Lienzo
Los vidrios apenas opacaban el ya habitual y repetitivo chirrido de las cigarras, que traspasaba las ventanas y llegaba desde afuera hasta sus oídos. El sol y las ondas de calor deformaban cualquier objeto que se viera a lo lejos, y las nubes, a veces escasas, rodaban lento sobre un firmamento azul resplandeciente. En cuanto al escaso viento caliente, éste sólo se dedicaba a calentar más las cosas y arrastraba consigo la estación esperada por muchos: verano.
Los blancos y vacíos pasillos de la escuela confirmaban los primeros días de vacaciones pues ya casi no había ni un alma, ni una voz, que rellenara el eco que en ellos habitaba. Excepto dos.
Rei dejó de moverse y depositó a Nagisa lentamente en el piso con la perfección y fragilidad que se merece una escultura de cristal. Nagisa acortó la distancia de dos pasos que los separaba y gentilmente sujetó el mentón de Rei entre sus pequeñas y livianas manos.
El pequeño Nagisa le sonreía dulcemente, tranquilo. ¿Cómo es que podía estar tan apacible si hace unos minutos se retorcía de placer entre sus manos? Era cruel. Era hermosamente cruel. Y ahí, parado en medio del pasillo, con una sonrisa de oreja a oreja, con los cabellos revueltos y el torso expuesto, le decía con la paz del mundo entero "Te quiero".
-¡Estás rojo, Rei-chan!- decía Nagisa entre risas.
Le gustaba el volumen de su risa, el timbre de su voz, el color… Cada que abría la boca salían de ésta mariposas. Miles de mariposas amarillas que se iban a posar tiernamente en sus oídos. Además del sonido de las olas del mar, le gustaba la voz de Nagisa.
Pero era necesario para Rei que esa voz emitiera otro tipo de sonidos, los de antes. Es cierto, le gustaba su calidez al hablarle, pero hasta hace poco ignoraba todo lo que podía sentir con el simple cambio del tono de su voz.
Y así, con todo y rubor, sujetó a Nagisa por la cintura y el mentón y lo besó.
Lo besó tiernamente y con suavidad a pesar del semblante serio que mantenía. Se apartó un poco para apreciar la expresión de Nagisa, sin precio: sus grandes ojos, cerrados; sus blancas mejillas y sus labios finos estaban rebosantes de color, apenas entreabiertos pero dispuestos, ansiosos.
Nagisa sentía en su interior como si una bomba llena de humo de colores hubiera explotado y lo invadiera todo, adormeciendo sus sentidos, pero era precisamente ahora el momento en el que más sentía.
-Nagisa-kun- susurró Rei sobre sus labios.
-Rei…chan- decía el menor casi sin aliento, sediento.
Una vez más sus labios se unieron pero ésta vez de un modo más intenso. El pequeño, parándose en las puntas de sus pies, abrazó por el cuello al más alto, acercándolo hacia él. Quería más. El mayor, por su parte, abrazaba al tierno por la cintura, aproximándolo a su cuerpo.
Luego de unos minutos se separaron entre jadeos, habían olvidado que la boca también servía para respirar. Nagisa extasiado mordía sus labios, y con eso bastó.
Rei retrocedió unos cuántos pasos llevando a Nagisa consigo, no pensaba arriesgarse si el pequeño no estaba seguro, quien se tomó unos instantes para darse cuenta de lo que pensaba el grande, y se pegó a él, siguiéndolo ciegamente. Con pasos atropellados llegaron hasta topar con la puerta de un salón, Rei sin perder de vista cualquier señal que viniera de Nagisa, recorrió la puerta y entraron.
Continuaron caminando pegados, besándose hasta llegar al pupitre más cercano que encontraron. Rei, aún abrazando a Nagisa de la cintura, se inclinó sobre él. Una vez más y al mismo tiempo, sus cuerpos entraron en contacto.
Sus labios no hacían más que apretarse y momentos después ya estaban en el siguiente nivel.
Rei, dudoso, comenzó a rozar los labios de Nagisa con la punta de su lengua, a lo que el rubio respondió dándole ligeras mordidas para comunicarle que podía hacerlo. La lengua de Rei tímidamente avanzaba por entre los labios de Nagisa, quien con una pícara sonrisa le daba la bienvenida. Una vez ésta estuvo adentro, todo fue natural. Ambas lenguas revoloteaban como mariposas en las bocas del otro, acariciándose, sintiéndose, lamiéndose.
No podían seguir haciéndose los tontos, sus cuerpos querían más, estaban listos, y ellos lo sabían. Los trajes de baño una vez más tensados por la presión de sus miembros estaban a punto de incendiarse solos.
Entre cadenas de besos y lamidas, Nagisa apoyándose en el pupitre como asiento, logró colocar uno de sus muslos en la entrepierna de Rei, haciendo presión. Un gemido de sorpresa y excitación salió presuroso por entre los labios de Rei, quien se desprendió de golpe al sentir dicha provocación.
Nagisa sintió un vuelco en el corazón al ver y oír semejante reacción. Su compañero, ahí delante de él, con ligeros rastros del chapuzón en piscina que antes fue, le parecía lo más sorprendente que hubiese visto nunca. Se impulsó un poco por encima del pupitre frotando una vez más su pierna con el miembro de Rei, y depositó sobre el cuello de éste ligeros besos. Repentinamente, las manos del violáceo le sujetaron con fuerza de los muslos, pero eso no iba a impedir que se detuviera. Nagisa gozaba la orquesta de gemidos que Rei le brindaba en el oído, sólo para él y a causa de sus besos.
Sin darse cuenta, Nagisa comenzó a jadear también, y fue un pequeño mordisco que se le escapó lo que detonó la pasión de los dos.
Rei presurosamente echó hacia atrás la silla, alejándose un poco y se sentó sobre ella.
-Nagisa…-alcanzó a pronunciar.
-Rei…chan- susurró un poco Nagisa con los ojos abiertos de par en par.
-Nagisa-kun… yo… ¿Qué pasa?
La manera en que Nagisa había dicho su nombre y los ojos de granada a punto de estallar que tenía y la mandíbula caída le indicaban algo. ¿Pero, qué?
-¿Na… Nagisa-kun? –preguntó Rei una vez más un poco temeroso de lo que fuera a decir el rubio. Pero éste simplemente no respondía. Hasta que Rei comprendió.
Siguió la sorpresiva mirada de su amigo que iba a parar justo a su entrepierna, a sus pantalones. Y entonces lo vio, erguido sobre sí mismo, su miembro que siempre le había parecido tan normal incluso cuando estaba erecto.
-Rei-chan… -dijo con un tono de sorpresa su pequeño amigo- es enor—
-¡Cállate!- Rei no pudo evitar que se le subieran los colores al rostro y se cubrió la entrepierna con ambas manos.
Nagisa explotó en miles de carcajadas ante Rei que lo único que hacía era pasar por todas las tonalidades que había del carmesí.
-¡N-no te rías, Nagisa-kun!
Pero era imposible, e imparable.
Rei ya en la cima de la desesperación, se estiró y jaló a Nagisa de la mano, sentándolo sobre sus piernas.
-Lo siento, Rei-chan- dijo Nagisa dejando de reírse.
El color de sus mejillas, su cabello ligeramente despeinado, sus músculos torneados, eso y más le gustaba de Rei; su forma de sonrojarse, sus lentes caídos sobre su fina nariz. Pero sobre todo le gustaba su risa, su voz, sus ojos. Sus expresivos ojos color violeta.
La primera vez que había visto a Rei, notó algo en sus ojos que lo atrapó y no lo dejaba ir; una atracción suave pero violenta que daba pie a la necesidad de estar mirándolos. Unos ojos esquivos de mirada a veces tímida, a veces altiva e incluso a la defensiva, pero que en realidad escondía un infinito lleno de deseos incalculables. Le gustaba el brillo que delataban su emoción contenida cada que participaba en los relevos, cuando salían todos juntos a festejar y cuando se veían. Le gustaba que incluso sus ojos gritaran su nombre: "¡Nagisa-kun, basta!", le decían; "Buenos días, Nagisa-kun", sonreían. Y ahora, lo que esos ojos gritaban sin palabras, era que lo deseaba, que lo quería.
Se detuvo a observar su cuerpo sólo un instante, no quería perder tiempo. Sin saber por qué, acudió a su mente una especie de flashback de Rei y él dibujando en clase de arte y, sin pensar, deslizó ligeramente un dedo desde la frente de Rei; acarició su nariz, su mentón, su manzana, y finalmente se detuvo en lo que era la circunferencia del ombligo de su amigo. Su piel era blanca y muy suave. Éste dio un ligero respingo y se estremeció silenciosamente. Se miraron a los ojos. Ya no había vuelta atrás.
Y así, Nagisa se dejó hundir en un mar de violetas.
¡Hola hola! Espero, sinceramente, que les haya gustado este capítulo o les esté gustando el fic. Pensaba hacerlo de sólo tres capítulos (para empezar nunca hago más de uno) pero gracias a mi hermana, serán cuatro (y un epílogo sorpresa si todo sale según lo planeado(?)). Perdonen por no actualizar, es que tenía problemas personales pero bueno.. aquí vamos, no me rendiré. Ya saben que sus opiniones siempre son bienvenidas y gracias por estar al pendiente. Saludos ^^.
