Capítulo décimo sexto
***En el instituto de Ichigo.
–Mm... ¿Creéis que es demasiado tarde para unirse a un club? – preguntó la pelirrosa de pronto.
–¿A un club? – inquirió Ai – . Creí que eran una pérdida de tiempo para ti.
–Bueno, es que últimamente me aburro mucho en casa, y me preguntaba si podría apuntarme todavía a un club.
–¿Tienes alguno en mente? – preguntó Akane – . Porque si no, podrías unirte a alguno de deporte, quizás el de volei. ¿Qué te parece? – Ichigo negó con la cabeza.
–¡Pues únete al club de costura! – dijo Yuki – . Es muy divertido, nos hacemos toda la ropa nosotras. ¡Hasta cosplay! Recuerdo que una chica otaku se hizo uno de Haruhi Suzumiya.
–No. Yo no estaba pensando en esos. Pensaba en el club de periodismo – Ichigo se reclinó sobre el asiento – . Me llama mucho la atención. Parece un buen club.
–Bueno, normalmente nunca es tarde, pero como estamos en último año y eso... – dijo Ai.
–Es que el periodismo me atrae – dijo Ichigo.
–Pues únete al club de periodismo – dijo Ai – . Te dará puntos extras para la universidad.
–Lo sé. Y eso es bueno, ¿verdad? – Ai asintió.
–¡Hola! – Amaiko entró en la clase de las chicas –. Buenos días, Takashi-senpai, Hoshihiro-senpai, Miyamoto-senpai, Ichigo.
–Hola, Minami-san – saludaron las tres jóvenes.
–¡Amaiko! ¿Qué pasa? – dijo Ichigo – . He pensado en unirme al club de periodismo.
–¿En serio? ¡Qué bien! Yo estoy en el de pastelería.
–Me lo esperaba – Ichigo reprimió una risita – En fin – Ichigo se levantó – . Iré al salón del club ¿sí? – las chicas asintieran y se pusieron a hablar de otros temas.
Aparentemente, Yuki había más o menos superado el rechazo de Haru, y no le guardaba rencor alguno, a diferencia de Ichigo, quién había optado por ignorar al joven, después de todo lo sucedido. Confiaba en que no dijese nada sobre el tema, sobre su segunda identidad. Sabía que al menos en eso podía confiar en él, pero sus sentimientos distaban mucho de ser los que habían sido hacia apenas unos días. Era totalmente cierta aquella vieja frase de: Del amor al odio sólo hay un paso. En este caso, había sido una discusión y unos hechos, que simplemente no podía olvidar. Y que Haru hubiese dicho que tenía a alguien que le gustaba y que dijese, sin razón aparente, "Mi chica" la confundían. Bien podría haber sido una simple reacción y quizás le estaba dando demasiadas vueltas pero, no podía evitarlo.
Entre sus divagaciones llegó a la puerta del aula del club de Periodismo, tocó dos veces y entró en el aula. Una vez ahí vio a un muchacho que escribía sin parar en un ordenador portátil, a una joven escogiendo entre el montón de fotos, y a una muchacha, de su mismo curso, sentada en el centro, revisando las noticias que llegaban a ella. Cuando la vio levantó la vista.
–Bienvenida – saludó – . Soy Umino Sara – saludó – . De 3C. Encantada.
–Yo soy Sakurai Ichigo, de 3A, encantada. No sé si será muy tarde, pero estoy interesada en meterme en el club de periodismo – el joven del portátil dejó de escribir y miró a la joven, asombrado, y la chica de las fotos también la miró.
–¡Oh, eso es genial! No tenemos muchos miembros. Sólo somos los mínimos, y bueno, nos amenazaron con cerrar si no conseguíamos nuevos miembros, pero ya ves... No es que hayamos conseguido muchos, por favor, siéntate – Ichigo se sentó frente a la mesa que ocupaba todo el salón – . Bienvenida. Entonces, ¿por qué quieres entrar?
–El periodismo me llama la atención.
–¡Oh, sí, por supuesto! Es realmente estupendo el periodismo. Es lo que todo el mundo necesita para enterarse de todo lo que sucede a su alrededor. Ya sea por el Internet, o ya sea por el periódico, la información es importante. ¿Y quiénes damos esa información? ¡Nosotros, los periodistas! ¡Por supuesto! ¡Claro que sí! Es un mundo realmente increíble cuando te metes en él, y hay muchas cosas que aprender...
–Onee-san – la interrumpió la joven de las fotografías – . No te vayas por las ramas.
–¡Oh, sí! Bueno – la miró – . Bienvenida al club, cualquier nuevo miembro es bueno.
–¡Guay! – Sara asintió.
–Ella es mi hermana menor, Umino Runa – la joven sonrió – , va a primero. Y él es, Sorayuki Shiro – lo presentó – , va a segundo, es un viejo amigo – el muchacho levantó la vista e hizo una corta reverencia – . Bueno, pues... Mi hermana se encarga de las fotografías, y Shiro se encarga de la página del colegio. Yo suelo ser la que maneja el club, y decide qué cosas publicar. La información la solemos buscar entre todos, pero si estás tú podrías hacerte nuestra informadora, ¿te parece bien?
–¡Sí! Sería genial – sonrió.
–¡Pues, bienvenida Sakurai-san!
***En otro lugar
–Hotaru es realmente popular – susurró una joven de largo cabello castaño – . Últimamente no ha dado muchas señales de vida, pero es realmente popular. ¡No hay idol como Hotaru!
–Kira Hotaru, eh... – susurró una joven de cabello naranja.
–¡Espera, espera! – gritó Amaiko corriendo por los pasillos del instituto tras uno de sus compañeros de clase, que estaba en el club de atletismo – . ¡No vayas tan rápido! – siguió corriendo mientras sentía que sus piernas se rendirían en cualquier instante. Mientras corría chocó con una joven de un curso superior y cayó al suelo.
–¡Ah! ¡Lo siento! – la joven pelinaranja le tendió la mano – . Lo siento, de verdad – hizo una reverencia.
–¡No, no! Culpa mía. No miré – Amaiko levantó la vista y se encontró con unos enormes ojos naranjas que le provocaron un extraño sentimiento – . Yo...
–¡Encantada! Soy Konoe Usami, de la clase C de último año. Soy nueva – le tendió la mano. Amaiko la tomó.
–Soy Minami Amaiko, de la clase B de primer año. Encantada – hizo una pequeña reverencia y luego cayó en cuenta de que su amigo no estaba por ahí – . ¡Debo irme! – dijo antes de salir corriendo.
***En la casa de Ichigo.
–¿Qué haces, Sakura-nee-san? – preguntó Ichigo sentándose junto a ella en el sofá.
–Veo las noticias – contestó concentrada.
–¿Tú? – antes de que su hermana respondiese, Kai entró en la estancia.
–Es por lo de Kaitou Blade y Kaitou Coulter – explicó. Luego se tiró en el sofá.
–Entiendo... – susurró.
–Si te sientas así romperás el sofá – se quejó Yuta – . Y los sofás son caros. No caen de los árboles.
–¡Bah! – dijo el muchacho con desdén. De pronto se incorporó – . ¡Oye! Oí que una de primer año se te declaró hoy – sonrió ladinamente – . ¿Qué pasó, eh hermanito? – Yuta levantó la vista frunciendo el ceño ante el apodo.
–No me gustan las niñas pequeñas e inmaduras – susurró volviendo la vista a su libro, de Agatha Christie.
–¡Ah! ¡Sí! Es que a Yuta le gustan las maduras – sonrió – . Por la experiencia... – susurró. Yuta le lanzó una fugaz y letal mirada. Kai respondió con una sonora carcajada – . Un día de estos te enamorarás de la persona todo lo opuesto a lo que tú quieres.
***En el instituto. Al día siguiente
–Kaitou Blade y Kaitou Coulter... – Sara miró a Ichigo – . Parece interesante. Si, por supuesto. ¿Por qué no? Son en cierto modo como esas chicas... Mmm. Esas que peleaban contra el mal y eso...
–¿Las Sailor Scouts? – inquirió Runa.
–¡No, no! – negó con la cabeza – . ¡Ah, sí! ¡Ya recuerdo! ¡Las Pretty Cure! – los músculos de Ichigo se tensaron y esta mostró una pequeña sonrisa – . ¿Estás bien, Ichigo? – la joven asintió – . ¡En ese caso, adelante! ¡Busca información de esas dos chicas!
–¡Lo haré! ¡Confía en mí! – Ichigo salió de la habitación.
–Iré a por un zumo – dijo Runa dejando las fotografías sobre la mesa. En cuanto Sara y Shiro se quedaron solos se miraron.
–Me cae bien – dijo Shiro – . No parece mala chica y nos mantendrá el grupo.
–¡Sí! – sonrió – . Oye Shiro... – la joven comenzó a sonrojarse ligeramente – . ¿Te apetecería ir por ahí este fin de semana...?
–Eh, ah... Yo... – Shiro se sonrojó ligeramente y tocó sus gafas varias veces, luego apartó la vista – . No sé si podré tengo unos archivos que revisar y...
–Ah... Ya entiendo – Sara volvió a lo suyo.
–Bueno... Quizá los pueda dejar para otro día... – susurró avergonzado.
–¿¡En serio!? – Sara se levantó de su silla y se tiró sobre él, abrazándolo.
–¡S-Sara! ¡Por favor!
***Más tarde
–¡Allá voy! – Ichigo tomó la cámara que Runa le había prestado para la ocasión, su libreta y salió del tren. Comenzó a observar a su al rededor. Ese era el último lugar donde habían visto a Kaitou Blade y Kaitou Coulter. No había nada inusual en el ambiente. Entonces una idea pasó por su cabeza. ¿Y si eran también heroínas como ella y sus amigas? ¡Quizás fuese aliadas también! Con ese pensamiento emprendió la búsqueda por las calles, pero no había ninguna señal.
–No hay forma – se sentó en un banco de uno de los parques del lugar. Probó de su helado de chocolate, que se había comprado hacía unos segundos, y se sentó a devorarlo. Un poco de chocolate se derramó sobre su pierna sin que ella se diese cuenta. Entonces fue cuando un pequeño perro, de pelaje blanco, se acercó a ella, empezando a olisquearla – . ¡Hola, bonito! – saludó Ichigo – . ¿Estás sólo? – entonces el perro comenzó a lamerle donde el chocolate se había derramado – . ¿Q-Qué...?
–¡Mimi! – riñó al perro un joven de cabello rubio. Algo bastante inusual.
–¡Oh, no pasa nada! – excusó Ichigo, con la boca manchada de chocolate. El joven se acercó a ella dispuesto a disculparse, pero al ver el rostro de la joven comenzó a reírse descontroladamente – . ¿¡Eh!? ¿Qué pasa? – el joven respiró hondo y sonrió – . Tienes chocolate por toda la cara, y creo que por eso Mimi te lamió la pierna – dijo el joven. Sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo tendió – . Ten – Ichigo lo aceptó y se limpió – . Soy Kaitohara Kenshi.
–Sakurai Ichigo – hizo una pequeña reverencia.
–¿Puedo llamarte Ichigo? – la joven asintió – . Bien, Ichigo. Te noto perdida.
–Lo estoy a menos que sepas algo de Kaitou Blade o Kaitou Coulter.
–¿Kaitou Blade y Kaitou Coulter? Son bastante populares ahora, eh... – suspiró – . ¿Por qué?
–Quiero entrevistarlos para el periódico del instituto – sonrió.
–Ah... Entiendo... Yo podría ayudarte, si lo deseas – se ofreció.
–¡Sí, sería genial!
Ambos recorrieron varias calles hasta llegar a un enorme edificio de veinte plantas en el que se adentraron, para ir a visitar a una muchacha que podía saber más de Kaitou Blade y Kaitou Coulter.
–¿Eh? ¿Onii-chan? – susurró una joven rubia al abrir la puerta – . ¿Perdiste las llaves? – el joven le enseñó la lengua. La joven miró a la pelirrosa –.¿Y tú eres...?
–Sakurai Ichigo – se presentó – . Encantada.
–Oh... Kaitohara Kokoro. Un placer.
–Pensé que me llevarías con alguien que supiese sobre los Kaitou...
–¡Sí, sí! Y mi hermana sabe mucho – entró en la casa e invitó a la joven a pasar.
–Con permiso.
–Bien... Ichigo – Kenshi se sentó en el sofá, con los brazos extendidos y ofreció asiento junto a él a la joven. Esta, cohibida, se sentó junto a él – . Tengo algo que contarte – susurró, acercándose más a ella – . En realidad... Mi hermana y yo somos Kaitou Coulter y Kaitou Blade, respectivamente – sonrió. Ichigo ahogó un grito – . Es en serio, no te miento.
–¿¡Qué!? ¿¡Vosotros dos!? – se levantó. Kokoro la observó. No se inmutó – . Lo siento – se sentó de nuevo.
–Bueno, todo el mundo tiene un secreto, y mi hermana y yo tenemos este – Ichigo asintió. No debería haberse sorprendido, ella era una Pretty Cure a fin de cuentas –. Bueno, aquí nos tienes puedes hacernos todas las preguntas que desees – una sonrisa surcó el rostro de la joven.
–¡Sí! – durante las dos siguientes horas estuvieron dialogando, mientras Ichigo apuntaba todo, sin desvelar la identidad de los hermanos, no diría quiénes eran. Mentiría y diría que se había encontrado con un gran fan de los ladrones, y listo. No habría problema. Pasadas ya las siete y media de la tarde, Ichigo se levantó para marcharse, y Kenshi la acompañó hasta la estación del tren.
–Bueno, Ichigo-chan, ha sido un verdadero placer conocerte – dijo el chico, con total tranquilidad – . Puedes venir a vernos, a mí y a mi hermana siempre que quieras, ¿de acuerdo? – Ichigo asintió – . Hasta la... – se acercó a ella y le depositó un pequeño beso en la mejilla – , próxima – la joven asintió, y se acercó al tren para subir a él. Entonces, una fuerte ráfaga de viento la tiró al suelo. Kenshi acudió a ella.
–¿¡Estás bien!? – la joven asintió y se levantó poco a poco.
–Por fin te he encontrado – masculló una mujer, de larga melena negra, apareció. Caminaba por el andén, usando un largo vestido negro, con tonos rojizos, y con una abertura en el lado izquierdo, que dejaba a la vista su pierna, blanca como el resto de ella.
–¿Quién eres...? – susurró la pelirrosa.
–¡Lady Black Rose! ¡La hermana de el hombre al que te atreviste a atacar! ¡No te lo perdonaré! – la joven elevó la mano al aire y creó una tormenta – . ¡Adelante, Arukurai! ¡Llena este mundo de desgracia y destrucción! ¡No dejes ni un alma! – Ichigo se levantó. Tenía un Arukurai en frente, y además a Lady Black Rose, por no hablar de que ponía en riesgo su identidad si se transformaba delante de Kenshi. Aún si él era el Kaitou Blade.
–¡Detente! – gritó el joven, colocándose entre Ichigo y la bestia – . ¡No dejaré que destruyas mi mundo! – Ichigo abrió los ojos. Se parecían bastante. El joven sacó de su espalda un pequeño bote oscuro, que luego abrió, donde dentro estaba una pequeña cuchilla.
–No podrás hacerme daño con eso, crío – dijo la joven. Al momento, su cuchilla creció de tamaño hasta convertirse en una larga espada.
–¡Esta es la espada de la esperanza! – dijo el chico. Dio una vuelta sobre sí mismo y al momento, su vestimenta cambió. Ya no llevaba la típica ropa de un adolescente que andaba por casa. Ahora llevaba unos pantalones blancos ceñidos, unas botas, guantes y una camisa de largas mangas, del mismo color. En el lado del corazón, tenía una medalla de oro, que servía para atar y mantener la capa azul que llevaba sobre los hombros. Su cabello ahora, también había cambiado a blanco – . ¡Y yo soy Kaitou Blade!
–¡He oído hablar de ti! – dijo la joven acercándose a él – . ¡Y eres inútil sin tu compañera! – colocó la mano al frente y provocó una ráfaga de viento que lo tiró al suelo.
–¡Tranquila, Ichigo...! – dijo tratando de levantarse – . ¡Yo te protegeré!
–¡No me hagas reír! – dijo la mujer, lanzándose otra ráfaga de viento, haciendo que el joven cayese de nuevo y su cuerpo impactase contra el suelo.
–¡Blade...! – Ichigo emitió un grito ahogado.
–¡E-Estoy b-bien...!
–¡Lady Black Rose, detén esto!
–¿O si no, qué?
–¡O si no, seré yo la que se encargue de ti! – gritó – . ¡Romuki!
–¡Ichigo muki! – dijo el gato saliendo del bolso de la joven.
–¡Rosas de cristal...! ¡Change it to Pretty Cure! – la joven se envolvió en un capullo de rosa sin abrir, y segundos más tarde, este se abrió mostrando a la joven ya transformada – ¡Guardiana de la Rosa de cristal rosada! ¡La Pretty Cure del agua y de la vida! ¡Cure Strawberry!
–¿Ichigo...? – Kaitou Blade se levantó y colocó una mano en el hombro a Strawberry – . ¡Luchemos juntos! – la pelirrosa asintió y ambos se abalanzaron sobre el Arukurai.
–¡Corte tridimensional! – Kaitou Blade cortó en dos al monstruo.
–¿¡Pero qué haces!? ¡No es pan! – se quejó Amée, Lady Black Rose.
–¡La rosa del amor! – el broche de Strawberry comenzó a brillar – . ¡Y la rosa de la pasión! – invocó a la Rosa de cristal roja que apareció junto a la otra rosa pocos segundos después. Ambos cristales comenzaron girar. Strawberry cerró el puño, y pasados unos segundos, lo volvió a abrir – . Pretty Cure – susurró con tranquilidad – . ¡Aqua...! – colocó su mano al frente, en dirección a los dos trozos del monstruo– . ¡...Beam! – un arroyo de agua salió de su mano y un arroyo tiró al suelo ambas partes, luego fueron rodeados por unas burbujas. Strawberry se puso de espaldas a su ataque y pasó su mano por su cabello, apartándolo con elegancia –. Explosion – ambas partes del monstruo explotaron y soltaron un montón de gotas de agua que cayeron sobre Amée.
–¡Maldita! – masculló antes de desaparecer.
–Increíble... – susurró Kaitou Blade – . Somos increíbles.
–Guarda mi secreto – pidió Strawberry. El joven la miró y asintió.
–Cada vez que necesites mi ayuda, sólo tienes que pedirla. No importa que tan lejos estés, ni cuánta distancia haya entre nosotros, yo iré a ayudarte cuando me lo pidas. No importa la hora, el lugar o la distancia – sonrió.
–Muchas gracias, Blade – Strawberry sonrió ligeramente. Se acercó al chico y le dio un suave beso en la mejilla de agradecimiento – . De verdad, muchas gracias – de pronto se destransformó, y todo volvió a la normalidad. Entró en el tren y se marchó.
–¿Kenshi? ¿Son cosas mías o estás sonrojado? – dijo una voz femenina tras él.
–¡Kokoro! ¿¡Por qué no ayudaste!?
–Estabais demasiado bien para interrumpir – sonrió – . Te gusta.
–¡Claro que no! – dijo el joven poniéndose de espaldas a su hermana.
