¡Al fin una actualización de esta linda historia! Créanme, he estado mucho tiempo sin poder actualizarla por diversos motivos (que principalmente incluyen la escuela y sus exámenes. Los juegos de PC y ps3 que tanto me cautivan y no me sueltan y finalmente mi teclado… como lo odio…)
Bueno, en fin. Espero que les guste este lindo capitulo. Es bastante largo, ya que luego de algunas sugerencias, me pareció mejor dejarlo mas largo. Todos los siguientes a este van a ser bastante largos; asique… Bueno.
Antes de que arranquen a leer, quiero agradecerles sinceramente a las personas que leen esta historia, por que sus lindas palabras me motivan para seguir y seguir escribiendo, como tanto me gusta.
Ary. Valentine: Gracias amiga por todo el apoyo y tus lindas palabras. Ah, me olvidaba espero ver mas de ti por aquí.
M. Bidden: Gracias a ti también por tus lindas palabras. Tu sugerencia de un capitulo mas largo creo que quedó plasmada en este. ¡Y también saludos para ti desde Argentina!
Miku Redfield: Gracias una vez más por leer y tu lindo review. ¡Es lindo contar con tu apoyo!
In Pieces: ¡Gracias por leer otro capitulo de otra historia mía! Es lindo, también, contar con tu apoyo.
Pamelanayeli. Garciaaguirre. 5: ¡Gracias por unirte a la linda lista de Reviews! ¡Espero que te guste también este capi!
Bien, sin más que decir, ¡abrazos psicológicos a todos y saludos!
Jill estaba de camino a su casa, mientras que conducía con la radio, se había despedido de Brad hacía menos de cinco minutos y se sentía bien. Después de tener que verle la cara a mister Novias Infinitas, todo había marchado bien. Era más, ansiaba celebrar el cumpleaños número veinte y nueve de Forest a lo grande, y con sus amigos. No se cambiaría demasiado, quizás unos tacones más altos y una blusa más formal, pero como estaba, estaba muy a gusto. Oh, como extrañaba el trago de una buena cerveza una noche de sábado. Hacía días que no probaba salir un sábado a la noche por los malditos informes de Wesker. Además, las bromas y las hamburguesas siempre iban de la mano.
Le pareció extraña la forma en que Brad se despidió de ella, ya que se había mostrado mas comprensivo de lo normal. Creo que te gusta, Jilly. Y no te engañes, es lindo. Y algo de razón tenía. Se sentía bien que alguien mas gustase de ella, ya que con solo uno era muy aburrido. Además, todos los chicos en los cuales ella había tenido algún tipo de sentimiento, siempre la ignoraban y se buscaban la más cabeza hueca de todas.
Sonrió, mientras tomaba la calle en la que, manzanas más adelante, se encontraba su casa; pequeña pero acogedora. La radio también parecía estar de muy buen humor, ya que la mayoría de las canciones que le gustaba, eran transmitidas por la misma. Cantaba alegremente "Walking on Sunshine" y Jill la entonaba con su voz un poco particular. No era cantante nata, ni tampoco se le daba de diez maravillas, pero no desafinaba tanto. Al parecer, al final de la canción, ella ya había llegado a su casa; y mientras que bajaba alegremente del auto, tarareaba la canción.
Entró a su casa, mientras que dejaba su bolso con objetos personales y un kit de maquillaje, y subió a ducharse. Y como era inevitable con lo feliz que estaba, cantaba a gritos la canción. Estar sola es una ventaja, no hay nadie que te detenga cuando estás feliz. Pensó. Se aseó rápidamente, ya que su cabello había sido enjuagado la "mañana" de ese mismo día. La blusa que quería escoger era la adecuada para un momento como ese, ya que era bastante adecuada para el tipo de cumpleaños que tendría esa noche. Era marrón, con una estampa de Los Ramones en ella, y por debajo del ombligo, caían tiritas de la misma. Bastante divertida parecía. Su jean encajaba perfecto y los zapatos con tacón negro eran una opción genial. Se vistió tranquila, con tiempo de sobra. A las ocho de la noche estaba pactada la hora de encuentro.
Se fijó en su reloj, que marcaba las siete treinta. Hora de retocarse el maquillaje y salir. Fue hasta su bolso y tomó el kit; se dirigió hasta su baño de cortesía. Se maquilló levemente y le quedaban quince minutos de sobra. Guardó lo necesario en su bolso, mientras que salía de su casa. Se encaminó a su coche, admirando los últimos claros de lo que había sido una tarde estupenda. Subió, colocó las llaves y… Nada. El maldito auto no arrancaba. Intentó otra vez, girando nuevamente la llave… ¡MIERDA! ¿Ahora como se supone que llegaré? ¡¿Caminando?! Yendo a pie, llegaría con el intenso deseo de quitarse los zapatos y echarlos a la hoguera. No era una opción. ¿Y si llamas a Vickers que te dé un aventón? Con la velocidad de un rayo, Jill sacó su móvil de su bolso, mientras que tecleaba frenéticamente en él. Esperó impacientemente que Brad contestara el teléfono…
-¿Diga?- La voz grave de Brad sonó del otro lado del auricular. Jill esbozó una sonrisa, mientras que respiraba con más calma.
- ¿Brad, podrías llevarme a la fiesta? Mi auto ha dicho "Adiós" y ni siquiera intenta arrancar.-
-Em… Sí. Estoy con exactitud a dos manzanas de tu casa. Si estas lista, espera en el porche.- Jill confirmó que lo esperaría, y luego, Brad colgó. Jill salió del auto y se quedó en la entrada. Esperó unos minutos, hasta que un auto gris perla apareció. Hizo sonar el claxon y Jill caminó hasta él. Subió y Vickers se puso en camino.
El viaje era calmado, con las calles casi desiertas. Avanzaban rápidamente el trayecto que comprendía hasta la casa de Forest. El silencio era enormemente incomodo. Brad parecía querer iniciar una conversación, pero parecía no encontrar la forma adecuada para hacerlo. Y parecía que Jill tampoco encontraba la forma de iniciar una conversación muy fluida. Había algo en su garganta que no la dejaba ni siquiera salir un simple sonido. Se aclaró la garganta un par de veces, mientras que miraba por la ventanilla del auto. La calle estaba desierta, ya en ese tramo. Y era increíble verla así de vacía, especialmente si era el centro de toda la ciudad. Estaban tan acostumbrados a ver la calle llena de vehículos y gente, que verla así era increíble. Lo miró, mientras que lo analizaba. Una camiseta negra –según la poca iluminación del panel de conductor- Con unos jeans oscuros y unas Converse oscuras. El peinado, como de costumbre, con unos rizos con pequeñas ondas que le daba personalidad y vida a su color castaño. Para tener treinta y cuatro, se veía muy bien. Y juvenil.
-Y bien… ¿Llegaste bien a tu casa luego de salir del bar?- Comenzó, con el nerviosismo típico de él al entablar una conversación con ella o con otra persona; el cual, en el juicio de Jill era ridículo.
-Si… Mi auto por lo menos no se detuvo a medio camino o dos manzanas antes de llegar a mi casa, pero bueno…- Rieron y doblaron en una calle lateral a la avenida central.- Supongo que es una especie de "karma" o algo por el estilo.
-¿Te ha pasado con anterioridad?- Inquirió el castaño de ojos almendrados, curioso.
-Si, y si he de confesarte, muchísimas veces. Es como algo conmigo, todo auto que tengo, desde la secundaria, se daña, se le abollan las puertas o el capó, o simplemente de un momento a otro deja de funcionar.-
-Bueno, creo que mejor andas en otra cosa que no sea auto, Jill- Jill sonrió, y él igual; quizá había química entre ellos dos. Además de que eran buenos amigos.
-Si, pero en motocicleta no soy exactamente buena, y en bicicleta… no, me cansaría con tanto ir de un lado al otro…- Y era verdad, siempre había algo que ellos tenían que hacer por su cuenta, ir al campo de practica, salida con sus compañeros y más. Además de tener que viajar constantemente a la prisión para ver a su padre. Que si no lo hago, alguien se enoja…Estaban a menos de dos manzanas de la fiesta, y ya se veía el tumulto de autos y personas en la puerta.
Casa de Forest Speyer
Fiesta de cumpleaños nº 29
19:50 hs
Forest iba de un lado a otro, mientras que todavía organizaba las cosas. Parece una mujer…Inquirió la mente de Chris. Y era verdad, no paraba de moverse, algo no muy propio de él. Edward se encontraba parado a su lado, con un vaso de gaseosa y la mirada atenta a los movimientos del castaño. Y había que agregar, a ambos le divertía los nervios de su amigo minutos antes de la fiesta. Ya habían hecho todo. Las bebidas sin alcohol en el refrigerador grande de la cocina, junto con las golosinas para antes de cantarle el "Feliz Cumpleaños" La torta era sorpresa de todo el equipo, que era llevada por Rebecca –que al parecer era una excelente cocinera- y Richard. Las cervezas estaban bien frías y los bocadillos y hamburguesas en sus lugares; lo único que restaba era que llegaran los invitados y que suenen los stereos. Pero Forest seguía nervioso; siempre lo mismo "¿Si algo sale mal? ¿Si no me veo bien? ¿Si los invitados no quedan contentos? ¿Si las hamburguesas se secan? ¿Si la cerveza se torna horrible?" y había mas para enumerar, pero no alcanzaba todo.
-Forest…- Edward sorbeo su gaseosa, mientras que miraba como iba de un lado a otro su amigo y volvía al patio trasero, para "vigilar" la fogata… Y volvió a entrar, cada vez mas fuera de si.- Forest…- Edward estaba completamente hastiado, en ese punto era simplemente aburrimiento de verlo ir de acá para allá sin siquiera parar.
-¡Forest!- gritó Chris antes de que apenas pudiera darse cuenta. Lo tomó de los hombros y lo obligó a respirar.- ¡Amigo, pareces una mujer! ¡Quédate quieto simplemente dos minutos!- Y lo sentó, cual niño pequeño que hubiera hecho algo mal; en el sofá marrón chocolate oscuro- Si te veo levantarte, te pateo el culo ¿Entendido?-
Y sonó el primer de muchos timbrazos. La campanilla alegre de timbre sonó con una peculiar tonada; dos veces. Frost, pensó Chris, mientras que se acercaba a la puerta y dejaba que Edward se encargara del resto con el inquieto cumpleañero suyo. Abrió la puerta, mientras que dejaba escapar una sonrisita de gracia, ya que Frost siempre le sacaba una sonrisa cuando estaba así, tenso con el mundo. Joseph tenía una nariz roja de plástico, y una peluca multicolor. Sobre la misma, una boinita, como si fuera de muñeco con una roza. Siempre de payaso, Frosty… Y era verdad, siempre era un payaso, pero siempre era comprensivo, como todo amigo. En su mano derecha traía un spray de nieve, dispuesto a darle su feliz cumpleaños a Forest; y en el otro, traía la bolsa con el regalo, roja y con un lazo del mismo color.
-¡Hola Hola! ¿Dónde se encuentra el muchacho del cumpleaños?- Entró a la casa, mientras que dejaba ver una sonrisa. Parecería un payaso, si no fuera por sus jeans oscuros y su campera de cuero claro y su camisa azul, a juego con los jeans. Bien vestido y bien animado para la ocasión. Edward reía, mientras que Joseph simulaba no encontrar a su amigo.- ¡Pero si aquí está el jovencillo que hoy se hace hombre!-apareció detrás del sofá- Cuéntame ¿Cuántos años cumples?- Forest lo miraba ceñudo, intentando aparentar la rudeza que no tenía en esa situación.
-¿Es necesario?- Y fue lo único que respondió con voz ronca. Joseph cambió su semblante de alegre a serio, de un momento a otro con la actitud indiferente de Forest. Se le plantó delante, mientras que le tendía el regalo y se quitaba el disfraz de payaso, y lo apuntaba peligrosamente con el spray.
-Mira, amigo, o finges emoción o te baño en espuma, ¿Qué dices?- Espetó con voz fría y ronca. Parecía un mafioso intimidando a sus victimas. Chris reprimía una sonrisa, y Edward igual, mientras que ambos amigos discutían. Era cómico, y mucho. Eran muy buenos amigos, pero a veces se pasaban molestándose mutuamente, hasta que alguno de los dos se cansara y explotara de frustración.
Recordó el día que, por un juego u otro, Forest intentó cortarle el pañuelo rojo de Joseph, y este intentó cortarle el pelo largo y lacio. Y resulta que también habían cabreado a su querido capitán y además, Irons los vio… Y bueno, ambos quedaron a cargo de la cafetería por una semana, y era lo más leve que Irons pudo ser… Era poco decir que todos se habían reído hasta casi mojar los pantalones luego de ese pequeño "incidente"; y el resto directamente lloraban de la risa. Y claro, siempre les gastaban bromas en conjunto a los demás. Como siempre. Y como olvidar las incontables veces que él mismo había sido una victima o cualquier otro miembro del equipo… O al pobre Marvin, de investigación…O siquiera a los refinados soldados de la unidad K-9.
Eran simplemente dos patanes.
Mientras estos dos seguían discutiendo sobre que hacer y que no hacer, Chris decidió que era mejor comenzar a caminar por el patio. Eso le relajaría, de alguna forma u otra. Además, confesarle a la chica que te gusta toda la verdad sobre el incidente del día anterior era motivo de nervios, o eso creía él. Esperaría que Jill entendiese, de alguna forma u otra, o simplemente pediría ayuda… Pero la mitad de sus amigos le dijeron que consiguiera otra chica; pero lo que ellos no entendían era que Jill era especial. Para mi lo es…Y así creía que sería por largo tiempo. Días, meses o incluso años; no le importaba.
Cerró la puerta corrediza tras él y comenzó a caminar por el amplio patio de la casa de los abuelos de Forest.
Recordaba con pena y orgullo su niñez. Pena por que sus padres se habían ido demasiado pronto, y no pudo conocerlos mejor, además de que lamentaba muchísimo que su hermanita Claire ni siquiera tuviera más recuerdos de ellos que unas simples fotografías viejas. Y también lamentaba que sus abuelitos hubieran partido cuando él apenas tenia trece años. Y apenas si entraba en la secundaría –mas bien, ya comenzaba el segundo año- Pero todos le habían dejado el dinero suficiente como para que ambos se pudieran cuidar y sus padrinos los acogieron con gusto en su casa, con sus otros tres hijos. Ayudaron en la casa, estudiaron los dos y eran personas de bien.
Eso le hacía sentirse orgulloso. Lograr sus metas solo era el primer paso en su vida.
Sonrió, mientras que bordeaba a un viejo abedul y pasaba por al lado a unos viejos rosales, completamente crecidos y enredados con un arbusto de hojas pequeñas y verdes claras. Si había algo que le gustaba hacer era ayudar a los demás, y por eso le hizo caso a Barry y se les unió a la fiesta a sus actuales compañeros de equipo. Y por eso quería reestablecer un orden en Raccoon City, con todo eso de los asesinatos… Y si apenas los STARS estaban trabajando en ello.
Más bien, toda la comisaría apenas trabajaba en ello.
Los cuerpos en la morgue demostraban que las victimas habían sido mordidas por algo. Un animal no era exactamente el resultado de toda la ecuación. Más bien, parecían mordeduras humanas. Y las cuatro victimas, hasta ese momento, decían muy poco, aparte de lo ya sabido. Pero hacia más de una semana que no se habían encontrado nuevos cuerpos, y eso era un gran golpe de suerte –de alguna manera- para la aterrorizada población de la pequeña urbe industrializada que estaba resurgiendo de la pequeñísima ciudad que él había visitado cuando era chico. Metió sus manos en las bolsas delanteras de sus jeans, mientras que miraba el cielo.
Estrellado y completamente libre de nubes.
Y otra vez, el pronóstico le erraba. No solo la ola de calor de la semana pasada no había sido pronosticada, sino que el tormentón que se generó luego del último día de la sofocante semana, tampoco había sido pronosticado. Y si que fue una súper tormenta. Aún recordaba estar encerrado dentro de la comisaría, con todos sus compañeros, esperando que parase un poco de llover. Y como siempre, Forest estaba preocupado por el tema de su fiesta. Casi le rogaba a Dios y la madre naturaleza para que le beneficiasen para ese sábado. Además de que tenía todo planeado. A el nunca se le escapaba un solo detalle. Y parecía que le habían escuchado todas y cada una de sus plegarias. Ya que la noche esta estupenda.
Se encaminó a la casa del árbol, completamente refaccionada unos cuatro veranos atrás. Estaba como nueva, y la madera barnizada siempre era de durar más. Su hermano menor, de unos veinte y cinco años, habían aprovechado para remodelar algo que su abuelo, con mano firme y unos cuantos tablones de madera, había construido para que los hermanos Speyer tuvieran para entretenerse cuando fueran a su casa. Y como, por desgracia, el abuelo de ellos había fallecido hacia ya tiempo, decidieron refaccionarlo; para darle, un merecido homenaje. Sonriendo, se sentó bajo la entrada a la misma, mientras encendía un cigarro.
"Es un feo habito, Chris; ya déjalo" Aún podía oír a su hermana diciendo una y otra vez lo mismo. Y algo de razón tenía. Era horrible.
Pero como todo habito, era difícil dejarlo, ponía lo mejor de sí. Y este era uno de los últimos de la cajetilla y uno de los últimos que fumaría… miró directamente hacia dentro de la casa, al tiempo que veía a Kevin Dooley entrando y saludando con un fuerte apretón de manos al cumpleañero. Técnicamente, Kevin no era parte del equipo, pero si era bienvenido en la oficina y en las fiestas. Es como uno más.
Y era verdad. Era una gran persona.
Kevin salió de la casa, luego de preguntarle a Forest quienes habían llegado. Y Chris lo sabía con exactitud. Era bueno leyendo los labios de otra persona. Kevin se acercaba con una sonrisa, mientras que con una mano, lo saludaba. Chris se acomodó la camisa negra y se paró.
-Hace tiempo no te veo, Chris- y era cierto, Kevin había estado enfermo la última semana; y bueno, no se había presentado a trabajar. Lo cual había alegrado a unos pocos, molestado a muchos y sin duda, había sido objeto de numerosas preguntas a varios amigos cercanos a él.- Ah, y hola- Se saludaron con un medio abrazo con palmadas en las espaldas de cada uno, así como todos solían saludarse.
-Enserio, Kev; tiempo que no nos veíamos. ¿Cómo te ha ido en cama?- Sonrió, al tiempo que Kevin emitía un bufido.
-Fue la experiencia más horrible de mi vida. Bueno, mas bien, cada vez que me enfermo es lo peor…- Sonrió- Pero Forest dijo que invitaría a algunas lindas muchachitas, y aunque no esté del todo bien, vine solo por él y las chicas…-
-¿Qué no tenías novia?- Inquirió el castaño, mientras que enarcaba una ceja
-¿No les había contado ya? Rompimos hace dos semanas por diferencias entre ambos… Ya sabes.- Chris asintió, y sabía muy bien que era bueno que ambos no estén juntos; esa chica solo sabía utilizarlo al bueno de Kev.- Y por lo menos ahora puedo venir sin sufrir un drama por su parte y puedo musicalizar la fiesta.-
Comenzaron a caminar hacia dentro, mientras que seguían charlando. Era cómico, ya que parecía que no se habían visto en años. Y Chris advirtió que mas invitados habían llegado. Cuando entraron, vieron a Rebecca, acompañada por Richard y Kenneth, portando una caja de cartón, color claro, mientras que intentaba saludar al cumpleañero sin que se diera cuenta de la sorpresa especial que darían todos al final. Y luego ingresando de la mano con "Vickers el Gallina" estaba Jill… Y fue como una patada al estomago para él… Pero… ¿Por qué debería molestarle? ¿No era que él haría todo lo que hiciera falta para que ella fuera feliz? Vio como Joseph, mientras que se acomodaba su corto cabello rubio le lanzaba una mirada cómplice.
"Lo vi, y a mi también me cuesta creerlo"
Fue a saludar a los recién llegados, mientras que intentaba no mirar a aquellos dos. No creía que fueran si o si una pareja, de hecho, parecía simplemente momentáneo. Comenzó a ayudar a Rebecca a intentar esconder el "pastel" de Forest, intentando, simplemente distraerse.
23:50
Medio de la fiesta.
Se le estaba resultando de lo más divertido en medio de la fiesta, y pensaba que lo pasaría como una miseria, en medio de ellos dos, pero con unas cervezas en mano y alguna que otra hamburguesa, a Chris el tiempo se le pasó volando. Las chicas que Forest había invitado vendrían luego del pastel sorpresa, ya que como lo habían hecho, era mas para compañeros de trabajo, amigos cercanos y familia. Por que un busto con un sujetador floreado no sería lindo para las chicas. Más bien, sería algo ofensivo. Pero la forma que le había dado Rebecca era insuperable. Era, más bien increíble.
Y le hubiera gustado, que para su cumpleaños, se lo hubieran hecho a él.
Chris, mientras tanto, charlaba con la prima del castaño de ojos celestes chispeantes, mientras que este, se regodeaba entre su familia y con Enrico y Kenneth. Tenía una cerveza fría entre sus manos, que sin duda que estaba fría. Esto me está congelando la mano…Y la castaña parecía firmemente interesada en hablar con él. Nataly, como le habían dicho que se llamaba, sin duda que lo veía como un tipo atractivo, y sin duda que quería algo mas con él. Además de que era muy graciosa y buena. No había mantenido mucha charla con Jill. Solo unas cuantas palabras y listo.
Y no se sentía mal por aquello.
Ya hablaría con ella en privado. De eso estaba seguro. Pero ahora, con la morena linda que tenía frente a él le bastaba.
-Y me gusta mucho el pastel que le prepararon a Forest.- Tomó un sorbo de cerveza, y él también.- Creo que es… Bonito, si es que así se le puede decir. Y creo que se ajusta con su práctico estilo de vida.-
-si, creo que quedó esplendido. Nuestra nueva y novata compañera sin duda que fue buena en ese estilo de cosas. Y para agregar a todo esto. ¿Tanto se sabe que Forest ha tenido por lo menos mil noviazgos?-
-No se si mil, pero en la familia todo se sabe- Bebió un largo sorbo de su vaso de cerveza- Y es muy obvio por que en cada reunión familiar, aparece con una chica nueva.- Se acercó mas a él- y entre tu y yo, no me extrañaría nada que hoy alguna chica valla a la cama con él.- Chris rió. Era cierto, ni el dudaba de que alguna joven decidiera meterse bajo las sabanas con él. No era de su incumbencia, pero era así. Ese maldito tenía algo que siempre atraía a las mujeres.
-Tienes razón. Y quizás más de una quisiera lo mismo.- comentó, mientras que miraba su reloj y le indicaba con un gesto de su cabeza que lo siguiera. Nataly, sin dudarlo ni un segundo, caminó junto a él, hasta situarse al lado de una linda mujercilla, con cabello castaño corto y piel de porcelana, que hablaba con el experto en comunicaciones.
-Beck, ya casi es hora.- Chris miró a ambos, mientras que ella se ruborizaba y él se aclaraba la garganta. Sin duda que se había dado un buen beso últimamente. Y parecía que nadie lo había notado… Y cerca del tumulto… Los tres comenzaron a caminar hacia la cocina, mientras que le Nataly le indicaba a su tía y madre de Forest, que siguiera hablándole de cualquier cosa.
Rebecca se acercó hasta la encimera, al lado del refrigerador y tomó la caja, escondida detrás de un servilletero y algunos envoltorios de regalo. La abrió y comenzó a colocarle pacientemente las veinte y nueve velitas celestes y una bengalita de torta en el centro. Era un cuadrado de comida que denotaba pura perfección.
-Wow, Rebecca, déjame decirte que te pasaste haciendo semejante pastel.- Nataly le sonrió, mientras que tiraba los envoltorios de papel a un cesto cercano.- Si fuera hombre, sin duda que estaría encantada de que me regalen algo como esto…-
-Gracias, no había encontrado semejante cosa que me fuera más difícil en toda mi vida… Pero me gusta el resultado final. ¿Qué opinas, Chris?- Estaba tan absorto en el ambiente exterior, que no tenía ni idea de que le había ducho su compañera.
-¿Hmmm? Perdona, Rebecca… - La joven le repitió nuevamente la pregunta, mientras que sonreía y se imaginaba en quien estaba pensando.- Oh, bien… Para serte franco, quisiera que me hubieran dado una para mi cumpleaños pasado… y quizás para el siguiente también. Y si, me ha encantado.- Ambas chicas sonrieron. Y siguieron hablando. De golpe, Joseph y Edward ingresaron a la cocina, mientras que abrían otra caja al lado de los tres y reían por lo bajo.
-¿Qué les sucede?- Dijo Becky, aún concentrada en su tarea- Bueno, mas bien ¿Qué traman?-
-Darle a Forest el "Payback" de su vida. Me las pagará por lo de mi cumpleaños.- Y de la caja naranja salió una "torta" completamente de espuma. A alguien no le va a gustar eso… Edward tiró la caja, mientras que preparaba una segunda.
-Chicos, ¿Saben que a Forest quizás no le guste esto, no? Se lo ha pasado inmensamente nervioso con todo esto…
-Y quizás alguien termine con un morado en el ojo.- Chris terminó finalmente su cerveza ya entibiada y nada deliciosa. Mientras que movía la cabeza en un gesto de desacuerdo a la respuesta de ambos. El infame dedo le recordaba muy bien a su hermana cabreada…
-Nataly, ve a decirle a todos que se vallan preparando- La joven asintió y salió, dejando una bonita estela de perfume que cautivó a todos en el lugar.
-Es linda- Soltó de repente Edward, mientras que respiraba hondo y se llenaba los pulmones de aquella fragancia floral dulce.
-Si, y será lindo ver la reacción de alguien que me sé cuando se entere que le echaste el ojo a un familiar suyo.- Rebecca sujetó fuertemente la fuente, mientras que miraba a los dos patanes de cabello rubio y castaño claro.
-Que se aguante, si me gusta me gusta, y punto… - Ambos se dirigieron al patio, mientras que se escondían; y escondían su "regalo especial" de todos. Chris meneó la cabeza, mientras que veía como las velitas iluminaban el rostro de Rebecca y Nataly, luego de avisarle a todo mundo que se alistaran, apagaba las luces del patio.
Los tres caminaron hasta la puerta y el castaño encendió la pequeña bengala de pastel. Las chispas, parecidas a estrellas comenzaron a centellear por todos lados; Chris abrió la puerta, mientras que la jovencita pasaba delante de él con la gran sorpresa de la noche. Y cuando el cumpleañero la vio, sus mejillas adquirieron un color rosado. Era obvio que le encantaba y a la vez que le incomodaba muchísimo. Al son de una linda canción de cumpleaños, el muchacho de cabellos castaños largos y ojos azules chispeantes sopló las veinte y nueve velitas, mientras que todos allí le aplaudían. Su madre le tiraba amistosamente de las mejillas y le daba un sonoro beso, y sin falta, Joseph y Edward le desearon el feliz cumpleaños dándole un "pastelazo" en la cabeza y otro en el rostro.
Y para el bien de ellos dos, forest reía, mientras que les juraba venganza.
Y se abrieron botellas de champán, sidra y más cerveza de los barriles. La música comenzó a sonar, el pastel a correr de aquí para allá y los invitados bailaban, comían y bebían. Y todo era clima de fiesta. Cuando se quiso dar cuenta que estaba justo frente a la escalerilla de subida a la casa del árbol y con la castaña de pelo largo y sedoso. Ya era muy tarde…
A Jill le resultaba divertido ver como los demás bailaban y se divertían sin ella. Era enserio. Le encantaba observar, y donde hubiera un pequeño espacio para introducirse, ella iría. Y parecía que para él también era lindo eso. Estaba con una sonrisa casi soñadora en el rostro, mientras que tenía la mirada perdida entre la gente que estaba alrededor del equipo de audio, manejado por Kevin con canciones que, simplemente te invitaban a bailar. Y debía reconocerlo, sentía que necesitaba pedirle una disculpa. No podía seguir siempre enojada con él; aunque solo fueran unas horas desde el incidente. Y él la miró. Sus miradas se fundieron y dejó notar que el castaño también tendría que decirle algo similar a lo que ella quería plantearle.
Además, el beso en el auto con Brad fue por… bah, ni ella lo sabía. Fue simplemente de momento, algo loco pero de momento. Y creía que era mejor no volver a repetirlo. Ellos mismos sabían que eso no tendría que volver a pasar. Principalmente por la GRAN diferencia de edad entre los dos. Y segundo, por que eran de los dos polos opuestos. El, miedoso, algo inseguro y muy cauteloso a la hora de tomar decisiones; y luego ella, valiente, segura de si misma y simplemente mas soltada a la hora de tomar alguna que otra decisión… Simplemente no iban a durar mucho como pareja. El castaño se le acercó, mientras que acomodaba las mangas de su camisa negra y su cabello.
-Jill… Lo siento mucho por lo que pasó con Miranda… Creo que eso fue algo que ni tu ni yo nos lo esperábamos… Enserio, si pudieras perdonarme…- Jill le restó importancia a todo con un rápido movimiento con la mano. Era ella quien le debía unas buenas disculpas por actuar… tan adolescente.
-Mira, creo que yo soy quien debe disculparse, asique cada disculpa tuya será en vano, ya que yo soy quien debería siquiera disculparse. Además, te aclararé todo en un lugar mas privado y vacío de ruido.-
-La habitación de…- Jill negó de forma inmediata con la cabeza, así creerían todos que estarían teniendo relaciones en la cama de Forest, lo cual, no era bueno… - Te diría la cocina o siquiera la sala de estar, pero el estereo está al lado…-
Jill miró hacia arriba, la pequeña casa de madera reforzada aguantaría su peso. Chris también la miraba, mientras que fruncía el seño y luego curvaba los labios. Que pensasen lo que pensasen, pero ella le daría las disculpas que merecía. Además, como estaba todos ahora, nadie se percataría que ellos dos faltaban, mas con por lo menos cinco chicas mas en la fiesta; entre ellas, la camarera del café de Wright que Forest había logrado fácilmente de convencer para que apareciese.
Ambos subieron la escalerilla adherida al árbol, mientras que Jill, con su pequeño cuerpo pasaba sin problemas por la pequeña puerta que constituía la entrada a la misma… Pero no con las caderas de Chris, que tenía que casi menearlas para poder ingresar. En castaño quedó atorado en medio de la entrada; y Jill se descostillaba de la risa.
-Vamos, una ayuda no me vendría mal…- Jill intentaba responderle, pero no podía, simplemente no podía por la risa que le daba. Y por fin el castaño pudo meter sus caderas por la puerta. Y lo sorprendió la altura del techo de la casa; que a diferencia de la puertecita, este para que por lo menos Jill estuviera de pié con la cabeza un poco baja –Además de decir que él era más alto que ella.-
-Si preguntas, si, es un techo bastante alto y si, tienes que moldear tu figura. Tanta clase de aeróbicos con Wesker no te sirve de nada-
-Si… Que suerte que no haya venido.
-Y que lo digas, habría arruinado toda la fiesta si él lo quisiera…- Jill lo miró mas seria.- Ahora, necesito que me perdones por actuar como un bebé ayer, y si, tu ex novia me molestó demasiado. Y si, si pudiera patearle el culo por lo que hizo y la forma en que me habló lo haría. Nadie se mete con la hija de Dick Valentine.- Chris sonrió, y Jill se sentó a su lado, apoyando la cabeza en su fuerte hombro- Sabes, siempre me gustó la colonia masculina que te pones. Y resulta que le regalé la misma a mi padre el pasado agosto.
-¿Enserio? Y si, te perdono-
-Si, me encantó cuando el muchacho de la tienda donde lo compre me lo mostró, y quise darle algo especial, ya que en la prisión mucho no les dejan dar. Y creo que a los guardias no les molestó que le haya regalado algo como eso… Y gracias…- Ambos se miraron, y sus miradas denotaban el inmenso deseo que todo humano experimenta. Ese deseo fuerte que late en tu corazón cuando deseas desesperadamente a aquella persona especial en tu vida… Y lentamente acercaron sus labios, mientras que sus mentes pedían desesperadamente ese beso.
Y cuando ambos labios se encontraron, un hormigueo eléctrico descendió por la columna de Jill, mientras dejaba que él explorara con su lengua su boca, ansiosa de permitir semejante exploración. Ambos se recostaron en el suelo de madera, mientras que la música sonaba ya distante de su zona de placer. Ambos sabían lo que querían, y ambos sabían que lo conseguirían. Ella lo amaba, y él le correspondía. Y eso sin duda que era hermoso.
Ella se recostó sobre él, mientras que el beso duraba y duraba. Y tenían que detenerse para respirar, pero era tan breve la parada que simplemente… no podían despegar sus labios del otro. Chris sujetaba las finas caderas de Jill, mientras que ella le acariciaba las dos mejillas suavemente al son de sus besos.
-Si pudiera llevarte a otro lado…- Susurró el castaño, mientras que ella dejaba salir una risita traviesa. Hacerlo en semejante espacio reducido y… bueno, sin protección era algo muy impropio de ambos. Siguieron besándose por mucho rato, mientras que nadie advertía que ellos dos faltaban. Abajo, todo se vivía como una fiesta, mientras que más chicas lindas y amigos de Forest que estaban invitados ya para después de la media noche seguían llegando.
Pero a ellos no les importaba en lo mas mínimo, estaban en su nidito de amor, y eso era lo único que contaba.
Y no querían bajar a la fiesta, ellos ya estaban haciendo una, donde sus labios podían encontrarse y quererse, acariciarse…
-Es hora de que vallamos bajando… Y déjame decirte que te espero en mi casa. Y te traes el pijama, por que te quedas conmigo.- ordenó Jill, mientras que se sentaba nuevamente al lado de él.- Hay algo que tendría que haber pasado hace ya mucho entre nosotros dos. Y quiero que pase luego.- El sonrió y le tendió un suave beso en la mejilla, mientras que se agachaba a su lado.
-Cuenta con ello.- Y ambos salieron, dispuestos a unirse al tumulto de gente que bailaba al son de música divertida. Y se prometieron que nadie sabría sobre su romance; sino, no habría pero que valga cuando los embromaran hasta el hartazgo. Y comenzaron a bailar juntos, en medio de todos con unos buenos vasos de cerveza, mientras que dejaban que la alegría fluyera entre ellos.
Espero que les haya gustado! wooow, espero que les haya resultado lindo y super romantico este final.
Sin mas, y saludos!
Hasta la proxima!
