Hola a todos de nuevooo! Aquí traigo recién salido del horno un nuevo capítulo de este fic. Disfruten mucho!


Capítulo 3

-Vale, Jeff, -dijo Liu- estuvo muy bien el numerito ese tan improvisado de matar al guardia. ¡¿Pero quieres sacarnos de aquí?!

-Ten un poco de paciencia, hermanito. Primero tengo que saber cómo abrir las celdas, ¿no? Y otra cosa... ese "numerito" del que hablas... no estaba improvisado.

Eché un vistazo a mi alrededor hasta que vi, junto a la celda de Sally, un pequeño panel luminoso. Cuando acerqué mi rostro a él para averiguar cómo se activaba, en una pantalla se vio: "Escáner ocular erróneo. Inténtelo de nuevo".

-Vaya, creo que necesitaremos los ojitos de nuestro amigo muerto.

Cogí como pude el cadáver y lo arrastré hasta el panel. Este se puso en verde y en la misma pantalla se leyó: "Acceso concedido". Se abrió la puerta y Sally pudo salir por su propio pie.

-Gracias, Jeff. -dijo con su voz tan delicada.

-No hay de qué, preciosa. Ahora ayúdame con el resto.

Hicimos lo mismo para el resto de presos: primero con Ticci Tobby, quien me dio un emotivo abrazo antes de seguir con The Rake, quien estaba contentísimo como si fuera un perro al salir de la perrera. El último fue mi hermano.

-Esto... Jeff, siento haberte echado la culpa de todo. La rabia hacia ti me había cegado.

-No pasa nada, Liu. Todos cometemos errores de los que nos arrepentimos. ¡Menos yo! -al ver la cara de disgusto de mi hermano respondí rápidamente, entre risas- ¡Es coña! ¡Yo también suelo cometer pasos en falsos! Un asesino se forja a base de fallos. Ahora en serio: vosotros tenéis que salir de aquí.

Me miré las mangas de la camisa de fuerza y me di cuenta de que me molestarían si quería acabar con aquel científico loco.

-Oye, Rake, ¿puedes hacer algo con estas mangas? No me cortes las manos, porfa.

Con sus enormes garras Rake recortó las mangas de la camisa hasta dejarlas en un buen tamaño para mí.

-Gracias. Ya estaba empezando a molestarme tanta manga.

Oímos unos pasos rápidos y en poco tiempo aparecieron muchos guardias.

-Mierda. - dije, disgustado- Fijo que oyeron el disparo.

Vi que el reciente cadáver tenía en su cinturón un cuchillo, así que lo cogí y dije:

-Vosotros marchaos. Yo me encargo de estos.

Escuché un disparo y vi cómo uno de los guardias se desplomaba hacia atrás. Cuando giré mi cabeza vi a Liu empuñando la pistola del carcelero a quien yo había matado. Mi hermano me miró y sonrió, seguramente por mi cara de sorpresa.

-Mira, Jeff, no te hagas el héroe, ¿vale? Acabarás mal si lo haces.

-Tomo nota. ¡Menuda puntería la tuya, por cierto!

-Recuerda que yo siempre te conseguía los peluches de las ferias. Otra cosa, sé dónde puede estar el doctor, así que sígueme.

-Vale. ¡Toby, Rake, proteged a Sally y cubridnos mientras vamos a por el doctor Muerte!

-Eso está hecho. -respondió Ticci Toby- Pero hay un problema... me quitaron mis hachas.

-No te preocupes, Toby. Aquí al lado hay una sala donde guardan los objetos confiscados. Esperad un momento.

No habían pasado ni dos minutos cuando Liu volvió con las hachas de Ticci Toby en la mano: una de las hachas tenía el mango naranja y la otra era muy vieja. A Toby se le iluminaron los ojos y, cogiendo ambas armas con una mano, con la otra se colocó sus gafas, la capucha de su sudadera y se tapó la boca con un pañuelo de rayas verticales que hacían parecer que se dibujaba una sonrisa en el rostro del también asesino psicópata tirando a bipolar. Giró las hachas en sus manos y nos dijo:

-Ya podéis iros tranquilamente.

-Cuando acabéis con todos marchaos, ¿vale?. -respondí.

-Dicho y hecho. Te deseo toda la suerte del mundo, Jeff.

Liu y yo corrimos, dejando atrás a mis amigos, hasta llegar a una especie de despacho, sala de control o como se llame. Cuando llegamos allí tuvimos que escondernos tras una esquina porque la entrada estaba vigilada por dos seguratas.

-Hay que deshacerse de ellos antes de ir a por el doctor. -susurró Liu.

-Vale. Tú silba para atraerlos aquí y así los matamos.

-Hecho... -mi hermano dio un respingo y añadió, molesto, sin elevar la voz- ¡¿Por qué tengo que ser yo el que los distraiga?! ¡Ya he tenido bastante con traerte aquí!

-Yo nunca he sabido silbar, Liu. Y lo sabes.

Se me quedó mirando un buen rato antes de suspirar con los ojos cerrados y responder:

-Está bien, Jeff.

Silbó y pronto los guardias vinieron hacia nuestro escondite, donde yo apuñalé a uno mientras que Liu se encargó del otro dándole fuertemente con la culata de la pistola, provocándole la muerte.

-Ahora que tendremos más intimidad, vayamos a por el calvito.

Según dije eso, entramos en el despacho del doctor.

-¡Bueenas, doc.! -saludé- Parece que tu seguridad no es tan buena como te creías.

Henry se levantó de su silla, con el miedo reflejado en sus ojos.

-¡¿Cómo habéis escapado?!

-La única manera en la que puedes retenerme, bola de billar, es con muchas cadenas. Y creo que ni eso podría hacer nada conmigo.

No dijo nada, sino que, corrió como alma que lleva el diablo hacia una salida que había al otro lado de la habitación

-¡Se escapa! -exclamó Liu.

Mientras mi hermano soltaba tacos por lo bajo mientras corríamos hacia aquella vía de escape, yo sonreí al ver al científico corriendo como un cobarde.

-No por mucho tiempo. Dame la pistola.

Liu me dejó el arma y yo disparé a la parte de atrás de la rodilla de Henry, quien gritó de dolor.

-Ya me encargaré de dar el golpe final.

Vi un panel de control con un botón rojo que decía "Pulsar para activar secuencia de autodestrucción". Dejé la pistola encima de una mesa cercana y golpeé el botón con la palma de mi mano. Una fuerte alarma empezó a sonar y un reloj digital que marcaba cinco minutos apareció en la pantalla de aquel panel de control mientras una voz de robot decía: "Secuencia de autodestrucción activada"

-¡¿Estás loco, Jeff?! ¡Esto va a estallar cuando acabe esa cuenta atrás! ¡¿Alguna vez en tu maldita vida piensas en lo que haces...?!

-¡Liu, ¿quieres escucharme por una vez en tu vida?! Tú llévate a Sally y al resto fuera. Yo me encargaré del doctor. Pienso arreglar lo que he provocado al apuñalarte.

Nos quedamos mirando fijamente el uno al otro hasta que Liu asintió y se dio la vuelta para irse cuando dijo:

-Ten cuidado, ¿vale?.

-Tú tranqui, hombre. Saldré ileso de esta, te lo aseguro. Te guiñaría un ojo pero no tengo párpados.

Mi hermano sonrió y se marchó.

-Bueno, señor Henry Jones. Ahora te vas a enterar de lo que pasa cuando haces enfadar a un asesino psicópata.

POV Henry Jones

En todos los pasillos se escucha la fuerte sirena que indica la autodestrucción de todo el edificio. Elegí un buen momento para escapar de ese psicópata de Jeffrey Woods, quien ahora viene a por mí. No lo creo. Lo sé.

La herida de bala de mi rodilla me quema, pero tengo que llegar hasta la salida aunque sea cojeando y con una grave hemorragia. No debo dejar que ese maldito asesino me coja. Fui un necio y un idiota al subestimarlo. Debí acabar con su vida en aquella misma celda cuando tuve la oportunidad. Y ahora estoy corriendo como un cobarde por estos laberínticos y largos pasillos, como una presa herida que intenta huir a toda costa del cazador que la persigue.

Mi corazón viejo late a una velocidad desenfrenada y empiezo a sudar por mi frente y manos. Mi mente se vuelve confusa por culpa del miedo y ya no sé a dónde tengo que ir. Solo corro y corro sin rumbo a pesar del insufrible dolor de mi rodilla. ¡Maldita sea! Me encuentro en una encrucijada. ¿Izquierda o derecha? No sé a dónde ir y si vuelvo sobre mis pasos ese psicópata me va a alcanzar.

Al final voy por la izquierda, pero estoy en un callejón sin salida. Mis palpitaciones aumentan y el estómago se me encoge cuando oigo pasos a mis espaldas. A pesar del miedo, no me queda más remedio que darme la vuelta. Ahí está, Jeffrey Woods, acercándose a mí con la camisa de fuerza destrozada en sus mangas y sujetando un cuchillo en la mano, mientras en el rostro blanco del psicópata se acentúa su sonrisa sangrienta y su mirada de psicópata se clava en la mía. Estoy paralizado. Quiero huir pero mis piernas no me responden. Lo único que me queda es rezar.

-Te creías muy listo al encerrarme en esa celda usando a mi hermano, ¿verdad? -me dice, con una voz sobrecargada de locura- Pues debiste pensarlo dos veces antes de enfrentarte a mí.

A cada palabra que salía de su boca él va acercándose más a mí. Intento retroceder, pero una pared con la que mi espalda choca me lo impide.

-Hay que estar loco para tratar de matarme. -continúa, riéndose de mi cobardía-Y nadie está a la altura de mi locura, ni mucho menos. Y lo peor de todo es que encerraste a varios amigos míos, entre ellos una niña pequeña, solo porque sabían demasiadas cosas. Ellos son como yo, Henry: cuando los provocas, pueden ser unos asesinos tan mortíferos como yo.

Está a unos pocos pasos de mí. No puedo hacer nada más que escuchar sus palabras, pronunciadas de la forma que solo un loco podría hacer.

-Y te equivocaste cuando dijiste que Slenderman volvería a seguir tus órdenes sin rechistar si acababas con mi vida. Lo que pasaría sería justo lo contrario: mi amiguito sin cara aparecería detrás de ti y te clavaría todos sus tentáculos, sacándote el corazón, que sería lo último que verías.

Da los últimos pasos antes de que su cara esté tan cerca de la mía que puedo sentir su respiración llena de serenidad, sorprendiéndome y, a la vez, asustándome su capacidad para mantenerse tranquilo cuando va a asesinar a sus víctimas. Sin quererlo me obligo a fijar mi mirada en sus ojos, que reflejaban la locura en su estado más puro.

-Por favor... -logro balbucear, con la voz temblorosa por el miedo que invadía i cuerpo- ...ten piedad de mí.

-No tuviste piedad con aquel joven inocente que ahora es Slenderman. Si no mostraste compasión con él... Yo tampoco seré compasivo contigo.

Con un rápido movimiento me corta la oreja y no puedo evitar un grito de dolor, antes de apoyar una mano en la zona de la que ahora emana a borbotones el líquido escarlata y caliente. No sé si son imaginaciones mías o está pasando de verdad, pero creo que, cuando veo ahora directamente a los ojos del psicópata, el color de su iris se ha vuelto rojo, y ahora mismo estoy viendo al mismísimo Diablo. No sé si es por el dolor o por la presión, pero comienzo a llorar. Me veo como un niño pequeño delante del monstruo de su armario.

-Tengo la teoría de que, cuando estamos delante de la Muerte, nos mostramos tal y como somos. Y tú no eres más que un cobarde, un egoísta y un arrogante.

Sufro un nuevo corte en la mejilla, esta vez más lento y doloroso como una operación sin anestesia. Intento gritar de nuevo, pero Jeffrey me tapa la boca, ahogando mi voz, y se pone un dedo de la mano que sujeta el cuchillo en sus casi inexistentes labios.

-SHHH. Go... to... sleep.

Noto cómo algo frío pasa rápidamente por mi cuello. En mi torso noto cómo mi propia sangre me cubre de cuello para abajo. Me deslizo por la pared en la que estoy apoyado hasta quedarme sentado en el suelo, como una marioneta a la que le han cortado los hilos. Escucho la risotada diabólica de ese asesino y veo cómo se aleja de mí por el pasillo, lentamente y sin dejar de reír. Y, unos pocos segundos más tarde...oscuridad.


Y aquí acaba este capítulo algo corto pero muy emocionante, al fin y al cabo. Recuerden dejar sus reviews (las contestaré en el próximo capítulo). Siento ser una pesada con esto de las reviews, pero es que me gusta mucho saber la opinión de cada uno de ustedes. Lo agradecería mucho. Un saludo y nos vemos en el próximo capítulo!

Lady Lyuva Sol: A mí me gustan mucho los creepypastas, no quiere decir que yo sea una experta en ellos. Normalmente cuando me gusta algo intento buscar toda la info posible simplemente porque ese algo me gusta :) (por cierto, espero que no se te hayan quemado las habas)

Guest: No sé quién eres, pero gracias por tu review. Y si te soy sincera, el creepypasta de sally más que miedo me da penita la pobre niña.