Trémula y bella

He aquí el epílogo de mi fanfic. Ash y Serena visitarán un lugar que sellará sus dos corazones por siempre, aún así, si queréis averiguar qué pasará, ya sabéis lo que hay que hacer. Espero que os guste.

Epílogo: Fe

El canto de los pájaros se escuchaba, mientras la suave brisa sacudía tales notas musicales. El sol pegaba fuerte en ese bello día en Ciudad Trigal, la gente continuaba con sus vidas, trabajando duro para poder traer el pan a casa. Una joven pareja, un Pikachu, y una chica autóctona de la región salían del Hospital Central de Ciudad Trigal.

-Bueno..., Serena, Ash, creo que ha llegado la hora de la despedida...- dijo Lira con una cara triste.

-Tranquila Lira, ¡algún día nos volveremos a ver, seguro!- exclamó Ash, quien parecía que había recuperado gran parte de sus energías.

Ash y Lira se abrazaron mientras Serena les observaba sonriente. Pikachu saltó al gorro de la castaña, quien nada más notarlo agarró al roedor y le dio un abrazo un tanto agobiante, como los que le gustaban a Pikachu, según ella.

-¡Pikachu, no!- gritó Serena.

-¡Piiiii!

Pikachu saltó al suelo sonriente. Mientras, Lira, toda chamuscada, se despedía de Serena.

-Tráeme algún día a los niños, ¿vale, Serena?- dijo Lira con su típica sonrisa pícara.

-¡Lira!- refunfuñó Serena, quien estaba roja como un tomate.

La chica de las coletas comenzó a reírse a carcajadas. Mientras, Serena la observaba muy mosqueada, vigilando continuamente a Ash para comprobar si se había dado cuenta del impertinente comentario de su amiga. En este caso sí que escuchó la conversación, pero decidió hacerse el tonto y apartó la cara rápidamente para que no le pillaran sonrojado.

-Ya veremos...- susurró Serena a Lira.

Las dos amigas se abrazaron, y tras ese momento, Ash y Serena se despidieron de Lira y se fueron a dar un paseo. Ambos iban cogidos de la mano, sin decir palabra alguna. Todas las lágrimas derramadas habían hablado lo suficiente. Ambos observaban las ajetreadas calles de la urbe, mientras Pikachu contemplaba los escasos árboles que habían por allí plantados. Ash estaba aun más callado que Serena, que tan solo comentaba lo que veía, pero no recibía una respuesta por parte de su amado, lo que la preocupaba, aunque supuso que aún no se había recuperado del todo como para mantener una conversación. Pero no era así.

-Serena.

-¿Qué pasa, Ash?- respondió Serena ilusionada ya que el joven de Pueblo Paleta había hablado de una vez por todas.

-¿Que te parece si comemos aquí?

Ash agarró a Serena por la cabeza suavemente y se la giró muy despacio hasta que los ojos de la joven apuntaron a un restaurante aparentemente de calidad. A Serena se le iluminaron los ojos como si de una niña pequeña se tratase y le dio un alegre beso a Ash, quien se quedó muy sonrojado. La chica de cabellos dorados agarró la mano de su amado y se lo llevó al interior del restaurante, donde disfrutaron de una peculiar velada. Mientras, Pikachu comía junto a otros pokémon en la zona correspondiente a estas criaturas.

Ash tenía pensado comer de una manera "elegante y limpia" para sorprender a Serena, pero al ver la buena pinta que tenía la comida se lanzó a ella como si no hubiese comido en mucho tiempo, lo que en parte era verdad. Mientras, Serena le observaba alegremente mientras se comía su comida más tranquilamente. Como no, Ash acabó atragantándose, lo que le avergonzó mucho ya que hasta ahora no se había dado cuenta de que estaba en una situación a la que los humanos la suelen llamar "cita". Miró a Serena fijamente para ver su expresión, pero esta se estaba riendo de su chico, hasta que ella también se atragantó. Ash se levantó rápidamente para ayudarla. Cuando ambos hubieron acabado su numerito, se sentaron en sus respectivas sillas muy avergonzados porque el personal del restaurante les observaba con una leve sonrisa en sus caras.

-Serena, perdón por compor...

Ash no pudo terminar de disculparse. Serena se levantó un poco de la silla y se inclinó hacia el joven para limpiarle la boca, que estaba un poco manchada de tomate. A los camareros esta situación le resultaba de lo más cómica, a la vez que romántica. Mientras, Ash y Serena se cruzaron sus miradas tiernamente, sin decir palabra alguna. Ambos continuaron con la comida, esta vez esforzándose de no llamar demasiado la atención. Comenzaron a comentar sobre la comida, sobre la apariencia del restaurante o sobre lo idiotas que les parecían los camareros por haberse reído de ellos. Ambos disfrutaban de esa larga conversación, mientras comían cada uno a su manera. De repente, Ash cambió de tema.

-Serena, ¿cuándo viajaremos de vuelta a Ciudad Luminalia?

Serena se quedó pensativa porque aún no había pensado en eso. De hecho, no quería ni pensarlo porque quería pasar el máximo tiempo posible con Ash. Por suerte para ella, ya tenía pensada una idea desde que Ash se recuperó.

-Ash...- dijo Serena con un tono un poco tímido y nervioso.

-¿Qué ocurre?

-¿Podríamos volver a Ciudad Iris?

-¿A Ciudad Iris?- preguntó Ash un poco extrañado.

-Creo que deberíamos ir allí. Hay un sitio al que quiero ir contigo...

Ash estaba muy intrigado. No sabía qué estaba tramando Serena. Aún así, decidió no preguntar, porque quería ver la respuesta con sus propios ojos.

-De acuerdo..., partiremos mañana a Ciudad Iris...- respondió Ash aún intrigado.

Esta disposición alegró mucho a Serena, quien de repente se levantó de la silla para inclinarse hacia Ash y darle un tierno abrazo. Una lástima que el brusco movimiento de Serena derramara su refresco sobre la mesa.

-Lo siento, ¡de veras!- decía Serena al camarero mientras se disculpaba una y otra vez.

Ash pagó la cuenta y ambos salieron del restaurante. Pikachu les seguía caminando detrás suya porque prefería dejar por el momento a su compañero con su amada y sus peripecias. Serena iba agarrada del brazo de Ash, mientras este procuraba sacar pecho, lo que le hizo gracia a la joven. Ambos siguieron paseando en la ciudad, hasta que decidieron hospedarse en un hotel barato para pasar la noche. Las caras de los jóvenes se pusieron rojas como un jalapeño cuando el dependiente del hotel les dijo que en la habitación que les quedaban la cama era de matrimonio. Ambos no dijeron palabra alguna hasta llegar a la habitación, mientras Pikachu les observaba extrañado ya que no entendía por qué sus amigos estaban tan callados. El ratón se quedó dormido sobre una silla. Mientras, Ash y Serena, tras un largo silencio que duró varios minutos, comenzaron a besarse tiernamente en la cama, hasta que se quedaron dormidos.

Nota del escritor: Lamento que os hayáis quedado con las ganas...

Otro bello día nacía. El sol iluminaba las calles, que poco tardaron en acoger a las miles de personas que vivían en la ciudad. Ash y Serena salieron pronto del hotel, para dirigirse a la estación de autobuses. Durante el trayecto, la pareja conversaba alegremente, aunque cada uno de los dos seguía sin poder creerse lo que les sucedió la noche anterior. Mientras, Pikachu estaba recostado sobre las piernas de Serena. Un par de horas después, los tres llegaron a su destino. Cogidos de la mano, Ash y Serena volvían a contemplar las emblemáticas construcciones que caracterizaban a Ciudad Iris. Volvieron a hacer turismo por la ciudad, visitando de nuevo la casa de las chicas kimono, donde vieron de nuevo el mismo espectáculo, y visitando también la Torre Quemada. Una vez hubieron acabado de visitar ambos lugares, Ash aún intrigado, decidió preguntarle a Serena qué hacían allí realmente.

-Serena...

-¿Sí?

-¿A dónde querías ir conmigo?

Serena se quedó mirando a Ash fijamente, le agarró la mano y le llevó hasta la torre que se situaba al lado de la Torre Quemada: la Torre Hojalata. El sol estaba comenzando a caer. Ash se acordó de las dos torres cuando las visitó años atrás cuando viajaba con Misty y Brock. Ese recuerdo le recordó otra cosa: la última vez que Ash y Serena visitaron Ciudad Iris, no fueron a la Torre Hojalata. Mientras, Serena caminaba sin decir palabra alguna, mirando durante todo el tiempo hacia delante. La joven de cabellos dorados entró junto a Ash, pero esta vez Serena iba agarrada del brazo de su amado. Ambos caminaban lentamente mientras observaban el bello ocaso y los hermosos cerezos que habían adquirido su belleza primaveral. La pareja entró en la torre, pero cuando se estaban dirigiendo hacia las escaleras, un calvo anciano que vigilaba la torre les bloqueó el paso.

-¡Alto! ¡Por aquí no pueden pasar!

- Déjales pasar, Hermano.

Ash y Serena se giraron para ver de quién se trataba. Serena no le reconoció, pero Ash sí.

-¡Morti!

-Cuanto tiempo sin verte, Ash.

-¿Cómo te va con el gimnasio?

-De maravilla. Por cierto, ¿quién es esta linda señorita?- preguntó Morti tomándole la mano a Serena y besándosela.

Serena se mosqueó al ver que un desconocido le estaba besando la mano, por lo que decidió apartarla rápidamente y le pegó un bofetón a Morti, quien se quedó perplejo.

-Es..., Serena, mi... mejor amiga...- dijo Ash, muy avergonzado por el comportamiento de su amada, aunque en el fondo estaba riéndose por la situación.

-Ya veo..., mis más sinceras disculpas, Serena...- respondió Morti, aún impresionado por la reacción y el carácter de la joven.

Serena le sonrió, aceptando sus disculpas, aunque aún seguía un poco mosqueada, aparte de que estaba comenzando a ponerse nerviosa porque se iba a hacer de noche.

-Hermano, déjales pasar.- repitió Morti al monje.

-Sí, Hermano Morti.

El calvo se apartó y dejó pasar a Ash y a Serena.

-¡Hasta la vista, Morti!- dijo Ash.

-¡Adiós Ash y..., Serena!- dijo Morti, quien tras perder a la pareja de vista, se acarició la mejilla izquierda, donde había recibido el bofetón de Serena.

Ash y Serena subieron las escaleras sin decir palabra alguna. Serena iba tirando del brazo de Ash, llevándolo a rastras. Iba con prisas. El joven de Pueblo Paleta no tuvo otra opción que seguir a su amada. Varios minutos después, la pareja llegó a lo más alto de la torre, donde se situaba la gran campana.

-Ash..., recemos.

-¿Que recemos?- preguntó Ash confuso.

Serena puso su mano derecha sobre el hombro izquierdo de Ash, y empujó hacia abajo para que se arrodillara junto a ella. Ambos contemplaban la campana mientras estaban sentados sobre sus piernas.

Ash comenzó a rezar, sin saber siquiera el porqué. Mientras, a Serena se le comenzaron a caer unas cuantas lágrimas por las mejillas.

-Gracias, gracias por dejar que Ash sobreviviera al veneno, por dejar que permanezca a mi lado, porque si no hubiera sido ese el caso, si Ash hubiera muerto, mi existencia no tendría sentido alguno.- dijo Serena dirigiéndose hacia la campana, llorando profundamente.

Ash paró de rezar y se fijó en Serena. Al oír esas hermosa palabras, y verla llorar de esa forma, comenzó a llorar él también, pero procurando no hacer ruido alguno.

-Ahora, permíteme hacerte otra petición. Haz que Ash y yo seamos uno, que nuestros corazones se unan, ¡y que nuestro amor perdure hasta el fin de los tiempos!

Serena lloraba sin cesar, tapándose la cara, porque aunque sabía que Ash aún estaba vivo, no sabía con certeza si estaría siempre a su lado. Ash la miraba llorando, muy feliz, y dirigió la vista al cielo. Parecía que Ash estaba siguiendo algo con los ojos. Poco después, miró de nuevo a Serena. Le apartó las manos de la cara para poder contemplarla una vez más. Serena había dejado de llorar, aunque tenía la cara todavía cubierta de lágrimas.

-Ha oído tus plegarias, Serena.

Ash besó apasionadamente a Serena, mientras el Sol se iba apagando poco a poco. Serena, quien se quedó impactada al haber recibido ese beso por parte de su amado, alargó su brazo izquierdo hacia la cuerda de la campana, para después comenzar a tocarla. La bella melodía que producía la campana fue culminada con otro tierno beso a la luz del ocaso. Mientras, un gran pájaro sobrevolaba la torre.

FIN

Espero que os haya gustado el epílogo de mi fanfic. Para finales de año igual vuelvo con otro.

Agradezco vuestros comentarios, y me alegro también de que os haya gustado esta historia.

Ivanapa