Los personajes no me pertenecen son del gran Masashi Kishimoto. El disparate que leen, sí es mío.^^


Totalmente paralizada en el lugar donde Sasuke Uchiha había acabado de besarle, Hinata Hyuuga miraba con incredulidad a los recién llegados.

¿Qué estaban haciendo ahí? Fue lo primero que le vino a la mente. Dentro de su pecho el corazón le latía a un ritmo desquiciante.

De pronto, otra pregunta más sobrecogedora se le formuló en la cabeza. Las manos se le pusieron frías… ¿Les habían visto?

Kiba Inuzuka miraba con ojos llenos de cólera a Sasuke Uchiha. Apenas hacía unos momentos ese desgraciado había estado a punto de besar a su compañera, quien parecía tan serena, tan quieta a la situación. Seguramente el muy bastardo había utilizado algún un genjutsu en Hinata. Afortunadamente ellos habían llegado.

El castaño hizo un movimiento lateral con la cabeza e inmediatamente el enorme perro blanco se situó a un lado del pelinegro. Shino no se movió, sin embargo desde su posición, miraba imperturbable a sus compañeros. Kiba y Akamaru habían rodeado a Sasuke. Éste, al verlos, sonrió con sorna.

-¿Qué crees que están haciendo tú y tu perro, Inuzuka?

- Qué curioso, teme, es lo mismo que yo te iba a preguntar, ¿Qué crees que hacías, TÚ hace un momento? - soltó casi como un ladrido el chico de las marcas rojas en el rostro.- Intentabas pasarte de listo, ¿eh, Uchiha?

- No tengo porque responderte.- contestó el pelinegro con una fría serenidad. Akamaru gruñó rabioso comenzando a acercarse a Sasuke.- Será mejor que tranquilices a tu perro.- dijo sin inmutarse mirando a Kiba.

Cuando Sasuke había regresado de nuevo a Konoha, aparte de todo a lo que estuvo sometido para demostrar que podía ser digno de confianza otra vez, Godaime le había dado ciertas órdenes que debía acatar. Ordenes de las cuales, los únicos que tenían conocimiento, aparte de Tsunade y los viejos del Concejo, eran sus compañeros de equipo. Dentro de éstas se encontraba: La estricta prohibición de entrar en combate con cualquier ninja de Konoha. Por disposición del Concejo de Ancianos se había decidido que cualquier altercado que tuviera en la circunstancia que fuere, fuera culpable o no, sería echado sin miramientos de la aldea. Así que debía hacer caso omiso a las provocaciones para evitar los enfrentamientos.

Hinata intentó hablar, decir algo, pero su voz parecía haberla abandonado, así como también las fuerzas para reaccionar. Shino se movió, comenzando a caminar hasta donde estaba la chica. La Hyuuga volteó a verlo. La imagen de una chica boquiabierta, nerviosa y pálida como una hoja de papel, se reflejó en las gafas oscuras del Aburame.

- ¿Estás bien, Hinata?- escuchó la voz tranquila de Shino.

- Shi-Shino-kun, yo-yo...- el corazón le seguía latiendo desbocado, el tartamudeo ocasionado por los nervios no la dejaba contestar.

- Tranquila, Hinata. Estamos aquí. No tienes nada que temer.- le apretó un hombro con suavidad para calmarla. Su compañera con ese aspecto trémulo parecía un pequeño pajarillo asustado.

- Es-es que…- quería hablar, decirle que Kiba estaba en un error, respiró hondo para poder continuar.- Yo… Él… Sa-Sasuke no… - pero no pudo terminar.

¿Qué? ¿Qué podía decir? Ni siquiera tenía una explicación para ella misma. El calor que ardía en sus mejillas le indicó la vergüenza que sentía. Bajó la mirada al suelo, no tenía valor siquiera de mirarle a los ojos. Hubo un momentáneo silencio entre ellos. El Aburame volvió a ceñir con delicadeza su mano en el hombro de su compañera

- Entiendo.- se limitó a responderle Shino metiendo después la mano dentro de la chaqueta.

Ella levantó la mirada. ¿Qué era lo que había entendido? La chica pálida que se reflejaba en las gafas ahora tenía la cara contraída. Se había quedado como una piedra ante la respuesta de su amigo.

Shino se dio la vuelta mirando en dirección de Sasuke y sus compañeros. Akamaru ladró, el pelinegro volteó con pasmosa tranquilidad hacia el perro.

- Calma, Uchiha, Akamaru no hará nada a menos que yo lo diga. ¿Qué pasa, acaso tienes miedo, teme?- el castaño sonrió amenazador.

- Creo que quien debería calmarse eres tú, Inuzuka.- por más que dijera ese idiota, él no pensaba caer en sus provocaciones. Kiba apretó los labios. Akamaru volvió a gruñir.

- ¡¿Calmarme?! ¡Ja! - respondió con mordacidad. - Por cómo te encontré, me estoy portando de lo más calmado. Dime qué pretendías, ¿acaso intentabas aprovecharte de la situación?- los ojos de Kiba volvieron a brillar furiosos.

- Lo que yo haga no es asunto tuyo, Inuzuka.- agregó impasible. Kiba tembló de rabia ante el descaro del Uchiha.

- Pues qué crees, teme, lamento decirte que Hinata no está sola.

Por primera vez, Sasuke pareció reaccionar. Qué quería decir ese imbécil con no estar sola. ¿Qué entre ellos había algo? Recordó que los había visto convivir de forma más que familiar y Hinata hasta se había dejado abrazar por él. Volteó a ver a Hinata quien parecía una estatua de mármol; estática y blanca.

- No digas estupideces, Inuzuka.- esta vez su voz sonó helada. Una sombra de rabia se posó en sus ojos negros. A pesar de la claridad, un centelleo comenzó a verse nítidamente en las yemas de los dedos de una de las manos de Sasuke.

- El único que queda como un estúpido aquí, eres tú, Uchiha. Por querer poner tus despreciables ojos en donde no debes.- dijo Kiba mirándolo con total repulsión.

Súbitamente el centelleo se volvió una maraña de gruesos hilos de luz. El resplandor impresionaba. Destellante y reluciente, una esfera de electricidad azulosa cubrió por completo la mano de Sasuke. Todo lo que se escuchó en ese momento fue el sonido chirriante de los rayos que formaban el Chidori. Instantes después el ancestral y temible dojutsu del Clan Uchiha aparecía en su más elevada fase en las pupilas del último descendiente.

Shino sacó las manos de su ropa. Al siguiente segundo, lo que parecían miles de diminutos insectos aparecieron volando a su alrededor, alertas a cualquier indicación. Las cosas se estaban empezando a poner feas. La fuerza del chakra que emitía el pelinegro era descomunal, siniestra. Esas pupilas rojas miraban a su compañero castaño con intensidad, con un odio patentado.

Shino miró Hinata que apretaba los puños, temblorosa otra vez. Parecía más nerviosa que antes.

- HINATA…- dijo el de las gafas con firmeza, sacándola de su ensimismamiento.

-¡Bas-basta!- intervino la peliazul débilmente. Pero ambos shinobis parecieron ignorarla

Hinata sabía que las cosas podían acabar terriblemente mal para Kiba si Sasuke comenzaba una pelea. El pelinegro estaba enojado, se podía sentir su furia. Tenía que detenerlos.

Kiba pareció dudar por un momento. La sed de sangre que el chakra de Sasuke emanaba le inquietó. Giró hacia a Akamaru, con un leve ladeo le indicó que se quedara en donde estaba. El perro gruñó inconforme pero obedeció. Entonces, Sasuke sonrió de forma maligna.

- Vaya, Inuzuka, parece que quien tiene miedo ahora eres tú.- dijo burlón

- ¡TEME! - soltó el castaño mientras se lanzaba sobre él.

- ¡¡NO, KIBA-KUN!! - gritó Hinata con todas sus fuerzas. Corrió hasta Kiba poniéndose enfrente de él y extendiendo los brazos para evitar que continuara.- ¡BASTA! Bas-Basta, Kiba-kun, dé-déjalo.- lo miró suplicante.

- Hinata qué…- el castaño miró extrañado a la peliazul. Mientras que detrás de ésta, la furia del pelinegro aumentaba. Los chirridos se hicieron más ruidosos.

- Yo- yo estoy bien. Estas en un error, nada de lo que piensas pasó.- Kiba frunció el rostro, dudaba.

-Pero Hinata, claramente vi que-

- Kiba-kun, Créeme.- le interrumpió su compañera de tantos años.

El castaño soltó un suspiro y asintió con pesadez. Hinata le sonrió agradecida. Después giró para ver a su actual compañero. Sasuke entornó los ojos, Hinata le miraba con cierto temor.

- No pelees… onegai… - dijo acercándosele.

La peliazul, sin dudar, extendió su mano hacia él, al verla Sasuke hizo desaparecer el Chidori. Hinata apretó con suavidad la mano sobre la cual segundos antes corrían miles de voltios mortales. Pero Sasuke parecía seguir en guardia. Ella le miró otra vez.

- Onegai…- volvió a repetir en un susurro. El pelinegro desactivó el Sharingan, la chica soltó un suspiro de alivio.

- Vámonos.- ordenó de pronto Sasuke

- ¿Q-qué?- le miró, sacudida por su petición.

- He dicho que nos vamos.- contestó con brusquedad.

- Hinata no irá contigo a ningún lado, teme.- Kiba volvió a intervenir molesto por la forma en que se dirigía el Uchiha hacia Hinata.

- ¿Olvidas que estamos en una misión, y aun no terminamos? - dijo mientras miraba a Hinata, haciendo caso omiso a la presencia del castaño.

- La misión terminó, Uchiha. Así que si Hinata quiere ya no tiene porque regresar contigo.- Esta vez Sasuke miró implacable a Kiba y luego dirigió sus ojos negros a la Hyuuga.

- Andando Hinata…- dijo ignorando al Inuzuka de nuevo y comenzando a caminar.

- Te he dicho que Hinata no se va. O por lo menos no sola contigo.- Akamaru ladró en acuerdo con el castaño.- Nosotros también nos vamos con ella.

Sasuke volvió a mirar a su compañera, quien permanecía inmóvil junto a Kiba. Ella miró los ojos negros que volvían a irradiar furia, luego los ojos castaños que refulgían con obstinación.

- Yo…- no sabía que contestar.

- Bien, no me importa, haz lo que quieras.- dijo con sequedad su actual compañero.

Por segunda ocasión en el día, Sasuke volvía a desaparecer de su vista. Pero esta vez no había habido beso, ni promesa de reencuentro. Un minuto después, el crujido de madera quebrándose, y el ruido de árboles siendo derribados, se escucharon en todo el bosque.

- Sa-Sasuke…- murmuró con debilidad la chica

- ¡TSK! Deja que se largue, Hinata. Ese tipo es un imbécil.- comentó el escandaloso castaño.

- Cállate, Kiba.- dijo quedamente su compañero de gafas.

Kiba apretó la boca y entrecerró los ojos mirando contrariado a Shino.

- Pero qué te... ¡Ouch! - El castaño se quejó al sentir un codazo. Miro con gesto pendenciero a Shino, éste se limitó a hacerle un gesto negativo muy despacio con la cabeza.

Kiba pareció entender, volteó a ver a la peliazul. Hinata se apretaba las manos en el pecho y miraba decaída el suelo.


- ¡¡QUÉÉÉ!!

La quietud que reinaba en el edificio administrativo de La Hokage fue bruscamente interrumpida por el sonido de una estridente voz.

Al igual que siempre que aparecía ese shinobi por allí, el escándalo se hacía presente en el lugar. Gritos de indignación, de furia, de queja, de alegría, de satisfacción, por hambre, por sed, por sueño, por cansancio. Parecía que el ninja hiperactivo número uno de Konoha, no podía expresarse de otra manera en frente de la Godaime.

- Ya te lo dije Naruto, no sabía cuando regresarías.- dijo con aparente tranquilidad Tsunade, mientras acomodaba unos papeles entre sus manos.

Cuando el equipo siete había vuelto a la villa, el sol del crepúsculo emitía una luz anaranjada muy débil mientras se escondía lentamente tras las caras de los líderes de Konoha. En el trayecto de retorno a la aldea los miembros del equipo de Kakashi habían acordado dirigirse inmediatamente al edificio de Tsunade para retirarse a descansar. Al llegar a su oficina, se encontraron con Yamato y Sai que acababan de reportarse ante su líder.

El equipo siete había terminado de dar los resultados de su misión cuando Sakura preguntó por Sasuke, queriendo saber si el pelinegro ya había regresado de su misión del País del Arroz. La Hokage les había contestado en donde se encontraba ahora. Entonces la discusión con Naruto había comenzado.

- Pero Tsunade-oba-chan… - dijo haciendo un mohín y poniendo sus brazos sobre el escritorio de la rubia que lideraba la aldea.

- Deja de cuestionar mis órdenes.- por más que lo intentaba, parecía que Naruto había aprendido muy bien uno de los talentos de su sensei, Jiraiya: sacarla de quicio.

Sakura apretaba los dientes intentando dominar las ganas de asestarle un golpe a Naruto por la forma tan idiota en la siempre se comportaba. Junto a ella Sai observaba de forma intermitente a ambos rubios con esa sonrisa enigmática en su rostro, aparentemente la situación le entretenía. Detrás del trío, Yamato junto con Kakashi contemplaban con bastante desgana la repetitiva escena; como siempre Tsunade era sacada de sus casillas tan fácilmente por Naruto.

Ya habían dado su reporte, no había ocurrido ninguna complicación, así que no tenía caso estar más tiempo ahí. Ambos capitanes miraron impacientes el reloj que colgaba en la pared del despacho de la Godaime. Los dos parecían tener urgencia por irse.

- Eeh… yo me retiro.- dijo el shinobi del cabello plateado.- Tengo algo importante que hacer.- su mente voló hacia la portada del Icha, Icha versión de lujo que había conseguido en unas de las aldea por las que habían pasado durante la misión. El ojo derecho de Kakashi brilló con algo de perversión.

- Yo también, Tsunade-sama.- sonrió Yamato. Era noche de dos cervezas por una en el bar. La vista de Yamato resplandeció al imaginar un helado tarro de deliciosa cerveza.

Antes de que Tsunade pudiera reaccionar, Kakashi se había escabullido por la ventana y Yamato se había desvanecido en una voluta de humo. Naruto miró a un lado por donde aun se veía rastro de la humarada en el que había desaparecido Yamato.

- ¡Pero yo quería ir!- siguió el Uzumaki restando importancia a las partidas de sus senseis.- Además Haruna pidió que fuéramos Hinata y yo, ¿ne, ne?- dijo señalándose.- Debiste haber esperado a que yo regresara, para enviarme con Hinata, ttebayo.- volvió a hacer una mueca de disgusto y cruzó los brazos con coraje.

Un segundo después, un golpe seco se escuchó en la habitación.

- ¡Itte, Itte!- El rubio entrecerró un ojo por el dolor mientras se tallaba en donde una lacerante punzada le picoteaba la cabeza. Ni siquiera buscó al causante del golpe, ya sabía de quién se trataba. Sakura ajustaba el guante de su mano izquierda con fastidio.

- Ya basta Naruto.- dijo harta la pelirrosa.

- ¡Pero Sakura-chan!- la miró el shinobi, hablándole con voz aguda.

- Gomenasai, Tsunade-sama. Parece que Naruto nunca aprenderá.- la pelirrosa no pudo resistir a preguntar.- Eeh… Tsunade-sama ¿Por qué requería ese Feudal a Naruto y a Hinata?

- Al parecer Haruna-sama les tomó mucho aprecio a los chicos cuando los conoció en aquella misión. De Hinata lo entiendo pero de Naruto… - dijo mirando un momento al impertinente rubio. El Uzumaki miró belicoso a la líder de Konoha.

- Haruna se dio cuenta que soy un gran ninja, el mejor, ttebayo.- puntualizó asintiendo con lentitud y cruzando los brazos de nuevo.- Y por si no lo recuerdas, oba-chan, hasta me pidió quedarme con ella en el País Nano.

- ¿E-ella?- intervino Sakura

- Sí, Haruna-Hime es la Feudal del País Nano. Una chica muy decidida y agradable. Debe tener unos pocos años más que ustedes.- dijo Tsunade con simpatía. Sakura pareció hacer una mueca.

- ¿Es bonita la Feudal, Naruto?- preguntó repentinamente Sai.

- Ya lo creo que sí, ttebayo.- dijo el rubio sin siquiera pensarlo mientras sonreía.

¡Zaz! Otro sonido sordo se volvió a escuchar en el lugar. Naruto contrajo el brazo con sufrimiento.

- ¡Sakura-chan! ¿Eso por qué fue? - preguntó el rubio con lagrimillas en los ojos

- No es la forma de referirse a alguien como un Feudal.- dijo excusándose la pelirrosa ante la mirada interrogante de la Hokage.

- Pero si Sai fue quien empezó… Por qué a él no le dices algo.- rezongó Naruto sobándose el brazo. La pelirrosa lo ignoró.

- ¿Cuándo regresarán Hinata y Sasuke-kun, Tsunade-sama?

- No lo sé con certeza. Al parecer decidieron quedarse un poco más en la ciudad para ver el Festival de flores del lugar.

- ¡EEEHH!

Esta vez ambos integrantes del equipo siete habían gritado. Sakura y Naruto miraban bastante sorprendidos a la Hokage, hasta Sai pareció confundido. De verdad habían escuchado bien.

- Debe de haber un error, Oba-chan.- Naruto miraba aun escéptico a la rubia.- ¿Ese teme en un festival? Pero si él detesta las multitudes.

- Y las flores.- agregó Sai ayudando al rubio. Naruto asintió enérgico.

- Pues, eso es lo que decía el mensaje que llegó vía halcón.- dijo algo extrañada. - Probablemente mañana al mediodía o al atardecer estén aquí. Cuando llegue Sasuke ustedes le preguntaran.

- Ya lo creo que sí, ttebayo.- afirmo el rubio atolondrado.

- Bueno ya váyanse, aun tengo cosas importantes que hacer.- abrió un cajón de su escritorio y sus ojos se iluminaron al ver una pequeña botella de líquido transparente.- Por lo pronto descansen hasta nuevo aviso.

Naruto y Sai parecían seguir enumerando, entretenidos, todas las cosas que detestaba Sasuke. Sakura los escuchaba supuestamente molesta, aunque ligeramente divertida por lo que oía. A través de la ventana se podían ver algunas estrellas que empezaban a mostrarse de manera tímida por el cielo despejado. La noche había caído ya.

- ¡Que se vayan!- soltó Tsunade impaciente. Tenía que aprovechar que estaba sola, Shizune se encontraba haciendo ronda en el hospital.

- Hai, Tsunade-sama.- asintió la pelirrosa con una ligera reverencia.

- Hai, Hai Oba-chan, no hay necesidad de gritar...- contestó Naruto algo ofendido.

Una venita apareció en la frente de la Godaime. Sakura jaló al rubio de la chaqueta naranja llevándolo hacia la puerta antes de que empezara otra de sus discusiones. Sai los siguió.

- Sakura… - la Haruno volteó al escuchar a su maestra hablarle.- Podrías llevarles estos documentos a Kotetsu e Izumo.- levantó la mano hacia la pelirrosa entregándole unos papeles.- Ve que los revisen para que no falte ningún dato.

- Claro que sí, Tsunade-sama.- dijo tomándolos. Afuera del despacho se escuchaba a Naruto que seguía parloteando si parar.

- Una cosa más Sakura.- la chica la miró paciente.- Sasuke lo está haciendo bien. Hablaré con el Concejo sobre su situación.- añadió con seriedad.

- ¿De verdad Tsunade-sama?- sonó ansiosa la voz de la Haruno. La rubia detrás del escritorio asintió. La pelirrosa sonrió, hizo una reverencia y salió jubilosa del lugar.


Hinata se abrazaba las rodillas mientras miraba absorta el fuego de la fogata. Tenía rato contemplándolo. Un poco más alejado del fuego, Akamaru yacía echado tranquilamente. Shino se había internado en el bosque buscando algunas ramas más para la fogata. Habían resuelto detenerse, para descansar; pero terminaron decidiendo pasar la noche en ese lugar.

Junto a Hinata, recargado sobre un árbol, estaba Kiba quien parecía renuente a hablarle. Después de que habían avanzado un buen rato, durante el camino el Inuzuka había pensado concienzudamente en las palabras que su compañera había dicho y sobre las que no reparó en su momento porque estaba cegado por la ira.

"Déjalo" le dijo a él. "No pelees" le había dicho al Uchiha. Parecía que todas las peticiones habían estado dirigidas para ver por ese renegado. Pero lo que menos le cabía en la cabeza era que ella le había llamado a ese teme por su nombre y la expresión que tenía cuando le había visto irse.

Las llamas, que soltaban destellos rojos y azules, parecían danzar sobre las brasas. Minutos más tarde, Shino apareció con un pequeño cargamento de madera seca. Depositó las ramas a un lado, sentándose entre sus dos compañeros.

Kiba lanzó unas ramas a la fogata con algo de enfado. El fuego levantó unas chispas rojizas. Luego miró de reojo a sus compañeros. El equipo ocho se había reunido de nuevo, pero no del modo que él hubiera querido.

Hinata suspiró, lucía demacrada. Levantó la vista al cielo nocturno. El manto oscuro estaba tachonado con miles de millones de brillantes estrellas. Era una noche muy bonita. Volvió a soltar un suspiro. Todo se había vuelto tan complicado.

Un extraño quejido rompió el silencio que les envolvía. La peliazul y el chico de las gafas voltearon a ver al de las franjas rojas en el rostro. El Inuzuka se sujetó el abdomen. El estómago de Kiba parecía exigir comida a gritos. Al parecer era tan ruidoso como él.

- Gomene.- dijo apenado.

Tenía hambre desde hacía un rato, pero no llevaban comida. Y al parecer Hinata tampoco. A él y a Shino se les había pasado ese punto al momento de decidir que la alcanzarían. Y se suponía que Shino era un genio. Bufó molesto. Shino tomó su equipo sacando un paquete del interior. Kiba se estiró intentando ver el contenido.

- Toma Hinata.- la voz tranquila de Shino se escuchó. La chica miró la mano de su compañero que le ofrecía comida.

- Arigato, Shino-kun, pero no tengo hambre.- contestó en un susurro negándose.

- Es tarde, y supongo que no has probado bocado desde la mañana.- Hinata levantó la mirada. El danzar de la fogata apareció en el cristal de las gafas que cubrían los ojos de Shino.- Anda tómalas, ya las comerás cuando gustes.- dijo con ese tono fraterno que siempre empleaba en ella.

- Arigato.- La peliazul las tomó.

Shino asintió, después se dirigió hacia Kiba. Los ojos del Inuzuka brillaron al ver las olorosas galletas, su estómago soltó un chirrido.

- ¿Quieres Kiba?

- ¡Por supuesto!- contestó alegre, al tiempo que se acercaba sentándose junto a ellos. Retiraba lo pensado sobre Shino, sí era un genio.

Tomo un puñado de galletas mirando con simpatía al Aburame. Kiba empezó a devorarlas con satisfacción.

- Penfséff que… mmm no fftraías coffmmifda.- dijo Kiba o eso fue lo que se entendió.

El estomago de Hinata al parecer influenciado por el de Kiba también exigió algo. La peliazul tomó una galleta mordisqueándola con lentitud.

- Creí que no comería nada hasta llegar a Konoha.- comentó Kiba de nuevo esta vez mas entendible después de haber tragado la porción de comida que se había llevado a la boca.- Mmmm están muy buenas y crujientes ¿De qué son?

- Iyokas y Kerenatas.- contestó Shino con pasividad mirando el paquete.

- ¿Iyokas? Mmmm me encantan esos cítricos. De ahí entonces el sabor acidito que tienen.- caviló el castaño. - Pero Kerenatas… Huumm, no me suena, ¿Qué son? – preguntó de nuevo mientras se echaba otro puñado de galletas a la boca.

- Insectos.- contestó Shino calmadamente.

- ¿na-nani?- logró decir el Inuzuka tragándose las galletas con dificultad. A su lado Hinata dejó de masticar, apretando la boca y abriendo los ojos como platos. Ambos compañeros miraron al de las gafas estupefactos.

- Sólo estoy bromeando.- dijo con un apenas notable tono divertido.- Kerenatas son unas castañas dulces.- continuó, pero sus compañeros seguían mirándole no muy convencidos. Tomó una galleta llevándosela a la boca.- Acaso creen qué yo comería algo hecho de insectos.

- Supongo que no.- aceptó Kiba.- Eso sería en tu Clan algo así, como… canibalismo, ¿ne, Hinata? - dijo sonriendo hacia la peliazul, olvidando por completo que no le hablaba. La chica se llevó las manos a los labios, intentando contener la risa.

- Eres tan tarado Kiba.- contestó Shino aparentemente molesto.

- Como comerte a tus propios hijos.- continuó con cierto aire de seriedad dando otro bocado. Un insecto salió del saco de Shino posándose sobre la mano de Kiba. - Sería cruel que tu papi te criara para comerte, ¿ne, amiguito?- dijo con voz infantil.

- Si sigues diciendo tonterías no te daré más.- dijo con su particular voz seria.

- Sólo estoy bromeando.- repitió Kiba imitando la voz de su compañero.

En el momento que Hinata lo escuchó hablar de esa forma, no soportó mas y comenzó a reír quedamente. Kiba le hizo coro a su compañera, sólo que de forma más estridente. Shino por lo bajo también sonreía.

Sí, así ahora si estaban mucho mejor, pensó el Aburame. Volvían a ser los de siempre. Luego dirigió su mirada, oculta por las gafas, hacia la chica que sonreía relajada. Tal vez ahora Hinata se animara a contarles lo que sucedía, se dijo acomodándose las gafas.


- Yo no te pedí que me acompañaras, Naruto. Así que deja de apresurarme.

Sakura se encontraba en el puesto de control de la entrada de Konoha, de nuevo acompañada por el rubio y el moreno. Por segunda vez en cinco minutos Naruto había preguntado si aun les faltaba mucho por revisar a los shinobis de la entrada.

- ¡Pero Sakura-chan! Si no nos damos prisa, Teuchi-san cerrará y no cenaremos su delicioso ramen.- volvió a quejarse el chico.

- Bueno adelántate yo te alcanzo.- convino la pelirrosa

Naruto estuvo a punto de aceptar, hasta caminó unos metros alejándose un poco del lugar, pero se detuvo. Dudaba que una vez que Sakura terminara sus asuntos allí se reuniera con él en Ichiraku. Después de pedírselo tres veces de camino al puesto, ella había aceptado ir a comer ramen con él. Como si tuvieran una cita. Los ojos azules parecieron dos estrellas al imaginarse a él por fin en una cita con la pelirrosa.

- No, mejor te espero- contestó el rubio desde donde estaba.

Sakura encogió los hombros y siguió mirando a Kotetsu e Izumo.

- No entiendo por qué de una vez no le dices a Sakura-san lo que sientes por ella.- comentó Sai con esa particular serenidad al alcanzarle. El rubio había intentado deshacerse de él, pero Sakura había terminado invitándole.

- Sakura-chan sabe lo que siento.- confesó algo apenado el Uzumaki.- Es sólo que… aun… tú sabes, Sasuke…. – dijo rascándose despreocupadamente la cabeza.

Sai lo miró sin dejar notar en su gesto neutro si le entendía o no. Naruto rodó los ojos con tedio, qué hacía hablando de relaciones amorosas con alguien como Sai.

- Tal vez Sakura sabe lo que sientes tú, pero no sabe aún lo que siente ella por ti. No has intentado algo más… - el moreno pareció pensar.-… físico entre ustedes.

- ¿Físico? - preguntó intrigado el rubio.- Explícate.- exigió.

- Sí, algo así como un abrazo, una caricia o un beso. Recuerdo que Ino me dijo que yo le gustaba. Pero no fue hasta que me besó que supe que también me gustaba ella.- un arrebol apareció en las mejillas pálidas de Sai.

- ¡¿Ella fue quien te besó primero?!- exclamó el rubio con admiración. El moreno asintió con una sonrisilla en sus delgados labios, aun más ruborizado.

La historia de Ino y Sai era muy similar a la de Temari y Shikamaru. Ellas eran quienes habían comenzado la relación. Los habían besado sin detenerse a pensar en lo que ellos dirían y al instante siguiente eran novios. Las rubias eran de cuidado, pensó el Uzumaki.

Un momento, él era rubio también, tal vez si intentara lo mismo correría con la misma suerte. La imaginación de Naruto voló hacia una escena idílica en donde él besaba a una desprevenida Sakura con pasión y la chica caía rendida en sus brazos. Veía esos ojos verdes como el jade entornados y su suaves labios que pronunciaban su nombre…"Naruto" le decía con suavidad… "Naruto" le repetía con algo de urgencia… "NARUTO" le gritaba…

- ¡¡NARUTO!!- volvió a gritar la pelirrosa. El rubio volvió a la realidad, unos impacientes ojos verdes le miraban.- ¿Qué rayos te pasa? Estabas ido.

- Eeh… yo… yo pensaba en el ramen, Sakura-chan.- soltó una sonrisa nerviosa.- Es que tengo mucha hambre, ttebayo.- mintió. Miró a Sai que sonreía con los ojos casi cerrados. De pronto el chico moreno abrió los ojos con ligera sorpresa.

- Ese que está discutiendo con Kotetsu-san, ¿no es Sasuke-san?- dijo el moreno con tranquilidad. Sakura y Naruto se dieron la vuelta al mismo tiempo.

En efecto el pelinegro discutía con el guardia de la entrada. Sakura llegó corriendo hasta ellos, justo en el momento que Sasuke empujaba a Kotetsu para soltarse de su agarre. Segundos después Naruto y Sai arribaron. El shinobi de cabello desparpajado miraba al Uchiha con gesto agresivo. Iba lanzarse de nuevo contra él pero Naruto e Izumo le detuvieron.

- ¿Cómo que no viene contigo? ¿Dónde está? ¿Qué le hiciste?- inquirió el shinobi jaloneándose del rubio y su compañero.

- Contesta, Uchiha.- gritó el compañero de puesto de Kotetsu.

- ¿Teme, qué pasa? - se dirigió el rubio a su amigo-rival.

- ¿Sasuke-kun?- sonó la voz de la pelirrosa mientras le tomaba del brazo.

- Pasa que este renegado, viene solo. Sin Hinata-san. Se supone que son compañeros, debían regresar juntos.- les aclaró Kotetsu con impaciencia.

- ¿Sasuke-kun que pasó?- preguntó Sakura visiblemente preocupada, frente a ella su compañero rubio compartía el mismo gesto.- ¿Dónde está Hinata?

La preocupación de sus compañeros no era para menos, ellos sabían otra de las restricciones que le habían sido impuestas a Sasuke: Por ningún motivo debía salir solo de Konoha o regresar de alguna misión sin su escuadrón o su compañero en cuestión. Siempre debía estar acompañado. Si desobedecía, se tomarían medidas serias sobre él y su estancia en Konoha. Pero aun así, Sasuke llegaba a Konoha solo.

- Ya le dije a este imbécil que la Hyuuga está bien.- contestó Sasuke.

- ¿Pero, en donde está?- repitió Naruto.

- Esta con los idiotas de su equipo.- escupió las palabras con enfado.

- ¿Cómo sabemos que no estás mintiendo Uchiha? –volvió a arremeter Kotetsu

- Él no miente. - intervino Naruto mirando con determinación a ambos guardias.- Si Sasuke dice que Hinata está con Kiba y Shino, es verdad.- agregó muy seguro. Sakura susurró el nombre del rubio. Le conmovía la confianza ciega que el chico hiperactivo tenía en su amigo.

- Pero Kiba-san y Shino-san deben estar en la villa. Vi cuando Aoba-san entregaba a Tsunade-sama el reporte de su misión y le escuché decir que todos habían regresado bien a Konoha.- comentó el moreno, clon de Sasuke. El Uchiha lo miró molesto, ese enclenque se atrevía a poner en entredicho sus palabras.

- ¿Kotetsu-san, Izumo-san?… - la pelirrosa miró a los guardias inquisitiva.

- Sí, ellos,… no les vi llegar con Aoba.- aceptó Izumo, quien parecía ser el más imparcial de los dos guardias. Sakura observó a Kotetsu, éste asintió.

- ¿Pero por qué no vinieron contigo, teme? ¿Por qué Hinata se quedó con ellos?- dijo Naruto soltando a Kotetsu que ya parecía más tranquilo después de saber que su amiga estaba con sus compañeros.

- No sé.- dijo soltándose de Sakura con brusquedad.- Lo que haga la Hyuuga no es asunto mío.- señaló con frialdad.

Sus amigos de toda la vida le miraron confundidos. Sasuke parecía muy enfadado. Comenzó a caminar alejándose del puesto de control, el trío le siguió.

- Déjenme en paz.- vocifero el Uchiha deteniéndose. Los tres pararon.

Sus compañeros querían hablar con él, hacerle ver lo que podía avecinarse por haber roto una de las restricciones. Pero al parecer ninguno tenía idea de cómo abordarle. Sai logró sentir lo tenso del ambiente. Debía decir, como había leído en uno de sus libros, algo que aligerara la situación. De pronto miró con simpatía al peculiar objeto que portaba el ofuscado pelinegro.

- Eeh… ¿Sasuke-san?

- ¡¿Qué?!- preguntó molesto.

- Lindo collar.- comentó el moreno con naturalidad al tiempo que sonreía. "Un cumplido ayudará" pensó satisfecho.

- ¡Sai!- le amonestó Sakura.

-¿Qué? – preguntó Sai con inocencia.

Sasuke lo miraba indignado, apretando los puños. Luego sin poder evitarlo dirigió su mirada a Naruto. En los ojos azules bailaba una risa que no se atrevían a reflejar los labios apretados del rubio.

-¿Qué?- repitió Naruto con gesto de igual inocencia.

- Los dos son unos idiotas.- soltó el Uchiha. Después dio un salto hacia los tejados de Konoha y desapareció en la oscuridad de la noche.

- Sasuke-kun…- la pelirrosa hizo un amago por alcanzarle.

- Sakura.- la kunoichi percibió una desconocida firmeza en la voz de Naruto que la detuvo.- Déjalo, Sasuke está bien, pero necesita estar solo.

- Pero Naruto…

- Mañana todo se arreglará.- agregó con suavidad.

La pelirrosa asintió. Naruto había añadido a su voz ese dejo de confianza tan suyo que siempre le tranquilizaba.


Hola, hola!

¿Qué les pareció?...

No pueden quejarse, esta vez actualizé más rápido.

Como pueden ver y leer, decidí poner títulos a los capitulos. En fin, se me ocurrió desde hace mucho, pero no lo había hecho.

Gracias por los comentarios tan lindos que he recibido. Son la neta del planeta.

Bueno, pues les mando un beso.

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