Lo de siempre, los personajes no me pertenecen son de Masashi Kishimoto-sama.


Cuando Hinata llegó hasta el comedor, se encontró de nuevo con Fumiko. El día anterior durante el festival le había pedido que la despertara, no quería que le volviera a suceder lo mismo dos veces, y la joven, encantada había aceptado. Ya ni caso tenía arrepentirse de haberlo hecho.

Mientras hablaba con la chica recorrió con la vista el lugar buscando a Sasuke. Él estaba allí, recargado sobre la pared con cierto aire de satisfacción en el rostro. Se le hizo extraño verle de esa manera. Estaba algo molesto cuando lo había hecho salir por la ventana, y hasta cierto punto le entendía, la frustración era algo horrible (a ella el agua fría apenas y la había sosegado). Pero él, ahora parecía totalmente ajeno a esa sensación.

Unos momentos después que ella, entraron sus anfitriones. Haruna sonreía ligeramente, Ranmaru caminaba detrás de la feudal con aire sereno. Hinata observó de nuevo ese particular brillo en los ojos del pelirrojo.

- Ohayo Hinata, Sasuke.- saludó la feudal al verlos. Los de Konoha contestaron al saludo.

- Ohayo mis camaradas de la hoja.- el pelirrojo les sonrió. Hinata fue la única que contestó el saludo del guardia, cosa que a esté no le sorprendió.

Sasuke torció por lo bajo una sonrisa al verlo acercarse a platicar con la peliazul. Al salir por la ventana había confirmado cierta teoría sobre la que había especulado durante el final del festival. Ahora vendría su turno.

La feudal los invitó a pasar a la mesa. Mientras desayunaban, de nuevo las conversaciones eran entre ellos tres. De vez en cuando Hinata miraba momentáneamente al pelinegro, quien parecía totalmente ajeno a su presencia. El pelinegro comía en silencio, aparentemente relajado, pero había algo raro en su mirada. Ese brillo que ella ya sabía reconocer, el mismo con el que le miraba cuando maquinaba alguna de sus maliciosas provocaciones. Con una educada sonrisa Sasuke se dirigió a Haruna participando de forma inesperada en la conversación.

- Haruna-hime, esta mañana luce… radiante.- miró con sus penetrantes ojos negros a la feudal. El trozo de comida que sostenía Ranmaru entre sus palillos cayó sobre el plato al escuchar al shinobi de la hoja.

- ¡oh! ¿De verdad?- preguntó con una sonrisa tímida.- Arigato Sasuke.- un color rosa apareció en las mejillas de la feudal, para regocijo de Sasuke.

- Es una lástima que no podamos disfrutar más tiempo de su país y su… compañía.- dijo con tono delicado. Hinata lo miró con la boca ligeramente abierta

- Sí, es una lástima que tengan que irse tan pronto.- intervino el pelirrojo, sonriéndole a Hinata. Sasuke lo ignoró, continuando con su conversación.

- No me extraña que el festival sea todo un éxito. El País Nano es un lugar precioso desde su ciudad hasta… su gobernante.- dijo con galantería. El rostro de Haruna se sonrojó intensamente. Un chasquido de madera se escuchó. Al parecer los palillos de Ranmaru se habían quebrado accidentalmente.

- Eres un chico muy amable Sasuke.- le sonrió tontamente la feudal aún sonrosada.

- Sólo digo la verdad, Haruna-hime.- contestó cortésmente. Hinata seguía mirándole con gesto consternado, qué pretendía Sasuke con ese comportamiento y por qué de pronto tenía ganas de darle un tirón de cabellos.

- Vaya, aparte de amable, honesto; es un estuche de cualidades Sasuke-san.- soltó Ranmaru con algo de sorna, inmiscuyéndose de nuevo. Sasuke giró la vista con fastidio hacia el guardia, encontrándose con unos ojos grises que le devolvieron una ácida mirada. "Es un estúpido" murmuró la peliazul para ella.

- ¿Decías algo Hinata?- intervino la feudal. Hinata se turbó un poco pero de inmediato recobró la compostura, aclarándose la garganta.

- Decía que Sasuke es un estúp….- cortó para después continuar con su comentario. -…un estupendo chico.- sonrió mientras tomaba otro bocado. La deliciosa comida ahora le sabía a papel mojado. Sasuke le miró divertido, Hinata era una malísima actriz.

El desayuno no demoró mucho, pero después continuaron con el té. Sasuke siguió con la misma actitud de galantería hacia Haruna para desagrado de Hinata. El guardia pelirrojo había dejado de comer mucho antes que los demás, después de que se le quebrara de nuevo otro par de palillos. Ahora mientras sorbía de su vaso se dedicaba a mirar con seriedad al shinobi de la hoja. Hinata continuaba preguntándose qué intentaba el pelinegro.

Momentos después, la peliazul tuvo que echar mano de su estricta educación social como miembro del clan Hyuuga y recurrir a todo el control que había desarrollado como kunoichi de la hoja para comportarse y no abandonar la mesa, que era lo que había deseado hacer, cuando su fastidioso compañero pelinegro le había sonreído a Haruna, como lo hacía con ella, mientras le invitaba a visitar Konoha. Fue en ese entonces también cuando el crujido de la porcelana se escuchó. Inesperadamente el vaso de Ranmaru se había hecho trizas en su mano. Haruna miró asustada una cortada en la palma de su guardia.

- ¡Ranma! ¿Estás bien? – preguntó acercándose preocupada. Hinata le tomó la mano para revisarla jalando una de las servilletas para detener la pequeña hemorragia.

- H-Hai, Hime, no es nada.- contestó mortificado al notar la aflicción en esos ojos violetas. El pelirrojo sonrió con delicadeza a su jefa para que no se preocupara.

- Así es Hime-sama, no creo que vaya a morir por ese simple corte.- dijo el pelinegro con desdén mientras seguía bebiendo su té. Los ojos opalinos volvieron a ver con desaprobación al de Konoha

- Al parecer esta porcelana es algo frágil.- le sonrió Ranmaru a la feudal, mesándose los cabellos e ignorando al shinobi de la hoja. La feudal lo miró con dulzura.

- ¿O tal vez no sabes controlar tus… fuerzas, Kurohara?- intervino el pelinegro enarcando una ceja y mostrándole una torcida sonrisa. El pelirrojo lo miró con el ceño fruncido y cierta confusión.

- Es sólo un corte superficial.- dijo la peliazul, la feudal suspiró con alivio. Hinata rasgó otra de las servilletas a modo de venda para cubrir la ligera herida.- Con esto bastará por el momento, aunque no estará de más que un profesional le revise Ranmaru-san.

- Descuida Hinata, yo misma lo llevaré a que lo vea mi médico, Arigato por tu ayuda.- Ella asintió.

- Si Kurohara está fuera de peligro.-soltó con sorna el pelinegro.- Creo que ya podemos irnos.- señaló, dejando el vaso sobre la mesa. Hinata notó el cambio de actitud, de nuevo era el Sasuke de siempre.

- Es verdad, no es necesario que pierdan más tiempo sólo por esto, Hinata-san.- dijo el pelirrojo. Ahora la kunoichi notó que quien actuaba raro era Ranmaru, primero había dicho que lamentaba que se marcharan tan pronto y ahora les instaba a irse.

- Bueno pues entonces, iré por mis cosas.- se disculpó ante Haruna y Ranmaru al retirarse.

- Haruna-hime.- se dirigió el guardia a la feudal al ver a la kunoichi alejarse.- No olvide darle a Hinata-san los presentes que preparó.

- ¡oh! Casi olvidaba los obsequios.- dijo de pronto la feudal.- Ranma ¡qué haría sin ti! – le apretó con gentileza el hombro, después se levantó dirigiéndose hacia su despacho.

Ahora los shinobis eran las únicas personas en el comedor. Un abrumador silencio reinó en el lugar. Ambos parecían querer disputarse el primer puesto en ver quien ignoraba más al otro. Sasuke se levantó de la mesa caminando hacia su equipo de viaje que permanecía en el suelo junto a la puerta. Ranmaru apretó la mano sana con enfado, mirando con antipatía al pelinegro para después soltar un pesado suspiro. No tenía caso que siguiera molesto.

Sasuke se echó el equipo a la espalda recargándose sobre la puerta que daba vista hacia los jardines perdiendo la mirada en ellos. Sus ojos se entrecerraron al notar algo en particular. Ranmaru, ya más tranquilo, intentó iniciar conversación para romper la incomoda situación que los envolvía.

- La madre de Haruna-hime adoraba las flores, el lugar en donde residía antes de venir al País Nano tenía un hermoso jardín con muchas de ellas y al parecer estuvo muy deprimida al tener que dejarlas - relató el guardia.

Los rayos del sol empezaban a cobrar más fuerza, en el exterior una brisa apenas perceptible mecía suavemente las plantas del jardín. Ranmaru continuó.

- Así que el padre de Haruna-hime decidió hacer de su nuevo hogar el jardín más bello que ella pudiera encontrar. Hasta investigó sellos y técnicas para que las plantas siempre estuvieran floreciendo.- se acercó hasta la puerta recargándose al lado opuesto de donde se encontraba el pelinegro.- Por eso en la ciudad también hay tantos para que adondequiera que ella mirara se encontrara rodeada de flores y no se sintiera triste al recordar las que había dejado.

- Esa historia es cierta o estás mintiendo para dar conversación Kurohara.- dijo de pronto su acompañante con su clásico tono arrogante. Ranmaru sonrió, al parecer Sasuke ya era el mismo incordio que había conocido.

- Es verdad.- contestó cruzando los brazos.- Puede que la historia suene inverosímil, pero es cierta. El amor nos permite hacer cosas increíbles, comportarnos de formas insospechadas e incluso tener actitudes absurdas…- sonrió sereno mirando su mano, después también perdía la mirada en las flores.- Cuando veo flores, siempre recuerdo a… este lugar.

- Sólo al ver las flores…- dijo Sasuke de forma sospechosa.

- Sí.- respondió algo confundido. Volteó a mirar a su acompañante, descubriendo un brillo malicioso en esos ojos negros.

- Pensé que también al ver los bambúes recordabas a… este lugar.- dijo de forma socarrona, satisfecho al ver que el shinobi de la nube se ponía pálido

- ¿que-qué quieres decir con eso? - preguntó titubeante

- Bueno, en la mañana parecías estar muy feliz entre los bambúes…- contestó con un brillo de triunfo en los ojos al notar el sonrojo que aparecía en las mejillas del guardia.- No es que me importe pero deberías ser mas discreto, Kurohara.


- ¡Kuso! ¡Qué maldito calor! Creo que debería cambiar de atuendo. No sé como es que tú soportas usar eso siempre.- dijo una ruidosa voz mirando la vestimenta de su acompañante.

- ¿Sabes que nos arriesgamos a qué nos castiguen por dejar el equipo?- dijo una voz serena, ignorando el anterior comentario sobre su ropa.

- Oh ¡Vamos! Aoba no dirá nada, ya hable con él. Irá a entregar solo el reporte de la misión a Godaime, no necesitamos estar presentes. Además me debe un favor.- dijo la entusiasta voz guiñando un ojo.- Recuerdas la vez en el bar cuan-

- No sé como accedí a esta absurda idea. - contestó la voz serena, interrumpiéndolo.- Nada esta pasándole. Debemos confiar en su juicio.

- Te equivocas, algo pasaba pero se negó a decirnos. Admítelo hasta tú tienes tus sospechas. Por eso estas aquí. -señaló triunfal. El interlocutor apretó los labios. Tenía razón, había algo raro en el comportamiento del otro integrante de su equipo.

- ¿Estas seguro que por aquí deben pasar?

- Me molesta que dudes de mí.- dijo con ligero fastidio.- Pero créeme, si hay alguien que nunca se equivoca es él.- dijo el chico mirando hacia la silueta que yacía recostada en lo alto de la zona rocosa.


Hinata tomó sus cosas, guardando con cuidado las peinetas que Haruna le había obsequiado. Miró el interior de su equipo, revisando el contenido, al parecer llevaba todo con ella. Ya en la puerta echó una ultima ojeada al lugar para ver si no olvidaba algo, fue entonces cuando detuvo la mirada en el kimono doblado sobre uno de los muebles, el que había usado el día anterior.

"Eres como un regalo" recordó esa grave voz.

Un sonrojo acompañado de una sonrisa aparecieron en su rostro mientras deslizaba la puerta, cerrando la habitación tras de ella.

"¿Y ahora qué Hinata?" escuchó la voz de su Temari-conciencia mientras caminaba por el pasillo.

"Dentro de poco estarás en Konoha otra vez, qué harás con respecto a lo que pasó aquí" siguió

El corazón le latió con angustia y las manos se le pusieron frías. Hinata sacudió la cabeza, no quería pensar todavía en eso.

"Aunque te niegues a pensar, sabes que es inminente que tendrás que hacerlo" dijo la vocecilla de forma contundente para no volver a escucharse.

Cuando regresó de nuevo a donde se encontraban Sasuke y Ranmaru se sorprendió al ver la escena. Ahora Sasuke era el que parecía molesto, mientras que Ranmaru sonreía de oreja a oreja diciéndole algo y dándole unas ligeras palmadas en el hombro. No alcanzó a escuchar lo que el pelinegro respondía pero lo que había comentado súbitamente había hecho enrojecer al pelirrojo, enmudeciéndolo momentáneamente, para después sonreír de nuevo. ¿Qué rayos pasaba ahí? Se preguntó la peliazul.

- Hinata-san ha vuelto.- sonrió el pelirrojo al mirarla.- Curiosamente Sasuke-kun y yo estábamos hablando de usted.- la chica miró la cara de disgusto que su compañero le dedicó al guardia.- Haruna-hime no debe tardar.- como invocada por la voz, la feudal apareció junto con Fumiko cargando unos paquetes.

- Le enviare a Tsunade-sama unas semillas de plantas medicinales que ha estado buscando y que he logrado conseguir. Será como agradecimiento por cuidar tan bien el trabajo de mi padre. Y también un pequeño presente para Naruto.- Fumiko se acercó a Hinata para entregárselos.

- Arigato Gozaimasu Haruna-sama, estoy segura que ambos se alegrarán mucho.- se inclinó levemente.

Ranmaru y Haruna insistieron en acompañarlos hasta los puestos de control para registrar su retiro del País Nano. En lo que duró el trayecto a la salida de los terrenos del palacio, Hinata no le dirigió la palabra a su compañero, se dedicó a conversar educadamente con sus aun anfitriones. Pero aunque no demostrara rastro alguno de molestia en su rostro, la verdad era que aun estaba algo disgustada por la actitud que había tenida Sasuke con Haruna durante el desayuno.

Antes de llegar a los puestos de Ren e Izani , una pareja más pequeña también los esperaba para despedirlos. Los pequeños Tachibana, en compañía de su joven tía, sonrieron al ver llegar a los de Konoha

- ¡Sasu-chan, Hina-chan, Ohayo!- gritó Aki al verlos. Su hermano saludó también aunque menos efusivamente.

- ¡Ohayo niños!- saludó Hinata, Sasuke asintió con un gesto de cabeza.

- Gomenasai Hinata-san, Sasuke-san, mis sobrinos se enteraron ayer que partirían hoy para su Aldea y quisieron venir a despedirlos- la joven tía lucía abochornada.

- No hay problema Fumiko- contesto la peliazul, después se dirigió a los niños- Arigato por venir niños, es muy dulce de su parte.

- Kei-chan y yo nos levantamos muy temprano para hacerles unos regalos a ti y Sasu-chan.- contestó la pequeña Aki mirando a Hinata con sus enormes ojos marrones brillando de entusiasmo.- Onii-chan, tú primero.

- Yo hice esto para ti Hinata-chan.- unas marcadas chapas aparecieron en la mejillas de Kei.- Aprendí a hacerlo en la escuela, espero te guste.

- Por supuesto que me gusta Kei-chan, Arigato- dijo Hinata mirando la pieza hecha de varitas y hojas de bambú.- En Konoha hace tanto calor como aquí, así que tu abanico me parece el regalo perfecto, además de que está muy bonito.- el pequeño cuerpo de Kei pareció inflarse de orgullo.

- ¡Ahora yo! ¡Ahora yo!.- la pequeña miró con ojos emocionados a Sasuke- Este es mío Sasu-chan, yo misma lo hice también, Oka-chan me enseñó.- dijo la pequeña mostrando el collar a base de flores de muchos colores que sujetaba en sus pequeñas manos y que había mantenido oculto tras su espalda. El pelinegro la miró sin inmutarse.- ¿No-no te gusta, Sasu-chan?- preguntó la pequeña apretando los labios con angustia.

Sasuke entrecerró sus negros ojos. Se pudo sentir cierta sensación de incomodidad en el ambiente. Los adultos miraban expectantes al shinobi que parecía no mover ni un solo musculo. Pero luego, el pelinegro se inclinó hasta ella tomando las manitas de la pequeña, haciendo que le colocara el colorido collar en el cuello.

-… Arigato, Aki-chan.- dijo con voz suave, una apenas perceptible sonrisa apareció en sus labios haciendo que la pequeña se sonrojara y sonriera de oreja a oreja.

Complacida con eso, la niña se acercó hasta su tía, Hinata y Haruna. Fumiko comenzó a decirle a la peliazul, con autorización de la Feudal, ciertas tácticas para el cuidado de su jardín y le entregó varios saquitos pequeños, de lo que parecía fertilizante, que la peliazul introdujo en equipo. Los otros miembros del grupo se habían acercado al pelinegro.

- ¡Oh Sasuke-kun eso fue muy tierno!- se acercó Ranmaru mirando con ojos sentimentales al shinobi.

- Kurohara deja de decir estupideces.- dijo con ojos siniestros. Sin que a Ranmaru le importara, sonrió, rodeándole el cuello con camaradería y continuó.

- Creo que eres un corderito con disfraz de lobo, Sasuke-kun.- añadió en tono bromista. El pequeño Kei los miraba confundido.

- Kurohara si no me sueltas en este momento juro que te arrancaré el brazo.- le miró de soslayo. Después añadió en tono silencioso para que sólo el guardia escuchara.- Estoy seguro que no quisieras ver a tu mujer llorando por el estado en el que te voy a dejar si continuas haciéndote el idiota.

- Mmmm sí, creo que te haré caso Sasuke-san.- asintió masajeándose la barbilla, aunque lejos de asustarse el pelirrojo ensanchó más la sonrisa.- Sé que no te importará Sasuke-san que te deje unos momentos para despedirme de Hinata-san, ¿verdad?-

- De verdad que eres un idiota Kurohara- bufó el pelinegro con fastidio, mientras lo veía acercarse a su compañera.

- Ne, Sasuke-san.- el shinobi desvió la mirada hacia el pequeño Kei que había visto como Kurohara lo sacaba de sus casillas.- ¿Cómo es Konoha?- Sasuke pensó momentáneamente.

- Es muy bulliciosa… a veces demasiado.- volvió a callar. Pero al ver la cara ansiosa del pequeño no pudo más que continuar.- Está rodeada por una muralla como ésta que rodea al palacio de Haruna-sama sólo que mucho más grande. No hay tantos jardines como aquí pero sí muchas zonas verdes que son en donde están los campos de entrenamiento de los diferentes equipos de ninjas. Hay una zona en particular, enorme y siniestra, a la que llaman el Bosque de la Muerte.

- ¡Sugoi!- el pequeño Kei abrió los ojos como platos.

- También tiene una zona comercial bastante buena, como la de aquí, allí puedes encontrar de todo. Y en la parte oeste de la aldea hay una gran colina en donde están esculpidas los rostros de los que han sido los líderes de Konoha.- la boca de Kei dibujó una "o" perfecta ante el asombro.- También está la academia para ninjas…

- ¿Cómo en la aldea de Ranma-chan y Tetsu-chan?- el pelinegro asintió.- ¿Es cierto lo que dijo Tetsu-san que Hinata-san es como una princesa en Konoha?

- Algo así.- aceptó el shinobi mirando de reojo a su compañera, quien sonreía seguramente ante una estupidez del pelirrojo.

- Ne, Sasuke-san.- de pronto Kei se ruborizó un poco, parecía que lo que iba a preguntar le incomodaba.- ¿Hinata-san, ella…?.- no se atrevió, pero hizo un gesto con la mano muy claro en significado y que sustituía perfectamente el resto de la pregunta que no formuló. Sasuke esbozó una torcida sonrisa. Keitaro había cerrado su mano derecha y dejado sólo el dedo meñique jugueteando al aire. (*)

- Algo así.- volvió a responder el pelinegro.


- Sabes, estoy algo desesperado de estar aquí.- dijo la voz ruidosa.- Por qué de una vez no vamos hacia ellos. Podemos decir que nos perdimos del resto del escuadrón.- sugirió emocionado por su argucia.

- No te parece absurdo, por no decir estúpido, que contando con mis técnicas, contigo y con él, señaló con la cabeza a la silueta que seguía recostada sobre las rocas, perdiéramos el rastro del escuadrón.- contestó con tono calmoso su compañero.

- ¡Tsk! ¿Pues tienes alguna otra mejor idea?- miró con fastidio, pero su compañero tenía razón, su plan era totalmente idiota.

- Podemos sólo esperar.

- Estoy harto de estar esperando.- soltó mientras se cruzaba de brazos.- Anda, sé que tienes algo bueno que sugerir. Aceptémoslo cuando se trata de buenas ideas, el genio eres tú.- dijo con una gran solemnidad.- ¿No es así, amiguito?- le sonrió amistosamente a un insecto que se posó su dedo.

- ¿Estás intentando manipularme?

- ¡Oh, vamos! Tú me conoces, por supuesto que no.- pero no pudo evitar sonreír con simpatía. El chico de la voz calmada soltó un pequeño suspiro de resignación

- Está bien.- aceptó por fin. El otro ensanchó la sonrisa- Podemos decir que nos separamos del escuadrón para hacer un reconocimiento del área por ambos flancos. Que una vez que verificamos que el área era segura nos reunimos aquí.- meditó un poco.- Creo que es verosímil, después de todo llevábamos esos libros con técnicas medicinales de Godaime sumamente valiosos que podrían haber tentado a cualquiera a robarlos.

- ¡Ves! Sabría que algo brillante se te ocurriría.- dijo mientras le silbaba al otro acompañante, que al escucharlo bajó a saltos de lo alto de las rocas.

- A veces pienso si de verdad somos de la misma edad.- dijo con voz neutra el de la sugerencia, al ver a su compañero brincar emocionado sobre la espalda del recién llegado. El otro, al conocerlo de años, pareció no importarle aceptando contento el cargarlo.


El sol brillaba casi exactamente sobre sus cabezas, cuando salieron de los territorios del País Nano. Era casi mediodía. Haruna había dado instrucciones de que Tetsu y Satoshi, otro de los shinobis al servicio de la Feudal, los escoltaran a la salida del país. Ranmaru había querido hacerlo pero se abstuvo al ver las miradas que le lanzó Sasuke, que no parecían simples advertencias. Al parecer había entendido que no debía abusar de la poca paciencia del pelinegro.

Poco rato después, los ninjas de Konoha saltaban de nuevo entre los arboles siguiendo su camino de regreso hacia su aldea. A pesar de ir en silencio, no era como el que había compartido la tarde anterior. La tensión que había en el aire, casi se podía cortar. Con el ritmo que llevaban, y que Hinata era quien lo estaba marcando, habían avanzado bastante. A pesar de que llevaba los obsequios de Haruna y su equipo, estos no parecían menguar el paso de la peliazul. Sasuke la miró de reojo. La kunoichi parecía molesta.

- Dame tu equipo.- ordenó de pronto el shinobi.

- Yo puedo sola, no te molestes.- contestó con voz neutral.

El pelinegro hizo caso omiso a la respuesta y se acercó tratando de quitarle el bolso del hombro. Ella se apartó con brusquedad, apretando más su carga.

- Sólo intentaba ayudarte.

- Pues no necesito tu ayuda.

- Como quieras.- dijo, adelantándose a ella en un ágil salto.

Mientras avanzaba tras de él, Hinata seguía cavilando en lo que había sucedido en el desayuno. No, no necesitaba su ayuda lo que necesitaba era una explicación. Frunció los labios en una mueca de disgusto. Quería que él le explicara porque se había comportado de esa manera con la Feudal.

Pero al instante siguiente soltó un suspiro de preocupación. Aunque más que nada quería una explicación de sí misma, qué le había sucedido, por qué se había sentido de esa forma. De esa forma tan… visceral, sólo así podía definirla. Nunca se había presentado en ella semejante sensación. Una sofocante sensación que albergaba cosas como molestia, impaciencia e ira. Mucha de la última. Esa sofocante sensación que la había estado a punto de ahogar, al punto de casi alterarla, a ella, que era tan paciente, tan tranquila y serena. Si Sasuke hubiera continuado tal vez habría perdido completamente los estribos, afortunadamente había sucedido lo de Ranmaru.

- Tal vez no lo digas pero has estado molesta desde el desayuno.- comentó de pronto su compañero. Por supuesto sabía que era lo que le ocurría a la ojiblanca. El mismo lo había experimentado con pelirrojo impertinente.

- Pues ya que lo mencionas.- no pudo resistir más.- No me pareció adecuada tu actitud

- ¿A qué te refieres?- miró interesado en ver como abordaba la situación

- A tus modales con Haruna-sama.- por más que trató de evitarlo su voz sonó fría

-¿Mis modales? Le mostré toda la cortesía y atención que merecía.- contestó con seriedad luego giró para verla.- ¿O es qué, según tú, no merecía tanta? - dijo mientras le sonreía. Hinata sintió que un escalofrío le recorría la columna al ver esa sonrisa.

- Por supuesto que no.- dijo incómodamente ruborizada.

El pelinegro se detuvo, bajando en un claro del bosque, segundos después Hinata llegó hasta él y depositó su carga en el suelo. Una brisa suave se colaba entre los árboles haciendo el calor soportable. No muy lejos de ahí, tal vez cuatro o cinco kilómetros, podía verse la zona rocosa.

- Creo que mientes.- dijo él, insufriblemente petulante.

- Cree lo que quieras.- exclamó más alto de lo que hubiera querido.- Lo que yo sé es que tu comportamiento fue en absoluto irrespetuoso. Haruna-sama, era nuestra anfitriona además de la Feudal del país y tu forma de proceder fue de lo más inadmisible e inaceptable.- enfatizó sin poder ocultar el enfado en su mirada.

- ¿Inaceptable para quién? Porque yo no vi que a Haruna le incomodara.- Sasuke cruzó los brazos. - ¿Segura qué fueron mis modales los que te molestaron tanto?

- Sí-sí, que más podría ser.- contestó nerviosa, pero sin evadir su mirada.

- Pensé que tal vez estaba molesta porque pusiera toda mi atención en ella y me olvidara de ti.- Hinata abrió la boca varias veces, como un pez al que sacan del agua, pero no tuvo nada inteligente que poder contestarle.- Es irónico, sabes. Se supone que quien debería estar molesto soy yo, por lo que tú hiciste antes.

- ¿Lo que hice?- dudó de pronto. No recordaba haberle hecho algo durante el desayuno.

- Me hiciste salir por la ventana, por no mencionar el estado en el que me encontraba cuando salí.- Un sonrojo intenso apareció en el rostro de la Hyuuga. - ¿Acaso ya lo olvidaste?

- No-no estamos hablando sobre eso en este momento.- contestó nerviosa evadiendo la mirada.

- Lo de Haruna sólo era un juego.- confesó en susurro.- Quería enfadar a Ranmaru, pero al parecer él no fue el único con celos en esa mesa.- que su compañera mostrara esa clase de actitud no debía regocijarle pero lo hizo.

"Celos"… Así que eso era lo que había sentido. Pues había sido una experiencia desgastante, algo que no le había gustado en lo más mínimo. Ahora entendía a Temari cuando le había comentado que de no ser por Kankuro, que la había detenido, habría ahorcado a la chica de lentes que trabajaba con Shikamaru cuando la había visto abrazarlo demasiado amistosamente. Sí, ahora sabía a qué se refería.

- Eres un-

- "¿Un estupendo Chico?" – la interrumpió haciendo referencia a lo que ella había comentado en el desayuno cuando sus celos habían sido más evidentes. Hinata apretó los labios con disgusto. De nuevo se burlaba de ella.

- Sí, además de estupendamente arrogante y presuntuoso.- contestó con sorna.

- Mmmm creo que también soy eso.- el pelinegro sonrió. - Aunque te estás olvidando de… apuesto y atractivo, Hinata.- usó juguetón las propias palabras que ella también había mencionado la noche anterior.

Comenzó a acercársele como un depredador a punto de saltar sobre su presa. Hinata quiso retroceder pero cuando esos ojos negros atraparon los suyos ya no pudo hacer nada.

Sasuke levantó la mano y le acarició el labio inferior. Después le tomó de la barbilla e hizo que se acercara a él. No tenía caso resistirse, Hinata sabía que una vez que Sasuke la miraba de esa manera, la derrotaba antes de que pudiera defenderse.

Una vez que sus labios temblorosos se posaron en los del pelinegro, todo se le olvidó. El disgusto y sus inquietudes se esfumaron por completo. Sí, cuando Sasuke la besaba no podía pensar en nada más, lo único que podía hacer era sentir el increíble sabor de sus labios y disfrutar las placenteras sensaciones que le despertaba su boca. Cómo era posible que simplemente con besarla, Sasuke la pusiera en ese estado de total abandono.

Cuando se separaron, ella no pudo evitar suspirar. Él sonrió al ver esos ojos de luna llenos de emociones. Emociones que sólo él le provocaba.

Sasuke la sujetaba con suavidad de una muñeca mientras con la otra mano le acariciaba con delicadeza el cuello.

-¡Suéltala, Uchiha!- se escuchó de pronto, mientras un silbido surcaba el aire.

Sasuke desvió con un movimiento asombrosamente rápido el kunai que le había sido lanzado. Pero para eso, tuvo que hacer lo que le habían ordenado, soltar a la peliazul.

Miró con clara antipatía y aversión al que le había atacado, quien le devolvía la mirada con ojos entornados y refulgentes de ira.

Pero su atacante no llegaba solo, otros dos estaban con él. El segundo, con el rostro apenas visible entre el atuendo que llevaba, aunque lo contemplaba estoico y de forma silenciosa, no dejaba de desprender un aura de advertencia; y la última silueta que completaba la tercia, expresando la misma hostilidad que su atacante, le mostró de manera amenazante sus enormes y afilados colmillos.

Kiba Inuzuka, Shino Aburame y Akamaru habían aparecido repentinamente en el lugar.

(*) Señal que se hace en Japón cuando a una persona se le relaciona sentimentalmente con otra.