Al fin una nueva atualización de esta linda historia! Lamento haberme quedado atras en este fic, pero es que he tenido millones de cosas en medio de este capitulo y bueno, no he tenido mucho tiempo en continuarlo.

Entre la escuela, los deberes y el estudio; ¡No he tenido nada de tiempo! Bueno, acabo con el palabrerio pero antes tengo que agradecerles a las siguientes personas:

.Miku Valentine: No te preocupes, ellos volverán en el siguiente cap.

. : Amiga, gracias por tu continuo apoyo!

.In Pieces: Primero, gracias por leer mis relatos y gracias por hacer tan buenas historias! Me encantaría una nueva :D

.Monick1998

.Nicky

.Jill Vlentine

Sin ustedes, no podría continuar!

Abrazos y saludos!


Jill había estado toda la pasada noche derramando lágrimas. No pudo controlarlo. Todos sus sentimientos hacia Chris se habían resumido en un odio más que grande. Por ahora, ni siquiera quería verle. Se despertó mirando al blanco techo que cubría su habitación, sujetando con fuerza a Buster, su osito de la suerte… y de los desamores. Lo había bautizado en la última categoría aquella noche que había quedado atrás, pero no para su memoria. Seguía dolida por que Chris le haya mentido de semejante manera, pero… ¿Qué se le iba a hacer? Ella no tenía una maquina del tiempo, para evitar aquello… Miró a su mesita de noche, mientras estiraba sus brazos y bostezaba, quitándose la pereza de una noche de sueño conflictivo. Ya no quería recordar nada, pero así eran las cosas… Todo le remontaba hacia el pasado. Miró a la gran pila de pañuelos descartables, y de fondo, su reloj despertador. Movió unos centímetros los pañuelos, mientras miraba el reloj con sus hinchados ojos. 12:45 del mediodía y era sábado. Se merecía dormir hasta esa hora después de tolerar despertarse a las siete en punto de la mañana todos los días laborales que tenia desde que entró en los STARS.

Además, no tenía nada que hacer a la mañana, asique aprovechó y ni siquiera despegó sus parpados hinchados de tanto llorar… Pasó sus manos por sus ojos azul chispeante, mientras se levantaba a duras penas de su cómoda cama. Fue hasta el baño y se lavó la cara, intentando despertarse. Se sentía incomoda, como si algo de anoche no le hubiera caído nada bien… Pero no le dio importancia. Se cambió mirando un momento las noticias del día de Raccoon News y bajó a prepararse su "almuerzo".

Cocinó en poco tiempo unos apetecibles sándwiches de queso fundido, mientras tomaba jugo de naranja recién exprimido. Miró uno de esos realitys y luego, tomó el periódico que había recogido antes de sentarse a almorzar. ¡Dios santo! Como le costaba sentarse después de haber corrido tanto… Maldito Wesker… Su abdomen y sus piernas le mataban con el dolor punzante que ella sentía, mientras que sus brazos solo era una ligera molestia. Juró que jamás seguiría un juego que se hubiera iniciado por el patán de Frost o siquiera de Barry Burton y de Brad Vickers… Nunca mas…

Dejó el periódico a un lado, mientras que volvía a prestarle atención a su comida casi fría y el programa que pasaban en ese momento. Era una de sus series favoritas, de policiales y misterio… Hasta que el teléfono sonó. Corrió hasta la cocina, no le gustaba que nadie se quedara sin su respuesta, siquiera las personas que llamaban ofreciéndote cualquier cosa. Jill tomó el aparato, mientras se apoyaba en la encimera de su cocina.

-¿Diga?- La voz que le siguió a continuación le sonó muy familiar, como si lo conociese pero no de hace mucho.

-¿Jill? Soy Brad Vickers. Me preguntaba si quisieras salir a tomar un café esta tarde, a la cafetería del centro…- Jill le cortó su habla dificultosa por los nervios.

-¿El café de Wright? ¡Si, claro!-

-humm, muy bien… ¿A las cinco?-Jill no tenía nada mas que hacer en un momento como ese, asique le pareció que salir a tomar un café con un compañero le pareció lo mas correcto, sin contar que necesitaba despejar su mente.

-Si, nos vemos allí Brad- Este le saludó y luego colgó. Jill sonrió. Vickers era un tipo magnifico, algo miedoso… Bueno, muy miedoso. Pero aún así, un tipo muy agradable. Se sentó y siguió comiendo su improvisado y delicioso almuerzo, mientras miraba atentamente su serie favorita del mediodía.


Chris siguió mirando el noticiario, mientras que charlaba con su hermanita Claire. Hacia tanto que no la llamaba. Había roto su promesa de llamarle todas las semanas; pero con lo que le sucedía en la mente en aquellos días, simplemente lo olvidó hasta que respondió el teléfono y Claire le habló con su voz dulce y tierna. La extrañaba, y mucho. Y no veía el momento en volver hacia la Universidad de Oregon para darle un abrazo cariñoso. En las noticias no pasaban nada nuevo, simplemente lo mismo que toda la semana. "La ola de calor arrasa a Raccoon City" "Un robo de película ocurrió en el banco de esta pacifica ciudad" "El Jefe de policía, Brian Irons es acusado de otro caso de corrupción". Lo de siempre… Claire le había colgado, se tenia ir hacía el campus a entregar un informe al profesor de Ciencias. Chris dejó el teléfono en su respectivo lugar y se sentó en su sofá, respirando lentamente.

La extrañaba. No lo negaría nunca. Y le encantaría expresarle todos sus sentimientos y explicarle todo lo que había sucedido… Pero ella seguramente que no quería oírle ni en sus pesadillas. Chris apagó el televisor inconciente, mientras tenía la mente en sus enloquecidos pensamientos. Se estaba sumergiendo cada vez más en sus propios locos y traumados pensamientos; hasta que el teléfono sonó por arte de magia, distrayéndole.

Se sintió ampliamente agradecido con aquello, ya que por lo menos, no se autodestruiría como lo estaba haciendo. Se levantó, mientras dejaba escapar un largo y cansado suspiro y se paró frente a la mesita con el teléfono. Su canto no cesaba. Seguiría sonando hasta que el dejara de estar parado como hongo. Chris tomó el teléfono, mientras que presionaba el botón de "contestar"

-¿Diga?- Chris reconoció la voz del otro lado. No era ni más ni menos la voz con el típico acento de Alabama de Forest Speyer.

-¿Chris? Soy Forest… Me preguntaba si querías ir a tomar algo al Café de Wright…- Chris dudó. No tenía demasiado interés en la idea, pero, para poder olvidar, tendría que distraerse en algo.

-Bien… salir con un amigo no me haría daño. ¿Nos vemos a las 16:30?-

-De acuerdo, compañero. ¡Nos vemos allí!- Forest colgó felizmente. Chris dejó el teléfono de nuevo en su sitio. Seria genial salir con un tipo tan prendido y alegre. Le encantaba salir con sus amigos, y mas los amigos que tenia desde hace varios años, desde que entró en los STARS. Además, el también necesitaba distraerse de aquella horrible noche anterior. Sonrió. Hoy tendría más de un ataque de risa.


Jill se estaba preparando, después de haber disfrutado de dos episodios de una hora cada uno de su serie favorita. Tenía unos pantalones de Jean, además de una blusa de tirantes y un poco larga, de color canela. Si había algo que le encantaba era el color azul y el color canela del arco iris de colores disponibles. Se miró en el espejo, complacida por su aspecto. Se veía atractiva. Se colocó sus sandalias con un poco de tacón –no demasiado, ya que ella no se sentía cómoda con algo muy ceñido o algo muy alto- y se sentó en su cama, preparando su bolso. El maquillaje leve que se había hecho no le cubría en mucho su aspecto. Sus ojos seguían enormemente hinchados. Maldijo en voz baja, mientras que se paraba y tomaba su juego de llaves.

Salio por la puerta, mientras que echaba el pestillo a la misma, volteó y admiró el paisaje a su alrededor. Las familias jugando en la acera, los perros correteando tras gatos y algunos echados, mirando los autos que pasaban; los hombres con sus podadoras de césped y las mujeres llevándoles limonada, y mas lejano aún, el ladrido de un perro a la distancia. Sonrió y caminó hasta su coche, aparcado. En esa semana tendría que dejarlo en el taller, nuevamente…

Maldijo su suerte, cuando decidió costear ese auto. Era una lata, que simplemente no dejaba de estropearse… Pero no era momento de incordios o malestar, saldría con un amigo a tomar un café, olvidando los malos tragos de la semana y, si todo salía bien, asistir a la fiesta de cumpleaños de Forest, esa misma noche. Era un gran tipo, y un gran anfitrión; sería su primer cumpleaños de un compañero, y no quería echarlo a perder. Subió y se colocó el cinturón de seguridad; no tenía que ser estúpida y seguir manteniéndose viva era una opción segura (con tantos accidentes de trancito, ¿Quién no se lo pondría?)

Faltaban veinte minutos para el horario acordado con Brad, pero le pareció prudente salir antes de su casa y así evitar el tráfico de la tarde del sábado.- Mucha gente solía querer irse hasta Latham para pasar el fin de semana- Arrancó el motor, puso reversa y lentamente comenzó a recorrer las calles de Raccoon City hasta el centro de la misma ciudad. Evitando pasar por la calle de cierta persona de su poco agrado, Jill llegó diez minutos antes de lo acordado. Estacionó a unos metros del café, y mientras salía de su lata con ruedas, un auto le sobresaltó.

Brad sabía como exasperarla, y sabía como exasperarla aún más un sábado a la tarde. Le hizo un gesto con la mano derecha, mientras levantaba el infame dedo con una sonrisa burlona. Brad aparcó a un auto de distancia y bajó del mismo. El sol de la tarde comenzaba a bañarlo todo de naranja.

-¿Te pillo el susto, Jill?- Decía entre risas el castaño, mientras que se acercaba a ella. Jill percibió el aroma de la colonia, uno de sus favoritos y una de las mejores elecciones que le había entregado a su padre por su cumpleaños numero cincuenta y cuatro. Suspiró para sus dentros, mientras se acomodaba mechones rebeldes de su cabello castaño tras la oreja.

-¡No! Nada me asusta…-

-Si, claro Valentine…- Comenzaron a caminar hasta la entrada, y Jill notó un auto familiar… Mas bien un par de autos familiares. ¡Oh no! ¿Qué hacen ellos aquí? Si había una persona con la cual no se quería cruzar por nada del mundo, ese era su "Ex" llamado Redfield.

-¿Te sucede algo?- El siempre atento y cariñoso Brad la miró con rostro preocupado.

-No, solo que… creo que mi auto dirá adiós dentro de pronto.- Caminando entre las mesas atestadas de gente de la vereda, ingresaron en un local pintoresco y nada convencional. Las paredes rosa pastel con la hermosa combinación de algunos pilares del mismo color, junto con las maderas del techo de color madera bien barnizada; le daban un toque de pastelería al Café de Wright. El dueño, el antiguo dueño de la famosísima franquicia "Pasteles Wright" había decidido probar suerte en una pequeña cuidad en alza con un café de lo más pintoresco.

Cuadros de principio del Siglo XIX y flores en los centros de mesa, era como sentarse a tomar un café con una vieja amiga una tarde de verano.

Al entrar, el aroma dulce del té, mezclado con el peculiar aroma de la tarta que tanto le gustaba a todo un país; la tarta "Selva de Chocolate" y el aroma del café expreso, asaltó de sorpresa las narices de ellos dos, pero a Jill le saltó otro aroma… La colonia francesa de Chris…Y allí estaba Redfield, con una taza de Capuchino en sus manos y con Forest, charlando animadamente. Chris la vio, y ella inmediatamente apartó la vista, indiferente. Forest, al ver que su amigo miraba directamente a un punto en particular, volteó, con unas migajas de Selva de Chocolate aún en la comisura de la boca, sonrió y se les acercó.

-Jill, Brad, ¡Que lindos tenerlos aquí!- Limpiándose las migajas, les palmeó el hombro. -¡Siéntense con nosotros! Chris y yo debatíamos sobre que hacer hoy en la fiesta…- Y como decirle que no al chico mas fiestero, agradable y gracioso de toda una unidad. Ambos le sonrieron de forma inmediata y accedieron, a duras penas para Jill, sentarse con ellos.


Chris charlaba alegremente con Forest, intentando quitarse de su cabeza la noche pasada y por fin pasarla bien. Haberse encontrado antes de la fiesta le daba buena suerte y felicidad. Ojala lo hubiera pensado antes…Se lamentó, mientras la camarera pelirroja les dejaba las dos porciones de tarta y los capuchinos. Forest le había echado el ojo desde hacía mucho a la pelirroja, de nombre Calleigh. Este tipo y sus andanzas… Ya, con su acento y su cortesía, había conseguido su número y que apareciese por su fiesta esa misma noche. Chris no sabía como hacía para conseguirse tan lindas mujeres…

-Gracias, encanto- La pelirroja soltó una risita y siguió atendiendo las demás mesas.

-¿Cómo haces que las mujeres se rindan así a tus pies?- Chris no estaba molesto, sino que estaba confundido, y algo celoso a decir verdad…

-Simplemente, nadie se resiste al encanto de Forest Speyer…- Se echó el pelo atrás y azucaró el capuchino. Luego, tomó una porción de la tarta y lo miró.- ¿Y a ti que tal te fue ayer? Todos hablaban de que Jill y tú…- Chris tomó un sorbo, mientras esperaba que no se le revolviera el estomago.

-Te mentiría si te dijera que salió bien…-

-¿Tan mal?- Dio otro bocado, mientras que Chris sorbía la taza humeante.

-Si, primero, una ex novia de la secundaria se presentó sin más en la noche de ayer, la había besado a Jill, y justo apareció para arruinar ese momento…-

-¿Loca fanática o chica infiel arrepentida?- Oh, si Speyer conociera de esa clase de chicas, era el hombre con mas experiencia en el campo del amor andrajoso.

-Loca fanática, sin duda. Dijo que era mi novia, cuando no la veía desde el último año del instituto. Jill se defendió como pudo, pero al final, la "Loca fanática" ganó y Jill se fue llorando y odiándome por el resto de nuestra existencia- Sonaba firmemente convencido de que eso ocurriría.

-No se que decirte, Chris… Como tu alma gemela, creo que tendrías que replantear la situación con Jill.- Chris lo miró con cara de asco, otra broma mas…- Ya, enserio; como mejor amigo tuyo, creo que estaría bien si hoy hablaras con ella. Le explicas que sucedió, ella seguramente lo entiende y ¡Listo!-

-No creo que sea TAAAN fácil… ¿Cómo le explico que era una ex mía, psicópata con problemas desde niña, que la dejé en la secundaria? Jill creerá que soy un idiota y no me hablará más…- Forest asintió, mientras dejaba la taza sobre el posa vasos de madera y tragaba el sorbo que había bebido.

-Buen punto.- No tenía como decirle que no se sintiera culpable… Pero así estaban las cosas.

-¿Cómo va el tema de la fiesta?

-Oh, bien. Gracias a Dios, Edward pudo conseguir los dos barriles de cervezas y los bocadillos ya están ordenados. La barbacoa esta ya en mi patio y creo que todos la pasaremos bien hoy.

Mientras Chris comía tímidamente su porción de Selva de Chocolate, no pudo evitar mirar por la ventana, y en esa misma ventana que tenía a su lado, la imagen de una chica castaña, con pelo por los hombros era acompañada por un hombre de cabellos castaño…Vickers. Ambos ingresaron al Café con sonrisas en sus rostros… Y la castaña lo miró. Fueron los segundos más horribles para Chris, ya que su mirada de odio absoluto le hacía sentir algo mal –más bien muuy mal- Y luego apartó la vista, indiferente hacia él. Le dolió su indiferencia al verle, pero más le dolió que Forest los sentara junto a ellos en la mesa. Jill se sentó al lado de Forest, y Vickers a su lado.

Jill pidió un té con Brownie y Brad un Expresso de la casa con tres galletas de coco. La supuesta charla entre amigos y compañeros de trabajo era tensa y llena de indirectas hacia cada uno. Charlaron de la fiesta, pero a Chris ya no le importaba mucho el tema, se sentía horrible por lo sucedido aquella noche. "Charlaron" unas dos horas mas, mientras que veían pasar ante sus ojos las ordenes de mas personas… Pero a Chris se le había enfriado el capuchino y Forest se había comido lo restante de su porción de tarta. Brad y Jill fueron los primeros en abandonar el café, con indignación por parte de Jill al encontrarse con semejante idiota.

-Bueno, muchachos, nos vemos esta noche- Brad se levantaba de la mesa, luego de que todos hayan compartido la cuenta de su consumición. Jill le imitaba, mientras que saludaba al cumpleañero.

-Un gusto haberme sentado con ustedes esta tarde- Expresó Jill a lo que Forest asintió.

-No hay de que, nos vemos a las ocho- Ambos emprendieron el viaje de vuelta a sus respectivos hogares. Se sintió peor de lo que jamás se había sentido, mientras que estaba allí, Forest y Chris a los minutos de que el otro par hubiera partido, se levantaron y se dirigieron a la casa del cumpleañero, para ayudar. Pero Chris no tenía ni la más mínima intención de ayudar, mas bien, quería enterrarse en un pozo y nunca ser encontrado.