DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la grandiosa Stephenie Meter; yo solo plasmo mis ocurrencias y juego con ellos.


Una Mano muy Traviesa

.

Capítulo 5

NESSIE POV

Me sentía aletargada, adormecida… mi mente en blanco… sólo intentando sentir… más…

Pero apenas lo conseguí, deseé volver a mi estado anterior…

Imágenes, como fotografías, una tras otra, pasaban velozmente por mi cabeza, taladrándola, ocasionando un fuerte y prolongado dolor que me hacía retorcer, o eso sentía yo. Mi respiración se aceleró, mis latidos cual tambores azotaban mi pecho…

Quería que parara, que parara… quería gritar, pero no encontraba mi voz, tampoco podía ver, mis ojos se negaban a abrir. Sentía que iba a explotar. Explotar.

Sin embargo, poco a poco, la calma vino hacia mí, como una ola que me cubría y me inundaba de paz. Adiós dolor. Me sentía relajada, ligera, como una pluma. Estaba quedando inconsciente otra vez, lo sabía. Por lo que, antes de no volver a sentir, forcé mis ojos a abrirse... y todo lo que vi fue blanco, blanco puro… y una luz intensa… y en el fondo una sombra que se acercaba a mí, una imponente sombra… ¿sería mi padre?

Quería llamarlo, pero la inconsciencia me llamaba, me seducía… y al final ganó la batalla.

Respiré hondo.

Esta vez, a diferencia de la anterior, no había sentido los recuerdos taladrar mi cabeza, sino más bien palpé mi regreso a la realidad y supe a los 3 segundos que me encontraba en un hospital. Y claro, el atroz recuerdo de mí cayendo por una escalera me dijo que a causa de ello me encontraba aquí. Pero no pudo ser tan grave, ¿verdad? Mi bebé y yo estábamos bien, ¿cierto? Yo lo protegí, yo lo protegí, estaba segura… Sí, él o ella estaba bien. Está bien.

Pero de pronto, recordé la sangre, sangre que salía de mi cuerpo… un fuerte dolor por la caída. La confusión y frustración de no saber exactamente de dónde provenía ese dolor, y mi desesperación en todo momento por proteger a mi bebé. Alguien debía darme respuestas. Tenía que saber que ambos estábamos bien.

Recordé la gran sombra que vi en la habitación antes. Ahora estaba segura que era la de mi padre. Y si mi padre estaba aquí, también mamá… Y si ella estaba aquí… oh, Dios, también la abuela Reneé.

Oh, ahora anhelo la inconsciencia ¡Sí, Señor! Pero no, suponía que había acabado el efecto del sedante. Era tarde. Tenía que enfrentar el drama, la preocupación… y dar muchas explicaciones.

Volví a respirar hondo. Había llegado la hora.

Pestañeé, preparando mis ojos para la intensa luz. Abrí poco a poco los ojos, sabía lo que vendría en 3… 2… 1…

1…

1…

1…

Y nada.

No llanto de la abuela Reneé.

No dramatismo de mi madre.

No extrema preocupación al borde de la locura de mi padre.

Nada.

Enfoqué mi mirada y puede ver la habitación… vacía.

Estaba realmente vacía. No había nadie. Y eso era extraño.

A menos que nadie supiera aún lo que me había pasado. Y si eso era verdad, no tardaría en llegar todo lo anterior.

Pero de pronto un sonido. Agua corriendo. Una pequeña luz.

En el extremo derecho de la habitación había una puerta, por debajo de ella se filtraba un rayo de luz, y del otro lado se oía el agua correr. Había alguien allí. Probablemente se trataba del baño. Así que no estaba sola. Estaba casi segura de que se trataba de papá. De seguro mamá había ido a comprar algo de comer o beber, y papá se había quedado en la habitación, no queriendo despegarse de mí. Como siempre.

Tenía que pensar en lo que les iba a decir. No podía incluir a Leah, no, porque a pesar de que yo tropecé y caí y lo último que vi y oí fue a ella correr hacia mí y gritar por ayuda; ¿qué podría decir a mis padres? ¿Que discutía con ella por meterse por los ojos a un hombre? ¿A Jacob Black? ¿Al padre de mi bebé? No, aún no era tiempo. Tenía que pensar. Pensar.

No sería difícil. Siempre había tenido pequeños accidentes. Me encantaba tropezarme, y tenía un amor por el piso, que casi siempre me llamaba y varias veces me caía ante él.

¡Claro! Todo resuelto. Estaba en la hora del almuerzo, y al volver vi una ola de paparazis, y puesto que los odio a morir, me alejé corriendo de ellos, pero por supuesto, al bajar las escaleras me…

Repentinamente, el agua dejó de correr y la puerta crujió al ser manipulada para abrirse.

Ya tenía la historia, ahora tenía que convencer a mi…

… Jacob Black.

Fue el que vi salir por esa puerta. No era mi padre. Ni mi madre. No. Él. Él estaba aquí. ¿Por qué?

Imágenes de él manchado en sangre vinieron a mi mente. Había pensado que estaba delirando, pero al parecer no era así. Él me había traído al hospital. Era la única manera de que estuviera aquí. Porque… porque nadie sabía que él…

Nuestras miradas se toparon y él se paralizó. Pasaron segundos que parecieron siglos, y él recuperó el movimiento, cerró la puerta tras él y se dirigió a uno de los sofás que había en la habitación. No dejó de mirarme en ningún momento. Pero no dijo nada. Así que estaba esperando que fuera yo quien hable. Ok, lo haríamos rápido, yo lo echaría, él se iría, y esperaría por mis padres, me sacarían de aquí, y mi vida continuaría como antes.

—¿Qué… qué haces tú aquí?

Él no respondió. Sólo me miraba.

—¿Qué haces aquí? – demandé.

—¿Que qué hago aquí? – respondió él con tono irónico.

—Sí. ¿Qué haces TÚ aquí? – él no me iba a aplacar.

—Renesmee, ¿realmente me estás preguntando eso cuando sabes perfectamente mi papel aquí? – mi sangre se heló y mi corazón trastabilló. Comencé a sudar frío. De pronto recordé que fue él, junto a Leah, quien me había traído a emergencias. Se refería a eso.

—Mira, te agradezco que me hayas traído. – tenía que acabar esto lo antes posible, ya que necesitaba desesperadamente saber cómo estaba mi bebé – Pero, ¿podemos dejar esto para después? Necesito…

—No, no lo podemos dejar para después. NO. LO. VAMOS. A. DEJAR. PARA. DESPUÉS. – me interrumpió con dureza.

—Jacob, no estoy de humor p…

—¡Ah, claro! Ahora la niña no está de humor. – volvió a interrumpirme. Pero ahora sonaba algo enojado. Su respiración se estaba acelerando y sus manos se cerraron en puños.

—Oye, no sé qué sucede contigo, p…

—¡Con un demonio que lo sabes! – él simplemente no dejaba que yo terminara de decir una frase. En esta ocasión, estaba más alterado. Su cara se estaba tornando roja y todo él comenzó a temblar. - ¡Lo sabes!

No comprendía por qué de un momento a otro estaba tan enfurecido. Yo me había tropezado y había rodado las escaleras. ¿Acaso pensaba que lo había hecho a propósito? ¿O tal vez había ocasionado que cancelase sus planes con Dios sabe quién para traerme al hospital? No encontraba otra razón por la q…

A menos que…

No. Todo mi ser se negó rotundamente.

Sabes que tienes que decírselo, Renesmee Cullen.

No todavía. No ahora. No aquí. No.

Decidí optar por hacerme la desentendida.

—Jacob, realmente no sé de qué me…

—¡BASTA! ¡Basta de mentir! ¡ .RENESMEE! – explotó, como un volcán en erupción, aturdiéndome momentáneamente. Un miedo que no había sentido antes recorrió mi cuerpo y se instaló en mi pecho. No podía hablar, responderle de la misma forma, gritarle, exigirle que me dejara en paz, que lo único que quería saber era si mi bebé estaba bien. Estaba inmóvil, con mis ojos plantados en los de él. De alguna forma, por alguna razón extraña, no podía dejar de mirarlo.

Podía ver cómo trataba de controlarse, pero la fuerza no le alcanzaba. Pero luego, vio algo en mis ojos que lo calmó un poco. Respiró hondo y soltó sus manos.

—¿Por qué no me lo dijiste, Renesmee?

Y el orgullo pudo conmigo… otra vez.

—No sé de qué me hablas – susurré bajando la mirada finalmente.

Y se desató la tormenta.

Rápidamente, Jacob volvió a alterarse. Su respiración agitada, sus manos en puños, sus ojos inquietos en busca de algo qué destruir o qué lanzar contra la pared… algo qué destrozar. Pero lo que hizo fue lanzar su cuerpo contra la pared, pegó su frente y sus puños golpearon con fuerza el concreto, con tanta fuerza que estaba segura que se rompería algún hueso si no se detenía. Apretó los ojos mientras golpeaba y cuando los volvió a abrir, estaban de un rojo intenso, como inyectados en sangre. Eso me asustó. Parecía que estaba enloquecido. ¿Sería él capaz de arremeter contra mí?

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Yo había ocasionado que Jacob se encuentre en tal estado. Yo… y mi maldito orgullo.

Está bien. Está bien, le diré todo… sólo, por favor…

En ese momento, Jacob cogió lo primero que encontró, que fue un carrito vacío, en el que al parecer se llevaban los medicamentos, y lo lanzó contra la pared.

—¡Estoy harto! ¡Maldición! Renesmee, me vas… - estaba gritando atronadoramente cuando la puerta de la habitación se abrió abruptamente…

… dando lugar a mi padre.

Todo sucedió muy rápido. Papá vio el desastre que Jacob había hecho y le gritó —¡¿Qué demonios crees que…?! – pero se interrumpió al verme llorar sin parar. En menos de un segundo, mi padre cogió a Jacob de la camiseta y lo empujó fuertemente contra una de las paredes.

—¡Maldito infeliz hijo de…!

Y mi madre entró como una bala y se interpuso entre ambos hombres furiosos.

—¡Edward! ¡Detente! ¡Ambos, sepárense! – no sé de dónde sacó mamá la fuerza pero logró su propósito. Sin embargo, ninguno de los dos hombres dejó de verse con odio. - ¿Qué les sucede? ¿Qué…? – mamá me vio y se olvidó de los demás – Hija, cariño, ¿qué fue lo que…? – antes de correr hacia mí, apuntó a papá y a Jacob con el dedo – Ni siquiera piensen en reanudar su… asunto, o nos botarán a todos de aquí, y encima de todo, le daremos un show a la prensa amarillista.

Dicho esto, ella se sentó en el borde de la cama y me abrazó como pudo.

—¿Qué pasó, cariño? ¿Por qué lloras? – me preguntó con dulzura, pero papá decidió responder por mí.

—¡Este malnacido lastimó a Renesmee! – Jacob bufó y lanzo una risotada amarga negando con la cabeza – No tiene respeto por nadie. Viene aquí a maltratar a mi hija cuando no ha dado la cara para asumir su responsabilidad.

Jacob decidió no seguir callado.

—Vamos, Renesmee. Dile a tu "papi" por qué no he "dado la cara".

—¡No te dirijas con ese tono a mi hija, perro d…!

—¡No me provoque! Sería muy fácil para mí romper su estirada cara – ambos se iban acercando poco a poco en pos de ataque.

—¡Atrévete! Atrévete y veremos quién termina con una cara nueva.

—¡Basta, ustedes dos, o los echaré yo misma de aquí! – intervino mamá.

—No voy a permitir que este…

—¡Papá! – todos voltearon a verme cuando interrumpí a mi padre – Ya es suficiente. – había llegado el momento de la verdad. Respiré hondo – La única que ha hecho daño aquí soy yo.

—Hija, ¿de qué…? – mamá me miraba con temor.

—Renesmee, tú no tienes la culpa de nada. Es este…

—Basta, papá. Por favor. Yo soy la culpable. Yo he dañado. Yo he mentido. Pero les juro que lo único que quise fue proteger a mi bebé. Sólo eso. – había comenzado a llorar nuevamente.

—¿Por qué dices eso, Renesmee? – esto era difícil – Responde.

La habitación permaneció en silencio. Todos me miraban atentamente, pero solo me importaban esos ojos penetrantes de Jacob, que me hacían sentir peor de lo que ya estaba. Bajé la mirada, pero no antes de que mamá se diera cuenta del contacto visual que tuve con él. Ella comenzó a alternar su mirada de mí hacia él. Y de pronto, sus ojos se iluminaron, como si comprendiera todo, como si ya lo supiera todo, como si hubiera descubierto la verdad… y así parecía. Ella apretó mi mano, pidiéndome en silencio que la mirara a los ojos. Lo hice.

—Él no lo sabía, ¿verdad, hija? – mordí mis labios, ya que habían comenzado a temblar. Volví a bajar la mirada.

—No. – susurré.

—¿Qué dices, Renesmee? Tú nos dijiste que el padre del bebé había viajado a Europa…

—Mentí.

—… y que al acabar sus asuntos volvería y hablaría con tu madre y conmigo…

—Mentí.

—Pero no lo hizo y nosotros pensamos que…

—¡Mentí, papá! Mentí. – sabía que él se negaba a creer lo que había hecho, y aunque rompería su corazón, y tal vez acabaría con su confianza hacia mí para siempre, tenía que decir la verdad – No hubo ningún viaje, ni mantuve una relación en secreto. Yo… quedé embarazada producto de una noche irresponsable, con alguien que casi no conocía. Al enterarme de mi estado, no supe qué hacer. Sabía que tenía que decírselo al padre de mi hijo, pero al mismo tiempo, no sabía cómo iba a reaccionar, qué iba a hacer, o si me iba a creer o no, o haría de esto un circo. No sabía qué pensar. Simplemente pensé en proteger a mi bebé de todo y de todos. Sé que fui egoísta, porque lo quise sólo para mí. Pero les juro… les juro que no quise dañar a nadie, y menos a ti, papá.

—¿Cómo puedes decir eso, Renesmee? ¿Cómo puede una persona mentir a consciencia sin saber o querer dañar a los demás? ¿A sus seres queridos? Con todo el dolor de mi corazón, tengo que decir que me has dañado… desde el momento que decidiste mentirnos, a tu madre y a mí, a pesar de saber que contabas con nuestro apoyo por sobre todas las cosas, a pesar de la conversación que tuvimos. Lo echaste todo por la borda y sólo pensaste en ti, cuando nosotros siempre te ponemos primero a ti. No te educamos así, hija. – cada palabra dicha por mi padre desgarraba mi corazón y me causaba tanto dolor como nunca lo había sentido. En este preciso momento, fue cuando entendí la envergadura de mi mentira, de mi decisión y cuánto afectaba a mis padres, las personas que yo más amaba en la vida.

—Perdóname, papá. Mamá, por favor. – mamá bajó la mirada, sus lágrimas caían en silencio, y eso me dolía más. Yo era de las personas que nunca se arrepentían de lo que hacían por más que algunas decisiones que tomaba no eran las mejores. Siempre asumía las consecuencias. Sin embargo, ahora me arrepentía. Me arrepentía de no haberles contado la verdad, de no confiar lo suficiente en ellos, en mí.

—Yo… necesito salir un momento. – comencé a llorar con fuerza al escuchar a mi padre. Él bajó la cabeza y se dirigió hacia la puerta.

Mamá abrazó mi desmadejado cuerpo y me besó en la mejilla. Susurró en mi oído.

—Volveremos muy pronto, hija. Te amamos, recuérdalo siempre, a pesar de todo. – y ella se fue, detrás de mi padre.

Abracé mi cuerpo tan fuerte como podía. El dolor era tan intenso que apenas podía soportarlo.

Noté, a través de mis lágrimas, que Jacob permaneció en la habitación y se acercó lentamente a mí. Estiró un brazo para alcanzarme, y cuando estaba a punto de tocarme, le tiré un manotazo y lo miré furiosa.

—¿Estás contento ahora? ¿Conseguiste lo que querías? Felicidades, ya sabes que serás padre. Ahora, déjame en paz. No quiero verte. ¡Vete! ¡No te quiero aquí! ¡Largo! – él omitió mis gritos y se acercó más. Se sentó a mi costado, con cuidado. Yo lo empujé con la poca fuerza que me quedaba. Era como tratar de mover una pared de concreto. - ¡Aléjate de mí! – él pasó uno de sus brazos por mis hombros y me acercó a su pecho, mientras yo seguí empujándolo con mis puños fuertemente cerrados. - ¡No te quiero aquí! ¡Déjame sola! Quiero… por favor… - mi voz perdió intensidad para dar lugar a fuertes sollozos. Resignándome a todo, dejé que me sujetara, que me consolara, a pesar de lo que le había hecho.

Después de un rato, cuando mi llanto estaba menguando, él me abrazó más fuerte y suspiró largamente sobre mi cabello.

—No sabes cuánto me duele verte llorar. – me dijo.

Respiré muy hondo, sobre su pecho, y descubrí que el agradable olor que desprendía su cuerpo me relajaba notablemente.

—Yo no quise… yo sólo quería saber la verdad. Que me la dijeras después de todo. Pero te negabas. Seguías mintiendo. Y perdí el control. No espero que perdones mi forma de actuar, pero pido que me entiendas. La noticia del bebé me cayó como un balde de agua fría. Y no sabía qué hacer exactamente. Pensé que tal vez yo no era el padre y que estaba agrandando las cosas, pero cuando te negabas a decir la verdad, lo supe. Supe que tendríamos un hijo y que, a pesar de tú haberlo sabido desde el principio, no me lo dijiste. Y eso me dolió.

—Lo siento. – susurré.

—Yo también. Debí haber insistido, volver a buscarte, tratar de conseguir tu número telefónico. Sabía, sentía que debía insistir, pero no lo hice.

—No importa lo que hubieses hecho, yo habría encontrado la forma de evadirte. Como la primera vez. Cuando fuiste a mi casa. Yo te vi. Estaba allí y le pedí a la empleada que te dijera lo contrario. Hice tantas cosas, tantas cosas por mi egoísmo. Y ahora, por eso, mis padres… - mi voz se quebró al recordar el rostro de mi padre, su mirada, sus palabras, la expresión de mamá cuando descubrió la verdad.

—Tus padres te aman por sobre todas las cosas, lo he podido ver. Ellos sólo necesitan un tiempo para pensar y procesar lo que está sucediendo. Verás que más temprano que tarde estarán de regreso. – separé mi rostro de su pecho y lo miré a los ojos.

—¿Por qué? ¿Por qué tratas de hacerme sentir mejor cuando te hice daño a ti también? – ambos parecíamos hipnotizados, inconscientes de cuán cerca estábamos, de que nuestras narices estaban a punto de tocarse, de que nuestros ojos se negaban a mirar a otro lado.

—Yo… no lo sé. Sólo, siento esta necesidad de hacerte sonreír todo el tiempo. – mi corazón se disparó y mi respiración se aceleró. - De... hacerte feliz. Me rompe el verte sufrir. Yo... - se interrumpió al captar cómo mi lengua humedecía mis labios. Y me di cuenta de lo que seguía.

Me separé de él como por instinto.

—Yo... te agradezco por haberte quedado conmigo en este momento. Sé que todavía tenemos mucho de qué hablar, pero... comprenderás que necesito saber desesperadamente cómo se encuentra mi bebé. - mis manos frotaron instintivamente mi vientre, y Jacob siguió el movimiento con sus ojos. Con lentitud, posó una mano sobre la mía y me miró fijamente.

Nuestro bebé se encuentra perfectamente. El doctor dijo que tanto tú como él están fuera de peligro.

—Tu él puede ser un ella. - susurré aún aturdida por la sensación del contacto de su mano con la mía.

—Oh, cierto. Yo... lo siento, hijo -o hija. Soy primerizo así que... cometeré equivocaciones muy a menudo; más de lo común. - él estaba como fuera de este mundo, encerrado en una burbuja donde sólo estaban mi... nuestro hijo o hija, y él.- Pero vas a ver que tu viejo va a ser el mejor.- él se dio cuenta que lo estaba mirando con una pequeña sonrisa y quito despacio su mano. Y extrañe su calidez.- Lo siento... uh, yo pensé que estaría bien si le hablaba...

—No te preocupes. Yo también lo hago.- ambos sonreímos, y pronto ninguno de los dos tuvo más qué decir por el momento. Todo quedó en silencio...

... hasta que mi hijo-o hija- decidió que había llegado el momento de comer algo. A decir verdad, me estaba muriendo de hambre.

Mi cara se sonrojó por la vergüenza y no quise ver a Jacob a la cara. Pero lo escuché ponerse de pie.

—Rayos. Todavía no has comido. Lo había olvidado. El doctor me dijo... ¡Rayos! Soy un mal padre. Olvidé alimentar a mi hijo -o hija- y a su hermosa madre... -se interrumpió abruptamente al decir lo último, apretó los ojos y luego los volvió a abrir. Su cara era graciosa. -uuuh... regreso en unos minutos. -y salió casi corriendo de la habitación.

Me sentía como una adolescente sonrojada por recibir halagos del chico que le gusta. No es que a mí me guste guste Jacob. Esto era un algo del embarazo. La sensibilidad y eso. Sep.

Di una respiración profunda y repasé lo que había sucedido hoy... TODO lo que había sucedido hoy.

—Sin ti no hubiera podido, bebé. No hubiera podido.

A partir de hoy, todo sería distinto. Y mi bebé ya no sería sólo mío... Creo que puedo con ello... pero, ¿podré con tu papá, bebé? Sentí un escalofrío. Dame fuerzas. Darle fuerzas a mami, bebé.

Bueno, tal vez el bebé quiera que mami y papi...

Cállate. Siempre estropeas todo, voz interior. Mami y papi nada.

Sin embargo, mis ojos no podían despegarse de la puerta, esperando que se abriera dando lugar al atractivo y tan caliente padre de mi hijo... o hija.


Continuará...

Holaaaa... Dios! Ha pasado tanto tiempo. Discúlpenme por no haber actualizado antes. Pero estuve pasando por malos momentos y no me sentía preparada para retomar esta historia. Pero yaaaa... dejemos lo malo a un lado y sigamos página. Espero que les haya gustado el capítulo y sigan el fic. No le faltan muchos caps, así que ojalá me acompañen hasta el final =D .

Quisiera saber qué opinan, así que espero sus rr's *-* *-*

Nos leemos!

Charlotte.