DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a la grandiosa Stephenie Meyer... la admiro tanto!... okz okz... yo solo plasmo las ocurrencias de mi mente y juego con sus personajes.


Una Mano muy Traviesa

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Capítulo 4

JAKE POV

―¡Buenos días, gente! ―traté de sonar lo más alegre posible, porque la verdad no me consideraba el actor más emocionado del mundo.

Ayer por la noche había recibido una llamada de Nahuel, un viejo amigo al que conocí en un taller de actuación hace 5 años. Siempre nos mantuvimos comunicados, pero debido a mi apretado horario, muy pocas veces podíamos salir a tomarnos unos tragos. Y más en esta ocasión. Él estaba muy emocionado por su primer protagónico y yo estaba feliz por él.

Desafortunadamente, mi estado de ánimo cambió durante y después de esa llamada. Él sonaba sumamente preocupado y triste. Había sufrido una grave caída, lo que causó una fractura del fémur derecho, muchos hematomas y un esguince en la espalda. El hombre casi no podía hablar mientras estaba al teléfono. Yo escuchaba alucinado todo lo que él me decía. Lo comprendía. Yo me sentiría devastado si me hubiese pasado lo mismo.

Pero me envaré cuando escuché sus siguientes palabras: "Sé mi reemplazo, Jake. Puse todo de mí en ese proyecto. No puedo permitir que cualquier otro actor me suplante. Tú eres mi amigo. Por favor. Por nuestros años de amistad."

Me quedé en silencio por un largo rato, decidiendo, pensando. Me habían ofrecido un papel importante para una película de guerra. ¿Qué hacer?

En el último momento, cerré mis ojos con fuerza y dije: "Está bien. Lo haré". Inmediatamente, mi puño se metió en mi boca, ante lo que había salido de ella. Iba a rechazar una gran producción por hacerle un favor a un amigo.

Después de mi respuesta, Nahuel hablaba emocionado, sobre el guión, que me lo enviaría en unos minutos, que el director era un genio, que la historia era hermosa y que su coestrella era una hermosura y a que no adivinaba de quién se trataba. "Será una sorpresa", me dijo. Yo no estaba de humor en ese momento, así que después de que me diera la dirección y hora para acercarme a comenzar las grabaciones, me despedí y me dirigí a tomar un par de vasos de whiskey. Luego, me recosté y me forcé a dormir.

Y, para variar, volví a soñar con ella. Eso ya formaba parte del final de todos mis días desde que la conocí.

Nahuel me sacó de mis pensamientos.

―Les presento a Jacob Black, aunque creo que ya todos lo conocen. Él será mi reemplazo, ya que lamentablemente por obvias razones no podré formar parte del cast.

El director se me acercó y me dio la bienvenida, y así lo siguieron otros miembros de la producción.

Pero de pronto, había alboroto en la parte trasera del estudio.

―¿Se desmayó?

―¿Qué le pasó?

―¿Estará bien?

―Creo que ahora nos quedamos sin la coestrella de nuestro nuevo protagonista.

Oh, eso siempre sucedía. Me refiero al desmayo. Digo, yo siempre causaba que una que otra chica se desmayara, aunque esta vez ni la miré ni la saludé ni nada. Debe ser mi madurez que ha hecho que mi…

―¡Renesmee, hija, responde!

Mi cabeza giró con tanta rudeza y rapidez que hizo que mi cuello sonara horriblemente. Creo que me torcí unos huesos. Pero eso no me importaba. Ms ojos buscaban con desespero a la dueña de esa voz que acaba de gritar.

La vi.

Era Isabella Cullen. Su rostro era inconfundible. Ella lucía muy preocupada, desesperada, con miedo. La gente se iba amontonando a su alrededor, y yo casi los empujaba para acercarme.

Hasta que la vi.

Tendida en el suelo, e inconsciente, estaba Renesmee Cullen. No podía creerlo.

―¡Ayúdenme, por favor! ―gritaba Isabella.

En menos de un segundo, hice a un lado a todos los que me cerraban el paso y llegué hasta ellas.

―Tenemos que llevarla a la enfermería. ¿Puedo? ―le pregunté, haciendo ademán de tomar en mis brazos a Renesmee.

―Sí, por favor. Rápido.

La cargué con cuidado, recostando su cabeza en mi pecho. Rápidamente, su olor invadió mis fosas nasales. Mi corazón se apretó y no me importó. Había ansiado esto por mucho tiempo.

―Jacob, llévala directamente a la ambulancia. Están preparados.

Asentí a lo que me dijo el director de la película, cuyo nombre no recordaba.

Isabella no paraba de hablarle a Renesmee, pero esta no respondía.

Ya casi cuando estábamos llegando, sentí una de sus manos reposar en mi pecho, justo al lado de su cabeza. Ella estaba reaccionando.

Los paramédicos se acercaron con la camilla y me indicaron que la recostara con suavidad. Les obedecí, pero no pude alejarme.

Ella me tenía agarrado de la chaqueta. Su puño se cerraba en el cuello de mi polo, llevando consigo también parte de mi casaca de cuero. En ese momento, su madre se acercó y vio lo que sucedía.

―Oh, disculpe. Ella hacía eso con su padre cuando era pequeña. Renesmee, cariño, tienes que soltarlo. ―le dijo Isabella como si en serio le hablara a una niña de 5 años.

Ella intentaba abrir el puño de su hija, pero no lo conseguía.

―No. ―susurró Renesmee. Ese pequeño movimiento de sus labios causó muchas cosas interesantes en mi interior.

―Cielo, él no es papá; es Jacob Black. Tienes que dejarlo ir.

Yo ya me encontraba divertido por la situación, así que solo escuchaba, sin intervenir.

Renesmee abrió un ojo lentamente y cuando vio quién era, alejó su mano inmediatamente de mi pecho y de mi ropa. Ella volvió a cerrar los ojos.

―Lo siento. ―susurró.

Iba a responderle, pero su madre me ganó.

―¿Cómo te sientes, hija? ―Isabella comenzó a tocarla por todas partes, como corroborando ella misma que todo estuviera bien.

―Estoy bien, mamá. Solo fue un… simple desmayo. ―ambas se miraron de una forma extraña que no supe entender.

—Te dije que te comieras todo lo que coloqué para ti sobre la mesa. —le regañó su madre.

—Mamá, por favor. —casi le suplicó Renesmee.

Decidí intervenir. Carraspeé.

—Si gustan, puedo pedirle a… al director que vayamos a comer algo antes de comenzar. —ofrecí, mirándola.

—No, gracias. Estoy bien. —respondió sin mirarme. Luego se dirigió a todos los presentes.— Lamento esto. No quise armar un alboroto.

El director se acercó a hablar con ella, y luego se decidió continuar el día.

Todos nos sentamos en una gran mesa y se dio inicio a una reunión. Se suponía que hoy comenzábamos a filmar, pero debido al cambio inesperado de protagonista, tenían que haber ciertos cambios y obviamente yo tenía que ser informado de las condiciones, la duración de las grabaciones, las locaciones, y otras cosas.

Renesmee y yo casi no hablamos en todo el día. Las pocas veces que le pregunté algo, ella solo contestaba con monosílabos. Me estaba evitando. Lo sabía. Solo que no entendía la razón. ¿Por la noche que pasamos?

No podía ser. Habían pasado meses. Y aunque yo no había olvidado ni un solo segundo de ella, saber que había sucedido me causaba muchas cosas, menos sentir repulsión, rechazo o negación. Entonces, ¿qué le pasaba a ella?

Oh, ahora entiendo. Claro. Debe ser eso. Ella debe estar avergonzada porque, así como Cenicienta, ella dejó olvidado algo en mi departamento. Claro. Eso es. Pero no era para tanto. Digo, puede ser que yo lleve esas bragas a casi todos los lugares a los que voy, pero para ella son unas bragas más. A menos que hayan sido como sus bragas favoritas o una de esas cosas de mujeres.

Como sea, cuanto tenga oportunidad, le diré que no se preocupe, que de hecho esas bragas ya no existían porque la que hace limpieza las había tirado a la basura. De ninguna manera le iba a devolver esas bragas. No. Ella no lo sabría nunca, así que…

—¡Jake! —reacciones después de escuchar que me llamaban.

—¿Sí?

—Te dije hace treinta minutos que vinieras para hablar sobre las locaciones.

—Oh, sí, claro. Lo siento. Me distraje un momento. —fui junto con el productor hacia la oficina de John, el director de la película. Sí, por fin sabía cómo se llamaba. Ahí ya se encontraba él, algunos miembros de la producción y… mi agente.

Casi me había asesinado cuando la había llamado para decirle que había aceptado grabar una película independiente en vez del otro gran proyecto que la tenía de cabeza. Al final, tuvo que aceptar mi decisión. Al menos se alegró un poco cuando se enteró que Renesmee sería mi co-estrella. Hasta ahora no entendía por qué fue lo único que la calmó de su arranque.

—¡Jake! —escuché que John me llamaba, y sintiendo inmediatamente un pellizco proveniente de los dedos de mi querida agente.

—¿Decían? —traté de poner mi expresión más seria y comenzar a prestarles atención.

—¡Dios, hombre! Llevamos llamándote hace horas. ¿En qué mundo estás? —me preguntó John, riéndose.

Yo sólo sonreí torcidamente y negué con la cabeza.

Oh, yo tal vez me encontraba en el mundo de "Las bragas de Nessie y yo".

Nessie.

La tendría nuevamente. Ese era un hecho.

Pero parecía que me iba a tardar mucho para lograrlo.

Cinco días ya habían pasado y seguíamos igual. No habíamos tenido oportunidad de hablar. Y menos hablar de esa noche y de sus bragas, no si su mamá estaba siempre con ella. O más bien, no si ella estaba todo el tiempo pegada a su mamá. Y es que parecía una lapa. Parecía su siamesa. Y ya no sabía si hacía esto también para evitarme. ¿Tanto así?

Hoy ya era el sexto día, así que veremos qué tal.

Yo siempre llegaba más temprano. Para escabullirme en el estacionamiento y observarla llegar. Era hermoso verla sonreír genuinamente a su madre, verla actuar con naturalidad. Me hacía conocerla mejor, me hacía… desear que sea así conmigo.

Esta vez, ella llegó sola. Y lucía muy nerviosa. Se mordía el labio cada tres segundos, y miraba a todos lados, como sabiendo que yo la estaba observando. Me escabullí nuevamente y me adentré en el estudio. Ella no podía saber que yo me escondía para espiarla todos los días.

La mañana comenzó como todas las anteriores. Ella había explicado a todos que desde hoy, su madre ya no podría acompañarla debido a que se había emprendido en un proyecto como productora.

Eso me hizo sonreír para mis adentros. Ahora iba a estar sola.

La tendría sólo para mí.

Otro anuncio importante fue que el día de mañana podríamos comenzar con las grabaciones. Por fin. John había dicho que nosotros tendríamos una buena química como pareja, y que no era necesario ensayar mucho. Yo acepté encantado. Estaba ansioso.

Pero no todo podía ser bueno.

Cuando llegó el almuerzo, y me emprendí en seguir a Renesmee para comer juntos, un alboroto en las afueras del estudio llamó mi atención. Había paparazis por todos lados, acosando a una persona. Cuando estiré el cuello para ver de quién se trataba, supe lo que sucedía.

A lo lejos, vi la silueta de Renesmee detenerse y ver desde las sombras a los paparazis. Ella sintió mi mirada y volteó hacia mí. Nos miramos por lo que parecieron horas. No supe interpretar lo que había en sus ojos. Ella desvió su mirada hacia mi costado, y en ese momento sentí unos brazos rodearme t flashes dispararse hacia mí, puesto que nos encontrábamos casi en el estacionamiento subterráneo del estudio y estaba un poco oscuro.

Renesmee sonrió con tristeza y se fue. Quise en ese instante tirar a Leah y correr detrás de Nessie, pero me contuve solo por respeto. La llevé dentro, indicando a los guardias de la entrada que no dejaran pasar a ninguno de los paparazis. Tiré del brazo de Leah hacia un lugar apartado y al llegar la solté.

—¿Qué rayos haces aquí? —le pregunté con brusquedad.

—Sólo vine a visitarte, Jake. —contestó ella fingiendo inocencia. Golpeé con mi puño la pared que estaba detrás de ella.

—¡No! Sé perfectamente lo que intentas hacer. ¿Qué carajos pasa contigo? ¿Por qué haces esto? ¡Tú y yo nunca tuvimos nada! Si antes hicimos que nos fotografiaran juntos fue porque casi nos obligaron a hacerlo. Nada más. Por publicidad. Y tú y yo lo sabíamos perfectamente. Tú no me quieres y yo a ti tampoco. Entonces, ¿qué diablos haces aquí? ¿Lo hace sólo por fama? ¿Acaso no tienes dignidad? ¡Tú no necesitas esto para ser famosa! Haz películas, series, spots, o involúcrate con otro pendejo que busque lo mismo que tú, pero ¡no vengas a hacer esa mierda conmigo! ¿Entendiste? Si lo vuelves a intentar, Leah, te juro que te vas a arrepentir.

Estaba totalmente furioso. Sin dejarla decir ni una sola palabra, me fui echando humo, rogando tener suerte para evitar a los paparazis y huir de ellos para buscar a Renesmee. Tenía que hablar con ella ahora…

… Pero no lo conseguí. La busqué y busqué pero no di con ella. No tenía ganas de comer, así que casi una hora después, regresé al estudio. Ingresé por la parte trasera por si los paparazis seguían allí.

Una vez dentro, busqué nuevamente a Renesmee. En el set de grabación estaban casi todos, pero ella no. John me dijo que aún no regresaba, así que, disculpándome un momento, me dirigí hacia el recibidor para esperarla.

—¡Ayuda! —gritó una voz conocida. Era Leah. Estaba seguro. ¿Tan obstinada era que aún no se iba? Tal vez estaba tratando de llamar la atención nuevamente.

Con paso desganado, me dirigí hacia el origen de su "grito desesperado". Provenía de las escaleras de emergencia hacia el estacionamiento.

—¡Por favor! —gritó nuevamente, ahora llorando. Froté mis ojos con ambas manos, dándome paciencia.

—¿Ahora qué…? —me paralicé donde me encontraba, mirando escaleras abajo.

Leah estaba llorando, asustada, desesperada, sin saber qué hacer. Se encontraba de rodillas, inclinada hacia adelante, sin saber si tocar o no al cuerpo inconsciente que yacía delante de ella.

Renesmee.

Ella estaba allí, desmadejada. Y había sangre que, al parecer, provenía de uno de sus muslos.

Me lancé por las escaleras, asustado. Y me tiré al costado de Renesmee, haciendo a un lado a Leah de un manotazo.

—¡Nessie! —la llamé, pero no respondió. Dos de mis dedos fueron a su cuello para tomarle el pulso. Estaba un poco débil. —¿Qué sucedió? ¿Qué le hiciste? —casi grité a Leah.

—Jake, yo… te juro… que no provoqué esto… No la empujé. Ella tropezó y… te lo juro, Jake. —decía sin parar de llorar. Se había rodado por las escaleras.

La levanté lo más suavemente posible. —¿Qué estás haciendo?

—Tenemos que llevarla a un hospital. Rápido.

—Pero…

—¡Sígueme, Leah!

Ella obedeció y fue corriendo detrás de mí.

Ya en el estacionamiento, saqué con dificultad las llaves de mi auto con mi mano ensangrentada y se las lancé a Leah.

—¡Conduce!

—¿Qué?

—¡Conduce, maldición!

Leah abrió una de las puertas traseras de mi camioneta y me adentré junto con Renesmee, apoyando su cabeza en mi regazo. El auto fue encendido y puesto en marcha.

—¿A d-dónde?

—Al Cedars-Sinai. Es el que nos queda más cerca. ¡De prisa!

Mientras el auto avanzaba, inspeccioné el rostro y cuerpo de Renesmee. No veía ninguna herida en la pierna. Tal vez la cadera o la parte baja de la espalda. Tenía que encontrar la herida si quería parar el sangrado.

Me daba miedo moverla. Pero al mismo tiempo, tenía que hacerlo si quería evitar que perdiera demasiada sangre. Levanté un poco su pierna izquierda. Nada. La pierna derecha. Tampoco. Lo coloqué de costado. Ninguna herida a la vista.

¿Entonces…?

—Ella está sangrando por… ya sabes. No lo entiendo. —Leah hablaba sin dejar de mira la carretera.

Fruncí mi ceño. ¿Ness estaba sangrando por…? ¿Como el periodo menstrual? Tal vez ella estaba con la regla, y luego se cayó por las escaleras y por eso…

—¿Sabes si ella…? —Leah no terminó su pregunta, y yo no la pude captar.

—Ella, ¿qué Leah? —comenzó a negar con la cabeza, pero iba a contestarme…

… Cuando sentí un movimiento en mi regazo y un gemido lastimero salió de los labios de Renesmee.

Mis manos volaron a su rostro.

—Renesmee, ¿puedes oírme? —ella comenzó a abrir los ojos con dificultad y fijó su mirada en mí. Intensa. Penetrante. Transmitía miedo, dolor y súplica.

—Jac-ob… Jacob… no lo dejes… —cada palabra era como un puñal enterrándose cada vez más en mi corazón. Ella estaba sufriendo mucho.

—Shhh… todo estará bien. Te pondrás bien. —le susurré con suavidad, acercando más mi rostro al suyo.

Ella negó con la cabeza.

—No dejes que muera… por favor… —gruesas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, y sollozos hirientes eran emitidos por sus labios, haciéndome sentir como el hombre más inútil del universo en este momento.

No comprendía lo que me decía.

—Sálvalo… no lo dejes… Jacob… —sus sollozos se convirtieron en gemidos y dos segundo después volvió a perder la consciencia.

—¡Oh por Dios! —exclamó Leah, y a continuación sentí el carro acelerar, haciendo chocar mi espalda contra el asiento.

—¿Qué…?

—Tenemos que apresurarnos. Ya vamos a llegar. Cuando estemos allí, abriré tu puerta y bajarás a Renesmee con mucho cuidado. Mientras, yo iré a conseguí un doctor y una camilla para transportarla. ¿Entendiste? —me preguntó con urgencia.

—Sí. —estaba confundido. No entendía por qué el humor de Leah había cambiado. ¿Qué estaba mal… además de lo obvio?

—Llegamos. Muévete, Jacob.

Leah saltó del auto, abrió mi puerta y fue corriendo a la entrada del hospital. Yo cogí a Renesmee y, obedeciendo a Leah, la saqué con mucha delicadeza.

Cuando traspasé las puertas del hospital, varias enfermeras se acercaron corriendo, empujando una camilla. Me ayudaron a recostar a Nessie y volvieron a empujar la camilla, llevándose por un pasillo.

Sin querer alejarme, cogí una mano de Nessie y corrí junto con las enfermeras. En el camino, le tomaban el pulso, abrieron uno de sus ojos y lo enfocaron con una linterna pequeña, daban indicaciones que yo no podía comprender.

Hasta que llegó un doctor y recibió la información de las enfermeras. Dos de ellas corrieron hacia unas puertas dobles y las abrieron de par en par, y la sostuvieron así.

—No puede pasar, joven. —me dijo el doctor.

—Pero…

—Tiene que aguardar en la sala de espera. —una enfermera rompió el agarre de mi mano en la de Nessie y vi cómo desaparecían con ella las puertas. Sólo pude alcanzar a ver cómo comenzaban a cortar las ropas de Renesmee, hasta que se cerraron las puertas. —¿Es usted un familiar? —mis ojos se fijaron en el sujeto delante de mí.

—S-soy su novio. —las palabras salieron por voluntad propia. Sabía que no me creerían si me inventaba que era mi hermana y si le revelaba que solo era una especie de amigo/compañero de trabajo, no me darían más información sobre cómo se encontraba ella.

—Entiendo. Si puede contactar a un familiar directo, hágalo. Apenas tenga noticias, se lo informaré. Ahora vaya a la sala de espera.

Dicho esto, el doctor también desapareció tras las puertas dobles.

—¿Joven? —una enfermera me llamó —¿Es usted familiar directo de la señorita Renesmee? —me preguntó.

—Yo… soy su novio.

—Entiendo. Debido a que la señorita Renesmee se atiende en este hospital y está teniendo sus controles aquí, no hay necesidad de que me brinde mayor información de vital importancia, además de la que me dio la muchacha que vino con ustedes, sobre el accidente ocurrido. Sin embargo, se tienen que firmar unos papeles y hemos intentado comunicarnos con los padres de la señorita Cullen, pero no responden. Si usted tuviera algún otro número telefónico, le pido que intente comunicarse con ellos y les informe sobre lo ocurrido y que tienen que acercarse cuanto antes. De todos modos, seguiremos intentando con los teléfonos que tenemos registrados. —yo solo asentí y cuando me iba a dirigir a la sala de espera, ella volvió a hablar. —Y, ¿joven? Tenga fe. Ellos estarán bien. —me dirigió una sonrisa cálida y se retiró.

La confusión volvió a mí. Mi cabeza era un lío, mientras deambulaba por el pasillo hacia la sala de espera. Justo cuando estaba por sentarme en uno de los sofás, mi celular sonó. Era un mensaje de texto de Leah.

"Jacob, lo siento. Mi representante me llamó debido a una reunión que tenía programada para hoy y tuve que irme. En verdad, lamento mucho todo esto. Volveré lo antes posible para saber cómo está Renesmee. Adiós."

Y yo que estaba pensando abarrotarla de preguntas, ya que al parecer ella entendía, más que yo, lo que estaba pasando con Renesmee.

Sálvalo… no lo dejes… Jacob…

Después de algunos minutos, me percaté de mi apariencia y fui a los servicios higiénicos a lavarme un poco. Me quité la polera para quedar con una camiseta delgada de manga corta. No sé cuántas veces mojé mi rostro, pero como no pasaba nada, me resigné, y volví a la sala de espera.

Estuve sentado un momento, cuando escuché que me llamaban. Pensé que era para informarme sobre el estado de Renesmee, pero en realidad solicitaban mi presencia para recoger las llaves de mi auto, que había dejado Leah en recepción, y estacionarlo adecuadamente.

Así lo hice. Y cuando estuve de vuelta, pregunté por si ya se sabía algo de Nessie, pero aún nada. Me senté nuevamente en un sofá individual y comencé a recordar nuevamente sus palabras.

Sálvalo… no lo dejes… Jacob…

La señorita Renesmee se atiende en este hospital…

Jac-ob… Jacob… no lo dejes…

Y está teniendo sus controles aquí…

No dejes que muera… por favor…

Tenga fe. Ellos estarán bien.

Sálvalo.

Sálvalo.

No p…

—¿Familiares de Renesmee Cullen? —paré de pensar en lo que podría haber sucedido con Nessie y me puse de pie de un salto. Era el doctor que estaba atendiendo a Nessie.

—Aquí.

—Acompáñeme, por favor. —lo obedecí. Caminando detrás de él como un robot. De pronto, me sentía ansioso, asustado, nervioso, pero también quería saber el estado de Nessie. Necesitaba saberlo. Saber que ella estaba bien.

Saqué mi celular y miré la pantalla. 2:30 pm.

Wow. Había pasado casi una hora.

El doctor se detuvo. Abrió una puerta.

—Adelante. —pasé por su lado. Y luego me quedé parado allí dentro de la oficina como una estatua —Tome asiento, por favor. —me senté. Silencio. El doctor carraspeó. —Bien, primeramente, déjeme presentarme. Soy el doctor Randall Smith, y según me informaron unas enfermeras, es usted Jacob Black.

Abrí mis ojos con sorpresa. Ninguna de ellas me había solicitado mi nombre. Oh, pero pudieron haberme reconocido…

—Es correcto, doctor.

—Bien, señor Black. Según el testimonio de la señorita… —abrió el folio que tenía sobre su escritorio y lo repasó con la vista —Leah Clearwater, la paciente Renesmee Cullen rodó por unas escaleras. —el doctor pidió mi confirmación y yo solo asentí —Esta caída produjo golpes leves y una contusión en el cráneo, pero nada de qué preocuparse. —suspiré aliviado por un segundo… ¿y entonces por qué el sangrado? —Sin embargo, lo preocupante del caso es el bebé.

Mi respiración se aceleró. Mis ojos se abrieron más de lo que ya estaban.

¿El bebé?

—¿El… bebé? —repetí mis pensamientos con voz temblorosa.

—Efectivamente. La caída causó una hemorragia interna, lo cual fue contraproducente para el bebé. Y más aún ahora que se encuentra en el primer trimestre de gestación. Fue por ello que tuvimos que intervenirla de inmediato, para detener la hemorragia y evitar un aborto espontáneo.

Aborto.

Aborto.

Miré al doctor con miedo.

—No se preocupe. Pudimos controlarlo. Como sabe, el feto se encuentra protegido por el saco amniótico y las paredes del útero, que amortiguaron la caída. Además de que imagino que la madre protegió su vientre con sus brazos y demás partes de su cuerpo. Es una reacción usual en gestantes el preferir lastimarse en cualquier zona del cuerpo con tal de proteger su vientre. Lo inusual fue el sangrado, ya que generalmente por accidentes como estos se obtienen contusiones, fracturas, que pueden ser controlados con suma facilidad; pero descubrimos que en algún momento antes de la caída, la paciente debió haber resbalado, lo cual causó un estiramiento y eso trajo consigo un desgarre muscular interno. Por ello, se desencadenó la hemorragia. Como le informé anteriormente, no es bueno que una gestante sangre, ya que afecta negativamente la salud del feto, pero la trajeron a tiempo y pudimos evitar una pérdida. Ahora, ambos se encuentran fuera de peligro. Sin embargo, se debe guardar reposo por un tiempo. Además no de debe olvidar…

El doctor seguía hablando, pero no pude captar ninguna de sus palabras.

Un bebé.

Renesmee iba a ser madre.

Y yo…

Un dolor muy grande se instaló en mi corazón y no lo pude entender.

Bueno, tal vez sí. Es decir, un bebé. Un hijo. Era mucha responsabilidad.

Quizá por eso Renesmee a veces ni me miraba, me evadía. Era por eso. Por su bebé. Y… por el padre del bebé. El padre.

Mi teoría cambió cuando imágenes de Renesmee y mías, juntos, aquella noche pasaron por mi mente.

Quizás ella me evadía no por su embarazo, sino porque había estado conmigo en esas circunstancias. Había sido infiel al padre de su hijo conmigo y por ello no podía verme a la cara.

Porque esa noche, ambos nos entregamos a la pasión. Fue tan salvaje. Descuidado.

Descuidado.

¿Renesmee habría estado embarazada ya en ese momento?

Yo fui un animal esa noche. Pero ella no se quejó.

Pero, ahora que recordaba, si ambos terminamos en mi departamento y en mi cama, fue porque bebimos demasiado…

Si ella hubiese estado embarazada, no hubiese bebido alcohol. Se supone que las embarazadas no pueden consumir alcohol.

Tal vez ella no estaba embarazada en ese entonces.

Tal vez…

Sentí cómo la sangré huía de mi rostro.

Tal vez… yo…

—¿Sr. Black? ¿Se encuentra bien? —oí que me preguntaba el doctor.

Yo… yo…

Fijé mis ojos en los del doctor Smith.

—¿Cuántos… cuánto tiempo tiene Renesmee de embarazo? —le pregunté casi en un susurro. El doctor sonrió como si fuera una pregunta frencuente.

—Bueno, según los estudios, tiene diez semanas de gestación, sr. Black.

Diez semanas. Diez semanas.

Calculé el tiempo desde aquella noche rápidamente en mi cabeza.

Rayos. Rayos. Rayos.

Yo… yo… era probable que yo sea el padre de ese bebé.

Yo. Yo.

—Bien, señor Black, si no tiene más preguntas, eso sería todo. Tiene que volver a la sala de espera. En estos momentos ya deben estar instalando a la señorita Renesmee en una habitación para que pueda recibir visitas. Tardarán diez minutos. Apenas esté lista, pasaré a avisarle y llevarlo a la habitación de su novia. —el hombre se puso de pie y yo también lo hice como un autómata. Me di media vuelta. Vi cómo el doctor pasaba por mi lado y me abría la puerta.

—Oh, señor Black, casi lo olvidaba. Sólo quería informarle que tenemos muy en cuenta que la señorita Renesmee, pero principalmente usted, son personalidades públicas, por lo que los medios intentarán obtener información sobre la situación. Le hago saber que el hospital Cedars-Sinai tiene una amplia experiencia en estos casos y le aseguramos total discreción. No se filtrará ningún tipo de información a la prensa ni redes sociales. De eso nos encargamos nosotros. Así que pierda cuidado. —solo asentí y salí.

Volví a deambular por los pasillos, pero esta vez no sabía si estaba tomando el camino correcto.

Iba a ser padre.

Yo. Jacob Black. Iba a tener un hijo.

Demonios. ¿Qué iba a hacer ahora?

¿Por qué ella no me lo había dicho? ¿Por qué?

Pero, esperen. ¿Cómo que "qué iba a hacer"? Obviamente, tenía que responder por mis actos.

¡Dios! ¡Ser padre! ¡A los 23 años! ¡Sin ningún plan de por medio! ¡Sin siquiera conocer del todo a la que sería la madre de mi hijo!

Lo único que sabía era su nombre y que era una diosa en la cama, y que sus ojos eran tan profundos y hermosos; y sus labios, gruesos, rosados, suaves; y su cabello… su cabello era mi perdición. No. Borro eso. Toda ella era mi perdición.

De igual manera, ¡no sabía nada más! No la conocía realmente.

Y aun así tendríamos un hijo.

Pero, pero… ¿y si me estaba adelantando? ¿Y si yo no era el padre del bebé?

Una sensación extraña se instaló en mi corazón.

Si yo no era el padre, sería mejor, ¿no?

Si en realidad no iba a tener un hijo con una casi desconocida sería un alivio, ¿verdad?

¿Verdad?

¡Jacob Black!

¿Verdad?

Siendo francos…

—¿Señor? ¿Necesita ayuda? —Volteé hacia la voz —¡Oh! S-Señor Black. ¿Lo puedo ayudar en algo? —iba a negar pero pensé que necesitaba sentarme ahora mismo.

—Ehm… ¿Sala de espera? —susurré sin mirarla.

—Oh, claro. Sígame, por favor. —caminé lentamente detrás de ella —Estaba usted yendo en dirección contraria. Se dirigía hacia el área pre-natal.

Mi cabeza, hasta ese momento gacha, se levantó como por voluntad propia y me quedé mirando a la joven enfermera delante de mí.

—¿Pre… natal? —balbuceé.

—Ehm Ehm… s-sí- El área donde… donde se encuentran los recién nacidos.

Mierda. ¿Por qué me estaba dirigiendo hacia ese lugar?

No sabías que en esa dirección se encontraba "ese lugar", genio.

Aaah, cierto. Pero, pero ¿entonces? ¿Era como… el destino? ¿Mi destino? ¡Oh, mierda! Algo estaba mal conmigo.

Sólo estaba caminando, vagando mientras pensaba algunas cosas. No tenía nada que ver con el destino. ¿Qué rayos era el destino para mí? Nunca me había interesado en esas tonterías. Porque eran tonterías.

¿Seguro?

¡Cállate, cállate!

—¿Se encuentra bien? —me preguntó alguien. Oh, sí, la enfermera.

Me aclaré la garganta.

—Sí, claro. ¿Falta mucho para llegar a la sala de espera?

—Uhm, le decía justamente que frente a usted está la entrada a dicha habitación. —miré al frente y, efectivamente, a unos cuantos pasos, había una entrada con un letrero enorme encima. "SALA DE ESPERA". Parpadeé un par de veces. Respiré hondo y volteé hacia la chica, dibujando una sonrisa torcida.

—Gracias… —me detuve para mirar el pequeño identificador donde estaba su nombre —Helena.

Ella sólo se quedó mirándome y trató de sonreír, pero no le salió bien. Si no tendría un asunto muchísimo más importante ahora, probablemente me aprovecharía de su estado.

Di media vuelta y me fui a sentar a un sofá.

Tenía mucho qué pensar.

Mucho.

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BELLA POV

—Edward, creo que ya deberíamos regresar.

—Oooh… ¿Desesperada por estar a solas? —dijo en son de broma, pero al ver mi cara, su expresión cambió —¿Qué sucede, amor? ¿Te sientes bien? —me preguntó ahora preocupado.

—No… siento algo… no sé. No me siento bien. Quiero regresar. Ir a casa. Recostarme.

—¿No irás a la productora?

—No por hoy. Les llamaré explicándoles mi malestar. Sé que entenderán. Vámonos, por favor.

—Está bien, cariño. Sólo déjame pagar la cuenta.

Yo sólo asentí.

Se suponía que hoy era nuestra salida que hacíamos todos los meses, en donde nos olvidábamos de todo y nos centrábamos sólo en nosotros. Habíamos dejado todos los aparatos telefónicos que teníamos, en el auto de Edward. Como siempre. Pero esta vez… simplemente sentía la necesidad de volver… de estar en casa… era algo que…

—Listo. Vamos, amor. — Edward me ayudó a pararme y me llevó a la salida, rodeándome la cintura.

Llegamos al aparcamiento, ubicamos su auto, mi esposo me abrió la puerta del copiloto y entré. Instantáneamente, busqué nuestros celulares. Edward entró al auto también.

—Los puse en la guantera. — me dijo, adivinando lo que estaba buscando —¿Llamarás a la productora ahora? —abrí la guantera y saqué los móviles. Prendí el mío.

—No, sólo quería… —vi que tenía muchas llamadas perdidas. Y mensajes de voz. Fruncí el ceño.

—¿Qué pasa? —me preguntó Edward, mientras prendía su móvil.

—No… es sólo… tengo varias llamadas perdidas de un mismo número. Y mensajes de voz. —él no me respondió, así que levanté la vista para mirarlo. Parecía sorprendido mientras miraba la pantalla de su celular —¿Sucede algo?

—Yo… también tengo muchas llamadas perdidas. —se quedó mirándome, tratando de entender qué sucedía. Mi respiración se aceleró. Rápidamente, marqué la casilla de voz para escuchar el primer mensaje. Con la mano temblando, llevé el aparato a mi oreja.

"Señora Cullen, le hablamos del Hospital Cedars-Sinai. Requerimos su presencia con urgencia. Su hija, la señorita Renesmee Cullen, ha sufrido un accidente y en estos momentos está siendo tratada. Le pedimos se acerque lo antes posible. Hasta luego."

—No. No, no, no. —comencé a temblar con mayor fuerza. Sentía el llanto aproximarse y las ganas de gritar junto con él. No podía ser posible.

—¿Bella? Amor, ¿qué sucede? Estás asustándome.

—Tenemos… tenemos que ir al hospital. —balbuceé.

—¿Qué?

—¡Tenemos que ir al Cedars! ¡Rápido! ¡Renesmee ha sufrido un accidente! —grité desesperada.

Edward estaba pálido y se había quedado inmóvil.

—¡Por favor, Edward! ¡Date prisa! ¡Nuestra hija! — él sacudió la cabeza y me miró. Cogió mi rostro con ambas manos.

—Escúchame. Tranquila. Renesmee estará bien. Ya lo verás. —se oía como si tratara de convencerme a mí, pero también a él, de lo que estaba diciendo.

—Por favor. Sólo quiero verla. Quiero verla, Edward. — sollocé. Él depositó un beso en mi frente y se volvió al volante.

—Abróchate el cinturón… Ella está bien… lo sé.

Y sin más, aceleró.

Llevé todo el camino tratando de calmarme, pero no podía. Así se tratara de una pequeña caída, no podía evitar sentirme preocupada, ansiosa por verla. Saber que ella estaba bien. Que el bebé estaba bien.

¡Dios! El bebé… si algo le pasaba… sería un fuerte, doloroso golpe para todos, pero aún más para Renesmee. No quería ni imaginármelo.

Edward también intentaba calmarme, pero nada lo lograría, más que si la veía y la tenía cerca para abrazarla, hacerle saber que estaba allí con ella…

Apenas Edward estacionó, salí volando, tirando la puerta. Entré corriendo al hospital. Pregunté por mi hija y me indicaron que subiera al tercer piso. Edward iba atrás de mí. Fuimos directo a la recepción del piso 3.

—¿En qué habitación se encuentra Renesmee Cullen? ¿Cómo está? ¿Qué doctor la está tratando? —abarroté de preguntas a la enfermera.

—Señora Cullen, en estos momentos están trasladando a la señorita Renesmee a una habitación privada. Según el informe del doctor Randall Smith, ya se encuentra estable, pero permítame llamarlo para que le brinde los detalles. Tome asiento, por favor.

Sentí alivio cuando me dijo que Renesmee ya estaba estable, pero aun así necesitaba verla.

Edward me rodeó los hombros y fuimos juntos a sentarnos a uno de los sofás. Recosté mi cabeza en el pecho de mi esposo y respiré su olor, para tranquilizarme. Eso siempre funcionaba.

Miré alrededor de la sala, y vi en uno de los sofás a un hombre, encorvado, apoyando los codos sobre sus rodillas, con la cabeza gacha. Me parecía conocido. Él pasó sus manos por su rostro, refregándoselo. Y cuando levantó la cabeza, pude reconocerlo. Era Jacob Black, el compañero de trabajo de Renesmee. Tal vez, él la habría traído. Estaba segura que él podría brindarme más información sobre la situación de Renesmee. Iba a dirigirme a él, cuando fui interrumpida.

—¿Familiares de Renesmee Cullen? — tres personas en la sala se pusieron de pie de un salto, incluyendo a Edward y a mí. El otro fue… Jacob Black. Al parecer, no se había dado cuenta de nuestra presencia, hasta que nos paramos y nos dirigimos al doctor, que tenía a una enfermera junto a él. Lo miré a los ojos. Ambos nos miramos por 3 segundos, antes que él desviara la vista.

Edward fue el primero en hablar.

—Doctor, ¿cómo se encuentra mi hija?

—Señor Cullen, señora Cullen, los estaba esperando. Acompáñenme a mi oficina, por favor. Pero, antes… ¿Señor Black? Siga a la enfermera. Lo llevará a la habitación de la señorita Renesmee. Ella despertará en cualquier momento. —le dedicó una sonrisa cálida. Jacob no nos miró en ningún momento. Simplemente, caminó detrás de la enfermera. La confusión podía palparse. ¿Por qué había dejado entrar a Jacob si se suponía que él no era más que un amigo de Renesmee? Edward habló nuevamente.

—No entiendo… ¿Por qué ha permitido que ese hombre vaya a la habitación de mi hija, en vez de dar ese pase a nosotros, que somos sus padres? — él casi sonaba furioso. Mientras, el doctor parecía calmado.

—Lo comprendo, señor Cullen. Sé que ustedes son los padres de la señorita Renesmee. Pero el sr. Black es el padre del bebé, y según la política del hospital, él debe entrar primero a ver a la paciente. Pero no se preocupe. Démosles unos minutos de intimidad, y luego podrán acompañarlos ustedes. Estén tranquilos, su hija ya no corre peligro.

Edward y yo nos habíamos quedado inmóviles.

¿Jacob Black era el padre del bebé de Renesmee?

¿Jacob Black?

Sentí cómo el cuerpo de Edward se tensaba. Sabía lo que pasaría si no intentaba tranquilizarlo. Si Jacob era el padre, ¿entonces por qué no se había presentado ante nosotros? Es más, nos habíamos visto numerosas veces, me había ayudado una vez, y a Renesmee, y a pesar de eso, no había tenido la bondad de acercarse a nuestra casa como le había prometido a Renesmee. ¿Qué estaba pasando?

Edward comenzaba a respirar con fuerza, así que decidí actuar.

—Muchas gracias doctor. Permítanos un segundo, por favor. — él asintió y yo arrastré a Edward hacia un rincón de la sala.

—¿Tú lo sabías? —me preguntó con la voz ronca. Estaba furioso.

—¿Qué? ¿Cómo crees eso? —me estaba amargando también. ¿Acaso él creía que yo sabía que ese hombre era el padre de nuestro nieto y no se lo había dicho?

—Tú llevaste a Renesmee para grabar esa película y de pronto Black se convierte en el co-protagonista de Renesmee. Me parece demasiada coincidencia. —hablaba con los dientes apretados.

—No es así. Yo nunca me imaginé que él fuera el padre del bebé. Renesmee y él casi nunca hablaban. Yo estaba siempre con ella. Lo habría sabido.

—¿Entonces…?

—No lo sé. Pero en unos minutos, lo sabremos. Tú y yo. No creo que nuestra hija nos haya mentido. Pero definitivamente alguien está mintiendo. Y lo vamos a descubrir. Renesmee tiene muchas preguntas que responder. — con determinación, me volví hacia el médico y le pedí que fuéramos a su oficina para saber qué había sucedido con Renesmee y cómo se encontraban ella y el bebé. Luego, hablaríamos con ella. Largo y tendido.


Continuará…

Hola, chicas… no saben cuánto lamento haberme tardado, pero es que no he tenido tiempo de publicar. Como le dije a una lectora, he tenido el capítulo casi terminado desde hace meses y no he podido subirlo antes. Tuve una primera versión terminada que intenté publicar, pero FF no me lo permitía, no sabía por qué. A veces se vuelve loquito o tal vez la red se sobrecarga. O tal vez el problema era mi pc. No lo sé. Así que, continué el cap hasta dejarlo aquí. Casi me da un patatús cuando no encontraba mi USB, pero finalmente lo hallé y apenas pude subí el cap. De todas maneras, espero que les haya gustado. Sé que lo he dejado en una parte interesante, así que comenzaré a escribir lo antes posible para no demorarme tanto. Ahora ya tengo un poco de tiempo libre, así que espero subir caps en menos tiempo.

Chicas, muchas muuuuuuuuuuuuuuuchas gracias por sus rr's, sus PM's, sus favs, sus alertas… son fabulosas! Sus palabras son de gran ayuda para mí. Graciaaaaaasss! ;)

Ahora, seré como toda escritora de fics… me regalan un rr? Porfiiiitas? *-*

Quiero emocionarme… siempre me emocionan sus palabras. Así es más fácil continuar escribiendo… porfis no me abandonen… nos leemos en el próx cap… díganme en cuánto tiempo quieren el próximo capítulo ;)

Cuídenseeeeeeeeeeeeeeeeeeeee ee.

Lyhaane.