¡Segundo capítulo de esta humilde historia inventada por Kenny (si no sabes quien es, lee la descripción del primer capítulo xD)! Espero les haya gustado el primero (a quienes lo leyeron 7.7) así que aquí les traigo el segundo como les prometí.
Les pido de nuevo que dejen sus reviews para críticas y felicitaciones, es un honor para mi saber que me hace falta en mi historia y como puedo mejorarla para que los lectores se sientan parte de ella Y la disfruten.
Un saludo a Matryoshkah por haber dejado el primer review en mi historia.
Parejas: próximamente...
Advertencia: contenido sangriento posiblemente demasiado fuerte. Por favor, lea bajo mucho cuidado.
"Si la vida te da la espalda, tócale las pompis".
One Piece: el viaje de Chris
Capítulo 2: El poder de la fruta Sepe—Sepe
Sus ojos se sentían pesados, los abrieron lentamente, pero no veía nada. Oscuridad. Sus oídos escuchaban, pero escuchaban el sonido del viento rigiendo. Su nariz percibía un repugnante olor a... Olor a... Sangre.
Trató de verse las manos, pero solo consiguió ver la oscuridad que lo rodeaba. No podía verse a sí mismo.
—¿En dónde estoy? —preguntó un tanto desconcertado por todo aquello.
—Querrás decir... ¿En dónde estamos? —Una voz le había respondido. Frente a él apareció (casi por arte de magia) la figura de un chico, caminando mientras sus pasos hacían eco en la oscuridad, alguien que él conocía muy bien— estamos dentro de tu mente, dentro de tu cabeza —se detuvo abruptamente.
—¿Quién eres tú? —preguntó al rubio que lo veía con esa sonrisa sádica tan espeluznante. Lo único que podía ver, la única persona que podía ver.
—¿Quién? ¿Yo? ¿No lo sabes? —hablaba aun con esa sonrisa en su rostro. Había descubierto la fuente de aquel olor putrefacto, sus manos estaban bañadas en un oscuro líquido carmesí. Solo la idea de pensar que era sangre hacia que le dieran nauseas— yo... Soy tu.
—¿Eres yo? ¿A qué te refieres? —Preguntó un tanto confundido; en efecto, era el, era como verse en un espejo, pero él estaba hablando, ¿cómo iba a responderse a sí mismo?
Todo era muy extraño. No entendía muy bien lo que estaba pasando. ¿Que era toda esa oscuridad? Algo le decía que ya sabía de la existencia de ese sujeto.
—Bueno... —soltó una carcajada que le erizó la piel. Él no era así, no podía estar hablando consigo mismo— soy... La otra mitad de ti. —esas simples palabras las había dicho en un susurro tenebroso. Parecía más un monstruo que un ser humano.
Se dio cuenta que no solo sus manos estaban teñidas en sangre, su ropa también tenía manchas de sangre por todos lados. Vestía la misma ropa que él: camisa negra sin mangas y unos shorts color naranja. La sangre que teñía su ropa y esa sonrisa le daban el aspecto de un asesino a sangre fría. No pudo evitar tragar en seco al pensar que esa persona era él mismo, un asesino, pero el no lo era, ¿o sí?
—¿Otra... Mitad? —Dijo con miedo en su voz, en verdad estaba intimidándole ese chico—¡se más claro! —gritó, tratando de ocultar su miedo y no parecer asustado.
—Cálmate un poco ¿quieres? No voy a hacerte daño —su sonrisa no se había desvanecido, fue como si hubiera leído su temor desde lo más profundo de su cabeza. Se veía tan calmado y sereno, estaba disfrutando de la conversación—¿Recuerdas... La Fruta Sepe—Sepe? La "uva" que te comiste en aquella celda —otra carcajada, pero esta parecía más bien de burla— estabas tan asustado y te veías tan miserable y estúpido; pero dejemos eso a un lado, no tengo mucho tiempo, así que vayamos al grano, te explicare como funciona tu recién adquirida... "Habilidad".
—¿Habilidad? —ahora sabia el nombre de la fruta del diablo que se comió, si la recordaba, recordaba cada segundo, recordaba el horrendo sabor de esta, incluso trato de vomitarla, pero no recordaba que había pasado justo después de habérsela tragado, solamente recordaba haberlo visto todo oscuro, como ahora, pero no estaba él.
—Sí, tu habilidad. Déjame explicarte —le hiso una señal con su dedo índice para que se callara, parecía que iba a disfrutar hablándole sobre eso— tu comiste una fruta que te da una extraña habilidad, créeme que es muy extraña. Hay ciertas situaciones, situaciones en las que yo tomare el control de tu cuerpo, situaciones en las que haré lo que yo quiera. Tu fuerza aumentará en un doscientos por ciento, tu velocidad igualara a la de un relámpago, tu vista se agudizara como no tienes idea, tu cerebro trabajará el triple de rápido, todas tus habilidades físicas se potenciarán monstruosamente, pero seré yo quien las domine todas.
—¿Y no podré hacer nada? —preguntó extrañado el chico, no le gustaba en lo absoluto que alguien como él tomará el control de su cuerpo, su apariencia no era de fiar y la idea de que alguien como el tomara el control de su cuerpo durante un tiempo no era muy agradable, quien sabe hasta que extremos podía llegar.
—Te dije que me dejaras hablar. —Le dijo mientras volvía a hacer la seña con su dedo índice, su sonrisa aún permanecía. Levantó la mano derecha, la estiro delante de su propia cara y puso los dedos en la forma de paz y amor— la Fruta Sepe—Sepe te da la habilidad de desarrollar una segunda personalidad— lanzó una última carcajada, levantó los brazos hacia los costados e inclinó la cabeza hacia atrás, una pose extravagante—¡y así fue como yo nací! ¡Yo represento el más profundo deseo de tu corazón, el deseo de convertirte en un asesino!
—¡No quiero ser un asesino!
—¡Mientes! ¡Te mientes a ti mismo! ¡Lo has hecho toda tu vida! ¡Acéptalo ya, estúpido! —sus palabras le cayeron como una pedrada en el rostro, ¿qué tal si tenía razón? ¿se había estado mintiendo ahora? no podía saberlo. El segundo Chris se relajó un poco después de todo ese espectáculo que acababa de dar, bajo los brazos y los metió en sus bolsillos, bajo la cabeza y su sonrisa había sido reemplazada por un gesto serio, lo que iba a decir a continuación al parecer no le gustaba mucho— y con respecto a tu pregunta... no, no podrás controlar nada. No hasta que me aceptes —subió la cabeza y con un leve toque de diversión, de nuevo había vuelto, su sonrisa espeluznante— tienes que aceptarme; tu eres Chris, yo soy Chris, somos un solo ser separado en dos partes. Y el día en que me aceptes, todo este poder será tuyo, todo tuyo.
Chris se encontraba en estado de shock ante las palabras de su "otro yo", no sabía cómo responder ante todas esas acusaciones. Aunque... todo era cierto, en algún momento de su vida, Chris había deseado asesinar a todas las personas, como una manera de "purificar" el mundo. Aunque esos deseos habían desaparecido hace ya año y medio. Había comido esa fruta porque pensaba que le serviría de algo o quizás le ayudaría a salir de ahí. Grave error, ahora estaba metido en más problemas, un problema muy serio, este psicópata iba a controlar su cuerpo en cualquier momento, tenía que saber cuándo seria ese momento.
—¿Cuándo será? ¿Cuándo tomaras control de mi cuerpo? —preguntó, dirigiendo su mirada hacia otro lado, evitando sus ojos.
—¡Oye! No voy a arruinar toda la diversión —su lengua humedeció sus propios labios en un gesto asqueroso y repugnante, levantó su mano izquierda hasta la altura de su boca y lamió la sangre que se encontraba en ella.
—¡No voy a matar a nadie! —gritó desesperado, había comenzado a tomar algo de confianza a pesar de que la presencia de su "otra mitad" le causaba una sensación extraña en el estómago.
—¿Estás seguro? —pregunto con un poco de malicia en su voz, sus ojos se entrecerraron en un gesto incrédulo. Se dio la vuelta y con paso decidido pero lento comenzó a avanzar, yéndose, perdiéndose en la oscuridad— deberías abrir los ojos ya, si estas tan seguro de ello, porque aunque no lo creas... —sin detenerse, volteo la cabeza hacia atrás y con una mirada que hiso estremecer el cuerpo del verdadero Chris y le congelo la sangre, dijo las últimas palabras—... Ya lo has hecho.
/ / / / /
Un repugnante olor a putrefacción y una paloma sobre su rostro hicieron que nuestro rubio se despertara repentinamente de un largo sueño. Aun se encontraba somnoliento y no tenía ganas de ponerse en pie, mucho menos de abrir los ojos. Sin saber en dónde se localizaba espantó con su mano a la paloma que se había posado sobre su cara. El olor era fuerte y persistente, aun así pensó que sería así como debía oler la celda en la que lo habían encerrado la noche anterior, quien sabe cuántos cadáveres habían muerto en ella, así que no le dio importancia.
La voz del capitán y su rostro no dejaban de aparecer dentro de su cabeza. ¿Cómo olvidar los extraños sucesos que habían transcurrido en una tan sola noche? tantas tragedias no podían olvidarse tan fácilmente. También recordaba haberse comido aquella fruta del diablo, sin embargo, por una extraña razón había comenzado a pensar que aquello había sido imaginación suya, porque no tenía recuerdo que le dijera que cosa fue lo que hiso luego de haberla comido.
Dejo a un lado este tema dentro de su cabeza y comenzó a tocar otro. Estaba pensando, dándole vueltas al extraño sueño del cual acababa de despertar. No lo recordaba muy bien, solo unos pocos fragmentos se esparcían por su borrosa memoria. Recordaba algunas cosas, como por ejemplo al chico rubio que había aparecido en su sueño.
¿Qué fue lo que dijo? él dijo: «yo... soy tu»
El recuerdo de sus palabras apareció junto con el recuerdo de su voz y de sus labios moviéndose al pronunciarlas. Recordó sus manos, teñidas en sangre, al igual que sus ropas. Recordó su expresión sádica, espeluznante. Recordó el temor y una vez más aquel escalofrió recorrió su médula espinal.
¿Qué más fue lo que dijo? ¡Oh, sí! él dijo: «soy la otra mitad de ti», también mencionó... «la Fruta Sepe—Sepe».
¿Quiere decir eso que en verdad había consumido esa cosa? Un sueño no podía decirle nada, no podía crear ninguna especulación solo por un sueño.
Trató de recordar más, algo que le diera aunque sea una simple pista. Logró recordar sus palabras, él había dicho que la fruta le daría una segunda personalidad, también explico algo sobre potenciar sus habilidades físicas y que el tomaría en control de su cuerpo. ¿Todo fue un sueño? Quizás no lo había sido. Por ultimo recordó sus propias palabras.
«¡No voy a matar a nadie!»
Y la respuesta de... su otra mitad, vino juntamente con su cara literalmente retorcida hacia atrás, con esa mirada... tenebrosa.
«... Ya lo has hecho»
Abrió los ojos. Preocupado de lo que había recordado. Eso no había sido un sueño, fue todo muy real, más real de lo que se imaginaba. Se encontraba en la misma celda, la misma en la que lo habían encerrado anoche, pudo distinguirlo por las cadenas que colgaban de la pared, las recordaba a la perfección. Pero hubo algo que lo espantó, algo que lo hiso retroceder incrédulo, asustado de si mismo. "Él" tenía razón.
Sus manos estaban teñidas en sangre.
Se dio cuenta de que la celda estaba abierta. Es más que seguro que no fue ningún hombre de esa isla, no podían simplemente llegar en la mañana, abrir la celda pensando: "pobrecillo, dejemosle libre".
Se apresuró a salir lo más rápido que pudo, si era cierto lo que estaba pensando, quería verlo con sus propios ojos.
Subió por la escalera rápidamente, sus pasos resonaban con un fuerte eco por las paredes de las mazmorras. Cuando llegó a la superficie de esa estructura subterránea se dio cuenta que ya era de día, volteo a ver hacia todos lados, no sabía qué camino tomar, y cuando aquel hombre lo llevo ahí le había puesto la venda en los ojos así que ni siquiera sabía ese camino. Decidió correr hacia la derecha, recto.
—No puede ser posible —comenzó a repetirse a si mismo para darse un poco de aliento. El solo hecho de que él hubiera matado a personas le erizaba la piel. No sabía cómo iba a reaccionar cuando viera esos cadáveres tendidos.
Continuo corriendo a través del bosque, topándose con árboles y todo tipo de animales menores como ardillas y conejos. Comenzó a escuchar el sonido del mar en sus oídos. Sentía el viento rugir a causa de la velocidad a la que corría. Su pulso se había acelerado considerablemente, sentía que el corazón se le escaparía por la boca. Finalmente llego a la playa. Su mayor temor se había cumplido, y ante sus ojos se mostró el peor escenario que había visto, era mucho peor que una masacre: los cadáveres estaban esparcidos por la arena.
Sus ojos se abrieron como platos ante el asombro. Llevo su mano a su boca para contener las ganas de vomitar mientras se sostenía el estómago con la mano libre. Todos estaban muertos, no había duda. Algunos estaban desmembrados, otros presentaban numerosos cortes por todo el cuerpo, otros tenían un enorme agujero en la zona del abdomen que los atravesaba por completo, y había un último grupo que estaban degollados, pero no con cuchillo, parecía como si les hubieran arrancado las cabezas. Era un mar de sangre.
«Tu fuerza aumentará en un doscientos por ciento»
Comenzó a caminar entre los cadáveres y la sangre seca que había junto a ellos. Aun sin creer lo que veía. Los miembros estaban esparcidos por todos lados, parecía como si una bestia salvaje los hubiera despedazado solamente como acto de diversión.
—¿Yo hice... todo esto? —su voz estaba volviéndose desquiciada, al borde de la locura. Su paso era lento y algo torpe, se tropezó con una cabeza tirada en el suelo, tal fue su horror al ver que su dueño era el capitán, la persona que lo había apuñalado y encerrado.
—Así es. ¿Te gusta? Tú los mataste a todos —le respondió una voz sádica en su interior. Chris sabía muy bien de quien se trataba.
—¡CÁLLATE! —le gritó desesperado. Había comenzado a jalarse los cabellos de nuevo en un acto de histeria. ¿Él los había matado? era imposible, el no era esa clase de persona.
—¡Pero es la verdad! ¡Tienes que aceptarlo! ¡Eres un asesino! —la voz seguía acusándole sin piedad.
—¡NO ES CIERTO! ¡YO JAMAS HARÍA ALGO ASÍ!
—¿Estás seguro? ¡Mira esa cabeza! ¿Acaso no fue él quien clavo aquel cuchillo en tu pierna? Deberías haber visto tu cara de placer cuando le arrancaste la cabeza con tus propias manos.
—¡MIENTES! ¡FUISTE TU QUIEN LO HISO!
—Pero yo soy la representación de tus deseos. Yo hago todo lo que tu no te atreves a hacer.
—¡ES IGUAL! ¡YO JAMAS DESEE HACER ESTO!
Chris Se abalanzó sobre el suelo y con frenetismo irracional comenzó a golpear su cabeza contra el. Si antes no había cedido ante la locura, ahora lo había hecho. El olor a cadáver se colaba por su nariz. La sangre que había en sus manos había comenzado a teñir su cabello de color rojo carmesí. Chris gritaba, histérico.
—¿PORQUE NO SALES DE MI CABEZA?
—No puedo hacer eso, recuerda que vivo gracias a que comiste aquella fruta del diablo.
"Aquella fruta del diablo". Al mencionar esas palabras fue cuando Chris comenzó a calmarse, sin razón alguna, pero no había parado de temblar y sus ojos estaban inyectados en sangre. ¿Cómo iba el a saber lo que pasaría después de comerla?
—Lo hice... Lo hice sin saber las consecuencias —dijo sinceramente entre sollozos— jamás quise que tu nacieras. Pensé que podría servirme de algo en este mundo.
—¿En qué mundo? ¿A qué te refieres? —preguntó la voz con indiferencia. Chris levantó la mirada al escuchar más de cerca sus palabras, y se encontró con su otro yo, parado frente a él con los brazos cruzados y esa sonrisa sádica tan característica que había comenzado a reconocer fácilmente. Se rio un poco al ver como lo veía el verdadero Chris que se encontraba tirado en el suelo, con su rostro lleno de lágrimas y la vista perdida
—No te hagas el tonto, sabes muy bien de que hablo.
—¡Oh, sí! Hablas de One Piece. Ciertamente ya no estás en tu casa, o "mundo de origen" si así quieres llamarlo, pero deberías considerar eso como una oportunidad para iniciar una nueva vida.
—¡Claro! Una vida como asesino.
—No es necesario si no quieres —por primera vez Chris había escuchado algo que en realidad quería escuchar. Estaba sorprendido, pero la sorpresa no duro mucho— aunque... Al final terminaras aceptándome, de eso puedes estar seguro.
—Deja de decir tonterías y dímelo ya.
—¿Decir que...?
—¡NO TE HAGAS EL ESTÚPIDO! —gritó, sabía muy bien que solo estaba jugando con él— quiero saber cómo tomas el control de mí, ¿hay alguna razón para ello? ¿Debo sentirme de alguna manera para que eso suceda? ¡Responde!
—Tranquilo, tranquilo —comenzó a caminar en círculos alrededor de Chris, con las manos dentro de sus bolsillos— creo que tú tienes cerebro, ¿O me equivoco? Piénsalo tú mismo. Te daré una pista, recuerda lo que pasó ayer cuando te comiste la fruta, recuerda cómo te sentiste y lo sabrás.
Chris comenzó a pensar, recordando todo lo que había pasado tal y como le había indicado. No sería tarea difícil tomando en cuenta que fueran cosas que jamás olvidaría, pero él no estaba ayudándole y al perecer no tenía intenciones de hacerlo algún día.
—Estaba asustado —dijo con la mirada viendo hacia abajo.
—Es cierto, pero hay algo más, ¿qué será? —adoptó una burlesca expresión de duda, llevando su mano a su mentón, frotándolo suavemente mientras esbozaba una falsa sonrisa de ingenuidad. En realidad parecía un niño, pero era claro quién era— piensa, ¿en qué situación te encontrabas?
—Quizá... fue el estar encerrado en esa celda.
—Eso es, estas acercándote, dime más, no veas el aspecto material, ve tus emociones.
—¿Mis emociones? —preguntó desconcertado, ¿en serio sus emociones tenían algo que ver? —¿Que tienen que ver mis emociones?
—La fruta del diablo que te comiste trabaja directamente con tu corazón, de ahí nací yo. Así que por lógica tiene alguna relación con tus sentimientos Y emociones.
—¿En serio? —volvió a preguntar, incrédulo— entonces... Podría ser que extrañaba a mi familia.
—Error —se detuvo frente a él inclinándose a su altura para hacer una cruz con sus brazos— piensa un poco más, no es posible que seas tan tonto.
—Todo lo que haces es insultarme y no ayudas en nada. Deberías aunque sea responder a una de mis preguntas —empezaba a perder la calma de nuevo, y había una razón para ello, su otro yo lo trataba como si fuera alguien inferior, se supone que era parte de él mismo.
—Es parte de tu "educación", tengo que hacerlo, así te convertirás en un hombre fuerte— dijo mientras extendía su mano izquierda y daba suaves palmadas sobre su cabeza, tratándolo como a una mascota.
Una vez más Chris forzó a su cabeza a recordar, examinando todo muy detenidamente. Había sentido frustración, miedo, rencor, ira, todas esas emociones se habían entremezclado y no sabía muy bien como diferenciarlas en el recuerdo. Había sentido dolor. Pero había sentido algo que no tomaba en cuenta, un sentimiento que se mantenía presente en todo momento, aunque no sabía muy bien como diferenciarlo de los demás. Es muy probable que haya sido eso lo que despertó a ese ser oscuro.
—Me sentía... atrapado.
—¡Muy bien! —exaltó el rubio, finalmente el original había dicho algo inteligente para él, eso era un gran avance— parece que después de todo si sabes pensar. Ahora sigue, explícate con más complejidad. Pero ya me canse de verte en esa posición tan humillante. No puedo darme el lujo de avergonzarte sabiendo que eres yo mismo. Al menos siéntate.
Después de obedecer la sugerencia de su otra mitad y de ver como él hacía lo mismo, Chris comenzó a relatarle con más detalle sobre su estadía en aquella celda, sobre cómo se había sentido estando en ella y sobre cómo había visto un rayo de esperanza al comer esa fruta del diablo, aunque también le explicó que había tenido sus dudas antes de hacerlo pues no sabía qué clase de habilidad le seria otorgada cuando lo hiciera. Incrédulo ante el inminente interés de aquel ser sádico, le dejo explicar a él la verdadera razón de su despertar. Le explicó que el despertaría cada vez que Chris se encontrara atrapado, cada vez que no tuviera salida, el abriría una "puerta de emergencia" para que pudiera sobrevivir. Así que después de todo, pudo concluir que esa fruta del diablo no solo le había dado la habilidad de desarrollar una segunda personalidad, sino también la habilidad de esconder "el ultimo haz", sin embargo era una opción horrible, su nueva personalidad solo se concentraría en asesinar a todas las personas que estuvieran a su alrededor, sean amigos o enemigos.
Chris debía tener cuidado con su nuevo poder, y tampoco estaba dispuesto a aceptar semejante cosa dentro de sí, no tenía ninguna intención de hacerlo, y cada vez sentía que odiaba más a esa parte de sí mismo, no importaba cuantas veces le salvara la vida en el futuro, seguiría odiándolo. La idea de que su fuerza aumentara le gustaba, pero no la parte de que alguien más la usara.
Al terminar toda aquella charla, pudo ver como su reflejo se desvanecía frente a sus ojos, despidiéndose, prometiéndole que no sería la última vez que se verían. Ahora estaba más tranquilo, como si alguien le hubiera lanzado un dardo tranquilizante. Sus lágrimas se habían detenido y había dejado de temblar. Se mantuvo sentado en el suelo con la cabeza entre las piernas, cerro sus ojos y comenzó a reflexionar, pensando en que haría de ahora en adelante, rodeado de cadáveres y sangre.
No muy lejos de aquella isla, en algún lugar del callado mar azul en donde las gaviotas aleteaban tranquilamente en círculos, se encuentra un bergantín pirata, un barco de velas negras que señalan muy bien su oficio y un cómico mascarón de proa en forma de león que dice todo lo contrario. Dejándose llevar por las corrientes del viento y el agua, tranquilamente, en silencio.
La cubierta estaba vacía, sin nadie en ella. Pero como alma que lleva el diablo un chico de nariz larga como el Pinocho de los cuentos, cruzó sin vacilación toda la cubierta, siendo perseguido por un reno humanoide que despedía llamaras de ira por los oídos y la boca.
—¡USOPP! —gritó molesto el pequeño pero peligroso reno, parecía que tenia una buena razón para estar de muy mal humor. El de nariz larga que respondía al nombre de Usopp tenía lagrimas surcando su rostro, expresando el miedo que le invadía al ver la parte oscura de su compañero— te lo he dicho mil veces y te lo repetiré una vez más, ¡NO PATEES MIS PLANTAS MEDICINALES!
—¡Lo siento mucho Chopper! ¡Pero deberías ponerlas en un lugar más visible! —se defendía Usopp sin lograr nada, incluso parecía que el reno se enfurecía más y más con sus palabras—¡fue un accidente!
—¿UN ACCIDENTE, DICES? ¿EN UN LUGAR MÁS VISIBLE, DICES? ¡POR ESA MISMA RAZÓN LAS DEJO EN LA PUNTA DE LA COFA! —decía Chopper, el tonto de Usopp había vuelto a patear las plantas que con tanto esmero cuidaba a diario para preparar sus medicinas, que como doctor era algo muy valioso para él
Chopper continuo persiguiendo a un agitado Usopp dándole un sinfín de vueltas a la cubierta mientras maldecía en voz alta su mala suerte dentro de la tripulación. Usopp se vio obligado a entrar en el barco pasando por la sala principal hasta llegar a la cocina, tenía algo en mente.
Un aroma a carne cocida se extendía por el aire, mientras podía verse la cocina encendida y a un rubio de cejas rizadas cortando hábilmente algunas verduras para preparar una exquisita sopa. No le sorprendió en lo absoluto al ver como sus dos compañeros de tripulación se correteaban y mucho menos al ver que el furioso era Chopper, se hacía una idea de cuál era la razón, ni siquiera se inmuto, sino que continúo desempeñando su labor tranquila y pacientemente.
Llevaba puesto un pantalón formal de color negro, una camisa de manga larga color amarillo pálido con una corbata amarilla con rayas oscuras. Levaba las mangas enrolladas a la altura de los codos y la corbata floja, así era como él solía cocinar.
—¡VEN ACÁ MALDITO! ¡VOY A HACERTE COMPRENDER POR LA FUERZA! —continuaba gritando Chopper, histérico, haciendo caso omiso a la presencia del rubio en la cocina—¿SABES LO DURO QUE ES CUIDAR DE ESAS PLANTAS?
Usopp se colocó detrás del cejas rizadas como si este fuera a protegerlo del furioso reno, comenzando a temblar mientras veía por encima de su hombro como Chopper se había detenido y le dirigía esa oscura mirada que le ponía la piel de gallina.
—¡Sanji! ¡Por favor detenle! ¡ya le explique que fue un error haber pateado sus plantas pero no quiere dejarme en paz!
—Usopp y Chopper, ¿podrían dejar de jugar dentro de mi cocina? —respondió muy calmadamente el aludido, lo único que quería era que no intervinieran mientras cocinaba y conocía muy bien la única razón de sus peleas, por lo que tomo esta como una pelea más, dándole poca importancia— saben muy bien lo mucho que me molesta que me interrumpan mientras estoy cocinando. ¿Porque no simplemente aceptas tu castigo, Usopp?
—¡Sanji! ¡Ni hablar! —luego de pronunciar esas palabras, Usopp entrecerró sus ojos, comenzando con uno de sus clásicos e inconfundibles dramas—¿No se te hace extraño que Chopper sea tan tierno e inocente? No sabemos que clase de demonio puede llegar a ser.
—¿QUIERES SABER QUE PUEDO LLEGAR A SER? ¡VEN ACÁ Y LO SABRÁS! —contestó el reno, más furioso que nunca. Avanzó corriendo de nuevo hasta donde se encontraba Usopp y lo forzó a soltarse del agarre de Sanji, obligandole a correr de nuevo mientras salia de la cocina en un abrir y cerrar de ojos.
Sanji dio un largo suspiro de resignación: —esos dos jamas aprenderán.
Mientras continuaban dando vueltas sin parar por la cubierta Usopp tuvo otra idea, se adentró en la habitación de gimnasia, en donde cierto peliverde solía llevar a cabo su rutina de ejercicios. El mencionado se encontraba como siempre sosteniendo sus enormes pesas sobre su espalda desnuda mientras trabajaba en sentadillas. Al ver como la puerta se abría entre gritos y quienes osaban romper su comodidad no eran otros más que Usopp y Chopper, su rostro se llenó de pánico, sabiendo muy bien los destrozos que dejaban cuando se ponian así.
—¡Usopp! ¡Chopper! ¿Qué hacen aquí dentro? ¡Fuera! —comenzó a exigirles, preocupado.
—¡Zoro! ¡Tú tienes que ayudarme! ¡Dile a Chopper que se calme! —le pidió Usopp mientras repetía la misma acción que con Sanji y se colocaba detrás de su espalda—¡Patee sus plantas sin querer y ahora quiere venganza!
—¡POR SUPUESTO QUE LA QUIERO! ¡ZORO, SOLO DÉJAME DARLE UNA BUENA PALIZA A ESTE NARIZOTAS! —pidió Chopper entre gritos mientras se dirigía nuevamente corriendo hacia Usopp, con la diferencia que esta vez Zoro perdió el equilibrio estando entre ellos dos y callo con la gigantesca pesa reposando sobre su abdomen. Usupp no tuvo más opción que huir otra vez hacia la salida, sin lograr nada—¡VEN ACÁ MALDITO!
En el suelo yacía un Zoro adolorido por el golpe de la pesa, pero a causa del dolor ni siquiera podía quitársela de encima. Lo único que pudo hacer fue prometer su venganza con las pocas bocanadas de aire que le quedaban dentro de sus pulmones.
—Está la pagaran muy caro.
Usopp atravesó la sala principal por tercera vez y llego a la cubierta aun siendo perseguido por el furioso Chopper. Las ideas se le habían acabado y el pánico lo invadió al ver como el reno se acercaba cada vez más a él, quien ya había comenzado a ser presa del cansancio, pero Chopper aún se veía con muchas energías, probablemente a causa de la ira.
Finalmente llegó el momento tan temido por el nariz larga. Chopper se abalanzó sobre él sin pensárselo dos veces, mientras Usopp solo podía rezar por su salvación y cerrar los ojos, esperando recibir el pequeño bulto en la espalda.
Pero no llego.
En lugar de eso, pudo escuchar las quejas del frustrante reno. Se volteó para ver qué era lo que había pasado.
—¡Nami! ¡Suéltame para que pueda darle una paliza! —decía mientras movía bruscamente sus pequeñas patas, en el aire—¡suéltame!
Dos brazos sostenían a Chopper firmemente impidiéndole moverse o correr, causando el enojo de este. La responsable de todo aquello no era otra que esa hermosa joven amante del dinero, de largo cabello naranja atado en una coleta, vestida con una escotada blusa amarilla muy apretada que dejaban su gran busto y el ombligo al descubierto, unos shorts simples también apretados y unas sandalias cafés.
—Espera Chopper ¿Que te hizo esta vez el narizotas de Usopp? —preguntó Nami, sabiendo muy bien que Usopp siempre le causaba problemas al reno.
—¡Volvió a patear mis plantas! —respondió un poco más calmado y haciendo un puchero, sabiendo que había encontrado un aliado.
—¿De nuevo? —le preguntó con voz dulce, mimando a Chopper como su fuera su propio hijo para calmarlo un poco después del ataque de rabia que sabía, había estado teniendo— deja que yo me encargue.
Nami dejo a Chopper lentamente en el suelo y le regalo al causante de todo ese lío una mirada fugaz que le provocó escalofríos en la espalda. Se acercó lentamente hacía él manteniendo el contacto visual. Usopp retrocedió unos cuantos pasos mientras seguía temblando sabiendo lo que le esperaba, pero antes de que siquiera pudiera reclamar, una violenta palmada se había estrellado en su mejilla, tan fuertemente que incluso lo mando a volar unos tres metros.
Tampoco le dio tiempo a quejarse cuando logró levantar la mirada mientras se sostenía el trozo de piel herido, sino que sin dudarlo la chica le dio permiso al reno con un guiño mortal: —Todo tuyo, Chopper.
Con una sonrisa de oreja a oreja, el mencionado se abalanzó sobre Usopp como había hecho antes, pero esta vez no hubo nadie que lo detuviera. Lo tomo por el cuello de la camisa mientras lo sacudía violentamente, golpeando su cabeza contra el suelo.
—¡ESTO ES POR MIS PLANTAS! ¡DEBERÍA OBLIGARTE A QUE LAS CULTIVARAS TU MISMO PARA QUE VEAS LO QUE CUESTA!
—Espera... Chopper... ya te dije... Que fue un... Accidente —ni siquiera podía hablar muy bien por la velocidad a la que su cabeza era sacudida. Sus ojos estaban en blanco y chorreando lagrimas
Nami solo podía ver divertida la pequeña pelea de sus amigos, en realidad parecía más una pelea de niños que de clásicos piratas, en donde arreglan las cosas con espadas y pistolas. Toda la tripulación era así, como una gran familia, arreglando sus problemas y diferencias con peleas infantiles y sin importancia. Que ella recordara, la única pelea que se había desatado en serio fue cuando le dieron la noticia a Usopp sobre los destrozos del Going Merry, algo que causo una gran herida en la tripulación hasta tal punto que él decidió abandonarla. Sin mencionar la renuncia de Robin en la misma isla, aunque ese problema se resolvió más temprano que lo de Usopp.
Era uno de esos momentos que le hacían pensar que había tomado la decisión correcta al aceptar la invitación de Luffy a la banda, la invitación que ella no quería aceptar por su sentimiento de responsabilidad para con su madre y su pueblo. Comenzó a recordar cómo se había conocido con algunos mientras formo temporalmente parte de ellos en el mar, como los había abandonado en el restaurante Baratie y como en la villa Cocoyashi Luffy le prometió derrotar a Arlong, promesa que cumplió, llevando la paz a su pueblo de origen. Luego conoció a otros mientras empezaban sus aventuras en el Grand Line, como por ejemplo a Chopper.
Al final parecía que Bellemere si estaría orgullosa de su hija.
—No te preocupes Bellemere, soy feliz con estos chicos —dijo con una sonrisa y la vista al cielo, recibiendo como respuesta una suave brisa en el rostro.
Dirigió la mirada hacía el frente, sacándose a sí misma de sus pensamientos mientras continuaba observando la escena que se desarrollaba entre esos dos, cuando se dio cuenta de algo en el horizonte. Mirando en esa dirección, podía apreciarse un trozo de tierra en el mar, frente al barco, algo que una navegante no podía pasar por alto.
Rápidamente se alejó de aquel sitio con una sonrisa indiscutible en su rostro a causa de lo que sabía iba a pasar y lo je significaba. Se paró en el centro del barco y con un grito que cualquiera escucharía a kilómetros de distancia, hizo un llamado a toda la tripulación para que acudieran a aquel lugar: —¡TIERRA A LA VISTA!
Uno por uno comenzaron a llegar a la cubierta del barco con ese gran entusiasmo que tanto les caracterizaba. La primera en llegar fue una mujer morena de cabello largo, vestía una blusa azul floja de tirantes con adornos de flores amarillas y un gran escote, unos jeans vaqueros oscuros flojos y unas imponentes botas de cuero negro que le llegaban hasta las rodillas.
—¡Nami! ¿Por fin encontramos una isla? —pregunto Robin con una amable sonrisa en su rostro, sonrisa que rara vez se esfumaba— ya tenemos varios días sin poder abastecernos de recursos.
—¡Sí! solo esperemos que hayan los suficientes —respondió la pelinaranja —nunca se sabe si ya ha sido "asaltada" por otro piratas.
El siguiente en aparecer fue Zoro, vestido con su haramaki verde oscuro y sus tres katanas metidas en la faja roja de la cintura. Caminando con paso lento y con el dedo meñique dentro del oído.
—¿Por fin una isla? Espero que haya unos cuantos barriles de sake —Dijo tranquilamente el peliverde mientras veía la isla desde su posición— ya no nos queda ni una tan sola gota.
Luego apareció él, alguien que asustaría a cualquiera de no saber el nombre de la fruta que había comido. Un esqueleto de noventa años caminaba en dirección a la cubierta luciendo un elegante traje negro con solapadas amarillas y un pañuelo azul atado a su calavereo cuello, un enorme sombrero dorado de copa, un contradictorio pantalón apretado de flores y unos zapatos de bombín.
—¡Yojojojo! —rio de manera rara, característica de muchas otras personas dentro del Grand Line.
Sanji hizo su aparición vestido de la misa manera que antes, con la diferencia que ahora estaba muy bien arreglado, con las mangas de su camisa y la corbata en su lugar, también llevaba puesto un saco negro que complementaba su apariencia de caballero. Había llegado acompañado de un grandullón cyborg, mitad humano y mitad androide, llevando puesta una camiseta hawaiana y una simple tanga en su parte baja, sus hombros era dos gigantescas bolas rojas, sus antebrazos dos cubos—rectángulos y sus codos pliegues azules.
—¡Namicilla! ¡Robinceta! ¿Por fin hemos llegado a una nueva isla? —pregunto locamente el rubio, dando vueltas infantilmente alrededor de si mismo mientras su vista era reemplazada por dos corazones, escena que daba un increíble contraste a su apariencia— me muero de ganas por ver lo que encontraremos, ¿qué me dices Franky?
—Yo solo quiero algo de cola —respondió secamente el aludido, poniendo boca abajo una botella de dicho líquido que mantenía en su mano derecha, intentando sacarle la última gota, sin éxito— acaba de acabarse la última botella y como bien saben todos, la cola es mi "combustible".
—¡Bien! ¿Ya estamos todos? —pregunto una emocionada Nami, viendo alrededor suyo a todos los miembro de la tripulación mientras los contaba con el dedo— uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... ¿en dónde esta Luffy? —pregunto desconcertada sabiendo de la tardanza de su capitán. Bajo la mirada, frunció el ceño y apretó los puños en señal amenazante, cuando llegara le daría una buena paliza a ese cabeza hueca— Es el capitán pero es el que llega más tarde a las reuniones. Debe estar durmiendo como siempre.
Su respuesta no se hizo esperar. Colgando de una amarra y dando grandes voces de emoción, llegó el mencionado capitán, vestido con su muy característica camiseta roja, desabrochada mostrando la cicatriz de su pecho, con unos shorts azules y unas sandalias simples. Cuando por fin cayo en el suelo abrió su boca a punto de decir algo acerca de la nueva isla, pero el puñetazo de su propia navegante lo hizo detenerse, y las palabras que salieron de su boca fueron de queja.
—¡Ouch! ¿Porque hiciste eso? —pregunto confundido, sosteniéndose el chichón mientras se mantenía agachado en el suelo, pero no extrañado ya que no era la primera vez que le daba un golpe de esa índole.
—Eres el capitán, deberías ser el primero en responder a mi llamado cuando hay una isla nueva. Pero en lugar de eso eres el último en llegar —respondió ella, rodeada de un aura oscura que asusto a todos los presentes haciendo que retrocedieran unos cuantos pasos— deberías dar el ejemplo —como por arte de magia, de repente recupero su sonrisa, logrando espantar totalmente a todos— pero no importa, hay que alegrarse.
Camino con paso apresurado hacia el frente, y una vez más dejo que la suave brisa del mar ondeará su larga cabellera, llenándola de una indescriptible sensación de bienestar y paz. Pensó en todos los momentos por los que había pasado desde que dejó su pueblo de origen, zarpando al mar; pensó en todas las aventuras que había tenido junto a todos desde que se habían adentrado al Grand Line, habían habido momentos de tristeza, momentos de dolor, momentos de angustia, pero también habían habido momentos de felicidad, momentos de paz y momentos de fiesta. Ahora se encontraban en el Nuevo Mundo, la mitad del Grand Line, los retos que los esperaban ahí serían mucho mayores que en el Paraíso, y eso era algo que todos allí sabían muy bien, pero era un gran escalón hacía su sueño y al de todos.
Dio media vuelta dirigiendo la mirada hacían sus camaradas quienes le respondieron dándole la misma mirada de entusiasmo. Llevo su mano a la cintura y comenzó a hablar, dando un pequeño discurso.
—Una nueva isla se alza ante nosotros —comenzó la pelinaranja—, la primera del Nuevo Mundo sin contar la isla Gyojin. Sabemos muy bien los desafíos que nos esperan en este lugar, en este mar, en este tiempo, pero hemos decidido hacerles frente, por nuestros sueños, por nuestras promesas, promesas que nos hemos hecho a nosotros mismos y a seres queridos. Decidí unirme a esta tripulación porque pensé que sería feliz con ustedes, y hasta la fecha no me arrepiento de nada. La siguiente isla, será la que nos vera desembarcar hacía nuestras metas, por eso les pido... ¡Jamás se rindan! ¡Luchemos juntos como camaradas! ¡Y algún dia estaremos en la cima del mundo entero!
Los gritos de todos los presentes estallaron en medio de risas y abrazos, motivados por las palabras de la navegante, como una gran familia, como hijos del mar, y al unísono todos repitieron a gran voz con los puños levantados en el aire en señal de desafío:
—¡CUIDADO NUEVO MUNDO, LOS SOMBRERO DE PAJA ESTÁN AQUÍ!
/ / / / /
Luego de haber festejado junto con los demás, Usopp se separó del grupo y de las celebraciones, feliz por el hecho de haber llegado junto con sus camaradas a la primera isla de ese gigantesco océano que era el Grand Line, su sonrisa lo delataba. Se habría arrepentido el resto de sus días si los hubiera abandonado en Water 7, aquella sensación valía la pena los riesgos.
Sin vacilar decidió hacer algo que lo tenía muy intrigado, la curiosidad lo mataba por dentro y no podía hacer nada para evitarlo, al fin y al cabo estamos hablando de Usopp; camino con esa sonrisa hacía la orilla del barco en dirección a la isla, tomó su catalejo en su mano derecha mientras lo ajustaba correctamente con la izquierda, agudizó su ojo de francotirador lo más que pudo... Una muy mala decisión. Casi literalmente quedo petrificado con el catalejo en su mano. No estaba preparado para lo que vio.
—Lu... Luffy —comenzó a tartamudear de espaldas a su capitán, tratando de... Advertirles, sobre aquella isla— Lu... ¡LUFFY!
Usopp había gritado. Todos los presentes volvieron la mirada hacía el francotirador, quien tenía en su rostro una expresión de pavor y miedo. Sus piernas se mantenían rígidas y estaba sudando con los ojos en blanco, perdidos en la nada, inyectados en sangre. Todos guardaron silencio, esa no era la situación graciosa que él solía presentar cuando llegaban a una nueva isla, debía tener una buena razón para ponerse así.
—Usopp... ¿Qué sucede? —preguntó Luffy, preocupado por la apariencia de su amigo, eso no era algo común en él.
—Luffy... —contestó Usopp, casi en un susurro. Comenzó a caminar hacia el frente. Luego más rápido. Luego corrió. Se detuvo abruptamente y tomo por los hombros a su capitán sacudiéndolo violentamente, lo que solo preocupo más al sombrero de paja—¡Tenemos que salir de aquí! ¡Demos la vuelta y alejémonos de esta isla!
—¿Que dices? No podemos hacer eso. ¡Hemos esperado mucho para este momento!
—¡No lo entiendes! ¡Esa isla es peligrosa! —continuó insistiendo, histérico— Esa isla...
—¡¿Qué?! ¿Qué sucede con esa isla? —preguntó el capitán de los sombrero de paja—¡dímelo!
Usopp bajo la mirada hacía el suelo, sosteniendo aun los hombros de Luffy. Lo que diría a continuación era algo para lo que no estaba preparado aun, en todas sus aventuras en el barco jamás había visto algo igual a eso. Esto era diferente a lo que había sentido cuando llegaron a Arabasta, diferente a lo que había sentido cuando se topó cara a cara con Enel, diferente incluso a cuando Kuma los separó a todos durante dos largos años. Era una sensación que le hacía querer vomitar por el horror, una sensación que lo obligaba a alejarse de aquel sitio, como un instinto. Decidió expresarle a su capitán, con sus propias palabras, lo que había visto.
—El... El catalejo —comenzó a decir torpemente— todos... Decapitados...
—¡Habla más claro! —le exigió Luffy.
—¡Están muertos! ¡En la orilla de la playa hay un montículo de cadáveres... Mutilados!
Continuara...
Terminamos con este capitulo de mi nuevo fanfic. Les pido de nuevo que dejen sus reviews para decir que fue lo que le hiso falta al capitulo. ¿Diálogos muy pobres? ¿Falta de narración? ¡solo dilo! así podre hacer la historia más de tu agrado.
¡Lo se, lo se! jugué un poco con el temperamento de Chopper y comencé a darle un poco de mayor protagonismo a Nami, Chopper y Usopp que al propio Christopher, pero tratare lo más posible de equilibrar las cosas en los próximos capítulos.
Espero que sigan leyendo el transcurso de mi historia hasta el final. Si pueden recomiendenla a sus amigos.
Con todo esto, Jealous se despide. ¡Nos leemos!
