Para la actividad Misiones de FFL, doy las gracias a Deutschland por la misma. Ella sabe cuánto la quiero.
Creo que este debe ser el fic más raro que he escrito nunca, el humor no es lo mío. Esta misión resultó mucho más dura que las anteriores y ni siquiera estaba segura de haberla cumplido. Al final se consideró valida por unanimidad.
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Cuarta misión: Siendo vencido por mi enemigo más poderoso. ¿Cómo afrontar el perder una batalla?… (Sin comentarios…)
Quién sabe, quizá fue tu aspecto, tu figura bajita o la falta de nariz, esa enorme cabeza de orejas puntiagudas y ojos saltones, o el tono azulado de tu piel lo que determinó tu falta total y absoluta de escrúpulos, pero siempre quisiste ser el malo. Un temido tirano, el vil protagonista de las horrorosas pesadillas que atormentan a niños y mayores.
¡Y has trabajado tanto para lograrlo!
Equivocadamente, la gente tiende a pensar que ser un villano es tarea fácil. ¡Ja! Nada más lejos de la realidad.
¡Ser un héroe! Eso sí es sencillo. Piénsenlo. Cualquiera, ustedes mismos, ya sea por casualidad, por devoción a los demás o a sus ideales puede llegar a convertirse en verdaderos héroes, pero pocos, muy pocos son los llamados a triunfar en el difícil camino del mal. Y no, no me refiero a maldades sin importancia, ni a esas pérfidas travesuras que todos cometemos en la vida como robarle el caramelo a un niño, no cederle el asiento a un anciano en el autobús o saltarse alguna que otra clase de vez en cuando. Hablo de cosas realmente perversas, atrocidades que harían que el vello de su nuca se erizara y sus piernas no pudieran dejar de temblar.
Sin embargo, a pesar de ser capaz de las mayores y más retorcidas acciones esta noche has llorado y pataleado como un niño caprichoso hasta no poder más, hasta que te ha vencido la rabieta y el cansancio. Nadie puede culparte por ello, en verdad ha sido un día duro para ti.
¡Ay! A veces resulta tan agotador y frustrante ser un buen villano.
La tuya es una profesión poco reconocida y desagradecida pero ardua y pesada que requiere muchas más habilidades que sólo carecer de conciencia. Se necesita compromiso, estar dotado también de una gran inteligencia, a la par que imaginación, tesón y, en ocasiones como ésta, una determinación digna de admiración.
Por eso, mientras atraviesas esa sutil frontera que separa lo onírico de lo real, con el pulgar en la boca a modo de chupete, tu cabeza no deja de urdir planes para recobrar lo que has perdido, la ambición que un mocoso, una niñata y un muchacho imberbe han derrumbado. Tus ilusiones, tu castillo, tus cachivaches y máquinas de tortura, el fruto de años y años de esfuerzo y sacrificio convertido en un montón de irrecuperables ruinas.
¡También es mala suerte! Has tenido la tierra en tus manos, la humanidad postrada a tus pies y ya en tus oídos resonaban las trompetas y tambores que anunciaban tu coronación. Por un instante, tus labios dibujan una malévola sonrisa al recordarlo.
¡El «Gran Pilaf»! El amo y señor del mundo…
Te revuelves intranquilo en sueños y balbuceas palabras ininteligibles. ¿Cómo vas a tener un apacible descanso cuando has rozado la gloria un segundo y al siguiente lo has perdido todo? ¡Todo!… A cambio de unas minúsculas braguitas rosa.
En tu delirio puedes ver de nuevo al ridículo cerdo metamórfico con la íntima prenda adornando su cabeza… ¡Imbécil!
—Grrrr —gruñes aún dormido, dando una nueva vuelta y enredándote aún más entre las sábanas. ¡¿Acaso no es esa vergonzosa visión motivo suficiente para alterar a cualquiera?!
¡Diablos! ¡Los odias! ¡Cómo los odias! A cada uno de ellos, al infame dragón y sus bolas mágicas que no te han servido para nada, al crío de cabellera puntiaguda, al tal Yamcha, al estúpido gato y al gorrino, a la chica de pelo azul capaz de resistirse a ese erótico beso lanzado al aire que llevas años perfeccionando.
De pronto, todas las perturbadoras imágenes de tus enemigos desaparecen y entre las sombras de tu inconsciencia se materializa un gigantesco macaco de colmillos afilados, rugiendo fieramente. Sientes que te falta el aire y tus cortas piernas apenas si pueden correr más.
¡Y luego hay quién te tacha de monstruo! Menuda injusticia, la gente debería medir mejor sus palabras antes de hablar.
Te despiertas sobresaltado cuando está a punto de alcanzarte el gigantesco gorila y, desorientado, vuelves la cabeza a un lado y a otro hasta ser consciente de que te encuentras sano y a salvo en tu cama. Suspiras aliviado. Solo ha sido un mal sueño, uno que supones tardarás tiempo en olvidar.
Un ronquido te hace volver la mirada a la derecha y allí, en el suelo, al borde del lecho ves a Mai y Shu durmiendo a pierna suelta. ¿No se suponía que debían estar vigilando que nadie perturbara tu descanso?
—Par de inútiles —mascullas entre dientes. Sabes que son necesarios, que ningún villano que se precie de serlo puede carecer de un par de tontos subordinados que siempre acaban metiendo la pata, pero en ocasiones resultan tan exasperantes.
Aunque siendo sincero contigo mismo, esta vez ellos no han tenido la culpa de que el niño raro se convirtiera en un colosal mono y arruinara tus planes. Un escalofrío recorre tu corta espalda al revivirlo.
—Ummm… —«Ese niño, desde luego tiene cualidades muy interesantes», piensas, acariciándote el mentón con el índice y el pulgar. «Quizá pudiera convencerlo de trabajar para mí». Instintivamente tu vista se centra en tus secuaces que siguen roncando tranquilamente como si nada hubiera pasado. Una sonrisa torcida se forma en tus labios. «Si aceptara podría librarme de estos dos…».
Frunces el ceño y desechas la idea. Para qué engañarte, no hay nada con lo que puedas tentar a un mocoso totalmente ajeno al dinero, el poder y la gloria y cuyo único interés parece radicar en la comida y en esa bola de dragón que le legó su abuelo. Además, tampoco quieres compartir nada de eso con nadie.
Encoges los hombros y devuelves la atención a tus ayudantes. «Supongo que de momento tendré que conformarme con este par».
Te sobreviene un bostezo y notas como los párpados se cierran involuntariamente, apenas puedes mantener los ojos abiertos, así que dejas caer la cabeza en la almohada y te acurrucas de nuevo entre las mantas.
Mañana tienes que estar bien descansado y con la mente despejada, te queda mucho por hacer. Reconstruir tu castillo, idear nuevos y horripilantes útiles de tortura, volver a reunir las siete bolas y deshacerte de una vez por todas del infame mocoso y su pandilla. Porque la próxima vez, y habrá próxima vez, no vas a permitir que arruinen tus planes.
«A primera hora mandaré a Mai y a Shu a espiar al enano y descubriré su punto débil», maquinas, metiendo el dedo pulgar en tu boca y chupándolo con esmero. «Aunque antes recibirán su castigo por haberse quedado dormidos…» Este último pensamiento te arranca una perversa sonrisa aunque al momento ya duermes profundamente y esta vez, al menos en sueños, tus ínfulas de grandeza se harán realidad.
Sí, todos podemos ser un héroe pero pocos, muy pocos un villano, un buen villano, uno que resurge una y otra vez de sus cenizas y que nunca, a pesar de sus innumerables derrotas, pierde la esperanza de que sus planes tarde o temprano acaben por triunfar.
Gracias por leer y por sus comentarios.
