I need some sleep
It can't go on like this
I tried counting sheep
But there's one I always miss
- ¡No! ¡No quiero! -Una voz femenina invadía la residencia Nohara.
Misae intentaba hablar por teléfono, mientras su hija corría por toda la casa, perseguida por Hiroshi.
- ¡Himawari! ¡Siéntate en la mesa! -Le regañó la mujer, agarrándola por el cuello de la camisa y tapando el auricular del teléfono.
- ¡Paso! ¡No quiero comer zanahorias! -La pelirroja intentó zafarse, pero su madre la lanzó contra Hiroshi volviendo a prestar atención al teléfono.
- ¿Shinnosuke? ¿Entonces te quedas allí a comer? -La castaña posó sus ojos en el techo unos segundos. -Bien, vale, pero no llegues muy tarde, ¿eh?
Tras colgar, la señora Nohara caminó hasta el salón principal de su casa, y sonrió a su marido que veía la televisión con una cerveza en la mano.
- Ihhh... Que suerte tiene Shin-Chan. Él se ha escabullido. -Replicó entre dientes la pequeña Himawari de once años, mirando su plato, ahora sólo habitado por taquitos naranjas, como si así lo fuera a desintegrar.
- ¿Se ha quedado a cenar en casa de un amigo? -Preguntó Hiroshi, mientras ella se sentaba para hacerle tragar a su hija las verduras.
- Pues si. ¿A que no adivinas de quién? -Respondió Misae con una pequeña sonrisa.
- Bueno, ya está. -Soltó Shinnosuke, colgando su teléfono móvil. -Iihh... Menuda tacaña. Normal que haya aceptado tan rápido.
Kazama le dedicó una pequeña sonrisa, y abrió la puerta de su casa con las llaves.
- ¡Mamááá! ¡Ya estoy en casa!
- Ah, Toru. ¿Qué tal el día? -La madre de Kazama salió de la cocina, sonriendo, y se acercó a su hijo. -Vaya... Traes un invitado.
- ¡Oh! Si. Siento no haber avisado... -Se disculpó. -Ha venido Shinnosuke a comer.
- ¡Hey!
- ¿Shinnosuke? -La mujer parpadeó un par de veces examinando al moreno. -¡Vaya! Casi no te reconozco, Shin-Chan.
- Ejeeee. Es que he crecido mucho. La mujer sonrió un poco de forma nerviosa.
- Si... Se ve que sigues siendo el mismo.
Kazama y su invitado entraron al cuarto del chico, cuando su madre llamó a la puerta.
- Toru, la cena tardará un poco. ¿Por qué no os bañáis tú y Shinnosuke?
- ¿Eeh? -El rostro del más bajito comenzó a enrojecer, pero Shin-Chan parecía contento.
- ¡Wo woo! ¡Si! ¡Yo quiero bañarme con Kazama! -Respondió asintiendo con fuerza, para después soltar su típica risita. -Ejeee...
- ¡E-Espera un momento mamá! Yo ya me he duchado esta mañana. -Replicó Kazama en un intento de escusa.
- Bueno, siempre te das un baño después de venir a clase.
- ¡Eso! Una vez al año no hace daño. -Sonrió el moreno, levantando el dedo índice.
- Ughh... ¿PERO ESO A QUÉ VIENE?
- ¡Toru! No le hables así a tu amigo. -El chico levantó la vista hacia su madre, con rostro preocupado.
- ¡Jum, jum! -Asintió con diversión Shinnosuke. El chico no pudo evitar apretar los dientes.
- Pero mamá. Shin-Chan no tiene ropa de recambio.
- Puedes dejarle algo tuyo. -Sonrió la mujer. Parecía realmente empeñada en que se bañaran juntos. Y Kazama no tenía problemas en bañarse con Shinnosuke cuando tenía cinco años... Pero... Ahora era totalmente distinto.
- No creo que le quede bien.
- Ejeee~ Toru eres tan chiquitito~ -Susurró el moreno, dándole golpecitos en la cabeza a su amigo. Como respuesta sólo recibió una mirada llena de reproches.
- No pasa nada, si sólo es una noche. -Asintió la mujer.
- ¿NOCHE?
- ¿Eh? ¿No has invitado a Shin-Chan a dormir?
- ¡No, no! S-solo lo he invitado a-
- ¡Me encantaría quedarme a dormir! -Sonrió Shinnosuke, ampliamente.
- Entonces marchando al baño, mientras preparo la cena.
Y dicho esto, tanto su madre como su mejor amigo parecían las personas más felices del mundo. ¿Tan divertido era molestarlo...?
Kazama suspiró, sentado en una cubeta del baño de espaldas a Shinnosuke.
- Oye, Kazama. ¿Te froto la espalda? -Sonrió el moreno, acercándose por detrás suya.
- Ni se te ocu-
No pudo acabar su amenaza, porque su amigo ya había comenzado a pasarle una esponja por su pálida espalda. Podría haberse quejado, o haberlo apartado de un manotazo. Pero no lo hizo.
Decidió por una vez relajarse, y bajar la guardias con Shin-Chan delante.
Suspiró de nuevo, y cerró los ojos relajado, cuando de pronto una corriente de aire húmedo se coló por su oreja.
A Kazama le dio un escalofrío de pies a cabeza, y con la cara como un tomate se levantó para encarar al idiota que tenía por amigo.
- ¡SHINNOSUKE!
- Woo, wooo. -Asintió el chico pensativo.
- ¿Eh? ¿Qué pasa? -Posó sus ojos en los azules de Kazama.
- Pueees... Es pequeña. -Sonrió ampliamente, sin cortarse un pelo. -Me esperaba más de ti, Kazama.
- ¿Eh...? -El chico bajó la mirada, algo confuso, hasta que se dio cuenta de a lo que el chico se refería. -Pero... ¡Pero serás cerdo!
Dicho esto comenzó a perseguir al divertido moreno, que no paraba de reír, por todo el cuarto de baño con intención de estrangularlo.
¡¿Quién se creía que era?!
Después de que se cansasen los dos, entraron a la bañera, uno mirando al otro. Kazama tenía que admitir que la mirada del moreno comenzaba a ponerle nervioso. Así que apartó la mirada.
- Oye, Kazama.
- ¿Qué quieres? -Estaba seguro de que Shinnosuke iba a soltar otra estupidez. Sorprendente no se dio el caso.
- Eso de la nariz... Fue un puñetazo, ¿verdad?
- ¿Eh? Claro que no. -Soltó con una mezcla de ofensa y sorpresa. -Ya te lo dije. Además, que sabrás tu de golpes.
- Pues aparentemente más que tu. -Murmuró de vuelta, poniendo morritos.
- ¿Decías?
- Nada, nada~ Que si querías ponerte aquí. -Sonrió el moreno chapoteando justo delante suya.
- Ni en sueños. -Declaró Kazama frunciendo el ceño.
- Vamos Toru~ No seas tímido~ -Canturreó con voz melosa, mientras poco a poco nadaba en dirección suya.
- ¡Oye! ¡No te me acerques! -Se quejó el más bajito, salpicando agua.
Al final todo acabó en una guerra de chapoteos que inundó el baño de risas y agua.
La madre de Kazama, sonreía desde la cocina. Hacía mucho que no oía a su hijo reír de esa forma.
Después de un delicioso banquete, cortesía de la señora Kazama, los chicos se fueron a la habitación de Toru.
Shinnosuke tuvo que conformarse con un pantalón de pijamas de Moepi que era lo único que le quedaba bien, para la desgracia de Kazama.
El moreno después de avisar a su madre, se tumbó en la cama que tanto le gustaba, y comenzó a dar vueltas hasta toparse con un peluche que le era familiar.
- Wo, wooo. ¿Aun lo tienes después de todo este tiempo?
Kazama, que se estaba atando los botones de su pijamas azul de rayas, le dedicó una mirada confusa, hasta que recordó quien le había regalado ese peluche. Su rostro lentamente comenzó a ponerse de color rojo, hasta que tuvo que apartar la mirada.
- No se de qué me hablas. -Sentenció. Shin-Chan comenzó a reír entre dientes.
- Claro, claro...
