Naruto es de Masashi Kishimoto. Esta historia es mía. Y recuerden: el Sasuhina es la pareja más bonita.

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La oleada de murmullos a sus espaldas poco importó a Hiashi, su hija mayor ocupaba toda su atención: horas antes Hinata parecía una planta marchita sólo esperando secarse, pero ahora las mejillas arreboladas y la emoción expresada en su mirada la hacían lucir vibrante. Todo por lo que Uchiha acababa de decirle. El rictus que esbozo para controlar el coraje provocó que la jaqueca se le intensificara. Para Hiashi había llegado uno de los momentos que menos le gustaban a un hombre de su idiosincrasia, y no tenía caso esperar más:

— Entra a la casa, Hinata. —Ordenó rompiendo la burbuja de ensoñación en la joven. — Y tú, Uchiha, no quiero que—

Hiashi calló al sentir las presencias, inmediatamente después unos conocidos hacían acto de aparición. En un santiamén los Hyuuga armaron posiciones defensivas ante los recién llegados sólo esperando la orden de Hiashi para actuar. Cuatro enmascarados eran visibles, pero a la técnica del Byakugan no se le escapaba los otros seis que rodeaban el distrito. El silencio de los miembros ANBU lo quebró quien parecía el líder del escuadrón.

— Siento irrumpir así, Hyuuga-san. —Dijo en tono sobrio tras la máscara de felino. — A causa de tus recientes actos y por órdenes de Hokage-sama quedas bajo arresto, Sasuke Uchiha. Si te resistes serás sometido con violencia. Estamos autorizados al uso de fuerza mortal.

Sasuke estaba consciente que la acción estúpida que había hecho no quedaría eximida de castigo. El que los Hyuuga le sometieran había causado que relegara el asunto al olvido aunque era algo que cuando llegara a oídos de Tsunade sin duda ella no iba a pasarlo por alto. Observaba con displicencia a los enmascarados. No tenía la menor intención de montar un espectáculo. Ya había armado suficientes en los últimos días. A pasos de él, Hinata lucía atónita.

— Terminemos con esto de una vez, Yamato. —Sasuke había reconocido la voz del capitán.

Por duro que le resultase había aprendido la lección. Por segunda vez en la noche Sasuke se entregaba voluntariamente. Por unos segundos los enmascarados parecieron renuentes a creer que la actitud de Sasuke fuera auténtica. Instantes después esposaban al joven.

Hinata salió del estupor al distinguir los grilletes. En ese instante las extrañas anillas metálicas que sujetaban las muñecas de Sasuke, como si de serpientes vivas se trataran, reptaron en torno a sus brazos cerrándoseles hasta el cuello. La mandíbula se le tensó levemente al joven cuando sintiera, en cadena, finos pinchazos perforando su carne. El metal emitió un suave fulgor al empezar a absorber el chakra.

El cuerpo de Hinata se movió por sí solo hacia Sasuke. No avanzó ni dos pasos cuando fue detenida.

— ¡Suéltame! —La histeria emanaba de sus ojos cuando tirara del agarre de su primo.

— No, Hinata-sama; es un asunto que él debe afrontar. —La voz de Neji era firme como su mano sujetándole del brazo.

— Tiene razón. —Aceptó Sasuke flanqueado ya por los ANBU.

— Pero Sasuke-kun, no…

— Yo arreglaré esto. —Le soltó con cierta dureza. Luego su mirar se volvió suave haciendo que a Hinata se le anudara la garganta. La joven se obligó, apelando a su condición de ninja, a no quebrarse, a mantenerse entera. — Tú debes descansar,… Además, no creo que pueda ser peor que donde estuve alojado anoche…

Ella lo vio amagar una sonrisa un tanto burlona. Sasuke pretendía con su comentario minimizar lo que enfrentaba en un intento por tranquilizarla.

— Estaré bien, Hinata.

El jefe del escuadrón dio la orden de retirarse y, en silencio, ella lo contempló desaparecer poco a poco. Hinata suspiró abatida, su garganta estaba seca, sus manos heladas y mil pensamientos llegaban saturándole la cabeza. No se inmutó cuando su padre mandó a todos retirarse ni se movió un centímetro cuando los demás atendieron la orden marchándose. Se había quedado por completo sola a mitad del patio, sobre su cabeza el cielo aún nublado hacía sentir el clima más frío. Si tan sólo se hubieran ido juntos, ya estarían muy lejos, a salvo…

Una mano sobre su hombro le hizo sobresaltarse levemente.

— Prométeme que no harás ninguna insensatez, Hinata. Sabes que el cuartel ANBU es impenetrable, atacarlos sería suicida... —A pesar del tono un tanto estricto la voz de Hanabi no ocultaba su preocupación. Abrazó con cariño a Hinata al ver el evidente desconsuelo que manifestaban sus ojos. El llanto de Hinata brotó silencioso mojando el hombro de su hermana. — Nee-san, calma, no olvides que hablamos de… Uchiha.

Hinata supo que el que su hermana remarcara el apellido ya no conformaba un insulto sino más bien significaba un recordatorio de la fuerza y dureza que Sasuke poseía por ser quién era, un hecho que ella estaba pasando por alto.

— Anda, entremos, ya es muy tarde y necesitas dormir; mañana tendrás mucho tiempo por delante, ¿está bien? — Hanabi le acarició el cabello. Hinata asintió y se enjugó las lágrimas.

La luna peleaba por salir cuando Hiashi las observara entrar en completo silencio. Él también se retiraría a descansar. Si es que podía hacerlo porque desde un buen rato dos pensamientos le desgastaban la mente: si bien se había librado de Uchiha le preocupaba que el Consejo de Konoha sancionara al Clan si éste revelaba su retención en las celdas negras; y el otro era el desasosiego que le causaba el aspecto de nuevo devastado de Hinata

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Desde el interior del dojo activó el Byakugan encontrando a Hinata en la cama. El cansancio acumulado por los sucesos acontecidos al final había hecho mella manteniéndola aún dormida. La noche anterior por segunda vez, después de muchísimo tiempo y viéndola tan abatida, Hanabi había pedido a su hermana compartir la cama. Más que el té tranquilizante que le había ofrecido, eso era en realidad lo que había ayudado a Hinata a conciliar el sueño.

El ceño de Hanabi se contrajo al percibir con su dojutsu los chakras de las dos personas que ingresaban al distrito. Descorrió la puerta del dojo viéndolas perfectamente. Por la hora lo más probable era que aún no hubieran pasado al edificio administrativo lo que significaba que si estaban allí era por alguna razón importante. Hanabi frunció los labios, quería que su hermana siguiera descansando pero también estaba segura que no le disculparía el que no le avisara sobre quienes acababan de llegar. Dejó su práctica y salió con rumbo a la mansión.

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La doncella que les traería el té tocó a la puerta. Los ojos de Hiashi no escondieron su reprobación al ver que no se trataba de ésta. Frente al líder de los Hyuuga, la mirada de Tsunade abarcó por completo a la joven. El aspecto otrora lozano de Hinata ahora era lo contrario. Lucía demacrada, los huesos de las clavículas comenzaban notársele mucho, y tenía unas ojeras que parecían labradas bajo sus ojos. La Hokage se preguntó si tal decaimiento tendría que ver con lo que sucedía con Uchiha.

— Gomenasai, Hiashi-sama, pero quiero estar presente. —Hinata saludó respetuosa a la Hokage y a Shizune; la última le sonrió levemente, pero sus ojos pardos no escondieron algo de aflicción.

— Deberías seguir en cama, Hinata. —Replicó el hombre pero ella se limitó a negar con calma.

— Esto es importante para mí, Hiashi-sama.

Hiashi sabía que no tenía caso insistir más, serían palabras echadas en saco roto. En los últimos días Hinata no hacía nada de lo que él esperaba u ordenaba. La Hinata de ahora distaba mucho de la pequeña niña temerosa que había sido y de la chica prudente de la que hasta hacía pocos meses se enorgulleciera. Hiashi aceptó su presencia sin gana alguna.

— Lamento la interrupción. Continúe, por favor, Hokage-sama. —Godaime no pasó por alto que aun con su aspecto Hinata había mostrado cierto halo de autoridad que no le había visto alguna vez anterior. La rubia prosiguió:

— Como decía, incluso con las faltas que enfrenta Uchiha, el Consejo me ha pedido verte porque seguramente el Clan Hyuuga también señalará algún cargo en su contra.

Tsunade esperaba. Quizá con la respuesta de Hiashi se revelara la incógnita del por qué Sasuke había irrumpido en el festejo. A sus oídos habían llegados ciertas teorías por demás absurdas para su gusto.

Hiashi observo cómo su hija tragaba con dificultad. Sus miradas blancas se encontraron, y aunque el rostro femenino parecía sereno en el fondo de sus ojos desvelaba la aprensión que sentía. Tsunade también miraba a detalles sus reacciones. Sus ojos almendrados se fijaron en el líder que desviaba la mirada contemplando por un instante la figura emblemática que identificaba a los Hyuuga.

— El Clan no presentará cargos. Lo que determinó el Consejo de Konoha para Uchiha es más que suficiente, Hokage-sama. —Dijo calmo. Tsunade asintió, la respuesta le había sorprendido pero lo supo ocultar. Conociendo al líder de los Hyuuga no era lo que esperaba.

Al oírlo el aire había regresado a los desprovistos pulmones de Hinata quien prácticamente estaba conteniendo la respiración. Con cierta emoción, la joven dirigió la vista a Shizune pero la asistente de Godaime seguía mirándole de manera mortificada. Era como si supiera algo que Hinata aún ignoraba. Entonces Hinata preguntó a la Hokage sobre los cargos que Sasuke enfrentaba.

Ataque ominoso a una autoridad diplomática y Transgresión deliberada de las leyes internas.

Hinata volvió a pasar saliva dificultosamente. Eran delitos graves, la pena por ellos sería contundente.

— ¿Cuáles… cuáles son las sanciones que deberá cumplir Sasuke, Tsunade-sama?

Hinata miró como los labios de la rubia se apretaron con rigidez. La tensión por la espera hizo que el filo de sus uñas se clavara en las palmas de sus manos. Con voz extrañamente seria, la Hokage le reveló el castigo que se aplicaría a Sasuke. En ese momento Hinata experimentó un pinchazo doloroso en el pecho, sintió como si una parte de su alma muriera.

— No… no pueden hacerle eso…—Apenas pudo articular las palabras. Por eso a su padre no le importaba hacer nada. Sus ojos observaron con cierto desprecio a Hiashi. El Consejo prácticamente haría lo que él mismo habría deseado para Sasuke. — Por favor, Tsunade-sama, haga algo, no lo permita… Sé que lo que hizo Sasuke-kun no es para menos, pero aun así se lo ruego no—

— No puedo hacer nada, Hinata. —La Hokage se levantó interrumpiéndola. Por la reacción de Hinata, las murmuraciones que recorrían Konoha sobre ella y Sasuke ya no le parecían del todo disparatadas a la rubia. Junto a Hinata, Shizune no podía ocultar su tristeza. — En situaciones como esta el Consejo de la villa está por encima del Hokage. La sanción fue tomada por ellos y por tal son los únicos que podrían rescindirla.

El palpitar del corazón de Hinata repiqueteaba con tal fuerza en sus oídos que le hizo pensar le estallaría la cabeza. No podría hacer nada. Era un enfrentamiento entre los hombres con más autoridad en la aldea, era Konoha misma contra Sasuke. El dolor en el pecho continuaba y su cuerpo parecía reacio a reaccionar, era como si sus huesos se hubieran petrificado y la sangre ya no quisiera circularle por las venas. Escuchó a Tsunade salir, oyó la voz de Shizune susurrarle un "lo siento" cuando pasara cerca, pero ella seguía con la mirada clavada en el piso.

En la habitación sólo habían quedado ella y su padre. Hinata no quería mirarle, encontrarse con sus ojos acerados que nunca le brindarían consuelo la derrumbaría. Él no quería a Sasuke, seguramente le había complacido saber que los separarían sin que los Hyuuga se ensuciaran las manos. De pronto todo lo relacionado con ellos le dio náuseas.

— Dejaré el Clan. Puede reunir al consejo y notificárselo. — Su voz fue baja pero clara, sin titubeo. Sabía que no le dejarían marchar siendo una Hyuuga. Así que renunciaría a su nombre y compartiría la misma consigna que Sasuke. Estarían en las mismas condiciones pero lo harían juntos. — Mi placa ya la tiene.

Hiashi le observaba desconcertado. Guardó silencio un buen rato, luego un largo suspiro escapó de su pecho.

— Últimamente actúas de la forma que menos pensaría de ti, Hinata.

El interior de Hinata se sacudió al percatarse del tono. Estaba lejos de ser el mismo que había tenido recientemente. Hinata se encontró entonces con una mirada inesperadamente distinta a la que esperaba de él: una mirada triste.

— ¿Así que te marcharás a su lado? ¿Sin importarte nada?

Irremediablemente Hinata dejó de sentir resentimiento hacia su padre. Él nunca dejaba visible su sentir, era férreo defensor del viejo lineamiento de nunca mostrar lo que se sentía o pensaba. Y ahora ahí estaba frente a ella, claramente angustiado. Quizá no era la ocasión para hacerle saber que por ningún motivo estaría dispuesta a desistir de lo que sentía, pero Hinata sabía que nunca habría momento idóneo para entablar una conversación con Hiashi en la que el tema principal fuera su relación con Sasuke.

— Lo quiero más que a nadie, Hiashi-sama.

Al sentir cómo se ruborizaba sus ojos se apartaron de Hiashi. Fue inevitable, siempre sucedía cuando exponía abiertamente esos sentimientos. Un leve remordimiento le sobrevino al recordar la noche anterior. Sasuke sentía exactamente lo mismo por ella y lo había dicho con la seguridad más absoluta en frente de todos con su padre incluido. ¿Así que por qué al decirlo ella tendría que parecer como si le avergonzara?

Hinata levantó la mirada. Sus ojos lucían vidriosos pero llenos de orgullo cuando los fijara sobre Hiashi.

— Lo amo, Padre, y él siente lo mismo por mí. Le di mi palabra de que pasaríamos la vida juntos y pienso cumplirla.

Ahora era Hiashi el que había apartado la mirada de ella. El emblema de los Hyuuga absorbía por completo la atención del hombre. Pero aunque Hinata no viera sus ojos, podía sentir el debate interno que su padre experimentaba.

Hiashi la había escuchado atento. De nuevo no había habido titubeo alguno en el hablar de su hija y el rubor que coloreaba sus mejillas no hacía sino resaltar más la sinceridad de sus palabras.

— ¿A pesar del dolor que tengas que enfrentar?

Hinata sabía a qué se refería su padre.

— Sí, sin importar qué pase, pienso mantener esa promesa. —Dijo segura.

Hinata lo escuchó exhalar despacio. No pudo evitar emocionarse al ver que la miraba y asentía suavemente. Quizá ya era tarde pero al fin su padre lo había entendido. Si Hiashi iba a comentar algo no hubo tiempo. Se escucharon voces estruendosas que Hinata de inmediato reconoció. La joven salió a intentar calmarlos. En su camino se topó con Neji que seguramente venía a informarle a su tío que el barullo que provenía de afuera era provocado por las mismas personas del día anterior.

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Llevada por la curiosidad Karin había utilizado su jutsu para ubicar a la pareja, conmocionándose al localizar a Hinata: en su propia casa. Corrió a la zona de entrenamiento del equipo siente donde Suigetsu entrenaba con Naruto. Minutos después los tres salían hacia al distrito Hyuuga para saber qué había sucedido y dónde se encontraba Sasuke. Cuadras antes de llegar se encontraron con Sakura (uno de los clones de Naruto había ido a avisarle). Nada más aproximarse ya estaban rodeados por miembros del Bouke, les recordaban del altercado del día anterior y para ellos ya no era gratos verlos tan cerca. Suigetsu saludó tratando de mostrarse amigable pero su sonrisa dentada sólo tensó más a los Hyuuga.

Por más que Sakura y Karin se deshacían explicando los Bouke mantenían su postura. Suigetsu estaba hartándose de tanto ruego y Naruto lucía a nada de explotar cuando la puerta se abrió. Hanabi había aparecido dando la orden que los dejaran pasar. Los otros entraron y antes de que la bombardearan a preguntas empezó primero.

— No les han mentido. Hinata está ocupada con nuestro padre. La Hokage acaba de irse, no sé a qué vino pero Hinata debe saberlo ya. Quizá tenga que ver con Uchiha… —Se aventuró a decir. Después miró con incomodidad a los jóvenes. — Uchiha está en el cuartel ANBU… Apresado.

La información dejó a todos boquiabiertos. Ahora tanto Karin como Naruto entendían por qué no habían podido ubicarlo. Hanabi no continuó más, en ese momento Hinata salía de la casa y se reunía con ellos. La chica lanzó tanto a Naruto como a Sakura miradas mortificadas.

— Hinata, ¿qué pasó, ttebayo?

Bajando el nudo que ya se había armado en su garganta, Hinata narró lo que había sucedido: cómo Sasuke la había desmayado para volver al distrito Hyuuga y la aparición del escuadrón ANBU al poco de llegar para apresarlo. Incrédulos, escucharon que el propio Sasuke no había puesto oposición. Hinata continuó repitiéndoles lo que la Hokage acababa de decirle. La turbación gobernó a todos cuando supieran el castigo que enfrentaría Sasuke. Naruto y Suigetsu bullían de furia. Karin y Sakura no ocultaron su pánico. Ésta última no podía creer que su maestra decidiera tal cosa.

— Hokage-sama no puede intervenir. En esta situación el Consejo de Konoha es el único que tiene la autoridad para desistir de tal decisión… —Hinata sollozó, la aflicción volvió de lleno a su pecho. Respiró hondo intentando recuperarse, llorando no ganaría nada. — Yo… Yo he decidido que me iré de la villa. Con Sasuke-kun.

— Nee-san… —Hanabi se le acercó asustada. — El clan no te permitirá—

— El Clan no puede obligarme porque no seré una Hyuuga.

El horror se reflejó en el rostro de Hanabi. Karin había palidecido abruptamente.

— Hinata,… Si te sellan el Byakugan existen muchas probabilidades de que puedas morir. —Dijo la pelirroja. La revelación estremeció a todos.

— ¡No, Hinata! ¡No podemos dejar que hagas eso, ttebayo! ¡Suficiente tenemos con lo de Sasuke para que se te ocurra pensar en algo así!

— Quiero mantener la promesa que le hice, y… Este es el único camino para cumplirla, Naruto-kun. —Su voz apenas había sido audible, sus mejillas lucían húmedas por las lágrimas que caían cuesta bajo. Con el mismo tono entristecido siguió: — Lamento si les doy más cosas de que preocuparse, pero es una decisión que ya he tomado.

— Lograremos sacar a Sasuke-kun, Hinata, y ya verás que—

— No, Sakura. —Negó impaciente. — Esta vez no hay manera de que podamos ayudar a Sasuke-kun…

— Hiashi-sama quiere hablarle, Hinata-sama. A ustedes también.

La voz solemne de Neji hizo voltear a todos al unísono. Desde la entrada de la Mansión Hyuuga, Hiashi los observaba. Tenía un tomo viejo en las manos y sus ojos lucían serios e inexpresivos de nuevo. Arriba el cielo estaba abierto completamente dejando sentir el aire límpido. Los días otoñales bañados de sol habían regresado.

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A diferencia de donde había estado recluido hacía unas noches, la celda de ahora le parecía acogedora. El motivo del cambio de la prisión ANBU a la de la Hokage le carcomía. Pero nadie se dignaba a contestarle cuando había preguntado. Miró a su alrededor, las paredes eran grises y las rejas que lo mantenían cautivo estaban dotadas de alguna técnica que bloqueaba el uso del chakra. Le habían retirado los grilletes pero aun con eso Sasuke sabía que estaba muy cerca de tocar fondo. Se tumbaba por ratos en la dura camilla de concreto, sin pegar ojo, todo el tiempo en un constante insomnio agotador. Con el que transcurría, serían ya dos días los que llevaba ahí. Esos, más el pasado en la prisión ANBU y añadiendo el tenido en las celdas negras, le daba un total de más de media semana tras las rejas.

Exhaló cansado. Una pesadez comenzaba a ganar terreno en su cuerpo.

Primero, encerrado por los Hyuuga, y ahora por la Hokage en conjunto con los viejos del Consejo. Se vio obligado a reconocer que sólo había cosechado lo que había sembrado. Aunque también había una ligera mejoría en su situación: los Hyuuga si se pudiera lo querían muerto, los altos mandos de Konoha seguramente sólo echarlo lejos para siempre. Sólo que no entendía por qué tardaban tanto en sentenciarlo.

Desterrado de Konoha…

Así que eso sería todo, dentro de poco comenzaría la cuenta regresiva para que terminara lo que había creído era un nuevo inicio. Sería un proscripto, y con ello, una vida al lado de Hinata no tenía cabida. Porque no la empujaría a compartir un destino así. Ella tendría que entenderlo. Y él aprendería a vivir sin su figura llena de esplendor cálido y sin esa sonrisa que podía removerle las entrañas. Del apellido Uchiha sólo quedaría registrado en los anales del tiempo el terrible suceso acaecido en su infancia porque él no había sido lo suficientemente inteligente y juicioso para reescribir una nueva historia. Le había fallado a su madre y a Itachi.

Una niebla de somnolencia estaba asentándosele en la cabeza cuando quienes le custodiaban llegaron a la celda. De forma hostil fue instado a ponerse de pie y salir. Con pesadez lo hizo. Caminaron entre los silenciosos pasillos de detención. Las pequeñas ventanas que rozaban el techo dejaban colar la luz del sol con lo que Sasuke dedujo que la mañana ya estaba muy avanzada.

Pensó que le llevarían al despacho de Hokage aunque tampoco fue una sorpresa el ver que tomaron las escaleras que conducían a la planta alta del edificio. El lugar le resultó familiar. Era la segunda vez que estaría allí. Sólo que esta ocasión era todo lo contrario a la primera, en aquella había llegado con Kakashi para pedir que lo aceptaran como ninja de nuevo; ahora entraría en espera de un dictamen nada halagüeño sobre su destino.

La puerta se abrió y la charla que acontecía cesó al punto. Todos los concurrentes se concentraron en Sasuke. Él miró a las caras que tenía frente a sí examinándole. La Hokage no se molestó en mirarlo, parecía muy interesada en los documentos que revisaba, los viejos consejales como siempre no ocultaron su antipatía. Esta vez no eran los únicos esperándole, otros shinobis también estaban presentes. Sasuke los conocía y sabía que encabezan el mando de los principales clanes de la aldea. El joven se mantuvo impávido cuando sus ojos dieron con el hombre de ojos perlas que le regresaba el mismo tipo de expresión indolente.

— Se ha analizado tu situación detalladamente, Uchiha Sasuke. —Empezó Tsunade.

El joven observó atento a la Hokage. Había un destello fuera de lo común en sus ojos. El asombro tomó por sorpresa las facciones de Sasuke al escuchar de Tsunade que con el retiro de la acusación por parte de los del Feudo del fuego tal delito quedaba improcedente.

Sasuke caviló sobre ese hecho. Si el Feudal había emprendido acusaciones en su contra y luego las había retirado, decididamente, era porque quizá alguien había intervenido a su favor y debía ser alguien con igual nivel de poder. ¿Pero quién con tal autoridad abogaría por él?

— Aun con eso no podemos pasar por alto la grave violación a los reglamentos establecidos, ni la total falta de respeto a la autoridad. Las sanciones dispuestas para un shinobi que comete tales actos son el retiro del nombre como miembro de la aldea de Konoha así como la expulsión inmediata de la villa. Y al ser considerado de alta peligrosidad para el mundo ninja se determina también el sello permanente y total del chakra.

La sentencia que acababa de dar a conocer Tsunade resonaba en la cabeza de Sasuke. Eso era peor que morir para un ninja. Con la mirada opaca, clavada en sus inquisidores, reconoció que el conteo al fin había llegado a cero. Vio a Tsunade enderezarse en su asiento y levantar la barbilla al dirigirse a él de nuevo.

— Pero como bien se nos hizo saber, el Consejo y yo no podemos imponer deliberadamente tales medidas por ser tú el único miembro de tu clan y por tanto el último portador del Sharingan… —Al oír eso el recelo apareció en el rostro de Sasuke. — Así que por ello debe acatarse lo designado por el antiguo Estatuto de genealogía ninja que prioriza la supervivencia de un Dojutsu ancestral. Si esta opción se eligiera la sentencia resultaría en el cumplimiento de un castigo administrativo, el sello temporal del chakra y la observación de un periodo bajo prueba. Pero siempre y cuando ésta sea avalada por cada uno de los miembros de la Asamblea Superior de Clanes.

Los ojos negros de Sasuke se contrajeron levemente: ahora entendía que hacían allí el resto de las cabezas de familias importantes de Konoha.

— Con uno solo de los clanes que decida no aceptar quedará como único fallo el ya decidido por Consejo. La votación debe ser unánime. —Le esclareció la mujer.

"Unánime" El hilo de esperanza que había aparecido se desvaneció al instante que recordara al conjunto de rostros apáticos que le rodeaba. Sasuke sonrió con amargura para sus adentros.

La Hokage comenzó nombrando al Clan Inuzuka. Sin apartar sus fieros ojos cafés de Sasuke, Tsume Inuzuka dio su veredicto. Segundos después la voz grave de Shikaku Nara sonaba al dar su respuesta. Una a una fueron escuchándose las respuestas del resto, Sasuke entendió que la somnolencia le había vencido y jugaba con él montándole ese escenario. La turbación e indignación reflejada en los tres consejales le hizo saber que nada era producto del sueño ni del agotamiento. Tsunade no pudo reprimir una sonrisilla.

— Por último, Hyuuga Hiashi, líder del Clan Hyuuga, ¿cuál es su resolución? —Tsunade miró fijamente al mencionado.

La atmósfera se tornó más que abrumadora. Sólo había dos puntos en los que todos enfocaban su atención: el célebre usuario del Byakugan y el último portador del Sharingan.

Exhausto, Sasuke clavó la vista en el padre de Hinata. El líder de los Hyuuga mostraba la misma seriedad e indiferencia de siempre. A pesar de lo que sucediera Sasuke no podría reprocharle nada a Hiashi. Si éste le consideraba una amenaza era porque su actitud insolente le había dado motivos. Hiashi sólo era un hombre intentando proteger lo que amaba.

Todos escucharon con claridad la voz solemne de Hiashi al dar su respuesta.

Al escucharlo fue como si el Juken mismo lo hubiera golpeado. Exhaló agotado, pensó en Mikoto y en Itachi. Y con toda la fuerza que tenía, deseó estrechar a Hinata en sus brazos y sentir su calidez.

Un velo de pétrea seriedad cubría el rostro de Hiashi, resultaba difícil dilucidar qué pasaba por su mente. Sus ojos estaban puestos sobre Sasuke. Hiashi pensaba en ese momento cuánto le hubiera gustado que su Byakugan no sólo revelara el espacio sino también el tiempo. Así podría lanzar un vistazo hacia el futuro y conocer si no se había equivocado en la decisión de apoyar a su hija; cosa que involucraba hacer lo mismo con el hombre que ella amaba y que era a quien ahora veía.

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Cada alborada traía un relente más frío, quizá ya pronto los habitantes del Konoha necesitarían comenzar a usar ropa más abrigadora.

A Sasuke le tomó por sorpresa que el caminillo de piedras que recorría estuviera visible, y al llegar al final de su destino se mostró extrañado al ver que la pequeña construcción no estaba descuidada como él creyera.

Se había despertado desde muy temprano. No quería admitirlo pero una sensación extraña le cosquilleaba en el fondo. Entonces había recordado aquellos lejanos días de su niñez en los que aún estaba su hermano. Cuando era pequeño, el primer día de cada mes se levantaba al alba sólo para acompañar a Itachi en donde ahora se encontraba. Él no sentía inclinación hacia esos temas, pero si Itachi lo hacía entonces él no podía decepcionarlo. Se le unía silenciosamente limitándose a imitar cada movimiento de su hermano mayor.

Con manos dentro de sus bolsillos y un cúmulo de recuerdos en su cabeza se acercó más. Sacó un encendedor y la pequeña flamita iluminó tenuemente su rostro serio. El humillo del incienso sacro se elevó en una espigada columna perdiéndose en las alturas y su aroma perfumado comenzó a esparcirse con lentitud en el solitario lugar. Paso un rato largo mirando cómo se consumía.

El antiguo santuario Shinto que residía en la zona norte de los terrenos era visitado de nuevo por un Uchiha después de muchos años de olvido. En una ocasión su madre les había dicho que a los dioses no se les pedía sino que se les ofrecía, para que cuando se avecinaran momentos delicados en la vida la benevolencia de éstos estuviera con ellos y así las pruebas difíciles serían más rápidas de superar. Sasuke acomodó el incienso en un desgastado depósito. Cuando el primer rayo de luz se coló entre las desnudas ramas tocando las tejas del santuario, justo como lo hiciera hacía años con Itachi, Sasuke unió sus palmas en tres suaves golpes e hizo una leve reverencia ofreciendo el pequeño incienso a la diosa Amaterasu cuya figura residía solitaria en el fondo del pequeño altar.

El olor dulzón y penetrante se filtraba a sus orificios nasales cada vez que respiraba. De niño le fastidiaba el olorcillo, ahora le parecía agradable, incluso relajante. Pero era porque el aroma le detonaba una miríada de recuerdos preciados. Remembranzas valiosas en las que estaban su madre y su hermano.

— Intento hacerlo de nuevo, Nii-san... Comenzar. —Murmuró con voz ronca y nostalgia desmedida en los ojos. — Hay alguien por quien vale la pena hacerlo. Te habría caído bien... —Sus manos volvieron a sus bolsillos. El incienso se consumía de a poco. La imagen de Mikoto y sus ojos comprensivos llenaron las pupilas del joven. — A Oka-san también le habría agradado.

Su madre y su hermano ya no estaban con él pero si de algo estaba seguro era que a ambos les habría simpatizado la mujer que había elegido para compartir su vida. Uno tras otro los rayos de luz solar comenzaron a llenar de más claridad. Los pájaros empezaron a romper en trinos clamorosos la relajadora quietud.

— Es una Hyuuga, Nii-san, Oka-san. Y lo mejor que me pasará jamás... —Las facciones de Sasuke se tornaron cálidas. Y es que sin duda lo que más les habría gustado a su hermano y su madre era ver todo lo bueno que Hinata le brindaba a su vida. Porque él había sido un atormentado hasta que ella había aparecido confortándole el alma, insuflándole ganas de ser diferente, de continuar.

Sasuke respiró hondo, una sensación de bienestar parecía súbitamente haberlo embargado. Con andar sereno volvía de sus pasos, el cielo ya empezaba a teñirse de rosa. Aceptaba para sí mismo que no era un tipo religioso, ni siquiera creía en la existencia de algo que no fuera lo que veían sus ojos, pero debía reconocer que el ir ahí le había hecho sentirse irremediablemente más tranquilo. Volteó hacia el santuario y momentáneamente creyó ver a su madre y su hermano mirándole con afecto.

Llegó uno de los linderos que unían su distrito con el de los Hyuuga y esperó sentado bajo un inmenso roble.

Cuando había librado la sentencia del Consejo, la primera persona que había buscado al salir había sido ella. Hinata se había aferrado a él con fuerza increíble, y aunque sus ojos blancos lucían cansados, le sonreía con tal plenitud que Sasuke evitó reñirle cuando notara que estaba muy delgada. Sasuke no había ocultado su sorpresa al saber que el líder de los Hyuuga había intervenido por él ante el feudo de país del Fuego, él y el nefasto de Gaara; y que también había sido Hiashi quien había apelado a que se le juzgara por el antiguo estatuto de dojutsus. Naruto y el resto se habían encargado de convencer a los cabezas de familia pero Sasuke sabía que el hecho de que Hiashi estuviera moviendo los hilos había tenido mucho que ver en que resolvieran a su favor. No hubo necesidad de prometerle a Hinata que no haría estupideces que comprometieran su estadía en la villa pues ella le aseguró que de eso los mismos Hyuuga se encargarían, ahora también su apellido estaba en juego. Al saber de qué hablaba, Sasuke no pudo rechistar.

El trinar de los pájaros se detuvo y Sasuke entrecerró los ojos cuando una ráfaga de viento llegara hasta él. Una de sus cejas se enarcó.

— Baja de una vez, Hyuuga.

Neji aterrizó junto a él.

— ¿Cómo supiste que era yo, Uchiha?

— No me subestimes cuando se trata de ti. —Dijo poniéndose de pie. — ¿Y cuál será la labor de hoy?

— Cargar cestas en una granja. Hay tomates, escuché que te gustan.

— Es la segunda cosa que más me gusta de esta aldea. —Confesó mientras caminaban entre el bosque.

— ¿Y cuál es la que tiene el primer lugar? —Neji le dedicó una mirada curiosa.

— Hinata Hyuuga. — Sasuke asintió seguro.

El sonrojo fue inconfundible. Para tener sellado el chakra Sasuke se movió rápidamente.

Se iba a cumplir un mes desde la última vez que la había visto. Por lo regular Neji o alguno otro de los Bouke eran quienes se habían encargado de custodiarlo para que realizara las actividades encomendadas por su castigo. Cada mes tendría que ir al distrito Hyuuga para firmar el informe que Hiashi entregaba al Consejo, y él confiaba que ese día estuviera ella allí para verla. Sabía por Naruto y Sakura que junto con Hiashi estaban en una especie de recorrido por las distintas villas del País del Fuego comenzando a hacer que como futura cabeza de los Hyuuga se relacionara con el resto de los líderes extranjeros de Konoha.

Había sido una sorpresa muy grata que esta vez fuera ella quien le vigilara, al menos quizá si se descuidaba podría robarle un beso.

— ¿Así que no te engañé? —Dijo Hinata con las mejillas ardiendo, sonreía feliz entre los brazos que la apresaban.

— Ni un solo segundo. Neji nunca olería así de bien. —El joven apoyó la nariz sobre el cuello de la muchacha haciéndola estremecer.

Hinata se separó lentamente. Le sonrió con dulzura.

— Espera, Sasuke-kun.

Sasuke imaginaba eso. Sabía que por mucho que lo amara, ella se portaría seria en su labor de vigilar que cumpliera la actividad del día.

El asombro lo inundó cuando de repente fuera ella quien lo atrajera hacia sí. Todo desapareció a su alrededor cuando sus labios se vieron atrapados por los de Hinata en un beso apasionado. Los roces de la lengua femenina le creaban llamaradas que hacían a su sangre desbocarse caliente por todo el cuerpo.

— Se supone… que eres mi guardia, Hyuuga. —Suspiró agitado sobre sus labios.

— Te he extrañado demasiado, ¿no me has extrañado a mí, Sasuke-kun?

Escucharla nombrarlo así, con tal deseo, no hacía sino desatar el suyo más. El Consejo podría haberle sellado el chakra pero su libido enardecida por Hinata Hyuuga se mantenía intacta.

— Cada día, Hime.

— Espero no hayas tenido un mes tan difícil.

— Los Hyuuga no son tan insoportables como pensaba. Quién iba a decir que podríamos estar juntos sin que quisieran encerrarme…

El tono burlón de él volvió a sacarle una sonrisa. Hinata le lanzó un golpe, ademán que él aprovechó para jalarla hacia él y besarla de nuevo. El beso fue casi igual de intenso que el primero.

— ¿Cuándo volviste?

— Ayer. Le pedí a mi padre ser yo quien estuviera contigo este día…

Mientras retomaban el camino hacia donde Sasuke ayudaría, la joven le habló emocionada lo mucho que había aprendido sobre las distintas villas que había visitado. Sasuke la miraba con atención dándose cuenta que le gustaba verla así, radiante. Si de él dependía iba hacer que Hinata estuviera feliz siempre. Porque era lo que ella con su presencia causaba en él, un estado que nunca pensó experimentar. Hinata le llenaba de energía, y al mismo tiempo hacía sentir a su espíritu en equilibrada calma.

Al día siguiente Sasuke tendría que ir al distrito Hyuuga a firmar el primer informe. Las dos últimas ocasiones allí Sasuke había terminado maltrecho y encerrado. Esperaba que esta vez no actuara igual. Aunque no lo sabía, no todos los días al líder del clan más poderoso de la villa un renegado en reivindicación le diría que se casaría con su hija.

Sasuke la tomó de la mano. Sus dedos finos se entrelazaron con los de él, y un calorcillo agradable lo abordó al ver que Hinata se sonrojaba levemente. No importaba que sucediera, Sasuke estaba dispuesto a pasar lo que fuera por ella. Había escuchado una vez que los Hyuuga habían tenido que ver con el origen de los Uchiha, no sabía si era verdad, nunca había ahondado del todo en la historia, pero lo que sí sabía era que la razón primordial de ese nuevo inicio era una de ellos.

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Halló!

Este capítulo estuvo lleno de cambios y agobios, porque batallé mucho para que me agradara (últimamente siento que he perdido un poco la costumbre de escribir) no mentiré si les digo que la primera versión que tenía pensada no es nada parecido a esto que salió, sin embargo ésta me gusto mucho más.

Juro que dentro de dos días subiré de nuevo el capítulo con la contestación a los reviews sin cuenta que me dejaron en el capítulo anterior, n_n

No falta nada para que esto acabe, así que muchas gracias por mantenerse al pendiente de la historia, por su paciencia divina.

Espero nos leamos muy pronto.

Gracias por leer.