Antes que nada… ¡Gracias por los reviews! :D

Segundo… Gracias por seguir leyendo y tenerme paciencia, la verdad es que soy un poco nueva en esto y soy un poco desastrosa. ¡Son las mejores lectoras!

Como sea… OUAT no me pertenece, la historia sí.

Disfruten la lectura.

No se concentró en el juego, y no es que no quisiera, era que no podía. Nunca imaginó que alguien podría quitarle la concentración de aquella manera, pero definitivamente Emma y Henry lo hacían. ¿Se estaba enamorando? Al parecer sí. Tenía todos los "síntomas" que Zelena, su hermana mayor y Ruby le habían dicho, sobre enamorarse.

Estaba más que nerviosa y sentía mariposas en el estómago. Era como si se fuese a enfermar en cualquier momento, se sentía eufórica y a la vez, con ganas de vomitar. Aquello no era normal…

Nunca antes se había sentido de esa manera, y había tenido diferentes novios en la secundaria y en la universidad, pero nunca antes se había sentido así. Era una sensación totalmente desconocida, pero, si se estaba enamorando ¿Debía de ser de esa manera? ¿Le tendría que decir? ¿O debería alejarse?

Su madre le había dicho que solo los locos se enamoraban de manera inmediata de alguien, pero ella no se había enamorado así de rápido, no. Gracias a aquel mes, lejos de la rubia se había dado cuenta de que se ponía de mal humor pensar que no la iba a llamar.

Suspiró audiblemente y sacudió discretamente su cabeza. Miro el juego, en ese momento uno de los entrenadores le gritaba a uno de los muchachos de manera agresiva.

-Cuando sea grande quiero jugar así – dijo Henry, atrayendo su atención, como si fuese un imán.

-Vas a hacer un gran jugador – dijo ella dulcemente.

Emma la miró con ternura.

Les fascinaba la sonrisa de Regina y esos ojos marrones. Observó como Regina se quitaba su abrigo para tapar a Henry, quien en ese momento se había estremecido un poco, debido a la baja temperatura de aquel día. Se reprochó mentalmente por no ponerle un sweater o algo, al pequeño, antes de salir.

-No es necesario, Canada – dijo ella dulcemente.

Regina se encogió de hombros.

-No importa, además no sería bueno que se enfermase – dijo, acariciando el cabello de Henry, quien sonrió gustoso, pero no despegó su vista del juego.

Emma se quitó su chaqueta roja y se la puso a Regina.

-Tampoco quiero que te enfermes – dijo ella.

Regina se sonrojó violentamente y volvió la atención al juego, mientras ella los miraba a los dos. La imagen ideal, pensó. Henry tenía su mano junto con la de Regina, quien le seguía acariciando el cabello maternalmente. Ambos parecían fascinados uno con el otro, y ella estaba fascinada con los dos.

Una vez el juego terminó, Henry insistió en comer helado.

-Henry, ya Regina nos hizo el favor del juego, seguro tiene cosas que hacer – dijo fingiendo que no importaba que se negara a acompañarlos.

-No tengo ningún problema – dijo ella-. No tengo nada mejor que hacer.

Henry saltó con emoción y se dirigieron a la heladería. La velada resultó agradable, a pesar de que Emma se moría de vergüenza por la cantidad de preguntas de Henry hacia Regina. Le había preguntado demasiadas cosas y Regina no parecía molestarle, al contrario, lucía encantada.

Luego de un rato, Regina recibió una llamada y se tuvo que despedir. Emma y Henry se quedaron en la heladería sentados. Henry parloteaba acerca de lo adorable y linda que era Regina. Una vez más confirmaba que su hijo estaba fascinado con la morena, y que estaba realmente feliz de haberla visto en persona. Incluso la hizo prometer que se volverían a ver lo más pronto posible. Una excusa perfecta para verla de nuevo, pensó Emma con una sonrisa. Le sonrió a su hijo y se dio cuenta de que este todavía portaba el abrigo de Regina. Se golpeó mentalmente la cabeza, pensando en que la morena se estaba muriendo de frio, pero se dio cuenta de que ella no tenía su chaqueta roja.

Suspiró de alivio y sonrió con satisfacción. Otra garantía de que la iba a volver a ver.

Mientras tanto, Regina llegaba al pequeño departamento de Ruby, cuando cayó en la realidad de que no tenía su abrigo sino la chaqueta de Emma.

Maldijo en voz baja, al pensar que Emma tenía que estar pensando en ella era una autentica torpe y también se reprochó al recordar que no tenía el teléfono de la rubia. Más torpe no podía ser, pensaba ella, pero sus pensamientos rápidamente se trasladaron al reencuentro con la rubia y al encuentro con Henry, quien resultó ser todo un príncipe. También pensó en la tarde y en cómo iba a averiguar una forma de comunicarse con Emma.

No lo podía negar… La rubia acaparaba todos sus pensamientos.

NUEVO CAPITULO ANTES DEL LUNES! SIIIII XD

¿Qué me dicen? ¿Bueno? ¿Malo? OPINEN Y NO DUDEN EN PREGUNTAR :D

Gracias por leer.