¡Hey! ¡Gracias a todos por los reviews! Se les agradece un paquetón! :D XOXO xD

Aquí un nuevo capítulo!

OUAT no me pertenece, si así fuera hubiera Swanqueen por un tubo y 7 llaves!

El sonido del teléfono la despertó. Gruñó un poco irritada, no debían de ser más de las 9 de la mañana y ella quería dormir más. Anoche se suponía que iría a un club, pero en vez de eso, se fue a un teatro a ver RENT con Ruby y luego dieron paseo por Manhattan, llegando a casa muy tarde.

Bostezó y levantó el teléfono.

-¿Qué? – dijo con voz ronca.

-¿Cariño? – era su madre.

-¡Cora! Déjala dormir – escuchó lejanamente, la voz de su padre. Sonrió, su padre siempre era comprensivo y entendía la necesidad de dormir, su madre era otro caso.

-¿Qué sucede, madre? – dijo fastidiada.

-Ayer te deje un mensaje, cariño. ¡No me respondiste y estuve muy preocupada! – dijo Cora.

-Mami…

-Debes venir – dijo apresuradamente.

-¿Por qué?

-Es que hace tanto que no vienes…

-¡MADRE! – dijo irritada.

Era increíble que solo le llamara para decirle que debería ir a Toronto a hacer prácticamente nada.

-Regina, cariño, ya sé que NY es fantástico, pero aquí en Toronto puedes hablar de Football y Hockey y todo eso que te gusta.

-Mami… no –dicho esto le colgó.

Su madre siempre hacia eso de llamarla y decirle que en Canada había más oportunidades, etc. etc. Pero a Regina eso no le interesaba. Ella quería NY y también quería dormir solo un poco más. Se acostó de nuevo y cerró los ojos esperando que el sueño le venciera pero no resultó. Su mente fue invadida de nuevo con el pensamiento de la belleza rubia de la noche anterior. Incluso viendo RENT no pudo dejar de pensar en ella.

Se levantó de la cama y se dirigió al baño para hacer su rutina matutina, sin dejar de pensar en la hermosa rubia, por supuesto. Hoy tenía que ir a un juego de Hockey. Toronto Maple Leafs contra NY Rangers, pero pensaba que no podría disfrutar de dicho juego, si la chica seguía infiltrada en su mente.

Luego de ponerse ropa, jeans negros y una camiseta de los Maple Leafs, se dirigió en el metro a una cafetería. Odiaba el Starbucks, así que fue a una cafetería cerca del estadio. El juego no empezaba sino hasta las 3 de la tarde, pero decidió salir de casa para que su madre no la molestara e incluso dejó el celular.

Una vez comprado el café y con periódico en mano se dirigió a un pequeño parque. Todo estaba tranquilo, había niños jugando, ancianos dando de comer a las palomas, personas corriendo y otras, como ella, leyendo el periódico. Mientras bebía su café y leía la sección de deportes, escuchó como alguien se caía. Levantó la vista. Allí estaba, sí, era ella, sin duda era ella. La rubia de los lentes estaba frente a ella, con mochila en mano y maldiciendo mientras recogía varios libros y un estuche de guitarra.

No lo pensó dos veces y se levantó del banco para ayudar a la dueña de sus pensamientos. La muchacha sonrió agradecida cuando todo estuvo de nuevo en su lugar. Regina le dio una sonrisa bobalicona. ¡Diablos! ¡Hasta ya le daba sonrisas bobaliconas!

-Gracias – dijo la rubia suavemente, arreglándose los lentes.

-No hay problema.

La chica la miró. ¡Tenía unos bellísimos ojos y una voz hermosa!

-¡Que educada! No quedan muchas personas así.

Regina se sonrojó y se reprochó mentalmente. Debía disimular, apenas la conocía y no sabía porque le atraía tanto aquella chica.

-Bueno, muchas gracias – dijo Regina, todavía sonrojada.

Debía pensar rápido. No quería que la chica se fuera. Se quedaron en un incómodo silencio.

-Bueno…

-¿Tocas la guitarra? – dijo Regina sin pensarlo y se sorprendió cuando escucho su voz preguntando.

La rubia miró el estuche.

-No, ha… es un bajo – dijo mirando todavía el estuche.

Regina no podía despegar la vista de ella.

-Eso es genial – dijo -. Yo no sé tocar nada.

¿En serio acababa de decir eso? ¿Yo no sé tocar nada? ¡¿En serio?! Se reprochó mentalmente de nuevo. La chica la miró y asintió.

-Bien… hasta luego – dijo la rubia sonriendo tímidamente.

-Hasta luego – dijo ella bajito.

Y allí se iba de nuevo. ¿Es no podía decir algo o entablar una conversación? Ella podía entablar una conversación con sus amigos fácilmente, pero es diferente cuando se trata de un extraño. Admiraba a esas personas que sí podían entablar una buena conversación con otros extraños. Sentía envidia por eso. Tomó asiento de nuevo y puso su cabeza entre sus manos.

La rubia se le había aparecido como un ángel caído del cielo y luego se había ido, así como había llegado. Era una imbécil.

Suspiró. Esa chica el día de hoy se veía particularmente hermosa. En la repostería, de lejos y con la luz de la laptop dándole en la cara se veía hermosa. Pero hoy, con esos lentes, de cerca, se dio cuenta de que era bellísima. A pesar de llevar lentes se dio cuenta de que sus ojos eran verdes y que los rayos del sol sobre su pelo le daba cierto aire angelical. Bellísima… más que hermosa, bellísima. Preciosa, se atrevería a pensar.

Pero se había ido. Miró el reloj y se dio cuenta de que faltaba media hora para el juego y que había durado horas sentada en ese banco pensando en la rubia, así que corrió a un Subway y pidió un sándwich para llevar. Con su sándwich y su cámara en mano se sentó cerca de la cancha de hielo cuando el juego apenas acababa de empezar. Sonrió feliz, si había algo que le gustaba eran los juegos de Hockey. Su padre y ella eran fieles fanáticos.

Se puso la gorra de los Maple Leafs y sacó su cámara y empezó a tomar fotos a diestra y siniestra. El lunes esas imágenes debían estar en la oficina. En el juego varias personas le preguntaban su opinión y ella respondía amablemente, al parecer se estaba ganando el cariño de los neoyorquinos.

Cuando estaba en medio tiempo se dirigió al baño y allí la vio, de nuevo. Se sorprendió y también la rubia.

-¿Me estas siguiendo? – dijo la rubia divertida.

-¿Qué? - ¡Dios! No quería que ella pensara que estaba acosándola.

-Estoy bromeando – dijo sonriendo.

¡Esa era la sonrisa más hermosa que había visto!

-Oh – dijo Regina, fascinada por esa sonrisa.

-Así que fan de Maple Leafs – dijo la chica.

¡BIEN! Esa era su oportunidad.

-Sí – respondió Regina-. Soy canadiense, Toronto, exactamente.

Estaba nerviosa. Era como si quisiera vomitar.

-Bueno, Canada… - dijo sonriendo la rubia-. Los Rangers ganaran.

-No lo creo – dijo ella tímidamente.

-Eso ya lo veremos – dijo saliendo del baño.

Regina se mojó la cara y soltó un suspiro. Esa chica era hermosa y no le cabía duda de que la volvería a ver, digo, 2 veces en un solo día. Eso, damas y caballeros, era destino…

Y ese fue el segundo capítulo… ¿Qué opinan? ¿Va bien? ¿Muy cursi? Bueno, ¡pues díganme que opinan! :D