¡Buenas Noches!

Antes que nada, ¡gracias por los reviews! Y lamento la tardanza, pero como sabrán debía subir capítulos de SNTM y de paso se me ocurrió otra historia: I'm Not The Only One, en la que estoy trabajando y no he actualizado en alguna otra… lo siento… Tratare de no abandonarlas de la manera en que lo hice.

Bueno, como sea… OUAT no me pertenece, pero esta historia, sí.

Había pasado un mes, un mes desde la última vez que vio a la rubia y esta no la había llamado, como había prometido.

Durante aquel mes, se sumió en el trabajo, para ver si el tiempo se iba rápido y cada noche solo pensaba en la rubia, hasta que se quedaba dormida. No podía despegarla de su mente, pensaba en ella todo el tiempo. Mientras daba las noticias y opiniones, pensaba en ella. Mientras jugaba tennis los domingos, pensaba en ella. Mientras hacía sus rutinas, pensaba en ella. En todo momento pensaba en la rubia de ojos verdes.

Salió del set de deportes y se acercó a Gold, el productor del programa.

-Excelente, querida – dijo el hombre con una sonrisa.

Regina le devolvió la sonrisa amablemente y agradeció tímidamente. Se dirigió a su camerino para recoger sus cosas. Mientras hacía esto, pensó por milésima vez, que debía dejar de pensar en cierta rubia que no la había llamado. Era un caso perdido. La rubia era demasiado buena, como para que saliese con ella.

Una vez lista salió del edificio sin saber que el destino le tenía preparada una pequeña sorpresita.

Mientras tanto no muy lejos de allí. Una rubia iba corriendo con su pequeño hijo. Ambos iban corriendo con grandes sonrisas juguetonas.

-¡Mami! – dijo el niño sonriendo señalando hacia algo o alguien.

-¿Qué pasa, chico? – dijo Emma mirando a su pequeño hijo de 4 años.

-Allí – chilló él, sonriendo y señalando.

Emma frunció el ceño. Pocas cosas hacían que Henry se pusiera así, de eufórico, como en ese momento. Sabía que solo lo que lograba ponerlo así, era la visita de sus tíos, ver autos de F1 y Nascar, el Football y el Hockey, a… y la chica de los deportes, a quien debía llamar.

La debía llamar, sí. Pero… ¿Qué le iba a decir? ¿Y dónde la llevaría si fuese una cita? Regina se veía especial, como para llevarla a cualquier lugar.

-¡Mami! – chilló el niño nuevamente y moviendo su pantalón -¡Mira! – dijo él con los ojos brillosos.

Emma levantó la cabeza para ver como Regina estaba justo en frente de ellos, tirándose fotos con algunas personas que sonreían al ver a la chica más sexy de ABC.

-¡Es ella, mami! ¡Es el ángel de los deportes! – dijo Henry emocionado.

Sonrió y recordó como su hijo y ella le habían puesto el apodo a la chica. Henry había dicho que ella parecía un ángel y ella había agregado que era el ángel de los deportes. Desde ese momento Henry, la llamaba así.

Henry soltó su mano y corrió hacia Regina velozmente. Emma reaccionó rápidamente y fue a buscar a su pequeño, pero inteligente hijo. Aunque no fue lo suficientemente rápida para atrapar al pequeño, quien ya estaba enfrente de Regina y la miraba como si fuese lo más precioso del mundo.

Regina, que había terminado de tirarse una foto con unas adolescentes, se sintió profundamente observada. Miró hacia todos los lados un poco confundida y luego bajó su vista, para toparse con un pequeño, que la miraba intensamente. Ella enarcó una ceja y se agachó con cuidado.

-¿Estás perdido? – preguntó dulcemente.

El niño negó con la cabeza y en ese preciso instante, Emma interrumpió la escena.

-Henry no puedes correr así – dijo con la respiración agitada mirando a su hijo.

Regina se quedó sin aliento, Emma estaba frente a ella y le hablaba al niño que, seguía mirándola con admiración.

-Mami, es el ángel de los deportes – dijo él, señalándola con sus manitas.

¿Mami? ¿Ángel de los deportes? Pero, principalmente ¿Mami?

-¿Mami? – preguntó Regina, embobada mirando al niño.

Entonces, Emma cayó. Ella estaba frente a su hijo, quien miraba a Regina, como siempre lo hacía cada vez que aparecía en la televisión, mientras que Regina también miraba al niño, dándose cuenta del parecido que había entre ambos.

Se pasó la mano por la cara y la observó detenidamente. Tenía un vestido negro y un abrigo del mismo color, también llevaba zapatos de tacón y un maquillaje ligero. A su juicio, se veía exquisita. Carraspeó nerviosa.

-Hola, Canada – dijo ella soltando una risita nerviosa.

Ahora tenía que explicarle porque no la había llamado, pensó.

Regina despegó la vista del pequeño y miró a la rubia detenidamente. Hermosa, pensó.

-Hola, Emma – dijo ella tímidamente y luego miró al pequeño-. Hola, pequeño – dijo sonriéndole y tendiéndole la mano.

Henry le dio la mano.

-Hola, ángel de los deportes.

Regina se sonrojó. Estaba encantada con el pequeño y solo llevaba 5 minutos frente a él.

-Henry, cariño, ella se llama Regina – dijo Emma-. Regina, este es mi hijo Henry.

¿Hijo? Se sorprendió. La rubia era demasiado joven como para tener un hijo.

-Es un placer, caballerito – dijo ella.

El niño chilló y se escondió detrás de la pierna de su madre, con una sonrisita.

-Así te quiere decir gracias – dijo ella.

Regina asintió.

-No me llamaste – dijo ella, sorprendiéndose de su reproche. Se supone que no le diría nada.

-Yo este… Este mes… no tuve con quien dejar a Henry y solo podía ir del trabajo a la casa. Lo siento – dijo Emma, reprochándose de no llamarla.

No había olvidado la belleza de la canadiense, pero verla de persona era mejor que un recuerdo. Sintió como Henry, le topaba para decirle algo.

-Espera – musitó y se puso a la altura de su hijo, quien le susurró algo al oído, ella asintió – Esta bien, chico – se dirigió a Regina-. El caballero y yo queremos saber si te gustaría acompañarnos al Central Park. Allí habrá un juego de baloncesto, entre unos chicos y Henry quiere ir.

Ella miró al pequeño, quien la miraba a la expectativa.

-Será un placer – dijo ella sonriendo y dejándose tomar de la mano de Henry, quien se colocó entre las dos mujeres.

Estaba gratamente sorprendida. No esperaba encontrarse a la rubia y más con un niño. Pero debía admitir que ese niño era encantador, como su madre y que ahora, más que nunca, quería conocer cada faceta de la rubia.

Emma miró a Regina quien caminaba hablándole a Henry, quien estaba fascinado. Había pensado en llamarla, pero el niño se había enfermado y no lo había dejado solo ni un solo segundo. Sonrió, era absurdo encontrarse nuevamente con "Canada", pero esto era el destino y sin duda algo las quería juntas.

¿Qué me dicen? ¿Bueno? ¿Malo? ¿Mediocre? ¿Pésimo? ¿Excelente? xD

OPINEN y no duden en preguntarme, ustedes saben que voy a responder. :D

¡Gracias por leer!