Antes que nada, lo basico de siempre.

Gracias a todas las personas que me dejaron un Review. Enserio, gracias.

Espero que les guste, y si hay algo que quieren que corrija, solo diganmelo en un PM o en un Review.


Los personajes no son mios, son propiedad de Capcom. Yo solo escribo las historias.


Chris y Jill se dirigían con el paso seguro hacia el área de entrenamiento del RPD, conducidos por Wesker. Detrás de ellos venia el resto del equipo, silencioso. Nadie se atrevía a decir una sola palabra desde aquel frio anuncio del entrenamiento. Daba mucho miedo. Chris miraba a Jill mientras caminaba. En su bella mirada se divisaba algo como miedo; además ¿Quién no tendría miedo con un Wesker cabreado? Aquel tipo daba un miedo de aquellas. Además, el resto le había confesado la broma minutos después de que habría entrado, después de haber charlado con Irons. Y más cabreado se había puesto. Era increíble lo fácil que se irritaba ese hombre. Volvió a la realidad, pensando en lo que les esperaba.

Los haría correr más de lo que Enrico les hacía correr. Si decías algo de más con Enrico, más de diez vueltas seguro que te hacía dar. Recordó una vez en la cual Joseph había dicho una grosería dirigida al entrenamiento de Enrico… Y si se tuvo que quedar toda la tarde corriendo en el campo… eso era el mínimo. Sonrió con disimulo. Verlo correr hasta que cayó de rodillas al suelo sin duda que le resulto una lección. Y una de la cual jamás tendría que realizar. Elevó su mirada hacia el hombro, mirando a sus compañeros… Todas sus caras demostraban miedo y pánico –en algunos casos-

¿Y él que podía hacer al respecto? Nada. Simplemente aguantarlo. Siguió caminando, con la frente en alto y manteniendo lejos los pensamientos con Jill. No quería llegar a nada muy serio. No. Más bien no quería nada con ella; simplemente tenerla como su mejor amiga. Con la que pudiera contar en las buenas y en las malas, y como era hasta ahora; esa persona honesta que le mostraba una sonrisa cálida cuando él necesitaba… Y ese cabello castaño… corto hasta el mentón…

¿A quien quería engañar? ¡Jill le volvía loco! ¡Era imposible resistirse a esa chica! Además de que era hermosa y siempre amable, era la persona indicada para la vida casi problemática de Chris Redfield. Tendría que comprobar si ella sentía lo mismo, pero no quería arruinar la amistad que ambos tenían… Si no, sería una lástima que eso pasara… Siguió con la mirada al frente, mirando como su capitán caminaba delante con extrema severidad. Hoy les esperaba una tortura.

Y cuando pensó que su suerte no podía empeorar o mejorar; ya habían llegado al campo. O eso figuraba ser. El lugar era un área con losa en un sector y el resto con pasto verde y recientemente cortado. Se respiraba enormemente naturaleza, pero simplemente era un área de entrenamiento con una pared que separaba el resto del RPD de las demás casas y edificios linderos. Había miles de cosas para realizar ejercicios. Colchonetas, algunas pesas que se colocaban en los tobillos y muñecas, esas cosas raras que parecían un pequeño escalón… y conitos delimitando un campo de correr. Chris suspiró cansadamente, esto no tenía buena pinta. Oyó detrás de él a Forest expresar su desacuerdo con una grosería; y como Brad expresaba su disgusto en un sólido "maldición, ¿Por qué lo hice?"

Jill, al igual que él, suspiro largamente. Ambos se miraron y se desearon mentalmente buena suerte con eso. Todos entraron con precaución al área abierta, esperándose lo peor. Exceptuando Wesker, que tenía una sonrisa gigante y mostraba cada uno de sus blancos dientes, perfectamente alineados. Estaba feliz, completamente feliz de hacerles pagar por haberle hecho perder la cordura con sus juegos y cosas así. Disfrutaría eso… Pero ellos no… Siguió mirando al edificio lindero de la estación. Pequeño y no más alto que el mismo RPD. Intentando no mirar todo lo que usaría dentro de unos instantes. Todos quedaron rodeando los aparatos, en círculo. Wesker se colocó en el centro.

-Muy bien, soldados.- Hablaba como si estuviera dándole clase de educación física a un pelotón- Cada uno tome una colchoneta; y si se niegan, esta la agradable opción de correr unas veinte o treinta vueltas por todo el lugar… Ustedes eligen… - Sin pensárselo dos veces, Chris fue el primero en tomar una de las colchonetas, no le agradaría nada correr treinta vueltas por todo el campo… Mejor dejarlo para después… Jill le imitó, lanzando un bufido de desprecio y resignación. Todo el equipo Bravo tomó una colchoneta y las colocaron a pocos metros de allí. Barry, Brad y por último –El remolón de Frost- Joseph tomaron las colchonetas y las colocaron cerca de sus compañeros del equipo B. Wesker se colocó frente a ellos, ya recostados en las colchonetas, con aire imperial.

- Muy bien, señores… quiero ver cincuenta abdominales. Bien hechos.- Todos le miraron como si estuviera loco. "¿CINCUENTA ABDOMINALES? ¿¡ESTÁ LOCO O QUE!?" pensó nervioso Chris. - ¡Vamos holgazanes! ¿Qué esperan?- Todos, a su pesar, comenzaron la difícil tarea. A NADIE se le sería fácil aquello. Chris comenzó relativamente bien, pero ya cuando había llegado al número veinte, sus músculos comenzaron a agotarse, y para el abdominal treinta, ya pedían descansar un poco.

Nadie quería parar, porque nadie quería correr. La pobre Rebecca, medica de campo del Bravo, ya no podía más. Si había llegado al abdominal número treinta y cinco, Chris no lo sabía. Pero había detenido el ritmo. Pobre Becky… tendrá que correr… lamentó mentalmente el castaño pelirrojo. Joseph también había parado, y de él sí Wesker se había dado cuenta. Dos a correr… Wesker notó que Rebecca había parado, y la pobre respiraba bocanadas mientras yacía sobre la colchoneta respirando bocanadas de aire con dificultad. Chris miró unos instantes a su compañera Jill; la cual estaba roja como un tomate. Ambos iban al mismo ritmo, y ambos ya estaban por el abdominal número cuarenta. Ella le devolvió la mirada, cansada y diciéndole un "resiste compañero". Ya eran seis personas que pasarían la tarde corriendo. Entre ellos quedaban Jill, Chris, Forest, Enrico y Edward. Edward, piloto del equipo B, por fin había terminado.

-¡Bien hecho, Ed! Te felicito. Puedes ir a la refrescarte un poco- Hizo una pausa, mientras anotaba todo en una libretita.- Luego, toma un dos pares de pesas y espera sentado al lado del resto.- Chris no pudo soltar un suspiro de resignación al escuchar lo cordial que le hablaba Wesker a Edward. Tenía suerte si a él mismo le decía buen día…

-Si, capitán.- Respondió Edward a la orden y se fue a los baños a lavarse un poco la cara enrojecida y sudorosa. Enrico y Forest habían terminado juntos unos momentos después de Edward. Wesker les dio la misma orden y después ambos se marcharon intentando volver a recobrar el aliento.

Jill ya se estaba resignando a que no podría continuar mas de los cuarenta y cuatro abdominales. Le dolían fatalmente los músculos y necesitaba más que nada refrescar su cara sudorosa y roja cual tomate. Ya se le hacía muy difícil y sus ganas de abandonar eran realmente altas. Realizó un abdominal más y… se rindió. Quedó recostada en la colchoneta, respirando entrecortadamente y mirando al chico más guapo que tenía a su lado. Fuerza Chris, ya te falta poco. Miró nuevamente al cielo; celeste y con algunas nubes blancas. Respiró unas cuantas bocanadas más y miró hacía Wesker. El muy cabrón la miró con una media sonrisa, como satisfecho porque ella no pudo acabar con lo que les había encomendado y anotó todo en su libretita. Hizo una mueca de desprecio y siguió mirando al cielo, completamente agotada.

-Lo siento Jill, tendrás que correr.- Esta se levantó torpemente del suelo y se quedó mirándolo.- ¡Vaya! Tú nunca corriste… Bueno, creo que luego te explico las reglas de esto. Siéntate en el banco con los demás.- Los señaló con su lapicera y volvió su atención en la joven- Y espera que termine con Redfield.- Jill le miró con entusiasmo al ver que el joven contaba en voz alta cuantos abdominales le faltaban para terminar.

-Cuarenta y nueve… ¡cincuenta!- quedó recostado en la colchoneta, mientras cerraba sus ojos y respiraba con fuerza. Abrió los ojos y se quedó mirando a la joven con el cabello castaño recogido en una coleta. Jill le tendió una mano, mientras este se la aceptaba con gusto.- Gracias.- Wesker emitió un gruñido y anotó todo en su libreta, luego se marchó un momento del lugar. Chris centró nuevamente su mirada en Jill, aún respirando con fuerza. -¿No te fue bien, verdad?- Jill negó con la cabeza, triste.

-No. Me rendí a muy poco del final. ¡Necesitaba un descanso! Si seguía así, sentía que iba a desfallecer…- Contestó con la mayor franqueza posible, mientras se secaba el sudor con el dorso de la mano.- Y ahora creo que tendré que correr…- Bajó la mirada con tristeza.

-No te preocupes. Creo que a ti y a Rebecca no las hará correr muy rápido. –Cambió el tono a uno más confidencial.- pero si fuera tú, evita decir una palabra en contra de Wesker. Créeme, no te conviene.-Chris le palmeó el hombro de Jill.

-¿Enserio?- Preguntó confundida.- ¿Cómo lo sabes?-

-Experiencia propia, Jilly. Le había dicho que era una locura hace ya un tiempo considerable y tuve que correr el triple de lo que él nos encomendó en un principio.- Se removió el cabello un poco con la mano derecha- Fue el peor día de mi vida…- Jill rió y luego cambió su semblante a uno temeroso.

-No quiero correr, Chris… Odio correr…- Agregó.

-Tú tranquila, que cuando menos te des cuenta, ya habrás parado de correr.- Miró a Edward, Enrico y Forest, con las pesitas en sus manos. – Ahora, comienzo a creer que correr contigo no es tan mala idea. El condenado nos obligará a seguir con esos ejercicios extraños…- Ambos intercambiaron miradas de miedo y cada cual se fue por su camino.

Wesker estaba tomando su silbato y tomando el cronometro, mascullando con ira. El idiota de Redfield había logrado pasar los abdominales casi sin problema. ¿¡Como demonios lo había logrado!? ¡Buen Dios! Había jurado mentalmente que gozaría ver a Chris corriendo unos veinte minutos sin detenerse, mientras conducía a los irrespetuosos miembros de los STARS a su castigo; por haberme hecho perder la cabeza en el pozo profundo de la rabia. Pensó, mientras se colgaba el silbato al cuello. No se enfurecía así desde que había concluido su etapa de investigador en Umbrella junto a William Birkin. Aquel condenado hombre siempre le gastaba bromas nada graciosas y si él se enojaba –Con un buen motivo- Siempre le contestaba "Vamos, Albert; tienes que reírte un poco" El creía desesperadamente que le llamaba Albert a propósito, con tal de enojarlo aún más. ¡Por buen Dios! Odiaba que no lo llamaran Wesker. Su nombre de pila era francamente horrible. Wesker le sentaba mucho mejor, según el mismo. Tomó nuevamente la libreta y comenzó a caminar con paso rápido al área de deporte. Un poco de ejercicio aeróbico no les iría nada mal a los pocos que se salvaban de correr. Sonrió. Parecería una de esas chicas bonitas en los canales de deportes para gente holgazana que no salía de su casa ni siquiera para ir al gimnasio.

Salió al área de deporte, borrando su sonrisa del rostro, mientras se acomodaba las gafas de sol en su rostro. Solo eran cuatro los que no correrían. Desastroso… Que fuera de forma que están todos estos soldados… Decirles soldados les sentaba mejor. Soldados irrespetuosos, sin duda alguna. Centró su mirada en los cuatro afortunados mientras que dejaba todo en un banco solitario y sin ocupantes, donde estaban los aparatos de ejercicios. Escuchó mientras pasaba al lado del banco de los muchachos que todos intentaban calmar a Enrico. Al parecer, este tenía los nervios de punta. ¿Por qué será? La curiosidad era su mayor defecto. Y en este caso, ese sentimiento no se iría muy fácilmente hasta no averiguar qué sucedía. Colocó rápidamente los conitos naranja flúor que delimitarían el campo de correr; y volvió rápidamente al solitario banco. Tomó el cronometro y ajustó veinte minutos al tiempo.

-Bien, señores. A la línea de partida, por favor…- Habló con tal tono imperial que hasta el mismo creyó que estaba loco. Todos los desafortunados caminaron con desgano y se posicionaron en la línea de partida.- Bien. Correrán veinte minutos, sin parar.- Todos le miraron con un gesto en los rostros casi gritando que estaba loco. Vamos, hasta tute quejarías... Se obligó a ser más indulgente con los soldados, pensando que si bajaba un poco con su condena, quizás no lo odien a muerte.- Lo siento, error mío. Cada cinco minutos habrá una parada en la cual cada uno caminará un minuto. Luego, reanudarán la marcha.- Ya, habiendo arreglado el malentendido, tomó el silbato.- bien… ¡A trotar!- Dio un pitido con el silbato e inició el cronometro, mientras los soldados pasaban frente suyo corriendo.

Se acercó a los "cuatro afortunados", con el cronometro aún en la mano. Enrico tenía un rostro nervioso y asustado. Forest tenía cruzado un amistoso brazo por detrás de su cabeza, sujetándole el hombro mientras Edward y Chris lo calmaban. Wesker, antes de dictarles su próxima actividad, dejó el silbato y volvió a ellos.

-Tranquilo, Enrico… Todo saldrá bien, te lo aseguro.- Seguía expresando Forest, mientras le palmeaba el hombro con la mano cruzada por los mismos.

-¿Qué sucede?- Preguntó Wesker, y todos le miraron incrédulo. Enrico se paró a su lado, trastabillando y nervioso.

-Wesker… oye… me preguntaba si me dejas libre…. Ahora mi esposa esta por dar a luz a nuestro tercer hijo y tengo…- Wesker hizo un gesto con la mano para impedir que siga hablando.

-Si…si, puedes irte temprano…- A Enrico se le iluminó el rostro de alegría.

-Gracias, hermano. Muchas gracias.- Diciendo esto, se fue a trote a la oficina a recoger sus cosas y luego se marcharía.

Wesker todavía no entendía como alguien mayor que él seguía teniendo críos. Ya de solo pensar en aquello le daba vuelta el estomago y le daban ganas de vomitar. Él prefería un romance, nada más. ¿Hijos? ¿Qué interrumpieran en tu vida? No gracias. Albert Wesker jamás tendría hijos. Eso espero… pensó, mientras se acomodaba la camisa negra que ese día llevaba puesta. Les hizo un gesto a los demás soldados, para que tomaran los "Steps" y los colocaran por allí. El grupo del "maratón" iba por la cuarta vuelta, y ya estaban por cumplirse tres minutos. Jill Valentine había tomado la delantera, seguida muy de cerca por Rebecca Chambers y Joseph Frost. Era increíble esa muchacha. Además de su largo historial familiar de robo. Y esas caderas… a Wesker se le hacían agua la boca cada vez que le veía. Era mucho, muchísimo más joven que él, pero aún así, a él le gustaba… Y lo peor era que a Redfield también le gustaba. Ese papanatas, molesto y "responsable" era simplemente odioso… Wesker borró sus pensamientos y se concentró en darles la clase de Aérobicos a los tres muchachos ganadores.


Chris estaba en las duchas, después de todo ese ejercicio, apestaba a perro muerto. Igual que los demás, Chris… Se encontraba bajo la cálida agua que expelía la ducha, mientras apoyaba un brazo contra la pared y apoyaba su cabeza en el mismo. Estaba repasando mentalmente todo su plan. Jill iría a su casa, después de una ronda de cervezas y billar en el "Billar-o-Brian" de la avenida Grosvenor Square que quedaba a penas dos calles de allí. Estaba emocionado. Tenía una extraña sensación en su estomago… ¿Cómo le llamaban todos a esa sensación? Mariposas en el estomago… ¡Estaba feliz! Saldría con ella y después comerían unas pizzas por su casa, viendo alguna que otra película. Sonrió. Sentía mucha felicidad, pero a la vez nervios.

Mojó su cabeza y sacudió el cabello con sus manos. Se había formado una espuma. Shampoo. Ahora sí, apestaba a niña… Pero ese no era su enjuague de pelo tradicional… y sin querer, le entró espuma en su ojo derecho.

-¡Mierda! - Gritó- ¿¡Quien fue el bromista que cambió mi Shampoo!?- Solo escuchó risas por parte de sus demás compañeros. Todos estaban en proceso de darse su refrescante ducha, pero no sin gastar una broma. Esos cabrones, no vivirían ni un día sin ponerle los pelos de punta a alguien.

-De nada, Chris…- Escuchó por detrás a Frost, mientras se reía a carcajadas. – Oh, y espero que esto te quite el aroma a rosas…- Y acto seguido, le hecho una jarra de agua helada sobre su cabeza. Chris estaba completamente furioso. Quería salir y estrujarle el cuello hasta que su cara se pusiera roja. Pero si sales, todo el equipo vera tu lado masculino… Y sin toalla.

-¡Te mataré por esta, Frost! ¡No digas que no te avisé!- Gritó colérico, mientras se colocaba inmediatamente debajo del chorro de agua caliente que la ducha estaba brindando.

-¡Como quieras, Romeo!- ¿Romeo? ¿A qué se debía esa palabra? Chris se enjuagó rápidamente el cabello, se colocó la crema acondicionadora- y se la quitó- y cerró la canilla. Se secó rápidamente y se envolvió en la toalla de baño blanca que el siempre tenía. Estaba dispuesto a averiguar a qué se refería Frost con eso de "romeo". Y las casualidades de la vida lo ubicaron en el sector de casilleros, con el pantalón de mezclilla y colocándose las botas de combate. Chris se le acercó, caminando con paso rápido. Este lo vio y sonrió. -¡Chris, veo que ya saliste de la ducha!-

-¿Sabes algo de con quién voy a salir?- Preguntó sin siquiera dejarle terminar.

-Chris, es muy obvio con quien vas a salir; porque además se te cae la boca al verla…-

-¡¿Con quién!?-

-Wow, cálmate. Con Jill. Todos lo saben. Y tú no eres el único que un viernes a la noche sale, yo salgo con una chica llamada Emily.- Miró su reloj de pulsera- Y en la próxima hora tengo que ir a mi casa a cambiarme. Si me disculpas, Chris…- Diciendo esto, se colocó una camiseta blanca de mangas cortas, tomó su bolso, guardando los últimos trastos que él llevaba .Y se marchó; no sin antes saludarle moviendo enérgicamente su mano izquierda.

¿Todos sabían que saldría con Jill? Si a eso se le podía decir que eras una cita o algo parecido. Jill no es de contar sus proposiciones para salir… y si la cuenta, simplemente se lo dice a las personas que ella mayor confianza le tiene… No era momento de indagar. Y menos si no tenía nada de ropa puesta. Abrió su casillero y sacó toda su ropa limpia y lista para usar. Seguramente tendría menos de una hora para volver a su casa, cambiar su ropa laboral y colocarse ropa para salir. Se puso una camiseta, su ropa interior y sus pantalones. Se colocó sus botas de combate y… El informe de Wesker apareció salvajemente en el fondo del mismo casillero. Se suponía que debía de dárselo antes de que Wesker le entregara los mismos al Jefe Irons. Y no quería por nada del mundo cruzarse con Wesker o simplemente con el lunático y pervertido Irons. Se ató las agujetas con rapidez y guardó sus últimos trastos en su bolso. Tomó el informe y salió corriendo del vestuario, deseando que no fuera demasiado tarde. Llegó y Wesker aún no se había marchado. Le pareció extraño, pero así era su capitán…

-Capitán…- golpeó el marco de la puerta, esperando su permiso. Estaba muy nervioso, y su voz sonaba extraña

-Adelante Chris.- Este le habló muy alegremente, como si incluso le agradara… Chris pasó dentro de la abarrotada oficina de los STARS

-Lo siento en molestarle a esta hora, pero…- le mostró el uniforme y se lo entregó.- Olvidé de darle esto. Espero que no sea demasiado tarde para entregárselo…- Wesker tomó el informe y luego lo guardó en la carpeta para Irons.

-No te preocupes, además, fue justo a tiempo…- Wesker se levantó de la silla y tomó su portafolio.

-Bueno… tengo que irme marchando, capitán…- Chris estaba por cruzar el marco de la puerta, hasta que Wesker le alcanzó.

-Te acompaño hasta el pasillo de la oficina de Irons…- Y ambos salieron de la oficina… Juntos…

Chris pudo librarse de Wesker rápidamente. No le gustaba acompañar a ese tipo. Había algo que a él no le gustaba. Siguió caminando y observó a Rebecca atándose las agujetas de las botas, esta tenía una camiseta rosa pastel, y los pantalones reglamentarios colocados. Hacía relativamente poco que se había incorporado a la unidad; y mucho no sabes de ella… Pensó. Decidió que sería mejor conocerla mientras le acompañaba a su casa, en ese momento las calles de Raccoon City no eran seguras para nadie. Se le acerco tranquilamente, fingiendo no haberla visto. Ella le vio y se ruborizó al instante, por lo que él pudo observar con el rabillo del ojo. Chris le saludó, moviendo la mano enérgicamente y se le acercó.

-Hola, Rebecca- Comenzó- ¿Cómo ha ido?- Esta bajó un poco la cabeza, esperando que no notase su ruborizada cara.

-Bien, exceptuando porque tuve que correr como un demonio… pero bien…- se acomodó un mechón rebelde de cabello.- ¿Y a ti?-

-Bien… creo que Wesker tendría que ser profesor de gimnasio…- Rebecca rió.

-Si, o profesor de educación física- Ambos rieron.

-oye Rebecca ¿Te apetece que te acompañe a tu hogar? Me queda de paso, ya que vivimos a unas dos manzanas de distancia…- Rebecca le hizo un gesto de aprovamiento.

-¡Claro! Es aburrido ir sola…- Le miró con más entusiasmo.- ¿Tú no vas a salir con Jill?- Chris bufó molesto.

-Todo el mundo me pregunta exactamente igual… y si…- Salieron del RPD con paso tranquilo.- ¿Y tú? ¿No saldrás un viernes por la noche?- Rebecca solo rió.

-No, la vida nocturna no es para mí. Si rara vez llamo a mis amigas para tomar una taza de café…- Sonrió algo apenada.- Además, mis amigas viven lejos de Raccoon. Y no tengo muchas…- Chris le palmeó el hombro.

-Te entiendo. Yo tampoco tuve demasiados amigos en mi vida. Con unos pocos me bastaba, pero…- se cayó un momento, mientras ambos cruzaban la calle.- Era feliz con los que tenía.- Agregó con franqueza.

-Si… siempre pensé que ser popular era lo máximo… Aunque, creo que me equivoque…- ambos rieron. Siguieron caminando el resto del trayecto en tranquilidad. A la tercera manzana, Rebecca entró en una agradable casa pequeña, con un jardín bien cuidado y con flores por doquier.

-Bueno… creo que seguiré solo…- Diciendo esto, siguió caminando, mirando al frente y soñando todas las posibilidades de esa noche en particular. Creía que nada o nadie podría arruinarla… eso esperaba…


Chris y Jill estaban en reunidos ellos dos solos en la casa de Chris. Habían terminado de ver una película de comedia y romance; y se habían quedado sentados en el sofá color ocre de tres asientos. Reían mientras tomaban unos refrescos de cola y comían unas pizzas, y contaban las anécdotas de su vida y del trabajo.

-Oh, si vieras a mi hermana Claire cuando se enoja… ¿Has visto como se pone Forest cuando le haces enojar?- Dijo Chris entre risas.

-¡Claro que sí! Se pone como un niño crecido y deja una cara de puro fastidio…- Ambos se rieron ruidosamente. Chris se secó unas lágrimas que derramó de tanto haberse reído por los últimos cincuenta minutos.

-Bueno, esta se pone igual, lo único que te saca la lengua y se marcha a su habitación mascullando entre dientes…- Jill rió y tomó un sorbo de refresco. Luego dejó el vaso lleno del mismo y le miró, con una sonrisa. De golpe, pareció que Jill era más guapa que antes… Mucho más guapa.

-Y… Chris, dime ¿Qué fue de tu vida antes de enlistarte en los STARS?- Preguntó con un tono amistoso. Chris palideció.

-Bueno… Nací en Oregón, mis padres, cuando cumplí los siete años, fallecieron en un accidente de tránsito y comencé a cuidar de Claire, junto con mis abuelos; nos volvimos íntimos amigos, cuando cumplí catorce, mis abuelos murieron y Claire y yo vivimos en su casa hasta que cumplí dieciocho y comencé a trabajar…- Jill le interrumpió un momento.

-¿Cómo sustentaban el alimento, la ropa?…- Chris hizo un gesto con la mano.

-Nos habían dejado herencia ambos. Nos sustentábamos con aquellos fondos. –Jill hizo un gesto para que continúe contando.- Trabajé unos dos años en un restaurant de comida rápida hasta que me uní a la Fuerza Aérea. Allí conocí a Barry. Nos hicimos muy buenos amigos y después de mucho tiempo en el aire- Chris realizó un chiste, el cual Jill correspondió con una carcajada- Me dieron de baja sin honores por desobedecer una orden directa de mis superiores por rescatar a un camarada después de que me habían dicho que no tenía que volver por el… y bueno, Barry, después de un tiempo pidiéndome que lo considerara, me uní a los STARS por recomendación de Barry.- Tomó un sorbo largo de refresco y luego el comenzó con las preguntas.- ¿Y tú qué me dices? ¿Qué fue de tu vida antes de los STARS?- Jill no pareció muy convencida de contarle su pasado a Chris.

-Bueno… nací en Filadelfia. Mi padre era un ladrón y me educó bien para seguir sus pasos… De allí soy tan buena en cerraduras y desactivación de bombas y alarmas… Mi madre nos abandonó cuando apenas nací, asique el me cuidó tiempo completo. Cuando a él lo apresaron por robo, me dijo que bastaba con un Valentine tras las rejas y con piyamas de rayas negras y blancas; asique me dijo que me uniera a un escuadrón de policía, más bien este… y bueno. Ahora ambos estamos charlando aquí en mi sofá.- Le sonrió y él le devolvió la sonrisa.

Chris se había puesto un poco incomodo. Le estaba gustando demasiado la charla a solas con Jill y eso comenzó a aterrarle. Eran muy buenos amigos, y no quería arruinar la velada que tanto soñó con ella desde hacía rato. Y en sus sueños siempre acababa igual; con el beso triunfal de una película romántica. Y a veces terminaba mucho peor… Borró ese pensamiento de su mente y comenzó a removerse inquieto en su asiento. Jill notó aquel movimiento brusco.

-Chris, ¿Estás bien?- Preguntó de forma inocente. Esperaba que con su historia no lo hubiera incomodado…

-Sí, solo que estaba pensando en algo…- ¡Bien hecho, tonto! Ahora comenzará a preguntar en qué pensabas… Chris se mordió el labio inferior, nervioso. Jill notó su nerviosismo.

-Chris, ¿Te he incomodado con algo de lo que te dije? Dímelo… no me molesta.- Chris se sentó mirando al frente, colocó sus brazos sobre sus rodillas y así se quedó.- Chris…

-Jill, ¡no fue tu culpa! Soy yo… tu… tu me gustas, Jill… Y tengo miedo que ahora me acerque a ti, te bese y luego termine nuestra amistad…- Hizo una pausa- Y tengo miedo de que después de haberte dicho esto, tu no sientas lo mismo que yo siento por ti y nunca más nos hablemos…- Chris intentaba de una manera desesperada no llorar, pero su voz hacía notar que quería comenzar a llorar. Jill se le acercó más y le colocó una mano en su brazo, intentando calmarlo.

-Chris, no te aflijas… además, tú me gustas mucho… -Le hablaba con la voz más suave que ella podía.- Desde que entré aquí que reprimo el sentimiento.- Ambos se miraron, y se quedaron así un buen tiempo. Hasta que Jill rompió el silencio.- Chris…- Ambos acercaron sus labios lentamente, Chris sentía ya la textura de sus labios en los suyos. Hacía tanto que había querido tenerlos cerca, desde sus más profundos sueños…

Y ambos labios se chocaron. Chris sintió una descarga eléctrica recorrerle todo su cuerpo, mientras que sentía el aroma de la colonia de rozas de Jill en su olfato. Deseó con todas sus fuerzas que aquel momento nunca terminara. Jill pasó sus brazos por los hombros y al final juntó ambas manos y entrelazó sus dedos. Chris la sujetaba por su delgada cintura. Sin duda, el mejor beso de su vida. Jill rió de forma coqueta y le mordió el labio inferior; y luego le correspondió otro beso que el pidió. Ambos eran completamente felices. Juntos. Como debió ser en un principio. Siempre pensó en cómo se sentiría besar aquellos labios juguetones que la misma Jill tenía; y aquella sensación era embriagadora. Jill se separó un momento de él, con sus ojos celestes chispeantes mirándolo directamente a sus ojos castaños.

-Chris, ¿Sabes cuánto tiempo esperé para este momento?- Comentó entre risas.

-¿Crees que yo no? ¡Diablos, Jill! ¡Desde que te nos uniste como miembro!- Respondió con su típica sonrisa seductora.

-¿Y bien? ¿Somos novios o qué?- Dijo Jill mientras se reía.

-Es pronto para asegurarlo, pero es muy posible…- Respondió, mirándola seductoramente.

Estuvieron besándose un rato más, hasta que ambos escucharon unos pasos cortos por el caminito de loza que él tenía que conectaba a la acera de la calle. Ambos se separaron de inmediato, mientras que se levantaban de un salto. ¡Ding Dong! Sonó alegremente la campanilla de la casa. Jill le miró sorprendida, al igual que él. ¿Esperaba a alguien el muy pillo de Chris? Si era Joseph o Forest con unas pizzas y una gorra de beisbol… Pero les sorprendió una voz femenina. ¿Esperaba una chica? Rebecca era una opción errada. Ella tenía una voz dulce, de apenas una niña… Pero esta; parecía una voz de una chica de la misma edad que Chris, era algo grave y dulce. Parecía una voz de una chica que solo sabía seducir hombres.

-¿Chris? ¿Estás en casa?- Dijo la chica desconocida. Volvió a tocar el timbre. Parecía ansiosa por qué Chris le abriera. Jill le miró confundida y el la miró mas confundido de lo que ella estaba.

-¿Esperas a alguien más?- Le susurró, esperando que la chica no les oyera; ya que tenían la ventana abierta y una simple voz baja podría ser escuchada.

-No, que yo sepa…- Chris se acercó con paso indeciso a la puerta. No parecía nada bueno.- Jill, quédate allí. Si intenta algo sospechoso o intenta siquiera entrar a la fuerza, tu aparece.- Jill asintió y se quedó expectante de la situación. Tomó el pomo de la puerta y lo presionó hacia abajo. Abrió con cuidado la puerta y su sorpresa fue tal, que dio un pequeño salto.

La joven impertinente entró en la casa. Su mirada era de completa resignación, al igual que de estar en apuros. Se veía nerviosa e inestable… Vestía unos Jeans ajustados, igual que Jill; también llevaba unas zapatillas de moda y una sudadera bastante grande y no de su talla, completamente desgastada. Ella se sorprendió al ver a Jill parada, delante del televisor. Frunció el seño y curvó la boca en una mueca de asco al verla.

-Miranda… ¿Qué haces aquí?- Preguntó completamente sorprendido.

-Vine a buscarte…- Se volteó mirándolo y luego señaló a Jill de forma despectiva y altanera.- ¿Quién es ella?-

-Soy… soy su novia.- Dijo de forma altanera Jill, intentando imitarla. -¿y tú?- Jill ya se sentía completamente incomoda en aquella situación. No le gustaba ni un pelo.

-Disculpa, cariño, creo que te informaste mal…- Se acercó a Chris y se abrazó a él.- Yo fui su novia desde la secundaria…- Chris la miró con una cara de desconcierto total. Jill se sentía horrible, eso no se lo había dicho... no te engañes Jill, todos son iguales… Pensó con tristeza. Sintió una oleada de furia, pena y mucha pero mucha tristeza. Tomó la sudadera que ella había dejado en el sofá de un solo espacio para las personas y se encaminó con paso firme a la puerta. Chris se separó inmediatamente de Miranda, y alcanzó a frenar a Jill, sujetándola por la muñeca.

-Jill, espera… yo…- Jill le fulminó con la mirada y dejó de hablar al instante.

-Esta parte de la historia no me la habías contado, ¿Eh Chris?- Sus ojos celestes se volvieron más brillantes y comenzaron a llenársele de lágrimas.

-Jill…- Insistió una vez más, pero ella se soltó de su agarre y cruzó el umbral de la puerta.

- Adiós, hasta el lunes… Christopher Redfield…- Salió al trote de allí, secándose las lagrimas que comenzaba a derramar, mientras se encaminaba hasta su casa, a unas calles de allí.

Chris se quedó allí, parado. Mirando como la mujer de sus sueños se marchaba triste por su culpa. ¿Miranda Ellyson? Ella solo era una loca obsesionada con él y su vida. Desde el baile de graduación que no la veía, y seguía igual de obsesiva que en ese entonces. Chris volteó y miró a la chica que siempre había odiado desde su ruptura. ¿Qué demonios hacía en Raccoon City? Esta esbozó una sonrisa, mientras se acercaba y le abrazaba con fuerza. Chris sintió una oleada de pura furia, rabia, pena por el mismo y repulsión hacía la chica. Sabía que había sufrido mucho en su infancia; su hermano mayor había muerto en un accidente de tránsito por un conductor que se había dormido al volante y cuando ella apenas era una niña que tendría unos cinco o seis años- Chris no recordaba con exactitud-, un padre ausente y un ebrio inmundo, que la castigaba a golpes y su madre que trabajaba todo el día y parecía que solo llevaba el dinero a casa para que ese borracho mal hablado siguiera tomando y tomando… Luego el divorcio de los mismos y la muerte de su padre, su madre cayó en una fuerte depresión y al poco tiempo de que ella misma cumpliera dieciocho había muerto… Su vida estaba llena de penurias y malos momentos… Y después de que se volviera obsesiva, se convirtió en su novia por unos cuatro meses hasta que dos días después del baile de graduación, Chris cortó toda relación y todo contacto de manera definitiva con ella. Y ahora, aparecía de la nada misma, proclamándose ser su misma novia… Era embarazoso para ambos y a la vez era horrible para Chris.

-Miranda… ¿Qué demonios haces aquí?- Se separó instantáneamente de la chica. Casi empujándola- Nosotros no tenemos nada en común ya, todo terminó hace ya siete años…- LA chica se acomodó un mechón rebelde de su cabellera sedosa y rubia oscura.

-¡Chris, por favor! ¡No lo niegues más! ¡Estoy loca por ti! ¡Quiero volver a salir contigo!- Dijo esta, sonriendo.

-No… no, no y no. ¡Esa chica era mi actual "novia" y tú la echaste llorando por una de tus otras locuras! Miranda, que quede claro entre ambos, tu ya no eres nadie para mi, todo terminó hace tiempo… -Chris se masajeó las sienes impaciente…- Retírate… ¡Por favor retírate!- Señaló hacia la puerta.

-Chris…- Este la silenció con la mirada.-Cariño…

-¡Que te vayas de aquí!- La chica se fue a regañadientes, mientras Chris cerró con brusquedad la puerta detrás de ella. Chris bajó su persiana, mientras que se dirigía furibundo a su habitación. Seguía repasando todo lo de la noche… sin siquiera poder creerlo. Salir con Jill a jugar al billar, volver a su casa, una película, pizzas y refrescos… Su beso… y Miranda… y Jill caminando mientras lloraba, alejándose de sus brazos… Chris no evitó cerrar los ojos y derramó accidentalmente una lágrima, luego otra y otra… Se convirtieron en sollozos incontrolados. Lloró por mucho tiempo, sus sueños se habían roto. Tanto tiempo que eso sucediera y de golpe, todo se deshizo; siguió pensando unos momentos más, mientras más lagrimas salían de sus ojos castaños… hasta que se quedó dormido.


Bueno, espero que les guste esta actualización. Le da un giro a la historia la aparición de Miranda Ellyson. Y les dejo un pequeño adelanto del siguiente cap. Miranda enloquece y busca a su rival, Jill.

Como soy una muy mala persona, les dejo con la intriga HAHA!

Saludos a todos!

Umbrella Projeckt. 024