Adfs! Malditos exámenes... En fin, aquí estoy de vuelta con este pequeño capítulo, espero que lo disfruten, kyrukyru~


Capítulo 4: El habitante de la casa

Una atmósfera pesada rodeaba al grupo de adolescentes que se encontraban en el recibidor de la antigua mansión. Acorralados y sin poder huir solo les quedaba esperar una reacción por parte del joven que estaba amenazando sus vidas.

En el rostro de aquel muchacho no se reflejaba emoción alguna, no parecía asustado o alterado, sus ojos rojos no expresaban absolutamente nada y se limitaba a observarles desde lo alto de la escalera. El tenso silencio fue roto por una voz áspera y grave, una voz que al parecer no se dejaba oír muy a menudo:

- ¿Quiénes sois?

Esas fueron las palabras que salieron arrastrándose de los labios del joven con la pistola, que no dejo de apuntar al grupo ni por un instante. Su voz sonaba hueca, carente de emoción, nadie se atrevió a responder.

- ¿Qué hacéis aquí?

Volvió a preguntar, esta vez con un pequeño matiz de enfado e impaciencia.

- N-nosotros s-solo estábamos b-buscando a a-alguien, no hemos venido a robar o algo así…

Jeremy contesto con voz temblorosa, lo cierto es que no sabía cómo había logrado articular las palabras necesarias para formular esa oración.

- ¡Es cierto! No hemos venido a molestar, ni nada de eso, es más, estábamos a punto de irnos…

Odd secundo a su amigo tratando de sonar lo más convincente posible. El joven bajo un poco de arma, pero aún no parecía muy convencido.

- Estamos buscando a mi padre, él nos cito aquí, por favor, créenos, no te vamos a hacer nada…

La súplica de Aelita quizá sonó un poco ridícula al ser dirigida a un chico que poseía un arma, pero al parecer surtió efecto, pues enfundo la pistola y subió las escaleras.

Un suspiro generalizado de alivio se escapo de sus labios mientras se dejaban caer al suelo. Poco a poco la tensión se desvanecía y la adrenalina acumulada se disipaba lentamente, trayéndolos de vuelta a la realidad. En el caso de Yumi, el terrible dolor de su pierna derecha se hizo patente y no pudo evitar soltar un quejido. Una mirada hacia abajo constató que la herida seguía sangrando abundantemente y eso trajo una nueva preocupación a su mente, tenía que parar la hemorragia inmediatamente.

- ¡Yumi estás sangrando!

- N-no es nada Aelita, vamos a buscar algo para detener la hemorragia.

La sonrisa forzada de Yumi solo consiguió preocupar más a sus amigos, que entre Ulrich y William rápidamente la llevaron al comedor mientras los demás buscaban algo con lo que detener la hemorragia.

- Tiene que haber un botiquín en alguna parte…

- Quizá esté en el baño, ¡vamos Jeremy!

Los dos rubios y la chica de pelo rosa fueron al gran baño de la parte baja de la vivienda, construido con mármol blanco, que se había vuelto gris por los años de abandono. Ya habían mirado en ese lugar, y estaban seguros de haber visto un botiquín en alguna parte, por lo que no tardaron en encontrarlo. Estaba en un pequeño armario que en otra época habría sido blanco, pero ahora estaba cubierto por una capa de polvo y moho. Tomaron el botiquín y revisaron su contenido, se les cayó el alma a los pies. En esa pequeña caja no había nada que les sirviera, solo pastillas caducadas.

- ¿Y ahora qué?

La pregunta de Odd quedo en el aire al oír los pasos del chico del cuchillo bajando por las escaleras. Aunque en apariencia no fuera a hacerles nada, no pudieron reprimir un escalofrío. Salieron del baño y fueron al recibidor con el corazón latiéndoles rápidamente. Allí estaba el chico, que visto de cerca no parecía tan temible, pues estaba muy delgado y su piel tan pálida le daba un aspecto frágil. Su rostro estaba marcado por unas grandes ojeras, reflejaba cansancio. Aquel muchacho se les quedo mirando fijamente. Llevaba una mochila negra en la espalda que había pasado desapercibida hasta el momento, y más importante aún, un botiquín en su mano izquierda.

Se miraron a los ojos unos segundos y antes de que alguno pudiera decir nada el joven se marchó siguiendo el rastro de sangre que conducía al salón. Tras intercambiar una mirada fugaz, los tres amigos le siguieron.

En el salón, Yumi estaba sentada en una de las muchas sillas y unos nerviosos Ulrich y William trataban de detener la hemorragia con un trozo de tela de una de sus chaquetas. El primero en entrar fue el chico de piel pálida con el botiquín que sin mediar palabra se acerco a Yumi y se dispuso a tratar su herida. Los dos chicos lo miraban con desconfianza, pero el joven no se daba por aludido y hacía su trabajo sin mirar a nada más que la profunda herida en la parte posterior de la pierna derecha de la muchacha japonesa.

Todos se limitaban a mirarle con desconfianza, pero nadie se atrevía a molestarle. Pasado un lapso de tiempo que se les antojo eterno, el joven dio por finalizado su tratamiento.

- Esto bastará por ahora, procura visitar un hospital en cuanto vuelvas.

Sin dejar tiempo a una respuesta el chico se levanto y les dio la espalda para dirigirse a la chimenea de la casa, la encendió y se sentó en uno de los sofás para sacar un ordenador de su mochila. Sin saber muy bien cómo reaccionar, empezaron a hablar entre ellos:

- ¿Qué hacemos ahora? La puerta está cerrada… —dijo Ulrich

- ¿Creéis que él tenga la llave? –preguntó Odd.

- Quizá debamos preguntarle… —sugirió Aelita.

- Esto, disculpa… —William tomo la iniciativa llamando la atención del extraño chico— Si pudieras abrirnos la puerta nos iríamos de aquí y te dejaríamos en paz…

- No hay llave…

- Pero la puerta está cerrada, tú lo viste…

- Será por la humedad, pasa constantemente. De todas formas, ¿estáis seguros de querer iros con este tiempo?

Como queriendo reafirmar las palabras del chico, un relámpago ilumino la estancia seguido por un ensordecedor trueno. La lluvia golpeaba violentamente los cristales impidiendo ver cualquier cosa que estuviera en el exterior. Les gustara o no, aquel chico tenía razón, salir en ese momento era una locura.

El tiempo transcurría con lentitud mientras esperaban que la tormenta amainara, cosa no parecía suceder pronto. El intenso frío de la noche les había obligado hacía un par de horas a acercarse al calor de la chimenea, y, por consiguiente, al joven que había hecho peligrar sus vidas. Ninguno de ellos confiaba en él, pero no tenían otra opción que permanecer allí. Por su parte, el chico de ojos rojos no se había movido de su sillón, tampoco despego la vista de su ordenador, ni dejo de teclear de forma frenética. No habían hablado con él en todo ese rato, no sabían nada de él, ni siquiera su nombre, pero daba la impresión de conocer muy bien el lugar, eso hizo que Odd reuniera fuerzas para tratar de empezar un dialogo con él:

- Mmm… ¿Cómo habías dicho que te llamabas?

- No lo he dicho —fue la respuesta cortante que recibió.

- Mira, ya sé que hemos empezado con mal pie, vamos a presentarnos, yo me llamo Odd y estos son mis amigos, Ulrich, Yumi, Aelita Jeremy y William, hemos venido buscando a alguien aquí y me gustaría preguntarte si tú sabes algo.

El joven paro de escribir y permaneció unos instantes en silencio antes de contestar:

- Xana…

Tal y como dijo su nombre, dio a entender que estaba dispuesto a responder a sus preguntas, por lo que el joven rubio no perdió tiempo en explicar la situación que las había llevado a colarse en la mansión.

- Ya veo, entonces os manda el Profesor…

- ¿¡Le conoces!? —gritaron todos al unísono.

- Sí, se pasa por aquí a veces, me trae comida, pero… hace casi un mes que no le veo…

- Ya veo… ¿Te dijo algo la última vez que le vistes? –preguntó Aelita esperanzada.

- Dijo algo de una caja de música en el desván, él quería que se lo contara a su hija…

- ¡Bien! ¡Por fin una pista! —Odd hizo una pausa, dándose cuenta de algo— ¡Hey! ¡Un momento! ¿¡Si sabias que ella iba a venir porque nos atacaste!?

- Solo esperaba a una persona, no a un comité, me puse algo nerv…

La frase del joven fue interrumpida por un repentino ataque de tos que sorprendió a todos los presentes, que no pudieron evitar la mueca de horror que se dibujo en sus caras al percatarse de que el chico estaba escupiendo sangre. El violento ataque concluyo tan de golpe como empezó, dejado la respiración agitada de Xana como único sonido excluyendo la lluvia que continuaba cayendo sin cesar.

El joven de mirada carmesí se quedo completamente callado observando su mano izquierda, que había usado para taparse la boca y ahora estaba cubierta de sangre. Su mirada estaba perdida y carecía de emoción.

- ¿Es-estás bien? ¡Tienes que ir a un hospital! –Aelita expreso su preocupación inmediatamente, si bien no confiaba en el chico, era una persona demasiado amable y no soportaba ver sufrir a la gente.

- No es nada… Todo acabará en dos semanas… No os preocupéis, no es contagioso…

La respuesta del joven dejo a todos sin palabras, la forma tan calmada de decir que iba a morir en dos semanas les heló la sangre.

- ¡Razón de más para que vayas a un hospital! ¡Allí pueden atenderte y quizá…!

- No tiene cura… y no quiero pasar mis últimos días tumbado en una cama, aún tengo cosas por hacer.

- Pero… ¿y tus padres? —Aelita había tratado de evitar esa pregunta pues suponía cual iba a ser la respuesta.

- Nunca les importe demasiado, de todas formas, ya están muertos…

Un silencio sepulcral envolvió la sala mientras una atmósfera pesada comenzaba a formarse, nadie sabía que decir o hacer, por lo que se quedaron en silencio y el muchacho volvió a centrarse en su ordenador aislándose del resto.

- Tú… ¿No tienes miedo?

Xana levanto la cabeza y miro a la joven de pelo rosa, que completo su pregunta:

- ¿No tienes miedo a morir?

- Todos morimos algún día –sentenció el joven para luego añadir, en un tono prácticamente inaudible— Supongo que en eso somos iguales…


Bueno pues, hasta aquí el capítulo de esta semana, intentaré tener el siguiente para el próximo finde, chau y disfruten de su tiempo libre, si lo tienen xD

Diría que dejen reviews, pero cada vez que los leo siento que mi vida es amenazada... neh, es igual, comenten si quieren ^^

kyrukyru~