Los personajes no me pertenecen son obra de Masashi Kishimoto-sama. Lo que a continuación leerán, sí es mío.
No soportaba más, el no verla le estaba volviendo loco. Si no fuera porque no podía salir de ese lugar, ya habría ido a buscarla. En todos los días que llevaban de no verse, la extrañaba tanto. Anhelaba su presencia. ¿Estaría pensando en él?
La puerta se abrió en ese momento. Al parecer ella pensaba lo mismo. Porque al girar la cabeza hacia el umbral de la puerta, ahí estaba. Su figura grácil, su hermoso cabello largo, sus increíbles y apasionados ojos perlados. El corazón le comenzó a palpitar con fuerza. La puerta se azotó al cerrarse de forma impetuosa.
Sin perder más tiempo se estrecharon en un abrazo, para luego unir sus labios en un entusiasta beso.
- ¿Sabes que tuve que escabullirme de una reunión del Bouke para venir?
- No lo dudo, soy tan irresistible que no soportaste otro minuto más sin verme.- bromeó recibiendo a cambio una sonrisa traviesa. Esas sonrisas que le sacudían.
- Te extrañé. Muchísimo.- dijo con voz suave
- Yo igual, Hime.- dijo volviendo a besarla con pasión.
Una tercera persona contemplaba la escena. Observó con incomodidad al par, quienes al parecer no les importaba su presencia. El sonido de una garganta que se aclaraba para llamar la atención se escuchó en la habitación. Pero los enamorados lo ignoraron por completo siguiendo con su apasionado encuentro de besos.
- De verdad creo que deberían controlarse.- les advirtió una calmada voz, olvidando su discreto intento de que le atendieran.
Justo en eso momento la puerta volvió a abrirse. La pareja se separó asombrada por la inesperada llegada de una cuarta persona.
- Debí haberlo imaginado tratándose de ti, teme.- sonó de pronto la dura voz de Neji Hyuuga, fulminando con la mirada al chico que acababa de besuquear a su prima.
- Nii-san… yo... - la chica se sonrojó intensamente.
- Claramente te dije que te alejaras de ella... – continúo Neji, acercándose de forma amenazadora al chico.
Una profunda mirada observaba, sin dejar leer emoción alguna en ella, el enorme y sombrío sitio. Era como si una mano invisible le hubiera conducido los pasos hasta ese deshabitado lugar. Casas, edificios, calles, todos, a pesar de la intensa luz del sol de la tarde, lucían tenebrosos. Tal vez por lo que había acontecido allí hacía tantos años.
Se decía que cuando se derramaba sangre en un lugar éste quedaba maldito. Sin embargo, la realidad era que el lugar que contemplaban esos ojos profundos ya estaba maldito desde antes, desde que había estado habitado.
Desde sus orígenes aquel regio distrito había sido levantado, forjado sus cimientos, a través de la destrucción y la muerte. En el alma de la gran mayoría que había vivido allí siempre había existido una enfermiza y siniestra sed. Una sed, aparentemente controlada, pero que cuando se desataba se saciaba de una única manera: derramando sangre e imponiendo su autoridad. De forma implacable y letal se causaba dolor, se aniquilaban vidas, todo se justificaba si se obtenía lo que tanto se deseaba: Poder. Control.
Por eso el Clan que ahí había residido había sido el más temido de todo el País del Fuego. Y también por eso, siempre se había dicho que, la sangre de ese Clan estaba maldita.
Entonces aquella vez, hacía tantos años, cuando esa sed oscura estaba empezando a manifestarse otra vez, uno de los suyos los había detenido. Antes de que se volviera a crear un infierno que arrasara con Konoha, el renombrado genio de ese Clan había terminado con todo.
Desde donde observaba esa mirada insondable se veía con vaguedad a uno de los cuatro AMBUS que patrullaban aquel sombrío lugar. El antiguo hogar del dueño de aquella mirada. El Distrito Uchiha.
Sasuke bajó su equipo a la rama del árbol desde el cual miraba, recargándose en el tronco.
Ese retorcido mundo en el que se había criado de niño casi lo había engañado, volviendo uno de ellos. Tal vez si todo no hubiera sucedido, su alma sería aun más negra, siniestra y vacía que la de ahora. Era el sello y la maldición Uchiha.
Para él había sido muy difícil entender aquella fatídica decisión. Su hermano había aceptado cargar el peso de esa fatal resolución porque no estuvo solo. Alguien, que él nunca hubiese imaginado, se había mostrado de acuerdo apoyándole; aunque eso significara su propio sacrificio.
Sólo por eso y porque era la única forma de que él tuviera una oportunidad, Itachi lo había hecho.
Había sido muy duro deshacerse de todo el odio acumulado hacia su hermano, un odio que creía interminable…
"El odio es el sentimiento más horrible, también el más inútil. Gomenasai Sasuke. Gomenasai por todo lo que has tenido que pasar"
Analizándolo después mientras deambulaba solo, por tierras extremas en donde nunca se encontró con ser alguno, intentó darle un sentido al caos que era su alma. Acompañado por la culpa, el dolor, la desolación, incluso el deseo de morir, siempre fresca en su memoria la muerte de su hermano y su confesión, las cosas se le habían aclarado.
Aceptar la verdad, asimilar el error en el que había vivido durante todos esos años, le había costado muchísimo. Pero al final comprendió que había sido la única solución. Su hermano había tenido razón. De no haber pasado eso, mucha gente inocente habría muerto, sólo por la ambición desmedida de su Clan.
Había necesitado mucho tiempo para decidirse. Día y noche, durante muchos años, rondaba en su mente un único pensamiento. No tenía la certeza de poder lograrlo pero debía hacerlo. Debía regresar.
Desde siempre supo que las cosas no serían fáciles, que le aceptaran de regreso era una probabilidad que vislumbraba casi imposible. Pero era un diminuto punto de luz en la oscuridad terrible que era su futuro. Una luz que existía. Y si existía debía luchar por ella.
Entonces como si el destino lanzara unas migajas a un mendigo, sus antiguos compañeros del equipo siete habían vuelto a aparecer en su vida. Había agradecido silenciosamente el que ellos siguieran viéndolo todavía como un amigo, aceptándole otra vez. "Mi hermano-rival, ttebayo." le había dicho el rubio con gesto sonriente mientras le asestaba un sonoro golpe en la espalda. Sin la ayuda de Naruto, Sakura y Kakashi, no lo habría logrado. Su inapreciable intervención había sido factor crucial para ser admitido de nuevo como integrante de la villa.
Iba a soportar duras y difíciles pruebas y restricciones pero ya sabía que las habría. Tendría que aguantar las miradas, los desplantes y los comentarios de desprecio y enconado odio, pero no le importaba. Sin importarle que nadie, aparte de sus amigos, lo quisiera allí, él lo aguantaría todo con tal de quedarse en Konoha…
"Okaa-san siempre dijo que tú y yo éramos diferentes al resto de los nuestros. Para mí ya era tarde, mi destino ya estaba decidido. Pero para ti, aun había tiempo. Tú eres el único Uchiha que siempre valió la pena. Merecías la oportunidad de hacerle ver eso a los demás. Házselos ver Sasuke" sonó en un lugar de su mente esa voz de quien tanto admiraba.
"Tú eres muy especial, mi Sasuke-kun. Porque tu corazón es diferente, es maravilloso" emergió de entre sus recuerdos aquella dulce voz que nunca olvidaba.
Las palabras de su hermano y su madre reverberaron de nuevo en su memoria. Ellos siempre estaban con él. Por eso había regresado, se lo debía a ellos. A Itachi, a su Madre.
Pero ahora la poca confianza que había recuperado había estado a punto de ensombrecerse. La escasa credibilidad que había logrado obtener en todos esos cansados meses había estado a punto de irse a la mierda.
Y ahora pareciendo querer desafiar una vez más a su suerte se encontraba allí, muy cerca del Distrito de su extinto Clan. En donde tenía estrictamente prohibido el entrar. Desde que había regresado no había dado un solo paso, puesto un solo pie, dentro de los que eran por derecho propio sus territorios.
Esa había sido una de las restricciones más difíciles de soportar, sin embargo su carácter duro le había ayudado. En todo el tiempo que llevaba en la aldea con su actitud estoica y fría lo había aguantado todo. Todo excepto la intromisión de Kiba Inuzuka aquella tarde.
Ya habían pasado más de dos semanas desde que el altercado con el equipo ocho casi le mete en aprietos. Pero para su fortuna (y molestia también) ese par de idiotas habían aceptado culparse, librándole de represalias.
La presencia de otro shinobi que llegaba junto al AMBU vigía, que Sasuke podía ver, le sacaron de sus pensamientos.
Los ninjas hablaron por unos momentos, el pelinegro se pudo percatar que el AMBU movía la cabeza de un lado a otro en señal de desacuerdo. Sasuke tuvo intensiones de activar el Sharingan para leer los labios de los shinobis y enterarse de lo que hablaban pero lo desechó. Al usar su dojutsu haría perceptible su presencia en el lugar, haciendo que los AMBU lo detectaran. Aunque lo de la restricción quebrantada había llegado a oídos del Concejo, los viejos no habían tomado ninguna medida crítica, sólo le habían impuesto de nuevo el toque de queda que apenas un mes atrás le habían levantado.
Luego de unos minutos el shinobi desapareció dejando sólo al AMBU vigilante.
Sasuke suspiró. No debía buscar más problemas tan pronto. Si no el regreso a su antiguo hogar se vería más distante aun.
La Hokage se había visto indulgente con él pero se notaba suspicaz en cuanto a la verdad sobre su encuentro con el equipo ocho. Al parecer la explicación que habían dado no le había convencido del todo, considerando pertinente detener sus salidas de la aldea. De nuevo estaba destinado a realizar misiones absurdas dentro de la villa.
En todos esos días no había visto a los entrometidos aquellos. Quería decirles que no pensaran que por lo que habían hecho él estaría en deuda con ellos. Ese par de imbéciles nunca obtendrían agradecimiento de él. Pero no encontrarlos era lo mejor. A pesar de que había pasado algo de tiempo, aun no se sentía con suficiente control para encarar a los del equipo ocho sin terminar en algún altercado con ellos, en especial con Kiba Inuzuka.
En ese lapso de días Sakura y Naruto habían salido, pero regresado casi de inmediato. Para después permanecer en Konoha, conviviendo enteramente con él.
Lo distraían entrenando con ellos. Se sorprendió de lo extraordinaria que se había vuelto Sakura. Ya sabía de su sobresaliente carrera como kunoichi pero su habilidad como ninja medico era sorprendente. Con Naruto nunca dejaría de asombrarse, su amigo simplemente era increíble. Aunque también constató que seguían siendo tan infantiles y tontos como siempre. A veces tenía que alejarse cuando los dos comenzaban sus idiotas discusiones, en donde la pelirrosa siempre terminaba noqueando al rubio; eran sus amigos pero en ocasiones le hartaban.
Otras veces le entretenían contándole todo lo que había pasado en Konoha durante su ausencia, las misiones que habían llevado a cabo, las personas extraordinarias que habían conocido. Y en múltiples ocasiones, también trataron de indagar, la chica de forma muy sutil, el baka con total descaro, sobre su encuentro con Inuzuka y Aburame. Pero obtenían de él sólo silencios y miradas vacías.
Dos semanas y cuatro días en las que no la estaba pasando tan mal si no fuera por una cosa. No dejaba de pensar en ella.
Siempre que se encontraba a Sakura o a Naruto les preguntaba por él, de forma muy discreta (otra característica que le agradaba de ella y que le agradecía). Sus preguntas sobre su persona le regodeaban el orgullo porque con eso le aseguraba dos cosas: que seguía sintiéndose culpable por lo que le había hecho… y que continuaba interesada en él.
"Sasuke-kun… Gomenasai de verdad."
Sabía que Hinata le buscaría para disculparse una vez más. Y quizás, él una vez más la rechazaría, o tal vez no...
Pero su arrogancia le hizo engañarse de nuevo. Y una vez, como sólo ella podía hacerlo, Hinata Hyuuga le pisoteaba de nueva cuenta el orgullo.
No lo había buscado para disculparse, ni daba señales de quererlo hacer. Peor todavía, al parecer le evitaba.
Sólo en tres ocasiones la había visto. Una saliendo de la academia en donde los idiotas de su equipo estaban castigados trabajando allí. La otra hablando con Sai en las afueras de la florería de Ino. Y la ultima, había sido apenas hacía tres días.
Se habían encontrado en una de las salas de reuniones del la Hokage. Sus ojos de luna lo miraron por sólo unos segundos en todas las dos horas que duró la reunión. Pero no logró descifrar nada en ellos. Aunque se había dicho que la ignoraría, no pudo y le dedicaba miradas fugaces, pero ella siempre permanecía cabizbaja escuchando a la Hokage y a los capitanes de escuadrones. Al salir tampoco lo buscó con la mirada como lo había hecho cuando se reportaron con Tsunade.
Se suponía que el dolido, el ofendido era él. Pero ella se mostraba como si fuera todo lo contrario. ¿Era acaso que Hinata jugaba a hacerse la interesante?
Pues si la tonta pensaba que él se acercaría para hablarle, mostrándole arrepentimiento por el modo en que la había tratado, estaba muy equivocada. La actitud esquiva de la Hyuuga le tenía sin cuidado. Él nunca buscaría a ninguna mujer, siempre había sido al revés y eso no iba a cambiar.
Pero aunque se dijera una y otra vez que no le importaba, que Hinata Hyuuga tan sólo era un capricho del que ya se desharía, lo cierto era que no podía sacársela de la cabeza.
De pronto, presumiendo increíbles reflejos, atrapó un oloroso onigiri antes de que le golpeara en el rostro. Miró hacia abajo para conocer al idiota que se había atrevido a lanzarle comida como si fuera un perro. Hizo una mueca, rodando los ojos con fastidio. El causante le saludó sonriente, luego de un solo salto estaba con él en la rama.
Desde la ventana del segundo piso de la Academia de ninjas, Kiba miraba como Hanabi se marchaba junto a un Neji bastante molesto. Como sintiendo su mirada la chica se dio la vuelta para lanzarle un beso, que él atrapó en el aire. Kiba mostró toda su blanca dentadura con unos pronunciados colmillos en una esplendida sonrisa.
Del otro lado del aula, Shino se encontraba guardando los materiales que habían sido ocupados ese día por los alumnos.
Simplemente Kiba admiraba a su novia. Sin importarle la mirada asesina del Hyuuga al encontrarles como lo había hecho, se había despedido de él con un beso en los labios. "Esa es mi chica. Temperamental y arrojada. La mejor."
De pronto un pequeño trozo de gis le golpeó la cabeza, haciendo que se sobresaltara levemente. Luego uno tras otro en bandada, los golpes continuaron. Cerró los ojos con fuerza y apretó los puños. "Esos malditos chiquillos molestos otra vez."
Volteó para gritarles, pero de pronto un enjambre de insectos se lanzó sobre las cabezas de los pequeños enredándose en sus cabellos, y haciendo que corrieran despavoridos a los gritos.
- Eso los mantendrá alejados lo que nos queda de estancia en este lugar.- aseguró Shino.
- ¿Y por qué no hiciste eso desde un principio? - recriminó
- Me divierte ver cómo te desquiciaban. Además te lo merecías. Tú empezaste primero a meterte con ellos.
- ¡Pero si ellos comenzaron! – dijo molesto.- Si sólo se hubieran comportado conmigo con algo de respeto... Soy mayor que ellos, ni siquiera me trataron de "sensei."- soltó indignado.- Al menos ya no tendré que preocuparme por esos montoneros.
- No, ahora debes preocuparte por lo que pasó.- el castaño le miró interrogante.- No vi que Neji esté de acuerdo en que alguien como tú tenga un romance con su prima. Siendo honesto, yo tampoco lo estaría.
- Como siempre cuento con tu apoyo incondicional, Shino.- dijo irónico haciendo una mueca.- Pero créeme si el amargado de Neji supiera quien pretende a Hinata, estoy seguro que no me vería con los mismos ojos. Tal vez hasta sería su favorito.- dijo con gesto triunfante. Shino movió la cabeza.
- Aunque Hinata tuviera algo con Sasuke, dudo mucho que tú fueras del agrado de Neji.- dijo pasando a un lado de un Kiba que cruzaba los brazos molesto.
Shino escuchó que Kiba comenzaba a hablar otra vez, pero no le hizo caso. El Aburame se acercó a la ventana mirando las nubes blancas que cruzaban el cielo azul de Konoha.
Después de que Sasuke le contestara de forma tan desagradable a su compañera habían salido juntos del edificio de la Hokage. Hinata caminaba junto a ellos luciendo ausente, triste. Ni siquiera cuando Godaime le regañó tan fuertemente por su falta de profesionalismo e impuesto como castigo tres semanas de trabajo administrativo, había mostrado ese semblante. La habían acompañado hasta el distrito Hyuuga pero no había hablado en todo el camino. Sabía por Ino que tampoco con ellas se había visto mucho, que cuando ella y Sakura la avistaban en el edificio de Tsunade, Hinata evitaba hablar demasiado. La rubia parecía algo preocupada. No era muy común que Hinata se aislara de ellas.
En varias ocasiones, ellos la habían ido a buscar para practicar pero ella se negaba. De tal forma que, hacía apenas cinco días, había decidido ir solo (después de pelearse con Kiba por querer acompañarlo) a la Mansión del Souke para hablar con ella. Le había recibido pero permanecía callada. Así que él se permitió llevar el curso de la conversación. Le había contado todo lo que pasaban en la misiones de clase menor, lo absurdos que se sentían al no poder usar jutsus para hacer los trabajos pesados, y que terminaban exhaustos. De los trabajos que también hacían en la villa (que al parecer nunca se acababan) y del sufrimiento constante de Kiba con los chicos de la Academia, que a cada rato se metían con él y cuando intentaba desquitarse le acusaban con Iruka-sensei y con Anko.
Luego de un rato de un raro soliloquio, había conseguido que Hinata sonriera. Lo que él había tomado como señal para hablar de lo demás. Con sutileza logró que conversara sobre lo que le pasaba. No le había confesado gran cosa sobre lo que sentía hacia Sasuke, pero si le había mencionado el gran remordimiento que sentía por haberle casi colocado en una situación aun más difícil de la que ya vivía. Y que la razón por la estaba de esa manera tan ensimismada era la angustia de no saber cómo acercársele sin empeorar más las cosas. Quería disculparse de nuevo pero no quería ser agobiante, molestarle más.
Unos golpes amortiguados se oyeron, de pronto una voluta de polvo blanco se coló hasta la nariz de Shino. El chico agitó la cabeza, pero luego súbitamente comenzó a toser de forma ruidosa. Shino miró molesto hacia Kiba, quien sacudía junto a él, los borradores que se habían ocupado en clase. Luego el castaño los colocó de nuevo, totalmente libres de polvo de gis, en el escritorio.
- Pudiste haberme dicho que ibas a hacer eso.- dijo indignado dando otro tosido.
- ¿Eeh? Ah… Gomene, Gomene.- dijo Kiba sin sentirlo de verdad.- No pensé que te fuera a ahogar el polvo. Además es tu culpa por quedarte parado justo en la ventana.
- No es la única ventana aquí.
- Bueno, como te decía hace un momento. Ya hemos terminado.- dijo ignorándole.- Y son algo extraños, ¿no lo crees? - Shino le prestaba atención pero no respondía nada.- No me estabas escuchando, ¿cierto? – por eso lo había hecho, era su pequeña venganza hacia su compañero.- Te hablaba sobre Hinata. No te parece que tiene gustos algo… anormales.
- ¿Anormales? –preguntó sin interés Shino. El Aburame miró el aula comprobando que en efecto, habían acabado por hoy. Aunque aun les faltaba una semana y media más para terminar ese "suplicio" como le llamaba Kiba.
- Sí, hace… ¿cinco o seis años? – dijo dudoso. Después continúo restando importancia a la fecha.- Bueno, primero estuvo el… tipo aquel.
El Inuzuka se sacudió como si le hubieran dado escalofríos. Shino se giró a observarlo interesado. Kiba sonrió satisfecho, al parecer Shino no tenía idea de que le hablaba. Al fin sabía algo que su compañero ignoraba.
- Le saqué esa información a Sai. Ino debía saber lo que le había sucedido aquella vez a Hinata, y seguramente se lo había contado a su noviecito. Le dije a Sai, un día en el bar, que entre los buenos amigos se debían contar todo. No tenía que haber secretos porque eso podía poner en peligro una gran amistad. Y que yo ya lo consideraba un buen amigo.- sonrió. Shino meneó la cabeza. El descaro con el que había manipulado al pobre Sai era indignante.
- Y luego dices que el retorcido soy yo.
- Sai me dijo lo que pasó. A Hinata le gustaba ese tipo de la arena y al parecer hasta se habían besado.- dijo incrédulo.- Me pregunto cómo terminó todo eso.
- No paso nada más que el beso. Hace cinco años Hinata creyó estar enamorada, pero estaba confundida. Se aclararon las cosas y quedaron como amigos.- comenzó a dirigirse a la salida. Aun junto al escritorio, Kiba lucía desconcertado.
- ¡Tú lo sabías! – le recriminó, alcanzándole.
- Yo lo deduje, luego Hinata me lo confió.
- ¿Y por qué a mí no?
- No sabes ser… reservado.
- Claro que puedo serlo.- dijo indignado
- Se lo dijiste a Hanabi.
- Bueno, pero ella es mi novia. Además de la hermana de Hinata.- dijo como excusa.
- También lo comentaste a Kurenai-sensei. - Kiba hizo una mueca.
- Ella fue nuestra sensei, era de mi más entera confianza.- dijo. Luego en su defensa agregó muy serio.- Además Hinata ya le había comentado.
- Y a Hana.- terminó Shino. El Inuzuka abrió la boca, cómo se enteraba ese teme de todo eso.
- Bue-bueno Hana es mi hermana, yo… se lo dije sin querer.- aceptó sonrojado
- Así que mi sospecha era cierta. Se lo dijiste también a ella.- dijo Shino meneando la cabeza con desaprobación a un Kiba enfurruñado. Shino le había tendido una trampa, y él había caído redondito.- ¿Ves a lo qué me refiero? No sabes ser discreto. – remarcó con seriedad. Kiba hizo una mueca. "Maldito Shino."
- Bueno pero eso ya tuvo mucho tiempo que pasó.- dijo como último recurso. Shino se ajustó las gafas. Kiba conocía ese movimiento.- Está bien, ésta bien, a veces se me va… un poco la lengua. - aceptó de mala gana.
Salieron de la academia, recorriendo con parsimonia las calles soleadas de la villa. Mientras se dirigían hacia el edificio de Tsunade a entregar su reporte de actividades, las personas de los locales comerciales les saludaban. Estaban agradecidos con el par por los servicios altruistas que hacían por ellos (sin saber que era parte de su castigo). Shino devolvía los saludos con ligeros movimientos de cabeza, Kiba les sonreía sólo por educación.
El calor era bastante, pero al parecer a Shino no le importaba, llevaba las manos dentro de su enorme chaqueta. Kiba por su parte lucía sofocado. Luego de un rato se deshizo de su chaqueta colgándosela al hombro.
- Com…comételo, te…teme.- dijo entre mordidas el reciente acompañante de Sasuke, que devoraba con rapidez un onigiri que sostenía en la mano.- Está muy bueno, ttebayo.
- Debí haber imaginado que eras tú, baka.- dijo empezando a masticar en bocados pequeños. Era cierto estaba delicioso.
Naruto se jaló la manga de la chaqueta que traía atada a la cintura para limpiarse de la boca los restos de arroz.
- ¿Teme qué haces aquí? – dijo algo ceñudo al darse cuenta del lugar en donde se encontraban. Sasuke ignoró el gesto de su amigo, restando importancia a su preocupación.
- Nada. Sin querer sólo… llegué.
- Espero los AMBUS no te hayan visto. Suficiente tuvimos con lo de tu regreso solo.
- No quebranté ninguna restricción. No entré al distrito, sólo he estado mirando. Nunca me dijeron que no podía mirar.- dijo confiado dando otro bocado.
- Tienes razón, pero aun así…
- Y tú qué haces aquí. Creí que estarías entrenando con el raro de Sai.
- Sí, pero el muy baka recordó que tenía un compromiso y sólo pudimos practicar un poco.
- Y vienes a verme para que yo practique contigo.- soltó con hastío.
- No. – dijo mientras sacaba unos amarillos duraznos de su chaqueta.- Fui a ver a Sakura-chan al hospital y me pidió que te buscara. Creo que la vieja Tsunade tiene algo que decirte.- agregó serio. Sasuke dejó de comer.
- ¿La Hokage quiera hablar conmigo?
- Hai. Espero no sean problemas.
- No creo. No he hecho nada…- el pelinegro caviló, terminando con la pieza de comida.- Sakura cocina bien, no lo hubiera creído de ella.- dijo mordiendo la fruta que le acababa de ofrecer el Uzumaki.
- ¿Sakura-chan? – preguntó el rubio que devoraba su durazno.
- Ella te dio los onigiris, ¿no?
- No. Ya quisiera Sakura-chan cocinar así de bien. Su comida puede ser todo, menos sabrosa. - dijo Naruto entre risas. El pelinegro le miró de reojo.
- No me digas que compraste comida para mí.- dijo algo contrariado, lo dudaba Naruto era un tacaño.
- ¿Comprar para ti? ¡Já! No, no te creas tan importante.
La respuesta fue un empujón que tiró a Naruto de la rama. Un momento después, Sasuke aterrizaba junto al rubio que se sacudía el polvo de la ropa. Miró de forma asesina al pelinegro, quien se terminaba tranquilamente el durazno.
- ¡TEME! –le gritó tomándole de la camiseta azul.
- Le diré a Sakura que te burlaste y te reíste de su comida.- dijo con simpleza el pelinegro, la mirada azul se torno asustadiza.
- Vamos, Sasuke.- dijo amistoso, lo creía capaz de hacerlo.- Además no me burle de la comida de Sakura-chan.- contradijo al Uchiha.- No es que su comida no sea sabrosa es que es algo… Eeh… exótica.- soltó en risas nerviosas.
El pelinegro enarcó una ceja, sonriendo burlón mientras saltaba de nuevo hacia los tejados en dirección al edificio de la Hokage. El vapor caliente que despedían las calles llegaba hasta las partes más altas de la ciudad. Luego de uno minutos, divisaron el edificio de tres plantas, bajando al suelo de nuevo.
- Está bien. No le diré nada si me invitas a comer otro de esos.- chantajeó a Naruto
- O.k.- dijo con gesto vencido.- Le diré a Hinata que haga unos para ti.- la cara de Sasuke se contrajo, mirando al rubio con gesto ceñudo.- Claro, se los pagaré así que no pongas esa cara.
- ¿Hinata?
- Sí. – dijo el Uzumaki poniendo las manos sobre su cabeza, caminando despreocupadamente tras de él.- Ella me los obsequió. Estaba esperando a Sai. Al parecer los hizo para él.
La mirada del pelinegro se oscureció, dedicándose a mirar el suelo. "Sai de nuevo." Naruto, ajeno al semblante de su amigo, siguió hablando.
- Me preguntó por ti. Le dije que justo iba a verte, entonces me pidió que te diera unos también.
- Así que ella los envió.- dijo con voz seria.
- Hai. A pesar de que te portaste bastante rudo con ella aquella vez.- soltó con aire indignado mirando a Sasuke de soslayo.- Bueno, Hinata siempre ha sido así de amable. Ya le dije que quien se case con ella tendrá mucha suerte, ttebayo.- Naruto sonrió. Sasuke le miró hosco. El de naranja entendió esa mirada como interrogante.- Sí, digo, es agradable, heredera del clan Hyuuga, cocina de lujo y por si fuera poco, es bastante bonita.- dijo asintiendo con determinación mientras cerraba los ojos, casi llegaban a la oficina de Godaime.
Entonces chocó de cara con la espalda de Sasuke quien se había detenido de pronto. La mirada del pelinegro se tornó sombría al conocer a alguien que caminaba directamente hacia él.
- Volviendo a lo de antes.- dijo Kiba que se tomaba una botella de agua. Acababan de salir de uno de los puestos de abarrotes.- Estas de acuerdo en que Hinata tiene unos gustos raros. Al parecer le gustan los tipos…
- ¿Serios? – dijo su compañero
- ¡Je! Tenebrosos, se aplica mejor. Tal vez Sabaku no Gaara haya cambiado, pero aun así da nervios. O tal vez a Hinata le atrajo por el título de Kazekage.- dijo pensativo
- Sabes que ella no es así.
- Hai, Hai lo sé.- contestó sonriéndole.- Tal vez Gaara no sea santo de mi devoción pero no puedo negar que ahora es diferente, se ha ganado el aprecio de su gente y varios amigos en Konoha, a mi Hime le agrada. Pero de ese teme... - soltó un gruñido de repulsión
- Tal vez Hinata está confundida de nuevo. Pasaron muchos días juntos. Probablemente el físico está jugando un papel importante.
- ¿Físico?
- Uchiha es atractivo.
Kiba abrió los ojos como platos haciendo una mueca. Un ligero tic comenzó a vérsele en el ojo derecho.
- ¿De qué rayos estás hablando?
- Hay que ser objetivo. Uchiha es bastante apuesto, no por algo las mujeres le persiguen. Deja de mirarme así.- dijo con voz cansina.- Puedo reconocer con imparcialidad cuando alguien perteneciente a mi género es atractivo. Lo que no quiere decir que tenga inclinaciones hacia ellos. Que es lo que tú seguramente estás pensando.
Kiba se detuvo señalándose con el pulgar con inocente gesto interrogante, luego sonrió.
- Fuera lo que fueras, sin duda yo seguiría siendo tu amigo, ¿O.k Shino?
- Baka.
Shino movió ligeramente la cabeza. Kiba se acercó, poniendo un brazo sobre el hombro de su compañero. Si no fuera porque se había enterado por Aoba de la relación que habían tenido su compañero y cierta excéntrica kunoichi, sí pensaría cosas. Aunque de todas formas, no le hubiera importado como fuera Shino. El Aburame era un gran tipo.
- Si no me sueltas, haré que mis insectos te desmayen. Y te dejaré aquí tirado a media calle.- le advirtió con seriedad.
- ¿Así pagarías mi solidaridad contigo?
Kiba se adelantó poniéndose en frente de su compañero, comenzando a caminar de espaldas para verlo mientras continuaba con una conversación sobre su amistad poco apreciada por parte del Aburame. De pronto su compañero de gafas se detuvo, pero el castaño no hizo lo mismo.
Instantes después Kiba Inuzuka chocaba con una persona. Se giró apenado para disculparse.
- Eeh, Gomena-… - interrumpió sus palabras al ver de quien se trataba. A unos pasos de él, se encontraba Sasuke Uchiha, quien le miraba con clara antipatía.
El bochorno que se encerraba en el archivo muerto de la administración era insoportable. El lugar tenía una pequeña lámpara que iluminaba vagamente la habitación, además había un olor a humedad añeja y madera podrida, que era bastante desagradable. El sin fin de papeles que estaban "guardados", y cubiertos de polvo, no tenía ni pies ni cabeza.
No aguantando más el calor Hinata se quitó su enorme chaqueta, quedando en una camiseta sin mangas. Tomó unas de las cintas nuevas que había traído para enrollar los pergaminos viejos, de antiguas circulares de oficina, y se hizo una coleta alta. Arrancó un pedazo de cartón de unas de las cajas viejas para soplarse un poco. "Mucho mejor" suspiró agotada al sentir el ligero frescor, apartándose el flequillo que le pegaba húmedo en la frente, aunque sintió una arcada por el aroma.
Shizune le había pedido que buscara unos papeles que databan de hacía casi veinte años. Ella muy segura le había dicho que los encontraría pero ahora, mientras jalaba una caja que contenía artículos navideños, lo dudaba. Llevaba dos días intentando dar sentido al desbarajuste que gobernaba en el lugar pero apenas había ordenado unos cuantos expedientes.
Súbitamente un par de ojos rojizos aparecieron en la oscuridad, justo en frente de ella. Hinata gritó. Asustada se tropezó cayendo sobre la mesa en donde acababa de colocar unos pergaminos y unos folders viejos. Contrajo la mano con dolor, olvidando de inmediato a la rata que se alejaba trepando por la cañería del lugar. Se acercó a la luz mirando el corte que se había hecho con uno de los broches que sujetaban los papeles. En la palma de la mano izquierda la sangre le brotaba copiosamente. No era una herida profunda, seguramente el metal había cortado una vena superficial. Sacó una servilleta que llevaba en su chaqueta para limpiarse. Lo mejor sería curar la herida. Apagó la luz saliendo del polvoriento lugar para dirigirse a uno de los salones de reuniones, en donde había visto un botiquín.
A unos cuantos metros del edificio de la Hokage, cuatro shinobis permanecían parados a mitad de la calle mirándose.
- ¡Hey! Kiba, Shino ¿Qué hay?- saludó el rubio. Junto a Naruto, Sasuke no le quitaba la vista a Kiba. Al parecer el Uzumaki no se daba cuenta de la tensión en el ambiente.
- Konichiwa, Naruto… Sasuke.- contestó el de las gafas, marcando con firmeza el nombre del Uchiha, captando la atención de éste. A su lado Kiba atravesaba con la mirada al pelinegro. Shino le dio un codazo, haciéndole reaccionar.
- ¿Cómo les va en la Academia? El otro día encontré a Iruka-sensei y me con-
- ¿Por qué no te fijas por donde caminas, Inuzuka? ¿Qué acaso eres idiota? - soltó Sasuke con desprecio, interrumpiendo a Naruto.
Shino levantó el brazo deteniendo a Kiba. La Hokage les había advertido que si causaban otro problema, les aumentaría el castigo. El castaño apretó los labios. Si tenía otro altercado con Sasuke, sólo conseguiría que Godaime les diera un mes más de servicio comunitario en la aldea o peor los pusiera de base como apoyo docente en la Academia (porque sabía que él odiaba estar allí).
- ¿Idiota? Venía de espaldas. Tú eres el imbécil por no haberte quitado.- respondió de igual forma sin poderse contener. El pelinegro aguzó la mirada.
- Kiba, Sasuke, basta.- intervino el de las gafas.- Kiba recuerda nuestro castigo, no creo que quieras extenderlo. Y tú, Sasuke deja de ser tan obtuso. ¿Acaso siempre que se encuentren van a pelear? Los dos viven en Konoha así que lo mejor es que empiecen a tolerarse por el bien de… ambos.
- ¿Te… peleaste con Kiba, Teme? - preguntó Naruto deduciendo que se referían a aquella vez, pero los tres le ignoraron.
- Deja de darme órdenes, Aburame.- dijo Sasuke mirando a Shino con enfado.
Naruto observaba a los tres de forma intermitente. ¿Qué había sucedido ese día para que Sasuke se liara en una pelea con Kiba? Sabía que el Inuzuka podía ser molesto y revoltoso, pero Sasuke había soportado a personas peores en el tiempo que llevaba en Konoha.
- No creas que por lo que pasó te sientas con derecho de hablarme de esa manera.- continúo el pelinegro.- En ningún momento me sentí en deuda con ustedes por lo que hicieron. Ni tampoco pienso agradecerles. Que les quede claro.
- Nunca lo hicimos por ti, Sasuke. Ni tampoco tuvimos intención de ayudarte. Sólo lo hicimos por Hinata y porque en verdad fue nuestra culpa.
- Es cierto, imbécil. No nos importara lo que piensas. Todo fue por ella, no íbamos a permitir que soportara un castigo que no merecía sólo por causa nuestra.
- Pues esa tonta lo merecía, por dejarme.- soltó con rencor.
- ¡Hey! Sasuke no hables así de Hinata.- interfirió el rubio.
Kiba se acercaba al pelinegro con una violencia que escapaba por sus fieros ojos castaños, pero antes de que llegara hasta Sasuke, Shino le detuvo de nuevo. Iba a comenzar a discutir, cuando Shino tomó con fuerza a Sasuke de la camiseta. Kiba al igual que el rubio le miraron sorprendidos.
- Escucha bien lo que te voy a decir, Sasuke.- comenzó Shino.- Le prometimos a Hinata que no intervendríamos en sus asuntos y lo haremos.- Sasuke le fulminaba con la mirada. - Pero de ninguna manera permitiré que te expreses así de ella. Vuelve a decir algo sobre Hinata y te prometo que mis insectos se meterán por todos y cada uno de los orificios de tu cuerpo. ¿Entendiste?
- ¡Oye Shino que demo-
- No intervengas, Naruto.- dijo con un tono bastante agresivo el de las gafas.
Naruto se detuvo. Nunca había visto a Shino de esa forma, por lo regular era Kiba quien iniciaba peleas o lanzaba puyas a los otros. Shino siempre era serio, controlado.
Sasuke se soltó del chico, haciendo una mueca burlona. Alrededor de él, miles de bichos revoloteaban.
- Se supone que eso es una amenaza, Aburame.- dijo con tono siniestro.- No me hagas reír, tú nunca serías un rival para mí. - el Sharingan apareció. Pero eso no amedrentó a Shino. El semblante interrogante que mantenía Naruto desapareció al ver los ojos de su amigo.
- Basta, Sasuke.- dijo el rubio situándose en frente del pelinegro.- Vas a tener problemas de nuevo, ¿Es eso lo que quieres?
- Ella dice que has cambiado, yo creo que tú sigues siendo el mismo de siempre.- siguió Shino detrás del rubio.
- No entiendo porque está tan preocupada por alguien como tú, que es sólo un imbécil.- soltó Kiba acercándose a ellos. El Sharingan se desvió hacia el castaño. Pero al igual que Shino, Kiba permaneció impávido.
- ¿Preocupada?- dijo el pelinegro con aire adusto mirando a Shino.
-Sí, preocupada. - afirmó el de las gafas. Sasuke sonrió con una mueca
- Pues no me importa lo que sienta la Hyuuga.
- ¡Eres un bastardo!…- dijo Kiba con desprecio.
- ¡Bueno, ya estuvo bien! – gritó el rubio, harto de ser ignorado, dándose la vuelta hacia el par que miraba a Sasuke. - Ustedes dos. Si quieren pelear, pues adelante pero tendrán que hacerlo conmigo.- dijo encarando a ambos que de repente parecieron confundidos.
- Naruto…-dijo Shino
- ¡Qué!
El de las gafas le hizo un gesto con la cabeza, el rubio volteó. Sasuke ya no estaba.
Hinata se encontraba en el baño, lavando su herida. Se miró en el espejo que había sobre el lavabo. Estaba toda sucia de polvo, se echó agua en la cara para asearse un poco cuando regresara al archivo se volvería a ensuciar pero por lo menos se refrescaría. Se soltó el cabello humedeciéndolo un poco para luego volverlo a recoger en la misma coleta.
Mantuvo la vista fija viendo su reflejo. Las ojeras se le notaban bastante, llevaba días sin dormir bien. La culpa seguía persiguiéndole en sus sueños y las duras palabras de Sasuke no dejaban de aparecer en su cabeza una y otra vez. Se había disculpado en dos ocasiones pero a él no le había importado.
La noche anterior si había dormido dos horas, tal vez habían sido muchas. Estuvo recostada, pensando, dándole vueltas a las cosas y había llegado a una determinación.
Una sonrisa triste apareció en la chica del espejo.
Los días que había convivido con él habían sido los más emocionantes de toda su vida. Como mujer. Había conocido esa pasión arrolladora de la que tanto hablaba Ino, esa complicidad divertida de la que había hablado en muchas ocasiones Temari. Sasuke le había despertado sensaciones que en su vida hubiera pensado conocer, había hecho emergir de ella aspectos que no habría creído tener. Esos días con él habían sido la aventura más grande de toda su vida, pero sólo eso: una aventura.
Todo había terminado tan impetuosamente como había iniciado.
¿Cómo hubiesen sido las cosas si Shino y Kiba no hubieran aparecido ese día? ¿Cómo sería la situación entre ellos ahora?
Nunca tuvieron ocasión de hablar sobre qué pasaría cuando regresaran a Konoha. Sin embargo, ahora ya no era necesario pensar en eso, no tenía ningún sentido.
¿Por qué no se iba de su mente? ¿Por qué ese extraño anhelo de querer que las cosas hubieran continuado?
De nuevo esa ansiedad agobiante cada vez que lo recordaba, le volvía a inundar el cuerpo. La angustia al imaginar de nuevo esos ojos tan fríos, le hacía un nudo en la garganta.
Entonces el rostro tranquilo y los intensos y serenos ojos verdes de Gaara aparecieron en su memoria.
"Nosotros somos dueños de nuestro propio destino, Hinata. En nosotros está forjar un futuro miserable o un mañana esperanzador"
Hinata respiró profundamente, soltando con pesadez el aire. Volvió a echarse agua en la cara, despejándole de la sensaciones opresoras que sentía.
Había decidido olvidarse de todo lo que había pasado. Nunca se arrepentiría de lo que había compartido con Sasuke, así como también nunca podría guardarle rencor. Pero debía seguir adelante, aunque fuera difícil. Lo único que necesitaba era tiempo para someter todas esas intensas sensaciones que, causadas por la atracción que Sasuke ejercía en ella, inquietaban su alma.
El tiempo lo curaría todo. Le sonrió a la chica pálida del espejo y salió del baño.
Sasuke contemplaba, pensativo, el cielo inmenso. Sentado en una de las ventanas del edificio de la Hokage, aguardaba a calmarse. Otra vez, había sido estúpido. Hasta había activado el Sharingan en plena calle.
De nuevo le habían desquiciado. Primero en el bosque había sido Kiba, ahora en plena calle de Konoha, Shino. Lo que recordaba sobre Shino Aburame era su sobriedad, el tipo de los bichos siempre se mantenía tranquilo, moderado; era el polo opuesto del idiota de Inuzuka. Así que le había sorprendido de alguna manera su reacción.
Ambos habían interferido por ella... de la misma manera que lo hacían Naruto y Sakura cuando alguien se metía con él.
Entonces ¿A eso se debería el interés de esos en ella? ¿A la amistad tan similar que esos imbéciles tenían con Hinata como la que sus idiotas compañeros compartían con él?
Pero en resumidas cuentas a él que le importaba.
"Ella dice que has cambiado…"
"No entiendo porque está tan preocupada por alguien como tú…"
Si de verdad estaba tan preocupada como decía el Inuzuka por qué se hacía la indiferente. ¿Qué acaso ya no recordaba lo que le había hecho? ¿Se había olvidado tan fácilmente de él? ¿De lo que había habido entre ellos?
"Tú no lo has hecho, ¿cierto?" dijo la vocecita socarrona en su interior.
Una sonrisa se posó en los labios de Sasuke al recordar la última vez que la había besado. Sus brillantes ojos perlados, sus suaves labios, sus mejillas encendidas.
Conoció cosas de Hinata Hyuuga que tal vez todos desconocían, incluso dudaba que sus compañeros supieran ciertos aspectos de su personalidad que a él no dudo en mostrar.
Había sido el único en despertar esa fuerte atracción en ella. "Sólo contigo, nunca me había sucedido antes"
El primero en adentrarla al mundo del placer carnal, en conducirla al éxtasis, en hacerla disfrutar. "Eso fue increíble… Ahora entiendo porque la gente lo hace…"
No, Hinata no podía haberse olvidado con tanta rapidez de lo que había vivido con él. Él aun no lograba hacerlo. La soñaba retorciéndose de placer entre sus brazos, bromeando divertida con él, obsequiándole esas sonrisas. Tal vez él debería hacer…
Hinata entró al lugar. Caminó directamente hacia el botiquín que se encontraba junto a un pequeño mueble que contenía papelería. Iba concentrada en presionar la herida de su mano que no se percató que la habitación no estaba vacía.
De pronto los poros de su piel fueron recorridos por un estremecimiento. Sintiendo el peso de una mirada que la observaba, volteó hacia las ventanas del fondo. Junto a la última se encontraba sentada una persona, la que menos hubiera esperado.
Intentó parecer serena cuando los ojos negros del causante de sus desvelos le miraron, pero por dentro su corazón latía desbocado. Sintió como las manos se le ponían frías y la boca se le secaba.
- Sumi- Sumimase.- dijo, maldiciendo que su voz no sonara firme.- Yo… vi-vine por algo. Pero ya mismo me voy.- se dio la vuelta para buscar las vendas.
Sasuke la observó. Extrañado la vio abrir el botiquín. Lo había mirado pero de nueva cuenta se había hecho la indiferente. Si Kiba le acababa de decir que estaba tan preocupada, por qué demonios se portaba así.
Hinata se dio cuenta como las manos le temblaban. Sentía que el aire se le escapaba. Hacía tres días se habían visto, pero estaban rodeados de gente. En esa reunión le había mirado por sólo unos momentos, pero no se atrevió a hablarle.
Su corazón comenzó a latir más rápido al escuchar que caminaba. Sasuke se marchaba; tal vez no soportaba tenerla cerca. Eso le lleno de desilusión y de... disgusto.
Acaso su coraje por haberle dejado nunca se iría....
Apretó con fuerzas las vendas, la herida comenzó a sangrarle de nuevo. Soltó el aire contenido en un sonoro suspiro. Luego de unos instantes, dejó de escuchar los pasos. Sasuke se había ido.
- Eres un tonto Sasuke Uchiha.- dijo con un hilo de voz.- Un completo imbécil.
De pronto la chica abrió los ojos con incredulidad al percibir un aroma entrañable que le llegaba a la nariz.
- ¿Por qué crees eso, Hinata? – sonó una voz familiar.
La peliazul tragó con fuerza. Aturdida se dio la vuelta. Sasuke estaba justo detrás de ella.
Se suponía que tendría que molestarse por lo que había escuchado, sin embargo Sasuke sólo sintió deseos de sonreír al verla sorprendida. ¿Cómo lograba Hinata eso en él?
La miró con intensidad. No traía la chaqueta exageradamente grande que usaba, vestía una blusa que dejaba ver sus brazos y parte de sus hombros. Que se ajustaba a su cuerpo, ese cuerpo que él conocía bastante bien. Además llevaba el cabello levantado y dejaba ver su fino cuello. Despedía su suave aroma a flores. Se dio cuenta también que lucía algo pálida, pero estaba muy bella.
- Sa- Sasuke, yo-yo….- apenas logró articular. Kami-sama por qué tenía que ser tan apuesto.
- Tonto y además un completo un imbécil. - Sasuke sonrió acercándose más, haciendo con eso que la chica se alejara, sonrojada.- Pero parece que aun así mi presencia te sigue afectando, ¿no, Hinata?
Levantó una mano acariciándole con un dedo la barbilla. Sonrió al ver que Hinata se estremecía, que sus ojos brillaban y el pulso le latía con fuerza en la base del cuello. Estaba tan cerca de ella…
- Vaya, vaya Sasuke.- interrumpieron de pronto.- ¿Qué ahora te dedicas a acosar a las chicas de la aldea? Tal vez por eso en Konoha se muestren tan renuentes a aceptarte.- añadió una voz masculina con picardía.
- Cállate, baka.- dijo otra voz algo chillona.- Simplemente soy increíble, nunca fallo. Tantos años pero sabía que eras tú Sasuke-kun.
- ¿Qué están haciendo aquí? – preguntó el pelinegro visiblemente sorprendido. Junto a él, Hinata compartía el mismo gesto de sorpresa.
La chica extraña se acercó hasta Sasuke para luego rodearle con un abrazo inesperado. El pelinegro permaneció inmóvil en el lugar
-¿Acaso no te da gusto vernos? –dijo la mujer aun abrazándole.
- No.- contestó molesto. Por qué tenían que aparecer justo en ese momento.
- Tan sensible y amable como siempre Sasuke-kun.- dijo el extraño chico, acercándose al Uchiha, después dirigió su mirada hacia Hinata. - Me disculpo por la conducta de mi amigo, Hime.- dijo con simpatía mostrando una rara sonrisa para luego hacer una reverencia a Hinata.
Hinata los miraba intrigada. La pareja que acababa de aparecer era muy peculiar. No les conocía, sin duda no eran de Konoha. Pero estaba claro que Sasuke sí sabía de ellos.
No se veían mayores, debían tener su edad. El chico de cabellos plateados tenía un ligero brillo peligroso y algo travieso en la mirada, al sonreír una hilera de afilados dientes se mostraban además se comportaba con total desenfado hacia Sasuke, con familiaridad. La chica usaba gafas y tenía el cabello de un naranja encendido. No podía negar que era bonita, y al parecer muy segura de sí, se había acercado y abrazado con total naturalidad a Sasuke.
Sasuke miró con enfado a la pareja de idiotas que acababa de aparecer. ¿Qué diablos hacían Karin y a Suigetsu en Konoha?
Y.... he aquí uno más. Espero les haya gustado
Que dijeron al inicio… que Neji les había caído en pleno arrumaco, ¡pues no! jejejeje
Y sí, como leyeron el chico del que se había "enamorado" Hina era el buen Gaara-kun
Además dos personajes se integran al enredo… Así era mi Amy-chan, el equipo Taka hace su aparición. (Por cierto qué piensas para actualizar Destiny, ¡mugre Amy!) Espero estos dos no empeoren la situación del pobre-malvado-sexy Sasukin jojojo
Sobre el asunto de cada cuando actualizo, uuff pues cada vez que puedo o que la inspiración me abraza. ^^
Muchas gracias por leer este enredijo que escribo, por todos sus comentarios tan lindos que me alegran y dan ánimo. A quienes no les puedo contestar el review, ¡muchas gracias desde aquí!
Bueno pues les mando besos desde mi bello y caluroso Puerto Jarocho.
Au revoir... ^^
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