Hola, hace mucho que comencé esta historia, y ahora regrese, para concluirla. Leyéndola se nota que me falta mucho en redacción y ese tipo de cosas, pero no me arrepiento, y seguiré sin modificar lo ya subido. Vine para acabar por fin y darle un fin a esta historia.
NUEVOS SENDEROS
Por Goshujin Sama
Todos los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko Takahashi, excepto los que son de mi propia invención, no hago esto con fines de lucro, solo por entretenimiento.
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/…/ pensamientos
Cambio de escena
Capítulo 11: Venganza y confrontación
Cinco de la mañana, Tokio, barrios bajos.
El sujeto llego a un callejón entre dos edificios ruinosos y de mal aspecto. Jadeaba por el esfuerzo y sus pulseras y cadenas del cuello trinaban con cada movimiento, hacia dos horas que había comenzado a huir y nunca le había costado tanto trabajo hacerle perder la pista a nadie, ni a los agentes de la policía, pero este sujeto le pisaba los talones y ni sus mejores artimañas lograban darle un respiro, en cuando pensaba que lo había perdido escuchaba su suave caminar tras de sí. Era algo perturbador.
Y entonces se sintió observado y al mirar al interior del callejón observo como el sujeto caída suavemente al sucio pavimento, después de haber bajado de un salto de quien sabe cuántos metros y se incorporaba como si solo hubiera bajado de la acera. Y tal como lo observo hacia un par de horas, seguía siendo atemorizante.
Vestía ropa oscura, pantalones negros atados con una cinta con hebilla, botas de explorador y una cazadora con capucha que ocultaba su cabeza en sombras, excepto esos ojos azules y fríos como el hielo.
-Oye amigo, ya déjame en paz, yo no sé nada, no seas cabeza dura.- Decía el maleante, temiendo a la imagen que tenía enfrente, como un niño frente a un adulto que esta por apalearle.
-Minamida, varios cargos por delincuencia organizada, dos veces en la cárcel y liberado por falta de pruebas.- Contesto el sujeto de negro, avanzando lentamente.- definitivamente sabes mucho.
-Jajaja, ¿eres policía?-Intento burlarse, aunque su risa pretendía ser sarcástica, salió con un chillido lastimero.- Solo trato de ganarme la vida lo mejor que puedo, no sé qué puedas querer de mí.
El encapuchado rio secamente un momento.
-Esto no tiene que ver nada con la ley, y no quiero nada contigo, solo contesta mis preguntas .- Dijo con firmeza mostrando una mirada con algo cercano al odio.- O recordaras este encuentro para toda tu vida.
-Tsk, que idiota eres, parece que no ves en la situación en la que te encuentras realmente.- El sujeto golpeo la pared con fuerza tres veces seguidas, pauso y toco dos veces más.
De ambos lados del callejón, y de las puertas que había en el salieron un grupo de ocho hombres, todos con bastante mala pinta.
-Tú eres ese ¿verdad? El fantasma del que se habla.- Dijo el sujeto sintiéndose más seguro por la gente que le respaldaba.- Sigues a los que manejamos las calles, y luego les sacas información, todos saben a quién buscas, y como vez tome mis precauciones.
Los sujetos sacaron navajas, cadenas y un par de ellos mostraron armas de fuego.
Sin embargo el joven no pareció intimidado en lo más mínimo, seguía con su mirada clavada en el sujeto que había perseguido durante la noche y madrugada.
-Dime dónde encontrar a ese maldito, o te hare más daño del que pensaba.-el joven paseo la mirada alrededor suyo.- y a estos bastardos también
Esto solo provoco a los sujetos que comenzaron el ataque.
Dos tipos con cadenas se acercaron girándola y soltándola en dirección del encapuchado, que se movió rápidamente y sin esfuerzo esquivando ambas cadenas, luego las tomo en sus manos y halando casi sin esfuerzo hizo caer al suelo a ambos maleantes.
Enseguida cuatro más se abalanzaron con las navajas, moviéndola frenéticamente tratando de cortarlo. El solo esquivo los golpes haciendo caer a los cuatro con facilidad.
Los sujetos con armas dispararon tratando de acabar con su enemigo, pero para su sorpresa el sujeto se movió demasiado rápido esquivando los disparos.
-Última advertencia, dime lo que sabes.- su voz era gélida y no prometía nada bueno.
Los sujetos caídos ya estaban de pie y con gritos de furia volvieron a atacar todos a la vez tratando de incrementar sus posibilidades de dañar a su objetivo, pero estaba claro que la advertencia no era en vano. Golpeo a un tipo en la cara con tanta fuerza que le reventó la nariz manchando sus nudillos de sangre, misma que ocupo arrojándola a los ojos de otros dos que quedaron cegados y lo siguiente que sintieron fueron unos certeros golpes en la boca del estómago que los hizo escupir sangre y caer desvanecidos. Al siguiente que se acercó a él, lo tomo de los brazos y lo arrojo contra uno de los muros impactando con la espalda de manera brutal. Brinco de manera sorpresiva y conecto una patada en el pecho de otro maleante, sacándolo literalmente del callejon. Una navaja paso a centímetros de su rostro, entonces tomo la muñeca del agresor con la mano derecha apoyando la izquierda en el hombro, aplico fuerza y torque a la vez rompiendo el brazo del desgraciado que grito de dolor y callo desmayado de la comisión,
Los sujetos restantes dispararon nuevamente, pero el hombre parecía de humo, corrió entre la balas y de manera rápida saco del interior de la cazadora una katana y corto las pistolas para terror de los maleantes que luego con asombro sintieron como se empapaban sus ropas por la sangre que brotaba de un segundo corte en sus estómagos. Fino como un cabello, pero lo suficientemente profundo para sangrar de manera tan profusa. Ambos sujetos salieron corriendo, temiendo por su vida en busca de ayuda, sin saber que en unos segundos la herida pararía de sangrar, pues la intención de su atacante no era matar… por lo menos no de momento.
Se giró hacia Minamida y comenzó a acortar la distancia entre ellos.
-No me hagas daño.- Dijo el sujeto, acobardándose, retrocedió y tropezó, trastabillo en busca del equilibrio pero fracaso y cayó.
-Entonces contesta a mis preguntas.- Dijo el sujeto, sus ojos azules destellaban fiereza.- ¿Dime dónde está?
-¿De que hablas?- El sujeto sudaba.
-Todo, sabes a que me refiero.- Dijo el chico impacientándose.
-No puedo hablar, si lo hago mi vida corre peligro.
-Si no me contestas tu vida termina aquí.- Sentencio el ojiazul.
El miedo hizo correr adrenalina en el cuerpo del maleante, giro e intento huir, pero de inmediato sintió con pateaban su pierna con fuerza derribándolo nuevamente, después como le pisaban poniendo su rostro contra el sucio asfalto. La presión era muy grande.
-Déjame.- imploro inútilmente y la presión comenzó a incrementarse haciéndolo derramar lágrimas por el dolor que le causaba.- Estas loco me vas a matar.
-Si no vas a decirme nada no tiene caso seguir con esto.- Las palabras dichas le dieron esperanza a el delincuente de salir bien parado.- Así que es mejor que te haga pedazos la cabeza, un criminal menos en las calles.
-Espera, espera.- imploro el sujeto llorando desconsoladamente.- te diré lo que quieras, pero ya no sigas.
El tipo contesto todas las preguntas que le hacía. Era un delincuente que controlaba el narcomenudeo de una zona, como muchos otros a los que había interrogado anteriormente, sus acciones parecían aisladas, pero no lo eran, había un grupo que lideraba y organizaba todo. El no solo se dedicaba a las drogas, también a otros delitos, robos, secuestros y últimamente a reclutar gente para los líderes de la organización. Algo grande se estaba formando. Y el que estaba liderando todo era Lobo Rojo.
-¿Cómo llego hasta Lobo Rojo?- Fue la ultima pregunta, acentuando cada palabra, a medida que el sujeto abría sus ojos de la sorpresa.
-No lo sé, nunca eh tratado con el.- Contesto el tipo, en verdad asustado.
-Pero debes sabe dónde se reúnen el grupo más allegado a él.- Tomo al tipo del cuello levantándolo.
-Si lo sé, pero yo no trato con él, solo le doy mis informes a sus ayudantes, el nunca a aparecido en este lugar.- Contesto tratando de que lo soltara del cuello, luego saco una tarjeta de su bolsillo y la arrojó al suelo.- esa es el lugar donde nos citan, es todo.
-Muy bien, me iré por esta vez, pero si me mientes te aseguro que te arrepentirás, y ni una palabra de esto a nadie.- El sujeto soltó al vendedor y se salio rápidamente del callejón donde estaba.
Al salir la luz blanquecina de las lámparas públicas mostró su rostro, sacudió un poco la cabeza y su trenza salia del cuello de su gabardina negra. Comenzó a andar cuando el sol comenzaba a asomarse en el horizonte.
Camino hacia su departamento en Meguro, había dejado Minato por que le traía malos recuerdos, además de que no quería estar en aquel lugar que a veces se hacia tan bullicioso.
A pesar de que ya habían pasado seis meses desde la muerte de Sakura aun tenia muy presente todo lo doloroso que fue y seguía siendo.
Llego a su apartamento y la ingresar observo que el reloj marcaba las siete de la mañana, vaya que se había tardado en su investigación nocturna. Pero conforme pasaba el tiempo e iba recolectando información se le había hecho más difícil localizar a las personas indicadas, e incluso, como hoy, ellos habían tomado medidas contra él, se había vuelto famoso.
Se recostó sin siquiera quitarse su ropa, el futon era demasiado confortable en esas situaciones.
En todo el tiempo había aceptado su trabajo de detective especial se había dedicado a realizar el mejor trabajo posible. Lo hacia tan eficientemente que cada semana se las arreglaba para tener tiempo libre, el cual siempre ocupaba para investigar por su cuenta, fuera de sus rol de policía. Las investigaciones no lo estaban acercando a Lobo Rojo, y sabía que era una estrategia del jefe Kentaro para que olvidara todo. Pero el no quería olvidarlo, el necesitaba atrapar a aquel demonio que le había arrebatado a su ángel. Por eso hacia esas investigaciones foráneas, y había empezado a adentrarse al mundo del criminal, había conocido cosas que le ayudarían a acercarse, solo restaba dar pasos mas definitivos.
El día anterior acabo con su caso y el papeleo, entonces decidió no perder tiempo, entre mas rápido mejor. Saliendo de la jefatura solo paso a su casa a cambiarse de ropa por aquella que lo hacia ocultar su figura y rostro. Esa noche había sido muy productiva, y sabía que se acercaba más a su objetivo.
Ahora tenía que descansar, era su día de descanso, y lo iba a aprovechar.
Akane había tenido unos meses difíciles al lado de Kouta, incluso Nabiki estaba en uno de esos pocos momentos de su vida donde perdía el control de la situación.
La empresa estaba de mal en peor, la verdad era algo desesperante, parecía que querían hacer perder el puesto a Kouta y a Akane no le parecía una situación tan descabellada.
-Kouta, esto esta muy mal.- Comentaba Nabiki revisando los informes y balances de los últimos meses.- Hemos perdido mucho dinero en los últimos meses.
-Lo se, el problema es que nuestras entregas y negocios se han echado a perder por los constantes asaltos que ha tenido el área de entregas.- Decía Kouta pasándose la mano por la cara a manera de demostrar su frustración.
-Esto es malo, si esto continúa la directiva pedirá tu renuncia.- Dijo Akane a Kouta.
-Lo se, y no puedo permitirlo, por que se que mi Tío será el que ocupe ese puesto si eso pasa...- Dijo Kouta apretando los dientes.
Akane miro con nerviosismo a Nabiki. Regularmente trataban de no demostrar su desagrado por Satoshi frente a Nabiki, pero había ocasiones que no lo podían evitar y menos durante los últimos dos meses donde las cosas no marchaban nada bien. La empresa estaba muy lejos de quebrar, pero en ese nivel no se puede permitir pérdidas demasiado significativas.
-No te preocupes.- Dijo Nabiki notando el nerviosismo de Akane ante las palabras de Kouta seguido por su presencia.- No entiendo muy bien por que detestan tanto a ese sujeto, y creo que es un asunto que no me incumbe mucho, pero a decir verdad a mi tampoco me da mucha confianza.
Akane asintió con una sonrisa, la verdad es que Nabiki sabia que algo no estaba bien en la familia de Kouta, el tiempo que tenia trabajando sirvió para notarlo, sin embargo algo dentro de ella prefirió no interferir ni adentrarse mucho, o podría pasarlo muy mal.
-Bueno Kouta lo mas importante ahora es restablecer los pedidos que no llegaron a su destino.- Dijo Nabiki.- Si lo hacemos lo antes posible no perderemos a los clientes y podremos seguir arreglando lo demás.
-¿Pero como asegurar que no volverán a robarlos?, ya lo han hecho en tres ocasiones distintas.- Comento Kouta.
-De eso ya me encargare.- Dijo Nabiki para sorpresa del matrimonio.- Ordene las entregas por medio de una compañía de paquetería, si usaba la de la empresa seguramente la volverían a robar como ya lo dijiste, me pareció la mejor opción, aunque no habrá muchas ganancias por el costo del embarque creo que será suficiente con no perder a los clientes por el momento. Y si quieres una opinión creo que dentro de la empresa alguien te quiere afectar, si no, no me explico como saben cuando salen las entregas y cuándo interceptarlas, burlan la seguridad y cosas que son bastante difíciles de planear desde afuera, además de que no valdría la pena tanto esfuerzo para el valor de lo robado.
Akane y Kouta se miraron entre si, estaban seguros de que eso era lo que pasaba.
Ranma despertó al medio día, apenas había dormido cinco horas, pero ya era momento de levantarse, sus pesadillas eran demasiado crueles para seguir en ellas.
Desde la muerte de Sakura, siempre la soñaba en medio del fuego, con sangre saliendo de su vientre, pidiéndole ayuda, y el sin poder moverse, cada vez más lejos hasta que todo se perdía en la oscuridad y despertaba alterado.
Procuraba dormir poco para no soñar, pero en días como ese no importaba, aun así lo soñaba.
Sus ojeras cada día se hacían más grandes, y su deseo de encontrar al culpable más inmensas.
Salió del futon y se dio un baño, necesitaba despertar del todo.
Mientras en la residencia de Satoshi el criminal regresaba a descansar satisfecho de cómo iban las cosas.
-Bien, esto esta marchando muy bien.- Comentaba el sujeto mientras ingresaba a su despacho y se quitaba su gran abrigo rojo.
Tomo asiento y una gran sonrisa marcaba su rostro.
-El entupido de mi sobrino no esperaba que la empresa comenzara a tener problemas.- Celebraba mientras sacaba un puro de uno de sus cajones y lo encendía.- Cuando deje la presidencia y yo la ocupe la utilizare para mi beneficio y no podrá hacer nada.
En ese momento fue interrumpido de su monologo personal por sus dos esbirros ya conocidos.
-Bien inútiles, ¿Qué ocurre?- Pregunto con algo de seriedad, realmente las cosas le habían salido a pedir de boca desde que elimino a Sakura, y solo era interrumpido cuando había algún inconveniente.
-Nos han dicho que hay una persona que anda reuniendo información sobre usted.- Dijo Sato.
-Manden a ese idiota que se encarga de reclutar gente.- Ordeno desdeñosamente.
-Minamida es el ultimo en haber sido "interrogado". Ayer él y sus compañeros fueron visitados por el sujeto.- Replico Koji ante la mirada airada de Satoshi.
-Eso ya es diferente.- El sujeto se puso en pose meditativa.- ¿Saben quien es?
-Nadie nos ha podido decir como es, solo que es un gran peleador y ni las armas de fuego lo intimidan, le han empezado a llamar, el fantasma.- Comento Sato algo temeroso de la reacción de su jefe.
-Eso no me gusta, ¿será el compañero de esa mujer que eliminamos?- Pregunto con interés.
-No estamos seguros, ese sujeto no ha vuelto a mezclarse en nuestros asuntos.- Dijo Koji y una sonrisa sardónica se dibujo en su rostro.- Seguramente el miedo lo hizo alejarse de lo peligroso.
-Como sea, investiguen a ese sujeto, quiero que lo eliminen lo antes posible, no me da mucha confianza.- Termino Satoshi.
-Minamida le dio la tarjeta del lugar de las reuniones, entonces creemos que ira ahí.- Dijo Sato para beneplácito de Satoshi.- Nos costó mucho hacer hablar a Minamida, pero lo hizo, aunque será lo último que diga.
-Excelente, entonces prepárenle una fiesta como se merece.- Dijo el sujeto, con su mirada más siniestra, con su personalidad de Lobo Rojo.
Ranma estaba ejercitándose con su cuerpo completamente en posición vertical haciendo flexiones sobre su mano derecha cuando escucho el timbre de la puerta y al abrir se encontró con su madre.
-Mamá, ya te dije que no es necesario que vengas cada semana.- Dijo Ranma como saludo, moviéndose para dejar pasar a Nodoka.
-Si no vengo estarías viviendo entre la basura.- Contesto su madre con naturalidad y reproche al observar lo poco que le costaba a su hijo dejar el apartamento como basurero.
Con una mirada de reproche comenzó a recoger la basura de la cocina, las envolturas de las comidas instantáneas.
-Lo siento mamá, he estado muy ocupado, el trabajo y esas cosas, ya sabes.- Dijo acercándose a ayudar a su madre.
-Lo se hijo, mira ve a ducharte mientras arreglo un poco y te preparo algo de comida autentica.- Le dijo su madre con una gran sonrisa mostrándole la bolsa de plástico con verduras y demás cosas
-Ya me duche mamá.- Objeto el chico con cansancio, le agradaba que su madre lo visitara tanto, pero a veces parecía que lo tratara como un niño pequeño.
-Anda, estas todo sudado, y además quiero que lo hagas por mi.- Dijo su madre dirigiéndose a la cocina sin esperar la respuesta de su hijo, lo que hizo que este suspirara y se dirigiera a buscar lo necesario para ducharse.
Una vez que sonó la puerta del baño Nodoka bajo sus hombros y suspiro, cada vez que iba a verlo lo encontraba con las ojeras más grandes, sin duda no dormía como debía y por supuesto que no comía como debía.
Desde el funeral había insistido en que Ranma regresara con ellos, pero él le dio negativas. No quería, necesitaba seguir adelante y cumplir la promesa hecha a Sakura. Ella no sabía a qué promesa se refería, pero le preocupaba lo enfocado que estaba Ranma en ello, era como una obsesión. Pero eso no impedía que lo fuera a visitar cada semana en su día libre y lo ayudara a mantener en orden su nuevo departamento. Y ya que era la única que lo veía, debido a que Ranma no había visitado a nadie desde lo ocurrido, ni había contado a nadie de cómo fueron las circunstancias de la muerte de Sakura con exactitud, debía tratar de ayudarlo, porque de algo estaba segura, y es que eso no fue un accidente, y que su hijo quería algo más que justicia.
-Ya está mamá, estoy duchado.- Dijo Ranma aun secándose el cabello con la toalla.
-Perfecto, ya casi tengo lista la comida, por favor vístete con algo decente.- Dijo su madre mientras Ranma asomaba la cabeza por el pasillo para verla en la cocina.
-¿Y para qué?- Respondió el chico.- Es mi día de descanso.
-Invite a unas personas.- Contesto sencillamente.- Espero que no te moleste.
-No es lo que esperaba de un día de descanso.- Se quejó Ranma caminando a su habitación, sin replicar más, no tenía caso y estar con su madre le gustaba, quería convivir más con ella, pero todo lo de las investigaciones lo tenían tan maniatado que no podía, así que si su madre quería algo, él la complacería.
-Escucho la puerta y su madre atendiendo, y enseguida un par de voces conocidas. Ranma escogió su ropa y se apresuró, eran personas deseables, y pensar en convivir con ellas le daba ánimos, además tenía mucho tiempo que no intentaba relajarse un poco.
Seiji no recordaba momentos de gran apasionamientos en su vida, excepto cuando ganaba en una batalla.
El nació en una familia acomodada de Nara que había venido a menos en últimos tiempos. Siempre solitario por ser hijo único con una madre a la que no le importaba y estaba inmersa en la problemática de ser una persona de sociedad que poco a poco iba perdiendo prestigio y su padre un empresario que amaba más al sake que a la vida, tuvo que valerse por sí mismo aun teniendo muchas cosas.
Con este ambiente no era de extrañarse que fuera un chico problema, con riñas constantes en el colegio, peleando con chicos incluso más grandes y de cursos superiores, se dio cuenta que era bueno en eso, y le gustaba mucho vencer a la gente.
Aprendió varias artes marciales, pero ninguna le llenaba hasta que un día encontró en un templo algo que lo dejo sorprendido, una chica rubia combatía contra un hombre, cruzando sus armas sacando chispas, con gran fuerza, rapidez y habilidad. Le pareció que no había nada más perfecto, y cuando estos terminaron con su entrenamiento el prácticamente se acercó de rodillas suplicándole al hombre que le enseñara.
La chica ayudo en que el hombre le enseñara y así comenzó su camino en el uso de la katana, y realmente era bueno. Aprendía con rapidez, y recibía halagos de Sakura y el Maestro Koujiro. Sin embargo Seiji no se sentía a gusto, el entrenar era bueno, pero el necesitaba ser el mejor, y para eso necesitaba enfrentar a oponentes de verdad, pelear en duelos de vida o muerte.
Además de todo, Sakura le comenzaba a causar un malestar, no sabía si eran celos, rivalidad o algo más, pero estar cerca de ella le era incómodo y confuso. Así que cuando hubo aprendido lo suficiente intento retarla para ver quién era el mejor, pero su maestro se lo impidió, no se trataba de eso. Entonces Seiji supo que ese no era su lugar, y decidió partir y buscar su camino.
Cuando llego a Tokio comenzó a enfrentarse a buenos oponentes, todo esto lo hizo crecer mucho, aprendió más de lo que esperaba, y se hizo fuerte como deseaba, vencer a cada nuevo rival, superar sus límites, esa era su pasión, no existía nada más para él, todo lo demás no tenía importancia. Matar no era más que la consecuencia de que sus oponentes fueran más débiles que él, la mayoría eran lo suficientemente buenos para evitar el destino fatal. Hasta que conoció a Lobo Rojo.
Adentrarse al mundo de un criminal de la envergadura de Lobo Rojo le dio la oportunidad de enfrentarse a gente más fuerte de lo que llego a imaginar que existía, y matar ya no se hizo una opción, era el camino. Ser subordinado no era problema, porque él no buscaba nada de lo que su jefe quería, solo quería ser el mejor guerrero, y mientras esa vida le diera más y mejores oponentes para hacerse más fuerte estaba bien.
Meses atrás había logrado medirse con su antigua rival, y tal como pensó ya la había dejado atrás hacia mucho. La venció y termino con su existencia, ya que ella ya no le podía dar más retos en el futuro, su existencia era innecesaria.
Pero con todo eso, a pesar de no mostrar sentimientos, aun sentía esa incomodidad al verla, y lo más raro es que había pasado el tiempo desde que le había arrebatado la vida y aun sentía esa incomodidad, y no sabía por qué. Eso era irritante sumado al hecho que no sabía si encontraría alguien más con quien medirse, parecía que tendría que buscar en otro lado a un buen rival.
Todo esto lo meditaba mientras esperaba pacientemente a unas calles de la mansión Adashi, esperando a él joven matrimonio. Su jefe había decidido que era hora de darle un escarmiento a su sobrino y no había mejor hombre para ese trabajo que él, aunque eso no le agradaba mucho a Seiji, ya que no era un duelo como tal, solo una advertencia. Lo haría, no por miedo a su jefe, simplemente porque no había nada más que hacer.
Mientras en Meguro Ranma había disfrutado mucho la visita del Dr. Tofú y de Kasumi, parecía que el matrimonio tenía muchas ganas de volver a verlo, solo que se lamentaban de no haber podido conocer a Sakura antes de que la alcanzara la fatalidad.
Lo que no le agrado tanto fue la sugerencia de su madre que se hiciera una pequeña revisión de rutina, aprovechando que el Dr. Estaba ahí, pero parecía que era el verdadero motivo de la visita, pues el Dr., llevaba todo lo necesario para una revisión médica.
Su madre y Kasumi habían salido a hacer algunas compras dejándolos solos.
-Bien Ranma, ya puedes ponerte la camisa.- Le dijo El dr mientras guardaba sus cosas en el maletín.- Físicamente estas perfecto, incluso creo que estas pleno, mucho mejor que cuando vivías en Nerima.
-Me eh esforzado en entrenar y no descuidarme.- Dijo Ranma
-Sin embargo se nota que no has descansado como se debe, tus niveles de estrés y de cansancio acumulado son muy altos.- El dr se puso serio, como lo hacía siempre que daba un diagnostico.- ¿has dormido bien?
Ranma lo miro un momento y luego su mirada se volvió dura y fría, el Dr. Se inquietó ante esta actitud.
-Tengo algo muy importante que hacer, y no me puedo preocuparme por esto ahora.- Contesto secamente.
El dr medito un momento y luego suspiro pesadamente.
-Es como dice tu madre, lo que paso con ella no fue un accidente, ¿No es así?- Miro fijamente al chico de trenza que desvió la mirada.- Seria bueno si me contaras, eso ayuda.
-No quiero ser grosero Dr, pero esto no es de su incumbencia y podría ser comprometedor para usted.- Dijo el chico con la vista baja, su madre había ido demasiado lejos, esto era su problema y no quería involucrar a nadie más, sobre todo a sus conocidos, era una de las razones por las que había evitado cualquier tipo de visita.
-Ranma, puedes confiar en mí, créeme que estoy acostumbrado a escuchar a la gente, y de mí no saldrá.- El Dr, le sonrió de manera fraternal.- Es una buena terapia, tal vez te ayude un poco, y no te preocupes, eh escuchado cosas muy comprometedoras y nunca he dicho nada.
Ranma lo pensó un poco. Necesitaba confiar en alguien, de alguna forma esto lo estaba atormentando más de lo que pensaba.
-Yo prometí que buscaría la justicia.- Comenzó mirando fijamente al Dr a los ojos.- Pero…
El Dr esperó pacientemente a que Ranma concluyera la frase que marcaría el principio de la historia, y con todo se sorprendió un poco cuando escucho de los labios de Ranma, con una mirada fría, dura y llena de rencor y con un tono con matices de odio las palabras "quiero venganza"
FIN CAPITULO 11
Como puse arriba, regrese para terminar, no se si aun haya gente que comenzó a leer esta historia hace unos años, ojala si, y que sepa que se terminara como se merece, y para los nuevos lectores ojala la disfruten. SALUDOS
