Naruto es de Kishimoto. Yo sólo soy una simple mujer que adora el Sasuhina.
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Las notas musicales llegaban de forma amortiguada hasta donde estaba. Unos minutos antes Hinata había sentido como dos pares de palmas refulgentes de chacra revisaban meticulosamente su cuerpo buscando alguna condición anormal; ahora podía notar que unos dedos suaves rehacían casi mágicamente su maltrecho peinado al mismo tiempo que otro par de manos acomodaba con una mezcla de veneración y nerviosismo su nueva vestimenta ceremonial; y desde luego no le era ajena la presencia de las otras personas que aguardaban rígidas en ciertos puntos del lugar. Médicos, doncellas, custodios. A su padre no se le escapaba nada.
Por órdenes de Hiashi, Hinata había sido enviada a su habitación junto con los dos mejores médicos del Clan. Los galenos le habían realizado una rápida auscultación determinando que aunque su ritmo cardiaco estaba un poco elevado no se encontraba en peligro. Hinata había pensado en salir con ellos pero las doncellas habían aparecido y sin decir palabra alguna se habían dado a la tarea de enmendar el desastre en que estaba convertido su aspecto. Había tenido que cambiar su furisode pues el que portaba originalmente se había ensuciado durante el exabrupto de la pelea. Y cuando las doncellas aún la arreglaban, tres miembros del Bouke habían entrado. Sin siquiera mirarla se habían apostado en cada una de las posibles salidas que tuviera la habitación: era vigilada.
Hinata levantó la vista, aun con el maquillaje retocado y el peinado casi terminado, el espejo le devolvía la imagen de una mujer atribulada, decaída. La joven heredera observó de soslayo a la chica que le peinaba.
— ¿Mi padre aún permanece en la mansión? — La pregunta había sido más bien un susurro. No quería que los miembros que vigilaban las ventanas le escucharan. Mas su intento por saber algo fue en vano. La doncella continuó su labor en completo mutismo sin observarle siquiera.
Justo en ese momento una joven acomodó una peineta entre los mechones de la melena negra de Hinata. La pieza de marfil le hizo pensar en Sasuke cautivo, indefenso. Y ella enclaustrada sin poder actuar. Los labios le temblaron ligeramente, y su garganta se volvió un nudo. Hinata mordió un poco el interior de uno de sus labios en un intento por controlar la angustia. Si tan sólo Sasuke le hubiera escuchado…
Debía serenarse e intentar revertir lo que había sucedido. Desde la salida del dojo había estado bajo el ojo vigía de su padre. Tenía que armar un plan para sacar a Sasuke de allí. Lo haría sola no quería que nadie se viera involucrado. Conocía a sus amigos y sin duda intervendrían pero no podía permitírselos, no podía dejar que la bola de nieve se volviera avalancha, eso sólo empeoraría la situación. Debía actuar pronto antes de que Sasuke sufriera algún daño. Sabía el sitio donde se encontraba recluido mas nunca había puesto pie allí, y aún recordaba con nitidez los relatos que de pequeña le contaban sobre éste, unos que hacían que su estómago infantil se descompusiera al imaginar lo que allá ocurriere alguna vez. Por su mente comenzaron a cruzar ideas, pero fueron posibilidades que murieron tan pronto como su padre ingresó a la habitación.
— Veo que aún no está lista. — Dijo Hiashi lanzando una mirada reprobatoria a las doncellas que se apresuraron a dar los últimos retoques al cabello. Al terminar la tarea que realizaban, el ambiente se tornó tan súbitamente tenso que bastó una simple mirada del líder del Souke para que tanto las doncellas como los custodios entendieran que debían irse.
Hinata continuaba sentada, intentó hablar pero su padre se adelantó.
— Saldremos y daremos toda la hospitalidad que merecen nuestros invitados. Son personas importantes y ha sido descortés haberles dejado abandonados durante tanto tiempo. — Parado, justo a unos pasos de ella, Hiashi le observaba con gesto reservado. La vestimenta negra le confería al aspecto estoico un halo atemorizante. —Todo el mundo ninja está aquí, así que espero muestres compostura y guardes la actitud que se esperaría de un líder… No quiero más escenas. De ningún tipo.
— Otou-san, yo…
— Quiero que nuestro apellido continúe siendo símbolo de estabilidad y honor. Lo que pasó está bajo control y nadie tiene por qué enterarse de ello. —Los ojos blancos de Hiashi eran hielo puro. —El desagradable inconveniente del dojo lo trataremos mañana.
El sentimiento que albergaba la mirada de su padre hacía que el habla de Hinata se negara a salir de nuevo. Esas últimas palabras que Hiashi había dicho colgaban en el aire: despectivas, y llenas de reproche. Por un momento, Hinata dudó que sus piernas le sostuvieran cuando se levantara. El nerviosismo también le tenía la boca seca. Cerró las manos en dos apretados puños para controlar la oleada de estremecimientos que la sometían y se puso de pie. Tragó con fuerzas queriendo someter los nervios, cualquiera que le viera podría decir que estaba a nada de quebrarse
— Pa-Padre, por favor, dígame… dígame que él está bien. —Su voz había salido atropellada, ligeramente sollozante. Se odió por eso, sabía cuánto despreciaba su padre la debilidad. ¿Cómo iba a ser tomada en serio por él si parecía una niña al borde del llanto? — Otou-san,… si debe enfadarse con alguien es conmigo. Yo… lamento lo que sucedió, sé que Sasuke est-
— Si esta familia todavía significa algo para ti evita nombrar a ese miserable. Su sola mención ensucia este lugar. —Hinata enmudeció ante el malsano menosprecio que expelía la voz y cada poro de Hiashi. Las esperanzas de Hinata se estaban yendo a pique. Hiashi le dio la espalda dirigiéndose a la puerta. — Bajemos, ya hemos perdido demasiado tiempo.
Hinata siguió a su padre con las lágrimas escociéndole los ojos, sin embargo se negó a llorar. En la entrada principal, junto con otro pequeño grupo de miembros Hyuuga, Hanabi les esperaba. Al igual que ella, la hermana menor lucía un furisode distinto al que inicialmente portaba. Hiashi también había ordenado que usara otro, así el abrupto cambio en la vestimenta de Hinata no levantaría comentario alguno. Los furisodes ceremoniales eran accesorios tan opulentos que no todos podían darse el lujo de tenerlos o mostrar más de uno. Eran el poder mismo en hilos de seda, plata y oro. Los invitados lo tomarían como una muestra más de la presunción de los Hyuuga.
Los ojos de Hinata toparon con su hermana, a pesar de la expresión indiferente en el rostro, notaba cierto espasmo e incredulidad en sus ojos. Buscó a Neji entre los presentes pero no lo encontró. Era seguro que fuera él quien se hiciera cargo de custodiar a Sasuke. Eso dio un pequeño respiro a Hinata. Su primo tenía conocimiento de lo que sentía, no se atrevería a lastimarlo. No demasiado.
Cuando llegaron a la mesa, a Hinata no le fue inadvertido el destello de recelo en las miradas de los ancianos del Concejo. Le observaron como si analizaran a algún desagradable espécimen. Definitivamente ya lo sabían, y sin lugar a dudas no lo aprobaban.
El ritmo de la música era marcado por los shamisen. El aire húmedo que corría en el distrito estaba haciendo que la temperatura bajara unos grados. En lo alto, las nubes comenzaban a sobrepoblar al cielo y muy a lo lejos se veía la luminiscencia de unos relámpagos.
Para Hinata tampoco pasó desapercibida otra situación: al fondo del jardín un grupo de rostros conocidos le observaba intranquilo. Vio a Gaara con ellos. Seguramente también estaban enterados. En las caras de Ino y Tenten había una marcada desesperación; tanto Temari como Shikamaru parecían perplejos. Fijó la vista en Kiba y Shino, y negó lentamente esperando que con ello entendieran deseaba que no actuaran de forma alguna. En el semblante de Shino esa notorio el desacuerdo pero asintió con lentitud; por mucho se veía la pelea de Kiba consigo mismo para dominar su cólera mas también aceptaba. Sus ojos se vieron atrapados por Gaara. Aunque en la mirada de Gaara no hubiera reproche alguno, Hinata sentía que le debía una disculpa.
Ya pasaba de medianoche cuando de poco en poco las personas comenzaron a retirarse del distrito Hyuuga, y aunque el festejo rayaba su final, toda la familia principal seguía el protocolo de permanecer en su mesa agradeciendo con solemnidad a quienes se acercaban a despedirse. Todo parecía haber salido a pedir de boca para los anfitriones. Los Hyuuga se mostraban plenamente satisfechos. A excepción de alguien, que aunque sonreía cortés, sus ojos femeninos lucían entristecidos y ausentes. El cielo se iluminó con fulgor. El atronador estruendo que secundó al relámpago provocó que Hinata Hyuuga se sobresaltara. La tormenta había llegado.
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Si un adjetivo podría definir su aspecto en ese momento ese sería terrible. Las sombras oscuras bajo sus ojos visiblemente hinchados a causa del llanto le daban a Hinata una pinta espantosa. La angustia le había mantenido en duermevela; cada vez que pensaba en Sasuke no podía evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas.
En los inicios del Clan Hyuuga, la rama principal había construido un área especial cuya función era la "reeducación" de ciertos miembros de la rama secundaria. Oculta bajo unos de los bosquecillos del territorio Hyuuga, las celdas negras tenían una célebre y triste fama entre los del Byakugan. En aquellas épocas remotas, recluidos por rechazar el destino que se les imponía, algunos miembros de la rama secundaria eran castigados allí hasta que aceptaran su lugar en el clan, los que se negaban a entender perecían aislados en aquel sitio lúgubre. Con la llegada del padre de Hiashi al liderato del Clan, las cosas habían cambiado. Quizá sabiendo que debía tomar la decisión terrible de relegar al menor de sus gemelos a la rama secundaria, el antiguo líder Hyuuga había optado por prevenir cualquier situación que lo colocara en ese nefasto punto. A partir de ese entonces las instalaciones y sus actividades sólo eran utilizadas en los enemigos de índole peligrosa que fueran capturados.
Y Sasuke se encontraba allí, considerado una amenaza para los Hyuuga.
Nada más levantarse, Hinata había intentado poner fin a la situación que estaba consumiéndole pero no lo había logrado. Estaba prisionera en su propia casa. Había una orden estricta para todo Hyuuga que habitara el distrito: la hija mayor de Hiashi tenía prohibido poner un pie fuera de la mansión hasta que el líder volviera. Hiashi había salido con algunos miembros del clan a despedir a las comitivas que abandonaban esa mañana Konoha.
Hinata entró al salón de estar que daba vista al estanque. Mientras deambulaba por la mansión le habían llegado los rumores de la reunión urgente entre Hiashi y el Concejo que había tenido lugar en la madrugada. No necesitaba pensar mucho para saber cuál había sido el tema a tratar.
Una llovizna persistente caía sobre la villa. La mañana transcurría lenta haciendo que Hinata desesperara más. Desde uno de los ventanales, observaba al resto de los Hyuuga realizar labores de limpieza. A metros de allí, dos miembros del Souke dirigían a un grupo de niños de su rama al bosque a las prácticas diarias de control de chakra. En ese instante un par de niños del Bouke, que barría el patio, armaba un pequeño duelo llamando la atención de los mayores. La distracción fue aprovechada por dos niños de la rama principal para escapar del grupo de entrenamiento. Con excepción de Hinata, nadie parecía haberse dado cuenta. Muy a su pesar el hecho le sacó una sonrisa.
— Hinata-sama— el llamado provocó que se sobresaltara— Le esperan en la sala de audiencias.
Hinata asintió ante una doncella que le miraba con ojos apenados. Una sensación de vacío inmenso se le colocó en el estómago. Sólo los asuntos de suma importancia eran tratados en ese lugar.
Sus manos estaban frías y cuando se acercó a la sala de audiencias del clan peleó por no abrazarse a sí misma. Hundió las manos dentro de la bolsa de su chaqueta sintiendo una de las peinetas. Era un tanto ingenua pero portar algo que había sido tocado por Sasuke le confería cierta fuerza. No era así como debían haber sido las cosas pero no se podía regresar el tiempo. Con la zozobra descomponiendo su interior, entró. La luz arrancaba destellos a la madera impoluta del gran mesón que reinaba en el centro. Hinata se sorprendió al ver que las sillas que eran ocupadas por el líder del clan y los cuatro ancianos del Souke permanecían vacías.
— He pedido a los ancianos que dejaran este asunto en mis manos. — Hinata giró a su derecha. De espaldas a ella, su padre miraba un emblema de los Hyuuga que adornaba una de las paredes.
Con su acostumbrada vestimenta pero mostrando unas ojeras remarcadas, Hiashi se dio la vuelta observando a Hinata. Lucía fatigado, y pareciera como si diez años hubiesen caído de golpe en su cuerpo. Hinata experimentó una punzada de remordimiento.
—Tienes una idea siquiera del conflicto diplomático que pudo causar lo que sucedió. No sólo al clan sino a Konoha misma. El Feudo del Fuego es el más poderoso de entre los países ninja... — Hinata permanecía escuchándole en silencio. No, no había pensado en eso. Su mente sólo tenía cabida para Sasuke, todo lo demás había quedado fuera. El remordimiento se acrecentó.
— La-lamento haber causado todo esto, Otou-san... Yo… estoy dispuesta a aceptar la sanción que se me señale. De ser necesario veré al-
— ¿En algún momento pensabas hablarme sobre tu relación con ese sujeto?
La respiración se le congeló a Hinata ante el cambio brusco de la conversación. Tragó con dificultad, dudando qué responder.
— Yo… buscaba el mo-momento adecuado…
Con claridad, Hinata escuchó el suspirar pesado de Hiashi.
— Pensé que las cosas habían cambiado; creí que había confianza de nuevo entre nosotros... Veo que me equivoqué. —Hiashi centró de nuevo toda su atención en el emblema de los Hyuuga. El que su padre le diera la espalda otra vez tenía un doloroso significado para Hinata tanto como el que no hubiese dicho ni una sola vez su nombre.
Hinata clavó la mirada en el piso. El actuar de su padre era muy distinto al que había tenido la noche anterior. Y éste le causaba a Hinata una sensación de miseria con la que creía no podría luchar. Las palabras Hiashi eran una mezcla de tristeza y desilusión. A Hinata le inundaron unas ganas de acercarse a su padre y abrazarle. De disculparse de corazón por lo que le estaba ocasionando.
— Dime, ¿qué harías tú como líder? ¿Cómo actuarías ante una situación en la que uno de los miembros pretende causar un daño irreparable en tu familia?
Los ojos de Hinata se agrandaron. La inesperada pregunta le había tomado por sorpresa. La joven miró el emblema del clan que adornaba el centro del mesón. Desde pequeños les enseñaban que la base de la grandeza de los Hyuuga radicaba en la honorabilidad de su gente. Así que no mentiría al contestar, sería sincera.
— Supongo… Supongo que no la permitiría. — Respondió abatida— Yo… despojaría al miembro de su nombre. Se-Sellaría su dojutsu y lo excluiría para siempre. — luego añadió con voz quedita: — Se borraría de los registros del Clan, y sería como si nunca hubiese existido.
Hiashi asintió conforme, luego se dio la vuelta.
— Es justo lo que yo haría también. —Dijo Hiashi. — Pero pasas por alto una gran diferencia,… No estamos hablando de un simple miembro, sino del futuro líder. Perderlo desestabilizaría aún más los cimientos del clan. Por ello quizá se barajearía otra posible salida…
El desconcierto llenó el semblante de Hinata.
— Con desaparecer la raíz causante de tal situación no tendría porque determinarse el exilio.
Con aspecto severo, Hiashi miró los ojos vidriosos en el rostro asustado de su hija mayor.
"Desaparecer" Un eufemismo para no mencionar lo que realmente se pretendía. Hinata tragó con fuerza ante la perspectiva funesta que se pintaba en su cabeza. Sabía dónde estaba Sasuke y lo que podían hacerle en las celdas negras.
— El clan Hyuuga… No… No haría tal cobardía… —La voz le temblaba de nuevo al pensar en el cuerpo pálido de Sasuke drenado del chakra hasta morir.
— El clan de los Hyuuga hará lo necesario para que su posición no se mancille. —Le replicó imperturbable Hiashi.
— Yo amo a Sasuke, Otou-san. Por favor,… por favor no… No lo lastimes. —Suplicó y lo que tanto había estado evitando Hinata sucedió. Sin poder hacer nada, lágrimas quemantes comenzaron a salir de sus ojos.
Hiashi pareció contrariarse ante la imagen que daba su hija. Por un momento el líder del clan pareció tener intención de acercársele, pero se contuvo. Lucía agotado. Si Hinata era inteligente entendería sus razones tarde o temprano.
— Dijiste que lamentabas lo que había sucedido. — Dijo Hiashi recompuesto. Trémula, Hinata lo miró. — Acata lo que se determine y esto se pasará por alto. No habrá nada más que lamentar. Termina todo lazo de esa relación que daña nuestro nombre. Hazlo por el bien de tu familia. Y… por el de Uchiha.
Las manos de Hinata sujetaban con fuerza la tela de su chaqueta. No había más. Todo estaba terminado. Algo dentro de ella estaba quebrándose y el dolor que le hacía experimentar era colosal. Hinata temblaba ligeramente por el esfuerzo de contener los sentimientos que experimentaba, de someter las lágrimas que se negaban a detenerse.
Sus manos tocaron la peineta.
¿Aceptarías tener una vida junto a mí, Hinata Hyuuga?
La voz de Sasuke sonó anhelante en su memoria. Ella había aceptado, le había dado a Sasuke su palabra de pasar el resto de su vida juntos. Y ahora la vida misma le determinaba otro destino. Pero sería uno en el que Sasuke estaría a salvo. Tragándose la desesperación, se secó las lágrimas y clavó los ojos en su padre.
— Aceptaré lo que se me diga, Hiashi-sama. —Dijo con voz ausente mientras pasaba la saliva con dificultad. — El clan seguirá siendo el más virtuoso del mundo ninja. —continuó con el mismo tono. — El nombre de Sasuke Uchiha no volverá a ser mencionado en este lugar.
Hiashi se acercó y la miró fijamente. Aparentemente complacido, asintió aceptando las palabras de su hija. No había nada en ella que le dijera que mentía. De hecho podría decir que la Hinata que ahora estaba allí era otra, y eso ocasionó una inusitada punzada de aflicción en él. Porque la chica que miraba en ese momento lucía como si algo se hubiese apagado para siembre dentro de ella.
— Lo que has hecho es lo correcto, Hinata.
El hecho que la mencionara por su nombre ya no interesó a la muchacha. Hinata retiró la mano de Hiashi que tocaba su hombro y pidió permiso para retirarse.
El cielo se había despejado un poco, pero la tarde comenzaba a caer. Como autómata, Hinata volvió a su habitación, la cabeza le daba vueltas de nuevo. El vacío de su estómago se había extendido en todo su ser. Se dirigió al lavabo y vertió agua fría a su rostro. Se miró al espejo y el llanto volvió a descomponerle el rostro.
"Quiero intentarlo de nuevo, Hinata. Pero quiero hacerlo a tu lado. Sólo contigo."
¡No!
¡No iba a darse por vencida! Tenía la voluntad del fuego en ella, no iba a dejar que le impusieran un destino que no deseaba. Hinata respiró hondamente. Era necesario que se despejara. Se dirigió a la ventana. Afuera el cielo comenzaba a tornarse rojizo. Hinata apretó con fuerza los bordes de la ventana: ya no había ningún vigía apostado allí. Miró el distrito, el suelo que comenzaba a atestarse de hojas hizo a Hinata rememorar un suceso. Su corazón latió deprisa. Pero para hacer lo que empezaba a gestar su mente necesitaría ayuda. Entonces vio algo: un pequeño y extraño ratón negro se adentraba al distrito en dirección a ella. Segundos después, y sin tocar, Hanabi entraba a su habitación.
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Empotrado en una estructura tosca de madera, el cuerpo de Sasuke colgaba extenuado por sobre el piso. Había intentado zafarse de las correas que le sujetaban las extremidades pero ni por asomo lograba moverse un solo centímetro. El nivel de chakra en su cuerpo era ínfimo, de lograr soltarse ni siquiera sabía si podría mantenerse en pie. Movió ligeramente la cabeza, y sintió el latigazo del vértigo. Haciendo a un lado su malestar, trató de pensar. Por su condición, había perdido la noción del tiempo que llevaba allí. Con un dolor intenso en cada unos de sus músculos, había despertado en esa cloaca húmeda sumido en la más total oscuridad y en el más absoluto silencio. Sin duda Hiashi se las había ingeniado para, además de bloquearle los principales canales de energía, lesionar algunos secundarios. El resultado era que estaba molido. Intentó maldecirlo en voz alta pero no pudo, el líder de los Hyuuga también se había encargado de dejarle inhabilitadas las cuerdas vocales. Sasuke esbozó una sonrisa (aunque bien podría pasar por sólo una mueca); ya se la cobraría a Hiashi cuando lograra salir de donde se encontraba.
Si pensaba que con recluirlo en un lugar oscuro iba a atemorizarlo, Hiashi estaba muy equivocado. Era Sasuke Uchiha, la oscuridad no significaba nada para él, en nada lo intimidaba... Sasuke suspiró levemente. Muy a su pesar había algo que sí lo tenía tenso y preocupado más que ser prisionero de los Hyuuga: quizá había jodido todo con Hinata. Pensó en ella y se sintió estúpido. La había expuesto ante los suyos, la había colocado en un punto crítico en su clan y ahora estaba sola. Seguramente Hinata lo estaba pasando peor a causa de su actitud imbécil.
"Dejarse llevar por el lado visceral sólo crea más problemas de los que se pueden solucionar." Soltó un ligero bufido al recordar las palabras de Kakashi. Su antiguo sensei nunca había sido más acertado. Sé odiaba por eso, como también odiaba reconocer que Hiashi había actuado como cualquier líder sensato lo hubiese hecho ante una irrupción así.
Un sonido apenas perceptible hizo que Sasuke frunciera el ceño. Por los menos el oído le servía. Una tenue luminosidad se coló por debajo de donde al fin supo estaba la puerta. Alguien había llegado. El rumor de voces era más distinguible.
Las voces se detuvieron y el chirriar de las bisagras al abrirse la puerta le hizo levantar levemente el rostro y aguzar la mirada. Las siluetas masculinas se adentraron y la luz vaga de una antorcha inundó el lugar. Dos jóvenes Hyuuga se quedaron observándole desde la entrada; la poca iluminación logró darle a Sasuke una visión de sus caras: uno de ellos parecía verse complacido con el aspecto miserable que presentaba; el otro, a opinión de Sasuke, lució descompuesto nada más verle. Con caminar pausado, uno de ellos se acercó hasta Sasuke quedando a unos pasos. El rostro que Sasuke observó no mostraba ápice de emoción alguna, pero él lo conocía y sabía que no podía esperar menos.
— Luces mal, Uchiha, —La voz grave de Neji resonó en el sombrío lugar. La antorcha refulgió muy cerca del aprisionado shinobi. Sasuke no lo miró, sus ojos se dirigieron al Hyuuga que custodiaba la entrada notando que el joven temblaba ligeramente al cerrar la puerta. — Aunque a mi parecer, era lo menos que merecías.
Los ojos negros se clavaron en el rostro de Neji. Si el odio matara sin duda Neji Hyuuga habría caído muerto ese mismo instante ante esa mirada. Sasuke hubiera querido siquiera escupirlo pero sabía que no contaba con la fuerza suficiente ni para eso. Detestaba ser un completo guiñapo a merced de Neji Hyuuga. El otro Hyuuga dijo algo a Neji pero Sasuke no le prestó atención.
Neji se alejó hacia una argolla cercana colgando en ésta la antorcha. A Sasuke le pareció extraño el movimiento desenvuelto con el que se quitara unas hebras de cabello largo que habían pasado al frente de su cara.
— Hazlo ya. — Neji murmuró apurado al otro Hyuuga que con aspecto misterioso estaba ahora junto a Sasuke. — Esto será divertido. —Masculló Neji mientras cruzaba los brazos. El joven del Bouke sonrió socarrón a Sasuke ganándose otra mirada torva.
¿Qué diablos pretendían?
De pronto, los ojos de Sasuke se desorbitaron cuando las manos del otro Hyuuga, a velocidad increíble, asentaron una tanda de golpes en el cuerpo. Los que recibiera en brazos y piernas le hicieron pensar que sus huesos habían sido quebrados; los que le impactaron el estómago le arrebataron el aire. Falto de oxígeno, Sasuke sintió desfallecer de nuevo cuando unos golpes del puño suave de Neji fueran aplicados de lleno a su tráquea. La visión se le nubló momentáneamente.
Semiconsciente, observó que Neji sacaba de detrás de su espalda una katana. Al parecer los Hyuuga eran expertos en jugar sucio. A su mente vino Hinata, quería que ella fuera su último pensamiento antes de morir, hasta él llegó vívido un aroma de flores y día soleado. Sin embargo la hoja filosa no se enterró en su humanidad como Sasuke lo pensaba, sino que se dirigió a las correas. Como en cámara lenta, el cuerpo de Sasuke se dirigió exangüe hacia el suelo rústico.
Nuevamente Hinata volvió a su mente. Casi podía sentirla junto a él, notar sus brazos alrededor del cuerpo, observar el par de lunas mirándole ansioso.
"Todo estará bien, Sasuke-kun."
Casi podía oírla.
No sintió el choque con el piso pero sí un frescor que nada tenía que ver con las condiciones de la celda. El frescor comenzó a volverse una sensación cálida y Sasuke notó el cosquilleo del chakra que volvía a correr fluidamente en su cuerpo. Sólo entonces se dio cuenta que no eran alucinaciones.
Hinata estaba allí, usaba jutsu médico para ayudarle a recuperarse.
Cuando se estabilizó un poco se incorporó. Abrió y cerró las manos sintiendo como la fuerza regresaba. Aún se sentía mareado, vio a Hinata y antes de poder decir algo, ella le abrazó con fuerza y le beso con suma delicadeza. Eso hizo que Sasuke se sintiera mucho mejor. Pudo ver su rostro de cerca, había rastro de llanto y algo de pesar, pero también fuerza, esa que le había visto durante la pelea con el shinobi de la Roca, esa fortaleza que provenía de su espíritu noble. ¿Le había dicho que eso le gustaba de ella? ¿Le había confesado siquiera alguna vez que la amaba? Sasuke sabía que no. Para él eso no era necesario, sin embargo en ese momento unas ansias le carcomían por hacérselo saber, por decírselo de propia voz.
— Sasuke-kun, debemos darnos prisa. No tenemos mucho tiempo. — Hinata cortó su declaración. Pasó un brazo de Sasuke por sobre sus hombros y le ayudó a ponerse en pie. Sasuke aún estaba débil para que sus piernas le sostuvieran por completo.
Sasuke sintió otro hombro sujetándole. Neji le había tomado por el otro costado. Los ojos de Sasuke se clavaron en el Bouke.
— Lo que hice fue necesario para liberarte los cuerdas vocales, Uchiha. —Le dijo a modo de disculpa, aunque sin duda lo había disfrutado. Sasuke no sabía si agradecerle o soltarle un puñetazo. Se inclinaba por lo segundo. — Vamos, di algo para que compruebes que no miento.
— Púdrete, Hyuuga. — Chistó.
— ¿Ves, Hinata? Está bien, es la misma serpiente indeseable de siempre...
Sasuke miró con detenimiento al del Bouke. ¿Serpiente indeseable? En ese preciso instante la apariencia de Neji se difuminaba en para materializarse la presencia de una jactanciosa Hanabi Hyuuga. Hanabi enarcó una ceja, sin quererlo su boca amagó una sonrisa al observar el rostro aún desconcertado de Sasuke.
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El pequeño roedor se vertió en el suelo deshaciéndose. Suigetsu frunció los labios ligeramente escamado por el ratón de tinta que en ese instante era sólo una mancha acuosa en el suelo. Detestaba los ratones. De reojo miró el ataque que venía sobre su costado. Se volvió líquido para después materializarse detrás de su adversario, bastaron dos sablazos para deshacerse de su oponente. Su brazo izquierdo se convirtió en agua cuando otro Hyuuga le llegara de sorpresa. Suigetsu armó una mueca. ¡Carajo, lo habían tocado! A pasos de él, Naruto lo miraba con una resplandeciente sonrisa. ¡Maldición, ahora tendría que pagar! Sin duda la falta de buenas peleas estaba volviéndole lento de movimientos. O quizá coger tanto con Karin le estaba pasando la cuenta a su chakra.
Tras la pelea de Suigetsu y Naruto, Sakura y Karin observaban con detenimiento la mansión principal de los Hyuuga.
— ¿Hay algo?
— No, no está aquí. — Karin acababa de utilizar sus habilidades de sensor para intentar localizar a Sasuke. Aprensiva, miró de reojo a Sakura. La chica de rosa cerró más los puños. De algún modo ya imaginaba que no lo tendrían cautivo en un lugar como la casa principal.
— ¡Puedo seguir haciendo esto toda la noche, ttebayo! — Naruto secó el sudor que comenzaba a brotarle de la frente. Uno a uno los clones de sombra que había hecho se fueron evaporando. Alrededor de Suigetsu y del Naruto original lucían tendidos en el suelo la primera avanzada Hyuuga que había sido enviada para detenerles.
— ¡Basta ya, Naruto! —Intervino Neji. Otro grupo de miembros Hyuuga estaba con él a la espera de órdenes—. Sakura, no está bien lo que están haciendo y lo saben. Váyanse de aquí antes de que se arrepientan.
— Dinos dónde está Sasuke-kun y te prometo que nos iremos. —Respondió la chica.
— No sé de qué hablan. Y si lo supiera es una situación que no me concierne. Ni a ustedes. —Indicó Neji tajante.
— ¡Sólo dinos dónde lo tienen, carajo! — Karin al lado de Sakura espetó con hastío. — Si no tendrás que lidiar con ellos, —Tanto Naruto como Suigetsu sonrieron ansiosos cuando la pelirroja los señalara. — ¿Es lo que quieres? ¿Tener a este par haciendo destrozos?… Bien, allá tú, pero no te quejes cuando el distrito quede hecho añicos por estos dos idiotas sin cerebro…
Naruto y Suigetsu compartieron la misma mueca de indignación ante las últimas palabras de Karin.
Sakura observó el pequeño papel que les había llegado con un roedor de tinta de los que creaba Sai. Era un mensaje de Hinata diciéndoles cuál sería la señal para que dejaran de montar distracción en el distrito Hyuuga. Sakura lo apretó con fuerza. Esperaba que la incursión de Hinata estuviera yendo bien. La noche anterior Ino les había narrado lo sucedido. Con la ayuda de los ratones de Sai habían logrado entablar comunicación con Hinata y ésta les había explicado lo que pensaba hacer. Habían querido intervenir de forma más directa en la liberación de Sasuke puesto que les pesaba quedarse cruzados de brazos ante la situación. Pero ante la insistencia de Hinata no les había quedado más opción que aceptar su propuesta: sólo le ayudarían a ganar tiempo manteniendo ocupados a los Hyuuga.
— Déjanos por lo menos hablar con Hinata. —Exigió Sakura. Karin le lanzó una mirada un tanto desencajada. Sabían que Hinata no estaba en el distrito para qué pedía Sakura hablar con ella. Aunque después entendió que era parte de la distracción: solicitar hablar con Hinata apartaba a ésta de miras suspicaces por parte de los Hyuuga. La frentona pensaba en todo.
— Hinata-sama no tiene por qué hablar con ustedes. — Contestó el chico. Los labios apretados de Neji eran signo inequívoco de su irritación. Conocía a Naruto y Sakura, ese par eran la necedad personificada. Pero iba a agotar hasta el último recurso con tal de no enfrascarse en un enfrentamiento. El resto de los Hyuuga permanecían impávidos, listos a su orden de atacar. Si tan sólo Uchiha no hubiera sido tan estúpido… — ¡No me hagan pelear contra ustedes, Naruto!
— ¡Ya te pateé el culo una vez, Neji, no me hagas volver a hacerlo, ttebayo! —contraatacó Naruto.
Desde uno de los ventanales de la casa principal, Hiashi observaba que Neji intentaba sin éxito alguno hacer entrar en razón al joven Uzumaki. Por sus rostros sabía que nada de lo que se les dijera haría que abandonaran su tozuda posición. En ese momento sus ojos fueron topados por unos azules destellantes de ardor.
— ¡EHH! ¡Así que ahí estás! — vociferó Naruto al ubicar al hombre. — ¡Si no me dices en dónde tienes a Sasuke llegaré hasta a ti y te lo sacaré a golpes, Hiashi Teme!
Todos los Hyuuga se crisparon de indignación ante semejante amenaza. Neji movió la mano y la segunda avanzada del Bouke entró en acción.
— ¡Kage bunshin no jutsu!
Una docena de Narutos ansiosos se materializaron en el acto.
— ¡Oe, idiota! Déjame algo de diversión. Samehada quiere probar un poco más de chakra Hyuuga. — Refunfuño Suigetsu, que ya avanzaba con la espada blandiendo en el aire.
El enfrentamiento era una copia del primero que habían tenido. Las caras de Suigetsu y Naruto mostraban una euforia que sólo los que disfrutaban una pelea podían tener.
— Es suficiente. —Dijo Hiashi apareciendo en el patio. De súbito los Hyuuga que atacaban regresaron a posiciones de espera. Naruto desapareció a sus clones. Suigetsu posó su espada en el suelo descansando su barbilla sobre el mango. — Si insisten con esto llamaré a la Hokage y haré que los arresten. Mi sola palabra bastará para que sean suspendidos por un buen tiempo. No importa que sean ustedes dos, Tsunade-sama no podrá negarse.
Sakura contrajo el ceño. Naruto miraba furioso a Hiashi.
—Y en cuanto a ellos… — Prosiguió señalando a Karin y Suigetsu—. Convocaré al concejo de Konoha y tengan por seguro que en menos de los que piensan dejarán de ser ninjas de la Villa.
El silencio había caído como piedra en el sitio.
— Creo que está siendo suave ante el atrevimiento que estos han tenido, Hiashi-sama…
La voz altanera atrajo la atención de los amenazados. Los ojos de las kunoichis se agrandaron. Hanabi había aparecido ante ellos. Con aspecto arrogante su mirar estaba fijo en Sakura.
— Retírense de una vez, Haruno.
Hanabi sabía que la alumna de Tsunade era perspicaz así que esperaba captara la indirecta. La de cabello rosado no necesitó más, con un leve asentimiento respondió a la mirada de Hanabi. La aparición de la hermana de Hinata era la señal para marcharse. En ese momento Hinata ya había liberado a Sasuke y lo mantenía a salvo.
— Está bien, nos vamos… —Dijo Sakura. Neji la observó con extrañeza. — No obtendremos nada, y Sasuke-kun nos necesita afuera. —Sakura miró a los chicos quienes entendieron el mensaje.
— Lo que digas, frentuda. — Aceptó Karin.
Los Hyuuga miraron no sin cierta confusión como los cuatro alborotadores, sin mediar más palabra con ellos, se retiraban del distrito. Ahora los alegatos que vociferaban los shinobis tenían que ver con una apuesta y cierta paga de una cena.
— Qué estrambóticas las amistades que hace Nee-san,… — Le farfulló Hanabi a su padre mientras ingresaban a la casa. A pesar de su tono despectivo, los ojos de Hanabi escondían beneplácito. Junto a ella, Neji le miraba suspicaz.
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Sasuke trataba de reconocer en donde estaban. Una pequeña lámpara era la única que estaba encendida. Con ayuda de su hermana, Hinata le había llevado a esa pequeña casa en la que por alguna razón ciertos objetos se le hacían familiares. Luego de verificar con el Byakugan que estaban seguros, Hanabi se había ido dejándoles allí. La mirada de Sasuke una vez más de perdió en uno de los tantos cuadros que adornaban la pared. Sin duda eran a Sakura y Naruto a quienes miraba. En la parte baja del cuadro, la palabra "Amigos" estaba escrita con trazos firmes. Un extraño ratón corrió entre los muebles.
—Toma, come esto, no has probado bocado desde hace mucho. Necesitas energía. —Dijo Hinata mientras le pasaba unos tazón de caldo —. Es casa de Sai-kun. Él ha salido de misión junto con Ino-chan, pero me han dejado estar aquí. Nunca tendré como agradecer a los chicos todo lo que me ayudaron. — susurró mientras la esfera refulgente de chakra de sus manos recorrían el cuerpo de Sasuke. —Debo terminar de restaurar tu chakra. Tenemos un largo camino por delante. Nos iremos de la villa. — Murmuró apresurada.
Los ojos de Sasuke se dirigieron hacia ella. Hinata se mantenía concentrada en su labor médico. Sasuke tomó sus manos y la detuvo. En los ojos de Hinata había una mezcla de ansiedad y desespero que no gustó a Sasuke en nada.
— ¿Irnos?
Hinata oprimió los labios y asintió. Sus manos se apretaron entra las de él.
— Mi pa-… Mi clan no aprueba esto. No lo hará nunca. Tú… corres peligro estando aquí. — Confesó bajito. — Y yo… yo no estoy dispuesta a permitirlo ni tampoco a dejarte. Prometí pasar mi vida contigo, Sasuke-kun, y así lo haré. Dejaré el Clan. Ser una Hyuuga no me importa más. —le sonrió con dulzura, sin embargo sus ojos estaban comenzando a anegarse de lágrimas.
Sasuke la jaló hacia él abrazándola con fuerza. Sintió entre su cuerpo el temblor del de Hinata. Era una persona dulce que no había hecho daño a nadie, que no tenía por qué sufrir de esa forma. Él le había orillado a esa situación.
— Lo siento, Hinata.
Hinata se separó y pasó la mano por sus ojos secándolos.
— Estoy bien, Sasuke-kun… —Suspiró con fuerza y después se acercó a dar un beso con suavidad a Sasuke. — ¿Te sientes mejor?
— Eso creo.
Sasuke le miró levantarse y acercar dos mochilas de viaje. Hinata activó el Byakugan para cerciorarse de que estuviera a salvo. Sólo unos cuantos civiles recorrían las calles esos momentos. Sin peligro que correr, salieron de la pequeña vivienda. Afuera estaba por completo oscuro. Usando las azoteas, se encaminaron hacia la zona sur que seguramente estaba más transitada. Le pidió a Sasuke bajar el nivel de su chakra. Si los Hyuuga activaban su dojutsu les sería más difícil distinguirlos de entre los habitantes de la aldea.
Avanzaron en silencio durante muchos minutos. De entre la oscuridad ya se podía divisar la muralla que cercaba la villa. No tendría que ser difícil para ellos, ninjas de rango Jounin, pasar por ésta. Pero Hinata se sintió súbitamente preocupada por el estado de Sasuke, no sabía si lograría saltar lo suficientemente alto. Quizá Sasuke no estaba en condiciones para emprender algo así. Tener bloqueados más de un día los canales de chakra no era algo que debía tomarse a la ligera. Sus temores desaparecieron cuando de tres saltos los dos llegaban a la cima.
Desde lo alto de la muralla, se divisaban las luces de las viviendas que aún no dormían. El viento a esa altura soplaba más fuerte. Hinata acomodó sus cabellos mientras observaba absorta Konoha. Quizá era la última vez que vería la villa. No estaba segura de cuándo volvería a contactar con su familia o con sus amigos. Quizá con los primeros ya no lo haría jamás. Deseaba que las cosas no hubieran tenido que pasar así. Los ojos se le pusieron vidriosos y se sintió mareada. No había comido bien y el hecho de haber utilizado bastante chakra en ayudar a Sasuke a recuperarse estaba cobrándole factura. "Si estamos juntos estaremos bien" Era lo que venía diciéndose una y otra vez, como un mantra para tranquilizarse.
Soltó el aire con pesar y volteó hacia Sasuke.
Sasuke no había dejado de observarla ni un solo momento. La conocía y sabía por mucho que todo eso le dolía.
— ¿Estás cansado, Sasuke-kun? —dijo preocupada cuando se aproximó para tocarlo. El joven tenía un aspecto taciturno.
Sasuke bajó la mirada al suelo. Aún había algunos pequeños charquitos sobre el piso de la muralla. Sintió las manos de Hinata sujetar su rostro. Sasuke levantó la vista, miró pensativo a Hinata.
— ¿Sasuke-kun, qué pasa?
El chico apretó los labios. ¿Era eso lo que quería? ¿Qué Hinata fuera despreciada por el hecho de estar con él? ¿De hacer que perdiera todo sólo por mantener la promesa que le había hecho? ¿Sería capaz de arrebatarle de esa manera su familia y la vida tranquila que tenía?
No, tenía que haber otra forma. Una en donde ella no saliera perjudicada. Una en la que pudieran estar juntos sin que Hinata sufriera. La amaba, la quería ver feliz.
Sasuke se acercó a ella. Sin que Hinata lo imaginara la abrazó. Salió de su estado estático cuando Sasuke le dio un beso largo y profundo. En otro momento ese tipo de beso le habría causado a Hinata que todos los músculos del cuerpo se le debilitaran, pero en esa ocasión no, porque había algo distinto en el gesto. Al separarse ella le miró sorprendida, el rostro de Sasuke era seriedad absoluta. El corazón de Hinata se agitó como si previera un mal presentimiento.
— Lo siento, Hime. Pero las cosas no tienen por qué ser así.
Luego de eso, todo fue oscuridad para Hinata. Sasuke la tomó en brazos, sus ojos se clavaron en Konoha. Un pequeño crujido sonó en la silenciosa noche cuando Sasuke aterrizó de un solo salto en el suelo.
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El puño cerrado sobre la placa hizo a Neji entrecerrar la mirada. Con ojos nerviosos Hanabi miraba a su padre, nunca le había visto así.
Hiashi había mandado a llamar a Hinata para cenar revelándole una de las doncellas que no estaba en su habitación. Dio la orden de ubicarla en el distrito sin éxito alguno. Una alarma se había disparado en el interior de Hiashi. Sus temores se volvieron mayores cuando hasta él llegara uno de los vigilantes de las celdas negras. El par que tomaría el turno de la noche se había encontrado con la sorpresa de que los vigías de la tarde se hallaban sometidos bajo un genjutsu, y que la celda de Sasuke Uchiha estaba vacía.
El rostro de Neji se descompuso un poco cuando uno de los celadores le acusara de ser uno de lo que auxiliara a Uchiha. Hiashi descartó la versión puesto que su sobrino se había mantenido en el distrito toda la tarde.
Todos supieron hacia quién se concentraba las sospechas.
La mano de Hiashi apretó con fuerza otra vez la placa de su hija. Hinata había ayudado a Uchiha a huir. No sólo eso, era probable que ella hubiera escapado con él.
¿De verdad tanto quería Hinata a Uchiha? ¿Tanto para arriesgarse así?
Había dejado su placa como símbolo de abandonar su nombre, y con eso su vida futura, todo sólo para lanzarse a un destino incierto con alguien que no la merecía.
"El corazón tiene los caminos más extraños y el destino más insospechado." Había dicho una vez su esposa.
Hinata estaba peleando contra todo por alcanzar el destino que anhelaba su corazón. Y él como su padre no se había sentado a hablar sobre el asunto. El hecho era que ni siquiera le había dado a Hinata la oportunidad. Un aguijonazo de remordimiento se hundió en Hiashi la recordar el aspecto que su hija había tenido esa tarde luego de hablar con él. ¿El precio de su inflexibilidad era perder a Hinata? ¿No había él pensado hacía poco sobre la opción de modificar los protocolos? ¿Acaso estaba dispuesto a no ver jamás a Hinata?
Los ojos indolentes de Hiashi se fijaron en Neji.
— Neji, quiero a los mejores usuarios del Byakugan en rastreo. Haremos escuadrones de búsqueda — El joven del Bouke asintió atento mientras su tío salía del salón. —Partiremos de inmediato.
Neji desapareció para llevar a cabo la orden. En un santiamén, los Hyuuga se movilizaron ante el apremio de su líder. Bastaron unos minutos para que todos se reunieran en la entrada del distrito. Hiashi dio las indicaciones de lo que haría cada escuadrón. Él mismo encabezaría uno. Por segunda vez en el día, los territorios Hyuuga quebraban su quietud ante el revuelo que se armaba.
— No deben ir muy lejos… — Dijo mirando a cada capitán de escuadrón. —Hanabi tú permanecerás aquí por si hay alguna noticia.
— ¿Otou-san, todo esto es necesario? — Hanabi apretó los labios mirándole mortificada. Neji no perdió detalle del gesto. Al parecer Hiashi tampoco.
— Tú sabes algo, Hanabi. — El líder miró a su hija menor. No había sido una pregunta, era una aseveración.
— Otou-san, Nee-san ha elegido su camino. No… —Hanabi dudó ante el semblante concentrado que mostraba su padre. — No considero que sea correcto lo que el clan determinó para ella. Ni tampoco lo que pretendían con Uchiha... Nee-san estaba muy mal a causa de eso.
La sospecha aumentó en la cara de Hiashi.
— Lo único que me importa en este momento es saber dónde está Hinata.
— Hinata está bien, Hyuuga.
Hiashi volteó con lentitud hacia el sitio de donde había provenido esa voz que le era más que conocida. Las luces del distrito iluminaron por completo la figura que salía de entre la oscuridad. El joven genio del Bouke volvió a pensar que Sasuke Uchiha era el shinobi más estúpido del mundo.
Los ojos de todos lo Hyugua se agrandaron al ver que una desfallecida Hinata yacía en sus brazos.
Sasuke se acercó. A excepción de Neji y Hanabi, todos los Hyuuga permanecieron al acecho. Estaban listos para atacarle. La mano levantada de Hiashi los detuvo. Sasuke llegó hasta Neji.
— Hinata ha tenido un mal día. Su chakra está en los límites. ¿Podrías llevarla a su habitación... Por favor?
Si la situación no hubiese sido tan tensa Neji sin duda habría sonreído ante la aparente amabilidad de Sasuke para con él.
— Dices que te importa Hinata, Hiashi. En eso tenemos algo en común. Porque a mí también me importa. Quizá más que a ti.
Los ojos de Sasuke miraban a Hiashi sin pestañear. Aunque el hecho de que se detestaran mutuamente también los ligaba, Sasuke indiscutiblemente sabía que era algo que tenía que mantenerlo al margen, por Hinata.
— Soy un Uchiha, ese hecho no va a cambiar. Pero no soy el mismo que se fue. Ni soy el criminal bastardo que tú piensas. No… No hice las cosas como deberían haberse hecho. Entrar así ayer fue una estupidez. Y acepto mi error.
— ¿Así que ahora pretendes actuar como gente civilizada, Uchiha? —Hubo un dejo de sarcasmo en la voz de Hiashi. — No te creo.
— Puedes creer lo que quieras de mí, y hacer de mí lo que te parezca mejor por lo que hice en tu festejo. Si encerrarme te parece lo justo, lo aceptaré si resistirme. Si ver marcharme de Konoha es lo que quieres me largaré en cuanto salga el sol. — Hiashi sabía que no mentía. Había conocido a Fugaku, los ojos de Sasuke tenían la misma fría determinación—. Sólo que tienes que prometerme que ella no va a sufrir. Ni tendrá esa tristeza que vi hace unas horas.
Hiashi entrecerró la mirada.
— ¿Estás dispuesto a hacer todo eso por mi hija, Uchiha? ¿Aunque nunca vuelvas a verla?
Un velo de congoja ensombreció las pupilas de Sasuke y una exhalación llena de pesadez de escapó de su boca.
— Un Uchiha siempre estará dispuesto a sacrificarse por lo que cree, Hyuuga.
Sasuke extendió sus manos hacia los Hyuuga en señal de rendición. A su pesar Sasuke esbozó una mueca que podría considerarse una sonrisa. Era la decisión que no hubiera querido tomar pero era la correcta porque el que Hinata estuviera bien era ya lo único que le importaba. El rostro de Hiashi guardaban un gesto de molestia, el resto de los Hyuuga de incredulidad ante el acto.
— No… No quiero que hagas eso, Sasuke. — Desde la puerta, Hinata era detenida por una de las doncellla.— ¡Padre, por favor! — Sus ojos suplicaban a Hiashi. De nuevo abatida observó a Sasuke.— No… no tenías que llegar a esto, Sasuke-kun.
— Es la única manera de amar que sabe un Uchiha. —Los ojos negros se prendaron de los blancos entristecidos. Sasuke se atrevió a sonreír—. Porque por si no te lo he dicho, yo te amo, Hinata Hyuuga.
Hinata enrojeció hasta las pestañas. Neji y Hanabi miraban estupefactos. Hiashi enarcó levemente una ceja ante tal declaración. El padre de Hinata también testificó como los ojos de su hija recuperaban brillo de nuevo.
Los labios de Hiashi se tensaron. A decir verdad, Uchiha tenía más de Mikoto que de Fugaku. Si era así no tenía el corazón tan podrido como pensaba. Hiashi se llevó una mano a la sien ante el dolorcillo punzante que aparecía y que últimamente siempre tenía que ver con Sasuke Uchiha. Por el bien de su familia, era mejor sentarse a hablar detenidamente y de una buena vez con el hombre elegido por Hinata. Aunque eso llevara a Hiashi Hyuuga a desarrollar una migraña que hiciera pedazos su cabeza.
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¡HOLA!
Sé que me tardé una eternidad en subir capítulo, pero ha habido cosas en mi vida que me impedían tener ánimos para continuar esto, y ciertamente el manga tampoco me ayudaba mucho. Por suerte todo está empezando a enderezarse y marchar bien, y pues, heme de regreso. Todo se siente muy raro. Quizá el capitulo no quedó como pretendía pero es mejor subirlo que hacerles esperar más. Una cosa, en mi profile está un pequeño spin-off sobre capítulo pero que ya no quise añadir por que habría sido demasiado. Si gustan leerlo lo dejaré allí por un rato.
De verdad, GRACIAS a todos por seguir leyendo, por comentar, por agregar a favoritos esta historia, eso hizo que dejara de pensar en abandonar FF y me volviera un poco el interés en escribir.
Lamento no contestar los reviews. Pero les agradezco mucho por comentar:
UchihaHinatachan… Tsuki Tsuruga… Amy-chan… Kiranathas yue… Uchiha-Dani-Uzumaki…
Tokeijikakeno orenji… Marce… AlpharddB… gleidys… Adimtzgza (Tatys bebé)… EthereldCrow…
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Nos vemos pronto.
