Lo admito, soy una mala persona por tardar tanto en actualizar( ;n;), así que les ofrezco una enorme disculpa y el último capítulo del fic, el cual de verdad espero que les guste. Mañana subo el epílogo, donde aparecerá otra pareja ;).

Los personajes de Free! le pertenecen a sus respectivos dueños.


Pinceles

Rei mantenía la vista clavada en algún punto del piso tratando de esconder su vergüenza, pero aun así se animó a abrazar a Nagisa por la cintura. Al sentir cómo su pequeño dedo recorría su torso desnudo sintió un impulso, no, más bien una descarga eléctrica recorriendo todo su cuerpo. Estaba ansioso.

-Nagisa-kun… -empezó tímidamente. Tomó aire y levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Nagisa-. ¡Nagisa-kun, yo quiero que te sientas cómodo conmigo! –y más tardó decir eso que la sangre en llegar a su cara.

Nagisa lo miraba como si no comprendiera lo que acababa de decir y con un poco de sorpresa. Sujetó tiernamente su rostro entre sus ágiles y pequeñas manos y sonrió.

-Tonto Rei-chan- empezó con una voz serena-. Contigo siempre estoy bien, y eso es porque… Eres Rei-chan.

Y echándole los brazos al cuello, depositó en los labios de Rei un agudo beso, que a pesar de ser pequeño, hizo hervir la sangre del peliazul. Nagisa se reacomodó lentamente sobre las piernas de Rei para acortar la distancia entre sus cuerpos, entre sus trajes, provocando que su enamorado se separara un poco dejando escapar de su boca un gemido. El travieso rubio aprovechó la oportunidad para invadir con su lengua la boca de Rei; primero la movió suavemente, despacio, para que "El chico mariposa" no le sintiera como un extraño. Al mismo tiempo que lo descubría con la lengua, se movía lento sobre su bajo vientre y le sujetaba delicadamente del cuello, de vez en cuando acariciándolo con las puntas de sus dedos.

Rei, por su parte, se sentía extraño, extasiado, excitado. Percibía la lengua de Nagisa reconociendo la suya, ambas húmedas y juguetonas se decían lo que siempre habían querido pero no habían podido; palpó sus caderas moviéndose rítmicamente en conjunto con la parte de arriba de su cuerpo, sintió sus manos recorrer su cuello, su nuca, juguetear con su cabello. Un poco dudoso pero seguro, Rei se decidió a sujetar a Nagisa de la cintura para acercarlo más hacia él y que el roce de sus cuerpos fuera más intenso, causándose ambos notorias y provocativas erecciones.

-Te prendes rápido, Rei-chan –susurró Nagisa suavemente sobre sus labios.

-¡Nagisa! –gritó Rei avergonzado y con su típico rubor iluminando su rostro; miró discretamente hacia la ventana, girando un poco la cabeza.

Y justo ahí, en ese pequeño espacio donde su mandíbula llegaba a su fin y comenzaba su cuello, Nagisa presionó sus labios contra su cálida y tersa piel. Rei reaccionó ante esta acción apretando un poco los glúteos del rubio sobre su pelvis al tiempo que soltaba un gemido entrecortado que se mezclaba con un suspiro. Nagisa contempló la reacción que esperaba y repitió. Quería escuchar de nuevo su nombre dicho con tanta confianza, seguridad y ternura.

-Rei-chan, ¿te gusta, verdad? –dijo para después deslizar su lengua hasta el lóbulo de la oreja izquierda de Rei.

-N-Nagi-aah… -Rei apenas si podía articular palabra entre gemidos y lamidas.

-Rei-chan, no cierres los ojos. Mírame –le susurró Nagisa al oído para después mordisquear lentamente la base de su oreja.

Rei lentamente abrió los ojos y vio una melena rubia moviéndose bajo su mentón, un torso blanco que respiraba despacio inclinado hacia su pecho y unas caderas traviesas y movedizas que provocaban sus bajos instintos. Conforme Nagisa seguía saboreando su cuello, Rei comenzó a juguetear con la orilla del traje de baño de éste y tímidamente pero con decisión introdujo ambas manos en la parte de atrás. Nagisa dio un pequeño brinco y miró de repente a Rei, pues lo había tomado por sorpresa. Rei entonces aprovechó ese momento y se aceleró hacia la boca del pequeño besándolo y tocándolo al mismo tiempo. Nagisa se sorprendió por el ímpetu con el que había actuado Rei, sin embargo se dejó llevar y lo recibió con los labios abiertos, apoyándose un poco sobre su pecho, a la altura de su pronunciada clavícula.

Al mismo tiempo que Rei saboreaba sus labios, sus manos se deslizaban lentamente hacia la parte baja de Nagisa.

-¿Debería…? Parece que le gusta.

Poco a poco Rei comenzó a palpar esa parte (que después descubrió sensible) de Nagisa que aún no conocía, al menos del todo, o no de ese modo. El rockhopper* inició una serie de tenues quejidos pero no dejaba de devolverle los besos a Rei, hasta que éste llegó a su parte baja, escondida, a la que ahora tenía la entrada permitida.

Comenzó acariciando con suavidad, moviendo apenas su largo dedo medio por entre sus glúteos; Nagisa se apartó de pronto de Rei, tirando un poco del labio inferior de éste y que, a pesar de su separación física, un ligero hilo de saliva que pendía de sus labios todavía los unía. Rei buscó rápidamente en su mirada algo que le indicara si había hecho daño, pero sólo encontró un lindo y tierno rostro ruborizado.

-Nagisa…

-Sigue, Rei-chan- dijo Nagisa en un susurro mientras apoyaba su frente sobre la de aquella persona que estaba a punto de volverlo loco; sobre la frente de su amante.

Rei continuó acariciando rítmicamente entre las nalgas de Nagisa, de vez en cuando haciendo presión. El cuerpo de Nagisa sufría ligeros espasmos cada que los dedos de Rei entraban en contacto con él, movimientos que lo tenían tan embelesado que le impedían besarlo cuando estaba a punto de hacerlo. Nagisa comenzó a gemir y a agitarse más; bajó su mano un poco dudoso hacia su miembro, pero Rei lo interrumpió y comenzó a tocarlo por encima del traje de natación.

-Nghh.. A-aah…

Nagisa se aferró inmediatamente a sus hombros, a su espalda, a su carne. Rei se inclinó sobre su hombro y depositó besos fugaces y suaves mordiscos dejando unas pequeñas marcas, sin darse cuenta de que él también estaba gimiendo, gozando.

La situación abajo se estaba saliendo de control, los dedos ya no eran suficientes, los besos no decían demasiado, los trajes nunca habían molestado tanto.

El peliazul se levantó de pronto bajando al rubio de sus piernas, sus ansias hicieron tambalear a su enamorado que alcanzó a sujetarse del pupitre más próximo que encontró a su alcance. Rei, conforme bajaba por el cuerpo de Nagisa, repartiendo lamidas a diestra y siniestra iba deslizando su traje. Los jadeos ahogados del blondo parecían no tener fin pues salían a borbotones uno tras otro.

Una vez retirado el traje por completo, tomó con delicadeza una pierna de Nagisa y le dio un beso, subiendo por la pantorrilla hasta la rodilla, de ahí a su muslo para terminar en su entrepierna. Instantáneamente las manos de Nagisa se asieron a los mechones azules que se movían lentos, como una medusa que viaja libremente por el mar.

-A-ahh.. ¡Ngghh! ¡Re—

Su cuerpo entero quemaba; Nagisa sentía su corazón latiendo tan rápido como cuando avanzan los segundos del contador de carreras. Se sentía agitado, libre pero preso, entre la espada y la pared; las piernas le temblaban por lo que tuvo que afirmarse fuerte con la otra mano a la mesa que tenía contra su trasero. La lengua de Rei ahí abajo se sentía tan… delicioso…

Lo había estudiado todo, o al menos hasta donde su vergüenza le había permitido leer. Recordaba la técnica y los movimientos que tenía que hacer, arriba, abajo, lamer, succionar, mordisquear sí pero sólo un poco y no tan fuerte pues esa parte era muy sensible. Sin embargo, lo que sentía y hacía se veía tan diferente al libro. Sujetó la pierna izquierda de Nagisa y la puso sobre su hombro para tener mejor acceso, el pequeño gimió una vez más y le tiró un poco del cabello. Rei se apartó dejando un miembro atemperado y deseoso de más de eso, al cualregaló unas últimas caricias retirando un poco del líquido que amenazaba con salir en cualquier momento y deslizó su mano entre las piernas de Nagisa, hacia atrás, rumbo a sus glúteos.

Comenzó a tocar otra vez con suavidad y decisión; primero y con cuidado coló un dedo, luego dos, metió un poco y luego sacó. Nagisa se inclinó hacia su pecho, sujetándolo fuerte, de modo que con su parte posterior un poco pronunciada le brindó un mejor acceso. El vaho caliente que Rei recibía sobre su pecho le comunicaba que estaba haciendo lo correcto, mientras sus dedos seguían introduciéndose y saliendo de su cuerpo; sentía un líquido tibio deslizarse en sus dedos y una ligera succión hacia éstos.

De pronto sintió un fuerte impulso que lo hizo retroceder hasta caer sentado en la silla. Nagisa se aproximó hacia él y le besó delicadamente en los labios, para después descender por su pecho besando sus pectorales. Rei gimió y lo sujetó por las muñecas, pero eso no le impidió al otro continuar con su descenso. Siguió Nagisa hasta colocarse entre sus piernas y comenzó a retirar el traje de baño de Rei con los dientes, lentamente.

En realidad no tuvo mucho que hacer, pues dicho acto prendió inmediatamente al megane* que flaqueó ante tal acto y le soltó las manos. Nagisa, aunque era pequeño, tenía la fuerza suficiente, física y mentalmente, como para hacer que un chico corpulento y grande como Rei se sometiera ante él. A diferencia del mayor, Nagisa comenzó con traviesas lamidas.

-N-Nagi.. Ahh.. Nghh—

Rei a modo de reflejo automáticamente separó las piernas.

-Qué.. vergonzoso… -pensó el de lentes al ver que había sido demasiado débil (e inútil) hacerse el hábil antes y poner resistencia.

De pronto el dominante hizo algo extraordinario que provocó que Rei se arqueara sobre la silla causándole tal excitación que de su boca se escapó un ronco gemido, además de despertar en él un único deseo…

Aprovechando que ya no estaban presentes los inoportunos pantalones, sujetó suavemente a Nagisa por el mentón y le dio un beso ligero que el pequeño, aún arrodillado correspondió ansiosamente. Rei se retiraba de vez en cuando, consiguiendo que Nagisa lo buscase ansiosamente, desesperado.

-Rei-chan… Rei-chan... Rei-chan-susurraba entre besos rápidos Nagisa desde el suelo.

El susodicho, aún con la barbilla de su rubio entre las manos, lentamente se reclinó hacia atrás al mismo tiempo que le obligaba a levantarse. Nagisa se apoyó de manos en los muslos desnudos de Rei mientras le besaba precipitadamente y poco a poco se trepaba en su regazo. Entonces Rei, con cuidado y precisión afirmó las caderas de Nagisa y lo dirigió hacia su ya preparado y ansioso miembro, penetrándolo al mismo tiempo. Nagisa dejó escapar un alarido un poco extraño en el que Rei no supo identificar si había más placer y gusto o miedo y dolor, o quizá ambos pares.

El blanco y liso abdomen del rubio se contraía con ligeros espasmos al igual que su pecho. Rei se inclinó sobre el hombro izquierdo de Nagisa y le dio un ligero mordisco, y éste se limitaba a recibirlo con los ojos cerrados. Cada que Rei se aproximaba a él Nagisa retrocedía un poco, cosa que dio como resultado una serie de movimientos acompasados provenientes de la cintura del rubio rumbo a la pelvis del peliazul. Nagisa apenas alcanzaba a tocar el piso con las puntas de sus pies.

-Nagis-ah..-alcanzó a pronunciar Rei antes de que Nagisa continuara con sus provocativos meneos.

Rei estaba fascinado al sentir cómo Nagisa se contoneaba sobre sus sudorosos muslos; le gustaba sentir su suave piel rozar sobre la suya, su ligera esencia, su cálido aliento alcanzando su cuello. Todo era perfecto. Sentía ahora más que nunca que nada podía alejarlo de aquél chico que estaba frente a él, completamente expuesto y entregado, demostrándole de la forma más pura que de verdad lo amaba. Que era suyo.

En sus ojos embelesados podía ver los propios, podía ver todo lo que estaba sintiendo en ese momento con cada movimiento. Veía el placer y la dicha que sentía Nagisa; en sus mejillas asomaba un rubor delator tan característico de él que lo hacía verse siempre lindo. Siempre había deseado que ese momento llegara, y ahora que lo tenía no iba a desperdiciarlo. Lo deseaba a Nagisa.
Ahora se percataba de que el pequeño estaba mordiendo ligeramente sus labios y de pronto se le antojó tan sensual y tan exquisito… Quería más.

Repentinamente Rei sujetó a Nagisa por los muslos tratando de mantener el mayor contacto posible y se levantó de pronto de la silla, sin desprender su cuerpo ni un centímetro del de su amado.

-¿¡Re-Rei-chan!?-articuló apenas un sobresaltado Nagisa que se afirmó rápidamente a sus hombros.

Y así como se hallaban sentados en la silla, con sus cuerpos todavía unidos, Rei recostó boca arriba a Nagisa sobre un pupitre y comenzó a moverse lentamente dentro de él.

-¡A-aah! ¡Nnngg! –Nagisa gritó una vez más, pero en ese momento Rei supo que se trataba de una llamada de placer.

Continuamente Rei embestía a Nagisa y de vez en cuando depositaba besos por todo su cuerpo. Empezó deslizando su lengua por el cuello de Nagisa, saboreando lentamente el contorno que le llevaron hacia las clavículas y más abajo el torso desnudo. Descendió sobre sus pectorales y mordisqueó suavemente sus pezones.

-¡N-no Rei-chan!

Nagisa sentía cómo su cuerpo entero ardía por dentro. Por cada embestida que recibía de Rei su cuerpo deseaba más y con mayor intensidad. Su mente y cuerpo se traicionaban mutuamente pero él sabía lo que quería, lo que necesitaba. Sentía que le faltaba el aire, que los jadeos que daba no eran suficientes. El sentir la lengua de Rei recorriendo su cuerpo y mordisqueándolo a su antojo le provocó una serie de cortos escalofríos que lo llenaron de lujuria y deseo. Quería pedirle que lo hiciera más rápido, más fuerte, más intenso.

Y entonces sus miradas se cruzaron de nuevo, entendiéndose.

Rei salió lentamente de Nagisa, cosa que lo excitó mucho más y no esperó a que el rubio se acomodara por completo cuando ya lo tenía nuevamente contra la mesa, pero ahora boca abajo.

-Nagisa… voy a... –y sin decir más lo penetró nuevamente, pero ahora sin miramientos.

Nagisa se apoyó sobre el pupitre con ambas manos, empinándose un poco para brindarle a Rei una mejor vista y entrada.

El de cabellos oscuros sujetó por las caderas al rubio mientras entraba y salía de él; acercándose a su nuca depositó unos cuántos besos sobre ella y luego continuó el sugerente camino hacia su espalda, que descendía en su gloria, la cual había sido corrompida hace unos instantes. Nagisa se aferró a los bordes de la mesa, que empezaba a chirriar. Sentía las manos calientes de Rei sujetando su cintura; esas grandes manos que tomó por vez primera cuando le enseñaba a nadar, esas manos que se movían con armonía cada que empezaba a hablar, esas manos que ahora no dejaban de presionar su piel y que lo acariciaban de una manera tierna pero provocativa. Esas manos que…

Podía sentir su piel, su suave desnudez bajo sus manos, ese pequeño espacio que siempre había sido suyo, el que siempre había cuidado. La blanca piel de Nagisa rozaba con la suya, doblegándose ante sus caricias. Rei Se acercó más a Nagisa, recostándose sobre su espalda y colocando sus manos sobre el pupitre también. Hasta ese momento no se había percatado de que estaba escrito el nombre de alguien, era el de una chica de otro curso, el torso de Nagisa tapaba su nombre pero de todos modos no importaba. Nada importaba.

Escuchó unos suaves susurros entrecortados por la agitada respiración de Nagisa. Rei tomó su rostro con suavidad, y lo giró un poco hacia su boca, recibiendo sus besos gustosa. Que Nagisa gimiera lo ponía más duro todavía, él lo sabía. Nagisa lo sabía.

-R-rei… Me…-balbuceó Nagisa cuando por fin separaron sus labios.

Rei, tratando de interpretar lo que Nagisa trataba de decirle, le sujetó la pierna derecha y la subió sobre el escritorio, para penetrarlo mejor y con mayor rapidez. El rubio se aferró una vez más a la mesa mientras gemía su nombre.

El placentero y sensual acto parecía no tener fin.

-Rei… No m-más… Me…

-Nagisa… Nagisa..

-Rei, yo te…

La voz del más grande subió por el cuello de Nagisa y fue a depositarse en su oído en forma de la hermosa palabra que antes ningún otro ser humano le había dicho de tal manera. Esa palabra que llenó más su interior que todo lo demás que estaba en contacto con él. La frase que llevaba tiempo ansiando escuchar. El momento por el que había estado esperando hace tiempo.

Rei miró desde el hombro Nagisa su rostro, y vio cómo una pequeña y traslúcida lágrima se deslizaba hacia su mentón, no sin antes desviarse sobre la curva de su sonrisa.

Las cigarras a esas horas del atardecer ya había calmado sus cantos, el cielo se deshacía en colores tornasoles y el sol se ocultaba despacio bajo las nubes. El calor por supuesto había bajado y el viento tranquilo se paseaba por las calles. Mientras tanto, en un salón de clases, el amor había volado con gráciles aleteos yéndose a posar en una monocromática figura.