Capítulo 2: La guarida del lobo
Cuando Rin llegó a la guarida una batalla de reacciones estalló dentro de sí; Agobio, ansiedad, ira, impotencia… Todo ello acompañado por un pestilente aroma similar a la comida podrida. Mantuvo la compostura lo que pudo, era tan sólo un truco y se sentía así por solo una razón:
-Tiene un sello anti magia –Susurró para sí. En su corta vida había visto muchísimos conjuros similares, pero este era especialmente fuerte. Normalmente este tipo hechicería se usa para proteger sitios importantes, pertenecientes al gobierno o la realeza; Se encargan de consumir la energía del mago y crear un ambiente tan agobiante que sea capaz de agotar el poder mental, produciendo además un terrible dolor de cabeza, eso era lo que le estaría transmitiendo a Len.
Era algo similar a estar en una habitación minúscula de hierro encerrada, soportando el doble de tu peso, o así lo describiría Rin, pero aún sí fue capaz de continuar andando, aunque cada paso le costaba, parecía que la presión del lugar la aplastaría en cualquier momento contra el suelo.
-¿Has dicho algo? –Se giró el pelirrojo al escucharla susurrar-.
-Que desearía que mi secuestrador no apestara tanto, Dios santo…
A pesar del insulto el hombre sólo pudo reír – ¡Que lengua más afilada señorita! ¿A ti no te enseñaron modales de pequeña?
-¿Y a ti lo qué es el agua y el jabón? –Por toda respuesta el hombre pegó un puñetazo en la pared, desprendiendo algunos trozos de ella mientras esbozaba una media sonrisa. Si su intención era aparecer amenazante lo había conseguido.
-Voy a disfrutar mucho cuando te entregue a mí señor, y luego que él decida que hacer contigo. Le encanta domar a las jovencitas insolentes, pero hasta él tiene un límite y quizás tú seas la afortunada que lo rebose.
"¿Domar?" ¿Acaso ella tenía pinta de conejo? Aún sin magia, si algo era en este mundo la muchacha es soberbia y altanera y no permitiría que nadie se refiriera a ella como una presa de caza. No se pensó mucho si era apropiado o no, pero empezó a canalizar energía, no mucha, la suficiente para hacer un pequeño fuego fatuo para chamuscarle el pelo, eso podían hacerlo hasta los magos más novatos. Pero en sello se cernió contra ella de manera inmediata, como si le quitara poco a poco la energía que tenía. De pronto se sintió desfallecer, como si no hubiera comido en día y su vista se tornó nublosa, no pudo seguir el ritmo y acabó en el suelo y sin poder levantarse, lo cierto es que había subestimado la magia de Gackupo o sobrestimado la suya.
-Ahora sientes miedo, eh, renacuaja –Afirmó el pelirrojo mientras la levantaba por el cabello –Ya hemos llegado ¿Te gusta tu nueva casa? –Añadió sarcásticamente.
Lo que vio la rubia la dejó totalmente sin palabras, una mente totalmente vacía dominada con una única palabra: ira.
El interior ella enorme, todo el pueblo podía caber entero allí y aun así sobraría espacio. Un ambiente tosco y grotesco, similar al Sabbat por lo que había leído la maga en los libros de brujería y magia negra. Cientos de hombres a simple vista se veían bebiendo y comiendo, sin para reír alrededor de una gran hoguera, siendo servidos por mujeres, mujeres que obviamente había sido secuestradas y estaban totalmente demacradas, atadas con grilletes en manos y piernas que les habían causado heridas, contusiones por todo el cuerpo. Algunas bailaban, otras estaban tendidas, otras hablaban ¿Por qué no intentaban escapar? Parecían autómatas sin voluntad.
-Bastardos –Fue lo único que alcanzó a proferir la chica cuando se sintió algo menos mareada - ¿Qué les habéis hecho?
-Qué palabras tan feas pequeña… Pronto serás una de ellas – De un tirón la levantó por el brazo y siguió arrastrándola – te llevaré hasta el único que podría responderte, pero yo controlaría un poco mis palabras.
No dijo nada más en el tuvo que cargar prácticamente con la chica hasta que la arrojó de mala manera a una sala –Buena suerte –casi escupió con retintín antes de cerrar la puerta.
La chica gateó hasta la salida y golpeó la superficie de madera ¡Maldición! No sabía donde se había metido. Echó un vistazo a su alrededor, aquella estancia difería mucho del panorama de afuera, todo la que la rodeaba era lujo: muebles de madera barnizada, cortinadas bordadas y cojines de seda por doquier. A ese tal Gackupo le gustaba ser ostentoso, eso y le encantaba demostrar todo el poder que tenía y lo que podía conseguir.
Se puso en pie, rígida, al sentir una presencia a su espalda.
-Vaya, vaya, vaya… La nueva imagino ¿No?-Al escuchar esa voz se giró para encontrarse ante sí a la imponente y alta figura que le hablaba. De cabello morados, mirada fría y sonrisa socarrona se componía el hombre que había secuestro a cientos de chicas durante una año.
Le devolvió la sonrisa orgullosa –No puedo decir que es un placer- repuso la chica como si no temiera nada, aunque mentiría si dijera que su pulso no temblaba.
-No, pero podría serlo ¿Por qué no te sientas y bebes algo? –Le ofreció una copa dorada, seguramente de oro, mientras la examinaba de arriba abajo. La miró a los ojos, pero la chica le apartó la mirada y tomó el cáliz entre sus manos.
La chica olisqueó un poco. Verbena. Apartó la copa de sí como si fuera veneno, aunque solo era suero de la verdad –No tengo sed –Le volvió tender la copa.
El hombre profirió una carcajada gutural que inundó toda la sala –Me has pillado pequeña, pero yo a ti también, no eres como las otras… Tu aura, desprende magia. Demasiada para alguien tan pequeño. Te sentí desde la entrada, aunque lo cierto es que esperaba a alguien más grande, pero me alegro que seas tú.
-¿Entonces no tengo que seguir fingiendo ser un corderito en la boca del lobo? –Contestó con una fingida voz inocente.
-No, no aún al menos. ¿Cómo te llamas?
-¿Sabes? No es de tu incumbencia, no soy alguien a quién puedas domar fácilmente.
De nuevo más risas –Orgullosa y con carácter, cada vez me caes mejor, aunque ganarías puntos si te relajarás un poco más y si colaboraras.
-No es tu día de suerte entonces…
-Ni el tuyo tampoco. Dudo que alguien tan poderoso como tú esté aquí a menos que no se haya dejado atrapar, ¿No es así? Imagino que serás el alma caritativa que vendrá a salvarlas ¿No?
-Por supuesto –la chica rebosaba confianza o eso era al menos lo que quería hacer ver y esa actitud no podía complacer más a su oponente.
-Deduzco entonces que no te gusta mi pequeña corte de los milagros, lastima… Ahora dime ¿Hay más como tú?
-Sí. Ciento de miles. En la puerta. Lo cierto es que están esperando cualquier tipo de señal mía para atacarte, estás perdido amigo.
-Es muy difícil tomarte enserio cuando tu no me tomas enserio a mí, no juegues conmigo o mejor dicho… ¿Por qué no juegas a mi juego? –Dijo esto cogiendo la copa que había traído antes llena de verbena –Hagamos un pequeño trato –Dijo tendiéndole de nuevo la bebida –Yo sabré lo que quiero saber y tú sabrás todo lo que quieras saber.
-¿Cómo sé que no vas a mentirme?
Se llevó una mano al pecho fingiendo estar dolido -¡Cómo me ofendes señorita! Pero si insistes –Bebió el primero del vaso y se lo ofreció de nuevo –Ya tienes una garantía.
La chica dudó un poco mientras sostenía el cáliz entre sus finos dedos. Podría saberlo todo de él si bebía, un trato es un trato ¿No? Además ella no poseía ninguna información valiosa pero él en cambio tenía demasiada. Cerró los ojos y de un trago terminó todo el contenido. Cuando el líquido pasó su garganta sintió un latigazo en su cabeza, como si un hilo se rompiera, supo entonces que la conexión entre ella y su hermano se había roto, puesto que ella tampoco podía sentir a Len, sería algún tipo de efecto secundario. Se disculpó mentalmente, ella le había prometido que no correría peligro pero ahora no podía asegurarlo.
Gackupo limpió con su pulgar un poco del líquido en la comisura de sus labios –Buen trabajo… Y ahora ¿Cómo te llamas?
-Rin. Rin Kagamine.
-Kagamine, Kagamine… Lo cierto es que no me suena para nada –Intentó hacer memoria – Aunque bueno ahora que lo pienso… Me viene a la cabeza un nombre… ¿León Kagamine? Un zapatero que tenía dos hijos, hace muchísimos años.
-Era mi padre – la chica se tensó ¿Cómo era posible que conociera a su padre?
-Oh, que interesante, aunque no te pareces demasiado, no obstante eres clavadita a tu madre –El hombre se sentó encorvado en un sillón tapizado. Rin no sabía cómo reaccionar, le hablaba de manera amigable, como si hubieran sido conocidos de la infancia -¿Tu hermano sigue vivo?
-Si –Lo mejor era dar repuestas cortas, pensó, así no daría demasiada información – Ahora me toca preguntar a mi ¿No crees?
-¡Oh! ¡Por supuesto! A veces olvido totalmente mis modales
La chica dudó. Podía preguntarle cualquier cosa y el diría la verdad pero la curiosidad la estaba matando y se aventuró en su pregunta -¿Cómo… Cómo conocías a mi padre?
-Bueno, yo no diría conocer. Mi ejercito se encargó de arrasar su aldea, aunque el pensar que quedaron dos supervivientes me indigna, pero por otra parte… viendo que ahora estas aquí… Me alegro de que cometieran tal error. –Contestó con simpleza como si hubiera dicho lo más normal del mundo, pero lo cierto era que Rin ya había reaccionado, con la mirada inyectada en sangre se puso en pie de un salto.
-¡Hijo de puta! –Fue lo único que logró espetar la chica antes de abalanzarse sobre él -¡¿Por qué hiciste eso!? ¡Maldito asesino!
Sin ningún esfuerzo el hombre sujetó a la rubia de las muñecas hasta que logró paralizarla contra el suelo.
-¡Hay que ver que humos! ¡Pasó hace años! ¡Dios! Lo hice bajo la orden del demonio azul
-¿Quien es el demonio azul? ¿Y por qué lo hiciste? –Seguía enfadada y pataleaba contra su pecho para poder zafarse, pero en cuestiones físicas Rin no tenía demasiado que hacer.
-¡De una en una! El demonio Azul es… casi un Dios, benevolente y poderoso y lo hice porque él en su infinita bondad me concedió mi más preciado deseo a cambio de mi alma.
-¿Tu más preciado de… -La chica fue callada por el dedo índice del hombre. Había sujetado ambas muñecas por encima de su cabeza.
-Concédeme una última pregunta antes de desatar toda tu ira y preguntas sobre mí –La chica asintió tensa por el gesto casi cariñoso del hombre. Parecía no afectarle nada, conservaba su templanza e incluso los modales en todo momento –Dime Rin ¿Eres Virgen?
La chica se negó mentalmente a contestar, por toda respuesta ejerció más presión contra él, pero la verbena hacía efecto en su cuerpo. No podía callarse, le quemaba la respuesta –Si… -murmuró casi sin fuerza, pero por la cercanía él la escuchó estupendamente.
-Perfecto… -Precipitó sus labios al frágil cuello de la chica depositando precavidos besos cerca de su clavícula, lo que provocó que la chica se pusiera aun más nerviosa.
-¿Cuál fue el desea que te concedió el demonio azul?
-La verdad Rin –la encaró mirándola fijamente –Es que puedo conseguir que cualquier chica que deseé haga lo que me plazca con tan sólo mirarla a los ojos –La chica iba a negarle aquella respuesta, que ella no podría caer en algo tan bajo y sucio, pero antes de poder decir nada se perdió en aquella intensa mirada morada. Las palabras, la acciones sonaban en su cabeza, pero no podía hacer nada, no tenía un control pleno de su cuerpo, era como una marioneta sin hilos- Y ahora Rin, el juego sigue mis normas…
Gackupo comenzó a intensificar sus caricias y enseguida comenzó a devorar sus labios. El hecho de no ser correspondido no parecía importarle lo más mínimo. ¡No! ¡No! No puedo acabar así pensaba la chica sin que su cuerpo obedeciera sus órdenes. El corpiño fue desatado sin dificultad mostrando un poco de piel del escote ¡Para! Por Dios ¡Para! Sintió ganas de llorar, pero no se dio el lujo de hacerlo, no, eso era lo que esperaban de ella, que suplicara asustada, que pidiera ayuda. Ella era valiente, debía serlo, su madre se lo había enseñado.
-¡Señor! ¡Señor! –Unos escandalosos golpes en la puerta detuvieron al hombre de su labor. Se incorporó, quedando a horcajadas sobre la chica.
-¡ahora no, Akaito! Estoy ocupado.
-Pero tenemos una grata sorpresa –Sin esperar más, el nombrado y otro hombre entraron en la sala, con una tercera figura –Estaba en los alrededores ¡Dos de dos!
Gackupo pareció entonces mucho más interesado ante la nueva adquisición femenina –Quédate aquí Rin, enseguida vuelvo – Y la chica obedeció, sin moverse ni un ápice, continuó en el suelo.
Y fue entonces cuando alzó su vista todo lo que pudo para ver a la nueva captura, aunque eso solo alteró sus neuras. A pesar de tener las manos atadas y un saco en la cabeza podía reconocer el vestido gris perla de detalles morados de la mesera del día anterior ¡Haku! ¡Dios Santo! Habían cogido a Haku. Y si Haku estaba ahí eso sólo significaba dos cosas: O que Len había huido, cosa que descartaba antes de planteárselo, o que le hubieran dado caza o incluso la muerte. Ahora sí que sintió ganas de llorar, por su culpa su hermano podría estar muerto y habían atrapado a otra pobre mujer ¡Si no fuera tan cabezota! Como desearía haber escuchado las palabras de su gemelo el día anterior, no estaría en ese infierno.
-Estupendo ¡Mejor que eso! ¿No te parece divertido Rin? Buen trabajo chicos, podéis iros –Los sirvientes sonrieron alagados y abandonaron la sala. La chica intentaba deshacerse de sus ataduras en vano –Y Ahora… veamos que tenemos aquí –Pronunció Gackupo vicioso retirando la capucha y clavando su vista en la cristalina mirada de su nuevo juguete –Nada mal… Espera un momento…
El hombre volvió a mirar a Rin para luego volver a fijarse en la chica asombrado por el parecido cuando se dio cuenta que había caído en la trampa.
-¿Decepcionado? –Espetó Len mientras de un cabezazo golpeaba al hombre, para luego propinarle un rodillazo en la entrepierna -¡Vaya! Eres la primera persona a la que le disgusta mi físico –De un tirón logró por fin soltarse de las cuerdas que aprisionaban sus muñecas y con la mis brutalidad se quitó el vestido, rompiendo el broche.
Bajo la falda sólo llevaba sus pantalones acompañado de su habitual arsenal de armas, se decantó por la espada y se puso en guardia, apuntando el filo hacia Gackupo pero clavando la vista en su hermana.
-¡¿Pero qué haces ahí Rin!? ¡Ven aquí!
El hombre, que había permanecido desconcertado por los ataques se incorporó aun sintiendo un leve dolor que no le impidió sonreír victorioso –No va a ir a ningún sitio, ahora me obedece ¿A que sí Rin? –La chica asintió sin poder mirar a su hermano.
-¿Pero que está diciendo Rin? ¡Déjate de bromas!
-No es ninguna broma muchacho, estaba bajo mis órdenes cuando interrumpiste ¿A que ya no te parece tan divertido?
Entonces fue cuando Len se percató del vestido semi desabrochado de su hermana, el pelo revuelto y la mirada afligida, sin poder moverse del lugar que le había asignado -¡Bastardo! ¿¡Qué le has hecho!? –Gritó mientras se abalanzaba furioso con el arma en alto.
-Nada que un caballero confesaría – Se burló –Pero he de admitir que en tu familia sois muy mal hablados.
Cada provocación hacía en Len el efecto que Gackupo quería provocar: Que el chico atacara con furia y no pensara sus movimientos, así era más fácil de esquivar. Rin se había percatado de la táctica, conocía a su hermano y en ese momento estaba ciego de ira, atacaba demasiado y no cubría su guardia, por eso Gackupo no tardó en encontrar un flanco descubierto y propinarle ahí un puñetazo que lo derribó a suelo dejando caer lejos su espada.
Gackupo apoyó su planta del pie contra el pecho del chico, ejerciendo presión y que al mismo tiempo el joven se estremeciera – Fin de la partida… He de admitir que me has decepcionado bastante, muy mediocre, por alguna razón esperaba algo más de ti – pronunció altanero
-¿Y esperabas esto? –En un rápido movimiento, Len clavó la daga que siempre llevaba oculta en la pernera, en la espinilla del hombre. Traspasó sin dificultad la carne y aprovechó para tirarlo junto a él y girar encima suya para golpearle una y otra vez en la cara, desatando toda esa rabia contenida, hasta que rompió su nariz y dientes incluso.
Cuando dejó todo el rostro de su oponente empapado por su propia sangre se levantó a recuperar su espada, dispuesto darle el golpe de gracia a ese malnacido y lo hubiera hecho, si su hermana no estuviera en medio impidiéndole el paso.
-Muy bien Rin –Dijo Gackupo poniéndose en pie, a un le quedaba un as bajo la manga –Bloquea con tu cuerpo cualquier ataque ¿De acuerdo? –Finalmente cuando estuvo incorporado rodeó el cuello y la cintura de la chica con ambos brazos –No me has dejado otra alternativa…
-¡Cobarde! –Interrumpió el chico impotente ante la situación.
-¿Cobarde? No confundas, sólo me aprovecho de los puntos flacos de mi enemigo. Cuando la conocí creí que no encontraría a nadie tan irritante como ella, pero has logrado superarla, lástima que ya me haya cansado. Recuerda, no me has dejado otra ¡Guardias!
En un santiamén la habitación aparecieron seis hombres armados bloqueando toda salida.
-Y ahora se buen chico y tira el arma o le rompo el cuello a tu hermanita.
Por toda respuesta Len lanzó la espada a los pies del hombre, no tenía otra opción y si la había tenía que ser una en la que al menos su hermana saliera viva de allí. Dos de los guardias sujetaron los brazos del chico haciéndole caer de rodillas y otro desenfundó el arma, dispuesto a decapitarlo.
-¡Ah! Me encanta cuando la historia tiene un final feliz –Se burló el jefe con soberbia –Rin ¿Quieres dedicarle unas últimas palabras a tu hermano?
Por fin la joven tuvo control de sus cuerdas vocales. Le dirigió la mirada a su hermano, y esta vez sí estaba envuelta en lágrimas –Len… Puedes con ellos, ambos lo sabemos y mi cuerpo es fácil de atravesar, aún podrías salvarte, no me importa… No importa si muero ¿Verdad? – Rin trató de sonar convincente e hizo mención a una frase que su propio hermano dijo hace algunos años "No importa cual de los dos muera, lo único que quiero es proteger aquello que es importante para mí"
Len no respondió, solo le apartó la mirada mirando al suelo y estirando el cuello, así el golpe sería aun más certero.
-¡No! ¡No! ¡No! ¡Len! –Gritaba la chica desconsolada, incluso intentó zafarse. No fue hasta que vio la espada abalanzarse contra el cuello de su hermano cuando algo estalló en su cabeza.
Si hubiera podido describirlo de alguna forma, Rin no hubiera encontrado palaras. Eres como si su cráneo fuera de cristal roto y miles de trozos se clavaran en su cerebro intentando atravesarlo. Como estar sumergida en las llamas del infierno y a la vez en el agua más congelada, sentía millones de agujas contra su piel, como la mantenían en el suelo. No sabía que estaba pasando ¿Sería efecto del sello anti magia? A pesar de ello Rin estaba usando un conjuro que ella misma desconocía aunque solo sentía dolor, no tenía control sobre sí. Del cuerpo de la chica emanó una intensa luz blanca que cegó a todos los presentes en la habitación.
Cuando Len recuperó la visión sólo alcanzó a ver a Gackupo soltando a su hermana gritando, sus brazos estaban totalmente quemados. El tampoco sabía que era lo que había pasado pero ahí vio la única oportunidad de salir de allí vivos. Se fijó en aquellos que lo sujetaban, ahora eran de piedra y con un simple movimiento de hombros logró liberarse, convirtiendo los restos en cenizas. Propinó un codazo en el estómago del que iba a ser su verdugo y le arrebató el arma, en un solo movimiento ya le había seccionado el cuello y estaba listo para ocuparse de los otros tres guardias restantes. El más insensato intentó atacar primero con el arma en alto, sin dudarlo Len le cortó el brazo como si no le hubiera supuesto el mejor esfuerzo, luego le agarró por el cuello de la camisa y lo estampó contra la pared con toda sus fuerzas, no sabía si estaba muerto inconsciente pero sería un problema menos. Los otro dos decidieron atacar juntos intentando pillar al chico por sorpresa, girando un poco le hizo la zancadilla a uno y atrapó con su brazo el filo de la espada del otro. De reojo vio como el que yacía en el suelo se levantaba intentando atacar por la espalda y también observó como al que retenía volvía a atacar, solo tuvo que tirarse al suelo y ver como ambos compañeros se atravesaban el uno al otro. Solo quedaba Gackupo.
-Lo mejor para el final- Se dijo mientras caminaba hacia su último rival. En el camino recuperó su espada, ahora tenía un arma en cada mano. Acorraló a Gackupo contra la pared sonriendo victorioso –Dado que no tienes derecho a suplicar por tu vida ¿Alguna petición?
-Ha sido un verdadero placer degustar los suculentos labios de tu hermana –Pronunció con el mismo tono calmado que había usado toda la tarde.
Len frunció el ceño enfadado –Respuesta equivocada –Dijo mientras clavaba una espada en el costado y la otra en el pecho del hombre. Lo hizo con tanta fuerza que se quedó clavado en la pared y hubiera deseado que siguiera vivo para poder matarlo cien veces más por haberse mofado tanto de ambos.
Echó una vista alrededor, la habitación parecía una completa carnicería pero solo le importaba una cosa; en el centro de la habitación yacía su hermana completamente debilitada. Había usado una magia tan poderosa aún con el sello que una vez terminó cayó rendida al suelo. Len la estrechó entre sus brazos con cuidado y delicadeza, en ese momento hubiera sido casi imposible imaginar que él había sido el causante de la masacre que envolvía la habitación -¿Rin? –Susurró alarmado al no obtener reacción de su hermana pero se calmó al sentir el suave pulso de cuello contra su muñeca – Nos vamos a casa.
Cuando Haku y Len intercambiaron sus ropas y este le pidió que fuera a buscar a toda la gente del pueblo posible pensó que estaba loco, pero ahora se alegraba de haberlo hecho. Cuando condujo al poblado hacia la guarida estaba casi desierta, solo quedaban las mujeres liberadas, algunas alegres de haber salido de ese martirio, otras en estado de shock, pero todas a salvo. Pocos secuestradores eran los que se habían quedado, lo más avaros robaban todo lo que veían pero no eran nada contra todo el pueblo enfadado y con sed de venganza que se cernía sobre ellos. Por fin había acabado todo el sufrimiento para cientos de familias.
Len había cargado a Rin hacia la habitación de la posada que les había proporcionado la camarera. El joven se ofreció a pagarle los vestidos destrozados y la estancia, pero Haku se negó en rotundo "Esté pueblo jamás podrá saldar su deuda con ustedes" decía una y otra vez, hasta que el rubio dejó de ofrecerle discusión, tenía cosas más importantes en las que pensar como el hecho de que su gemela llevaba inconsciente tres días, en los cuales él la había velado noche y día, con ayuda de una vieja curandera que sabía algo de magia, aunque no había mucho que hacer con Rin. Su cuerpo estaba bien, no había ningún daño, simplemente había agotado toda su energía y la chica no tenía demasiada fuerza como para soportar tanta magia.
Ya había anochecido, pero Len permanecía en la habitación a la espera de cualquier señal de vida que su hermana pudiera darle, aparte de respirar. Acarició su mejilla apartando un par de mechones en su camino deseando que en cualquier momento ella despertara y dijera cualquier tipo de tontería, pero cada vez parecía lo menos posible. El la había visto varias veces usar conjuros que solo un mago experto podría dominar y no había acabado tan mal parada ¿Tan grave era? Le asustaba la idea de perderla, es más, estaba asustado desde que dejó de sentirla en la cueva y lo que vio al llegar hasta ella no era nada reconfortante ¿Qué hubiera pasado si él no hubiera ido?
"Ha sido un verdadero placer degustar los labios de tu hermana" Esa frase retumbó en su cabeza y golpeó la mesita de noche que tenía frente sí. Si él no hubiera llegado la hubiera violado sin ningún tipo de escrúpulos. Intentaba no pensar qué le había hecho pero acababa convertido en una bestia y se enfadaba consigo mismo, para empezar no debió permitirle ir bajo ningún concepto y menos sola. Dirigió la vista a la figura dormida de su gemela, la veía descansar tan plácidamente cómo cuando eran pequeños, antes de que murieran sus padres, cuando todavía eran una familia normal. Len se apoyó sobre la cama de su hermana y lentamente unió sus labios con lo de su hermana, estaba cansado de esperar, puestos a ser anormales el sería el primero. Profundizó el beso hasta que se sintió agotado y entonces volvió a su asiento, enterrado la cara entre las palmas. Cuando sintió el colchón rechinando por movimiento.
-¿Len? –Susurró su hermana.
El aludido se puso de pie enseguida y la tomó de las manos, acariciando sus nudillos -¡Rin! ¿Cómo te encuentras?
-Bien, bien… ¿Qué ha pasado? Es decir… Recuerdo entrar en la cueva y conocer a Gackupo pero a partir de ahí… Mis recuerdos se tornan borrosos…
El chico guardó silencio con una media sonrisa –Los venciste a todos, por supuesto. La verdad me has sorprendido gratamente, tenías razón, eres una chica fuerte.
-¿¡Sí!? ¡Ah! ¡Por supuesto! ¿Cómo iba a olvidarlo? ¡Te lo dije Len! ¡Nadie puede conmigo! –De la emoción la chica casi se pone en pie de la cama.
-Eh, descansa ahora, te traeré algo de comer ¿Vale?
Por toda respuesta la chica asintió y siguió en su mundo imaginando todo lo que había pasado. Len salió de la habitación con un evidente buen humor, pero al abrir la puerta se cruzó con la curandera que se había encargado de cuidar de la chica.
-Rin ya ha despertado –Se limitó a decir sin mirarla. Ya había avanzado hasta la mitad del pasillo cuando escuchó a la anciana referirse a él.
-¿Crees que no he visto lo que ha pasado? –Lo encaró.
-No sé, de que me hablas vieja… -Disimuló pesimamente. Se refería a aquel beso, hacía apenas unos minutos, incluso todavía podía sentir sus labios bajo los suyos.
-Le estas dando tu energía vital ¿Verdad?
Lo había pillado, lo cierto es que había subestimado a aquella mujer –Lo que yo haga no es de tu incumbencia…
-¡Estás loco! ¿Sabes lo peligroso que es eso? No es la primera vez tampoco ¿Verdad?
-No, no lo es, y si es necesario no será la última, no es para tanto. Rin me ha curado miles de veces con su magia.
-SI es para tanto y lo sabes. No compares curar un tejido con depositar vida en un cuerpo inerte. Si no fuera por ti Rin estaría muerta ¿No es cierto? –La anciana se había acercado mucho al chico, a pesar de que era muy menuda parecía imponente –Si sigues haciéndolo empezarás debilitándote hasta que finalmente seas tú el que muera…
-¿Y? –Interrumpió Len – Ella es lo único que tengo en él mundo, incluso si yo desaparezco, lo único que quiero es proteger aquello que es importante para mí, y eso es Rin… De eso se trata ser un héroe, ¿No? –Sin darle tiempo a contestar se precipitó hacia el final del pasillo y antes de que la anciana se diera cuenta ya había desaparecido.
La mujer se quedó observando el pasillo vacío unos minutos más en silencio, pensando cómo era posible que aquel chico que apenas tenía nada fuera capaz de renunciar a su propia vida por su hermana. Finalmente abandonó el espacio en la dirección opuesta con una sonrisa es su semblante arrugado.
[Fin del capítulo dos: La guarida del Lobo]
Después de muchos, muchos meses el capitulo dos! ¿Sabéis? Tengo una relación Amor-odio con este fic. Por un lado me gusta, por otro temo el meter la pata, y mi inspiración no ayuda, aunque ya tengo el final de la historia, Un increíble y asombrosos final… Al que no tengo ni idea cómo llegar, pero ya se me ocurrirá algo y el capítulo tres vendrá cargado de nuevas ideas de momento… ¿Opiniones? ¿Críticas? ¿Sugerencias? ¡Déjame un review e intentaré mejorar todo lo posible!
*Publicidad subliminal*
-La máscara de plata
-Vocaloid No uta
-El mito de la media naranja
¡Nos leemos!
