Love was out to get to me
That's the way it seems
Disappointment haunted
All my dreams
Una alarma sonora invadió la oscura habitación de Toru Kazama. El chico estiró el brazo para apagarla, sin soltar su peluche de Moepi. Pasó unos segundos con los ojos cerrados, intentando darse a si mismo fuerza para levantarse, y por fin se giró para ponerse en pie. Pero cuando fue a poner el pie derecho en el suelo, una mano de entre las sábanas lo agarró por la muñeca, y lo tiró de vuelta a la cama.
- Iiih... Kazama... Cinco minutitos más. -Susurró Shin-Chan con la cara hundida en la almohada.
- ¡No, Shinnosuke! -Toru se deshizo del agarre, pero se cubrió la boca por culpa de un bostezo. -Tenemos... Tenemos que... -Tomó aire profundamente, cerrando poco a poco los ojos y acurrucandose al lado del moreno. -Sólo... Cinco minutos... -Susurró, volviendo a caer dormido.
- Vaya... Kazama está tardando... ¿no? -Preguntó Nene, apoyada en el muro del cruce.
- Ummm... Solía ser muy puntual, ¿verdad? A lo mejor se ha dormido. -Comentó Masao, delante de la chica.
- Si no llega pronto tendremos que irnos sin él. -Soltó con rabia la pelirroja.
- Boo... Mirad...
- ¿Eh?
En la distancia, los tres amigos vieron a un par de chicos correr hacia ellos a toda velocidad. Kazama iba intentando colocarse la corbata del uniforme, mientras que tiraba de la muñeca de Shinnosuke, el cual estaba medio-dormido.
- Vaya... ¿Habrán dormido juntos? -Nene se incorporó, y sonrió ampliamente, asustando a Masao.
- ¿E-Eh? ¿A qué viene esa sonrisa? -Preguntó, pero la chica lo ignoro.
- Al parecer... Si. -Asintió Bocchan tranquilamente.
Por fin, los dos chicos llegaron a la altura de sus amigos, intentando tomar aire.
- Ya... Ya estamos aquí... -Declaró el más bajito.
- Iiiih... Que sueño... -Se quejó Shinnosuke, frotándose un ojo.
- ¡Uggh! La culpa es tuya, que me hiciste volver a dormirme. -Toru se cruzó de brazos, encarando al moreno.
- ¿Habéis dormido juntos? -Nene se metió en medio de los dos chicos, con una mirada repleta de curiosidad.
- Eh...
El rostro de Kazama comenzó a ponerse rojo. Shin-Chan sonrió ampliamente, y despegó los labios para decir algo, pero Masao se adelantó.
- Ahí va, Kazama. Tienes arroz en la mejilla. -Comentó el chico, haciendo que todas las miradas se posaran en él.
- Vaya... Como he comido tan rápido. -El más bajito se dio con la mano, sin quitarse nada causando la risa de sus amigos.
- No, hombre. Es aquí. -Masao estiró el brazo para alcanzar la cara de Kazama, pero Shinnosuke lo apartó rápidamente.
- Woo, wooo. Que desastre, Toru... Tsh. -Dejó caer, quitándole él los granos de arroz.
- ¿¡Y DE QUIÉN ES LA CULPA!? Los demás volvieron a reír, hasta que Bocchan se fijó en su reloj de muñeca.
- Bo... Tarde...
- ¡Oh! ¡Es cierto! ¡Vamos! -La chica asintió con fuerza, y agarró a Masao y Kazama una vez más, para caminar a paso rápido hacia el Instituto.
Después de una aburrida y larga mañana de clases, el grupo de los cinco volvía a casa al mediodía. Ai-chan esta vez insistió en ir con ellos,y caminaba abrazadita como una lapa al brazo de Shin-Chan.
Kazama hablaba con los demás, contándoles cosas sobre Australia, las cuales también quería oír el moreno. Pero le era imposible.
- Principe Shin~ ¿Me acompañarás a casa? -Preguntó la chica con una gran sonrisa blanca.
- ¿Ih? No quiero. Voy a acompañar a Kazama. -Soltó él, encogiendose de hombros.
- Oh... Bueno... -Suspiró ella. -¡Pero mañana si, ¿verdad?!
- Es queeee... Pensaba acompañar a Kazama de nuevo.
- Oye, tu. No me utilices como excusa. -Le regañó el mencionado desde atrás.
- ¿Eeeh? ¡No es una excusa!
- De todas formas no puedes acompañarme hoy, tengo cosas importantes que hacer. -Declaró, mientras que Nene lo miraba con curiosidad.
- ¿Qué? Pensé que podías venir a mi casa un rato. Tengo un juego muy divertido. -Sonrió la pelirroja.
- ¿Un juego? -Tanto Masao como Bocchan y Shinnosuke se tensaron de pronto. -¿Qué clase de juego?
- Pueeees...
- De todas formas. -Antes de que Nene pudiese explicar nada, el moreno se giró comenzando a andar de espaldas, aun con Ai-chan anclada a su brazo. -¿Qué es eso tan importante que tienes que hacer?
- No te interesa. -Respondió, Kazama entecerrando los ojos. Si le hablaba de sus intenciones a Shin-Chan, probablemente lo estropearía todo. Por muy mayor que fuese, seguía siendo el mismo.
- ¡Toru! No me digas que me estas engañando. -El chico más alto fingió estar afligido. -Tan pronto...
- ¡N-no es nada de eso! ...Quiero decir... ¡No me líes, Shinnosuke!
- Bueno, el caso es que puedes acompañarme entonces, ¿verdad, Principe Shin? -La morena que hasta ahora permanecía en silencio, volvió a dedicarle una de sus sonrisas atrapa-hombres.
- ¿Eeeeh?
Tan pronto como llegaron al cruce, Kazama se despidió de Nene y Masao. Shin-Chan, como había "acordado" con Ai-Chan se fue a acompañarla a su mansión. Y Bocchan ya había vuelto a su hogar hace rato.
El viaje a casa fue mucho más rápido sin el moreno, y no tardó ni cinco minutos en llegar a su apartamento.
- Ya estoy en casa. -Sonrió, cruzando la puerta.
- Bienvenido a casa, hijo. -Su madre fue a recibir al chico bajito con una sonrisa. -Recuerda, hoy tienes que matricularte de nuevo en la academia de Inglés.
- ¡Lo se! Iré a cambiarme. -Kazama se dirigió a su habitación, pero paró en el marco de la puerta. -Oye Mamá... ¿Le hablaste a Papá sobre lo de la varita?
- Mmm... Si. Le envié un mensaje. Simplemente estaba sin baterías, pero ya está recargada al máximo. -La mujer se volvió al salón. -Está en tu mesa de estudio.
- Vale. ¡Gracias!
Después de cambiarse de ropa, Kazama agarró su varita y la metió en su maletín del inglés. Listo para ir a su academia de siempre a matricularse.
Salió de casa muy contento. Estaba seguro de que iba a causar sensación en clase con su nuevo y maravilloso acento, y su gran sabiduría.
Cruzó calles que ahora se veían mucho más cortas que cuando tenía cinco años, y no pudo evitar alguna que otra sonrisa, al rememorar viejos recuerdos en ellas. Todo seguía como siempre...
Pasó por delante del parque donde solían jugar de niños, donde ahora algunos chicos de cinco a ocho años lo pasaban bien en los ya antiguos toboganes y columpios. Soltó un suave suspiro, y siguió caminando.
Por fin, llegó a su destino, y con una grandísima sonrisa fue a abrir la puerta, cuando un cartel llamó su atención. No pudo evitar soltar otro suspiro, esta vez de cansancio.
"SE VENDE LOCAL"
- Vaya... Asi que ha cerrado... -Susurró, mirando aún a la puerta. -¿Y qué hago yo ahora...?
El chico se giró para volver, cuando en las desoladas calles, oyó un disparo seguido de gritos. Todo venía del banco central.
Kazama entecerró los ojos, posando su vista en las puertas del banco. Sabía lo que tenía que hacer.
