N.A: hola hermosa gente, disculpen por mi larga ausencia, pero es que estoy de viaje. Soy toda jarcor por actualizar el fic en una casa llena de niños y personas que dicen ser mi familia. Son agradables. Bueno, en fin, acá traigo el capítulo número dos de esta confusa historia. En este segmento tendremos a un Harry emo —¿cuándo no?—, pero no teman, pronto entrarán en sintonía y comprenderán el motivo y las divagaciones de nuestro chico en cuestión. Disfruten el cap. Por cierto, pido muchas disculpas por la ortografía y eso... acá en esta casa desconocida apenas me dejan corregir.
Ya saben, el Potterverso nunca, nunca me pertenecerá. Draco ya se fuese casado con Harry y Scorpius sería hijo de ambos. El primero de muchos.
Uchronist
~O~
Capítulo 2 — Argumentos injustificables
Escocia hoy estornuda invierno en sus entrañas, y Hogwarts desde el cielo parece una mancha difusa que se percibe rodeada de neblina. Tan sólo un poco de nieve recubre en cada uno de sus antiguos pilares gruesos, llenos de humedad y flores aéreas que se entrelazan entre las hendiduras del antaño concreto.
La estación es invierno; como tal, hace el frio suficiente para mantenerse cálido entre las sábanas de su cama, los doseles perfectamente cerrados con unos cuantos hechizos de calentamiento, y como complemento final, una taza humeante de chocolate caliente. Eso sería algo sumamente perfecto.
No obstante, esa no es la situación actual de Harry, quien aún en su auto impuesto letargo, sigue de culo sentado en el helado suelo, completamente desnudo. Bueno, es falso; pero siente que su pijama es algo que en definitiva él no usaría, al menos no con una tela tan delgada, casi parece seda, mejor dicho: es seda. Eso no es algo que emplee, pero tampoco es como si en ese momento le importara realmente el estar desnudo o usar ropa completa e indudablemente snob, porque, hay algo muy importante que le mantiene fuera de sintonía momentáneamente.
Sin reparar enteramente en su exterior, no se percata de que hay invierno en Escocia y que hoy algunas personas deben morirse de frio, porque Harry no lo siente en su carne. Al menos no es esa clase de frio, sino el viento gélido de la muerte acariciándole el cuello, diciéndole que aún sigue vivo, que su pesadilla no ha terminado y que debe temer a los días venideros, porque no será sencillo.
En su interior, la impresión de seguir vivo —de alguna bizarra forma—, todavía seguía bullendo como caldero a punto de hacer explosión. Da la impresión de que Neville en ese momento está haciendo una extraña combinación de sustancias de dudosa procedencia y Snape parece palidecer de la cólera. Eso, hace tres años le hubiese parecido gracioso, y sentido pena por su amigo de igual forma. Pero asocia la forma asquerosa del caldero, de cómo burbujeaba lentamente haciendo pequeñas explosiones de espumas y luego, simplemente un desastre colosal: se siente exactamente igual; mas eso comparado a lo que ahora percibe debido a la non grata imagen que se presenta ante sí en forma de un indeseado individuo, por lo menos hasta ese instante, no es algo que pueda superar de momento.
Si alguien hace tres años le hubiese dicho a Harry que hoy, a esas horas de la mañana donde Escocia expele invierno y es instintivo que esté arropado y no en el suelo como un perro desgraciado, pudiese estar compartiendo habitación —por no decir cama porque Harry aún está traumado por ello—, definitivamente lo consideraría un jodido desequilibrado por tal mentira. Pero no es una mentira, Harry está conmocionado, y con toda la razón del mundo, pues el mismísimo Draco Malfoy había estado durmiendo con él hasta en ese momento y aquello bueno, no era.
— ¿Y bien? —demandó una respuesta, enarcando una ceja en su dirección. Harry no pudo responder en aquel momento, y el otro dio un bufido exasperado—. No me digas que fue una simple pesadilla de esas que te estaban dando al inicio de clases, porque no me lo creo.
—Yo…
Nada, su mente en blanco yace. No puede conectar su cerebro debidamente a su lengua, y decir que está bastante sorprendido, es quedarse corto, por no decir traumado, porque esa palabra es bastante profunda, pero realmente está shockeado con todo esto, con la nueva información que recibe y una sensación vaga de familiaridad inexplicable…
Tal vez… quizá está en el lugar ese donde van los pecadores. Los muggles hablan mucho de ese sitio, ¿cómo se llamaba? ¡Ah, sí: el infierno! Está en el jodido infierno y Draco es su verdugo o alguna clase de eterno castigo porque no concibe como dos enemigos naturales como las fuerzas de un huracán y un tsunami pueden estar juntos en sana convivencia, compartiendo la misma cama como si aquello fuese tan normal y familiar como las bromas y los secretos que compartía con Ron.
Lo peor, el chico en cuestión parecía tener la osadía de llamarle por su nombre de pila y tratarle como si de cualquier trapo se tratase, porque esa sentada de culo que se dio contra el suelo no fue como la caricia de una pluma, sino como el tablazo que una vez le dio Fred en tercero.
La sensación familiar crece como un peso hueco en su abdomen, como si el sentir de algo faltante fuese más desesperante que nunca. No es un peso protervo o incómodo, sino todo lo contrario. Aquella familiaridad le desquicia completamente ya que no halla el recuerdo adecuado. Su cabeza es una bruma licuada de memorias, de sus evocaciones donde un pasado le persigue y un presente que le agobia ante la certeza de que apenas puede tener reminiscencia alguna le turba. ¿Cómo sería su futuro de seguir este camino escurridizo?
Definitivamente no es algo que pudiese esperar como bueno.
Tal vez si piensa detenidamente cómo se siente, una palabra surge en su mente como la piedra que se hunde en el fondo del lago, mas los pequeños pedruscos adheridos a éste como un conjunto de algo grande resurgen, y crea ondas. El término rutina es algo a lo que Harry estaba acostumbrado en los siete años escolares de Hogwarts: rutina de ir cada sábado a las cinco y treinta de la tarde al entrenamiento de Quidditch; rutina de ir los viernes a Hogsmeade para tomar cerveza de mantequilla con Seamus, Dean y Ron, bromear sobre las estupideces que más le hacían reír; rutina era estar con Hermione y Ron en la sala común y hablar de las trivialidades que más le gustaban, y en algunos momentos se les unía Ginny sentándose en su regazo, abrazándole y murmurándole palabras a su oído con el firme propósito de incomodar su mejor amigo. Frases que él ya no recuerda.
Rutina para Harry era sinónimo de felicidad. Sin embargo ahora le irrita, le incomoda. Es una sensación que se hace fuerte, más cuando está con aquel chico que siempre ha sido su némesis, y no puede soportarla por el simple hecho de estar en plena concordancia con nada más y nada menos que Draco Malfoy.
Todo él le irrita debido a que está consciente de que ha olvidado algo a causa de sus memorias pasadas, y sabe, sabe que es algo importante. Le ayudaría a deducir por qué está ahí con ese individuo, durmiendo juntos, compartiendo más que calor.
El término rutina ha dejado de ser felicidad para Harry. Ahora es incertidumbre, olvido, desconsuelo, y sobre todo: aprensión.
En sus cavilaciones meditaba la sensación de familiaridad tan cercana y a la vez desconocida. Rutina, qué palabra tan carente. Pero rutina era aquello que siempre le había ayudado a sobrellevar las injurias. Era una buena palabra hasta que cayó en esa situación. Su cabeza no es más que un panal de abejas zumbando todas a la vez, y necesita poner orden como la abeja reina —rey— comanda sus pelotones, para así comprender un poquito por qué coño está ahí, por qué está en el mismo eje de espacio que Malfoy y por qué demonios aún no se han matado a hechizos, como mínimo.
Quizá cavilar a profundidad no fue lo correcto. Conoce la fama que tiene Malfoy, y sabe que la paciencia no es una de sus virtudes por lo que no se sorprendió cuando fue maniatado como un muñeco y alzado con insultante facilidad hacia la cama de regreso, sin embargo, exclamó sorpresivamente. Tuvo que hacer una obligada pausa a su fila de perturbadas inquieres.
Iba a replicarle unos cuantos insultos por tratarle de aquella forma, pero notó inmediatamente que Malfoy cerraba los doseles y murmuraba con su varita, que no sabe de dónde coño salió, unos cuantos hechizos de protección lo suficientemente fuertes como para que Harry los hubiese notado en su canal mágico. Frunció el ceño, y abrió la boca para protestar, pero calló rápidamente cuando aquellas orbes grises se posaron sobre su persona, viéndole durante varios segundos que parecieron una eternidad.
Harry no logró descifrar la emoción que bailó tras sus ojos con inusitada persuasión. Quiso acercarse y saber qué pensaba, pero sabe que no funciona de esa forma.
—Harry —dijo finalmente Malfoy, invadiendo el espacio personal de éste como si aquello fuese lo primero que hiciera todas las mañanas.
Para Harry fue inevitable el rechazar rotunda y contundentemente a Malfoy. Se arrastró sobre la colcha y pegó su dorso en el espaldar de madera de la cama, pero aun así él no se amedrentó ni un poco, más bien se acercó a él, flexionó sus piernas y se sentó a horcajadas sobre sus muslos con tanta confianza que a Harry se le nubló la mente, y boqueó como un pez negándose a creer lo que ve.
—M-m-malfoy —tartamudeó, bastante patético debió admitir, pero es que aquello era increíble.
¿Quién coño le iba a decir que ahora Malfoy se le sienta de esa forma deliberada en sus piernas y lo hace con tanta confianza que le aterra? Si le hubiesen soltado aquella estupidez, seguramente un Expelliarmus no hubiese sido suficiente.
Draco frunció el ceño, mucho más que las veces anteriores, y le vio alzar la varita apuntándole sin miramientos.
—Tú no eres Harry —sentenció, apuntándole sin titubear, y Harry desde que había despertado en aquel lugar no había experimentado el pánico. Estaba claramente desprotegido—. ¿Quién demonios eres? —exigió, y se acercó más a sí, su rostro a escasos centímetros del suyo.
Estaba jodidamente perdido. Más que eso, Draco Malfoy, hijo de dos mortífagos en potencia con una racha de maldiciones tan oscuras que el mismísimo Voldemort temería de no ser porque el bastardo ya de por sí era lo suficientemente peligroso como para joderle toda una vida, venía y le amenazaba dispuesto a lanzarle un maleficio. Pero él es distinto, bueno distinto es una palabra noble. Tal vez no tan torcido como los demás magos de su clase. Mas sabe que es lo suficientemente malicioso como para joderle sólo porque dijo su apellido y no su nombre como tal vez en alguna otra ocasión habrá escuchado. Para mal de Malfoy, él no era el Harry que siempre había dicho su nombre de pila.
Ni siquiera sabe quién es, mucho menos qué recuerdos en realidad son suyos. Está verdaderamente confundido, pero debe darle una respuesta inmediata a ese individuo. Respiró profundo, sus orbes esmeraldas observando las grises; de alguna forma, obviando donde aquel chico está sentado.
—Harry Potter —dijo con seguridad.
Pudo apreciar como por primera vez en su vida la faceta de soy un jodido niño bonito y mimado, se fragmenta ante sus ojos y únicamente era Draco, para gran asombro de Harry era sencillamente Draco, sin apellido. Un Draco bastante preocupado por quién sabe qué, y aquello le hizo pensar seriamente qué carajo estaba haciendo antes de que su esencia llegara la noche anterior.
Draco Malfoy dudaba en si hechizarle o lanzársele encima, y Harry esperaba pacientemente con el alma en vilo que se le quitara de sí para huir lo más rápido a la torre de Gryffindor y refugiarse en algún lugar que fuese conocido para él.
—Mientes —fue lo que susurró, bastante bajo y quedo. Estaba dudoso, Harry lo podía ver con facilidad porque ya Draco Malfoy no era una máscara inmutable, sino un chico que preguntaba por la legitimidad de su amigo-lo-que-sea.
—Lo soy —espetó. Ya le estaba comenzando a molestar que Draco le refutara como si le conociese de toda la vida.
Tal vez lo que más le irrita es que Malfoy tiene razón.
—No, no lo eres —negó con la cabeza, mechones rubios, pálidos como la nieve agitándose levemente ante la oscilación. Volvió a alzar su cabeza, posó sus orbes grises en sí y en ellos vio un temor insondable, como si se negase a creer que aquello sucediera. Harry pensaba lo mismo—. Harry, en todos estos años, jamás me ha llamado por el apellido —dijo con fervor, aunque entre líneas la inseguridad fuese palpable.
Harry estaba irritado, aquel Malfoy no le gustaba. Sabe que es humano, que es obvio que pueda sentir esas emociones, pero le irrita en sobremanera que pasee todo su sentir como si de un desfile se tratara. ¿Qué pasaba con el Malfoy imperturbable que le devolvía todos los insultos? ¿Con el Malfoy que no se dejaba amedrentar por nada ni nadie?
Quizá lo que le molesta es que aquel Draco Malfoy le conceda la oportunidad única de confiar plenamente en él todas esas sensaciones, sentimientos y emociones que sólo un Malfoy le cedería a su persona más cercana, y Harry no podía hacer nada para devolverle el golpe de gracia, porque sería injusto hacer algo en una situación así.
¿Qué podía hacer? ¿Negarle rotundamente que en todos esos años que han estado liándose a hechizos mutuamente, jamás Harry le ha llamado por su nombre? El apellido Malfoy sale de sus labios con resentimiento, ira, desdén y lástima, pero jamás saldría su nombre, mucho menos con aquel cariño que Draco Malfoy se empeña en traslucir implícitamente entre las pequeñas oraciones que apenas han compartido.
Por muy estúpido que suene, Harry no puede decirle algo así. No puede quebrar su esperanza o ese sentimiento de cariño que ahora deja entrever en la profundidad de sus orbes grises. Es bastante molesto, tanto, que el viejo Malfoy hubiese sido más fácil de sobrellevar.
Por todos los dioses, aquello era una maldita tortura. Acaba de aceptar que prefiere al viejo Draco que a éste que no sabe qué hacer con él.
Hizo una breve pausa a sus pensamientos, ahora cavilando seriamente: ¿qué va a hacer? ¿Decirle la verdad? ¿Cuál verdad? No puede venir simplemente y exponer que es un Harry que ha venido de algún lugar donde sólo había miseria y muerte. Está claro que le meterían en San Mungo a la primera oportunidad, y Draco por muy devoto que sea a él, no le creería. No puede decir lo que él considera su verdad.
Si bien ha leído libros sobre viajes y cosas así aún creyendo que eso es mentira, sabe que si suelta algo, todo podría cambiar y no sabe cómo podría eso repercutir en su futuro.
Una sonrisa amarga cruzó sus labios, bueno, no podría ser peor de lo que ahora está.
—Ma-… Draco —titubeó, suspirando. Bien, era el primer paso, ya dijo su nombre y no murió en el primer intento. Vio como alzaba su cabeza y sus orbes se posaban sobre él, levemente esperanzadas. Casi se atraganta con su saliva—. Draco —lo repitió, para acostumbrarse obviamente; mas no pudo hacerlo, el muy estúpido no ayudaba con aquella sonrisa tonta que revoloteaba en sus ojos y apenas llegaban a sus labios levemente. Le estaba asustando.
Necesitaba decirle algo, aquella tensión en el ambiente era pesada. Malfoy se estaba aproximando mucho, y le estaba incomodando. De ser alguna mujer pudo haber gritado, ya que la sensación de acoso era mayor cada vez que aquel individuo se acercaba. Necesita decir algo, cualquier estupidez.
—Pesas —soltó lo primero que se le ocurrió, y funcionó, porque se alejó lo suficiente como para permitirle respirar con tranquilidad, pero el muy bastardo no se quitó de encima.
—No mientas, tú pesas más que yo —habló por fin, y esa conversación se desvió del tema principal con tanta facilidad, que por fin pudo respirar. Draco Malfoy ya dejaría de molestar con que si es Harry o no.
Pero Harry no puede cantar victoria todavía. Draco es lo bastante suspicaz como para sospechar hasta de sí mismo, y él debe andar alerta. Odia andar alerta con alguien que se autonombró su persona de confianza sin pedirle permiso primeramente. Iba a ser molesto teniéndole a sol y sombra.
— ¿Y bien? —nuevamente habló Draco, sacándole de sus cavilaciones—. Aún no me dices si eres Harry.
Se le veía bastante relajado, y eso le irritó.
—Creo habértelo dicho ya —masculló, frunciendo el ceño.
—En realidad no —murmuró, acercándose nuevamente, sus orbes jamás apartándose de su mirada—. ¿Cómo puedo saber que eres mi Harry y no cualquier idiota que quiera imitarle? —preguntó en un susurro quedo.
Parecía que siseara, y no quería admitirlo, pero Malfoy destilaba misterio tras aquellas preguntas y movimientos oscilatorios. Volvió a tragar saliva, la molestia abandonado su cuerpo y sustituyéndola por nerviosismo.
— ¿Cómo puedo saber yo que no estás confundido y crees saber conocerme? —contraatacó con una pregunta que le daría en el orgullo a Malfoy, pero aquello le estaba poniendo los pelos de punta.
Funcionó. Malfoy estaba desconcertado, su rostro parecía la viva imagen de la indignación.
— ¿Cómo? —su voz sonó más aguda de lo normal, parecía tener problemas para respirar.
Pero Harry se agarró de allí.
—Te dije: ¿cómo puedes estar seguro?
— ¡Te conozco más que esos pendejos que te admiran! ¡Te conozco como nadie! —exclamó, viéndose sinceramente ultrajado. Harry se maldijo por sentir remordimiento.
Intentaría no dejarse amedrentar por esa mirada.
—Si me conoces… ¿por qué dudas de mí? —preguntó, y la pregunta sonó sincera, porque quería saber cómo Malfoy logró entrever entre el Harry que está ahora ahí, y el que cree saber que es su yo verdadero.
Le sostuvo la mirada por un tiempo, esperando que Malfoy terminara con su escena de indignación y le respondiera. Pero se veía perturbado, como si le hubiesen dado en una tecla especialmente dolorosa.
—Porque Harry tiene cuatro años que no me llama por mi apellido, sólo hace cuando está molesto —explicó, viéndole de soslayo. No parecía una respuesta convincente—. ¿Estás molesto?
Harry respondió automáticamente.
—No estoy molesto.
Y se maldijo porque Draco Malfoy se veía tan aliviado y tan feliz aunque apenas se pudiese notar en su rostro, pero era un semblante libre de cualquier indicio Malfoy-yo-soy-imperturbable.
— ¿Pero entonces por qué coño me llamaste así? —preguntó, viéndose verdaderamente confundido, no desconfiado.
Silencio, ¿ahora qué coño le diría? Ya se había hecho esa pregunta antes y la respuesta no era la más favorable. Ni siquiera sabe qué hace ahí, o qué es él, o de dónde proviene, o si está en un pasado, porque está en un pasado, ¿pero acaso pertenece a él? Definitivamente no. ¿Qué coño hace ahí, con él, de todos los alumnos de Hogwarts, por qué demonios con Draco-némesis de Harry-Malfoy?
—Yo…
—Utilizaré la Legeremancia si no sueltas todo —amenazó.
Harry se acobardó visiblemente. No tiene nada de experiencia con la Oclumancia. Pero luego recordó algo gracias a esa insignificante palabra. Surgió del estanque de sus recuerdos, como si fuese algo instintivo, trajo a colación una memoria de ese pasado que pareciera pertenecer a él, pero es enteramente de aquel mundo, de aquel cuerpo que ahora habita de forma imprudente.
Sonrió con autosuficiencia.
—Tú no sabes hacer correctamente Legeremancia —afirmó, y cantó victoria en su interior cuando la mirada amenazante de Malfoy tambaleaba.
Pero no duró mucho.
—No importa, tengo Veritaserum y te obligaré a tragarlo te guste o no —sentenció, cruzándose de brazos, su varita sosteniéndola peligrosamente en su mano.
—No puedes hacer eso —dijo Harry automáticamente—. Es ilegal —murmuró, y se sorprendió aún más cuando Malfoy rió con suavidad. Una risita burlona, pero no iba dirigida especialmente a él, sino a la situación inverosímil.
—Por Merlín, Harry —dijo Draco con retintín, los vestigios de la risa anterior revoloteando en sus labios—, no pareces un Slytherin.
Anteriormente Harry jamás se había percatado de lo natural que son las sonrisas de Malfoy cuando está en confianza. Daba la sensación de que se olvidaba completamente de que hace cinco minutos sospechaba abiertamente de su persona, y ahora le trata con la debida confianza. No lo entiende, pero tampoco le importó sentarse a cavilar en ello cuando Draco, oh impertinente y odiado Draco, dijo lo que dijo como si fuese un orgullo universal.
— ¿Qué? — La voz de Harry subió dos tonos, la manzana de Adán apenas visible en su cuello bajaba y subía con dificultad dolorosa.
— ¿Qué de… qué? —inquirió receloso, volviendo el ceño fruncido a sus pálidas cejas.
Pero Harry ya no escuchaba, ya no estaba nervioso por la cercanía de su enemigo, mucho menos de los sentimientos encontrados que eso implicaba ante las memorias fusionadas con su pasado. Era tan extraño, tan peculiar. Casi podría reírse con histeria de no ser porque su shock es tal que apenas su mente puede recrear una y otra vez la misma frase anteriormente escuchada. Una palabra dolorosamente marcada en sus cavilaciones como un sello a rojo vivo.
Slytherin, casa de las serpientes desconfiadas. Un Slytherin.
Pareciera como si el destino se burlara de él, le sedujera un momento haciéndole creer que nada podría ser peor que estar en un sitio donde sus memorias son distorsionadas y que su enemigo duda de él y a la vez es algo importante de su vida. Cuando por fin cree que nada puede ser más abominable, viene aquel individuo cuya existencia puede importarle menos, y le dice claramente que es un Slytherin.
Slytherin, una serpiente verde y plateada, recelosa, desconfiada...
Ese nombre parece ser objeto de sus pesadillas, dueño de sus sueños y autor de sus injurias. Slytherin.
—Un Slytherin —murmuró para sí, olvidando que su enemigo jurado aún sospecha de él, que quiere sacarle la verdad obligado.
—Exacto —espetó Draco.
Fue inevitable dar un respingo ante el tono de su voz recelosa. Salió de sus cavilaciones tormentosas, posando su mirada esmeralda que tras aquellos cristales empañados se ven desorbitadas, borrosas. Malfoy le vio, sosteniéndole la mirada largamente, volviendo a ser imperturbable y Harry no reparó en el hecho de cuánto le turba verle así, sin un ápice de emoción. Draco suspiró, masajeándose las sienes.
—Si no me dices qué mierda te sucede, te lo sacaré con Veritaserum. Me importa tres cojones si te molestas conmigo —una vez más Malfoy amenazó, y esta vez sí era verdad. Harry sentía que se hacía pequeño cada vez.
Boqueó, asustado. Malfoy ni siquiera reparó en cuántas emociones surcaron por la tez de Harry porque estaba preparando el encantamiento que revertía los hechizos de privacidad y si lo hacía saldría, buscaría la poción y se la daría. Entonces Harry contaría todo, revelaría algo de lo que no está seguro de poder confesar o de las consecuencias que aquello pueda causar. Gimió, y no supo lo que hizo, o si fue instintivo, pero lo siguiente que supo es que ahora estaba abrazando a Malfoy. Bueno, técnicamente se le lanzó con toda su fuerza e impidió que este deshiciera el hechizo, ahora siendo Harry quien estaba a horcajadas sobre su enemigo.
—Harry…
En aquella pequeña oscuridad intencionada le vio sonrojarse levemente, su resolución tambaleándose. Pero eso a Harry podría importarle poco, tal vez luego tendría tiempo para arrepentirse sobre sus acciones, lo más importante era evitar que Malfoy supiera qué sucedía con él, ¿pero qué decir exactamente? ¿Mentiría? Lo más importante: ¿le creería como para no armar una escena que hiciera que todo Hogwarts perdiera la cabeza?
Qué decirle… estaba asustado, y podía ver que Malfoy vacilaba, apenas nervioso y algo anticipado. A Harry le importa muy poco si en ese momento el rubio pensaba qué cosas, lo que le interesaba saber era qué coño le diría. Cómo le mentiría y si su invención sería lo suficientemente convincente como para desviarle de una terrible verdad.
—Mal… Draco-
—No, Harry —siseó Draco con voz levemente estrangulada. Tal vez sí es pesado después de todo—. No me vas a convencer ni aunque-
—Estoy hechizado —soltó a boca de jarro, no estaba seguro de lo siguiente que diría, por lo que no lo pensó demasiado—. Yo… no sé, he perdido mis memorias… —confesó, mitad verdad, mitad mentira. Malfoy soltó un jadeo de impresión y ni siquiera pensó en la posibilidad de que le creyera, simplemente lo dijo—: apenas puedo recordar.
Harry posó sus orbes esmeraldas en la profundidad de aquellos ojos grises, y el siguiente en estar impresionado fue él. Esa era la segunda vez en aquel momento que podía ver perfectamente a Malfoy derrumbarse ante sí como una gran muralla se desvanece, como el cristal se cuartea ante el golpe contundente de un destino cruel. Nunca dejaría de sorprenderle, nunca dejaría de perturbarle.
Quizá lo más inquietante fue que Harry pudo reflejarse perfectamente en las emociones de aquél quien en ese momento no parecía ser su némesis, sino una expresión más del destino que le acaece.
"Mira, Harry, aún tengo sospechas, y me importa una mierda lo que pienses, cuando termines de ver la estúpida materia de Adivinación, te llevaré con Madam Pomfrey".
"Pero…"
"No, resolveremos el problema, y es mi última palabra".
Y ahí estaba, saliendo de Adivinación. Una asignatura que tomó más por su bizarra facilidad que por el hecho de ser una materia para clarividentes, según la loca que tiene por profesora. No le molesta en sí, mucho menos le tiene animadversión a la susodicha, pero le irrita que cada vez que entra a la dichosa aula, la individuo cuyos lentes hacen que sus ojos sean más grandes y ese aspecto de hippie que a Vernon le daría un apoplejía, venga y le diga desgracias a diestra y siniestra, como si Harry fuese perfectamente feliz escuchando tanto augurios de muerte.
Tiene más que suficiente con su situación actual, muchas gracias.
Está en jodidos problemas si Malfoy descubre la mentira, bueno, sencillamente es una evasión de la realidad. Se detiene en aquella escalera de caracol, y resopla. Los alumnos hacen un excelente trabajo en ignorarle. Vuelve a suspirar, su vista centrándose en los vitrales que permiten entrever en los claros cristales el clima que fuera de Hogwarts desfila.
Es invierno, y es extraño, pero es un invierno que le agrada. Fuera de allí la ventisca es suave, se pasea con inusitada seducción y lo congela todo a su paso con solemnidad. A Harry podría importarle menos si lo congela todo, porque en el fondo desea que así lo haga.
Reanuda su caminar, y baja la torre espiral como hace tres años lo hizo. Todavía no cree que está en Hogwarts, aún no puede concebir que siga vivo y que tenga alguna especie de nueva oportunidad, porque sinceramente, no sabe cómo llamar a la improbable situación que se le presenta.
Sólo sabe que ahora está solo, que pudo ver a Ron y a Hermione en el gran comedor, una vez más con vida. La alegría que sintió fue empañada rápidamente por la dolorosa realidad: ellos no repararon en su existencia. Quizá lo que más le dolió a Harry fue ver cómo ellos también le ignoraban, como ese quinto año se repite y todo absolutamente todo se burla de él. ¿Nueva oportunidad, o nueva pesadilla?
Nadie dijo que sería fácil.
Harry sigue caminando, adentrándose una vez más a Hogwarts, caminando por el ala oeste directo para ir a Defensa Contra las Artes Oscuras. Sabe que debe ir a la enfermería porque así Malfoy le exigió, pero Harry prefiere entrar y olvidarse de todo, aún sabiendo que aquello será imposible porque una vez entre al aula todos los recuerdos de su pasado se dispararán como los flashes de la cámara de Creevey, y nadie reparará en su presencia, todos le ignorarán. Se alejarán y obviarán que Harry Potter una vez fue. El único que no haría tal cosa es, irónicamente, la persona que le habla y le trata con cuidado, como si en cualquier momento fuese a romperse. En efecto así es.
Es irónico que Draco Malfoy, su enemigo jurado desde hacía más de siete años, bueno, ahora cuatro, sea ahora la persona en quien más puede confiar. Qué curioso.
No sabe cuándo se ha detenido, no sabe cuándo ha dejado que sus cavilaciones torturadoras inhiban todos sus movimientos y le detengan en aquel solitario pasillo de piedra. Los cuadros siguen susurrantes y un movimiento oscilatorio se puede escuchar en la distancia. No puede entrar a DCAO, no puede ver a Hermione a Ron o a Neville hablar entre ellos como si aquello fuese tan usual en ellos, excluyéndole totalmente. Siente que se quebrará, que esa nueva oportunidad sería insoportable sin tenerles a su lado. ¿De qué serviría poseerla si Ron no le secunda, sin Herm para sermonearle o Neville para contarle cosas sobre plantas?
Lentamente se desquebraja el espejo…
— ¡Harry! —un grito pudo escucharse a metros de él.
Dio un respingo, saliendo abruptamente de sus pensamientos. Se giró en dirección a la voz que le llama, y pudo verle claramente: su túnica pulcra, insignia de prefecto de la casa de las serpientes perfectamente colocada, bufanda verde y plateada oscilando con el suave movimiento que la brisa dentro del castillo se pasea. Harry no quiere pensar que también tiene el mismo uniforme, y la misma bufanda que resalta el esmeralda tras sus cristales.
—Harry, aquí estás.
Malfoy se acercó a él, tan sonriente que por un momento creyó que no era él quien se acercaba sino una persona con multijugos, porque definitivamente Malfoy no llegaría con aquella sonrisa tan radiante y confiada. Mas se acordó de que aquel no era Draco, al menos no el que Harry conoce. Esbozó una sonrisa carente, asintiendo a su saludo.
—Hola…
Aún era extraño que Malfoy fuese la única persona cerca de sí en aquel momento. Casi podía escuchar a Ron despotricar contra él y a Hermione sermonearle por lo mismo. Harry sólo mantendría sus ojos fijos en los de aquel Slytherin en una silenciosa batalla. Pero aquello no sucedería, porque Draco Malfoy no era su enemigo ya, sino alguna especie de individuo con demasiada confianza.
— ¿Estás bien, Harry? —preguntó, viéndole entre la preocupación, sospecha y alarma.
Harry no quiere admitir que Malfoy se ve mejor mostrando más emociones que aquella máscara imperturbable que tanto le irritaba.
—Sólo cansado —mintió.
Su mirada se posó en los vitrales donde se reflejaba apenas, y no debió hacerlo, porque inmediatamente notó los matices que adornan su uniforme. El verde y el plateado refulgen creando un halo donde Harry puede ver más que simples colores. Vislumbra desolación inconsolable, y puede ver a Draco Malfoy contemplándole intensamente a través del cristal. Divisa lo que él ve, lo que los tonos crean y se superponen en un cuadro completamente imposible donde un Draco y un Harry pueden estar juntos en la misma casa, en el mismo eje de espacio sólo siendo ellos, nada más que ellos.
Solamente escuetos individuos sin un pasado marcado, sin un deber que cumplir.
—Pareces más que cansado —murmuró, y se acercó a él lentamente.
Harry pudo sentirle tan cerca de sí que la calidez no le incomodó, más bien le confortó, un poco.
—Sólo cansado —repitió, esta vez en un siseo molesto.
Puede que la presencia de Malfoy ahora no fuese hostil, pero no quería decir que dejaría de ponerle nervioso e irritable cada vez que éste decidiera penetrar su espacio personal como si eso fuese algo perfectamente usual entre ellos.
Malfoy pareció entenderlo, porque se alejó, apenas.
—No importa —le restó importancia al asunto con un ademán que Malfoy consideró elegante y a Harry le recordó al viejo Draco—. Vayamos a la enfermería a ver qué parte de tu cabeza se fundió.
Tal vez a Malfoy le pareció gracioso, quizá lo haya querido decir con esos ánimos, pero a Harry le dolió el comentario. No era porque lo mencionó con intenciones de molestarle, porque no lo sintió así, pero Harry recordó exactamente eso: su cabeza fundida, el caldero de Neville hirviendo de un aspecto dolorosamente asqueroso y aquella sensación amarga no desaparece porque ahora es consciente de cuán infeliz es, de lo solitario que se siente y de que quizá, sólo quizá, él ya no quiere recordar absolutamente nada.
Una mano cálida se posó sobre la suya. La túnica negra lo ocultaba perfectamente, pero pudo ver como Malfoy le tomaba de la mano son suavidad y entrelazaba sus dedos con los suyos, jugueteando con la suave piel. Harry volvió su vista a aquellas orbes grises, y estas le vieron igual, sus labios moviéndose en una leve sonrisa.
—Debemos ir con Madam Pomfrey, Harry —murmuró, apresando aún más su mano—. Luego haremos el ensayo de pociones —alzó ambas cejas, como si lo considerara alguna especie de cita especialmente sugerente.
Harry bufó, rodando los ojos.
—Si crees que me has convencido con ello, debo informarte que no es el mejor método de seducción —dijo, esta vez sonriendo un poco, con sinceridad.
—Ese es el Harry que conozco —afirmó Draco con solemnidad, y luego le empujó, bajando las escaleras que guiarían al ala de la enfermería.
Harry pensaba que tal vez podría ser capaz de recordar y así develar el misterio que se esconde tras sí. Posiblemente fuese bueno traer las memorias que le perturban. Giró su rostro y observó a Malfoy sonriéndole levemente.
Sería interesante recordar qué parte de aquel individuo se estaba perdiendo.
Espero que les haya gustado el cap. Cualquier cosa ya saben, pueden enviarme un maleficio vía review y yo concebiré el disgusto. Si no comprenden, entenderé el motivo. No podía expandirme porque ya de por sí el capítulo quedó largo y los sentimientos de Harry necesitan ser aclarados. En los próximos caps veremos más acción, lo prometo.
