MI VECINO
CAPITULO # 6
Por. Tatita Andrew
Candy decidió que lo mejor era no ir a la playa después de todas las cosas que estaban pasando no quería ver a Albert salió de su casa sin saber a dónde ir, iba tan distraída que no se había fijado que Albert estaba a la salida de su casa y se tropezaron ella no quiso alzar la mirada para verlo, estaba tan confundida, decidió seguir su camino pero él la agarro de la mano para que se detuviera. Y ambos sintieron algo raro como una sacudida electrizante.
Ruborizada la pecosa retiro su mano con brusquedad mientras él pregunto:
-¿Candy a donde vas?
- Por allí. Dijo mientras ella siguió su camino él iba siguiéndola.
-¿Puedo acompañarte?
-He decidido que iré a misa ya que es domingo, respondió Candy sin mirarlo no sabía como comportarse delante de su vecino.
-¡Mira que casualidad yo también voy! Espero no te moleste.
Ella alzo los hombros en un gesto indiferente, el joven quedo desconcertado con la reacción de la muchacha siempre había sido muy amable con él. Y se sintió ofendido.
-Si te incomodo, o tienes algún compromiso con alguien lo entiendo.
-Albert me da igual lo que hagas si deseas acompáñame.
Siguieron caminando juntos sin decir nada. De repente él hablo.
-Lamento lo que te dije ese día, no pensé que te hayas molestado tanto. No estaba de humor.
-¿Molestado?
-Sí eso parece, porque has cambiado completamente tu actitud para conmigo, pero mi tía no tiene la culpa.
-En serio no sé de qué me hablas.
-Siempre he admirado la sinceridad que me tienes, me contabas siempre todo. ¿Es que piensas cambiar de repente?
-Sigo sin comprenderte Albert.
Decía la muchacha con indiferencia.
Candy lo miro de reojo noto que estaba serio y muy molesto, pero en ningún momento dejo de caminar a su lado. Decidió que debía ser sincera con él.
-Sí tan poco importancia me das, como me dijiste ese día, no me explico porque te preocupa el que este molesta.
-Lo sabía veo que ahora entiendes mi pregunta
-En ese sentido sí.
-Debo disculparme Candy, fui completamente grosero contigo.
-Está bien las acepto.
-¿Volverás por la casa? No solo mi tía te extraña yo también.
Ella se detuvo y se paro de frente mirándolo a la cara.
-¿Qué nos ocurre Albert?
-¿Ocurrirnos?
-Sí, sí, ¿no te has dado cuenta? Algo ocurre entre los dos. Hemos sido buenos amigos, los mejores diría yo, y de pronto hemos dejado de serlo, y no sabemos cómo compórtanos al frente del otro.
-Por mi parte no. Candy pero se sincera dijo con intenciones de tocar su rostro pero se detuvo.
-Te hablo con toda la sinceridad Albert, no tengo nada contra ti, me dijiste cosas para molestarme. Si me das importancia ¿no puedo reprocharte nada? Pero me dolió.
Él iba a responder pero estaban justo en frente de la iglesia entraron juntos, el toco sus manos brevemente. Y la electricidad volvió a surgir entre ellos.
-Te espero a la salida Candy. Y se fue a sentar en otra dirección.
Annie también estaba en la misa y los vió llegar juntos estaba muy furiosa, pero sabía lo tonta e ingenua que podía ser Candy, le dañaría la mañana, ella llevaba mucho tiempo saliendo con Albert para que Candy en unos días fuera su nueva conquista. En el fondo ella sabía que Albert no quería casarse con ella pero si no lo hacía tampoco lo haría con Candy, su ex amiga era tan fácil de engañar que le haría ver que Albert todavía le pertenecía, ella jamás perdería la esperanza de convertirse en su esposa.
Cuando la misa termino Candy todo el mundo se agolpo en la salida, Candy se levantó de su asiento aunque estaba muy nerviosa pensando en que Albert la estaría esperando, pero cuando miró a la salida vio a Annie que se prendía de su brazo y lo miraba con ojos de borreguito a medio degollar, Albert la miró pero se notaba que estaba un poco sorprendido por la situación.
No sabía que hacer de pronto se puso molesta, sin saber porque salió por la otra puerta caminando muy de prisa rumbo a su casa.
Recordaba las palabras del rubio te espero a la salida el mismo se había ofrecido a esperarla, y claro no perdió tiempo para estar colgado del brazo de su ex amiga. Camino mucho más rápido como si perseguida por alguien.
Mientras tanto en la iglesia Albert buscaba desesperado con la mirada a Candy, había tantas personas que no se había percatado de que la joven ya había salido de ella.
-¿Qué esperas? Pregunto Annie.
-A Candy – dijo molesto.
La miro raro cuando la joven de cabellos negros empezó a reír a carcajadas.
-Pero ella ya se ha ido.
-¿Cómo?
-Que la vi salir hace minutos solita, de seguro ya estará llegando a su casa.
El, la miró malhumorado.
-Siento tener que dejarte Annie. Debo irme
La joven se sintió humillada con el rechazo y le grito.
-Te has enamorado de ella, como un tonto, pero debo decirte que perderás el tiempo.
Albert la miro como bicho raro, se despidió de ella presuroso.
Ella se quedo furiosa, odiaba a Candy siempre desde el colegio le había quitado todos los novios, ahora que era una mujer, le quería quitar al hombre de su vida. Mosquita muerta murmuro ¿Qué podía tener ella? Que los volvía locos a todos con su timidez, y sin decir palabra alguna.
Resuelta decidió que las cosas no se quedarían así tomo un atajo para ir a casa de Candy, la encontró pensativa sentada en una banqueta al frente de la casa de ella.
-¡Candy! La llamo mostrándose alegre.
Apresuro el paso y estaba al frente de la muchacha, y la forma como la miraba comprendió que Candy también estaba enamorada de Albert y ninguno de los dos se había dado cuenta.
-Albert y yo, te buscamos por todos lados y no te vimos.
-Tenía prisa.
-¿Vamos juntas al club?
-No
-¿Ya no sales?
-No, Lo siento Annie, pero hoy saldré con mi mamá.
-¿Chica? Pero si que has madurado ya nunca te dejas ver.
-No me apetece salir
-Pareces una vieja. Yo iré con Albert a una fiesta.
Candy no respondió y eso le dio fuerzas para continuar dejándole bien clara de quien era Albert. Quería hacerle daño.
-¿Sabes? Albert es un tipo de hombre tan raro, me deja y se va solo, pero siempre me saca celos cuando me ve con otros chicos, el día en que nos casemos ni creas que le soportaré ser tan celoso.
-Solo quien lo ama podría soportarlo así, pero yo le amo ¿sabes?
En ese momento Candy supo que no podía escucharla más. La miró con odio a ella por decirle que se iba a casar con Albert, y a él por ocultarle la verdad y darle falsas esperanzas.
Ella se levantó sin palabras.
-Bueno niña, si no vienes me voy.
-Que lo pases bien Annie
-Uff, niña, que te hicieron en ese convento te han apagado las ganas de vivir.
-Es lo normal, yo madure.
-Pues te quitaron tu mayor encanto. Adiós niña deséame suerte.
Entro en su casa y su madre estaba en la sala.
-¿Eres tú Candy?
-Sí mamá, necesitas algo.
-Claro que no, si deseas sal un rato ayer se quejaba Elroy de que tu total abandono.
-Iré otro día, tal vez más tarde.
-¿Es que hoy tampoco saldrás de casa?
-No se.. después veo dijo dirigiéndose a su habitación.
-¿Te ocurre algo hija? Están tan pálida.
Candy domino su deseo de llorar delante de su madre trato de parecer lo más natural posible.
-No me pasa nada, deseo leer un rato.
-Ve, hija pero la verdad últimamente me preocupas mucho.
Se derrumbó en su cama con la cara entre las manos la rabia y las lágrimas empezaron a salir. ¿Amaba a Albert? Lo supo en ese momento al sentir tan miserable, ofendida, triste. Sí lo amaba no supo cuando sucedió, quizá lo amaba antes de irse a pensionado, o tal vez fue solo cuando su padre dijo todas esas cosas sobre él, y lo vio como un hombre.
No podía decirle a nadie esta pena que la mataba, y mucho menos a Albert. Eso nunca.
Horas más tarde estaba en su cuarto después de almorzar, cuando su hermano asomo la cabeza por la puerta.
-Te llama Albert por teléfono, Candy
-Dile que no estoy.
-¿Qué le diga que no estás? Pregunto asombrado en todo ese tiempo jamás se había negado.
-Sí dijo nerviosa. Eso he dicho.
-Pero…
-Díselo así.
-Yo no soy tu mensajero, así que ven a decírselo tú.
Fue tanta la molestia del hermano que no le quedó más remedio que ir a contestar la llamada.
Iba diciéndose mentalmente que Albert le era indiferente, que se quedará con Annie, y la dejará en paz. O es que acaso Albert pensaba estar con las dos al mismo tiempo, ella no era plato de segunda mesa para nadie, ningún hombre aunque este hombre fuera Albert por mucho que lo amará.
-Hola Albert. Trato de parecer muy serena.
-Ey, Candy te estuve esperando esta mañana te escapaste como si alguien te persiguiera.
-Tenía prisa.
-Mmm. Bueno…¿damos un paseo?
-No.
-¿No?
-Tengo un compromiso- mintió descaradamente era la primera vez que le mentía a su vecino y mejor amigo. Siento no poder salir contigo.
Hubo una maldición del otro lado del teléfono.
¿Compromiso masculino? Es que piensas salir con algún chico.
-Eso no es de tu incumbencia Albert.
-Perdona dijo Albert molesto. Es cierto.
-Perdona pero es así.
-Ah…ya.. sin decir más sin despedirse sin nada, se escuchó un pitido en la línea ella colgó el teléfono. Al voltearse se encontró con la mirada confusa de su hermano.
-Diré como nuestro padre ni volviendo a nacer entenderé lo que pasa.
-No tienes nada que entender.
-Pues te advierto que no soy ciego, y pronto descubriré por mí mismo, lo que te traes con Albert.
Ella alzo los hombros indiferente pero él siguió molestándola.
-¿Compromiso? ¿Quién es tu compromiso mamá o yo? Que yo sepa mamá no saldrá de casa en toda la tarde. Y yo nunca acepto compromisos con hermanas. ¿Pero qué te hizo Albert?
-¿Y a ti que te importa? Dijo sacándole la lengua.
-Eres una chica muy educada hermanita. Me gustaría saber qué harías si yo fuera a ver a Albert, y le dijera que no tienes compromiso alguno.
-No sería capaz. Cállate.
-Y si quiero.
-Aunque quiera no es asunto tuyo.
-¿No puedo saber que te pasa con Albert? Eran tan bueno amigos.
-Nada en absoluto.
-Pues no te comprendo, Albert se interesa por ti, eso hasta a un ciego lo nota, no sabes las charlas de horas aburridas que tengo que soportar por tu causa, se muere por ti solo una tonta no lo vería.
-He dicho que me dejes en paz.
-Allá tú, desde luego, no hay quien comprenda a las mujeres suspiro y se fue.
Ella cerró los ojos y se quedó un rato en ese estado. ¿Albert hablaba constantemente de ella? Y porque la llamaba por teléfono si era novio de Annie, estaría verdaderamente enamorado de ella.
Después de un rato sintió que alguien se acercaba abrió los ojos y era la tía Elroy.
-¡Tía Elroy!.
La dama la beso en la frente y se sentó a su lado.
-Sí la montaña no va a Mahoma, yo voy a la Montaña.
-Tía yo, te aseguro que dijo nerviosa.
-No me asegures nada, no has ido tus motivos tendrás.
-Motivos en sí determinados ninguno, son mis diversas ocupaciones. Ya sabés y se ruborizó.
Ella sonrió.
-No sabes mentir querida pero déjalo. Conmigo no necesitas disculpas.
Estuvo a punto de confesarle todo y echarse a llorar, pero su madre llego en ese preciso momento.
-Querida amiga, que gusto.
-Precisamente vine a pasar toda la tarde para conversar contigo, tenemos tanto de que hablar.
-¿Y tú Candy? No piensas salir hoy.
-Ah sí madre tal vez lo haga por la tarde.
-Ay Elroy ya no sé qué hacer con esta niña, dijo cuando esta se había retirado, no sé qué le pasa de un tiempo para acá anda como ida, me preocupa mucho.
-Es solo la edad.
-Sí, pero solo quiere pasar encerrada, ya no tiene amigas, ya no quiere salir, se la ve muy triste.
-Ya se le pasará sospecho que le pasa, todas a su edad pasan por esa etapa, ya verás que pronto volverá a ser la misma de siempre.
Pasaron charlando toda la tarde, toda la vida han sido buenas amigas, y nunca había un tema sin comentar.
A la hora de la cena su madre noto que Candy tampoco había bajado a cenar.
-Pidió que le subieran la comida al cuarto contesto su hermano.
-¿Pero qué muchacha? Capaz y se ha pasado leyendo toda la tarde, ni siquiera ha notado que es domingo, acaso no quiere divertirse como las demás chicas de su edad.
-Solo ha madurado Elroy. Debes entender que Candy está madurando y piensa en cosas mucho más profunda que las chicas de su edad.
-Pero antes de ir a ese pensionado, era una chica muy alegre, le gustaba divertirse. La voy a llamar.
-Déjala amiga, ya verás que muy pronto sabrás que le pasa y volverá. Me despides de ella, y que por favor que no pierda el camino a casa.
Su madre suspiro sin entender en nada a su hija.
Mientras tanto Elroy llegaba a su casa y su sobrino Albert iba llegando cuando se encontraron.
-Disculpa tía, he quedado cenando con unos amigos, no pensé que se me hiciera tan tarde.
-No te preocupes Albert estuve toda la tarde donde Sofía.
El solo hecho de mencionar la casa de Candy lo ponía muy nervioso a Albert empezó a tocarse el pelo y a dar vueltas pero sin atreverse a comentar ni a preguntar nada. ¿Qué será que pasaba entre ellos dos? Acaso su sobrino era culpable del cambio brusco de Candy intento preguntárselo pero simplemente su sobrino se mostraba evasivo y daba vueltas sobre el asunto. Pero cuando ella menciono que Candy estuvo toda la tarde en su cuarto leyendo se regresó sorprendido.
-¿Qué dijiste tía?
-Que Candy paso encerrada en su cuarto ni siquiera quiso bajar a cenar.
-¿Estás segura que Candy no ha salido a ningún lado?
-Al menos que se haya hecho invisible o pudiera saltar por la ventana no lo creo.
-Qué cosa más rara. No lo puedo creer
-¿Por qué dices eso? Que es lo raro
-No sé, solo que me parece muy raro todo esto. Bueno tía me voy a dormir.
-¿Tan temprano?
-No, todavía no voy a acostarme tengo muchas cosas en que pensar.
La tía se quedó pensativa que si Candy andaba rara, su sobrino iba por el mismo camino ¿algo ocurre con estos dos muchachos? Y no tengo ni idea de lo que pueda ser.
Al día siguiente Albert se dirigió hacia el club, pensaba hacer un poco de deporte por la tarde, iba a entrar por la puerta principal como era su costumbre siempre, pero en especial ese día tenía la necesidad urgente de encontrarse con ella. Tal vez solo era alguna sensación de querer verla, por eso se fue por la puerta de atrás que quedaba de frente con la playa. Y su instinto no le fallo allí estaba sola y hermosa tumbada sobre la arena tomando el sol, jamás había deseado a una mujer como le pasaba con Candy era tan niña y a la vez una mujer muy madura, como pocas que conocía con sus ideas bien definidas. Se acercó lentamente tenía que averiguar porque le mintió al decirle que iba a salir, y sobre todo porque no acepto la invitación que le hizo para ir a pasear.
Sin saludarla se tendió boca abajo junto a la joven. Ella alzo la mirada y se volvió a tumbar.
-¡Ah! Eres tú.
-Claro que soy yo. ¿A quién esperabas?
-A nadie en especial, pero pensaba bañarme.
-Por favor, no te detengas por mí. Ahora si gustas te acompaño.
Ella se ruborizó y Albert la contemplo fijamente sin decir nada solo admirando la belleza de aquella muchacha que hasta hace poco solo la veía como una niña y ante sus ojos se había convertido en una hermosa mujer.
Ella alzó la cabeza y lo miro directo a los ojos.
-¿Por qué me miras así?
-¿Cómo te miro?
-No se me haces sentir incomoda. ¿Acaso tengo algo en la cara?
Albert enseño una hermosa sonrisa.
-Veo lo que nunca he visto antes en ti. Hipocresía.
-¿Qué?
-Lo que te dije Candy, toda la vida fue fácil leer en ti, te miraba y sabía lo que estabas pensando, te leía como en un libro abierto. ¿Pero ahora me tienes desconcertado?
-Pero si yo sigo siendo igual.
-¿No lo eres Candy? Acaso no te das cuenta el cambio que ha obrado los años en ti.
Alzo una mano tentado a acariciarle el rostro, pero era tan mujer y tan niña a la vez que tuvo miedo de asustarla y volvió a bajar la mano.
-Yo sigo siendo la misma – replico nerviosa por la cercanía de Albert – No querrías que pasará toda la vida siendo la niña tonta que corría atrás tuyo. Los años pasan por algo.
-Nunca te he considerado una niña tonta Candy. Al contario siempre me ha gustado lo dulce y buena que has sido toda la vida.
-¿Y piensas que ahora no lo soy?
-No he dicho eso Candy – pero me tienes confundido, Me es difícil llegar a ti, quisiera entrar también en tu corazón.
-Nunca te dejaría entrar. Dijo sentando de súbito.
-¿Por qué? Me consideras tan poca cosa para ti, una especie de monstro.
-Más bien diría alguien que no es bienvenido.
-No quisiera que pensarás esas cosas de mí Candy, al contrario quisiera que pudieras mirarme de otro modo. Como un amigo.
-Eso es lo que eres para mí.
-tal vez un amigo ¿especial? Íntimo, diferente a todos los demás.
Lo dijo con una voz tan sensual y tan suave que Candy se estremeció por completo intento reponerse no podía demostrarle cuanto la alteraban sus palabras y su presencia. Por eso trató de sonar indiferente cuando hablo lanzando su larga melena rubia hacia atrás.
-Un simple amigo como tengo tantos por allí.
Le tomo la barbilla para que lo mirara a la cara.
-No mientas Candy sé que no eres de las que tienes amigos a la ligera, eso es lo que tanto me gusta de ti.
Ella retiro el rostro bruscamente no podía mirarlo a los ojos, lo odiaba por andar con la que en un tiempo fue su mejor amiga, y no sabía ni porque razón. Después de todo debería sentirse feliz por él, porque se iba a casar, pero no podía evitar sentirse molesta.
-No suelo entregar mi amistad a todo el mundo, y menos con tanta facilidad.
-En un tiempo fui tu mejor amigo, es más yo era como un ídolo para ti.
-Entonces yo era una niña y no sabía elegir bien mis amistades.
-Cuidado con lo que dices Candy.
-Perdona si te ofendí.
-Me has estado ofendiendo desde que llegue, creo que desde que nos volvimos a ver cuándo llegaste del internado.
El buscaba su mirada intensamente pero ella la apartaba.
-¿Quiero saber qué hiciste ayer por la tarde?
Ella lo miro y desvió los ojos rápidamente. Deseaba mentirle. Pero a la vez no deseaba mentirle.
-Estuve en casa.
Aquella sinceridad desconcertó a Albert.
-Tenías un compromiso Candy.
-Me deshice de él.
-¿Porque?
-¿Acaso tengo que darte detalles de todo lo que hago?
Él iba a responder cuando fueron interrumpidos.
-Hola Candy, mi amor Albert te he estado esperando dijo poniendo sus manos sobre sus hombros
Los dos miraron que llegaba Annie con una sonrisa fingida y Candy salió corriendo rumbo a la playa antes de que Albert pudiera detenerla.
CONTINUARA….
UN NUEVO CAPITULO GRACIAS A TODAS POR SUS COMENTARIOS SIEMPRE LAS LEO PERO A VECES NO ME DA EL TIEMPO DE RESPONDERLES PERO POR USTEDES HAGO EL TIEMPO PARA AVANZAR EN LOS FIC.
.
