Aclaraciones del capítulo:

¡Lamento la tardanza!

Pero era muy importante que rindiera bien mis exámenes, y no quería escribir éste capítulo a las apuradas, se merecen mi mejor esfuerzo.

Quiero aclarar una buena pregunta que me ha enviado K-chan: en el anime, Natsuki y Syo son amigos de la infancia, mientras que en juego no. He optado por un término intermedio, donde sí se conocían, pero no eran tan cercanos, y por lo tanto Natsuki no sabe de la enfermedad de Syo. ¿Por qué? Porque me parece que escribir la reacción de Nacchan es lo más interesante ¿no?.

Nuevamente reconocimientos a «silvermoon249» y agradecimientos a Kisaragi Kana: ¡espero que disfrutes el cap! Y que te halla ido bien en los exámenes (a mi me fue bien, ¡gracias por tu aliento!)

K-chan dado que Syo es tu personaje favorito (y que te hice esperar tanto) ¡Éste capítulo está dedicado para tí! Es especialmente largo, para disculparme por la espera.

Más notas al final del capítulo (o se cansarán de mi)

Disclaimer: Uta no Prince-Sama no me pertenece. Ni el anime ni los juegos.

Capítulo 4

El sueño de los dos

Gox2! Jet Coaster

Ya había perdido la cuenta de las veces que tubo que despertar así. Rodeado de cables, tubos y máquinas, todo de un desagradable color blanco. La ocasión pasada realmente había esperado que fuera la última vez. Pero claro, también lo había esperado la vez anterior a esa. Y la anterior a esa.

«Que iluso»

Sin dejarse desalentar, comenzó a moverse lentamente, siguiendo una rutina. Flexionó levemente los brazos y piernas, rotó el cuello tanto como la cama se lo permitió, y dobló los dedos de las manos y de los pies, uno por uno.

Tal como esperaba, sus músculos dolían, y su cuerpo se sentía pesado, como si el mismo aire se resistiera a sus movimientos. Pero todo estaba bien. Cerró los ojos, y respiró tranquilo, relajándose contra las sábanas.

Sin embargo, no se permitió más que unos segundos de descanso. Sabía lo que seguía. Volteó la cabeza hacia la derecha y divisó el botón verde junto a la pared de su cama. Evitando movimientos bruscos sacó su brazo desde abajo de las sábanas, y lo presionó.

Esperó en silencio. Había evitado los pensamientos dolorosos hasta ese momento, pero allí, mientras permanecía quieto en la sala tenuemente iluminada, éstos le golpearon con fuerza.

«¿Cómo sucedió ésto? ¿Cómo voy a explicarlo?» pero sobre todo «¿Qué sucederá ahora?»

Sintió su corazón acelerarse por la ansiedad, y por el costado captó los números en una pantalla cercana subir rápidamente. Tenía que tranquilizarse.

Respiró profundo. «Bueno, sea lo que sea, sólo me queda afrontarlo.» Intentó no pensar en ello.

Los números bajaron.

Escuchó pasos detenerse junto a la puerta, y luego, suavemente, ésta se abrió. Afortunadamente, reconoció con rapidez a la persona que entró.

— Me gustaría poder decir que me alegro de verte, Syo-kun, pero creo que ésta no es la mejor situación.

Marie era ya una enfermera conocida para él. La había conocido hacía tiempo, en una de sus inesperadas visitas al hospital, varios años atrás. La muer rondaba los cuarenta, era algo regordeta y un poco más baja que la estatura promedio. Llevaba siempre su cabello moreno recogido en un elegante moño. Pero lo que más llamaba la atención al rubio, eran sus amables maneras. En un mundo frío e impersonal, como podía serlo un hospital, Marie buscaba la manera de reconfortarlo. No era la única, por supuesto, pero sí la más flexible. Se alegraba de verla allí.

Ella se acercó con una sonrisa y comenzó a revisar los tubos, y a comprobar las pantallas.

— Si tantas ganas tenías de vernos, bien pudiste haber pasado a tomar un café ¿sabes?

Syo le devolvió el gesto, y la observó trabajar.

— Lo tendré en cuenta para el futuro —Esperó unos segundos y, habiendo perdido la sonrisa, continuó—. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? —Su voz sonaba ronca, y se habría preocupado por ello de ser ésta su primera vez allí.

— Unas siete horas —ella le alcanzó un vaso con agua y le instó a tomar—. Tu condición o era grave, y te estabilizaron en minutos. El resto del tiempo sólo estuviste durmiendo ¿Te sientes mejor ahora?

El rubio asintió si mirarla, y luego contestó las preguntas de rutina. Marie cambió de tema cuando estuvo satisfecha.

— Syo-kun debes saber que respetando tus deseos, y dado que fue un problema menor, aún no nos hemos comunicado con Kaoru-kun ¿No crees que deberíamos llamarlo?

—¡No! —el rubio recibió una dura mirada y bajó la voz— Estoy bien ahora, y Kaoru está lejos. No quiero que se preocupe y salga disparado hasta aquí.

Los ojos acusadores de la enfermera evidenciaban su desacuerdo, pero no comentó nada al respecto. Sin embargo, siguió hablando.

— Tus amigos también están aquí. Al no ser familiares no les he revelado ninguna información, salvo que te encuentras bien, y que mejorarás pronto. Aún así no han querido marcharse hasta poder verte —Soltó un resoplido—. Creo que incluso un par de ellos intentaron colarse ¡Será posible! Nadie ha podido convencerles de esperar en casa.

Syo no pudo evitar una sonrisa «¿En qué momento he conseguido tan buenos amigos?»

En ése momento, no obstante, le hubiera gustado no tener que enfrentarlos tan pronto. Cerró los ojos y respiró hondo para armarse de valor. Él no era una persona que huía, y ellos se merecían una explicación.

— Syo-kun ¿Quieres que haga pasar a alguno de ellos?

Abrió los ojos.

— ¿Podrías dejarlos pasar a todos? Creo que sería mejor así —Dejo implícita la parte donde decía que no podría pasar por la misma conversación más de una vez. Ella lo entendería.

— Bueno, no se supone que estén permitidas tantas personas a la vez, éste es un lugar pequeño —Marie bajó la voz—, pero supongo que por ésta ocasión lo podemos dejar pasar.

El rubio le agradeció, y ella se acercó a la puerta. Justo antes de marcharse, volteó y le enseñó los pulgares hacia arriba, junto con una sonrisa.

Syo se dedicó a esperar.

Sentía el estómago pesado, y sabía que eso no tenía nada que ver con su condición. Lo único que quería en ese momento era poder dormir, pero era consciente de que el peso de la preocupación y la culpabilidad que sentía no le dejarían descansar. Esos sentimientos, que durante años lo había acechado desde lejos, y que había desterrado a lo profundo de su mente, creyendo ilusamente que podría ignorarlos, ahora lo rodeaban como una espesa niebla, impidiéndole respirar.

Necesitaba salir de esa sensación de asfixia. Se preguntó si no iría a parar a una situación peor.

Decidió confiar en sus amigos.

No paso mucho tiempo antes de que un tropel de pisadas se escucharan cerca. Unos segundo más tarde, la puerta se abrió.

El rostro preocupado de Haruka fue el primero en asomarse, seguido de cerca por la mirada alarmada de Natsuki. Sólo después de haber divisado al rubio sentado en la cama, se animaron a entrar, con una sonrisa aliviada.

Inmediatamente después, las cabezas de Otoya y Cecil se divisaron por la puerta. Y una vez se hubieron asegurado que estaba bien entrar, se apresuraron a su lado.

Syo se vio rápidamente rodeado por sus amigos, y , sorpresivamente, por sus superiores. Todos parecían dudar antes de entrar, pero al verlo, acudían a su lado con sonrisas y palabras de alivio.

El rubio estaba abrumado por las atenciones. Reiji y Otoya no paraban de hablar sobre lo preocupados que estaban todos. Natsuki exclamó entre sollozos lo bueno que era verlo bien. Ai comentaba algo sobre la información en las pantallas,y podía ver a Cecil intentando hablarle por encima de todo el ruido, pero no podía escucharlo. A su lado, podía sentir a Ren, que permanecía en silencio, pero cuyos ojos no paraban de recorrerlo de arriba a abajo, asegurándose de su estado. Haruka se había posicionado a su otro lado, y había tomado su mano.

Sabía que debía pedirles que bajaran la voz, recordarles que estaban en un hospital. Pero se encontraba feliz. Aquella bruma pesada y densa se había disipado con la calidez de esas personas. De pronto, a Syo le dejó de parecer que la habitación era blanca y fría.

Por fortuna, Tokiya demostró ser nuevamente la voz de la razón, y cuando Ranmaru hubo golpeado suavemente a Reiji, intentando parar su verborrea, pero consiguiendo sólo sumar más quejidos al caos de la habitación, el sereno artista elevó la voz para recordarles que de no comportarse, los echarían de allí.

Eso pareció calmarlos, y finalmente, el barullo disminuyó hasta desaparecer.

Haruka tomó la palabra.

— Nos alegra ver que estás bien, Syo-kun

Mirando directamente a sus ojos sinceros, Syo encontró el valor para hablar al fin.

— Lamento haberlos preocupado.

— Eso no importa —Masato le restó importancia al asunto—. Ahora sólo debes concentrarte en recuperarte.

El resto asintió.

— ¡Oh, Syo-chan! ¿Por qué has insistido en empujarte hasta el límite? Sabía que no debía haberte dejado trabajar tan duro ¡pero Syo-chan es tan terco!

— En verdad Kurusu ¿Desvanecerte por el cansancio? También es trabajo de un idol saber cuando parar.

— ¡Vamos, Vamos Myu-chan! —Reiji intentó aligerar la conversación—. Éste es un momento para festejar ¡Nada de reprimendas! Syo-chan se asegurará de descansar bien de ahora en adelante. Entonces algo como ésto no volverá a suceder ¿Verdad, Syo-chan?

En ese instante, mientras todos aguardaban su respuesta, Syo tuvo una decisión que tomar.

Ante él estaba la opción de pasar el problema por alto. El resto de los jóvenes creía que su desmayo, y posterior internación, se debía puramente al agotamiento causado por su extrema agenda. Era normal, ya que los médicos no podían informarles la verdad. Simplemente tenía que decir que tendría más cuidado en el futuro, y el asunto quedaría olvidado. Sólo una pequeña mancha en su historia.

«¿Pero y luego, qué?»

¿Qué sucedería cuando otra causa fuera de desencadenante? No era algo que podía regular. ¿Qué, si la próxima vez ocurría durante una grabación? ¿O alguna tarde, mientras pasaban el tiempo en el salón? ¿O tal vez mientras acompañaba a Ren a correr, o salía a pasear con Haruka y Natsuki?

Entonces ellos lo sabrían. Y lo más importante, sabrían que les había mentido.

No. El momento de la verdad era ahora. Y si luego decidían que no era bueno para Starish, él seguiría adelante.

— Lo siento, pero —su voz se quebró ante la mirada sorprendida de sus amigos. Aún así continuó— el que algo como ésto no vuelva a ocurrir... no es algo que pueda prometer.

El silencio cayó en el cuarto. Ranmaru lo interrumpió.

— ¿¡Eh!? ¿¡Qué demonios significa eso, Kurusu!?

— ¿Syo-chan?

El joven desvió la vista, y la fijó hacia abajo, donde sus dedos apretaban fuertemente las sábanas.

— Lo que quiero decir —prosiguió—, es que no estoy seguro de cuando puedo volver a terminar aquí.

Esta vez, nadie se atrevió a decir nada.

— Lo cierto es, que debí decirles ésto hace mucho tiempo. Pero no sabía cómo hacerlo —soltó una risa seca—. Aún no sé cómo hacerlo.

Para su asombro, ante sus ojos, las manos de Haruka se posaron suavemente sobre las suyas, en un gesto reconfortante.

— No fue el agotamiento lo que hizo que mi cuerpo cediera, aunque si fue lo que lo agravó. Fue mi corazón.

Al fin, levantó la mirada.

— Hay algo mal en mi corazón.

Syo dejó pasar unos segundos. No esperaba respuestas, pero Cecil le sorprendió.

— Pero estarás bien ¿Verdad? Quiero decir, puede arreglarse ¿cierto? —Sonaba inseguro y preocupado.

— ¡Claro que estaré bien! Bueno... no hay una cura... pero ¿¡Acaso crees que me dejaré vencer!?

Lamentó esa elección de palabras al ver los rostros alarmados. Su respuesta no fue tan tranquilizadora como esperaba. La tensión finalmente estalló.

— ¿¡No hay una...!?

— ¡Demonios!

Syo intentó calmarles. Supo que lo mejor era comenzar por el principio. Comenzó a hablar, y el resto de las voces callaron.

— Era un niño cuando me diagnosticaron una enfermedad genética del corazón. En ese entonces, me dijeron que no viviría más de los doce años.

El rubio los vio contener el aliento. Lo miraron asustados.

«Justo lo que quería evitar»

— Pero como ven, ya he superado las expectativas de los médicos por muchos años. Ahora me han dicho que estoy en excelentes condiciones, y, salvo por algunos ataques menores, cómo éste, no estoy en verdadero peligro —tomó aire—. Así que, por favor... por favor no se preocupen.

Sólo cuando hubieron podido procesar la nueva información, los jóvenes soltaron el aire aliviados. Aún había una pizca de preocupación en ellos -una gran pizca-, pero ahora, la situación no se veía tan mal.

— Vaya, Ochibi-chan. Casi consigues que nosotros tengamos un ataque.

A pesar de lo dicho, Ren sonaba tranquilizador. Por primera vez, a Syo no le molestó ese irritante apodo.

— Pero, Syo-kun —Otoya sonaba triste—, lo has sabido todo éste tiempo ¿Porqué nunca nos lo has dicho?

Esa era una de las preguntas que Syo más temía. Sentía las miradas atravesarlo. La de Natsuki, quien todo éste tiempo había permanecido extrañamente callado, era la mas dolorosa de todas.

— Lo sé, lo siento. Creí... que si intentaba olvidar lo ocurrido, si ignoraba la verdad, y luchaba cada día para hacer de ese frágil cuerpo, uno más fuerte... pero al parecer, no fue suficiente.

—¿No fue suficiente? Kurusu, eres fuerte. Cada parte de ti lo es. Si no te hubieras llevado al extremo, no te hubieras derrumbado. Conocer tus propios límites también es parte de la fortaleza.

Syo asintió ante Masato. Aunque era duro hablar de ello, sabía que tenía razón.

— ¿¡En qué estabas pensando!? —Ai no pudo evitar el enfado por más tiempo—. Si hubieras avisado ésto, lo habría tenido en cuenta en los ensayos ¡Y al momento de hacer los horarios!

— Creí que podría soportarlo, no quería decepcionar a nadie. Pero debo admitir que no me esperaba un horario tan inhumano.

Aunque esas palabras fueron dichas en tono de broma, Ai se sintió estremecer. El gesto pasó desapercibido para los demás, excepto para Reiji, que lo observaba atentamente.

— ¿No crees que estás siendo un poco duro con nosotros? No hay manera que puedas decepcionaros, Ochibi-chan.

— A menos que vuelvas a hacer una estupidez como ésta.

— ¡Mou, Ran-Ran! No tenías porque arruinarlo diciendo eso.

Con ésto, otra vez comenzó el estruendo. Haruka rodeó al rubio con sus brazos.

— Por favor se cuidadoso, Syo-kun.

Él asintió. Notó como Natsuki aún permanecía en silencio.

Las conversaciones tomaron un rumbo más tranquilo los siguientes minutos. Aunque Syo estaba muy cansado para participar, escucharlos hablar le traía calma, y justo cuando se quedaba sin fuerzas para mantener los párpados arriba, Marie entró a la habitación.

Sólo fue medio consciente de las despedidas. El sueño, ahora que se sentía más libre, no tardó en llegar. Sí recordó, sin embargo, las promesas de venir a verlo el día siguiente.

Esa noche, después de muchas semanas, durmió con una sonrisa en el rostro.


Al día siguiente sus energías parecían haberse recobrado. Era una suerte, dado que justo en ese momento las necesitaba para lidiar con las peleas entre Camus y Cecil.

Eran un poco pasadas las dos de tarde, y el problemático dúo, juntó con Haruka, había llegado de visita unos veinte minutos atrás. Ante su llegada se habían marchado Tokiya, Natsuki y Otoya, que a su vez, habían estado con él desde la mañana.

La luz, que entraba abundantemente por la ventana, era cálida, y el día, calmo. No se correspondía en lo absoluto con la batalla campal que se había formado en el cuarto.

A pesar de que últimamente Cecil venía acatando todas las órdenes de su superior, alguna de sus tonterías habría desencadenado en enojo del mayor, y la reprimenda habría comenzado.

«Bueno» pensó Syo «al menos esta vez no me aburriré estando aquí». Miró a Haruka, que parecía estar divirtiéndose, contemplando al par de idols. De repente, ella lo miró a él.

Ignorando la pelea que seguía, la joven tomó su delicado bolso, y lo abrió para luego sacar unas partituras. Se las pasó a Syo.

Él las observó emocionado, y luego notó algo curioso.

— Había planeado dártelas luego —dijo ella—, pero ahora, me parecieron un buen regalo para tu recuperación.

— ¿Son para un dúo?

— ¡Oh, si! —respondió con alegría— Ésta canción fue escrita para ti y Natsuki-kun. He pensado en lo fantástico que se oirían en un dueto desde hace tiempo —entonces Haruka notó la falta de entusiasmo del joven—. ¿Acaso no fue buena idea? Creo que debí preguntarles primero.

— ¡No! Nada de eso. Creo que es genial.

Y era cierto. Cantar junto a Natsuki sonaba bien. Lo que le preocupaba a Syo era el comportamiento del mayor. Incluso esa mañana, aunque había venido a verlo, no le había dicho una palabra, y se había limitado a verlo en silencio.

«¡Demonios!» Esa actitud, tan fuera de lo normal en el siempre alegre joven le tenía alarmado. Syo no creía que ésta vez pudiera escapar del problema ignorándolo.

— ¡Oh! ¿No hay una canción para mi, mi musa?

— Aún no, Cecil-kun. Pero estoy trabajando en ello.

Antes de que el moreno pudiera replicar, la puerta de la habitación se abrió. En seguida reconocieron al recién llegado.

—Espero no molestar.

— ¡Hyuga-sensei!

El profesor se acerco a ellos con una sonrisa calma.

— Es bueno verte bien, Kurusu-kun.

La agradable sorpresa había dejado a Syo sin habla. Haruka rápidamente se puso de pie y comenzó a empujar a Cecil hacia la salida. Camus los siguió.

— Nosotros iremos rápidamente por algo de beber ¡Volveremos en un minuto!

— Pero si recién...

— ¡Camina Aijima!

Una vez que los jóvenes se hubieron marchado, Hyuga volvió a dirigirse al menor, y se sentó a su lado.

— ¿Te encuentras mejor?

— Sí, Hyuga-sensei. Gracias por venir —Syo tomó aire antes de proseguir—. Y lo lamento. Sé que había prometido no defraudarlo, pero, ¡le prometo que seré más fuerte!

El profesor no contestó. En cambio, lo miró fijamente con una expresión impenetrable durante algunos momentos. Syo se revolvió, nervioso.

— Dime, Kurusu-kun —dijo al fin— ¿Qué entiendes tú por fuerza?

La inesperada pregunta sacó al rubio de su balance. Huyga suspiró.

— Recuerda, que la mayor fuerza es la que se refleja del interior de una persona. Mira a tu alrededor.

Syo obedeció. Paseó la vista por la habitación, cuyas paredes y estantes estaban repletas de flores, cartas y globos. A su lado, incluso estaban las nuevas partituras.

Al principio se había avergonzado cuando sus compañeros, en cuestión de segundos, habían inundado el cuarto con esas tonterías. Ahora debía admitir -interiormente, porque jamás lo mencionaría- que le traían calidez.

— Ten en cuenta —prosiguió en profesor— que las personas pueden hacerse más fuertes, pero es sólo cuando estás juntas, que son verdaderamente invencibles.

Syo no supo que responder. No hizo falta.

El mayor se puso de pie. El costado de su abrigo golpeó la silla con el movimiento, y ambos pudieron escuchar el sonido de algo duro chocando contra el metal.

— ¡Ah! Es verdad —Hyuga comenzó a buscar en su bolsillo—. Había pensado en traer flores, pero no creí que realmente las apreciarías. Luego, Ringo pensó en ésto.

Extrajo dos sobres con CD´s y se los extendió al chico.

— Son antiguos —continuó—, y son de prácticas, así que no los encontrarás en otro lugar.

«¡Canciones de Hyuga-sensei! ¡Deben valer oro!» Syo sabía que el profesor había abandonado el canto años atrás. Nadie sabía la razón.

Justo cuando estaba por mencionarlo, el profesional lo llamó desde la puerta.

— Kurusu-kun —lo miró—, jamás me decepcionarás mientras seas fiel a ti mismo.

Con ésto se marchó. Syo tardo unos momentos en reaccionar.

— ¡Gracias Huyga-sensei! —gritó mientras una tibieza agradable le recorría el cuerpo.


Syo obtuvo el alta recién al otro día, junto con una advertencia de no volver a sobrepasarse con el ejercicio.

Aunque todo el grupo le había insistido que tenían deseos de ir por él, Syo les aseguró que no hacia falta, y les pidió que retornaran a sus trabajos normalmente.

Al final, fueron Tokiya y Masato quienes fueron a buscarlo al mediodía, y lo acompañaron durante todo el camino de vuelta al edificio de la agencia. El viaje fue corto y alegre.

Una vez hubieron llegado, los dos mayores lo guiaron hasta su habitación, y se despidieron en la puerta, antes de partir a sus próximos trabajos.

Syo abrió la puerta, dio dos pasos, y frenó en seco.

La penetrante mirada de Ai -mitad escrutadora y mitad de reproche- lo ancló al lugar. Al pasar unos segundos, ésta se suavizó.

El joven superior se encontraba sentado en la silla giratoria de su computador, vuelto hacia él.

— Buenos días. Te ves bien.

«¡Woah!» pensó «debe estar haciendo un gran esfuerzo por ser amable».

— Hola Syo-chan. Estoy muy feliz de verte mejor.

El joven notó recién a Natsuki, que se había sentado en la cama inferior. Su voz era agradable, y estaba sonriendo, pero no eran las típicas exclamaciones, y la enorme -«y estúpida»- sonrisa con que siempre le recibía. Que no se le hubiera lanzado encima también era una mala señal.

— ¿Has descansado? —preguntó Ai.

— S-Si.

— Bien, porque tengo una tarea para ti.

«¡Tan pronto!»

Ai se incorporó y se acercó a él. Syo intentó ignorar la molestia que sentía cada vez que tenía que mirar hacia arriba para hablar con un chico menor que él, y se concentró en los papeles que su superior le extendió.

Curiosamente, se trataban de entradas para el parque de diversiones.

— Tú y Natsuki pasarán la tarde en el parque. Pueden hacer lo que quiera, siempre que, por obvias razones, eviten los juegos extremos.

Natsuki se acercó velozmente.

— ¡Oh! ¿Así que ésta es la forma de Ai-chan de decirnos que tomemos un día para divertirnos y relajarnos?

— Nada de eso —Ai volteó, claramente ocultando su rostro—. Sólo necesito algo de tiempo sólo para armar los nuevos horarios.

— Gracias, sempai.

Syo en verdad apreciaba las intenciones de Ai, pero estar a solas con Natsuki en esos momentos le parecía mala idea. Además, si por accidente Satsuki aparecía, iba a estar en muy grandes problemas.

A pesar de saber eso, en poco tiempo preparó sus cosas y, bajo la atenta mirada de su superior, salió junto a Natsuki.


Hacía un día hermoso. Cálido, con una fresca brisa que lo hacía soportable. En el parque, los árboles estaban frondosos, los arbustos habían florecidos, y los colores de las atracciones eran brillantes y alegres.

A Syo le agradaban los días así, pero hoy no podía disfrutarlo.

En circunstancias normales, Natsuki estaría exclamando y corriendo por todo el lugar. A éstas alturas ya se habría perdido unas tres veces, habría comido un poco de todos los puestos de comida, cantado a viva voz junto a la fuente, se abría perdido otra vez, jugado con los animales de la granja para niños, y comprado algún gorro infantil. Y se abría perdido una vez más.

En cambio, había permanecido todo el tiempo a su lado, en relativo silencio, excepto cuando comentaba alguna u otra cosa.

En este momento, caminaban con parsimonia por unos de los tantos senderos de grava amarilla, que rodeaban todo el sitio.

Syo lo había intentado todo -menos hablar del verdadero problema-, llevándolo a sus juegos favoritos, y comprándoles comida. Pero Natsuki seguía con su impropia actitud.

No se lo veía enfadado, sino pensativo y afligido. Sólo salía de ese estado para contestar, en un todo alegre, pero no del todo sincero, las preguntas del menor.

— ¿A dónde quieres ir ahora, Natsuki?

— ¿Hm? —Natsuki despabiló un momento y contestó sin mirarlo— ¿Qué tal si subimos a éste, Syo-chan?

La Noria. A Syo le pareció una pésima sugerencia. Era aburrida y para parejas cursis. Pero sobre todo, tendría que subir allí con un triste Natsuki. Y un triste Natsuki significaba la posibilidad de un furioso Satsuki.

¿Un furioso Satsuki, más Syo, Más un lugar pequeño, cerrado, y aislado cien metros sobre la superficie?

Pésima combinación.

Pero Syo se estaba quedando sin ideas.

— Claro... ¿Por qué no?

Sintió cómo sus piernas pesaban cada vez más a medida que se acercaban a la cola. La espera fue corta, con lo cual el menor apenas tuvo tiempo para prepararse mentalmente. Enseguida se vieron sentados en unos incómodos bancos, lado a lado, mientras la góndola, de un vistoso color rojo, comenzaba a ascender.

El silencio y la tensión eran casi palpables, y justo cuando Syo comenzaba a creer que aceptar había sido una muy mala idea, levantó la vista.

Su intención había sido simplemente mirar el parque a través del cristal. Inesperadamente, se encontró observando el reflejo de Natsuki.

El joven estaba de perfil, cabizbajo y con la mirada perdida. Se le veía muy deprimido.

Syo, en todos los años que lo había conocido, jamás había vislumbrado una expresión semejante en su rostro. Y él era el responsable.

Sintió su corazón encogerse y dar un vuelco.

— ¡Lo siento! —gritó las palabras que tenía atravesadas en la garganta desde que todo ésto comenzó, sin apartar la vista del cristal.

Natsuki se sorprendió y se volvió hacia él. Sus ojos se encontraron en el reflejo. Si Syo había esperado animarlo, no lo había conseguido.

— ¿Qué es lo que sientes, Syo-chan? ¿No habérmelo contado antes? ¿O tener que contármelo en lo absoluto?

La respuesta, pronunciada en un tono lastimero, se sintió como dagas en el pecho. No fue capaz de responder, pero no apartó la vista.

La Noria siguió girando.

«Irónico» pensó Syo « en la Noria, te subes en un punto, y luego de dar toda una vuelta, terminas justo donde has comenzado, pero el viaje te ha cambiado. Ya no eres la misma persona de antes.»

Se preguntó si ellos, después de la gran vuelta que habían sido éstos últimos días, podrían volver a como eran antes. Y, de ser posible, se preguntó también cuánto los habría cambiado el viaje.

Ante su silencio, Natsuki continuó.

— Syo-chan ¿acaso no confías en mi? ¿Acaso no somos amigos? ¿Acaso yo no significo nada para ti?

Esas últimas palabras prendieron un interruptor en Syo. Éste volteó rápidamente y, por primera vez en mucho tiempo, miró directamente a esos profundos ojos verdes, antes de exclamar con algo de enfado.

— ¡Eras la persona más importante para mi!

Natsuki lo observó sorprendido. Luego, lentamente, el brillo volvió a su mirada, y esbozó una pequeña pero cálida sonrisa.

— ¿En serio, Syo-chan? Porque entonces...

Syo fue consiente de cada movimiento de Natsuki, cómo si ocurriera en cámara lenta, pero, atrapado por esos penetrantes ojos verdes, no se encontró capaz de moverse. Permaneció inmóvil mientras el mayor tomaba su rostro entre ambas manos, y se inclinaba hacia él, hasta estar separados sólo por unos pocos centímetros, con sus frentes casi en contacto.

— Yo permaneceré a tu lado —continuó en un susurro—. Cumpliremos juntos nuestro sueño. Por eso, por favor, no vuelvas a apartarme.

Habiendo dicho eso, Natsuki eliminó la corta distancia que restaba, cerró los ojos y lo besó.

El gesto fue efímero y casto, casi imperceptible. Sólo una suave presión con los labios. Pero el mensaje fue claro.

Durante esos segundos no hubo movimiento alguno. Syo, aún con los ojos abiertos, pudo apreciar las largas pestañas de Natsuki, y sentir el tacto de sus manos, que todavía acunaban sus mejillas.

Finalmente, el mayor se separó.

De manera increíble, la vitalidad y el brillo habían regresado a su rostro. Syo se preguntó si tendría idea sobre la importancia de lo que acababa de hacer.

«Seguramente no. Es un cabeza hueca después de todo».

El menor estaba sin palabras. Afortunadamente, Natsuki no parecía estar esperando ninguna.

Se limitaron a mirarse. La Noria siguió girando.

Al menos Natsuki volvía a ser el de siempre.

Justo cuando Syo estaba a punto de explotar por lo extraño de la situación, la góndola se detuvo.

Habían vuelto al inicio.

Con rapidez, Syo se incorporó para bajar, pero la persona que recibió al abrirse la puerta lo dejó congelado en el lugar.

— ¡Ai-chan!

Como no podía ser de otra manera, Natsuki gritó feliz. Ai los fulminó con la mirada.

— Los he estado buscando por todo el parque —sus ojos se clavaron en Syo, y lo analizaron concienzudamente.

«¡Lo sabe!» no estaba seguro cómo, pero a Syo no le cabía duda que su superior estaba al tanto de lo que había pasado allí arriba. Sintió su rostro enrojecer.

— ¿Y por qué nos buscabas, Ai-chan?

Por suerte, la inocencia de Natsuki -o estupidez, según Syo- lo salvó de tener que contestar preguntas.

— Al parecer, Shinning se ha enterado de su salida y ha comunicado sus deseos de que realicen una función in proptu.

Ai se apartó de la puerta y les indicó salir. Una vez afuera, habiéndose apartado del juego, el superior siguió informándoles.

— El director a pensado que un improvisado acto en la rotonda central del parque alegraría a los visitantes, y sería bueno para Starish.

— ¡Eso sería fantástico! —festejó Natsuki. Ai continuó.

— Estoy aquí para asegurarme de que rechacen la propuesta en caso de que la encuentren inconveniente.

«Es decir, de asegurarte de que estoy en condiciones» Syo sabía que luego de haber ingresado al hospital, debía tomar las cosas con calma. Pero también sabía que podía con esto.

— Está bien por mi —dudó—, pero hay un problema. No tenemos ninguna canción que cantar.

— ¡Sí que tenemos, Syo-chan!

En un veloz movimiento, Natsuki sacó unas partituras de su bolso.

— ¿Eso es...?

Ignorando a Syo, Ai se acercó curioso.

— ¡Sí! Es la nueva melodía de Haruka-chan. ¿Tú también la has visto no? Una canción hecha para los dos.

Syo pasó por alto el hecho de que Natsuki cargara con las hojas.

— ¡Aún así! No hemos escrito la letra ¡Y no tenemos música!

— Sé que podemos escribirla en unos minutos —se volvió hacia su superior—. Ai-chan puede tocar el sintetizador para nosotros.

— ¿Y acaso crees que llevo un sintetizador bajo el brazo?

— Hay instrumentos en la sección infantil. ¡Vamos Ai-chan, Syo-chan! ¿No será en verdad divertido?

A esas alturas, ambos jóvenes sabían que no tenía caso discutir.

Mientras Ai se dirigía a buscar el sintetizador, Natsuki y Syo caminaron hacia la rotonda, escribiendo rápidamente la nueva letra. Para su alegría, las palabras salían naturalmente.

«¿Así que una función repentina?» Sonaba interesante.

Ai sólo tardo unos minutos más en llegar. La letra no estaba terminada, pero el joven se negó a esperar más tiempo. A regañadientes, Syo aceptó improvisar algunas partes.

Ya estando listos, Natsuki trepó a un banco del cetro y alzó la voz:

— ¡Buenos días a todos! Hoy les traemos una inesperada canción de parte de ¡Starish! —El rubio atrajo la atención sin dificultad. La gente comenzó a reunirse a su alrededor, y varias personas los reconocieron— ¡Esperamos que lo disfruten!

La música comenzó

"Brillando, puro, puro, yes!

¡El sueño de los dos!"

"— ¡Hey, Syo-chan! Dado que estamos poniendo mucho esfuerzo, vamos a ponerle incuso más brillo a ésta canción.

— ¡Nada de eso! Hazlo si quieres, pero, ¿No sería una canción lenta, aburrida? Así que ¡A ponerle energía!

— ¡Wow, Syo-chan! ¡Eres increíble! ¡Te veías justo como un príncipe!

— Como sea, no hables durante la canción ¡Vamos!"

La canción continuó mientras los jóvenes miraban maravillados como la muchedumbre iba creciendo en número, y entusiasmo.

" Aspira por el tesoro de lo profundo, busca la prueba de un idol

¡Entendido! Entonces haré un almuerzo

¡No lo hagas!

Con carne suave y patatas ¡Yum! ¡Delicioso!

¿¡No querrás decir peligroso!?"

Ai ignoró la extraña letra y se preguntó cuánto de eso sería improvisado. No obstante, al público parecía encantarle, así que siguió tocando.

" — ¡Oye! ¡No cambies la letra de la canción como te plazca!

— ¡Ah! No hables Syo-chan, el micrófono está captando todo.

— ¡No quiero escuchar eso viniendo de ti!"

La multitud rió con ganas.

" En una colorida

montaña rusa

¡Sorprenderemos al mundo!

¡Pintaremos el mañana con polvo de estrellas! ¡Toma mi mano!"

"¡Aquí vamos!"

Las últimas notas detonaron los aplausos. Parados sobre el banco, Natsuki y Syo tenían una perfecta vista de las sonrisas de la gente. El sentimiento que eso les producía era insuperable.

Syo se permitió mirar de reojo a su amigo. El rostro de Natsuki era el más brillante.

Un pensamiento le caló en lo más profundo:

«¿Juntos somos invencibles, verdad?»


Así termina éste capítulo. Entre Syo y Natsuki los sentimientos empiezan a aflorar, pero aún no están verdaderamente consientes de la profundidad de éstos.

Debo aclarar que desde que armé las guías para los primeros siete capítulos sabía que éste iba ser el más difícil.

Por un lado, desde el principio quería basarme en el dueto de ellos dos pero... la primera vez que escuché la canción sólo pensé: ¿¡cómo puedo meter algo de romance con una canción tan alocada!?. Admito que empecé a buscar si habían hecho otro dueto... pero no lo hicieron. Al final, decidí usar esa "aleatoriedad" de la letra a mi favor. Creo que no ha quedado mal, aunque aún no me convence. Ustedes dirán.

Por otro lado, me enfrentaba al mortal desafío que sufren todos quienes abordan el tema de la enfermedad de Syo: escribir sobre las reacciones de los demás. Sé lo frustrante que puede ser cuándo no es lo que uno esperaba, así que me haría muy feliz sus sinceras opiniones ¿Lo tomé demasiado suave? ¿Fue innecesariamente dramático? ¿O no lo suficiente?

¿Qué es lo que más les ha gustado? A mi encanta cuando Natsuki llama a Ai "Ai-chan". No recuerdo en el anime, pero sí lo hace en el cd drama.

Me despido con una reverencia.

El Arlequín