¡Por fin la nube oscura se disipa! Siento haber tardado tiempo en subir un nuevo capi para los que venían siguiendo la historia, pero con TODO lo que viví en este tiempo, realmente tuve el tiempo más limitado del mundo (no quiero poner ninguna excusa en todo esto, simplemente es verdad; en otras palabras exámenes, exámenes ¡Y MAS EXAMENES! Y si me dejan confesarles, odio con toda mi alma la biología ) Y para los que me desearon un muy buen augurio con el tema de mi mamá (y para los que recién se enteran, la intervendrán quirúrgicamente el 12/7)
Bueno, dejando todo eso de lado, los agradecimientos a las personas que se toman el tiempito de leer lo que escribo con tanto amor:
Miku De Reedus: ¡Amiga! ¡Me haces reír! Muchísimas gracias por semejante Review (con todo mi amor acepto tus dos "Espero el próximo" Siento haberme demorado mucho en subir, pero como ya habrás leído o te habré informado, tuve serios problemas, tanto creativamente como familiarmente.
Ary. Valentine: ¡Tanto tiempo sin saber de ti! Creo que tengo que dejar de escribir, así prestas atención ñ.ñ (broma) Espero que te guste tanto como te gustó el sexto capi de esta historia, la cual (con mucho amor) hago. (Parezco un osito cariñosito así xD) En fin, que te encuentres bien y gracias por tu linda opinión de aquel lemmon (por fin me animé a algo más "adulto".
In Pieces: Bien, ¿Qué te digo? Ajajajjaaja. Si, ¡por fin ambos no se están tirando de los pelos!; y si, por fin me animé a algo más "adulto" entre estos dos. Creo que hacen linda pareja. Y si, realmente me encantó calificar al Señor Redfield de amante enamorado. Creo que siempre expresará unos sentimientos así por la Señorita Valentine. –Ajajajjaaja- Gracias por tu crítica positiva, y como siempre digo, son bienvenidas ¡Saludos de oso!
M. Bidden: Respecto a tus dos Reviews (uno del capi 5 y otro del 6) con el primero, sí; estaba pensando en hacer una historia con una fiesta estilo Proyecto X con los STARS, ya que realmente me resultó tentadora la idea, más tentadora después de ver la película. :DDD Y si, despertar con la persona que tu más quieres es una de las mejores sensaciones del mundo; y, Enrico no se toma con broma los ejercicios xD. Además, con los acontecimientos de los primeros RE realmente tenían que estar en buena forma (aunque no muchos salieron de la Mansión Spencer… T.T) Pero bueno. Y muchísimas gracias por ambos Reviews, como ya te digo.
Yuna-Tidus-Love: Bienvenida al Fic! Espero que te gusten los próximos capis, que espero que sean tan geniales como lo son ya.
Y si se preguntan en que época sucedieron los acontecimientos desde el primer capi, son dos meses antes del Incidente de la Mansión. Y las historias tienen algunos de los elementos vistos en las novelas del Resident Evil; como por ejemplo el amigo de la adolescencia de Chris (Resident Evil: La Conspiración de Umbrella) o las niñas vecinas de Jill, Priscilla y Becky McGee (Las primeras víctimas de los extraños asesinos caníbales de la primera novela) Espero haber aclarado sus dudas, y que disfruten mucho el nuevo capítulo. ¡See ya!
Todos estaban alineados en una línea recta, abanicándose con la mano y mirando la sarta de desafíos que tendrían que cumplir como entrenamiento. En la Fuerza Aérea estas cosas no pasaban. Pensó, mientras que se dedicaba a examinar cada uno de los puestos con detenimiento. Doce. Doce en total excluyendo a Kevin, que solo contó para llevarlos hasta las afueras de la ciudad. Chris suspiró, mientras que veía a Jill a su lado, abanicándose con la mano derecha y secándose el sudor con su mano libre. Enrico repasaba la lista de algo, que ni Chris ni el resto de los miembros sabía de qué se trataba. Miró al resto de los hombres que estaban a su lado. Si había una expresión para la ira, cansancio y agotamiento por calor, ellos la tenían. Pero nadie se atrevía a cuestionar a Enrico. Todos pensaban que era peor que Wesker. Y algo de razón tenían. El sí que tenía madera de capitán. Y la seguiría teniendo por siempre…
Frunció el ceño, al tiempo que tomaba un trago de su agua mineral fría. Y los del pronóstico acertaron nuevamente. El calor era insoportable. Treinta y cinco grados un lunes… Ya de por si los lunes son deprimentes, pero con calor son fatigantes, horribles y molestos. Enrico dejó la tabla con quien sabe que en ella y se cruzó de brazos.
-Sí, ya sé que hace un calor de mil demonios y que nadie quiere estar aquí; créanme, ni siquiera yo quiero estar aquí. Las reglas son reglas, y nadie quiere desobedecer a Irons.- Chris escuchó que muchos afirmaban aquello. Si desobedeces, puede ser que el loco te guillotine…- Asique, bueno. Es hora.- Se acercó más a la fila de soldados.- Como podrán apreciar, preparé una serie de obstáculos. Doce, en total. Una para cada uno de ustedes. Estarán unos cinco minutos en cada una y rotarán cuando la campana suene.- Señaló una campanilla a un lado de la última estación de obstáculo. – Asique cada uno ocupe una estación.
Obedientemente, cada soldado ocupó un puesto distinto. A duras penas. Chris examinó la suya. Una serie de barras se colocaba frente a él, luego un terreno fangoso por el cual arrastrarse- y si querías levantar la cabeza te pinchabas con el alambre de púas que estaba sobre la tierra mojada y pastosa.- y al final una pared de madera, la cual tendría que escalar. Es casi igual al entrenamiento que nos daban en la Fuerza Aérea… o aun peor… Allí eran duros y estrictos con el entrenamiento, y la mayoría de las pistas de obstáculos eran similares a las que tendría que pasar ese mismo día… Suspiró y siguió al resto, que se ubicaban en sus respectivas estaciones. Él era uno de los partidarios del ejercicio, la creencia de que el mismo era muy entretenido y educativo –para los pequeños- pero eso entraba en su catalogación de tortura.
Se secó el sudor, que lentamente comenzaba a formarse nuevamente en su frente y caería por sus sienes y luego al suelo. Dejó sus brazos en sus caderas, en forma de jarra y esperó. Enrico lentamente se acercaba a la campana, lo tomó y… "¡Ding! Y comenzó a saltar y a arrastrarse, dispuesto a por lo menos tener una buena catalogación por no oponerse a realizarlo.
Cincuenta minutos más tarde, estaba echado en el suelo, respirando con dificultad por su boca y arrojándose agua lentamente en su cabeza recalentada, que parecía jugarle una mala pasada con su cabello oscuro. No era el único que estaba echado en el suelo, en medio del calor sofocante proveniente del sol, sino que casi todos estaban o sentados o padeciendo casi una insolación importante en el suelo, estirados cuan largo eran sus cuerpos. Rebecca fue la que peor parada había salido. Al finalizar la cuarta estación, cayó al suelo, con un mareo terrible. Todavía estaban intentando recomponerla a la normalidad, pese a que el incidente hubiera sido hacía unos quince minutos. Levantó sus ojos castaños y miró al muchacho tendido a su lado. El cabello rubio oscuro de Edward estaba empapado en su propio sudor y se había convertido en un castaño húmedo- si es que así se le llamaba- Edward se arrojó agua al rostro, mientras bebía lo que apenas ingresaba a su boca. Estaba exhausto, como casi todos. Esto fue una masacre de fuerzas… Pensó, mientras que, con muy poco entusiasmo, se levantaba y se dirigía a tomar otra botella de agua.
Pasó al lado de la "aglomeración" de sus compañeros de trabajo, alrededor de la pobre Rebecca, y llegó al mini-refrigerador. Lo abrió rápidamente y extrajo una botella bien fría. Bebió un sorbo largo y luego carraspeó un poco, y fue a recibir el parte. Rebecca aún continuaba en el suelo caliente y seco, pero tenía el color normal de su piel- no aquel pálido fantasmal que observó antes de que ella se cayera- Y parecía que lentamente los síntomas de su insolación daban marcha atrás. Chris husmeó su reloj, y este decía que ya era hora de que todos se marcharan a casa. Vio que Enrico colgaba su teléfono y ayudaba a componerse a Rebecca. Esta, apenada y con las mejillas encendidas en un rosa intenso, bajó los ojos y hombros, mientras que el resto se disipaba y se secaban el intenso sudor.
-Bien, Rebecca; tus padres están al corriente de todo, y dicen que en menos de quince minutos vienen por ti.- dijo el capitán del Equipo B, de forma amigable.- Te irás a casa y te esperamos en la reunión de Wesker por la tarde.- Y a Chris se le había pasado por alto aquello. Era francamente tediosa una reunión con Wesker, pero Irons y su odio infinito hacia él lo empeoraba todo. Por lo menos la noticia de que nosotros atraparemos a aquellos asesinos lo hace más satisfactorio. Con su antebrazo se secó la nueva película de sudor que comenzaba a cubrirle la frente. Volteó y se encontró a una alarmada Jill.
-¿Qué sucede?- Interrogó el castaño
-oh, Chris; no es nada, me ha puesto de los nervios que a Becky le haya pasado algo así.- Se encogió de hombros y pateó una piedrita con su pie.
-A todos nos ha puesto igual.- Se acercó confidente a ella- y si me dejas admitir, presentía que algo así pasaría a alguien de los nuestros.
-Sí, tenía la misma sensación desde que puse un pie en este paramo desértico.- dijo, con una pisca de alegría. Jill bebió más agua de su botella personal, volteó y se alejó a componer a Edward, en peores condiciones que ellos dos. Forest, con el cabello recogido en una coleta-algo femenino- observaba a su joven compañera de equipo con los brazos cruzados. En su mirada había un atisbo de comparecencia, al mismo tiempo que alivio al encontrarla bien.
-Bien…- Suspiró.- Por fin nos largamos de este lugar- Se descruzó de brazos y le dirigió su mirada optimista a Chris.- ¿Veras el juego?-
Chris titubeó al instante siguiente de aquella pregunta, no era precisamente fanático del San Antonio Spurs o de Miami Heat, aunque fuera un partido decisivo. Más bien, no le gustaba demasiado en Basquetbol. Se encogió de hombros.
-Supongo, aunque tengo una cena pendiente con un muy buen amigo mío. ¿Recuerdas a Billy? ¿El muchacho pelirrojo de aquella borrachera?-
Forest sonrió, bajando la mirada.
-Cómo olvidarla…
-Bueno, hoy, como recuerdo de nuestra graduación nos encontraremos en el bar Jack, a las diez.-Forest sonrió ampliamente y le palmeó el hombro.
-Pásenla bien ustedes dos.- Comenzó a alejarse al mini-refrigerador y luego al bus, el cual los había llevado. A mitad de camino lo observó sobre su hombro- ¡Y dale mis saludos!- E ingresó dentro.
Chris suspiró, se bebió lo que le quedaba de agua y fue caminando con paso tranquilo ayudar a cargar las demás cosas que ese día les sirvieron a él y a sus compañeros. Parecía que todos sabían muy bien lo que hacían; y todos querían marcharse a casa, porque incluso Rebecca ayudaba con todas las cosas. ¿Quién se quiere quedar más tiempo del debido en el trabajo? Que el supiera, nadie. Cargando con unas colchonetas y neumáticos de camiones viejos al hombro, lentamente fue guardándolo todo; ansioso por encontrarse con su amigo.
Era el último en salir de las duchas, y eso era algo genial, si es que así se le podía llamar. Con una toalla de color claro en sus manos; se quitaba el excedente de agua de su cabello e intentaba no mojarse la camisa con mangas cortas negra que llevaba encima. Era el único que quedaba de la unidad presente en el RPD, además de los policías de turno noche y de Irons, que siempre se marchaba a las ocho. Dejó la toalla húmeda sobre el banco de madera, al lado de su bolso de entrenamiento. Ajustó el zipper de sus pantalones y el botón; y se ató las agujetas de sus zapatillas. Dobló cuidadosamente la toalla húmeda y la guardó dentro de su bolso sobre una bolsa de plástico. Hay que quitarla de aquí antes que huela fétidamente. Incontables veces le había pasado ya, y era muy difícil quitar el olor fuerte de la podredumbre de aquel bolso.
Se puso de pie, cerró su bolso y se lo echó al hombro. Caminó con paso tranquilo, pasando a saludar a Marvin que salía de la oficina del cuerpo de investigadores y se marchó. La calle estaba ya menos transitada, y las bocinas de los coches ya no se escuchaban. Respiró el aire que corría fresco por los edificios del centro; caminando hasta su casa y luego al bar. Aún recordaba al debilucho Billy de los últimos años de preparatoria. "Vive los últimos tres años de la secundaria, porque son los mejores" Le había dicho su tío. Pero como un chaval de quince años, lo único que quería era salir lo más rápido de aquella prisión matutina. ¿Y qué tal? Fueron los mejores… Conoció a Billy por casualidad, una mañana en medio del recreo, cuando se dirigía apurado a su clase de biología. De su prisa, no se había percatado de que un muchacho, unos meses mayor que él –con su atuendo "nerd"- cerraba su locker y de golpe… ¡ZAS! Todos sus libros- los cuales eran realmente muchísimos- estaban en el suelo.
"-¡Lo siento mucho!- había dicho, con la mirada baja; recogiendo sus libros.- Soy Chris, y de veras lo lamento"
"-N…No, fue mi culpa.- con su dedo índice, acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz y le ayudó-Soy Billy, "el patán del tercer curso"
Y lo más raro de todo era que no lo había visto jamás en la clase. Quizás porque él se sentaba atrás, con- en aquel entonces- su grupo de amigos.
"-¿Por qué te llamas así?- Inquirió Chris, con una mueca de desagrado contra aquella falta de autoestima del muchacho.
-Así me llaman los chicos del fondo- Se encogió de hombros, y guardó todos sus libros en su mochila de color azul. Chris quedó estupefacto. ¿Sus propios amigos le trataban tan mal? Esperaba no haberlo hecho también.
-Bueno, yo me encargaré de que no suceda así, ¿Vas a la clase de biología?- Billy asintió enérgicamente, sonriendo- ¿Te acompaño?- Y juntos recorrieron la marea de alumnos del pasillo, abriéndose paso por todos los cuerpos que se rozaban al caminar, y algunos ni siquiera perdón te decían…"
Esperó en la esquina del cruce peatonal, con los coches cruzando a una velocidad realmente alta. El semáforo cambió de color verde a rojo y comenzó a cruzar; pero como no, siempre está el idiota de siempre que cruza en infracción. El coche frenó bruscamente, y sus neumáticos chillaron fuertemente. El conductor lanzó una serie de palabrotas, mientras que presionaba el claxon.
-¡Muévete, idiota!- gritó el tipo enfurecido con él, mientras que el cabello se alborotaba lentamente por el viento. Siguió presionando el claxon con fuerza.
-¡Cierra el culo! ¡Aprende a conducir!- Lentamente cruzó la calle, con los insultos potenciados del conductor furioso; no se molestaría por alguien que parecía un engendro conduciendo, no un lunes a la noche. Elevó su vista al cielo y contempló las pocas estrellas que podía ver, todas acaparadas por el brillo intenso de las luces de las calles y avenidas. Cerró los ojos e inspiró profundamente el fresco aire nocturno. Le traía un recuerdo agradable, de cuando era niño –con unos siete años y su hermana había cumplido el primero- y pasaba una semana con sus abuelos y sus padres en la agradable casa con hectáreas de césped verde y cultivo de las afueras. Solo unos meses antes de que ellos murieran… Casi de un manotazo quitó aquellos tristes pensamientos y siguió caminando a paso tranquilo.
¿Qué esperaba de una noche así? Realmente poco; el hecho de encontrarse con Billy lo hacía todo mucho más especial. Es como recordar mis años de rebeldía. Aunque fuera un adolescente normal y tranquilo. Suspiró y cargó sus pulmones con una nueva bocanada de aire fresco, algo inundado del humo de un auto que había pasado a su lado, dejando una gran estela de humo negro y contaminante. Tosió unas dos veces y siguió caminando.
Estaba en frente al bar, a la hora acordada e impaciente. Estaba ansioso y feliz al mismo tiempo. Billy era algo rezagado, asique tendría que tragarse la emoción. Se balanceó sobre la punta de sus pies y luego su talón. Dejó que sus manos descansaran en los bolsillos de sus pantalones y esperó. Vio a algunos oficiales del RPD tomando un trago y el resto, simplemente civiles. El juego de Básquetbol estaba sintonizado, y observó algo impaciente como los jugadores se movían por la cancha y anotaban tres triples seguidos a favor de Miami Heat. No era algo que realmente le interesara, pero era algo para pasar el rato.
Observó en múltiples direcciones, a sus costados y detrás de él. Pero el tiempo pasaba y el muchacho no aparecía. Una sensación extraña se apoderó de la mente de Chris; él era algo rezagado, pero no era de faltar a sus encuentros, promesas o cualquier cosa que el dijera "si, iré" Quizás ahora está por llegar, o se atrasó con su novia… Nunca había oído decir de parte de Billy que tuviera una novia. No era de los muchachos que les gustaba ligar; rascó su cabeza y luego su frente, con exasperación. Observó sobre su hombro y luego sobre el otro. Un costado, el otro… Una brisa gélida le llegó, provocándole un escalofrío. Quizás como el buen idiota que soy está dentro y ni siquiera lo vi. ¡Claro! ¡Eso era! Estaría dentro, con una copa de algo en sus manos y observando el juego desde uno de los confortables asientos de las mesas. ¿O por qué no en la barra?
Caminó hasta la puerta, secándose el sudor de las manos de puro nervio en sus pantalones. ¡Que horrible sería si Billy le recriminara su retraso! ¡Diez minutos fuera como idiota! Sonrió y abrió la puerta de madera antigua y con una ventanilla con acabados antiguos e impecables. Una campanita se hizo escuchar al correr la misma, anunciando su llegada. El cantinero y la empleada –una muchacha rubia, muy bonita, con apariencia amable y juvenil- le miraron y le sonrieron. Buscó con la mirada a todas las personas, se acercó a la gente en la barra e inclusive fue al baño; pero Billy no aparecía. Su rostro no había cambiado mucho desde la última vez en la que lo había visto. Y el cargo de investigador en Umbrella le había favorecido de manera significativa…
Se acercó a una mesa vacía y tomó asiento. La muchacha se le acercó con una amplia sonrisa y con la cartilla de órdenes.
-Buenas noches, señor. ¿Qué desea tomar?- Sacó de la bolsa de su delantal rayado una libretita y un bolígrafo azul.
-Un whisky… y que sea doble…-
Ya abatido en su cama y con una extraña sensación de desconcierto en su mente, Chris seguía formulando teorías sobre por qué no había hecho siquiera un acto de presencia. Rodó y quedó sobre su costado izquierdo, mirando hacia la ventana. El aire acondicionado funcionaba y le daba directamente sobre su rostro. Dejó que su brazo se escurriera bajo la almohada y siguió pensando. ¿Qué sería lo que lo había hecho ausentarse? ¿Se había convertido en eso? ¿En una persona que ya no cumplía sus promesas? Sería una posibilidad. El ya no era tan ingenuo con las personas, y mucho menos permisivo después de todo lo que había pasado con Miranda. Y lo mejor es que se alegraba muchísimo de que no le hubiera vuelto a ver el rostro. Esa "muchacha" era muy insistente.
Suspiró y cerró sus parpados. Todos cambiamos con el tiempo, pero él no parecía haber cambiado, algo tiene que haberlo hecho ausentarse. ¿Le habrá pasado algo? Sabía que llegaba desde fuera de la ciudad, desde Latham; y por el camino del Bosque. ¡¿Lo habrán encontrado los asesinos?! Si eso era cierto, quizás estuviera… ¡No! No era posible… Era un hombre listo, capaz de defenderse y bueno pateando culos… ¡Se había graduado de Cinturón Negro! Una gran lista de interrogantes se habría paso en su mente. Abrió a duras penas sus parpados y miró con ansia aquel vaso, al lado del teléfono blanco. Podría llamarlo, podría preguntarle si todo transcurría con normalidad…
Extendió su brazo y lo tomó. Se sentó sobre la cama y le dio unos sorbos largos. DE golpe, se encontraba extrañamente sediento. Dejó el recipiente y se tumbó de nuevo. Se cubrió lo suficiente con las sabanas y cerró los ojos… Ahora, solo quiero dormir… Quería desesperadamente entrar en el limbo de los sueños, y nunca despertar. Jill y sus amigos podrían mantenerlo a flote por un tiempo, pero no por mucho. Estaba exhausto y, tanto la investigación como los entrenamientos, le dejaban de cama. Lentamente comenzó a sentirse más alejado de la realidad. El aire que exhalaba por su nariz era sentido por su brazo, que transcurría en un modo más relajado y calmado. El mundo a su alrededor parecía dejar de tener presencia… El teléfono sonó.
Martes- Oficina de la Unidad STARS.
12:30 Hs
A Jill le gruñía el estómago del hambre que llevaba consigo. Desde las once que tenía aquel molesto ruido en sus entrañas que ya no la dejaba pensar. Y dio gracias al cielo cuando por fin Wesker, colocándose sus gafas, dijo las palabras mágicas. "Hora de comer." Le resultaba un tanto gracioso que cuando por fin escuchó aquellas simples tres palabras, el sentimiento que agobiaba a su estómago, se hubiera esfumado por completo. Gruñó molesta ¿Ahora que por fin iba a comer algo sólido se esfumaba? La unidad entera había sacado provecho de su estado, y se había llevado un bocado de su enfado. Y el pobre Kenneth, con su personalidad amigable se había llevado lo peor de ella. Hasta casi vomita acido estomacal de la jodida hambre.
Todos se levantaron, mientras que comenzaban a crear un murmullo que se elevaba al cruzar la puerta que daba a aquel pasillo realmente deprimente; decidió esperar, mientras rebuscaba algo en su bolso. Cuando lo encuentre hinco los dientes al plato mismo. Pensó; no tenía definido que estaría buscando allí mismo, simplemente esperaba a aquel castaño que se proclamaba su "Amante secreto" y luego, con la falsa imagen de amigos entrañables, saldrían y llegarían al comedor, seguramente abarrotado; y con Forest guardando el asiento. El resto salió obedientemente en fila y caminaron hacia el comedor.
Solo Chris y ella estaban en ese momento en la oficina… solos… Torpemente, sacó un espejito de su bolso y examinó lentamente su rostro. Era como si algo le hubiera inquietado seriamente sobre su aspecto. Cerró la chuchería con fuerza, dejándolo sobre el escritorio- más bien, lanzándolo sobre el escritorio- Y lo miró a los ojos. El dirigió una mirada penetrante, y una sonrisa seductora a la chica.
-¡Deja de mirarme así!- espetó bruscamente la castaña, levantando sus manos a los costados de su cuerpo y mirando al suelo.- ¡Odio que hagas eso todo el tiempo!-
-No te miré en todo el día, Jill- Se acercó y la tomó por la cintura- Además, ¿Qué estás en tus días que estás tan irritable?- Jill no creía eso. Enarcó ambas cejas, mientras que echaba hacia atrás su rostro.
-¡No es eso, imbécil! Si alguien del equipo entra justo en este momento quedaremos en ridículo para siempre…- Chris acarició su mejilla con su dedo índice. Pero que hace… LA respiración de la joven se aceleró, y su corazón comenzó a martillearle en el pecho de tanto acercamiento.
-Pero por lo menos no tendremos que ocultarlo.- Y selló las protestas con un tierno beso en esos labios carmesí que la chica llevaba. Jugó con el extremo de su cola de caballo; al tiempo que ambos se acercaban más. Unos pasos en el pasillo no les interrumpieron, quizás solo fuera algún policía que se dirigía hacia el salón que había en el fondo de aquel pasillo; que solo buscara algo… Pero se detuvieron frente a la puerta, y la misma se abrió. Forest, con lo distraído que estaba hasta hacía cinco minutos no daba crédito a lo que estaba observando en aquel momento. Oh, mierda…
-no lo puedo… ¡Creer!- el éxtasis y la sorpresa convertían su hablar en un canturreo apurado. Los ojos del joven relucían como joyas preciosas y refulgentes con la iluminación del interior de la sala.- ¡Sabía que no era solo un rumor!- Soltó el pomo, mientras que se cubría la boca y ahogaba una risa traviesa.- oh, cuando se enteren los demás de esto…
-Nadie se enterará, Forest Speyer.- dijo secamente Chris. Y en eso concordaba Jill, si todos se enteraban sería un desastre para la relación. -¡Nadie! ¡EN EL MUNDO!- Soltó las caderas de la joven y se plantó delante del travieso Forest.
-Wow, relájate, viejo. Solo era broma- Jill se plantó detrás, impidiéndole hacer lo que siempre hacía. Con chisme nuevo, Forest salía corriendo, gritando las buenas nuevas.
-Y solo quedará en eso, una broma y nadie más sabrá de esto.- Ambos involucrados se cruzaron de brazos, con los rostros serios y mirando al joven de Alabama.
-Pero chicos, alguien se enterará tarde o tempran…
-Solamente tarde se enterarán de esto. Por ahora- Chris carraspeó la garganta- se quedará en un simple secreto de nosotros tres.- Se fue acercando, peligrosamente al joven. Jill le imitó y ambos finalmente le rodearon. Estaba bajo mucha presión. Ambos eran muy amigos de él y nadie quería que una simple relación acabara con la amistad que los tres compartían desde hacía tanto. Chris y Jill estaban peligrosamente cerca, y Jill ya pudo sentir la colonia
-Okey, okey…- cedió, derrotado.- No digo ni una palabra, pero tarde o temprano se enterarán. TODOS.- Hizo énfasis en la palabra y rodeó a Jill, salió al pasillo y los miró fijamente a los dos. - ¿Vienen?-
VEINTE MINUTOS DESPUÉS…
Todos sentados, con sus charolas anaranjadas y con doce platillos distintos; almorzaban de manera tranquila y pacífica. El ruido de las risas, el murmullo que a veces se transformaba en gritos y el ruido de los cubiertos al chocar con los platos para pinchar o cortar los alimentos inundaba el aire. Jill le daba vueltas a la ensalada de lechuga y tomate, mientras que escuchaba todas las anécdotas del equipo sobre la fiesta del sábado. Ya había oído a Forest contando todo el después con la pelirroja, solo obviando que se la había tirado como el ganador en el terreno de las mujeres que era. Luego fue el turno de Joseph, con casi las mismas anécdotas pero con las dos muchachas de piel aceitunada, que fueron compañeras de universidad del joven Speyer. Nunca supe ese lado de Joseph… Solo obvió el hecho de la relación sexual, pero nada más. Realmente era desagradable, pero todos se reían… A excepción mía y de Becky, claro… Y luego el turno de Edward, confesando todo lo que había pasado con la prima del pasado cumpleañero.
-Bueno Forest, llegó el momento de decirte- tragó un sorbo de jugo de naranja- Que me tiré a tu prima.- La cara de sorpresa, asco e incredulidad estaban unidas en su rostro. Sus manos se aferraban fuertemente de la mesa, intentando no apuñalarlo con el tenedor de plástico.- Y me gustó.-
-¡¿QUÉ MIERDA!?- Exclamó colérico.- ¡¿Cómo pudiste con mi prima?!- De la cabecera de la mesa, Richard observó.
-Ni que fuera tu hermana, Forest- Este dirigió su mirada mezclada hacia el rubio.
-¡Eso sería peor!- Gruñó, mientras el resto no podía contener la risa.- ¡Y ni siquiera tengo una!- La carcajada estruendosa de Kenneth se hizo oír desde el otro extremo de la mesa. Todos ya reían, incapaces de contener la risa mucho más tiempo. Y lo peor es que el tono agudo de la voz de Forest no era algo que no daba risa…-¡¿Cómo pudiste?!-
-Supongo que tu prima pensó que estaba muy bueno, y yo pensé algo así… y bueno, al finalizar la fiesta fuimos a mi apartamento… ¡y que te puedo decir! Somos pareja ahora.- Su rostro de sorpresa se intensificó y soltó un ruido sordo, con apariencia a una palabra.
-Eso es relativamente peor. ¡No quiero tenerte en mi familia!- Frotó sus ojos con sus manos tensas, mientras que todos se doblaban de la risa… Menos Chris. Jill, mientras se secaba una lagrimilla, lo observaba, dándole vueltas a su comida, algo impaciente. ¿Le habrá ido mal con su amigo? Ese tal Billy… Disimuladamente, lo observó. Pasando más allá de Joseph, su cara larga llegaba hasta el suelo… No era normal en él. Él jamás- en el horario del almuerzo- estaba o enojado o triste. Su mirada era una fundición de ambos rostros… Habló con el muchacho rubio, le dijo unas palabras y se levantó con su charola a medio terminar.
Jill sabía, que si se levantaba detrás de él, habría sospechas; aunque para el resto fueran muy buenos amigos, siempre sospecharon de algún sentimiento de ellos dos. Y no es para menos. Esperó pacientemente diez minutos, mientras poco a poco, terminaba su ensalada. Un buen motivo tendría que tener para levantarse antes de tiempo. Y esa es mi especialidad. Acomodó todo dentro de la charola. Cubiertos dentro del plato, vaso y botella de agua a los costados y el postre sin digerir siquiera. –no era muy amante de los dulces.- Un problema que la aquejaba (y que ya no era un secreto dentro de la unidad) era lo que su médico llamó "Síndrome del Colon Irritable" a lo que se traducía en un dolor agudo casi insoportable. Días sí y días no. Ese era su estado. Un buen momento para simular, je je je… Aferró su mano de golpe a su barriga, mientras dejaba escapar una mueca de dolor agudo. Rebecca y Kenneth denotaron su estado de inmediato, y ninguno dudó de su estado. Eso era lo bueno de ser honesta, si mientes o simulas, te creen…
-¿De nuevo?- dijo Rebecca, dando un sorbo a su gaseosa de manzana. Asintió, sobreactuando su mueca. Mordió con fuerza su labio inferior y cerró los ojos con fuerza.
-Yo llevo tu charola, tú ve tranquila. Nos vemos en la oficina.- asintió y con algo de prisa se levantó de la banca; y con rapidez abordó el pasillo. Si quería encontrar a Redfield, tendrías que pensar como él. Y algo que a él no le gustaba ni un pelo era la oficina, justo para después de almorzar… Suele quedarse en la sala de conferencias… Si probaba suerte, no correría ningún riesgo. Enfiló por el pasillo de salida hacia la sala de conferencias. Era regular encontrarlo allí. Siempre se sentaba y se quedaba mirando por unos cuarenta minutos en silencio el podio del centro. Eso es raro.
Se había sacado la lotería con eso de tener un novio extraño. Pero es una persona de confianza para ella y para todos los que conozcan. Bordeó la sala de investigaciones del departamento de criminalística; la oficina de los detectives y policías nocturnos y llegó a una sala repleta de sillas baratas y de plástico. En el centro y delante de todo, allí se encontraba él. Con la mirada ausente y su mente en cualquier lugar…Con paso tranquilo, se acercó. Bordeó las filas traseras de sillas y se quedó a unas filas de distancia.
-¿Chris?- El castaño suspiró y volteó-¿Sucede algo?- Si esa perra lunática lo acosó de nuevo…
-No ha ido…- dijo, parpadeando dos veces.- Me llamó para hablarme, estaba en peligro de muerte, y no apareció-
¿Quién?
-Ha sido…
-Sí. Billy…
¿Que les pareció? ¿Estuvo interesante? Espero que les haya gustado, enserio :DDDD
¿Opinión? ¿Critica? ¿Review?
Saludos!
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