfado a los hombres. Tal parecía que todos los del lugar eran unos completos idiotas. Unos ojos grises que habían estado siguiendo cada mínimo movimiento de la peliazul con atención, se entrecerraron con enfado al ver a su compañero. La palabra paciencia cruzó su mente, la mirada gris se relajó; las cosas salían mejor si se hacía a un lado la desesperación. Segundos después se desvaneció entre la multitud que circulaba.
- Hey, tranquilo.- los advertidos parecieron notar más que una simple amenaza en esos siniestros ojos negros. - Sumimase, amigo.- El del arete levantó las manos en señal de disculpa.- No sabíamos que era tu chica.- Vieron con nerviosismo a Sasuke y se alejaron, perdiéndose de vista entre la gente.
- Vámonos, Hinata.- dijo empezando a caminar, la aludida asintió.
Comenzaron a andar juntos entre el gentío. Hinata caminaba absorta pensando en dos cosas: la primera era esa sacudida interna que experimentó cuando Sasuke no se había molestado en corregir al sujeto que se refirió a ella como "su chica" y la otra, la sorpresa que le había causado el que la llamara de nuevo por su nombre. Era la segunda vez que lo hacía, la primera vez había sido… se sonrojó al instante de recordarlo, mejor evitaba pensar en ello.
"Tu chica" sonrió algo ruborizada. De pronto se detuvo y frunció la cara. ¿Por qué rayos sonreía por algo así? Entre Sasuke y ella no existía nada. Cómo podían relacionar a una persona como ella con alguien como él. Debió haber mostrado su molestia ante tal sugerencia y reclamarle a Sasuke que no hubiera sacado al tipo de su error.
"¿Molestia? ¡Por favor! Más bien te notas bastante contenta de que él no lo haya aclarado" le espetó su Temari-conciencia.
Iba a comenzar a discutir consigo misma cuando sintió un ligero empujón, de entre el gentío, alguien le había golpeado al pasar junto a ella, sacándola de sus pensamientos. Volvió a la realidad, de nuevo Sasuke no estaba a su lado. Giró a mirar entre la gente para buscarlo. En ese momento una mano fuerte le sujetó la suya con algo de brusquedad.
- No creí necesario hacerlo, pero en vista de que te pierdes a la menor distracción será mejor traerte así.- Sasuke comenzó a conducirla entre la gente como si fuera una niña pequeña. La acción la desconcertó.- ¿Qué quieres ver?- preguntó con su clásica arrogancia.- No me digas que más jardines porque estoy un poco harto de tantas flores.- comentó algo molesto.
- Pues quiero ver los monumentos del concurso, y lo siento porque también son de flores.- se atrevió a decir, un poco menos aturdida. Notó que se quedaba callado y apretaba la mandíbula.
- ¡Kuso! Está bien.- Lo escuchó aceptar con fastidio. Hinata no pudo reprimir la sonrisa que tiraba en su rostro. Sasuke volteó a verla- ¿Te ríes de mí, Hyuuga?
- Uchiha-san, por supuesto que no.- contestó con fingida cortesía.
- Baka - le soltó.- Eres una pésima actriz. - agregó en tono burlón. Hinata no se contuvo y volvió a sonreír. Iba a disculparse por el sarcasmo, pero no lo hizo al notar que él no lucía molesto, más bien parecía que todo eso le causaba gracia. Se podía sentir un ambiente de camaradería entre ellos, como si fueran amigos. Después de todo, el pelinegro sí podía ser un acompañante agradable.
Mientras seguían andando el Uchiha la soltó. Hinata pensó que tal vez ya se había percatado que era algo absurdo. Caminaban muy juntos, brazo con brazo, ya no era necesario que lo siguiera haciendo. Aunque admitió con pesar que le gustaba que la llevara de ese modo.
Pero momentos después, Sasuke buscó de nuevo su mano y volvió a tomársela, esta vez ya no con ese agarre brusco sino entrelazando con delicadeza sus fuertes dedos entre los de ella. Hinata le correspondió sujetándoselos, cerrando la mano contra la suya con suavidad. Al sentir la tibieza de la fina mano blanca aceptando con sutileza la suya, un gesto muy parecido a una sonrisa surgió de forma espontánea en el serio rostro masculino.
Hinata caminaba conmocionada sin entender que pasaba. Una fuerte emoción inundaba su cuerpo. Nunca en la vida había sentido nada parecido. Cómo era posible que ese sencillo y simple contacto de manos le estuviera provocando todo eso. El sentimiento que experimentaba era muy diferente al arrebato que había sentido cuando la había besado y también muy distinto de las sensaciones que le había despertado al acostarse con él. Era algo aún más fuerte, una rara mezcla de gozo y entusiasmo que le hicieron sentirse muy… contenta. Un fuerte arrebol apareció en sus mejillas y una inusitada sonrisa cruzó su cara. A pesar del mar de gente, sintió como si fueran las únicas personas allí, sólo ellos dos, sin nadie alrededor.
Cuando llegaron a los monumentos, Sasuke aun la sujetaba de la mano. Miraron las asombrosas figuras hechas a bases de puras flores.
- Son sorprendentes ¿no lo crees? – le sonrió. Se sintió tonta, por qué no podía dejar de sonreír.
- Sólo son flores con más flores.- contestó sin humor. Debía soltarle la mano, pero no quiso hacerlo. Miró como lucía entusiasmada al ver las figuras, sin evitarlo sonrió otra vez. Si la suelto tal vez se vuelva a perder, pensó como excusa.
Unos adolescentes, que también observaban los monumentos, los vieron llegar, mirando de forma poco disimulada y nada respetuosa a la peliazul. Mientras susurraban y se reían, la recorrían con los ojos de arriba a abajo. Sasuke experimentó de nuevo esa sensación amarga al verlos prácticamente comiéndosela con la mirada. Estúpidos idiotas, pensó algo harto. Parecía no importarles que la vieran acompañada por él. Aprovechó que la chica volteó a otro lado, para mirarlos de forma más que amenazante mientras activaba el Sharingan. Los muchachos perdieron la sonrisa y claramente asustados se alejaron a trompicones al ver esos siniestros ojos de pupilas tan rojas como la sangre con esas extrañas aspas negras en ellas. Hinata giró al ver el jaleo.
- ¿Qué les sucedería?- miró a Sasuke quien sonreía con maliciosa satisfacción en sus ojos negros.- ¿Qué les hiciste?- le echó en cara soltándole.
- Nada.- Aunque Hinata no se tragó la mentira escudriñándolo con ojos entrecerrados.- Me molesta que sean tan imbéciles ante una chica bonita.- dijo mientras cruzaba los brazos. La peliazul lo miró extrañada ¿Se refería a… ella? Hinata sonrió.
- Pues no la veo.- dijo enarcando una ceja, Sasuke la miró algo desconcertado.- A la chica bonita, ¿Dónde está?- preguntó divertida
- Parece que se ha ido.- El pelinegro comenzó a mirar entre la gente.- Era una pelirroja muy… ¿Qué? Creías que hablaba de ti.- dijo con marcada petulancia. Hinata desvaneció la sonrisa, mirándolo con irritación.
Comenzó a caminar entre la gente, alejándose de él. Se dirigió otra vez hasta donde estaban los juegos y los puestos de globos. Ya estaba comenzando a oscurecer. Una sonrosada Fumiko se acercó a saludarla, dos niños pequeños que la acompañaban, sonrieron y saludaron en una pequeña reverencia a la peliazul. Comenzaron a conversar animosamente, después de un momento de plática, los inquietos pequeños jalaron a las chicas hacia los juegos.
Se dirigían emocionados a los juegos cuando unas grandes esferas transparentes que flotaban en el cielo robaron de pronto su atención. Los pequeños se acercaron al lugar de donde procedían, arrastrando a las chicas con ellos. Momentos después los cuatro se carcajeaban al intentar, sin éxito alguno, hacer unas burbujas tan enormes como las que hacía el encargado del puesto.
Al ver que no tenían oportunidad de hacer una sola burbuja, los niños se alejaron algo decaídos del lugar, para acercarse a un atrayente estanque de aguas ondulantes lleno de raros peces. Al poco rato, Hinata y Fumiko se reían mientras intentaban, junto con los niños de nuevo animados, atrapar uno coloridos pececitos de plástico con un inofensivo anzuelo. A Hinata le encantaba ver como Kei y Aki se concentraban en su misión de atrapar los escurridizos peces, los cuales escondían un premio en sus estómagos.
Sasuke llegó hasta ellos. Fumiko dejó de sonreír mirándolo con nerviosismo. La Hyuuga se mostró distante, sin mirarlo, fingía seguir concentrada en el estanque.
- Kon-konbawa Uchiha-san.- saludó al pelinegro. Este con un movimiento de cabeza contestó al saludo. Después miró a los pequeños.- E-ellos son mis sobrinos.- dos pares de enormes y brillantes ojos lo miraron con curiosidad, dejando sus anzuelos.
- Soy Uchiha Sasuke, shinobi de Konoha.- se dirigió con seria formalidad a los pequeños. Hinata volteó a mirarlo. Sasuke alzó la vista y se percató de la desaprobación que irradiaban esos ojos opalinos.
- Mucho gusto, yo soy Tachibana Keitaro y ella es mi hermana Aki.- el pequeño de cabellos oscuros se quedó quieto e hizo una seria reverencia. Su pequeña hermana sólo inclinó levemente la cabeza.
Después de unos segundos de incomodo silencio Fumiko y los niños se giraron de nuevo al estanque junto a la peliazul. A unos pasos de ellos el pelinegro los miraba. La algarabía y el bullicio en el lugar estaban en su punto máximo. No pudo dejar de notar que la mayoría de los asistentes eran familias completas. Padres, madres, hijos, todos en convivencia, disfrutando de sus lazos…
- Ne, Sasu-chan.- miró algo perturbado a la atrevida personita que le jalaba el haori y le había hablado de esa manera.- ¿Podrías atrapar un pez para mí?- lejos de intimidarse la niña, que parecía una versión pequeña de su tía, lo miraba ansiosa. - ¡Onegai!- sus grandes ojos brillaron. Una abochornada Fumiko los miraba incrédula y aterrada. Hinata lo miró fijamente, cómo se atreviera a hacer una grosería a la pequeña iba a…
- Claro, Aki-chan.- se limitó a contestar a su diminuta interlocutora sin dejar de mirar esos bonitos ojos marrones.
- ¡Arigato, Sasu-chan! - Aki le regaló una enorme sonrisa. El pelinegro dejó a un lado su acostumbrada hosquedad y le sonrió a la pequeña. La niña le ofreció la diminuta mano, él la sujetó y se dejó conducir al estanque. Al ver la escena, un fuerte vuelco en el corazón sacudió a Hinata.
El pelinegro se acercó junto con la pequeña al lugar colándose entre la gente. Después de un momento de batallar, logró sacar uno de los pececillos. Aki dio saltitos de gusto. Kei lo miró sorprendido. Sasuke quitó la tapa que cubría el estomago del pez y sacó una papeleta. Se la entregó al encargado mientras seguía intentando sacar otro pez. El encargado le dio a la pequeña su premio. La niña miró encantada el objeto.
- Mira Hina-chan.- se acercó hasta la peliazul.- Es un espejo.- sonreía entusiasmada
- Es muy lindo.- Hinata se inclinó a la altura de Aki.- Con él te darás cuenta lo bonita que te vas volviendo. Aunque ya eres una niña preciosa.- le acarició los rizos castaños, una bonita sonrisa acompañada por unas pinceladas de rubor aparecieron en las infantiles mejillas.
- Aki, qué se dice ante un cumplido.- dijo su tía.
- Arigato, Hina-chan- contestó feliz. Hinata sonrió.
El Uchiha las miró de reojo tratando de esconder ese brillo raro que quería aparecer en sus oscuras pupilas. A su lado estaba el pequeño Kei que intentaba, sin acertar, atrapar un resbaladizo pez. Sasuke sonrió al verlo tan concentrado y renuente a fallar. Hinata miró con curiosidad al par de pelinegros. Sasuke le decía algo al pequeño Kei, que escuchaba atento al shinobi, mientras volvía a lanzar su anzuelo al estanque. Minutos después el pequeño pelinegro daba saltos de alegría con un pececito escarlata en sus manos. Sacó el papel del interior y se lo llevó al encargado. Cuando le entregaron su obsequio, se acercó algo abochornado hacia ellas.
- ¿Qué te dieron Kei-niichan?- preguntó su pequeña hermana.
- Un-una peineta.- comentó algo entristecido mostrando el accesorio.- Toma, te la regalo.- se la entregó a su hermana.
- ¡Kawaii! ¡Arigato, Nii-chan! - gritó con júbilo la pequeña abrazando a su hermano. Hinata los miró enternecida.
- Vamos, Kei-chan. Para la próxima verás que obtienes un bonito regalo que te guste. Es más, mañana vendremos para que lo intentes de nuevo, ¿ne?- intentó consolarlo su joven tía.
- ¿De verdad? - preguntó animado. Su tía asintió. – Arigato, Nee-chan.- sonreía de nuevo.- Mañana lo haré otra vez, además Sasuke-san ya me enseñó cómo lograrlo.- observó con admiración al pelinegro que se acercaba. Hinata lo miró sorprendida, el Uchiha desvió la mirada.
- ¿Y ya agradeciste su amabilidad? – preguntó su tía pareciendo de pronto seria. El niño miró avergonzado a Sasuke, dándose cuenta que no lo había hecho.
- Arigato, Sasuke-san.- se dirigió apenado al shinobi. Sasuke asintió, revolviéndole el cabello a modo de aceptación. Con lo que el pequeño pelinegro le sonrió.
- Bueno niños, tenemos que irnos, su madre debe estar esperándonos.- los pequeños quisieron protestar pero se calmaron ante la mirada adusta de su tía. Parecía que cuando lo requería la joven tenía su carácter.- Hinata-san me dio gusto verla y que nos acompañara. Arigato. – agradeció Fumiko a la peliazul.
- Arigato a ustedes, Fumiko. La pasé muy bien. Los niños son encantadores.- le sonrió a los chicos que miraban los premios.
- Uchiha-san, Arigato, espero mis sobrinos no le hayan incomodado.- dijo tímida mirando al shinobi. Sasuke negó con un movimiento de cabeza.- Entonces nos vemos después.- continuó con más confianza. - Niños, despídanse.- se dirigió a los pequeños.
- Oyasumi-nasai.- dijeron al unísono los hermanos haciendo una leve inclinación. Fumiko tomó a ambos de las manos. Los de Konoha los vieron alejarse y perderse entre la multitud.
Estaban solos otra vez. Comenzaron a caminar, juntos de nuevo, sin hablarse pero con una ligera comodidad latente entre ellos.
Sasuke levantó la cabeza mirando el cielo estrellado. La Hyuuga no le hablaba pero no parecía molesta. Esa era una de las cosas que le agradaban de ella, que no parloteaba sin sentido. Admitió que experimentaba una especial camaradería con ella, nada parecida a la que sentía por Sakura a quien conocía desde tanto y que consideraba su amiga. No, con la Hyuuga era diferente. Aunque no se lo dijera, se sentía en confianza estando a su lado, por eso se había permitido actuar de ese modo con esos chicos. Se había dado cuenta que era alguien de fiar.
Lo hacía sentirse diferente. Pensó en las sonrisas que le dedicaba para ponerla nerviosa, las bromas que le hacía para divertirse al verla desconcertada, en el guiño que le había hecho mientras comía. Se preguntó si con las mujeres que había estado se había portado de la misma forma. Pero por más que intentó no se imaginó actuando así con alguna como tampoco recordó el rostro de una sola de ellas.
Hinata miró a Sasuke de soslayo, pensando cómo volver a recuperar ese momento que habían compartido cuando anduvieron tomados de la mano. Esa cercanía casi de amistad que le hizo saber que Sasuke a su modo podía ser divertido, no el tipo insensible que aparentaba.
En un momento pensó que tal vez sólo eran figuraciones suyas, que estaba maximizando las cosas. Pero esas figuraciones se deshicieron, convirtiéndose en certeza, cuando lo vio convivir con los pequeños Tachibana. Su actitud la conmovió. Se dio cuenta que el duro y sombrío Sasuke Uchiha podía ser amable y hasta tierno… "¿Qué? Creías que hablaba de ti" torció una mueca, quizás también un poco fastidioso y burlón.
De pronto la noción de conocer cosas de él o de verlo comportarse así, como tal vez con nadie lo hacía, le alegraron, le hicieron sentirse importante.
Tal vez por el momento lo mejor era disfrutar el paseo en silencio. Ella había comprobado que algunas veces las palabras no hacían falta.
Adultos hablando, jóvenes riendo, niños soltando exclamaciones de júbilo o admiración en el festival era el sonido de fondo que escuchaban mientras circulaban sin sentido por el lugar. Al cabo de un rato, su callado compañero habló.
- La chica de hace un rato, más que bonita era…preciosa.- dijo con naturalidad volteando a verla.
- Que bien.- contestó sólo por educación. Le sorprendió que él hubiera hablado. Pero si iba a decir eso, mejor hubieran seguido en silencio.
- Pero no era pelirroja…- la chica apretó los dientes, por qué continuaba hablando sobre lo mismo.-…Sino peliazul, de ojos opalinos y con kimono verde.- Hinata tardó unos segundos en reaccionar. Mientras volteaba a verlo, una lenta sonrisa se le extendía por toda la cara.
- E-es azul.- le aclaró con timidez, sorprendida que se refiriera a ella.- Arigato… por el cumplido.- lo miró tontamente complacida.
- No es cumplido, es la verdad.- Sin poder contenerlo el rostro de Hinata se sonrojó. Se detuvo mientras miraba el suelo.
- Yo… también creo que eres muy… atractivo y apuesto.- se aventuró a decir, queriendo corresponder a su cortesía. Sasuke sonrió de forma divertida al escucharla. No pudo resistirse a bromear con lo que acababa de decirle.
- ¿Estas… intentando iniciar algo conmigo, Hyuuga?- sugirió con picardía. Ahí estaba de nuevo mostrando facetas que tal vez sólo hacía con ella. Al verla reaccionar de forma tan alterada, peleando consigo misma por decir algo, a Sasuke se le antojó besarla. Era la tercera vez en el día que su plan comenzaba a peligrar. Tenía que agradecer que la chica aún no fuera consciente de lo provocaba en él.
- ¡A-Aho! E-eso fue por a-agradecimiento.- le contestó, levantando la vista, con los nervios empezando a dominarla. El corazón de Hinata brincaba agitado dentro de su pecho. Era injusto que ella se pusiera de esa forma y él se mantuviera tan tranquilo.
- ¿Así que atractivo y apuesto?- preguntó mirándola con intensidad y de forma insinuante. El pulso de Hinata se aceleró aun más y sus familiares nauseas hicieron acto de presencia.- ¿Y qué más piensas de mí… Hinata?- soltó su nombre en un acariciante susurro mientras torcía una sensual sonrisa, iniciando con eso un fuego abrasador que recorrió todo el cuerpo de su compañera.
- Y-yo…- quiso decir, pero sus palabras no salieron, tal vez era lo mejor.
Las fuertes sensaciones que le provocaba Sasuke eran tan superiores a su voluntad que sus traidoras manos se negaron a obedecerla, sujetándolo del haori para atraerlo a ella.
Sin aguantar más, se acercó hipnotizada a su rostro. Rozó suavemente su nariz con la suya, mientras sus manos lo sujetaban de la ropa con firmeza casi pegándolo a su cuerpo. Hinata ladeó levemente la cabeza, entreabrió los labios para posicionarlos sobre los de él y…
- Hinata-san, Sasuke-san ¡aquí están! – Ranmaru se acercó entusiasta, sonriéndoles al encontrarlos.
"TEME" Sasuke apretó los puños con furia. Miró con claro gesto homicida al pelirrojo. Era la primera vez que tenía ganas de matar a alguien sin motivo alguno. Se preguntó si Hinata se percataría si utilizaba el Tsukuyomi sobre ese imbécil para deshacerse de él de una buena vez.
Atónita por su comportamiento, Hinata de inmediato estableció una distancia prudente con el pelinegro. Agradeció que Ranmaru hubiera aparecido en ese momento; de lo contrario estaba segura de que se habría dejado por esa poderosa atracción que Sasuke ejercía sobre ella. Kami-sama. Se preguntó cómo era posible que hubiera estado a punto de hacer eso, qué fuera tan débil.
- H-hai, Ran-Ranmaru-san.- contestó con nerviosismo, agradeciendo a la oscuridad que Ranmaru no notara su completo bochorno.
- Haruna-sama preguntaba por ustedes, pero no les veíamos por ningún lado. ¿Ya vieron los monumentos? ¿Qué les ha parecido la ciudad? – preguntaba emocionado.
- Es-espléndida.- respondió con dificultad. Respiró hondo.- Los mo-monumentos son impresionantes
- ¿Qué les parece si vamos a ver la premiación? Haruna-sama se está decidiendo por un ganador.- Hinata asintió, comenzaron a avanzar. ¿De nuevo flores? Sasuke iba a negarse cuando Hinata de pronto tropezó y Ranmaru se acercó hasta ella sujetándola para evitar que cayera. Miró la escena con enfado, el sujeto tardaba mucho en soltarla. Sus nudillos crujieron.- ¿Está bien Hinata-san?
- Hai, Arigato Ranmaru-san.- Sasuke pasó delante de ellos, arrollando al guardia sin siquiera disculparse. Hinata y Ranmaru le siguieron, la chica se preguntó por qué lucía el pelinegro tan molesto y por qué el pelirrojo parecía tan divertido.
Atravesaron con dificultad la aglomeración de gente que ahora rodeaba el lugar del concurso. Llegaron hasta Haruna quien lucía algo confundida mirando de un lado y otro los monumentos que participaban. Junto a ella un guardia la custodiaba. Ese debía ser el primo de Ranmaru. Hinata notó el gran parecido en las facciones, sólo que éste tenía el cabello largo y castaño. No era tan alto como el pelirrojo pero lucía bastante intimidante.
- Hinata, Sasuke ¿Qué tal la han pasado?- la feudal volteó a ver a sus invitados, el castaño hizo lo mismo.
- De maravilla Haruna-sama, Ranmaru-san no mintió al decir que había mucho que ver en festival.- contestó la chica.
- Me alegro que se estén divirtiendo. Este año creo que ha sido el mejor, se ha reunido mucha gente y entraron muchos participantes al concurso.- miró algo compungida los monumentos.- Se ve que pusieron su máximo esfuerzo. Ahora no puedo decidirme. Todos me parecen tan bellos, que sería una lástima nombrar ganador a sólo uno.- de pronto volteó con ojos brillantes hacia la peliazul.- Hinata, ayúdame, ¿cuál crees que merezca ganar?
- Haruna-sama, yo no creo que sea buena idea…- intentó negarse
- Oh vamos Hinata, onegai…- sin duda Haruna no iba a dejar que se zafara.
- Pues, yo… - no tenía opción. Observó todos monumentos y pensó un poco.- El del ave roja con las alas extendidas me gusta mucho, es muy colorido.- luego dudó, mirando hacia su derecha.- Aunque el de la pareja besándose me parece tan… romántica.- comentó algo tímida, sus ojos se llenaron de un extraño brillo.- Pero, el del niño en los brazos de su madre simplemente me… sobrecoge el corazón.- esta vez una sombra de añoranza se posaba en su mirada de luna. Sasuke, algo apartado de ellos, la miró pensativo.
- Tienes razón, me parece que a mí me sucede lo mismo, ¿Tú qué piensas Ranma?
- Debo decir que coincido con las dos. El del beso me parece muy bello.- un ligero rubor apareció en el pelirrojo.- Pero, en mi humilde punto de vista, un niño feliz es lo más hermoso del mundo.- contestó en un tono nostálgico.
- Vamos Ranma, no te pongas sentimental.- dijo de pronto el chico que tanto se le parecía.
- Tienes razón, Gomene, gomene.- El aludido se revolvió el cabello, sonriendo algo apenado. Hinata y Haruna le miraron algo conmovidas por la sinceridad de su comentario. – Por cierto primo, esta agradable chica es Hinata-san, kunoichi de Konoha.- esbozó su particular sonrisa.
- Mucho gusto, soy Shirosaki Tetsu. - la miró con unos profundos ojos iguales a los de Ranmaru.- Es un enorme placer al fin poder conocerla, Hinata-san.- se inclinó ante la kunoichi.
- Mucho gusto, Shirosaki-san.- le saludó con su habitual amabilidad.
- Aunque creo que "Honor" se aplica mas adecuadamente, por conocer en persona a la futura líder del prestigioso y noble Clan Hyuuga.- comentó mientras levantaba la mano para acomodarse un largo mechón de cabello detrás de la oreja.- Famoso y temido por poseer uno de los dojutsus mas envidiados y codiciados en el mundo ninja, el célebre Byakugan.- le sonrió cortésmente.
- Vaya, Tetsu no sabía que conocieras sobre el Clan de Hinata.- la feudal miró sorprendida al primo del pelirrojo.
- Sé algunas cosas, Haruna-sama.- contestó si quitar sus brillantes ojos de la kunoichi.
- Y el chico de cabellos negros de allá.- habló Ranmaru de nuevo.- Es Sasuke Uchiha, el compañero de Hinata-san. Parece serio pero es un tipo de verdad divertido.- comentó bajando la voz en tono conspirador y sonriendo hacia el pelinegro.
Sasuke los miraba desde donde estaba. Frunció el gesto al ver que volteaban a verle y Ranmaru le sonreía. No sabía si era idea suya pero parecía que algo en él divertía al pelirrojo. Tal vez era idiota. De nuevo hablaba y se reía con la peliazul, mientras rodeaba del cuello al tipo del pelo castaño con gran familiaridad. Se parecían bastante, quizás ese era el primo del que había hablado. El tipo castaño, que le pareció algo serio, no apartaba la vista de la Hyuuga. Vio que la feudal les comentaba algo y se alejaba junto con los guardias dejando a Hinata sola. Se aproximó hasta ella.
- Parece que te han abandonado tus admiradores.- Hinata no lo miró, seguía con la vista a los guardias. A pesar de parecerse bastante a Ranmaru, notó que eran muy diferentes. Al contrario del desparpajo que mostraba Ranmaru, Tetsu parecía muy serio y no trasmitía lo mismo que el pelirrojo.
- Gomene, ¿decías algo?- volteó a mirar a su compañero.
- ¿Estás bien, Hyuuga?- preguntó al ver que parecía algo ensimismada.
- H-hai.- fue lo único que le pudo contestar. En ese instante Ranmaru regresó hasta ellos.
- Haruna-sama al fin ha elegido un ganador. Les parece si vamos a ver quién fue el afortunado, Hinata-san, Sasuke-san.- les sonrió.
- No creo que sea necesario, desde aquí se ve claramente Kurohara.- le contestó éste último con tono hosco.
- Pero…- el pelirrojo miró con ojos de aflicción a Sasuke y después a la chica. Esta sólo sonrió al mirarlo, le recordó a alguien; sin duda Ranmaru podría ser una versión pelirroja de Kiba cuando intentaba convencer de algo a Hanabi.
-Vamos.- miró a su serio compañero. Sasuke iba mantenerse en no ir, detestaba a ese guardia más que a cualquier cosa en el País Nano. Entonces sintió la suave mano de Hinata tirando de la suya para que la acompañara, con eso ya no pudo negarse.
De nuevo a regañadientes el pelinegro era arrastrado a esos absurdos arreglos de flores. Llegaron en donde Haruna presidía una mesa de honor situada unos dos escalones del nivel del suelo. Sasuke reconoció de entre toda la gente reunida a Fumiko, junto a ella una mujer un poco mayor que la Hyuuga, que debía ser su hermana, sostenía de las manos a los pequeños Tachibana.
Haruna se levantó y comenzó a dar un pequeño discurso sobre el éxito del festival, la valía de los participantes, la belleza de los monumentos y lo difícil que había sido decidirse por sólo uno. Cuando mencionó al ganador, el de la madre con el niño, los concurrentes comenzaron a aplaudir, la peliazul emocionada hizo lo mismo, Sasuke simplemente se mantuvo cruzado de brazos.
Cuando hubo terminado la premiación, Hinata se acercó hasta la mesa. Ranmaru ayudaba a bajar a Haruna tomándola de la mano mientras le sonreía. Un brillo malicioso apareció en los ojos negros de Sasuke. Fumiko y los Tachibana llegaron junto a ellos, los niños decían cosas sin parar a Hinata con unas amplias sonrisas en sus pequeñas caras. La madre de los chicos llegó hasta ellos e hizo una pequeña inclinación a la peliazul, ella correspondió al gesto repitiéndolo. Después el pequeño Kei, claramente emocionado, comenzó a contarle algo a su madre que lo miraba atención y asentía con maternal paciencia. Kei volteó hacia la multitud, agitando con alegría la mano al encontrar con la mirada a Sasuke. Su madre hizo lo mismo que el pequeño solo que sustituyó el saludo efusivo por una educada inclinación de cuerpo, de la misma forma que lo había hecho con la Hyuuga.
Un ligero silbido cortó el griterío de la multitud, después una infinidad de luces multicolores acompañadas por pequeños estruendos aparecieron en el cielo arrancando exclamaciones a los presentes. La gente miraba con admiración al cielo que era iluminado por sorprendentes destellos de diferentes tonalidades. Los fuegos artificiales cerraban un día más de festival.
Caminaban de regreso al palacio. La feudal y el pelirrojo acaparaban la atención de Hinata. Ella quería acercarse a Sasuke para darle las gracias, pero no se atrevía a ser descortés con sus anfitriones, o esa era la excusa que se daba. La verdad era que no sabía cómo abordarlo. El pelinegro les seguía tan sólo unos pasos atrás de ellos. Tal vez cuando entraran tendría oportunidad. Pero cuando se despidió y les agradeció su hospitalidad a Haruna y Ranmaru, siguió en completo silencio hacia sus habitaciones sin atreverse a hablarle. Transitaron el pasillo y vio las puertas corredizas azules. Se armó de valor.
- Sasuke...- dijo de pronto antes de entrar.- Arigato… por acceder a quedarte.- agregó con timidez mirando el suelo. Sasuke se detuvo. Ella no le sonrió, se limitó a darle un suave roce en el brazo. Un sonido ininteligible fue lo que dio por contestación su compañero.
- Arigato, también… por acompañarme. Eso no tenías que hacerlo, pero…- pareció dudar pero se atrevió a decir lo que pensaba.- Me gustó mucho que lo hicieras.- Mientras le miraba el semblante serio, lo recordó tomándola de la mano, jugando con los niños.- Aunque lo quieras ocultar, eres una persona amable, Sasuke-kun.- le obsequió de nuevo esa sonrisa dulce. Sasuke la miró y sintió como si el pasillo se iluminara a causa de ese gesto. Sin poder evitarlo las mejillas del pelinegro se arrebolaron.
Hinata miró su inusitado sonrojo con placer, nunca hubiera creído que presenciara algo así. Otra vez se sintió importante al saber que ese encantador rubor se debía a ella. Al verlo de esa manera le pareció que era el hombre más hermoso que hubiera conocido. La rara emoción que había sentido antes, le regresó de nuevo al pecho. Sin poder contenerse, se acercó hasta él para darle un suave beso en la mejilla.
Debió alejarse pero en el momento que lo miró a los ojos, simplemente ya no pudo. Un intenso calor que se agolpó en su cara con un delicioso cosquilleo que le recorría el cuerpo, se lo impidieron. La mirada oscura con la que la observaba el shinobi era como un fuerte imán que no le permitía retirarse.
Todo el cuerpo de Sasuke se puso en alerta al sentir sus suaves labios tocando su mejilla. "Aguanta" dijo una vocecita interna. Cuando miró el sonrojo que apareció en esas tersas mejillas y se vio reflejado en esos ansiosos ojos opalinos que parecían brillar al mirarlo, ese fuego salvaje que fundía su razón, apareció de manera torrencial inundándole el cuerpo. "Resiste" gritó la vocecita. Y casi lo lograba, pero cuando Hinata, esa kunoichi que le parecía la tentación personificada, esa chica que le hacía tener sensaciones inusuales, le sonrió con esos perfectos labios rosas…
- ¡Al diablo!- dijo en voz alta.
Sí, al diablo su orgullo, el plan que había trazado. Todo. Deseaba besar a esa mujer con tantas fuerzas que no podía soportar más. Deslizó sus manos en el espeso cabello y la atrajo hacia él.
En el instante en que sus labios se unieron, todo pensamiento abandonó la cabeza de Sasuke. La tomó entre sus brazos; ella al principio sorprendida, de inmediato lo aceptó rodeándole el cuello con los suyos. La escuchó emitir un delicioso gemido, para su satisfacción, y separó los labios, invitándole a entrar, ofrecimiento que él aceptó gustoso. Mientras con la lengua le exploraba el interior de la boca, con las manos le acariciaba la espalda. Su boca sabía a gloria.
El roce erótico de su lengua le lanzó a Hinata llamaradas de deseo por todo el cuerpo. Sasuke se movió deslizando una de las puertas para abrirla, atrayéndola a la habitación con él. Se apoyo detrás de la puerta, separó las piernas metiendo a Hinata entre ellas. Ella se repegó a él con fuerza, enardeciéndolo. A Hinata la cabeza le dio vueltas por la mezcla de sentir su dureza, sus labios expertos y su increíble aroma.
Perdieron la noción del tiempo, y cuando la necesidad de respirar amenazó con desmayar a Hinata, se separó de él. Sasuke dejó que se alejara, no tenía idea de cuánto llevaban besándose, pero sí sabía que no era suficiente.
- Dijiste… que no de-dejarías que te tocará de nuevo.- le sonrió sobre los labios.
- Y-y tú que yo… terminaría lanzándome sobre… ti…- dijo con voz ahogada de pasión.
- Me pa-parece que tendré que tragarme mis palabras.- contestó entretenido besándole el cuello. Hinata no pudo reprimir la sonrisa.
- Creo… que yo también.- sonría mientras le acariciaba el cabello.
- ¿Y qué… tal saben?
- Mmmm… ¿q-qué?- sus besos hacían estragos en su lenguaje.
- ¿Tus palabras?- preguntó dándole lentos besos de nuevo en la boca. Hinata lo detuvo un momento tomándole el rostro con las manos.
- No sé… pero tú sí que estás… delicioso.- dijo mientras le pasaba la lengua de forma traviesa sobre los labios. Hinata lo escuchó reír. Esa risa hizo que sus piernas flaquearon. Las palabras "perversamente sexy" aparecieron en su mente.
- Con eso… puedes tener de mí lo que desees… Hime.- contestó
- Y si solo te deseo a…ti.- dijo con su devastadora sinceridad. Sasuke ensanchó la sonrisa.
- Soy todo tuyo… Hinata.- la chica sonrió al escuchar su nombre.
La besó de nuevo, esta vez no con el arrebato anterior, sino con delicadeza. Unió su boca con la de ella en un encuentro pausado, lánguido y profundo que hizo fluir otra vez el deseo turbio y candente por sus venas. Deslizó una mano hasta su nuca para hundirla en su cabello y soltar las peinetas, que cayeron al suelo en silencio. Los mechones suaves se desparramaron sobre sus dedos inundando el lugar con su aroma. Dejo de besarla y tomó su rostro entre sus manos, mirándola de pies a cabeza.
- Eres como un regalo.- le acarició la clavícula con un dedo.- Y ni siquiera es mi cumpleaños.- le rodeó la cintura con los brazos sin tocarla, comenzando a desatar el obi.- Pero me voy a divertir desenvolviéndolo.- una vez más le robó las palabras cuando la besó de pronto.
Hinata sintió la almohadilla y el obi resbalando a sus espaldas. Después Sasuke posó sus manos en el trasero de la chica acariciándolo, y repegandola de nuevo a su cuerpo. Hinata metió los dedos en el pelo sedoso y negro de Sasuke, y luego por debajo del haori para acariciarle el pecho. Tenía la piel suave y caliente y desesperadamente quiso y necesitó sentir más de él. Todo él.
Pero Sasuke parecía no querer acelerar las cosas, seguía besándola con ese ritmo pausado. Deslizó los labios hacia el cuello para besarle la delicada piel y mordisquearle las sensibles orejas. Subió las manos con lentitud por su espalda, llegando a sus hombros e introduciéndolas por la tela para bajarle el kimono. La pieza de seda se resbaló lentamente por la blanca piel de Hinata.
- Preciosa…- Hinata vio sus ojos negros iluminados por el deseo y se llenó de poder y satisfacción femenina. Sasuke bajó las manos y la miró de arriba abajo. Hinata sintió esa pausada inspección como una caricia. Cuando su oscura mirada volvió a encontrarse con la suya, tragó con fuerza para comentar con voz ronca. –Di-dime… que estabas pensando en mí cuando te pusiste esto.- gruñó sin dejar de mirar la atrevida lencería que portaba.
- No… Hentai.- contestó mientras sonreía de saber que estaba tan afectado como ella.
- ¿Hentai?... - lo escuchó reír de nuevo.- Eres tú quien usa esas provocadoras prendas.- posó su dedo sobre uno de los tirantes para deslizarlo con lentitud por todo el borde del sostén que cubría sus generosos pechos. Hinata soltó una pesada exclamación.- Creo… que estoy en desventaja.- tomó sus manos para llevarlas al haori.- Te importaría…- Con movimientos nerviosos Hinata le ayudó a deshacerse de la prenda.- Mucho… mejor.- sonrió al sentir la pesada prenda caer a sus pies. Ahora él también estaba en ropa interior. El rostro de Hinata se cubrió de un intenso rubor al bajar la mirada y presenciar el endurecido miembro que se abultaba dentro del bóxer. -…Hentai - escuchó decirle.
Antes de que Hinata reaccionara, afectada por la visión de ese perfecto cuerpo masculino casi desnudo en frente de ella, Sasuke la levantó en brazos llevándola hasta la cama. Se tendió sobre ella, soportando su peso sobre un brazo. Contempló el cuerpo suave con ojos deseosos. No pudo evitar devorar sus labios al verla cubierta por esa osada ropa interior. Después bajó su boca para trazar el contorno del atrevido sostén con la lengua y morderle suavemente los pechos.
La lentitud inicial dio paso a una apasionada urgencia. Subió de nuevo a poseer con ardor sus labios mientras le acariciaba con una de sus manos la entrepierna. Hinata jadeó antes las deliciosas sensaciones que le causaban sus dedos expertos.
Deslizó las manos por detrás de su espalda, desabrochándole el sostén y lanzándolo lejos, para de inmediato cubrir con sus labios cálidos los duros botones que coronaban sus pechos. Hinata se retorció de placer mientras sentía la húmeda boca de Sasuke succionando sus sensibles pezones y su dura masculinidad frotándose en sus muslos. Ella con movimientos nerviosos le acarició el cabello y le recorrió ansiosa la espalda. Las manos de Sasuke se deslizaron por las piernas femeninas quitándole la diminuta pieza de ropa que le faltaba para después deshacerse de la suya. Le sujetó una pierna subiéndola por encima de su cadera. Hinata profirió de nuevo un gemido de placer al sentir la dureza de su virilidad frotarse sobre ella, creando una deliciosa fricción que la enloquecía.
- Dime… Hinata, dime de nuevo que me deseas.- pidió mientras volvía a besarla.
- Yo… ¡oh Kami!.- intentaba contestar pero como hacerlo con todas esas sensaciones que le abrumaban la cabeza.- Oohh sí…te deseo…
- Dime… que sólo conmigo… sientes esto.- continuó con voz roca.
- S-sí, so-sólo contigo, Sasuke…- jadeó, él tembló de placer al escucharla decir su nombre. Hinata volvió a retorcerse bajo su cuerpo. No soportaba más. Sentía que todo su ser ardía. Sasuke miró sus ojos de luna iluminados por la pasión.
Al siguiente instante la tomó del rostro y le reclamó la boca en un beso apasionado, voraz. Al mismo tiempo que la penetraba en un sólo empuje, queriendo que sólo pensara en él, en como la llenaba. El instinto llevó a Hinata a rodearle la cintura con las piernas mientras las caderas de Sasuke la embestían a un ritmo creciente. Se aferró aquellos hombros duros mientras él se hundía una y otra vez en su cálida y húmeda profundidad.
Espirales de placer aumentaron en intensidad con los movimientos acompasados de él y ella. De nuevo unidos como uno solo. En cuanto él la sintió llegar al clímax, aceleró los embates, queriendo llegar junto con ella a esa sensacional liberación. Entonces el éxtasis explotó en un arrebato simultáneo de los sentidos. Hinata creyó ver de nuevo fuegos artificiales.
No estuvo seguro de cuánto tiempo había pasado, él seguía allí, con la cara enterrada en la suave curva de su cuello. Recuperó algo de fuerzas y se apoyó en los antebrazos mirándola a los ojos. Ella levantó la mano para acariciarle la mejilla. Parecía somnolienta y satisfecha, y sumamente hermosa, por motivos que no pudo explicar, sintió como si lo dejaran sin aire. Lo recorrió una maraña de sentimientos inesperados y perturbadores.
Los opalinos ojos que lo miraban entornados, trasmitían una calidez y una ternura que hicieron que anhelara compartir lo mismo de forma asidua.
