Kazama se hallaba sentado en el sofa, mientras veía un antiguo capítulo de su serie favorita de la infancia. De vez en cuando, agarraba una galleta del paquete de la mesa y se la introducia en la boca. No pudo evitar sonreír, pensando que Shinnosuke le tendría mucha envidia en esos momentos por estar comiendo galletitas "Deluxe" que ni siquiera acababan de gustarle. En su derecha reposaba una mochila celeste, en la que tenía pijamas y ropa de recambio para una noche completa.

Ya había pasado más de una semana desde todo lo que ocurrió en el banco, y la respuesta de Kazama habia sido un claro "No lo se, déjame en paz" antes de desaparecer.
Pero olvidando todo eso, hace un par de días, Shinnosuke le insintió en que se quédase ese Sábado en su casa a dormír, porque lo paso taaaaan bien en su casa. Al final, Kazama acabó aceptando y ya iba siendo hora de que lo recogiese su amigo. Pero conociendolo probablemente llegaría tarde.
Esta vez se aseguró de darse un largo y relajante baño en su casita, para no tener que repetir la escenita en una casa ajena a la suya, y en una bañera más pequeña.

El timbre de la puerta alertó a Kazama, que apagó la tele mientras su madre iba a abrir. No se molestó en levantarse, y en vez de eso, simplemente se metió otra galleta en la boca.
- ¡Hey! -Oyó, mientras unos pasos se acercaban al salón, sin pedir permiso siquiera. El chico rodeó los ojos hasta la puerta, y vio a Shin-Chan cruzarla con una tonta sonrisa.
- ¡Hey, Kazama! ¿Estás listo? -La voz del moreno inevitablemente le sacó una sonrisa.
- Um... Si.

Caminaron en dirección a casa de los Nohara, y Shinnosuke insistió en llevarle la mochila. Él por supuesto no se negó, aunque resultaba algo vergonzoso desde su punto de vista.
Por las calles hablaban de cosas triviales, mientras el más alto de vez en cuando le soltaba alguna que otra puyita para molestarlo, y por supuesto, él picaba como un tonto.
No tardaron mucho en llegar, una hora más o menos antes de la cena. El padre de Shin-Chan ya había vuelto, y lo saludó con una sonrisa, y un apretón de manos. Misae sin embargo, se dejó llevar por las emociones y le dio un abrazo mientras comentaba cuantisimo había crecido. La hermana de su amigo simplemente se reservó a mirarlo desde el pie de la escalera con una amplia sonrisa.

La señora Nohara los condujo al piso de arriba, al salón de invitados, que es donde dormían ahora Shinnosuke y su hermana.
En el suelo se había hecho espacio para dos cómodos futones. No sabía porque Shin Chan se quejaba tanto... En su opinión los futones eran de lo mejor. Por supuesto, jamás le iba a decir eso.
- Bueno, Kazama. ¿Está a tu gusto? -Preguntó Misae, sonriendo ante el involuntario gesto de emoción del chico.
- ¡Ah! S-si. -Asintió Kazama, para después hacer una reverencia. -Muchas gracias.
- Uy, no hay de qué, hombre. -Rió la mujer, con una mano en la mejilla. -Eres muy educado, Kazama.
- Uuh, Toru~ ¿Crees que será suficiente para nosotros? -Dijo de pronto el moreno en tono meloso, y con ambas manos en las mejillas.
- ¿Se puede saber que dices? -Regañaron a la vez tanto la señora Nohara como Kazama, que tras esto se miraron y ofrecieron una pequeña sonrisa nerviosa.

Al parecer Shinnosuke también se había bañado ya, asi que cuando Misae los dejó a solas, decidieron que para estar más cómodos se pondrían el pijamas. Kazama abrió su mochila, y enseguida el moreno hizo una mueca de disgusto cuando sacó un pijamas celeste.
- ¿Eeeh? Pensé que te pondrías uno mío. -Se quejó, haciendo un pucherito.
- ¿Uh? ¿Pero no crees que me quedaría grande? Sería ridículo. -Respondió el mas bajito quitandose la parte de arriba.
- ¡Esa es la gracia! -El moreno movió los brazos de forma infantil, a lo que Toru decidió ignorarlo. Cuando Kazama se quedó completamente en calzoncillos, la puerta de la habitación se abrió de golpe.
- Hola, hermanito. Vengo a por... -Himawari se quedó unos momentos en silencio, mientras el chico bajito se cubría como podía con la ropa. -Eje...
- ¡Fuera, Hima! ¿No ves que nos estamos cambiando? -Le regañó Shin Chan en su tono de "hermano mayor".
- Woo, woo. -Asintió la chica pelirroja, aun con la mirada en Kazama. -Pero venía a por una cosilla. No tardo.
La chica metió las manos en el armario, sin apartar sus ojos marrones del chico, aun siendo tapado por Shin Chan, como escudo. Cabe añadir que el moreno también andaba en paños menores.
Cuando por fin la menor de los Nohara retiró las manos, saco una caja con adornos navideños. Kazama podría haber jurado que su amigo suspiró de rabia.
- Ih... ¿Y para qué quieres eso exactamente?
- ¿Ih? Andaaa es verdad. Todavía no es Navidad. -La chica asintió soltando un "woo, woo" y se dispuso a guardarlo de nuevo. Pero Shin Chan se hartó, y la echó del cuarto con suaves empujones intentando no hacerle daño a la chica.
- Iiiiiih... -Soltó con cansancio. -Lo siento por eso.
Kazama no pudo evitar reír de forma adorable.
- No pasa nada.

Después de ponerse los pijamas, los dos chicos bajaron a cenar, encontrando a Himawari soltando quejidos porque quería dormir con Kazama. Misae se negó rotundamente, con el apoyo no verbal de Shinnosuke, que asentía cuando su madre hablaba, y al final la pelirroja soltó un gruñido, y se sentó en la mesa con enfado.
La cena a partir de la discursión transcurrió tranquila, con conversaciones triviales sobre Australia o la familia de Toru. Y en cuanto acabaron de comer, los chicos corrieron al cuarto, intentados ser seguidos por Hima que fue parada por su madre.

Antes de dormir, los dos jugaron a un par de juegos de carta en los que perdió Kazama, y charlaron sobre el Instituto en general.
- Bueno... ¿Y desde cuando le gustas tanto a las chicas? -Preguntó el mas bajito a oscuras, ya acostado.
- ¿Iiih? ¿A qué chicas? -Shinnosuke lo miró como si le estuviese contando lo más interesante del mundo, y Kazama simplemente frunció el ceño.
- Olvidalo. Buenas noches. -Soltó secamente.
- Kazama~ ¿Te has enfadado?
- No.
Eso en el idioma de Kazama era un claro si. Pero el moreno decidió no presionarlo, porque ya le contaría él lo que le pasaba.
- Buenas noches, entonces.

Pasó casi una hora desde el cerebro de Shin Chan, que no podía dormir ni de broma. Lo único que se oía en la habitación era la rítmica respiración de su amigo que claramente estaba dormido. Pero decidió hacer la estúpida pregunta que se suele hacer en las fiestas de pijamas.
- Kazama... ¿Estás dormido? -Susurró con las manos detrás de la nuca.

No hubo respuesta. Tal y como esperaba.
El moreno se incorporó, apartando las mantas y se metió en el futón de Kazama como Pedro por su casa.
- Kazama... -Volvió a susurrar, esta vez mirando el rostro de su amigo, con la boca entreabierta y los ojos cerrados. -No puedo dormir...
El chico siguió respirando fuerte a sus anchas, mientras que Shinnosuke comenzaba a impacientarse.
- Iiih... Si no duermo será terrible.
Posó sus ojos de nuevo, en los rosados labios de la pequeña boca de su amigo, y tragó saliva.
- Oye... -De nuevo nadie le respondió.
Lentamente se acercó más y más al rostro del chico, hasta el punto de notar la profunda respiración de su compañero de cama, en la cara. Shin Chan podría haber jurado que el corazón le iba a mil por hora, cuando junto sus labios suavemente con los de Kazama. Se separó del beso que no duró ni cinco segundos, con la cara como un tomate, y volvió a su futon tapandose hasta la frente. Pero Toru seguía exactamente igual. Con su profunda respiración, y sus perfectos labios ahora un poco más cerrados.
Shin Chan le echó un último vistazo, y sonrió de lado.
- Buenas noches, Kazama.
Y de nuevo, y para su alivio, no recibió respuesta alguna.