Los carros se colocan en sus correspondientes sitios y el presidente Snow se levanta, se acerca al borde de su balcón y pronuncia unas palabras. Yo lo escucho atentamente. Me fijo también en los demás tributos. Creo que nosotros somos los que más impresión hemos causado, los demás Distritos siguen los patrones de todos los años.
Cuando termina la presentación, de nuevo nos reunimos con Atlas y nuestros preparadores y nos dirigimos a las respectivas salas en las que nos prepararon para ahora ponernos cómodos. Teuf me ayuda a quitarme el vestido.
–Todo ha salido bien. Como preví, habéis sido los que más han destacado en el desfile. Eso aumentará la probabilidad de que consigáis patrocinadores –dice mientras asiente con la cabeza satisfecha. Se ve lo orgullosa que está de su trabajo. Yo le agradezco que haya conseguido que llamemos la atención. Me harán falta patrocinadores para sobrevivir en la arena y ganar los Juegos.
Cuando por fin me he quitado todo ese maquillaje de encima y lleva una ropa cómoda, voy casi corriendo hasta el comedor de nuestra suite buscando la cena como una desesperada. De nuevo los adultos se ponen a charlar sobre cosas del Capitolio y yo me limito a escuchar sin intervenir. Cuando termino de comer, me siento en el enorme sofá de la sala y enciendo la televisión. ¿Qué habrá ahora en la televisión del Capitolio? Seguro que programas sobre los Juegos. Quizás algunos analizando los de otros años.
Atlas y los demás anuncian que van a dormirse y yo les digo que me quedaré en el sofá. Cuando estoy sola, me acomodo más en mi y suspiro, pero entonces me percato de que no estoy sola.
–Oh, la señora revienta cráneos suspirando... lo nunca visto –dice una voz masculina tras de mí con evidente sarcasmo, añadiendo después de la frase un silbido. Cómo no, se trata de Gem. Yo alzo una ceja aunque al estar de espaldas a él, no puede verme. Pero entonces siento un peso caer en el asiento del sofá que está a mi derecha.
Giro la cabeza y me encuentro con sus ojos color miel.
–¿Sabes? –comienza a decir en cuanto lo miro–. Al principio, cuando te vi en la cosecha y todo eso, pensé que eras la típica niñita que se presentaba para ganar los Juegos y honrar a su Distrito. Una niñita en cuya mente solo se oye "matar matar matar" –hace una pausa, decido no interrumpirlo–. Pero ahora... ahora veo que eres mucho más compleja y más interesante –concluye.
–Sí, en mi mente solo se oye "matar a Gem" una y otra vez –respondo yo. Él solo se ríe ante mi comentario, pero no era eso lo que pretendía.
–Es una pena porque ya no puedes retractarte. Ya has decidido tu destino y no puedes volver atrás. Prácticamente te estás suicidando –dice él mientras se echa para atrás en su sitio y mira al techo.
–No, yo he venido ganar –lo corrijo.
–Sí. Tú, yo y los otros 22 chicos. Al menos la mitad cree tener posibilidades de salir vencedor. Y la mitad de la mitad están tan seguros como tú de que van a ganar –comenta en tono despreocupado.
–Yo sé que voy a ganar. Llevo toda mi vida preparándome –respondo. Quizás estoy dudando un poco, pero no quiero que lo note en mi voz.
–Ya, eso lo dices tú y seguro que lo han dicho los del 2, quizás los del 3 e incluso alguno del 4 seguro. Y quién sabe si alguien de los otros Distritos...
Me quedo en silencio porque no quiero continuar la conversación. Llevo dudando de todo esto desde que empezó. Estaba tan segura antes y ahora...
No lo quiero pensar, no. ¿De qué me servirá echarme atrás ahora? Solo conseguiré que me maten. Como bien ha dicho Gem, no puedo retractarme. Ahora solo puedo luchar. Pero... ¿si tuviese la oportunidad volvería al día de la cosecha para evitar salir voluntaria?
–Uf... te he hecho pensar –dice Gem frotándose la nuca y haciéndose el inocente como si no fuese eso lo que pretendía.
–Deberías irte a dormir –le aconsejo.
–Deberías irte a dormir –repite él.
Y tiene razón, debería dormir pero ahora no podría.
–Debería, sí, pero no lo voy a hacer aún –respondo.
–Pues entonces yo tampoco –replica él.
–¿Y entonces qué? ¿Te vas a quedar aquí y me vas a seguir molestando? –pregunto.
–No, me voy a quedar aquí para honrarte con mi presencia –afirma muy seguro, como si su presencia me pudiese honrar de alguna manera.
Me limito a pasar los canales intentando ignorarlo. Paro en uno en el que dan una especie de programa antiguo en el que Ceasar y el vigilante jefe analizan Juegos anteriores. Ahora mismo están con el segundo Vasallaje de los 25 que fue justo un año antes de que yo naciera. Ganó un tributo del 12, algo impresionante teniendo en cuenta que iban el doble de personas a la arena.
–Eso fue el año que nací –interrumpe la voz de Gem. Entonces, señala a uno de los tributos con el dedo, una chica rubia de pelo alborotado–. ¿Ves? Esa es mi hermana –dice aún empleando ese tono despreocupado.
–Ya, claro –contesto sin creerlo.
–Lo digo en serio –me dice cortante, poniéndose serio de repente–. No voy a bromear sobre algo así. Unos padres que pierden a su hija el mismo año que nace su segundo hijo porque sale elegida para los Juegos. Sí, sería una broma graciosa si fuese mentira –escupe las palabras, poniéndose a la defensiva.
–Yo... lo siento –me disculpo.
Él me mira unos instantes y relaja su expresión.
–Vuelvo a decirte que tienes corazón –comenta ahora más calmado. Más calmado de lo que lo he visto hasta ahora. Su voz suena incluso dulce.
Yo solo puedo mirar mis manos que están en mi regazo. La cabeza gacha, arrepentida de mi comentario. Y pensar que hasta ahora tampoco me había planteado cómo se sienten las familias de los tributos muertos...
Cada una de las personas que entrarán conmigo en la arena tienen una historia como yo, probablemente una familia también. Quizás tienen a alguien que dependa de ellos o quizás tienen a muchas personas que dependan de ellos. Seguro que alguien los echará de menos cuando no vuelvan. He sido una insensata por no pensar profundamente en todo lo que conlleva esto. Pero sigo queriendo ganar aunque sea a costa de las vidas de los demás. Soy egoísta.
Me levanto de sofá y miró de nuevo a Gem a los ojos, intento mantenerle la mirada.
–Tengo corazón. Todo el mundo lo tiene, pero el mío es egoísta.
Después de decirle eso, me marcho camino de mi habitación sin mirar atrás. Mañana empiezan los entrenamientos y debo descansar o al menos intentarlo.
Por alguna razón, Teuf se empeña en arreglarme el pelo para el entrenamiento. Me quiere poner algún peinado cómodo, dice. Así que por su culpa llego tarde y ya todos están en círculo. Un hombre nos explica qué vamos a hacer allí estos días, que no solo se trata de armas, se trata de sobrevivir en un ambiente desconocido. Dice que podemos morir en manos de la naturaleza y que no tiene porqué ser otro humano el que nos mate. Luego nos deja que escojamos alguna actividad para hacer. Decido empezar con algo sencillo y que no llame la atención: identificar plantas. Es una de las últimas cosas que me enseñaron en la academia. Así que me acerco a una mesa que está vacía y comienzo a clasificar hojas, frutos y tallos que hay colocados allí en un recipiente todos mezclados.
–Ey, otra vez tú. No me dijiste tu nombre –de repente una voz justo tras mi oreja me sorprende. Siento el aliento cálido y me recorre la espalda un escalofrío.
–¡Joder! –exclamo inevitablemente. Jamás he dicho tal palabra delante de otra persona–. ¿Qué quieres? –pregunto enfadada.
–Nada, nada. No era mi intención asustarte, esto... –deja la palabra en el aire dando a entender que quiere que le diga mi nombre.
–Emerald –respondo con sequedad. Muy silencioso. Se ha situado tras de mí sin que me de cuenta. Eso es peligroso.
–En realidad quiero algo, Emerald –comienza–. Verás, ¿por qué no nos divertimos?
Aparto la vista de mi tarea, me giro y lo miro incrédula.
–¿Divertirnos? –pregunto.
–Sí, divertirnos –responde muy convencido.
Hago una pausa, relajo la mirada y me aclaro la garganta.
–Sabes que en tres días estaré intentando atravesarte el corazón con una espada, ¿no? –digo de forma retórica porque es obvio que lo sabe.
–Claro, por eso mismo. Tengo que aprovechar lo que me queda de vida y tú has llamado mi atención –me explica–. Sabes que por las noches podemos movernos por este edificio cuanto nos plazca...
Respiro hondo una vez, dos, tres, cuatro y hablo:
–Podría matarte ahora aunque eso supusiera una penalización para mí –le advierto.
–Entonces es que no –deduce él.
–¿Tu que crees? –digo simplemente, respondiendo a su pregunta– Y no me llames por mi nombre completo.
Y entonces, se encoge de hombros y empieza a caminar hacia otra chica. Yo suspiro, meneo la cabeza con desaprobación y vuelvo a mi tarea.
Otro menos al que hacer mi aliado. Hubiera estado bien tener a alguien del tres, pero ya no creo que sea posible. Cop es un pirado irresponsable y salido y su compañera no habla con nadie.
Es hora de acercarme a hablar con los del dos, así que dejo las plantas y me acerco a la zona de las dianas.
Hola otra vez y gracias a los que me leéis. Drián, te adoro por dejarme ese comentario *^* Vale, cada vez se me ocurren más cosas para incluir en la historia. No sé que decir, la verdad... a parte de que tengo sueño. Solo que espero que os esté gustando y como siempre, acepto críticas y sugerencias. Y... por ahora tengo ya pensado el escenario. Cómo será la arena y cosas que pueden ocurrir allí. Pero cada cosa a su tiempo, ¿eh? En fin, no me enrollo más.
¡Nos leemos~! Un beso ^^
