CAPITULO No 4

Esa misma tarde Yoruichi Shihōin tomo su maleta y viajo a la casa de sus tíos a las afueras de Londres. Quería escapar de Soi Fong, olvidarse de la traición de su prometido y todo lo que la tenía confundida. Fue así como cuatro largos días habían pasado y para tener un pequeño consuelo Soi había mantenido la palabra de mantenerse alejada de ella. Mientras que por otro lado estaba teniendo un poco de problemas con su tía Janice.

-Dios sabe que Kisuke se merece una explicación -exclamó Janice - te has comportado fatal. Todo el mundo habla del asunto... y ¿qué crees que van a pensar sus padres? ¡Ellos te han tratado como a una hija!

-Lo siento -susurró Yoruichi agitadamente.

-Me mentiste. ¡Me dijiste que Kisuke y tú habíais decidido que no iban casarse; no tuviste la decencia de decirme que había otra persona!

Yoruichi había pensado no decir nada sobre lo que en realidad había pasado con su prometido y su prima, si no discutía, aquello pasaría antes. Pero, después de los tres espesos días de recriminaciones que siguieron a la publicación de esa maldita foto suya con Soi en las páginas de sociales que para su pesar salieron en todos los periódicos más importantes, esa creencia iba siendo cada vez más débil.

Yoruichi no se le había ocurrido cuando abandonó Londres para refugiarse en casa de su tía que le iba a tocar jugar el papel de culpable. Kisuke estaba haciéndose el mártir, el inocente y no había dado la cara, la estaba dejando a ella llevarse todo el peso de la artillería.

-Déjalo ya, mamá -dijo Kukaku apareciendo en la puerta de la cocina sonriendo- por lo menos no habíamos mandado las invitaciones de boda.

La morena tomo esa interferencia para salir al patio y no estallar ante las recriminaciones y la desfachatez de su prima, salió por la puerta trasera y dio una poderosa bocanada de aire fresco.

Dentro seguía su tía quejándose. -Al parecer, la sangre de su madre ha salido a la luz. Nadie puede decir que yo no haya tenido cuidado criando a Yoruichi...

Yoruichi se apartó de allí y empezó a quitar la ropa de la cuerda. Estaba allí, absorta en sus pensamientos cuando una voz dijo a sus espaldas:

-Ya sabía que no contarías nada.

La morena se dio la vuelta rápidamente y se encontró con su prima Kukaku a pocos metros.

-Sólo porque creo que no serviría de nada.- aclaro la morena.

Kukaku se rió.- Kisuke ni siquiera me habla. Sigue pensando que fui yo la que hizo esa llamada telefónica.

-Por supuesto que fuiste tú.- acuso la morena.

-¡No fui yo! Alguien que sabía lo de Kisuke y yo, evidentemente, decidió que sería divertido hacértelo saber. Tal vez alguien que trabaje con él, que nos vio juntos. No lo sé... ¡Pero no fui yo!

A Yoruichi no le importaba nada en ese momento quién había hecho la llamada, pero le resultaba divertido de alguna manera la forma de defenderse de su prima. Era culpable de haberse acostado con Kisuke y de no tener el menor sentimiento de culpa por ello, pero se defendía a capa y espada negando haber hecho esa llamada.

-Cuéntame la verdadera historia con Soi Fong.- dijo Kukaku con curiosidad.

-¿Por qué te interesa? No hay nada que contar- dijo la morena indiferente.

-No me vendrían mal unas risas para animarme el día. Mamá tiene que estar loca para imaginarse que puedas haberle llamado la atención a Soi y, ¡Mucho menos, haberte llevado a su casa a pasar la noche!- dijo con una sonrisa burlesca- Recuerdo que Soi ni siquiera me dio la hora a mí cuando la conocí. ¿Por qué te crees que me hice novia con Gio? Me apuesto cualquier cosa a que lo más íntimo que hiciste con ella fue tomarle un dictado mientras desayunaba.

Yoruichi se volvió hacia la pared y se agarró a ella. Pensó en todos los años que había desperdiciado tratando de ser amiga de Kukaku y se preguntó por qué lo había intentado.

Kukaku nunca la había perdonado el que le hubiera privado de ser la hija única y eso lo había demostrado últimamente acostándose con su novio.

-¿Por qué lo hiciste? -le preguntó Yoruichi sin esperarse realmente una respuesta.

-Kisuke no te ama a ti, sino a mí... ¡Pero no tiene el valor de admitirlo! -dijo Kukaku, poniéndose súbitamente a la defensiva.

Yoruichi se volvió lentamente, su rostro reflejaba la sorpresa.

-Su madre me odia. Cree que soy una cualquiera. Kisuke también lo cree. ¿Por qué te crees que se fue contigo? Me quiere, pero no me quiere, así que jugó a lo seguro.

Dándose cuenta del amargo resentimiento que había en los ojos de Kukaku, Yoruichi se sorprendió más aún. Irónicamente, no se le había ocurrido que Kisuke le importara realmente a su prima. Había dado por hecho que todo ese episodio no había sido más que otra demostración de la necesidad de su prima de destruir cualquier cosa que ella valorara. Un acto de desprecio y superioridad.

-Pero sólo hay una cosa de la que yo quiero hablar contigo-continuó Kukaku, enfadada-. Kisuke está actuando como un idiota, persiguiéndote, negándose a tener nada que ver conmigo, pero eso es sólo porque se siente culpable. Libéralo del anzuelo. Dile que lo comprendes y que aceptas que su compromiso ha terminado. No quiero que se sienta atrapado conmigo.

-¿Atrapado?- pregunto con sorpresa la morena.

-Creo que puedo estar embarazada.- soltó Kukaku.

Aquello fue como si Yoruichi recibiera un puñetazo en el estómago. Se quedó pálida. En un momento supo que su dolor no había terminado todavía. Había afrontado cara a cara la traición de esos dos dándole un golpe a su ego de mujer, pero aun así el concepto de Kukaku embarazada de Kisuke la ponía enferma. Se había imaginado ser ella la que llevara un hijo de Kisuke.

-¡Y no se lo voy a decir hasta que no deje de hacer el estúpido contigo!- siseo Kukaku.

-Puede que yo haya contado cosas...- dijo suavemente la morena.

-¡No! No hay ninguna razón para que nadie sepa que me has pillado con él. Tú te vuelves a Londres, yo me dedico a consolar a Kisuke y luego desapareceremos marchándonos a alguna playa sin hacer ruido. Todo el mundo pensará que somos muy impulsivos, pero dudo que alguien piense que se trata de unas prisas.

-Lo tienes todo pensado.- dijo la morena con una sonrisa sardónica.

-Kisuke es mío -dijo su prima con énfasis-. No puedo decir que lo siento cuando no es así. Pero sí que te puedo asegurar que no fui yo la que hizo esa llamada telefónica.

Yoruichi se rió ante esa aclaración. Kukaku no sólo se esperaba que le sacara las castañas del fuego, sino que además tenía que interceder por ella ante Kisuke. Su prima no estaba tan segura de el como quería estarlo. Pero entonces, ¿por qué se había quedado embarazada? Eso, dada la experiencia de Kukaku, era de lo más improbable que fuera un accidente. Pero entonces una pregunta le vino a la mente rápidamente, ¿desde hacía cuánto que se llevaban viendo a sus espaldas?


Cuando la morena volvió a entrar a la casa, en la cocina, Janice estaba preparando frenéticamente una bandeja para el té.

-¡Han venido Kisuke y sus padres! ¿Qué les vamos a decir tu tío y yo?

Yoruichi casi se rió, pero tuvo miedo de que, si lo hacía, no iba a ser capaz de parar. ¿Kisuke allí?- eso era lo que le faltaba a su día.

¿Y con sus padres? Ya sabía lo afectados y furiosos que estaban los Padres de él. Si estuvieran en la Edad Media, la habrían hecho quemar en la hoguera, por bruja.

En el pasillo cerca de la entrada y camino al salón, se vio interceptada por Kisuke, que salía del salón.

-Yoruichi... tenía que verte. Tenemos que arreglar esto.- dijo con nerviosismo.

-¡Di la verdad! -dijo ella intentando soltar su brazo.

-¿Por qué le dijiste a tu tía que habíamos terminado? ¿Por qué todo el mundo habla de que has salido en una estúpida foto con Soi Fong? ¿No te das cuenta de que me estás haciendo quedar como un verdadero idiota? Obviamente yo sé que no hay nada entre Fong y tú... que no lo puede haber. Pero eso sólo hace las cosas más complicadas.

Entonces sonó el timbre de la puerta y lo hizo como si se le hubiera pegado el dedo a alguien, era de lo más molesto.

-Suéltame -exclamó Yoruichi, temblorosa.

-Te amo y sigo queriendo casarme contigo. Si no hablamos, ¿cómo diablos vamos a arreglar esto?- espeto el rubio.

La morena no pudo seguir soportándolo. Era como si Kisuke estuviera viviendo en algún mundo propio y fantástico, viéndose el cómo víctima y ella como una culpable, sin contar el poco valor que le daba al pensar que otra persona no pudiese desearla. Se soltó con tanta fuerza de su agarre que casi chocó con la puerta de la calle. La abrió entonces, en su rostro se veía su consternación y sorpresa ante la persona que estaba parada en su puerta, los orbes dorados de Yoruichi vieron frente a ella a una persona con rostro serio y una media sonrisa, vestida con pantalón color beige y una camisa blanca y chaleco negro.

Era Soi Fong. La sorpresa hizo que ella retrocediera de golpe. Pero experimentó una oleada de alivio tan poderosa que se mareó. Entonces sintió que unos fuertes brazos la sujetaron antes de que le fallaran las rodillas.

-¿Qué está pasando aquí? -preguntó ella con una mirada gentil.

-Soi... ¡Sácame de aquí, por favor!- dijo suavemente la morena.

-¡Aparta las manos de ella! -gritó Kisuke al cabo de un momento.

Soi Fong no le hizo ni caso y se llevó a Yoruichi hacia un Bugatti Veyron color negro. La instaló tranquilamente en el asiento del pasajero y murmuró suavemente: Descansa, vuelvo dentro de un momento, princesa.

Yoruichi se encontraba confusa ante sus propias acciones y contuvo la respiración. ¿Es que acaso ella se había creído que Soi era una especie de caballero andante que había venido a su rescate? Lo único que sabía era que nunca en su vida se había alegrado tanto de ver a alguien y menos a ella. En ese momento era más que suficiente.

Vio a Soi salir de nuevo de la casa y se preguntó qué habría hecho allí.

Cuando se sentó a su lado en el lado del conductor, le pregunto: ¿Tienes alguna preferencia a dónde ir?

-A cualquier sitio.- murmuro la morena.

Entonces ella se rió espontáneamente.-dios, he programado bien mi llegada. También tengo algunos planes.- dijo Soi.

-¿Por qué has venido? ¿Cómo sabias donde vivo?- pregunto ella.

-Te echaba de menos.- dijo Soi con una pequeña sonrisa.

-inténtalo de nuevo.- le dijo seria la morena.

Soi Suspiro-Me preocupaba un poco el efecto que podría causar toda esa publicidad en el periódico. ¿Has visto lo último que ha salido?- pregunto seriamente.

-Yo creía que ya habían pasado mis quince minutos de fama.- dijo la morena con tono sarcástico.

Entonces Soi le pasó una revista en la que se leía que Inoue Orihime estaba furiosa por haberse visto reemplazada por lo que ella llamaba una impertinente secretaria y la actriz afirmaba que la tal secretaria le había dicho que Soi era una devoradora de mujeres.

-Es cierto que dije eso -susurró Yoruichi-. Se lo dije cuando llamó... que estaba bien sin ti. Puedes tener toda la razón para enfadarte conmigo.

-Fue un buen análisis de mi carácter en esas fechas. No me importa mucho, pero conozco a Orihime y sé que encontrará la manera de hacer rodar la historia.- dijo Soi.

-Kukaku está embarazada -dijo ella entonces, sin saber el por qué.

Soi Fong se echó a reír y la morena lo miró, sorprendida.

-Lo siento, princesa. No ha sido muy amable de mi parte. Pero es que nunca se me hubiera ocurrido que fuera una mujer tan decidida.

-Kisuke no lo sabe todavía. Por supuesto, cuando lo sepa... me dejará en paz.

-¿Acaso, es eso lo que quieres?- pregunto Soi.

-Sí... absolutamente.- respondió espontáneamente Yoruichi.

-Sospecho que ya no te volverá a molestar. Cuando volví a la casa se lo dije a todos.

Yoruichi se tensó en su asiento.-Les dijiste, ¿qué?

-Les dejé claro que nuestra relación sólo empezó cuando tú descubriste que tu novio y tu prima se habían estado viendo a tus espaldas. He sido más amable con ellos de lo que ellos fueron contigo. No he contado el hecho de que los encontraras en la cama.- Soi la miro con seriedad y el ceño fruncido- No comprendo muy bien por qué has querido protegerlos, teniendo en cuenta el tratamiento que, evidentemente, has estado recibiendo.

-Eso va a destruir a mis tíos- dijo ella rápidamente.- no tenías por qué decir tal cosa, además tu y yo no tenemos ninguna relación más allá del trabajo.

-Que los destruya. Ella es su hija y tú no eres responsable de eso.- dijo Soi obviando el comentario final de la morena.

-¡No tenías ningún derecho a contárselo!- espeto la morena.

-Visto lo que oí cuando entré en el salón, la verdad es que disfruté haciéndolo. Tu prima imitó un desmayo de lo menos convincente. Tu ex novio pareció como una trucha que se hubiera tragado el anzuelo. Antes de que me marchara, una mujer rubia con un collar de perlas hizo un comentario de lo más florido acerca de la moral de tu prima, ella se despertó de su desmayo como un vampiro de su tumba y se puso a gritar a toda voz.

-Supongo que te resultó muy divertido...- dijo la morena al ver la sonrisa de Soi.

Pero la verdad era que a ella también se lo pareció, para sus adentros y no pudo evitar dejar mostrar una pequeña sonrisa.

-Ya lo ves, querida. Puedes reírte y sonreír de nuevo.- dijo Soi con naturalidad.

-¿Aun cuando me odie a mí misma por ello? ¿Aunque no tenga ningún derecho a sentirme superior a Kisuke y Kukaku? El mismo día... me acosté contigo.

-Pero tú no lo habrías hecho nunca si te hubieras seguido considerando moralmente atada a él.- dijo Soi con seriedad.

-Esa no es ninguna excusa- dijo la morena.

-Eres correcta y demasiado leal. No creo que hubieras podido practicar una traición como la suya,- miro a la morena de reojo- ni yo me creo que por fin te acostaste conmigo.

La morena giro su vista a Soi ante su comentario final y vio como ella apretaba el volante fuertemente y miraba el camino con atención, desde su acercamiento podía ver facetas distintas de la Soi que conocía o al menos que quizá no se había dado cuenta por la indiferencia y aversión que podía sobre ella.

Por otra parte- volvió Soi a hablar- creo que te vendría bien dejar de pensar como una niña recién salida de un colegio de monjas. Nadie es perfecto, todos somos humanos y hacemos lo mejor que podemos para salir adelante y alcanzar lo que queremos y deseamos.

-Yo les debo mucho a los padres de Kukaku. Si no me hubieran dado un hogar cuando yo tenía cinco años, habría tenido que ir a un orfanato. Me criaron como si fuera su propia hija.

-Mentirosa. – Dijo Soi con molestia-He visto un montón de fotos en esa habitación y ninguna era tuya. Les vino muy bien cuando dejaste de estudiar a los dieciséis años y empezaste tu propia vida.

-Esa fue mi elección. No podía esperar más de ellos. Mi tía no es que tuviera muchas ganas de hacerse cargo de mí cuando me hice mayor. Soy hija de una madre soltera.

-No es algo poco habitual hoy en día.- dijo Soi.

-Mi padre fue un desconocido hombre de negocios que se aprovechó de mi madre.

-¿Es que yo he de disculparme por ser una mujer de negocios, ya que todos podrían decir me he aprovechado de ti? -le preguntó Soi.

Yoruichi no tuvo más remedio que reírse, ante su ocurrencia rompiendo toda la seriedad y el drama.

-¿Cómo se conocieron tus padres?- pregunto Soi.

-Mi madre estaba de vacaciones. Sólo llevaba fuera una semana. Tenía veintiún años cuando conocía a mi padre. Nadie quiso que me tuviera, pero ella sí lo hizo. Mis tíos se hicieron cargo de mí, ya que Kukaku era sólo un año mayor que yo. Tuvieron que hacerlo cuando mama murió.

Soi no hizo ningún comentario u otra pregunta. Yoruichi apoyó la cabeza en el respaldo y añadió: Como ya es habitual, no te he preguntado a dónde vamos.

-Realmente, te importa el destino- pregunto Soi.

-No, la verdad es que agradezco la intervención.- dijo la morena.

-Yo no quiero tu gratitud, Yoruichi.- dijo Soi suavemente.

Un extraño escalofrío le recorrió la espalda de la morena. La pared de hielo que siempre había procurado poner entre ellas ahora le parecía imposible de mantener.

-Ya casi llegamos -le dijo Soi saliendo de la carretera y tomando un camino entre árboles.

-¿Dónde?- cuestiono la morena.

-En Ladymead. Está en venta y tengo una cita para ver la mansión.- respondió sin importancia Soi.

-¿Quieres una casa en el campo?- cuestiono la morena.

-Una base cerca de Londres donde pueda relajarme.- aclaro Soi, apagó el motor delante de la mansión. Ya había allí un auto todoterreno parqueado.

Yoruichi le echó un vistazo a la fachada de ladrillo de la casa, estilo isabelino. Salió del coche y vio como la luz del sol se reflejaba en las ventanas; en algunas de las cuales faltaban los cristales. El antiguo edificio tenía el mismo aire de abandono que los campos que lo rodeaban.

-¿Quieres que te espere en el coche? -le preguntó a Soi.

-Claro que no.- respondió Soi, se acercó entonces al vendedor, habló con él un momento y se reunió de nuevo con ella.

-Vamos a explorarla solas. Así tú me darás tu punto de vista.- aclaro Soi Fong.

El interior estaba bastante mejor conservado que el exterior. Tenía una enorme cantidad de habitaciones, tantas que Yoruichi perdió la cuenta. Las recorrieron casi sin hablarse, pero extrañamente muy cerca la una de la otra, Yoruichi había tomado la tarea de ver cuidadosamente la casa y Soi de vez en cuando le miraba de reojo.

Finalmente, una larga galería, con la luz del sol entrando por una vidriera con forma de diamantes, hizo que la morena suspirara soñadoramente.

-Es una casa muy grande.- dijo ella.

-¿Tú crees? Me parece que va a necesitar mucho trabajo para arreglarla. Tengo que confesarte que preferiría comprarla después de que alguien hubiera hecho todo el trabajo sucio. Pero la verdad es que me la imagino como una casa de familia, como un hogar.- dijo Soi Fong seriamente.

-Sí -suspiró Yoruichi.

Soi la miro intensamente-Cásate conmigo y hagámoslo realidad...- Dijo con tranquilidad.

La morena abrió mucho los ojos, sorprendida, y se le cortó la respiración.

-Quiero una esposa y, en su momento, quizá hijos -le dijo Soi seleccionando la última palabra con una calma completa-. También te quiero a ti. Al parecer, los dos podríamos querer las mismas cosas en este momento de nuestras vidas. ¿Por qué no las buscamos juntas?

Yoruichi se humedeció los labios con la lengua. Tenía la mente completamente en blanco. Soi Fong se acercó un paso más cerca.

-Ya tenemos la pasión, sin la cual un matrimonio de conveniencia no tiene esperanza de prosperar. Tú me deseas, princesa... no te avergüences de admitirlo.

-No me puedo creer que quieras casarte.- dijo Yoruichi.

-Tengo veinticuatro años, Yoruichi... y te confieso abiertamente haber disfrutado de mi libertad durante muchos años- le guiño el ojo y sonrió- desde los 13 años fui muy precoz con las niñas y obviamente no espero pasar toda la vida con el mismo ritmo de vida. Además, acaso no son sólo las mujeres las que sienten la necesidad de sentar la cabeza con una pareja.

-Lo sé, pero...- dudo la morena.

-Un matrimonio práctico y una relación civilizada... eso es lo que te estoy ofreciendo. Donde no hay emociones fuertes, no puede haber tampoco fuertes dolores. En pocas palabras, no te voy a hacer daño, Yoruichi.- aclaro Soi.

Obviamente Soi no quería una esposa que estuviera locamente enamorada de ella. No quería transformarse en el foco de emociones que no tenía intención de devolver. Eso tuvo sentido para Yoruichi. Las mujeres enamoradas pueden ser criaturas muy exigentes. Una mujer enamorada de un hombre o mujer que no la ame a ella puede volverse celosa, insegura y posesiva con mucha facilidad, si el desequilibrio en la relación empieza a amenazar su auto respeto.

-¿Por qué yo? -murmuró Yoruichi-. Apenas me conoces.

-Lo siento, pero no estoy de acuerdo en eso. Llevas un año trabajando para mí. Sé que eres eficaz trabajando bajo presión, una perfeccionista y una perfecta organizadora. Eres puntual. Tus subordinados te quieren y respetan, pero te tienen por reservada, ya que nunca participas en las murmuraciones y comentarios de la oficina.

La morena se había ruborizado ferozmente ante todo lo que Soi sabía acerca de ella.

-Espero que pongas todo eso en la carta de recomendación que me des cuando tenga que buscarme otro trabajo. Parezco la empleada modelo.- dijo sarcásticamente Yoruichi.

-Y así es; además, nunca has sido ambiciosa y cruel tratando de escalar puestos.

-No es algo que me interese mucho.- dijo ella.

-Lo que me viene muy bien. Yo viajo mucho. Una esposa con un trabajo exigente tendría poco tiempo para pasarlo en casa con la familia, en mi ausencia.

-¿Casa y familia?- repitió con asombro.

-Y, si me perdonas, creo que también te he visto en lo peor.- dijo Soi.

-¿Borracha y desesperada?- respondió la morena.

-Pero seguías siendo fuerte y merecedora de todo mi respeto. Te comportaste con una remarcable contención. Yo admiro eso.- dijo Soi con seriedad.

-Soi, no puedo negar que me tientas... pero no creo que esté ahora mismo en un estado mental adecuado como para poder tomar semejante decisión.

-Puede que creas que todavía no me conoces lo suficiente.- dijo Soi.

-No, te conozco ya bastante. Una cosa que me ha enseñado este problema que he tenido con Kisuke es que, aunque lo conozco de toda la vida, realmente no lo conocía de verdad. No sospechaba que siguiera sintiendo atracción por Kukaku y no me di cuenta de nada raro en su comportamiento. Como tú dices, el amor hace que te fíes de la gente, te da una imagen falsa y rosa, además de que te llena la cabeza de pájaros. ¿Fue así para ti...? Me refiero con...

-¿Tia? Naturalmente. A esa edad yo era una cursi romántica que se ilusionaba con encontrar el amor de su vida. Pero luego del dolor y de despertar del sueño ilusorio, todo eso se esfuma...al final el dolor se va y aprendes que hay cosas que solo son una ilusión vana, eso te lo puedo garantizar.

-Eres una mujer muy rica. Debe haber montones de mujeres... Ya sabes... que te pueden venir mucho mejor que yo...- dijo la morena.

Soi sonrió cínicamente.-Pero tú eres muy especial. Mi riqueza no te tentó nada todo este tiempo y no te apartó de tu línea moral. Eso me gustó. Puede que no me guste la idea de casarme pensando sólo en lo que puedo conseguir por lo que poseo materialmente.

-No sé qué decir...- dijo la morena.

-Di que sí -dijo Soi tomándola de las manos.

-Sería una locura.- dijo la morena seria.

-Si crees eso, es posible que mi talento como negociadora esté fallando.

-No puedo pensar bien ahora...- aclaro Yoruichi.

Soi se rió suavemente y los ojos le brillaron de satisfacción. Luego le tomo un mechón de cabello para colocárselo tras la oreja y a Yoruichi se le aceleró el corazón.

-También me gusta el hecho de que te excito...- susurro Soi Fong.

Yoruichi se ruborizó y bajó la mirada, dándose cuenta de que sus endurecidos pezones la estaban traicionando.

-No seas tímida –dijo Soi pasándole la mano por dentro de la camiseta y acariciándole la piel desnuda.

Yoruichi dejó de respirar. Soi con maestría apartó entonces el sujetador y tomó sus senos en las manos. Esa sensación encendió un fuego entre sus muslos y Yoruichi se estremeció.

Soi acerco su boca y le recorrió el labio inferior con la lengua, entonces con destreza, la metió en el húmedo interior de su boca, que ya estaba entreabierta para ella y le beso largamente.

-Si no te transformas en mi esposa, te haré mi amante -la previno Soi entre sus labios después del beso-. Y no quiero que eso pase.

Luego se apartó de su lado y le arregló la ropa con mucho cuidado. Yoruichi estaba temblando.

-Si me vuelves a hacer esto, Soi, te abofetearé. Yo no soy un juguete sin cerebro con el que puedas jugar. ¡No me dejaré controlar ni manipular por ti!- dijo la morena.

-Pero te casarás conmigo.- dijo Soi. Esa convicción con que lo dijo desequilibró más todavía a Yoruichi.

-Yo... tengo que pensarlo.- dudo la morena.

Soi cerró los ojos un momento-No, mira, quiero una respuesta ahora mismo. Bastará un sí o un no. De momento.

Yoruichi la miró fijamente a los ojos. Soi le estaba ofreciendo todo lo que siempre había deseado en unos términos que podía soportar perfectamente. Por otra parte, su orgullo se alegraba de saber que Soi Fong la deseaba y la valoraba. Eso era como un bálsamo para su dolorido ego, Soi le estaba ofreciendo un escape increíblemente bienvenido de una situación que estaba amenazando con transformarse en insoportable.

-Sí.- Respondió con firmeza, pero cuando dijo esa palabra, Yoruichi estuvo a punto de arrepentirse casi inmediatamente, pero entonces pensó en lo que sería estar presente cuando Kukaku se casara con Kisuke. Sería objeto de la lástima de todo el mundo, el espectro de la fiesta, la vergüenza de todo el mundo. En una familia pequeña no había sitio para la novia rechazada y para su reemplazo. ¿Por qué ponerse a sí misma en semejante situación humillante? Seguramente nadie podría sentir lástima por la esposa elegida por Soi Fong, ¿verdad?