Disclaimer: Kuroshitsuji II es propiedad de Yana Toboso. Esto es de fans para fans sin fines de lucro.

Advertencias: AU, AloisxHannah, ortografía y cositas.

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El lobo con piel de oveja

Él asintió con suavidad acercándose a ella y pronto le indicó salir del lugar. Hannah comprendió y echó un ultimo vistazo a la joven que se frotaba, aun aturdida, la cara.

—Me llamo Alois. —dijo una vez estuvieron fuera del callejón. Hannah le sonrió.

—Hannah Anafeloz.—se acomodó el cabello.

—Te agradezco lo de hace un momento. No pensé que alguien fuera a intervenir. Nadie nunca lo hace. Gracias, estaba en aprietos.

—Generalmente no se espera ver a un chico en situaciones como esa—lo miró curiosa—¿Puedo saber el motivo por el cual tú…?

—Preferiría no hablar de eso—dijo frotándose las manos—. Es algo complicado.

—Ya veo.

Alois la miró un momento. Parecía inspeccionarla. Luego le sonrió.

—… si te lo digo te meterás en problemas.

—¿Cómo has dicho?

—Será mejor que me vaya.

Hannah lo pensó a penas un momento. Un chico de esa edad que había sido atacado por alguien relativamente mayor, que acababa de decirle que con el simple hecho de contarle la metería en problemas, era algo que no podía dejarla tranquila. Cielos, ¿estaría en peligro él? Simplemente no podía dejarlo así nada más. Finalmente, ella había sido la salvadora y como tal, dejar las cosas a medias era inaceptable.

—Espera—le llamó alcanzándolo—. No puedes pretender irte sin explicármelo. Acabo de golpear a una desconocida y francamente, si eso no me trae problemas no comprendo que es lo que pueda hacerlo si me cuentas lo que sucedió.

Sonrió malicioso antes de voltear a verla.

—Se me hace tarde. Debo seguir trabajando.

—¿Trabajar?

—La economía no va de maravilla, ¿sabes?

Bueno, sí. Pero de ningún modo Hannah podía consentir que un niño de su edad trabajara.

—¿Puedo saber en qué trabajas?

Alois bajó la cabeza desviando la mirada.

—No. —sentenció tristemente y poco después le dio la espalda.

Anafeloz sintió un peso dentro de su pecho. ¿Sería ella capaz de dejarlo marchar en ese estado? Lo vio alejarse varios metros y sin detenerse a pensarlo caminó de nuevo hasta él. De pronto sentía que su mundo de preocupaciones y mal humor se esfumaba para enfocarse en algo más fuera de su egoísmo.

—Espera—él se giró—. Exactamente, ¿de qué problemas estamos hablando?

Bueno, la curiosidad podía más allá que cualquier otra cosa. Además, como lo había dicho, ¿cuál sería la problemática fuera de las consecuencias de golpear alguien?

—Eres persistente pero...

Hannah lo miró expectante.

—¿Siempre tienes esa expresión melancólica?

—Yo no tengo ninguna-

—Escucha, de verdad te agradezco el gesto pero insisto, no quiero meterte en problemas—las palabras se deslizaron fuera de su boca como mantequilla—. Aunque…

—¿Qué sucede?

Alois pareció dudar y luego de un par de evasivas, la miró.

—Bueno… podría decírtelo… si estás segura que eso es lo que quieres.

—Te escucho—vio en dirección al callejón. No creía que aquella mujer saliese aún. Sin embargo, si podía alejarse del lugar y saber la verdad, sería adecuado marcharse. Alois notó sus intenciones y agregó.

—Aunque yo… Necesito ir a un lugar. Debo encargarme de algo.

¿Encargo? Hannah lo miró escéptica. Si era un intento por escapar sin darle respuesta, no lo conseguiría.

—Te llevaré.

—¿Qué?

"Bingo."

Aquella mujer, Hannah, le había caído de perlas. Primero, le sacaba del embrollo y ahora le llevaría gratis. El día se miraba cada vez mejor.

Hannah lo llevó hasta el auto y Alois tomó el lugar del copiloto.

—¿A dónde irás?

—¿Uh?... bueno, es cerca del palacio. Luego, un momento—sacó el celular y luego de revisar la bandeja de los mensajes, continuó—. Sí, cinco cuadras más adelante y luego doblas a la derecha. Es algo retirado.

—Es bastante. ¿Planeabas caminar hasta allá?

—No, tomaría un taxi.

—Eso hubiese sido muy costoso—Hannah puso en marcha el auto.

—Lo sé.

Después de eso no dijo nada más. Ella condujo por la avenida principal durante un rato hasta llegar a un alto. Alois miraba distraído por la ventanilla. El semáforo pasó de amarillo a rojo. ¿Sería ese el momento indicado para comenzar a cuestionarle? No. Esperaría un poco más. Sólo un poco.

La gente comenzó a cruzar la calle. Hannah miró el semáforo y volvió la vista al frente. Quería parecer calmada en lugar de ansiosa pero lograrlo le resultaba frustrante. Vio de reojo al rubio. Él parecía entretenido mirando un aparador de zapatos, quizás a falta de algo mejor que hacer. Cuando regresó la vista al frente, en medio de la multitud, reconoció a Larry. Él la reconoció también. Faltaba poco para que la luz cambiara a verde, pero el hombre disminuyó la velocidad con la que caminaba para dar entrada a una expresión de asombro e incredulidad. Ni siquiera la saludó, ni una sonrisa, sólo aquel gesto que desconcertaba a Hannah. Antes de que llegara a la acera, Larry movió la cabeza de lado a lado en señal de desaprobación. Ella no comprendió nada.

—… qué extraño.

Alois elevó una ceja al verla.

—¿Dijiste algo?

—No es nada—el semáforo pasó a verde—… dime, ¿qué camino dijiste?

—Unas cinco cuadras más, después dobla a la derecha.

Hannah decidió comenzar a sondearlo. Tal vez de ese modo lograría obtener la información que necesitaba y con base a eso, deduciría lo que él decía, la metería en problemas.

—¿Irás a trabajar?

—Sí.

—Ya veo. Debe ser difícil trabajar y estudiar al mismo tiempo. No podría organizarme con ambos horarios.

Alois sonrió volteando hacia la ventanilla.

—Creo que podrías. Tengo un horario bastante flexible.

—Aun así, son muchas horas. Imagino que laboras medio tiempo.

—Una hora—y luego agregó—. Dos a veces.

Hannah parpadeó. ¿Qué clase de horario era ese?

—Entonces, ¿cómo…? ¿Un turno de una hora?

—¿Turno? —volteó—Sí, algo así.

Aquella conversación no la estaba llevando a ningún lado, sólo incrementaba sus incógnitas. ¿Qué clase de empleo tenía el muchacho? ¿A qué se dedicaba…?

—Iré a encontrarme con un cliente—ella lo miró sorprendida, Alois soltó una risita sin despegar la vista de la calle—. ¿Alguna otra pregunta?

—¿Un cliente?

—Sí.

—Oh…—intentó dejarlo así hasta terminar la segunda cuadra pero con cada segundo que transcurría, más aprisa llegaban aterradoras ideas sobre el empleo que desempeñaba el rubio. Una especialmente aterradora acaparó su mente. ¿Podría ser…? Hannah se tensó de inmediato.

"¡¿Drogas?!"

Le miró de reojo. No, no, no podía ser posible. Pero sonaba tan factible. Ella tenía entendido que recientemente algunos carteles usaban a jóvenes. Y el horario, Hannah se alarmó. Encajaba con ello. Sintió un par de gotitas de sudor deslizarse por su frente.

—Y… ¿y ese cliente…?—pausó. Tras unos segundos, prosiguió—¿Qué es lo que desea… tratar?

—Realmente nada—dijo antes de voltear hacia ella—. El precio lo establecimos esta mañana.

Sintió que la garganta se le anudaba. Estaba por volverse un manojo de nervios. Le faltaba una pregunta, una y si era lo que sospechaba, en efecto, estaría en problemas. Problemas que habría evitado sino hubiese hecho de héroe. ¡Pero no! Ella debía ir a salvar el día… ¡¿qué demonios le había sucedido?! Hannah Anafeloz nunca actuaba de ese modo, jamás se entrometía en asuntos que no le incumbían. Clavó las uñas en el volante. Deseaba con todo su ser que no fuera un asunto de drogas.

Tercera cuadra. Hannah intentó tranquilizarse. Estaba llevando su mente demasiado lejos. Pero la reciente escena con aquella chica sólo reforzaba su teoría. No lo sabría hasta que él le respondiera una última pregunta. Tomó aire y separó los labios.

—A este cliente tú… ¿tú vas a venderle…?

Una oración que incitaba a ser terminada. Hannah dejó de respirar en espera de la respuesta. Si la obtenía y era lo que había pensado, como el rubio le dijo, estaría en problemas.

Alois inclinó medio cuerpo sobre ella.

—Sexo.

Shock.

"…¿se…?"

Fuerte. Claro.

Hannah sintió que el cerebro se le entumía.

"Sexo"

Él lo había dicho. Él vendía… lo vendía…

—¿Te encuentras bien? Te noto pálida.

La voz del chico se oyó lejana y difusa. Era un shock demasiado fuerte como para mantenerse frente al volante. Sus ojos viajaron del rubio, al frente y luego intentaron encontrar un sitio en donde aparcar. Alois la miraba sonriéndole satisfecho.

Oh, no se reiría. Aun no. Apartó la vista de ella. Le daría tiempo para que saliera de su asombro. Esperó un minuto y luego le habló de nuevo.

—Hannah—pronunció con suavidad—. ¿Sucede algo?

—Tú-Tú… vendes, vendes se…

—¿Ajá?

Sus engranes volvieron a funcionar y Hannah se giró a él rápidamente.

—Te… ¿prostituyes?—Alois rió divertido al verle la cara.

—No. Horneo pasteles con quienes me solicitan.

Se sintió horrorizada.

—Pero tienes… ni siquiera debes tener quince. ¡Es un crimen!, ¡está penado por la ley tú no deberías siquiera…!

—Y aquí estamos, ¿no?

Ella paró en seco procesando la información. Lo había subido al auto. Su buena acción se había vuelto en su contra. Apretó el volante entrando en pánico. Había subido a un chico a su auto sin tener la menor idea de por qué esa mujer intentaban sacarle los ojos. Se echó para atrás, recargándose casi por completo contra el respaldo. Alois la miró coqueto.

—Tranquila. Nadie que conocieras te ha visto. Además no soy una puta barata—vio hacia el frente—. Cambiando un poco el tema, ¿podrías concentrarte en conducir?

—¡¿Cómo puedes …?!—golpeó el volante con fuerza y poco después se cubrió el rostro con la izquierda. Cruzó en luz amarilla. Alois ensanchó los ojos.

—Oye, ¿a dónde rayos estas llevándome?

Hannah, fuera del ruido de sus pensamientos, no escuchaba nada más.

—¡Larry me vio! —dio vuelta en una esquina.

—¿Larry? ¿Quién? ¿Tu jefe?

—¡No! —chilló al borde de la histeria—Es el bartender de un bar al que solía ir… ¡Pero tú no tienes por qué saberlo!

—Hmm… ¿trabaja en uno llamado Blue Moon?

Hannah asintió.

—¡Ohhh~! ¿Larry has dicho? Entonces puedes estar segura que la mitad del personal del club pensará que estamos jugando entre tu cama—soltó una risita—. Sólo bromeo, es discreto con respecto a asuntos como este. Oye abuela, aun tengo algunos asuntos pendientes así que si pudieras llevarme a donde habíamos acordado…

—¿Abuela?

Algo le decía que lo primero era sin lugar a dudas a lo que debía prestar atención pero su orgullo como mujer, herido ante el segundo comentario, debía responder.

—¿A quien le dices abuela, mocoso?

—¿Eh? ¿Acaso estoy escuchando más graves en tu voz? —los ojos claros la miraron con rudeza—porque entonces deberías bajarlos.

Hannah dio un respingo ante el súbito cambio.

—Tú, vas a bajarlos ahora, niño. —no iba a intimidarla. Claro que no. Era un mocoso que se prostituía y evidentemente podría hundirla por completo en un fango del que jamás saldría… pero fuera de eso no la intimidaba. ¡Pff!

—Te llamas Hannah, ¿verdad?—entornó los ojos—En vista de que no tienes planes de llevarme hasta donde me esperan, ¿podrías quitar los seguros del auto, Hannah? O, ¿acaso piensas impedirme salir?

Ella le envió una mirada severa.

—Entiendo… ¿vas a llevarme con mis padres y a decirles lo que sucede?

—Me parece perfecto.

Sonrió.

—Sino te es un inconveniente ir a hablar con ellos al cementerio, adelante.

—¿Cementerio? —murmuró. Se sintió conmovida, creando un teatro interno de lo que seguro debió haber sucedido con el chico y el motivo que lo orilló a, bueno, venderse.

Abrió la boca no sabiendo lo que diría. Tal vez palabras comprensivas. Disminuyó la velocidad y finalmente se estacionó.

—Tú…

Sin embargo, la voz coqueta del menor la interrumpió, haciendo colorar sus mejillas.

—…¿Te interesa?

—¿Disculpa?

—Setenta por hora y tocarás el cielo.

—¡Eres increíble! —le reprochó encendiendo el auto y poniéndolo en marcha—¡Soy tan estúpida! Pensar que llegaste a conmoverme con lo de tus padres muertos. Te llevaré a la estación de policía y voy a decirles que…

—¿Qué recogiste a un menor de edad que se vende y no tenías idea de que lo era?

Hannah se sintió idiota al ver las cosas de ese modo.

—No creo que vayan a tragarse ese cuento. Está bastante usado… e irónicamente es cierto, Hannah.

—No digas así mi nombre.

—¿Así?—por un momento desconoció a lo que ella se refería, pero al detallar en su expresión, comprendió—… ¿te gusta?

Dio un respingo y Alois elevó una ceja.

—De modo que de eso se trata. Oh~, que no te avergüence. No eres la primera que encuentra mi voz más que sólo agradable.

Hannah no dijo nada. Basta, no escucharía más. Sólo era un chiquillo estúpido que se encargaría de arrojar en…

Diablos.

—… ¿En dónde vives?

Sonrió.

—No atiendo en mi lugar de residencia. ¿Te parece un motel, mejor?

—¡Deja de decir tonterías! Te llevaré a tu casa y hablaré con tus padres seriamente acerca de esto.

Él suspiró con fastidio y reclinó todo el asiento hacia atrás.

—Bien, como quieras.

—La dirección.

—El cementerio.

—Deja de…

Alois se incorporó de inmediato.

—Puedes llevarme a casa, pero ya te dije, si quieres hablar con ellos tendrás que hacerlo en el cementerio… por cierto, ¿exactamente en dónde estamos?

—¿Eh?

De algún modo que no comprendía, había terminado en un sitio desconocido y poco transitado. Estacionó el auto (de nuevo) intentado ignorar los comentarios del estudiante y bajó la ventanilla al divisar a un hombre pasar por la acera.

—¡Disculpe! —le llamó gentilmente—¿podría decirme cómo…?

El hombre caminó de largo ignorándola.

—Las personas parecen ser poco sociables por esta zona… qué problema.

—Cállate. Es culpa tuya que estemos aquí.

—¿Mía? —emitió una risita molesta—No soy yo quien está tras el volante.

—¡Suficiente! No voy a tolerarte más. Baja de mi auto ahora mismo.

—¿Qué? ¿Sabes siquiera en dónde rayos estamos?

—No me importa, baja ya.

Los ojos más claros la miraron severos. Hannah sintió su interior contraerse.

—De acuerdo—concedió.

—Bien.

—Pero antes vas a pagarme lo que me debes.

—¿Te de…? ¿De qué estas hablando?

—¿Qué? ¿No lo recuerdas, Hannah?

—Espera, ¿me estas cobrando por rescatarte?

—No recuerdo haber pedido auxilio. Y estoy cobrándote un taxi más la tarifa de hoy que gracias a ti, perdí.

—¡Subiste a mi auto!

—Tú me invitaste. Págame ahora.

—¡No voy a pagarte nada!

—No me iré hasta que me des lo que es.

—¿Piensas que voy a pagarte por darte una vuelta en MI auto?

—¿Una vuelta? Prácticamente me secuestraste y trajiste a este lugar desolado para abusar de mí.

—¡¿Qué?! —el rostro se le coloreó de un furioso rojo.

—Seguro que eso vendería montones de periódicos, ¿no? Aunque claro, todo eso se evitaría si decidieras abrir tu bolso y pagar mi pasaje y al cliente que perdí.

—¡De ningún modo! —refutó intentando hacer descender la sangre de sus pómulos.

Alois pensó un momento y luego chasqueó los dedos.

—Bueno, entonces puedes abrir las piernas, gozarlo y suplir al cliente que perdí. Así podría pagar un taxi. ¿Mejor? Todos salimos ganando.

Hannah enmudeció, atónita. Era increíble que aquel chico en apariencia dulce y agradable hubiese resultado un monstro chantajista prostituto. ¡O algo parecido! Pero aquello era lo mejor que encontró para describirle.

Y… un momento, ¿había dicho todos salimos ganando?

—… ¿Sa-Salimos ganando? —murmuró encarándolo—¿Qué quieres decir con eso?

Él sonrió con sensualidad, desconcertando por un breve instante a la mujer.

—Vamos, no te hagas la tonta conmigo. Tú lo sabes—Hannah frunció el ceño—. Dijiste que frecuentabas el bar Blue Moon, ¿no es así?

—Eso no te interesa.

Hizo un guiño. Hannah un mohín desdeñoso.

—Dime, ¿cuándo fue la última vez que te acostaste con alguien?

La boca casi se le descolgó. ¡¿Có-Cómo él…?!

—Hmm~, una mujer—la vio de arriba a abajo—, ¿qué será? ¿Treinta? Ejecutiva o algo así, con un cuerpo como el tuyo y esa expresión deprimente sólo puede ir a un bar a buscar un hombre.

—¡Yo no voy a…!

—¡Claro que lo haces! —aseguró mordazmente—.Te sientas a esperar hasta que cae algún tipo que de la talla y luego te revuelcas con él. ¿Estoy equivocado acaso? No. Tengo toda la razón y esa cara sólo lo reafirma. Podría apostar que no tienes un novio o siquiera un amante casual. Oh, Hannah, ¿podría ser que te sientes más segura de esta forma? ¿Durmiendo con uno diferente cada noche? Así no recuerdas rostros—silbó—. Qué triste y lamentable. La cumbre de los treinta y el declive de la juventud. ¿No estás un poco marchita para continuar viviendo de ese modo?

Paró en seco al oírlo. Palideció y las manos se le pusieron frías. Alois continuó hablando al percatarse del efecto de sus palabras.

—He tenido clientas como tú. Excepto que ellas son más honestas. Así que evita la humillación que pueda darte con un análisis más profundo y dame el dinero.

Sintió la quijada temblarle. ¿Humillación?... mordió su labio. ¿Qué otra cosa podría serlo? Ese niñato acababa de escupirle en la cara lo miserable que era. Buscar hombres en bares porque no era capaz de hallar alguno fuera de ese ambiente. Con treinta años, sin una relación estable. ¡Y que ese mocoso lo dijera…! De aquel modo tan espantoso…

De aquel modo…

La garganta se le anudó.

Maldita sea.

—… Eres un infeliz.

Alois la miró extrañado al notar el repentino cambio en la voz. Se veía… parpadeó sorprendido. Oh mierda. ¿Era broma, verdad? Ella estaba… estaba…

¿Llorando?

—O-oye…

—Incluso un niño… si es tan evidente para ti—las lágrimas cayeron sobre el volante—, entonces… maldición… tan patética…

La miró llorar en silencio. Era la primera vez que conocía a una mujer tan sensible. O quizás la primera que veía sufrir por su culpa. Muchas veces antes había terminado en la cama de mujeres despechadas. Así que las lágrimas eran algo común de ver. Pero ahora, como el causante de ellas… tragó saliva con dificultad. ¿Por qué Hannah se veía sumamente atractiva en aquel momento? Apretó los ojos. Pensar en ello no le devolvería el dinero. Volvió a verla y se relamió los labios. Bueno, daba igual. Sacaría provecho del momento. Seguro estaría con la guardia baja.

—Lo lamento, no quise…

—¡No! ¡Sí quisiste! —refutó con la voz entrecortada cubriéndose el rostro.

Él suavizó la suya.

—Entonces… ¿qué quieres, Hannah? ¿Quieres que sea aquí mismo? ¿Me disculpo así?

Ella volteó lentamente después de limpiarse con el dorso de las manos. Un instante después el rostro del chico estaba a centímetros del suyo. Como una sensación vertiginosa, Hannah advirtió el aire faltarle y luego un dulce sabor inundar su boca. El mundo entero se tambaleó dejándola mareada y confusa. Alois rompió el contacto pasados unos segundos. Hannah lo miró perpleja poco antes de asimilar lo sucedido. Las mejillas se colorearon intesamente al tiempo en que el rubio, con el pulgar, se retiraba los restos de lipstick de los labios. Azorada, intentó alejarse chocando contra la puerta y su cabeza rebotó en el cristal. Él evitó reírse ante el torpe acto de la mujer y tomando ventaja del suceso se abalanzó sobre ella. Hallándose aturdida, tanto emocional como por el golpe, haría las cosas más fáciles.

—¿Dónde debo tocarte? ¿Aquí? O tal vez… ¿aquí?—su boca llegó a la altura de los oídos de Anafeloz y su derecha se las arregló para entrar bajo la falda— Dime, Hannah…

Sus alarmas se dispararon y cuando estaba por interceptar aquellas manos, la mirada del chico la congeló. Fue un Dèja vu. Un flash de cámara. Como si algo muy dentro la obligara a detenerse sin chistar. Su boca se entreabrió, apenas podía respirar adecuadamente. El rostro del rubio tan cerca del suyo prontamente se desvió hacia a un lado. Hannah tembló cual inexperta colegiala, sucumbiendo en una ola de calor que le recorrió desde las piernas hasta la cabeza. Él sopló en su oído izquierdo. La sensación la abrumó. Gimió suavemente al sentir uno de sus pechos ser masajeados. Ambos pezones se endurecieron de inmediato. Se sentía indecentemente bien.

Alois le susurró al oído un par de frases que le erizaron la piel y lentamente comenzó a llenarle de besos el cuello, dejando tibios rastros de saliva. No supo en que momento, pero aquella adiestrada mano ahora se encontraba tocando directamente sobre el encaje de su sostén.

Su cabeza estaba en otro lugar. No tenía idea del lugar al que habría ido, pero comenzaba a tener demasiado calor y la ropa le estorbaba. Sus manos, aun clavadas en el asiento comenzaron a relajarse. Hannah jadeó, Alois acariciaba más arriba del ligero. Y de nuevo, se sentía muy bien.

Reaccionó, sólo hasta que sintió aquellos dedos darle una caricia indiscreta y la realidad, al verlo situado entre sus piernas, la atropelló. Lo empujó, sintiendo las bragas húmedas y el pecho subiendo y bajando a ritmo acelerado. No recordaba haber tenido el pulso tan elevado como aquella vez en la que estuvieron por asaltarle. Se acomodó la falda de inmediato y abotonó su blusa rápidamente. La cara le ardía. Alois rió burlonamente.

—¿Y bien?, ¿qué tal estuvo?

—Ba-baja de mi auto.

Amplió la sonrisa, victorioso.

—No.

—¡Baja ahora!

—¿Qué pasa Hannah? ¿Tienes un ataque de moralidad? O ¿temes elegir y pagarme con la segunda opción?

Ni siquiera lo miró. Tan rápido como le fue posible abrió la puerta y bajó del auto. No podía estar un segundo más allí. Caminó hasta la esquina sin importarle dejarlo atrás. Sólo debía alejarse, necesitaba huir como un perro con la cola entre las patas. ¡Dios, Dios! Podía sentir… las piernas le temblaban. El corazón estuvo apunto de saltarle fuera del pecho al escuchar al rubio bajar.

No era posible, no, no. La sangre se aglomeraba aun más en su rostro. Quería incluso llorar. Estaba tan avergonzada, era una indecente. ¡De lo peor!

Y el contacto de la mano de Alois al atrapar la suya le confirmó la clase de persona que era.

—¡Taxi! —gritó deshaciendo el contacto antes de echarse a correr.

Continuará…

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Notas de la autora: Lo subo porque simplemente, como lo tengo hecho, me hace sentir feliz. Además así me motivo a meterle caña a los otros dos últimos capítulos o uno sumamente largo, no sé. Por cierto, no creo seguir publicando el resto aquí por el contenido que manejo. Malditas reglas estúpidas…

Aunque si lo hago, ¿podrían mantenerlo en secreto?