Un hombre alto y grande, apuntaba a punta de pistola a una de las encargadas del banco central. El tipo tenía el pelo cortado al estilo militar, de color negro, y una cara llena de cicatrices que le daban mala pinta. Vestía un uniforme morado bastante extraño, que si no fuese por su horroroso rostro daría incluso risa.
La joven encargada metía dinero en una bolsa, al borde del llanto. Sus manos temblaban del miedo, mientras que elevaba la vista poco a poco.
Los clientes del banco habían sido acorralados y sentados en una esquina, por una chica alta, también de pelo negro y que vestía un alternativo femenino del uniforme morado. Ella portaba una metralleta en las manos, mientras fumaba un cigarro sin molestarse siquiera en apartarselo de a boca para soltar el humo.
- Eh, tu. ¿Has terminado? -La grave voz del gorila, retumbo por el local, asustando de pronto a la encargada. Esta asintió lentamente. -¿Pues a qué esperas? ¡DÁMELO!
- Muy bien. Aparta tus sucias manos de la bolsa, y ponlas en alto donde pueda verlas.
Una voz firme que venía de la entrada llamó la atención del ladrón. Este sonrió de lado, y se giró lentamente. Pero su rostro cayó cuando vio que no se trataba de quien creía.
- ¿Y tu quién eres, niñato? -La chica se dio la vuelta también, un poco alterada.
- Yo soy Hikkomoepi. Haced lo que os digo si no queréis salir mal parados.
Los dos ladrones se miraron entre si, y compartieron una pequeña sonrisa, antes de acercarse del niño que los apuntaba con una varita de juguete.
- ¡Alejaos! -El chico frunció el ceño, y al ver que no le hacían caso apuntó directamente al hombre. -¡HE DICHO QUE TE ALEJES!
Con un grito, una gran ráfaga de viento salió del cristal mayor de la varita, tan fuerte que estampó al grandullón contra una de las paredes del banco. Esto hizo que el grupo de gente, sorprendida, comenzase a hablar entre si.

- Vaaaya. Que fuerza. -Susurró el héroe mirando su varita con una amplia sonrisa orgullosa.
- ¡Oye! ¡No bajes la guardia! -Una voz conocida llamó la atención del chico, e hizo que se girara. Era ese tio disfrazado. De nuevo.
Y lo había salvado. DE NUEVO.
Al parecer, la compañera del ladrón estaba a punto de lanzarse encima cuando el chico lo evitó con un placaje.
- Ostras, chico. Últimamente llego tarde a todos lados... Iih... -Se quejó, mientras Hikkomoepi lo miraba con rabia. -Encima he hecho daño a una chica mona... Pero tu estás bien, ¿no?
- ¡Claro que estoy bien! Yo he derribado a ese gorila, ¿sabes? -Gritó como respuesta, señalando a donde había lanzado al tipo de antes.
- ¿Eh? Ahí no hay nadie...
Los dos se miraron entre si, y volvieron la vista al suelo donde tampoco estaba la chica morena.
- ¡HAN ESCAPADO POR TU CULPA, IDIOTA!
- Tranquilizate, hombre. Tampoco pasa nada.
- ¡CLARO QUE PASA!
La encargada del banco entonces se acercó a los dos adolescentes disfrazados con una sonrisa.
- Hikkomoepi, NeoUltraheroe. Muchas gracias por vuestra ayuda. Al final, los ladrones no se han llevado nada, y no hay heridos. -Tras el antifaz Kazama sonrió ampliamente, bastante emocionado. -Sin embargo... Ahora tengo que llamar a la policía...
- Entendido. Nosotros nos marchamos. -El chico de la venda roja en los ojos lo agarró de la mano, dirigiéndose hacia la puerta.
- ¡Oye, tú! ¡Suelta!
- No querrás que te pille la policía, ¿verdad? -El más bajito parpadeó un par de veces, confuso. -No les gusta que hagan su trabajo.

Lo siguiente que sabía Kazama es que estaba sentado en un banco del parque, compartiendo un helado con el idiota enmarcarado. Había insistido de forma insoportable en invitarlo, y para que lo dejase marchar acabó por aceptarlo. El suyo era de nata, mientras que el del chico de su lado era de chocolate.
Kazama posó sus ojos azules en la cara de su "salvador", y comenzó a analizarlo. Tenía la piel morena, pero no demasiado oscura, y algun que otro lunar en la mejilla.
Él se sintió observado y giró el rostro con una sonrisa.
- ¿Está rico? -El chico bajito frunció el ceño un poco avergonzado,y bajó la mirada hacia su helado. Sabía que no iba a responder. -Ihhhh... Bueno... Hay algo que quería preguntarte, ¿sabes?
- P-perdona... -Los dos adolescentes bajaron la mirada a un niño pequeño de pelo castaño, que le tendía una libreta al más alto. -T-tu eres NeoUltraheroe, ¿verdad? ¿M-me lo firmas?
- ¿Eh? Oh, claro. -El enmascarado sonrió ampliamente, y con cuidado agarró el cuaderno. -¿Cómo te llamas?
- Toru Nohara. -Sonrió el niño, emocionado. -¡Y tengo cinco años!
Kazama parpadeó un par de veces algo sorprendido, pero acabó con una media sonrisa.
- Aquí tienes. El niño castaño agarró de vuelta su cuadernito con una amplia sonrisa. Luego posó su mirada en el más bajito, con curiosidad.
- ¿Eh? ¿P-pasa algo?
- Tu... Tu también eres un héroe, ¿verdad? -El pequeño volvió a sonreír, y le dio el cuaderno al chico. -¡Firma, firma!
- Oh... Uhhh... Está bien. -Asintió Kazama un poco emocionado también. El héroe de su lado sonrió, divertido.

Cuando el pequeño se marchó con su madre, el silencio volvió a hacerse presente entre los dos, incomodando un poco al mas bajito.
- Oye... ¿Qué querías preguntarme?
- Oh eso... -NeoUltraheroe se quedó unos segundos callado. -Iih... Se me ha olvidado.
- Pues vaya... -Kazama suspiró, cansado y agarró su varita. -Bueno, pues entonces..
- ¡ME HE ACORDADO! -Gritó de pronto el otro, dándole un susto de muerte. -Escucha, tu planeas ser un héroe también, ¿verdad? Y los héroes luchan sólo con los malos. ¡Por eso siempre ganan!
- ¿A dónde quieres llegar? -Preguntó con expresión aburrida.
- Bueno.. Pensé que tal vez podríamos ayudarnos. ¡Puedo enseñarte a luchar si quieres!
- Yo ya se luchar. -Soltó, ofendido.
- Iih... ¿Estás seguro de eso? -El chico más alto señaló la nariz de Kazama que aún seguía algo roja. Él se la tapó en seguida. -Entonces... ¿Qué me dices?
- Pues...