Aclaraciones del capítulo:

Como lo prometí, aunque el capítulo tres tardará más en salir. Comienzan a suceder escenas más interesantes.

Reconocimientos a: «silvermoon249» de cuyo livejournal tomé las letras de las canciones traducidas por ella al inglés. Y al canal de youtube de «Aira» que tiene un magnífico video de la coreografía que me inspiró y que, con ciertos cambios, recreé en este capitulo. Recomiendo verlo. También a K-chan por su maravilloso review y sus ánimos ¡espero que disfrutes también de éste capítulo!

Disclaimer: Uta no Prince-Sama no me pertenece. Ni el anime ni los juegos.

Capítulo 2

El amor del cuarteto nocturno

Quartet Night

—¡Buen trabajo equipo! Es hora de un descanso.

Una serie de suspiros aliviados se escuchó luego de esas palabras.

Otoya se limpió el sudor de la frente y miró alrededor.

Eran ya las tres y media de la tarde, y el pelirrojo se encontraba en medio de una grabación para un comercial. Para su alegría, el trabajo estaba marchando perfectamente. De seguir así, en un par de horas más podría terminar y tendría el resto de la tarde libre.

—¡Itokki-kun, ya puedes bajar de ahí!

El joven bajó con cuidado del plató. Una vez fuera tomó con gratitud la toalla que la Directora artística le extendía. La mujer -de alrededor de los treinta y con bonitos ojos cafés- se había mostrado muy atenta, no sólo con él, sino también con el resto del equipo. Otoya esperaba volver a trabajar con ella.

—También deberías descansar, Itokki-kun. Tu desempeño ha sido excelente, a este ritmo terminaremos pronto —y agregó—. Puedes recorrer el lugar y tomar aire, siempre que no te apartes del sector C. Enviaré a alguien por ti cuando te necesitemos de vuelta.

El joven le agradeció, y ella se alejó a hablar con otras personas.

En el pasillo el aire corría agradablemente. Otoya se dirigió con calma hacia la parte delantera del sector. Recordaba haber visto allí un grupo de máquinas expendedoras cuando había entrado. Por el camino encontró una ventana con vista al parque interior, y se entretuvo en mirar por allí.

Fue entonces, que una conversación captó su atención.

Un grupo de chicas se encontraba justo debajo de la ventana. Desde su ubicación podía obtener una buena vista sin ser observado. Por las chaquetillas rosa que llevaban sobre las ropa, Otoya las identificó como maquillistas, y parecían, al igual que él, estar disfrutando de un descanso.

—¡No bromeo!—escuchó decir a una de ellas— Pude pasar junto al estudio mientras estaban grabando ¡Era un miembro de Starish! —tomó aire para continuar— Deberían verlo, es tan encantador como en televisión.

—¡Yo podría escuchar sus canciones todo el día!

El grupo rió y el joven se sintió algo abochornado, pero complacido.

—¿Tú que opinas, Nany?

La joven a la que se referían había permanecido callada. Era algo mayor que las demás. El idol le calculó unos veintisiete años, de rasgos finos y apariencia madura. En su posición pudo observar bien cuando ella comenzó a meditar una respuesta, y justo cuando comenzaba a pensar que no estaba bien seguir escuchando, la mujer habló:

—Las canciones de Starish son buenas, sí. Yo también las disfruto —y continuó—. Pero creo que aún les falta algo —suspiró y añadió soñadoramente—. Una fuerza ardiente y abrasadora, que te deje totalmente desestabilizada.

De golpe, la chica pareció recordar a quienes les estaba hablando, y cambió su voz a una más burlona.

—Pero claro, supongo que está bien para niñas como ustedes.

El grupo continuó riendo, pero Otoya ya no escuchaba. «¿Fuerza ardiente y abrasadora?» se preguntó con curiosidad.

Su mente siguió dándole vueltas a esa idea durante algunos minutos más, hasta que el eco de unos zapatos de taco, que se escuchaban fuertemente en el pasillo vacío, llamó su atención.

Por la esquina vio doblar a una joven mujer, a quien Otoya reconoció rápidamente como una de las asistentes de la producción.

Sintió su cuerpo llenarse de energía. Era hora de volver al trabajo.

Al ser un día de pleno verano el sol aún estaba en lo alto a las seis de la tarde, cuando Otoya regresó al fin al edificio de la agencia Shinning.

Una vez allí, subió directamente a su habitación y, después de dejar sus cosas y tomar una rápida ducha, bajó al salón en busca de compañía.

La habitación era comúnmente el lugar de reunión de los jóvenes, sobre todo después de un día de trabajo. Era amplia y acogedora, con grandes ventanales del techo al piso que permitían el paso de la luz durante todo el día. Los muebles eran de madera, y los tapizados y las cortinas , de colores cálidos.

En el lugar se encontró con Syo, Cecil y Masato, que lo recibieron desde los sillones, donde estaban descansando.

Otoya se dejó caer junto a ellos y divisó, con alegría, un plato con dulces en la mesa de café frente a él. Sin embargo, cuando ya había tomado uno y estaba a punto de comer, Syo recordó advertirle:

—¡Espera! Natsuki ha dejado esos una hora atrás.

El pelirrojo soltó un suspiro decepcionado y soltó el dulce, agradeciendo con una mirada al rubio. Eso explicaba porque quedaban tantos en el plato. No había podido comer nada durante la grabación y la idea de comida se le hizo irresistible. Pensó en ir a la cocina.

Fue entonces que recordó qué le había impedido comer esa tarde. Intentó reproducir en su cabeza la conversación que había escuchado. Unos minutos después, cuando Syo y Cecil habían comenzado a discutir por alguna nueva tontería, Otoya, sin pensar realmente lo que decía, dejó salir sus dudas:

—Ne... ¿Ustedes creen que tengo una "fuerza ardiente"?

Sus palabras, dichas con absoluta inocencia, encendieron los rostros de Masato y Syo, que sin saber que decir lo miraron con grandes ojos de sorpresa. Cecil en cambio, totalmente ignorante de la incomodidad de sus amigos, no tardó en contestar al pelirrojo que, también inconsciente de cómo había sido malinterpretado, aún esperaba una respuesta.

—Yo sí creo que Itokki-kun es ardiente —el príncipe habló con naturalidad. Masato y Syo voltearon hacia él y sintieron como se enrojecían todavía más—. Creo que cuando Itokki-kun está sobre un escenario tiene tanta energía como el fuego —continuó Cecil— ¿A eso te referías, Itokki-kun?

Masato suspiró al entender ahora sus palabras. Mientras Syo, aún con las mejillas encendidas, reprendía al moreno por -según el rubio- hablar tan inconscientemente y crear confusiones, el joven heredero Hijirikawa se dirigió al pelirrojo.

—Otoya ¿A qué viene esa pregunta?

Syo y Cecil -éste último aún sin comprender el enfado del menor- se dispusieron a escuchar.

Contarles la historia no le llevó más que unos minutos, y para cuando hubo terminado los tres chicos permanecieron mirándolo fijamente.

—¿Ardiente y abrasadora? No estoy seguro de entender eso —el carácter siempre sincero de Cecil evidenciaba su intriga. A su lado, Syo pensaba con tanta fuerza que su ceño se había arrugado, casi logrando juntar sus cejas. A Otoya ambos gestos se le antojaron adorables.

Masato se llevó una mano a los labios mientras reflexionaba.

«¿Es posible que a nuestras canciones les falte algo?»

Otoya, al notar el cambio en el ambiente, intentó aligerar la situación.

—Bueno, bueno. Tampoco hay que tomarlo tan seriamente —y una idea de pronto se le ocurrió—. ¿Que tal si le preguntamos a Tokiya? Él es, después de todo, el más experimentado de los siete. Además —continuó con una sonrisa — ya debe estar a punto de regresar.

El resto de los jóvenes aceptó y el tema quedó momentáneamente olvidado.

Finalmente una hora después, cuando Otoya ya se había llenado el estómago y observaba a Syo y Masato intentando enseñarle escritura japones a Cecil, sintió movimiento por el rabillo del ojo, y se giró hacia la puerta.

Tokiya se encontraba apoyado contra el marco de de la puerta. Los extremos de sus labios se curvaban imperceptiblemente formando una pequeña sonrisa que delataba cuán divertida encontraba la situación.

Llevaba consigo un gran bolso, prueba de que aún no había subido a su cuarto, sino que había optado por pasar directamente al salón esperando encontrar a alguien.

Otoya le dedicó una gran sonrisa e, impulsivamente, le preguntó aquello que había estado rondando por su cabeza las últimas horas.

—¡Ne, Tokiya! ¿Crees que soy ardiente?

El efecto fue inmediato. Los otros ocupantes de la habitación quedaron helados en sus sitios -con la obvia excepción de Cecil-. Tokiya sintió como el rubor subía por su cuello. Esta vez, a diferencia de antes, Syo se repuso rápidamente y le arrojó un almohadón al pelirrojo.

—¡Así no, idiota!

Masato dejó salir el aire, resignado a las maneras de sus amigos, y se dispuso a explicar la situación a un sorprendido Tokiya.

Para cuando hubo acabado -con todos ya confortablemente sitiados en los sillones- se hizo el silencio en el salón. Los más jóvenes esperaban expectantes y oteaban el rostro del experimentado artista en busca de una pista que les dijera qué pasaba por su mente. No encontraron ninguna.

Tokiya se reclinó en el respaldo, de brazos cruzados., analizando cada palabra. Al mismo tiempo, una pequeña parte de su ser se encontraba halagada por este evento. Que sus compañeros, artistas talentosos al igual que él, confiaran en sus conocimientos como guía, demostraba hasta que punto eran cercanos como grupo.

«No, más aún» Pensó «como amigos».

—Sí —habló por fin—, creo entender que sucede.

—¡Como se esperaba de Tokiya! —los chicos lo miraron expectantes. Él evitó sus ojos algo avergonzado y encontró difícil, nuevamente, mantener una postura seria.

—Por lo que han dicho, esas chicas buscaban sentirse atraídas. Aún así... —dejó la última frase sin terminar y suspiró. Por más que le gustara ser la persona a quien recurrieran cuando tenían alguna pregunta, sabía cuando tenía que dar un paso atrás. Después de todo, el también tenía aún mucho por aprender— Aún así, no estoy seguro de qué música es a la que se refieren. Lo siento.

Cuando vio que los demás no se mostraban decepcionados se animó a agregar algo más.

—Sin embargo, creo que la música que más se acerca a, bueno —Tokiya parecía encontrar difícil repetir "ardiente y abrumadora"—, a esos términos, sería probablemente la música de Jinguji.

El grupo meditó la respuesta hasta que Cecil rompió el silencio con voz desanimada.

—Entonces —y se detuvo. Parecía estar, por primera vez desde que lo conocieron, luchando por encontrar las palabras adecuadas. — ¿Crees que deberíamos cambiar nuestra música?

Tokiya se apresuró a contestar.

—No. Simplemente creo que debemos tener en cuenta qué es lo que quiere el público.

La respuesta tranquilizó al moreno, aliviado ahora de saber que no tendría que cambiar las canciones de su musa.

—En mi opinión —continuó— creo que por ahora lo mejor será hablar con Jinguji. Veamos que es lo que tiene que decir, y luego decidiremos que acción tomar.

Otoya y Syo se veían animados.

—¡A buscar a Ren!

Y con eso, ambos salieron rápidamente del salón. Cecil lo encontró divertido y corrió para alcanzarlos. Masato, muy por el contrario no se veía muy feliz por la idea, pero sabía que no sería muy prudente dejar a esos tres vagar por ahí y salió detrás de ellos.

Tokiya se mantuvo mirando la puerta, en la habitación ahora vacía. Lentamente llevó sus manos a la cabeza y se masajeó las sienes. Miró su bolso, que permanecía al lado del sillón, y sus ropas, que no había podido cambiar después del trabajo. En verdad necesitaba una ducha.

«Saben, no me refería a ahora, en éste momento»

Así y todo sonrió resignado y salió para unirse a la búsqueda.

Al final encontraron a Ren en la sala de ensayos. Ésta era espaciosa y bien iluminada. Se encontraba en la parte sur del edificio, lejos de los cuartos y las áreas más bulliciosas. No era la única sala para practicar, pero sí era, sin dudas, la mejor.

La habitación era bastante simple en realidad. El suelo era de madera clara, lustrado, y tres de las paredes estaban totalmente espejadas, lo que les permitía captar sus movimientos desde todos los ángulos con mucha facilidad. El único extra era el equipo de música, pero por lo demás, la sala permanecía vacía para proporcionarles en mayor espacio y comodidad para bailar.

Y se notaba que bailar era lo que Ren había estado haciendo. El chico los miraba curioso desde el centro del cuarto. Se había recogido el pelo en una coleta, evitando que se le pegara al rostro y cuello, pero el sudor había hecho que su ropa se le pegara como una segunda piel. De fondo podía escucharse "Orange Rhapsody".

Un sólo pensamiento recorrió la mente de los cinco jóvenes, que se habían quedado en la puerta después de abrirla abruptamente.

«No es de extrañar que sea el miembro sexy de Starish»

Otoya fue el primero en hablar:

—Lo sentimos Ren. No quisimos interrumpirte. No esperábamos realmente que estuvieras aquí.

Ren les sonrió y volteó hacia el reproductor. Los demás nunca lo admitirían, pero eso les dio una buena vista de su bien tonificado cuerpo. El rubio detuvo la música al tiempo que les contestaba.

—No importa, ya había terminado de todas formas —y se dirigió a hacia ellos—. Pero ¿hay acaso una razón para esta repentina visita?

Otoya intentó explicarse, pero Syo y Masato lo sujetaron entre ambos y taparon su boca rápidamente.

—Ichinose, por favor —agregó Masato.

Tokiya entendió sin necesidad de más palabras y procedió a relatarle a un intrigado Ren.

A su vez, el pelirrojo se preguntó cuantas veces más tendría que oír la misma historia.

Al terminar Ren se veía tan sorprendido como lo habían estado los demás. Tenía ahora una toalla sobre los hombros, que había usada para secarse, y su respiración se había ya normalizado. Hizo una mueca de decepción y habló.

—Que desconsiderado y poco profesional de mi parte. Debí haber notado que mis chicas no se sentían deseadas.

Masato se enojó visiblemente al escuchar "mis chicas". Esa respuesta no era lo que habían estado esperando, y se lo hicieron saber con miradas de reproche.

El rubio sonrió divertido.

—¿Acaso están pensando en tomar en cuenta esas palabras y hacer canciones más sugerentes?

Su voz había bajado una octava hacia el final de la frase.

Esas palabras terminaron por enfadar a Masato.

—Ese no es el tipo de música que quiero transmitir —su voz sonaba dura—. Ni por el que quiero agradarle al público.

Ante ésto, Ren suavizó sus rasgos.

—Vamos, vamos. Sólo estaba bromeando. Estoy seguro que nadie aquí cree que sea la manera.

El resto asintió seriamente.

—Entonces, ¿qué podemos sacar de ésto?

Pero antes de que alguien pudiera responderle a Syo, una voz sonó fuertemente desde el pasillo. No pudieron distinguir que decía, pero la reconocieron fácilmente.

Tal como pensaron, unos segundos más tarde pudieron ver una cabellera castaña asomando por la puerta al tiempo que gritaba:

—¡Iré preparando la sala!

Reiji corrió unos pasos más adentro de la habitación antes de notar los seis pares de ojos que lo miraban fijamente.

Parpadeó con confusión sus brillantes orbes grises.

—¡Oh! ¿Ya está ocupado?

Los más jóvenes intercambiaron miradas.

Mientras Tokiya contaba -una vez más- los sucesos de la tarde, los demás se dedicaron a observar a su superior.

Reiji vestía un traje de cola de golondrina y un sombrero bombín a juego. En sus manos, además de un par de discos CD´s sostenía cuatro bastones, todos con diferente empuñadura. Resultó obvio que venía a hacer una prueba con vestuario. Su risa los sacó de su contemplación.

—¿Acaso eso los ha tenido preocupados? —su sonrisa estaba libre de toda burla y sólo buscaba relajarlos. Aún así nadie contestó— Bueno, no hay problema.

Dicho ésto los rodeó para dirigirse al reproductor. Mientras colocaba el nuevo CD siguió hablando.

—¡Tienen suerte! —giró y les guiñó— ¡Hoy Quartet Night les dará una demostración especial!

Al tiempo que decía ésto la puerta se abrió nuevamente. Los tres integrantes restantes entraron estudiándolos con la mirada.

—¡Oye Reiji! Si la habitación estaba ocupada debiste haber ido a preparar otra, y no perder el tiempo aquí.

—¡Nada de eso, Ran-Ran! Es sólo que ésta vez ensayaremos con público.

Mientras, lo empujaba hacia la pista. Ai y Camus parecieron no tener problemas.

—De hecho —continuó—, nos servirán perfectamente como asistentes.

Caminó hacia el grupo de jóvenes, que ya se habían apostado contra una de las paredes dispuestos a observar el espectáculo. Reiji les fue entregando los bastones con ojo crítico, secretamente asegurándose de que sus tres compañeros pudieran ver en manos de quien quedaba cada bastón. Al final, quedaron repartidos entre Otoya, Cecil, Ren y Syo.

Por alguna razón, el resultado pareció enfadar a Ranmaru.

—¿¡Qué estás planeando ahora Reiji!?

—Nada, nada, Ran-Ran. Sólo pensé que ya que van a permanecer aquí bien podrían ayudarnos —Nadie le creyó ni por un momento, por eso agregó—. Pero un profesional puede trabajar en cualquier circunstancia ¿verdad Ran-Ran?

El rockero apretó los dientes, pero no añadió nada más.

Ambos se colocaron junto a Ai y Camus.

—¡Música por favor, Otoyan!

"¡Te amo! Acercándote a mi

en estos legendarios

concederé tus deseos

mi preciada querida.

"Te enseñaremos nuestro sueño eterno"

Desde las primeras notas pudieron sentir su cuerpo llenarse de energía.

"No voy a parar

No puedo parar"

Ningún integrante de Starish había tenido la oportunidad de ver nuevamente a sus superiores en un actuación desde la presentación de Poison Kiss. En este momento se lamentaban por ello.

"Tan peligroso

estamos ardiendo con

¡El amor del

cuarteto nocturno!"

Los chicos pensaron que no era de extrañar que les solicitaran trabajo como Quartet Night, en lugar de como solistas. Sus voces sonaban increíbles y armoniosas estando juntas.

Entonces, la coreografía cambió.

"La ternura de ese corazón en... ¡ah! Shalala, mi ángel"

Durante un segundo Otoya se encontró entre los brazos de Reiji, pero éste se separó rápidamente, con un guiño y llevándose el bastón consigo.

"Un suspiro que vive en una dulce imagen"

Ranmaru acarició el rostro de Cecil, y mientras el moreno -y el resto de Starish- intentaba reaccionar, tomó su bastón para luego volver al centro.

"Se vuelve tan ardiente, es aún más una tortura"

Camus caminó majestuosamente hacia Ren, quien ya estaba preparado y le extendió su bastón. El conde lo tomó y completó con una reverencia antes de retomar su sitio.

"Pero está bien, no es como si lo odiara"

Al igual que con Poison Kiss, Ai logró encender el rostro de Syo, ésta vez apoyándose en una rodilla y tomando su mano cuando hubo agarrado su bastón.

El resto de la coreografía los idols siguieron usando los bastones. Su manejo de éstos elementos era perfecto. Los hacían parecer una extensión de su cuerpo.

«Verdaderos profesionales» pensaron. Sus dudas quedaron despejadas. Esa era, sin dudas, una música capaz de arrasar con una "fuerza ardiente y abrasadora".

Hacia el final de la canción ésta aumentó su energía.

"Estás probablemente dejándolo todo a un beso

te enseñaremos nuestro sueño eterno

encantador, como nunca lo has conocido antes"

En cuatro diferentes poses Quartet Night esperó hasta que el eco de las últimas notas se apagara, y recién entonces, cuando se hizo el silencio, desarmaron sus posiciones.

—¡Oigan! ¿piensan quedarse así mucho tiempo?

La dura voz de Ranmaru los trajo de vuelta. Otoya, con su entusiasmo de siempre, fue el único en expresar sus pensamientos.

—¡Eso fue fantástico! Ahora puedo comprenderlo —«¿Comprenderlo?» se preguntaron Ai, Camus y Ranmaru. El pelirrojo siguió—. También me gustaría poder cantar así.

Reiji sonrió. Lo que siguió sorprendió a casi todos los presentes.

El mayor tomó de la barbilla a Otoya y la acercó peligrosamente a su rostro.

Su voz sonó ligeramente sensual.

—Bueno, si es lo que Otoya quiere, acepto enseñarle. Soy su sempai después de todo.

Nadie se movió por unos momentos, con los ojos puestos en la pareja. Ai, en cambio, se veía aburrido.

Otoya vio como el rostro de su superior se alejó rápidamente. Ranmaru lo había tomado del cuello del traje, y lo arrastraba hacia la puerta.

—Es suficiente. Hay trabajo que hacer. Hemos comprobado que el vestuario esta bien y es hora de devolverlo.

—¡Mou! ¡Ran-Ran!

Los vieron desaparecer fuera de la habitación. El grupo de Starish miró ahora a Camus, que se había apartado para recuperar los CD´s, y a Ai, que se veía acostumbrado a la situación que acababa de pasar. Con miedo, se preguntaron el por qué.

—¡Mikaze! ¡Camus! —Se escuchó desde el pasillo.

Los mencionados se despidieron con una inclinación de cabeza y, resignados, también salieron.

Otoya finalmente habló.

—Vaya día...

Los demás asintieron débilmente, permaneciendo con la mirada donde habían visto desaparecer al ardiente cuarteto nocturno.


Parece que Reiji a tomado la delantera ¡Y Natsuki no ha estado en todo el capítulo! No se preocupen, tendrá una gran participación en el futuro.

¿Qué canción será la siguiente que los chicos interpretaran? ¡Anímense a adivinar!

¡Saludos! Me despido con una reverencia.

El Arlequín