Capitulo 2:

Era otro hermoso día soleado y caluroso en la época antigua, la brisa fresca y la mañana despejada había facilitado el ameno momento que tanto Inuko como Inuyasha estaban pasando en el rio sin la presencia de la miko, ya que esta estaba curando la gripe de algunos ancianos en la aldea vecina. La sacerdotisa, quien estaba en compañía de Sango a petición de Inuyasha quien no pudo acompañarla, volvería esa misma noche. Así que mientras tanto, Inuyasha debía cuidar a su hijo.

Ahora ambos se encontraban a la sombra de un árbol disfrutando de una jugosa sandia, mirando el agua del rio correr y casi en un perfecto armonioso silencio.

—Y es por eso que no podemos volver al otro mundo Inuko, mucho menos si es con la ayuda del bastardo de tu tío Sesshomaru... —explico Inuyasha cuando inesperadamente su cachorro saco el tema sobre hablar de su gran abuelo Inu No Taisho.

—No entiendo... —dijo simplemente con voz dulce el pequeño niño de 2 años y medio de edad, Inuyasha rolo los ojos y le volvió a dar otro pedacito de fruta a Inuko.

No entendía el porque de la devoción de su hijo por saber sobre tales cosas, si al final de cada oración siempre terminaba siendo la misma frase repetitiva; No lo entiendo. A veces pensaba que su hijo se lo hacia apropósito, suspiro y bajo su mirada hacia el bambú a su lado, ya casi estaba vació y en un día tan caluroso como hoy era mejor siempre tener a mano agua fresca. Sobre todo para su sediento cachorro.

—Oye cachorro, esperame aquí ¿Si? Yo no me tardo, iré a traer más agua... —le había avisado Inuyasha a Inuko mientras sentaba a su versión miniatura a un lado de Colmillo de Acero quien reposaba sobre el tronco del árbol en el que estaban. El pequeño niño vio a su padre con una suave sonrisa infantil y le dio el bambú vacío, Inuyasha lo recibió y acaricio la cabellera plateada de Inuko con cariño.

El hanyou mayor dio media vuelta y camino hasta el rio que quedaba a unos pasos de donde descansaba con su hijo. En su mente todavía estaba la charla con su compañera que habían mantenido la noche anterior, todo sobre sus miedos de no saber si podía quedarse con el niño solo. Temía no ser aun un buen padre para Inuko, pero hasta donde venia la cosa lo estaba haciendo muy bien, Inuko no se había quejado ni una vez y estaban pasando el día de maravilla entre juegos y las preguntas ocasionales del cachorro.

Quien iba a decir que después de todo lo que había sufrido en antaño, incluyendo la recolección de los fragmentos de Shikon y la lucha contra el malvado de Naraku, todo se reducía en la brillante sonrisa del pequeño niño cuando lo tomaba en brazos. Inuyasha no pudo evitar sonreír al solo pensar que para Inuko, él era el mejor padre del mundo. Aunque él lo dudaba mucho, pero si su hijo lo decía, tal vez, solo tal vez, eso era verdad.

Con una sonrisa boba en su rostro, Inuyasha volteo dispuesto a regresar con su hijo para darle de beber, cuando de pronto su sonrisa se borro rápidamente de su cara y sus ojos dorados se abrían de par en par al ver a su cachorro sostener a Tessaiga transformada entre sus pequeñas manos. La gigantesca espada, quien parecía triplicar su tamaño al estar en posesión de alguien tan pequeño como Inuko, estaba alzada apuntando hacia arriba mostrándose extremadamente peligrosa y lista para cualquier ataque.

Inuko, quien miraba maravillado como la espada de su padre estaba en su verdadera forma con él, la mecía suavemente. Era tan liviana con una pluma. Tras una carcajada totalmente inocente e infantil bajo rápidamente hacia la tierra a Colmillo de Acero, que al estar en contacto contra el suelo, hizo un Viento Cortante que por muy poco estuvo a punto de tocar a Inuyasha.

El hanyou mayor esquivo el ataque de su propia espada y vio como el Viento Cortante dividía al rio por segundos, hasta que este se volvió a unir, y terminaba en un gran árbol cercano destrozándolo. Sus ojos totalmente abiertos y asombrados volvieron su vista a Inuko quien estaba más que dispuesto a seguir jugando con la espada. Inuyasha, parándose rápidamente después de haber terminado en el suelo, corrió hasta su cachorro y le arrebato a Tessaiga haciendo que la espada nuevamente terminara con apariencia vieja y oxidada.

Inuyasha resoplo y guardo a Colmillo de Acero en su vaina y se giro hacia Inuko quien le miraba con ojos curiosos. Se inclino a un lado del niño y levantando su puño un poco le dio un suave golpe a la cabeza a Inuko, el niño llevo sus pequeñas manos hacia su cabeza y toco su pequeño chichón que sobresaltaba en su plateada cabellera; miro con ojitos llorosos a su padre. Inuyasha resoplo y le mostro la espada.

—¿Cuántas veces te he dicho que Tessaiga no es un juguete, Inuko? Es peligroso... —le regaño Inuyasha aparentando estar molesto— Cuando tengas la suficiente edad te enseñare a manejarla... —le había prometido nuevamente a su hijo.

Inuko sonrió suavemente ante lo que su padre decía, sabia que había estado bien que su padre lo castigase pues sabia que tenia prohibido jugar con Colmillo de Acero. Mea culpa, había pensado travieso. Pero la próxima vez, trataría de poseer a la espada cuando su padre no estuviese cerca.

Giro su cabeza y vio como había quedado el pobre árbol que se había interpuesto en el ataque del Viento Cortante, Inuyasha giro su mirada y también vio como estaba de destruido.

¿Cómo es que Colmillo de Acero se transformo tan fácilmente con Inuko, si a mi me había costado semanas hacerlo y solo esta tomaba forma cuando Kagome estaba en peligro? —Inuyasha bajo la mirada hacia su cachorro, quien miraba sin culpa lo que había hecho— Tal vez solo por ser mi hijo, Tessaiga dejo que lo tomara con su transformación... ¡Khe! mocoso con suerte—el hanyou tomo a su hijo entre sus brazos y bufo—Mejor no le digamos a tu madre lo sucedido o me matara de todos los "Osuwaris" que dirá, pero eso no quiere decir que te salves de tu castigo... —Inuyasha sonrió malvadamente e Inuko siento escalofríos recorrerle todo su cuerpecito— Felicidades cachorro, te has ganado un buen baño... —dijo mientras caminaba hacia su cabaña.

Inuko abrió sus ojos, también dorados, espantados ¡Baño no! Odiaba los baños, no le gustaba pero para nada. Vio como su padre hacia caso omiso a sus pucheros y sus ojos de ternero, parecía que estaba más que dispuesto a bañarlo para vengarse por haber tomado su espada para jugar.

Oh, pero no se quedaría así. Él, de alguna manera, le haría enterar a su madre. Inuko sonrió mostrando su pequeño colmillito inferior derecho, que divertido seria ver a su padre enterrado en la tierra nuevamente. Puede que sea un pequeño niño solamente, pero era el hijo de Inuyasha y el poco tacto lo llevaba en la sangre.


N/A: Seguramente pensaran: ¿Cómo Inuko, siendo un niño, puede llegar a tener pensamiendo de alguien más mayor? Y es fácil, es también hijo de Kagome y todos sabemos que ella es muy culta.

Bueno, al parecer Inuyasha e Inuko estarán en problemas cuando Kagome llegue a casa. Inuko por tomar a Colmillo de Acero e Inuyasha por permitirlo, jaja pobre de mis medios demonios.

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