Bueno bueno, ¿Por donde empiezo? No se xD Por decir que por fin volví a las andadas por estas zonas, trayendo un nuevo capi de esta historia que tanto me gusta. Se que me tardé un milenio (mas o menos) por subir otro capi, pero piensen que tuve de todo en ese lapsus de tiempo. Pasé un tiempo realmente horrible, con problemas en mi grupo de amigos, de salud realmente feo; familiares, notas y más. JA JA: c
Bueno, en fin, dejo el drama para este capi (la mitad va a ser un drama xD aunque luego se torna divertido, según mi punto de vista aajajjaja) y paso a lo realmente importante, la actualización. Espero que en este tiempo haya mejorado con respecto a mi escritura; por que como dice mi amiga: "siempre te va a disgustar tu trabajo. O más bien, siempre somos demasiado críticos con nosotros mismos." Bueno, paso a lo más importante para mí, que son en este caso los agradecimientos:
M. Bidden : Si que lo es, supuse que sería lindo vincular los dos universos dentro del mismo juego y dije "Cindy, espero que te guste que te coqueteen" y bueno, quedó plasmada en ese capi. Créeme que Becky va a mirar con odio los entrenamientos de Wesker, y mas en pleno verano ajajaja. Ese Forest loquillo es genial. Leí en muchos sitios que el era medio serio y dije, no; el va a ser de lo mejor. Y ahora es una amenaza potencial para Chris y Jill. Gracias, es lindo que te halla gustado, realmente lo aprecio. Espero que este también te guste! Contando el tiempo que llevo pensándolo y bueno, ahora recién lo plasmo. En fin, saludos y que andes de mil maravillas.
Yuna-Tidus-Love: Gracias por pasarte a leer! Si, pobre Chris, no le basta con sufrir por su amigo Billy que dentro de poco sufre por sus otros amigos. Y ya te enterarás de lo que le sucedió a Billy, bueno, más bien quién le hizo daño. Saludos y que andes de diez puntos.
Ary Valentine: Amiguis linda! Gracias por el apoyo, créeme, mi mama esta mejor que nunca (y mas molesta que nunca) y bueno, espero que hayas conseguido todo lo que te propusiste en el año pasado. Gracias por los halagos! Créeme, el pobre Billy no corre con suerte; y si, Forest es realmente genial. Lo adorooooooo! Ajaja, y tu que? Escribes como los dioses! Leí un par de capis desde el cel, pero no tuve tiempo de dejarte mi review. Escribes cada vez mejor y lo sabes :P Espero que andes de mil maravillas y que nada ni nadie te detenga. ¡Besines!
Rin Redfield: awww, eres demasiado tierna amiguisha! Créeme que pensé en que componentes me gustaban mas y dije, bueno, que les duela, que sufran (soy maléfica jijijiji) y romance. Gracias! A decir verdad fue uno del los capis que mas disfruté escribir y mas me imagine mientras me reía (por las reacciones de Forest) Gracias por extrañarme, créeme que extrañé escribir por aquí. Besos y que andes de mil maravillas.
Fatty Rose Malfoy: Hola! Bienvenida a mi mundo disparatado! Okey, no tan así. En fin, millones de gracias por leer, cuenta demasiado para mí. Espero que te siga gustando la historia tanto como a mi me gusta que la leas :D ¡Besos!
Bueno, creo que son todos. Un millón de gracias a las personas que se detienen a leer y dejan su comentario y además, si recién ingresas a esta historia o a alguna mía y quieres leer más, no te preocupes, ¡intentaré subir capis cada vez que pueda! Bueno, si, además comienzas a leer recién esta historia, ¡miles de gracias! Terminando con el segmento de agradecimientos, es hora de leer!
Chris miraba con rostro inexpresivo el suelo. Nunca pensó que algo así pudiera afectarlo tanto. Era su amigo, y algo le había sucedido. Lo sentía. Oyó que alguien se acercaba, pero poca importancia le dio. ¿Qué más daba? Estaba demasiado triste y afectado como para voltear, o siquiera prestarle atención a alguien más. El paso de la persona era tranquilo, como si lo buscara pero no con desespero; al parecer, lo había encontrado. Suspiró. No estaba de muy buen humor; había dormido demasiado poco. Solo tres horas le pasaban la factura pronto. Sentía una picazón en los ojos, típica del cansancio que sentía. Frotó sus ojos rápidamente, al momento en que una mano amistosa se posó sobre su hombro.
-¿Chris?- El castaño suspiró y volteó- ¿Sucede algo?- La voz dulce y serena de Jill llegó a sus oídos.
-No ha ido…- Dijo, parpadeando dos veces sus ojos cansados- Me llamó para hablarme, estaba en peligro de muerte… y no apareció…- susurró el, con un hilo de voz apenas audible.
-Ha sido… quizás…-Jill dudó en decir su nombre, no le gustaba ni un pelo la situación. Si había sido esa loca, la buscaría ella misma. ¿Cómo una persona podía hacerle daño a otra de esa manera?
-No, de ella no he vuelto a saber.- cerró los ojos firmemente, deseando desapararecer.- ha sido…
-¿Billy?- Soltó la morena de tez pálida, se sentó a su lado, tomándole firmemente ambas manos. Chris asintió. Sintió un calor confortante correrle por todo el cuerpo. Quería ahorrar todos los detalles posibles y contarle que había pasado… pero no podía. Una punzada en el pecho le impedía hablar. Era como si le quitase esa capacidad, para reducirla en algo que no fuera más que un susurro. Quería llorar, pero no estaba seguro de que fuera necesario, y a la vez no quería. Quizás Billy tuvo un trabajo que realizar y por esa razón no pudo asistir, o quizás su esposa había tenido un problema y no pudo asistir a su reunión con él por cuidar de su esposa… No podía precipitarse de esa manera tan drástica.
-Quizás no llegó a reunirse por que se quedó dormido, Chris, no te preocupes; de cualquier forma, quizás hoy te llame y verás que solo fue un temor infundado por cualquier cosa…- La castaña titubeó en continuar, esperando haber dicho lo correcto. No le gustaba decir cosas fuera de lugar.- Espero haberte hecho sentir mejor… Dios, si dije algo fuera de lu…
-No hay problema- le sonrió, con sinceridad. Ella tenía razón, quizás solo fuera que se quedó dormido por tanto trabajo que él tenía… en cualquier caso, era demasiado temprano para poder hacer un diagnostico de la situación. Solo esperaba que su esposa no tuviera noticias peores…- Vallamos al comedor- agregó- muero de hambre.
Diez minutos después.
Con la comida en la mesa, y con visible menos gente en la estancia que cumplía el rol de cafetería, Chris se sentaba, intentando reconfortarse de nuevo con algo. Hoy le bastaba un poco de comida con amigos y nada más. Reírse de las bobadas que decían sus amigos, y de las tomadas de pelo hacia el tonto de Vickers. No le caía mal, pero le parecía un poco inconcebible que un adulto de 35 años, divorciado y con una hija, fuera un completo idiota que odiaba meterse de lleno en situaciones de compromiso absoluto… o de miedo; y que probablemente se vomitaría encima si algo realmente fuerte sucedía. Quizás no hubiera sido así antes… Pero igual había algo dentro de él que le caía horrible. Se sentó al lado de su buen amigo Forest, con un rostro visiblemente contrariado.
Quizás no fuera solo SU día de mala suerte. Pero un plato de carne asada con papas al horno lo mejoraba todo un poco. Tranquilamente cortó la carne, en un trozo pequeño. No era de la típica bestia al comer; no como Joseph, con una forma de comer típica de un animal. Trozos gigantes, masticaba con la boca ligeramente abierta; y lo mas asqueroso, habla con la boca llena de comida. Saboreó el trozo con gusto, relajándose con la charla amena que llevaban los demás.
-¡Chris! ¡Al fin llegas!- Comentó el rubio de ojos azules, con una pulsera tejida de color rojo en su muñeca. A Joseph si que le agradaba el color rojo. Parecía feliz, casi como siempre- Tienes que escuchar la pelea entre Forest y Eddy… ¡Dios! La mejor pelea después de la que sucedió con Kevin y con Ryman del sector de transito…- Dejó caer la cabeza entre sus manos, como un niño pequeño. Sus ojos refulgían como dos zafiros pulidos. –Sonaban como señoritas…- Rió
-¡Eh! Que eso no es cierto- Acotó Forest, irritado y dirigiéndole una mirada asesina al rubio. Chris sonrió; si, sus amigos tenían un poder increíble en su humor. Forest señaló a Edward con ira.- Él comenzó todo. Y ante todo, amigo Frost, ¡como señorita suena tu padre!- Joseph se partía de risa con la ira asesina de Speyer.
-¿A que no? Me dijiste "Roba Primas" como si fueras muy cercano a ella; y quien comenzó todo fuiste tú- Soltó Edward, desde su puesto, defendiendo sus actos- Forest, admítelo, me amas y solo me quieres para tu uso personal. Pero tranquilo, camarada; estoy disponible los viernes…
Una carcajada de Richard resonó en el ambiente casi tranquilo de la cafetería.
-¡Me gustan las chicas!- Se defendió el castaño de los orbes azules oscuras, con una cara de asco milenaria.- ¡Y si jugara con dos puntas, jamás sería contigo Dewey!
-¡Pero te gustaría!- Rió Edward; las mejillas de Forest enrojecieron, al punto de ser como unas manzanas. Si sus miradas iracundas fueran cuchillos, Edward ya estaría muerto.
-Te juro que te voy a destrozar en el campo de tiro, oh amigo, y en el combate sentirás lo que es ser golpeado con ira…- Dijo, señalándolo con violencia- Y llorarás por tus pecados; te dejaré completamente humillado con ella, si lo que intentas es tener algo…
-Bien Chris- Joseph, medio doblado por la risa, se sujetaba el vientre y la cabeza con ambas manos. Y ambos involucrados, seguían discutiendo.- Es un resumencito de lo que ambos estuvieron discutiendo, durante los veinte minutos de tu ausencia.-
La luz diurna bajó de repente, el cielo se nublaba. Hoy dormiría con el abrazo de las gotas de lluvia golpeteando contra la ventana. Tragó algo de gaseosa de naranja, mientras evitaba ahogarse de la discusión que continuaba. La risa estaba dominándose de él. Pero claro, había algo que no dejaba disfrutarlo por completo el momento. Y odiaba eso. Billy, no merecía lo que le pasó o lo que le podía pasar. Su semblante se volvió serio, en un abrir y cerrar de ojos. Estaba molesto y herido. Él no era exactamente un tipo que deja ir todo como si nada.
Sentía temor por lo que pudiera haberle pasado a Billy. Suspiró, concentrándose en comer lo que le quedaba en el plato. Su apetito se difuminó de repente. Forest, con el seño ligeramente contrariado con lo que sucedía, volteó a verlo. Tragó de mala gana otro trozo de carne.
-¿Sucede algo?- Preguntó, en tono amistoso. El era un buen amigo suyo, y odiaba verlo triste.
-No- Mintió, con un hilo de voz; apenas audible. El castaño del cabello largo y sedoso lo encaró.
-Puedes contarme lo que sea, para algo están los amigos-
-En serio, no pasa nada…
Ambos suspiraron. Forest meneó la cabeza. Chris era un hueso duro de roer. El mismo Wesker se lo decía. Y todos lo sabían. Además de su típico desorden, era una persona dura, con un carácter un poco difícil. Es bueno. Pensó. Pero muy cerrado. Forest comprendía que lo que le sucedió de niño pudiera haberle afectado para toda la vida, pero creía que era un poco, solo un poquito, cerrado con el tema que surcaba su mente… o con cualquier tema que le molestara o incomodara. Probablemente más tarde se enteraría de lo que sucedía, pero un poco lo dudaba. Si Chris no se lo confesaba a nadie, nadie sabría jamás lo que sucedía. Era como una tumba en situaciones. Hizo una mueca e intentó seguir el ritmo de sus compañeros. Quizás así si pudiera distraer a su amigo.
-¿Sabes Chris? Debería empezar un curso de Psicólogo. Creo que con todos resultaría de maravilla.- Y esa vez, ambos muchachos no pudieron obviar la risa.
En la oficina STARS
Ya sentado en su escritorio, junto con Kenny Sullivan, Chris se había relajado por fin. No estaba listo para confesarle al resto lo que sucedía, solo Jill sabía; y planeaba que solo ella supiera por el momento. Aunque confiara en los demás, no estaba listo para divulgarlo. Seguramente se enterarían por su humor más serio que de costumbre. Delante de él, apoyada en un escritorio, una carpetita amarilla, titulada "Victimas" esperaba a ser leída. Era la tercera vez que todos repasaban los detalles que se sabían hasta ahora de los casos de asesinato, buscando algo que no hubieran encontrado antes. Pero parecía que todo se esfumaba en un instante y todos y cada uno de los miembros de los STARS se quedaban estancados en lo mismo. Frunció el seño y abrió la carpetita, mirando las fotos de los cuerpos de las victimas y su descripción.
Era el cuerpo de una mujer, de veinte tantos. Rubia, de complexión musculosa y de talla media. Las marcas de dientes, tanto humanos como animales se encontraban por todas sus extremidades. La había sido un baño de sangre aquello. El cuello de la victima estaba despedazado. Sus ropas estaban en jirones y cubiertas de sangre.
"Johana Relees. Veinte y cuatro años, estudiante de bioquímica. Desaparición reportada el día 20/5, mientras salía a caminar por el sendero. Según descripciones de los familiares, la victima era temeraria, y buscaba evidencias sobre uno de los primeros casos de las muertes sucedidas en las montañas Arklay. Se encaminó por uno de los senderos que se mantenían vallados y desapareció. Fue encontrado su cuerpo con laceraciones con forma de mordida, en toda su extensión. El cuello de la victima esta despedazado. Se informa que la causa de muerte inicial fue desangramiento."
Esa era la segunda victima… Pensó Chris. Había algo interesante en todos los casos. Todos los conocidos hasta ese momento se habían producido en el mes de mayo. Ninguno fue reportado en Abril. Chris miró pensativo hacia el suelo de madera. Eso significa que los asesinos caníbales, junto con sus mascotas endiabladas se instalaron en mayo, cerca de la residencia de Spencer y demás áreas del bosque. Eso ya era algo. Se habían encontrado también restos de carne humana en estado de putrefacción sobre el cuerpo de algunas victimas. Entonces, se puede afirmar que los asesinos guardan algún resto de sus victimas a modo de trofeo… Escalofriante al máximo. Kenny estudiaba la localización de los cuerpos, al tiempo que tamborileaba con su mano sobre el escritorio.
Estaba nervioso. Luego de estudiar los informes, Enrico los llevaría al subsuelo, donde estaba el campo de tiro. Kenny no era muy bueno con las armas… Bueno, es un amigo tuyo pero hay que aceptarlo. No le acierta ni siquiera a un blanco de dos metros de distancia. ¿Y por que lo culparía a él de ello? Había pasado la mayor parte de su carrera en la fuerza especial del RPD en un laboratorio, rodeado de químicos y sustancias; junto con evidencias de los casos que les tocaba resolver. ¿Qué experiencia podía obtener con algún arma? Ninguna, esa era la respuesta. Pero igual apreciaba ayudarlo con ese "pequeño problema" que tanto lo aquejaba.
Era bueno escuchando y según lo que él le decía, él mismo era bueno explicando. Eso era una especie de cumplido entre amigos. Sonrió, mientras su compañero de tez afroamericana seguía concentrado en su trabajo. Un murmullo suave, de voces graves y las voces femeninas de los miembros llenaba el tranquilo aire de la oficina. Los ordenadores zumbaban, pero ninguno estaba en uso. Era costumbre dejarlos encendidos de día aunque ni siquiera se utilizaran. Chris echó su cabeza atrás, con el cuello un poco adolorido por tener la postura incorrecta. Su problema era que, cuando leía cualquier cosa, su cabeza siempre miraba hacia abajo; pero era un acto involuntario. Movió su cabeza en círculos, echó sus hombros hacia atrás; y acomodó su postura. El televisor de la estancia estaba encendido, con el noticiario en él.
Otra costumbre malsana de los STARS.
Nadie nunca le prestaba atención a la TV, siempre estaba sin sonido y con el noticiario en el. Idea de Barry, por dejar algo con lo cual distraerse. Cada uno de ellos tenía un hobbie distinto, pero no por menos interesante. Él mismo, por su parte, tenía costumbre de resolver crucigramas y sudokus. Era algo de anciano, pero la lógica iba completamente con su personalidad. Además, era lo único con lo que se mantenía en orden. No por algo Joseph, con mutuo acuerdo de todos, lo había bautizado como "Desorden" Aunque por muy rara vez lo llamaban así.
Vickers, un santo de su poca devoción, acostumbraba a intervenir en computadoras de todo el precinto. En algo tenía que felicitarlo Chris, ya que era el mejor pirata informático que hubiera visto en mucho tiempo. Forest y él solían competir por quién infectaba la computadora de quién mas rápido; y siempre, por una increíble ventaja, ganaba la gallinita cacarearte del grupo. Era algo poco común, pero genial.
Edward, uno de sus buenos amigos, acostumbraba a bailar con cualquier canción que sonara en el ambiente. Era buen bailarín, y, además de su afición por los rifles, acostumbraba a bailar en algunos concursos. Cualquier ritmo que pidieras que baile, lo interpretaba con precisión. "¿Donde lo quieres? ¿Rostro o mentón?" Acostumbraba a decir cada vez que alguien pedía que bailara algo de danza clásica. Como siempre afirmaba, el era hombre, no un afeminado. Chris rió para sus dentros, al recordar su rostro junto con su característica expresión.
Frost, acostumbraba a coleccionar calendarios de los hermanos Marx, junto con cómics que conservaba desde su niñez. Técnicamente, vivía aún en la niñez. Y le daba ese toque de carisma que era tan propio de él, que francamente le formaba la personalidad. Barry, con su hobbie tan visible a la simple vista, y con ese toque paternal que le daba a las cosas, lo hacía un buen compañero. La adoración a su esposa y a sus hijas era uno de sus más grandes hobbies. Todos coincidían en llamarlo "Papá del Equipo" por ese trato maternal que daba…
Son todos buenas personas. Pensó
Monroe 2035
Melissa aún fregaba los platos cuando los niños se habían marchado al living a ver los dibujos animados, luego del almuerzo sencillo y cómodo que había preparado. Había sido una larga jornada laboral en el hospital, atendiendo a los niños heridos por sus juegos, a las lesiones de algunos atletas que por exceso de emoción se habían esguinsado. Suspiró, mientras dejaba que el último plato blanco que había lavado se secara. Si, lo aceptaba, el trabajo era duro y la paga no era demasiado cuantiosa, pero por lo menos podía mantener a los niños y pagar el alquiler de la casa.
Lamentaba, y lo seguiría lamentando que su relación con Todd hubiera fracasado. Al parecer, el pronóstico acerca de lo suyo había fallado por completo. Algo lo lamentaba, pero no se sentía culpable en lo mas mínimo de que él se tuviera que ir. No lo habían pasado bien en el ultimo tiempo que estuvieron además, a el no le agradaban los niños. Supongo que la gente te muestra lo que en realidad son después de cosas que te cambian la vida. Y algo así había sido lo suyo. Meneó la cabeza, restándole importancia. Sus ojos se humedecieron, pero intentó contener las lágrimas por el bien de los niños y el suyo. Era un tema delicado el cual estaba enfrentando, además de tener que realizar todas las cosas que antes no solía hacer. Tomó un trapo húmedo con líquido desinfectante y comenzó a fregar la mesa de la cocina. La televisión de la sala emitía el típico murmullo de los programas infantiles. Los niños reían y jugaban con unas espadas de plástico, regaladas por el padre hacía unas semanas. Eso lograba distraerla de todo lo que surcaba su mente. Se alejó un momento, para comprobar el trabajo.
-Perfecto- murmuró para sí misma.
Era eficiente y ordenada, y las cosas fuera de lugar le molestaban. Dejó el trapo y se dirigió a su habitación, dispuesta a echarse un momento en su cómoda y mullida cama a descansar. Necesitaba un recreo de siquiera una media hora. Podría leer la novela que su madre le había regalado el Día de las Madres, o podría husmear con la computadora algo sobre plantas y animales. O simplemente echarse a dormir una siestecilla para recobrar un poco la energía que tanto necesitaba para continuar.
Puso un pie en el primer escalón, observando como los niños jugaban con tranquilidad, cuando el timbre sonó. Que raro, nadie tenía que venir… Frunció el seño, mientras bajaba y se volvía para la puerta. No esperaba a nadie, pero quizás solo era un vecino que necesitaba algo, o un niño que buscaba a su mascota. Llegó y se quedó inmóvil. Con desconfianza, alcanzó la mirilla. Un joven, de unos veinte años, estaba parado. Tenía el cabello revuelto, junto con una camiseta azul algo harapienta y unos pantalones de algodón negro sucios. Tenía las manos cruzadas en la espalda, como un gesto inocente. Seguramente viene a pedir algo de comida; pensó, completamente enternecida por la situación. Claro que le daría algo; no era una mujer gorrona, que no daba nada a nadie y a cambio pedía de todo. Con una sonrisa, abrió la puerta. El muchacho, con una sonrisa, la miró fijamente.
-¿Si? ¿Que desea?- Preguntó, con un tono amistoso. Saludó a Sally Archer, la vecina de enfrente que al momento entraba al garaje de su casa. El muchacho le apuntó con un arma.
-Que no se mueva, que no llame a la policía y que se comporte como un buen rehén.- Con tono severo, se metió dentro de la casa, empujándola. Melissa gritó, al momento en que le agarró el brazo y la llevó de lleno al living.
El ruido proveniente de los comunicadores quitó de sus ensoñaciones casi diarias a Chris; todos aquellos pequeños aparatos pitaron al mismo tiempo. Algo grave estaba pasando. Todos y cada uno de los miembros del equipo se movilizaron, abandonando sus actividades que hasta ese momento estaban realizando; y ya un poco acostumbrados ya a esas llamadas de emergencia. Se puso de pie, observando al resto de sus camaradas en acción. Enrico y Wesker entraron a la par a la estancia, con los rostros contrariados y unas hojas en las manos. Las diez personas restantes se pusieron frente a los escritorios, formando una línea recta y disciplinada.
-Bien, gente- Comenzó el hombre moreno- Tenemos un caso difícil y peligroso. Un pedófilo, vinculado directamente a una facción terrorista esta aterrando una casa tranquila en el distrito de Cider.- Comenzó a leer una de las hojas que llevaba en la mano, con voz tranquila y un poco autoritaria.- Un hombre Cáucaso, de unos treinta y ocho años irrumpió un hogar en la calle Monroe, número 2035. Capturó a una mujer de treinta y dos años, junto a sus dos hijos de diez y ocho de rehenes y amenaza con volar la casa si no se cumplen los requisitos- Finalizó Marini.
-Este- Continuó el rubio con las gafas ya puestas en su clásico lugar- pide completa absolución de otros casos en los que fue acusado, más una suma de diez mil dólares para la organización que trabaja. – La voz serena y grave de Wesker le hacía erizar los cabellos de su nuca. Ese tipo era demasiado frío y calcador, hasta para Chris. Pero tenía que reconocerlo, era un completo profesional. - Irons autorizó el breve cese de la investigación y solicita que unamos fuerzas con los policías que se encuentran en el lugar. Muchachos, esto no es un paseo por el parque. Speyer- Dijo, señalando al muchacho de las orbes azules- Tu y Frost carguen todo el armamamento en el camión. Aiken y Valentine alisten los uniformes y llévenlos Vickers y Dewey, encárguense de la munición. Enrico y yo pediremos permiso al jefe para marchar y atrapar a ese infeliz- Aplaudió, apremiando a los muchachos- Todos dentro en diez minutos. A moverse.
-Si, señor- contestaron todos al unísono, mientras abandonaban la posición recta y comenzaban a moverse.
Joseph y Forest abrieron el armario que estaba dentro de la misma oficina, junto con el aparato de comunicaciones, y dentro de una bolsa de lona, fueron metiendo cada una de las pistolas, rifles y escopetas, revisadas diariamente. Jill y Richard salieron disparados de la estancia, recorriendo rápidamente los pasillos de la comisaría, con destino a los lockers del primer piso. Brad y Edward se encargaron de tomar todas las municiones que disponían dentro de uno de los armarios justo al lado de uno de los escritorios. Chris salió con paso rápido hacia el estacionamiento, respirando como siempre le indicaban para un trote eficiente. Los demás policías de la estación también estaban movilizados; recorriendo los pasillos casi tan rápido como los hombres y mujeres pertenecientes al equipo STARS.
Bajó las escaleras y llegó a la puerta que daba al pasillo de la sala de reuniones. Viró a la derecha y pasó al lado de dos policías que llevaban algunas carpetas de otros casos ajenos a ellos. Viró luego de unos tres metros hacia la izquierda y pasó de largo la estancia que cumplía como sala de reuniones. Esquivó algunos policías mas, mientras les asentía con la cabeza, en señal de saludo.
Marvin Branagh charlaba con otro oficial en medio de la estancia que servía como sala de espera, Bill era algo más obeso y con la cara marcada por las arrugas, que Marvin. Bill y Marvin le saludaron con un movimiento de manos rápido; a lo que respondió de igual manera. Cruzó el umbral y entró de lleno en medio del Hall. Un joven de unos dieciséis años era llevado por un policía en la misma dirección que Chris; seguramente el joven había cometido alguno que otro hecho de vandalismo. Eso era ya normal en la ciudad. Los esquivó rápidamente, siguiendo la línea imaginaria que tenía en su mente. A lo lejos vislumbraba la calva de Kenneth, que estaba igual de apurado que él.
Dejando atrás todas las oficinas de los agentes de investigación, que ya se encontraban vacías, entró en el pasillo que daba a las escaleras; que conducían directamente a su destino. Bajó la velocidad, hasta convertirlo en un caminar rápido. La luz anaranjada del atardecer que entraba por las ventanas inundaba el pasillo, de paredes de color amarillo. Bajó rápidamente las escaleras, llegando al subsuelo del departamento. El pasillo se bifurcaba hacia ambos lados. Veía como otros policías del equipo forense pasaban caminando tranquilamente por los pasillos sombríos e iluminados por la luz fluorescente de los tubos. Dobló a la derecha, esquivando una camilla con un cuerpo cubierto, conducido por uno de los muchachos del equipo de forenses. Era algo deprimente…
Meneó la cabeza, mientras doblaba a la izquierda y abría la puerta. El olor al humo proveniente de los caños de escape de los coches llenó su garganta y pulmones de un segundo a otro, obligándolo a carraspear. Algunos mecánicos refaccionaban los coches de policía, dañados por las persecuciones. Unos policías tomaban unos refrescos de maquina, mientras fingían supervisar a los mecánicos. Una de las estúpidas políticas de la paranoia del jefe. Divisó a Kenneth y Rebecca, charlando tranquilamente, mientras ambos desaparecían detrás de la pared que dividía los estacionamientos. Saludó a algunos otros oficiales y siguió el rumbo de ambos.
Se posicionó al lado de uno de los camiones especiales que la comisaría poseía. Este, era de color azul, con la insignia del equipo puesta en ambos lados del mismo. Abrió las puertas traseras del vehiculo y se adentró. Comprobó que todo estaba en su lugar, como en la revisión de la semana pasada. ¿Quién podría entrar, revisar todo y luego irse sin más? Creo que la política de aquí era peor que en la Fuerza Aérea. Pensó. Era algo ridículo, ya que el estacionamiento subterráneo no era un área en la que se pudiera pasar sin más. Pero supuso que estar bien preparado sería algo fundamental en una situación como la que estaban viviendo. Kenny y Rebecca se acercaron y subieron, alistándose. Los tres se miraron por un segundo, y se sonrieron. Era como un entrenamiento para Rebecca, que no participaría por completo de la misión. Entrar al campo de lleno con solo unas semanas en la unidad era algo que no se acostumbraba en el equipo.
Le recordaba un poco a su hermanita, aunque ella estudiaba geología en una universidad de Ohio. Era lo suficientemente buena como para brindarle un buen y satisfactorio futuro. Richard y Jill llegaron en ese momento, cargados cada uno con una bolsa de lona, completamente llena. El rubio comenzó a repartir a los dos miembros de su equipo su respectivo chaleco, junto con guantes sin dedos y algunas cosas más. Jill, con una sonrisa tímida, se acercó al castaño de los orbes marrones y le tendió de manera amistosa su equipo. ¿Cuánto mas seguirían fingiendo? Por lo menos, él no estaba listo para admitir que le simpatizaba más que una amiga.
Si todo sucedía como se suponía que debería suceder, dentro de unos meses podrían llegar a confirmar algo, pero no era seguro. Con compañeros como los suyos, y mas luego de saber un jugoso secreto; era completamente difícil que se mantuviera en secreto. Meneó la cabeza, mientras se alistaba.
Trayecto a Monroe 2035
Los nervios típicos que solían aparecer antes de algo importante, como lo que estaban por vivir todos, surcaban por completo su cuerpo. Sabía como actuar, pero aún así no le gustaba un pelo. ¿Por qué él tendría que alistarse y ayudar? Aunque él no fuera exactamente un "maestro" en el manejo de las armas, aún así parecía tener algún valor su participación. ¡Incluso Kenneth con su poca experiencia estaba metido hasta el cuello en el trabajo! Su rostro tomó un semblante serio y con aires de temor. No quería por nada del mundo estar allí.
No era su especialidad, aunque fuera "Seguridad de Respaldo" ¿De que podría ayudar él? No había nada en el mundo que pudiera hacer. Miró cada uno de los rostros de sus compañeros, preguntándose si sentirían o experimentarían lo mismo que el estaba pasando. Todos estaban serios, sin emitir una palabra. Hasta Frost, con su humor clásico no emitía un solo sonido. Su mente seguía insistiéndole que él mismo no podía hacer nada. Y no merecía estar allí. Si era como todos suponían, no lograría más que vomitarse encima. Recuerda lo que dijo el terapeuta, Bradley… No te dejes llevar por los sentimientos negativos… ¿Y como mierda se suponía que lo iba a lograr? Cerró los ojos, mientras el bamboleo del camión lo calmaba y adormecía.
Jill alistaba por última vez su pistola, junto con el rifle semi-automático, a la vez que tarareaba una canción en su mente. El ambiente interno no colaboraba a iniciar una conversación, y mucho menos a comenzar a cantar algo. El bamboleo del vehiculo se detuvo, señalando que habían arribado a su destino. Los nervios comenzaron a aflorar desde su interior. Esto no iba a ser un paseo dominical por el parque. Había tres vidas que dependían de ellos. ¿Y quien sabía cuantos criminales dentro? Los reportes no eran exactos, jamás lo eran. Todos y cada uno de sus compañeros se pusieron de pie, llevando sus armas en alto y, al momento en que se abrió la puerta trasera, y comenzaron rápidamente a descender del vehiculo. La luz del día, claro y completamente despejado, dio de lleno en sus ojos, imposibilitándole ver por una fracción de segundo.
Bajó de un salto, mientras se restregaba los ojos, notando como cada vez volvía a su visión normal. El arma, una Beretta 92f, se le hacía pesada. O te calmas, o lo hechas a perder todo. Se recordó. Respiró hondo y se reunió con el resto. Formaron un círculo, escuchando las órdenes.
-Bien, muchachos, quiero que aseguren el perímetro de la casa, rodéenla y ingresen con extrema precaución.
Todos asintieron al mismo tiempo. Siguió a sus compañeros, con un nudo molesto en la garganta. Se quedó de cuclillas bajo una ventana. Respirando entrecortadamente. ¿Desde cuando ella, que había sufrido momentos de tensión más fuertes que ese mismo, estaba completamente nerviosa? Decidió pensar en ello luego, ahora, lo que merecía su completo foco era su trabajo.
Saltando la valla del patio trasero, el joven Frost se sentía atemorizado. Según lo que sabía, se adentraría dentro de la cocina de la pequeña casa de dos plantas. El patio estaba lleno de juguetes de niños. Pelotas de futbol, un tobogán y algunos columpios, junto con camiones y soldaditos de juguete. Era algo triste saber que los niños estaban metidos dentro de ese infierno; y con muchísimo gusto los sacaría de ahí. Por lo menos, el era una persona que adoraba los niños, y deseaba fervientemente rescatarlos. Cubriéndole la espalda, estaba Chris, tan silencioso como él. Eran profesionales, y no dejarían que un paso mal dado los delatara, y que ese mismo paso pudiera crear un lío de proporciones gigantescas. Subió los escalones a un pequeño porche de entrada a la casa, evitando que con la madera –que crujía- resonaran sus pisadas. Tomó con sumo cuidado el pomo de la puerta blanca, girándolo delicadamente, casi como si este fuera de un cristal tan fino y que corriera el riesgo de romperse.
Emitió un ruido, y lentamente se abrió. Un aire fresco provenía del interior, junto con una fragancia dulce, como si fuera chicle. Su garganta se secó de una forma atroz, dejándole una molestia al tragar. Su respiración era completamente agitada, pero de alguna forma intentaba calmarla. Entró de lleno en la estancia; el piso de linóleo brillaba, los muebles junto con las encimeras estaban impecables… aunque no había rastro de la familia. Oyó la respiración de Chris detrás de él. Por lo menos la espalda la tenía cubierta. Una voz enloquecida, llena de miedo y decisión, llegaba desde el living. Quizás es el tipo que comenzó toda esta locura.
El rubio se acercó con cuidado a un arco, que comunicaba con un pequeño pasillo con piso de madera. El recorrido, hasta unas cortinas blancas. Unas siluetas se dibujaban en la delgada tela. La mujer, arrodillada frente a algunos sofás, abrazaba a sus pequeños; a los que se escuchaba sollozar. Se le encogió el corazón; pero estaba completamente decidido. El secuestrador caminaba de un lado a otro, de forma nerviosa. Era sin duda una persona desequilibrada. Sujetaba un arma de calibre corto, aunque no la dejaba en un solo lugar. Respiro hondo…
-¡QUIETO!- gritó el rubio, apuntando directamente su 92F al criminal. La mujer emitió un grito, cubrió a sus hijos con su propio cuerpo, intentando de una manera precaria que no les sucediera nada en lo absoluto. Había algo en ella que le recordaba al pasado; como si fuera una vieja conocida suya. El hombre volteó con un sobresalto. Sus ojos estaban fuera de orbita y parecía enloquecido del todo. El sospechoso levantó su arma.- Baja la pistola para que se pueda hablar sobre esto que estás haciendo…- Su voz se transformó en una melodiosa y tranquilizadora, intentando calmar al criminal. Avanzó unos pasos, con sumo cuidado.
-¡No! ¡No te acerques más!- contestó. Miró a ambos lados y luego a la mujer, apuntándole. -Un paso más y ella muere.- Se quedó inmóvil, con el rostro sin expresión alguna. El muchacho de las orbes azules tragó saliva con dificultad.
-Se que no quieres que les pase nada a ellos; por que tú no quisiste hacer esto, ¿Verdad? Baja el arma para que podamos conversar sobre esto. Soy Joseph, miembro del equipo Alpha de STARS; del RPD. Vine con mi compañero que está fuera, para que termines esto de una vez. – Dejó escapar un suspiro tenso- ¿Cuál es tu nombre? Te ves joven como para estar metido en esta situación…
-No tendría que importarte una mierda sobre si quiero hacer esto o no. Además, todos los polis son iguales, hablan tierno y comprensivo al principio y luego son animales, bestias que tratan como basura a cada ciudadano de la ciudad que tiene que recurrir a lo mismo que yo, a robar, a secuestrar a una mujer inocente que nada tiene que ver con el lío que creé. –El muchacho hablaba muy rápido, mientras caminaba de forma errática hacia atrás y adelante. Parecía aterrado y a la vez decidido sobre lo que hacía.- Crees que soy estúpido ¿Lo crees? ¿Sabes cuantas veces estuve en ese recinto que tú llamas trabajo? Desde los catorce años que entro y salgo de ahí… y tengo ya veintiuno. Siempre por una causa distinta, robo a mano armada, homicidio, violación de libertad condicional… y hasta tuve que liarme con esa estúpida facción de terrorismo para evitar ir a la cárcel… pero el próximo paso que espero es la silla, pero claro, polis como tus amigos o inclusive tú me liberarán para luego encerrarme- La voz le tembló un instante, para luego recobrar en una voz con fuerza y decisión.- ¿Pues sabes qué? ¡Nunca van a volver a atraparme para luego hacer lo que siempre hacen conmigo! Los muchachos me prometieron algo grande, algo incalculable si creaba todo esto, y eso mismo me voy a ganar.
La situación, claramente no se resolvería de forma sencilla. ¿Homicidio? En que lío nos metimos… Y eso estaba claro en la cabeza de Joseph. ¿Qué podría hacer ahora? Nadie más podría intervenir en el momento; sino todo se iría al traste. Si ese muchacho sabía de la existencia de su compañero podría cometer cualquier locura. Tendría que jugar al ajedrez para ganar en ese momento…
-Mira, yo se lo que tu sufriste; yo estuve igual cuando era mas joven, ¿Pero sabes que? De los errores que cometí en mi adolescencia, aprendí a no volver a equivocarme de la misma manera. ¿Por qué? Por que lastimaba a mi familia, a mis amigos, e inclusive perdí a mi chica por una estupidez. Y estuve en una correccional para menores hasta los dieciocho. Pero ahí dentro, donde estaban los mismos policías a los que temes, me formaron con la siguiente idea: "Recompone el mal que hiciste a la sociedad" ¿Y que crees que hice? Me uní a la policía local, para ayudar a las personas y a los jóvenes como tú que perdieron el sentido de lo correcto, no para castigarlos, sino para devolverlos como personas de bien, que pueden colaborar con los demás y ayudar a los jóvenes que estaban en la misma situación que ellos unos años antes.- Carraspeó con la garganta, era la mejor jugada que tenía y la había usado.
El muchacho frunció el seño, respirando de manera agitada. Lo analizaba con atención. La mujer aún sollozaba de manera incontrolable, presa del pánico. El sol se filtraba con fuerza por las cortinas. Afuera, media calle se encontraba movilizada por el hecho. Chris le chistó por detrás; pero con la mano libre le ordenó que se quedara al margen, por temor a que su aparición arruinara todo el plan. Chris suspiró de manera irritada. Su compañero se estaba arriesgando demasiado en ese preciso instante.
-Se puede resolver esto, créeme. Si te entregas, me asegurare de visitarte y que ninguno de los demás oficiales te haga algo indebido. Todos necesitamos una segunda oportunidad en esta vida, ¿No crees? Ahora, deja a la mujer y sus niños marcharse fuera de la casa, para que podamos conversar de manera más calmada.
El muchacho masajeó sus sienes, siempre con el arma en mano. Eso a Joseph un poco le preocupaba; esperaba que por lo menos dejara marcharse a los niños para que pudieran estar a salvo. La mujer se había calmado de momento, aunque tiritaba. ¿Estaría haciendo lo correcto en ese momento?
-Que salgan los niños, pero que ella se quede.- respondió, con voz apagada. Algo por lo menos era. La mujer le miró, y luego miró al muchacho. El alivio que vislumbró en su mirada al momento en que le miró, fue tal, que le alivió el corazón y calmó un poco sus nervios.
Los niños, con cuidado, se pusieron de pie. Sus caritas estaban empapadas en lágrimas, que aún corrían por sus mejillas. Caminaron con detenimiento, observando a su madre y luego a él. Cruzaron el arco que unía la sala de espera con el living y echaron a correr. Lo último que vio Joseph fue a Richard y a Kenneth abrazándolos y llevándolos lejos, junto al cordón policial. Suspiró para sus dentros de alivio. Volvió su mirada a la muchacha, que estaba sentada, con las piernas contra su pecho, en el suelo cubierto de alfombra.
-Ahora dime, ¿Quiénes son los que piden semejante suma de dinero a cambio de tu libertad?
-No tengo por que decirte una mísera palabra- replicó.
-¿No tienes? Recuerda en la situación en la que estás, hombre. Metido hasta el cuello en mierda y con toda la policía de la ciudad alrededor tuyo… Estarás confesando todo en menos de una hora con algunos de los oficiales más severos de la comisaría. Ahora bien, ¿Quiénes son?- el joven titubeó un momento. Sabía que si dejaba que el nombre se supiera, o que los polis lo investigaran, él podía considerarse hombre muerto. ¿Qué podía hacer? Nada saldría como tendría que salir. El temor dentro de él estaba apoderándose cada vez más de su cerebro, y si lo que dijo el poli rubio era verdad, estaba más jodido que nunca. Una gota de sudor bajó por su espalda, provocándole un escalofrío. Acciones, lo único que podía hacer ahora era o entregarse o…
Acto seguido, levantó el arma y apuntó directo al pecho del oficial. Matar a un poli era algo grave, pero ya nada le importaba. A la mierda todo… murmuró para sus dentros. Efectuó el primer disparo, que impactó de lleno en el pecho del chico rubio, y luego un segundo más, que dio en su brazo izquierdo. El grito de la puta chica resonó por el aire, como si el disparo le hubiera dado. El poli calló de bruces en el suelo, sujetándose el brazo herido e intentando incorporarse. Echó a correr, bordeando la escena, viendo por el rabillo del ojo como el segundo poli, pero esta vez uno castaño, se acercaba a su compañero caído y lo atendía.
-Ahg…- dijo quejumbroso Joseph, aún sintiendo el calido abrazo del plomo en el chaleco. Ese hijo de puta lo hubiera matado sin meditaciones. Su brazo era un reguero de sangre calida y oscura, dándole pinchazos en la herida. Lo último que vio fue el maldito muchacho corriendo por el pasillo que estaba detrás de las escaleras. ¡Pero que mas daba! El muy maldito le había disparado. Apretó con fuerza la herida, sintiendo la mano pegajosa y caliente. El aroma del hierro de su propia sangre lo hacía sentirse mal. Sin perder un segundo, Chris se arrodilló a su lado, evaluando la situación.
-El muy hijo de puta me dio justo en el corazón…- dijo, emitiendo muecas del dolor agudo que sentía.- Si no fuera por el chaleco, todos ustedes estarían llorando por mí.
-Lo se, Jo, lo se. Hay que sacarte de aquí y llevarte al hospital de inmediato.- Contestó el moreno, mientras tomaba su radio y pulsaba el comunicador.- ¡Aquí Chris Redfield, tenemos un oficial caído, repito, tenemos un oficial caído! ¡El sospechoso se ha escapado por la parte trasera de la casa! ¡Procedan a persecución!- Gritó.
-Se me enfrían las manos…- Agregó Joseph, respirando profundamente.
-No seas melodramático, Frost. Si te mueres por esto, yo me muero por una picadura de mosquito.- Contestó. Giró su cabeza a la rehén, que estaba atemorizada atrás del sofá de color crema.- Sal de aquí. Fuera hay oficiales que pueden ayudarte.- La aludida asintió y corrió hacia la puerta.
Chris ayudó a ponerse de pie a su compañero, cruzando su brazo por detrás de su cabeza y sujetándole firmemente el abdomen. La marca de la bala en el pecho de su amigo le daba una impresión muy fuerte…
-Vamos ya, Frosty.
Fuera, el río de oficiales era inmenso. Wesker hablaba con uno de los comisarios y Enrico hablaba por radio. Chris y Joseph descendieron lentamente por la escalera del porche principal, al momento que unos paramédicos se acercaban a la mujer. Los niños conversaban tranquilamente con Richard y Kenneth, que hacían el mayor esfuerzo por que los niños se desentendieran de todo lo sucedido. Joseph echaba en falta al resto de sus compañeros, pero supuso que estarían persiguiendo al hijo de puta que le disparó. El moreno lo dejó en una camilla frente a una ambulancia. Los paramédicos comenzaron a atenderlo, haciéndole un millón de preguntas. Pacientemente, contestó una por una de las tediosas preguntas. Haciendo caso omiso del dolor, aguantó cada una de las pinzas, agujas y líquidos desinfectantes que los paramédicos le aplicaban.
Solamente sus pensamientos corrían en una dirección; en la chica de su misma edad. Había sido una enorme coincidencia que Melissa fuera la victima que él y sus compañeros fueron a ayudar. Mucho tiempo transcurrió desde la última vez que se habían visto. Y le pareció más hermosa que antes. Escuchó que se había casado, y que los niños no se habían hecho esperar. Pero poca importancia le dio. Ahora, supo algo que se había alojado en lo profundo de su corazón. Que sentía algo por ella, que el sentimiento del amor surgió en ese momento, en su fuero interno. La miró como si nunca la hubiera visto.
Un momento después, que todos los paramédicos se hubieran marchado y el dolor hubiera sido anestesiado por los calmantes, Melissa se encaminó a su lado, con una taza de té y una manta color ocre en sus hombros. Su rostro denotaba cansancio y a la vez alivio. Ella, acarició con ternura su hombro.
-Gracias por salvarme a mí y a mis hijos de esta, Joseph. Nunca me hubiera esperado ver que tú nos salvabas.- Bromeó
-De nada, supongo que el mundo es… como se dice… a, si, un pañuelo en ese tipo de cosas.- Ambos rieron. El rubio se incorporó, sentándose en la camilla. Miró con detenimiento las vendas teñidas de rosado, frunciendo el seño.- Supongo que van a mi registro de las cosas que hice por ti, ¿no Mely?
-No seas idiota- refunfuño la mujer de rizos rubios.- Yo hice cosas mas importantes por ti. Como la vez que te salvé de que los mariscales te patearan el culo en el último año de la preparatoria.- Ambos rieron. Recordando buenos momentos.
Chris conversaba detenidamente de las nuevas noticias sobre el caso, al parecer, el muchacho era un criminal muy buscado por la policía local, y de suerte o coincidencia, ese había sido el día en que se suponía que lo atraparían. Enrico le dio una palmada en el hombro, felicitándolo por la hazaña que él y su compañero tuvieron el gusto de realizar. Chris, cortésmente, contestó que todos lo habían hecho, y que sin la ayuda del equipo entero, no lo hubieran hecho. También, el moreno del bigote, le comunicó que ni más ni menos, Vickers había atrapado al criminal. Y pensar que se orinaría encima si está en la situación en la cual estábamos nosotros dos… Pero el mundo era un lugar lleno de sorpresas. Se despidió de Enrico, el cual se dirigía al lugar donde estaba el delincuente. Cruzado de brazos, se apoyó en uno de los coches de los oficiales, observando el cielo. Estaba despejándose y solo un ligero manto de nubes se encontraba al sur de donde ellos estaban. Dirigió su mirada donde Joseph estaba. Sentado en la camilla, conversaba alegremente con la muchacha a la cual le habían salvado. Reían. Seguro eran una clase de viejos conocidos o algo. En un momento dado, su conversación se volvió muy cercana, al punto de parecer amantes. Joseph inclinó su cabeza hacia el costado, mientras la chica hacía lo mismo. El beso de ambos fue una grata sorpresa. Los observó besarse un momento más, para luego volver la mirada a Kenneth, que se apoyó a su lado. Ambos intercambiaron miradas cómplices. Al parecer, su amigo no se andaba con rodeos.
¿Y Bien? Que les pareció? Les gustó? A mi me costó horrores idear el nuevo capi, pero al final lo plasmé de esta forma
ajajaja, y bueno, al fin quedó la idea definitiva.
Miles de gracias si te detuviste a leer! Y sin mas, saludos a ti y a todos!
