"JOYAS DE FAMILIA"
Por Inuky666
"Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos", eso fue lo que dijo el zorro al principito en aquella tierna historia de Antoine de Saint-Exupéry y a lo largo de nuestras vidas terminamos por darle la razón; tal vez si eso lo comprendiéramos desde nuestra juventud las metidas de pata, la envidia, los chascos o desilusiones, el rencor, los recuerdos dolorosos, etc., serían menos de los que hemos "coleccionado" hasta ahora.
Pues bien, cuatro jóvenes comenzarán a entender que no todo es lo que parece y que, por increíble que parezca, los objetos pueden representar más de lo que en realidad son: algunos quedan impregnados con la esencia de nuestro ser, otros son utilizados como portal a espíritus y seres sobrenaturales y otros más, aparentemente están encaminados a satisfacernos…lo cual en ocasiones nos trae más problemas que gozo, o no?
Como siempre la aclaración: historia, mía y personajes: Mizuki e Igarashi.
CAPÍTULO I.- EN EL ÁTICO…
Ya había perdido la cuenta de las horas que tenía en ese pequeño lugar, de cierta manera no tenía nada más qué hacer, pero tampoco deseaba haber consumido su tiempo en tareas domesticas que cualquiera de las mucamas pudo haber hecho. Sin embargo bien conocía a la Señora Elroy: si se negaba a ayudarle, ella se lo recordaría hasta el último día y peor aún, tal vez hasta lo dejaba fuera de su testamento. No, no se arriesgaría a algo así, por eso se conformó con murmurar quejas entre dientes una y otra vez y no solo dedicarse a la tarea encomendada sin, importar que eso molestara a los demás.
-Cómo terminé aquí perdiendo mi tiempo con ustedes?
-Fue porque la tía abuela lo ordenó…o ya lo habías olvidado?
-Neil, Archie, ya basta. La tía abuela simplemente pidió que el ático quedara libre de tanta basura.
-Basura? Pero Anthony, aquí pueden haber objetos realmente valiosos! –Intervino una cuarta voz en completo éxtasis-.
Aquellos cuatro jóvenes continuaron limpiando ese lugar: había muebles viejos, adornos cubiertos de polvo y cajas maltratadas con huellas evidentes del paso del tiempo. Entonces, sin proponérselo, uno de ellos encontró algo que atrapó su atención.
-Qué es eso Archie?
-Parece un espejo antiguo…el marco es muy elegante, después de todo tal vez Stear tiene razón, no todo es basura aquí.
Archie dedicó un buen rato a admirar ese espejo: era ovalado y de buen tamaño, lo suficiente para colgarlo en la pared de su habitación y admirar su rostro en él, bastaba con limpiarle esa gruesa capa de polvo que lo tapizaba.
Pasaron un par de horas más y fue ahora Anthony quien parecía haber encontrado algo a su gusto.
-Qué hermosa pintura! –Exclamó elevando entre sus manos un lienzo pintado al óleo-.
Los otros tres se acercaron en torno a él y observaron asombrados la opaca imagen de aquél lienzo con una gruesa capa de polvo pero pese a ello, podía contemplarse un rostro femenino de rasgos delicados que sostenía una sola rosa muy cerca de sí.
A los pocos minutos escucharon que les llamaban ya que era hora de cenar, el trabajo estaba a medias pero ya lo continuarían mañana. Archie envolvió el espejo en unas hojas de periódico y salió llevándolo consigo; Anthony hizo algo similar con la pintura. Stear un poco desilusionado, salió del ático esperando que mañana pudiera encontrar algo interesante ahí.
Neil iba detrás de todos ellos, él tenía la llave y estaba a punto de cerrar, sin embargo un repentino resplandor le hizo mirar atentamente hacia una esquina.
-Vienes Neil? –Le preguntó Stear-.
-Sí, en un momento los alcanzo –Fue lo único que respondió-.
Asegurándose de que sus primos bajaban al comedor, Neil entró nuevamente al ático y se dirigió a aquella esquina de la que provino el fugaz resplandor, apartó con brusquedad las cosas que estaban amontonadas y entonces lo encontró: en el piso estaba una pequeña caja de cartón, semiaplastada y polvorienta cuyos agujeros dejaban escapar aquél resplandor como medianos rayos de luz de luna. Se inclinó y la recogió para enseguida sacudirla tratando de adivinar su contenido.
-Qué bruto soy! Si brilla tanto seguramente es una joya y la estoy maltratando!
Teniendo la incertidumbre de que sus primos regresaran, Neil optó por guardarse en el bolso del pantalón aquella cajita y cerró inmediatamente el ático para dirigirse al comedor.
La cena transcurrió sin eventualidades bajo un silencio solemne, tal cual le gustaba a la señora Elroy. Entonces Anthony se atrevió a preguntar:
-Tía Elroy, qué quieres que hagamos con las cosas del ático? Piensas tirar todo?
-La verdad es que ese ático está lleno de recuerdos y también de baratijas, así que planeo conservar solo lo que valga la pena. Cualquier pequeñez irá directamente al basurero –Respondió secamente-.
-Y si encontráramos algo que nos guste tía? Podemos conservarlo? –Preguntó Archie esta vez-.
-Bueno…supongo que algo de ahí puede serles de utilidad. Está bien, si quieren quedarse con algún objeto, pueden hacerlo.
Archie y Anthony le comentaron brevemente a la señora Elroy sobre sus hallazgos sin dar muchos detalles al respecto, sin embargo hubo un momento en que la anciana permaneció en silencio cuando Anthony le mencionó el lienzo pintado al óleo:
-"Será esa misma pintura? No lo creo, se supone que fue destruida hace mucho tiempo y ningún miembro joven de la familia sabe que ella existió."- Se dijo a sí misma silenciosamente-.
Prefirió cambiar de tema, como si los objetos de los que hablaban sus sobrinos carecieran realmente de importancia, Neil observaba en silencio a cada uno de los comensales, él no estaba dispuesto a compartir lo que encontró, se guardaría para él solo el descubrimiento de esa joya pues ya había planeado venderla al mejor postor.
-"No me importa si es un recuerdo, si la dejó en el ático no debe importarle mucho. Yo la encontré, así que ahora es mía y haré con ella lo que quiera" –Pensó Neil para sus adentros-.
La cena terminó y la sobremesa fue breve. Todos se fueron a dormir a sus respectivas habitaciones; ya en la soledad de su recámara cada uno comenzó a divagar en sus propios intereses e inquietudes.
Archie buscó un trapo para limpiar el espejo y mientras lo hacía fue descubriendo cada detalle de aquel objeto: tenía un marco de oro hermoso, con forma de varias hojas y tallos, como una enredadera, la superficie estaba intacta siendo solo el polvo el que cubría el reflejo. Probó en cada espacio de aquellas cuatro paredes para decidir en qué sitio lo colgaría. Sonrió ante su propio reflejo y se dijo a sí mismo:
-Este espejo es maravilloso, casi diría que es mágico, mi reflejo me hace lucir aún más guapo de lo que soy –Y sonrió coquetamente. Acto seguido, lo colgó en aquella pared, quedando el espejo justo frente a su cama- Así es perfecto: lo primero que vea cada vez que despierte será mi reflejo!
Al terminar de colocarlo pasó suavemente sus manos sobre el marco de oro y entonces notó que en la parte inferior a manera de broche había una pequeña figura que inicialmente no supo lo que era, pero que después pudo reconocer: un pequeño rostro de querubín con su respectiva pequeña ala a cada lado. Sonrió nuevamente ante tal descubrimiento y una vez más se alegró de haberlo encontrado.
Por otro lado, Stear se puso su pijama y se metió en la cama, estaba un poco frustrado al no haber hallado algo que le fuera útil. Sin embargo eso no le quitó el sueño y poco después yacía con los ojos cerrados y esbozando una pequeña sonrisa; parecía estar soñando algo que le resultaba agradable. Tan profundo era su sueño que no se despertó ante los ruidos en su puerta.
-Creo que ya se durmió. Terminé de limpiar la pintura y quería mostrársela, el rostro de esta joven es muy hermoso –Dijo Anthony contemplando él mismo el lienzo entre sus manos-.
Caminando sigilosamente, cual si fuese un gato, Anthony regresó a su habitación y entró sin hacer ruido. Miró alrededor y decidió poner el cuadro sobre una repisa, ya mañana decidiría en que sitio colgarlo.
Se sentó en la cama y por unos instantes contempló en silencio la imagen de la joven; qué le gustaba más de ella? Su largo cabello? Sus delicados labios? O tal vez simplemente la rosa que sostenía cerca de su rostro. Anthony amaba las rosas, pero no, no era eso lo que le atrajo del cuadro, en realidad fueron aquellos ojos castaños los que inmediatamente lo cautivaron.
Observó desde distintos ángulos aquél cuadro; ella lucía tan perfecta como un ángel y curiosamente le pareció que ella también lo observaba a él desde distintas perspectivas, era como si ella le siguiera con la mirada. Anthony permaneció unos segundos más así, jugando con aquél lienzo y esbozando una sonrisa le dijo:
-Eres muy hermosa, pero tus ojos están llenos de algo que no sé que es: tristeza? Tal vez soledad?…no lo sé. Realmente exististe alguna vez? O fuiste creada gracias a la imaginación de alguien que como yo, buscaba a la mujer perfecta?
Anthony permaneció de pie por unos segundos más, ahí frente a la pintura, con sus brazos cruzados, en silencio, como esperando que esa imagen le respondiera sus dudas. Finalmente dio media vuelta y se dirigió a la cama mientras con un tono adolescente dijo:
-Creo que me estoy enamorando de ti!
Lo que Anthony no pudo ver fue que aquella joven del lienzo pareció seguirle aún con la mirada y que al escucharle decir que se estaba enamorando, aquella mirada pareció emitir un leve y fugaz brillo mientras que aquellos labios femeninos se deformaban en un discreto esbozo de sonrisa.
En la penumbra de su recámara, decidió permanecer solo iluminado con una pequeña lámpara, no quería que alguien notara que seguía despierto. Sacó de su bolsillo aquella pequeña caja, le sopló el polvo y enseguida la abrió. Resultó ser un pequeño estuche cuyo interior guardaba celosamente un anillo que en su centro tenía una hermosa piedrecilla con una base metálica en forma de araña, con sus ocho patitas extendidas.
No parecía ser muy caro y no medía más de tres centímetros; la base y el aro no eran de oro, quiso pensar que era de plata, pero aquella piedrecilla era bonita y reluciente, de un extraño tono azulado. Lo miró detenidamente y entonces descubrió una pequeña inscripción en la cara interna del aro que decía: "Todo para ti".
-Maldición! Esto no es más que una baratija! Seguramente no vale ni un dólar!
Neil lleno de frustración aventó aquella pequeña caja contra la pared, en ese momento, del interior de la caja se deslizó una pequeña tarjeta; la levantó con desgano, pero después de limpiarla notó que tenía una párrafo escrito con letras muy pequeñas y garigoleadas.
-Qué significa esto? Bah! Tonterías! No estoy de humor para leer pequeñeces! Además, tendría que robarme los lentes de la tía abuela para alcanzar a leer letras tan pequeñas!
Sin embargo, un segundo después pareció tener una idea. Corrió a su cama y tomó nuevamente el anillo, lo limpió y se lo colocó en el dedo; ahora la piedrecilla parecía brillar discretamente.
-Se verá mejor a la luz del día –Dijo-.
Sus ojos brillaron delatando aquello que se le había ocurrido: una personita especial podría quedar complacida con un pequeño regalo no tan suntuoso? Sí, claro que él conoce a alguien así.
-Seguro le gustará! Se lo daré en señal de…nuestra "amistad". –Y rió, pero después con un suspiro agregó- Si tan solo me dejara estar cerca de ella, si tan solo me dejara estrecharla entre mis brazos...
Nuevamente la piedra de aquel anillo en su dedo, brilló pero Neil no lo notó. Finalmente guardó el anillo en uno de sus cajones, mañana se arriesgaría a sufrir otro rechazo, como ya tantas veces antes.
Al día siguiente, los cuatro almorzaban sin la señora Elroy, tenían que terminar pronto la tarea de limpieza iniciada ayer. La puerta principal de la casa se abrió y una voz ya conocida se escuchó saludar alegremente. Ellos se precipitaron a levantarse de la mesa y recibirla en el vestíbulo. Sí, era Candy.
Platicaron alegremente por casi una hora, después ella se despidió para permitirles continuar con su ardua tarea en el ático. La vieron dirigirse a la puerta y salir, entonces Neil discretamente fue detrás de ella.
-Candy, espera un momento por favor.
-Qué pasa Neil? –Preguntó secamente-.
Lo cierto es que Candy lo toleraba por mera cortesía, en realidad, todos los intentos de él por ser amable con ella habían llegado demasiado tarde para borrar la imagen que ya se había forjado ante ella sin tanto esfuerzo. A últimas fechas había llegado a sentir náuseas ante sus aproximaciones románticas y hoy, nuevamente estaba ahí, frente a ella, con la mirada suplicante y el rostro apenado.
-Candy yo…yo sé que no te gusta que me acerque a ti, pero…pero…lo que pasa es que yo…yo quisiera…bueno…
Entonces ella lo miró fijamente de pies a cabeza, sintió algo, algo diferente a la repugnancia habitual hacia Neil, era una sensación extrañamente cálida que lentamente le inundaba el pecho y se extendía por todo su ser. Poco a poco, de la nada, sintió la necesidad de tranquilizar a aquél joven que se encontraba frente a ella y que no era capaz siquiera de externar abiertamente sus intenciones. Ternura? Sí, podría llamarse así aquella extraña sensación que nunca antes él le había despertado.
-Qué pasa Neil? –Se acercó y le sonrió dulcemente al tiempo que buscaba su rostro para mirarlo de frente- Sabes que puedes decirme lo que sea.
Neil la observó un tanto sorprendido, ahí estaba ella, tratando de establecer contacto visual…y cercanía física. Candy le tendió su mano hasta tocar la suya, suavemente acariciando los dedos de él, sin notar que rozaba también aquel anillo en forma de araña que Neil se había puesto otra vez en su dedo anular. Despacio y discretamente ella buscó asirse de su brazo y comenzaron a caminar lentamente a través del jardín hacia el portón. Neil no supo qué decir, tartamudeó más que de costumbre y ella pareció ayudarle a relajarse.
-Tranquilo Neil, lamento ser tan quisquillosa y mantenerte alejado…tal vez deberíamos darnos una nueva oportunidad de conocernos mejor, comenzar desde cero, qué te parece?
No creía lo que acababa de escuchar! Ella estaba dispuesta a darle una oportunidad! Sintió que su corazón reventaría de felicidad y trató de hablar cuidando sus palabras:
-Pues yo…siempre he querido invitarte a salir, pero…
-Vayamos a tomar un café esta noche! –Dijo esbozando una sonrisa aún mayor la joven rubia-.
Neil se quedó de piedra ante lo que Candy le propuso, ni siquiera pudo pronunciar ya palabra alguna y solo asintió con la cabeza. Ella le dio un beso en la mejilla y se alejó dando saltitos como si fuese una chiquilla. Él se quedó parado ahí, en el portón, como bobo mirando a la nada, apenas tocando con su mano la mejilla que ella le besó.
Al entrar al ático, los tres muchachos lo observaron en silencio, Neil un tanto molesto y a la vez apenado, dirigió la mirada hacia el piso y comenzó a hacer lo suyo, los otros supusieron que había recibido un rechazo más para anotarlo a su cuenta, prefirieron no molestarlo y seguir limpiando.
Transcurrieron un par de horas en silencio y la voz del joven inventor rompió el silencio:
-No he encontrado nada que valga la pena…Ey! Un momento! Qué tienes entre tus manos?
-Qué pasa Stear? –Respondió Archie un tanto fastidiado por el tono en que le hablaba su hermano- Es solo un viejo reloj, seguramente ya ni sirve.
-Pero si es una joya! –Exclamó Stear emocionado-.
En realidad ese viejo reloj tenía la forma de un caprichoso carrusel que en vez de caballos tenía pequeñas figuritas de porcelana semejantes a humanos y en la cima de su carpa se encontraba la pequeña carátula redonda de un reloj pero sin manecillas.
-En total deberían ser doce las figurillas pero solo tiene ocho –Observó atentamente el impetuoso inventor-.
-Te lo dije: es solo basura –Insistió Archie alzándose de hombros-.
-Me lo quedaré y lo arreglaré –Respondió emocionado-.
Atardecía y al parecer la limpieza del ático estaba finalizando, terminarían seguramente poco antes de la hora de cenar. No hubo más objetos que rescatar, lo demás fueron solo cajas de ropa vieja que dieron a la caridad, unos muebles corroídos por las termitas y algunos aparatos ya inservibles que tuvieron que desechar; quedaban algunos baúles que no pudieron abrir porque estaban cerrados con candados cuyas llaves no poseían en ese momento así que solo los limpiaron y los dejaron ahí, en alguna otra ocasión tendrían oportunidad de revisar su contenido si es que la señora Elroy les llegaba a dar las llaves.
Cuatro jóvenes, cuatro objetos…las coincidencias no existen, solo aquello que es inevitable. Primero Archie encontró ese espejo, luego Anthony la pintura, Neil aquél dije en forma de araña y finalmente Stear con un reloj. En apariencia los jóvenes eligieron esos objetos…o fueron los objetos los que eligieron a los jóvenes como sus nuevos dueños?
De un modo o de otro, ellos no podrán escapar de su destino, sin saberlo, han creado las condiciones propicias para que cada uno sea protagonista de su propia pesadilla…
Después de que los muchachos encontraran cuatro objetos que consideraron "tesoros" o "joyas", cada uno tendrá su propia historia qué contar. No es que estas historias ocurrieran de manera simultánea en realidad, sino que dentro de la historia de los Andry, estas cuatro vivencias fueron determinantes en el futuro del linaje familiar. Todas las familias tienen una historia oculta…pero los Andry tienen más de una...
Hola nuevamente! Después de ausentarme un rato, he decidido hacer el esfuerzo y crear una nueva historia de las que me gustan; no será tan corta pero tampoco tan larga, espero que resulte de su agrado. Saludos y gracias por leer! :D
