La noche llego rápidamente, mis padres, habían decidido hacer un viaje relámpago hacia la ciudad de Los Ángeles, por lo que tenía la casa para mí solo. Estaba preparándome una cena nutritiva, cuando el timbre de mi casa sonó, al acercarme al visor, vi a Quinton Fabray con su chaqueta mirando hacia todos lados como si no quisiera que nadie supiera que estaba aquí.

¿Qué haces aquí Fabray? – le pregunte sin abrir la puerta

Abre la puerta Ray – me dijo suavemente, suspire y abrí la puerta para dejarlo entrar.

Ya entraste – lo mire mientras él se quitaba su chaqueta y se quedaba en camiseta sin mangas - ¿Qué quieres?

Tenemos que hablar – me dijo sentándose.

Mira Quinton yo no le diré a nadie lo que paso de acuerdo – levante las manos – además nadie me creería – me encogí de hombros.

No se trata de eso Ray – replico Quinton estresado

¿Entonces? – indagué un poco más al ver como se llevaba las manos a la cara.

Lo que sentí…- suspiro levantándose – mira Ray no se me da bien hablar de mis sentimientos ¿okay? - ¿sentimientos? – Pero la pase muy bien contigo – se jalo el cabello con desespero – Joder, ni cuando me follo a las cheerios he sentido algo igual…- se froto el puente de la nariz – solo…- se me acerco y me tomo el rostro – no quiero que acabe….- no tuve tiempo de replicar sus experimentados labios ya habían abordado mi tímida boca.

El beso se convirtió en algo más pasional, sus fuertes brazos apretaban con fuerza mis glúteos mientras que yo me agarraba de su nuca. Cuando el aire fue necesario nos separamos, en sus ojos, había un brillo picaron, me tomo de la mano y tiro de mi para subir corriendo por las escaleras. Una vez entramos a mi cuarto, el volvió a abordarme con sus labios mientras yo caminaba de espaldas a la cama.

Cuando ya estuve recostado, me miro, sonrió y se quitó su camiseta dejándome ver su perfecto abdomen, comenzó a quitarme las prendas superiores de mi cuerpo hasta que quedamos en igualdad de condiciones, se acomodó encima de mí y comenzó a besar mi pecho, su lengua recorría mis pezones arrancándome pequeños suspiros de placer. Siguió descendiendo hasta llegar al borde mi pantalón, me miro y empezó a desabrocharlo sin despegar sus ojos de los míos, apenas bajo la cremallera comenzó a sobar mi miembro por encima de mis bóxer, se reincorporo para que yo me terminara de desnudar al igual que el comenzaba a quitarse sus pantalones quedándose únicamente con sus boxers que ya se veían bastante ajustados por la carpa que ya se formaba en ellos.

Se acomodó entre mis piernas, y comenzó a sobar mis pelotas mientras con su lengua estimulaba la cabeza de mi pene, a esas alturas yo ya estaba bastante excitado, sin esperarlo, se metió mi polla entre la boca, con sus manos alzo mis caderas para que yo me follara su boca. Me sentía en el mismísimo cielo, sí que sabía usar la boca; con las manos temblorosas lo frene, él me miro confundido.

¿No te gusta?

Siii… - respondí con demasiada efusividad que lo hizo reír – solo quiero que te des la vuelta para yo devolverte el favor.

¿Quieres que hagamos un 69? – me pregunto alzando su ceja, me pareció tan ¡Sexy! Ese gesto.

Sii – asentí con la cabeza, el únicamente se encogió de hombros, se levantó y se quitó los boxers dejándome ver sus venosa verga preparada para la acción, se acomodó encima mío mirando hacia mis pies y volvió a meterse mi polla entre la boca, yo hice exactamente lo mismo con la de él.

Duramos cerca de veinte minutos dándonos placer oral hasta que él se quitó de encima mío, separo mis piernas, agarro un condón de su pantalón ¿Un condón? ¡Mierda! En el baño no usamos protección… mientras yo divagaba por el asunto del condón, el me penetro suavemente por mi culo, logrando que volviera a la realidad mientras mis gemidos salían descontroladamente, mi pene chocaba contras sus duros abdominales mientras él se inclinaba para besarme y follarme a la misma vez.

Entraba y salía tan rápido que yo sentía que estaba en el mismísimo paraíso, cerraba los ojos y al abrirlos veía la expresión de placer que tenía Quinton a la vez que me penetraba, cuando abrió sus ojos vi un brillo que no supe identificar pero él siguió bombeando dentro de mí. Sentí como su pene comenzaba a hincharse, estaba a punto de correrse, sus movimientos se incrementaron al igual que sus gemidos que trataba de calmar besando mi boca; me clavo los dientes en el labio cuando por fin se corrió, yo sentía las pelotas pesadas de la excitación que tenía; cuando se recuperó de su orgasmo, salió suavemente de mí arrancándome varios gemidos de placer, se quitó el condón, lo amarro y lo boto en la caneca que había al lado de mi cama, me miro y comenzó a masturbarme para que yo también alcanzará la última gloria que me falta.

Una vez logrado su cometido, se acomodó al lado mío y yo me recosté en su pecho trazando imaginarias figuras sobre sus duros abdominales.

¿Qué pasara con ella? – pregunte mientras acariciaba su desnudo torso.

¿Ella? – me pregunto confundido

Tu hija

Yo respondo por ella, pero no volveré con Norah.

¿La amas? – Lo mire por encima del hombro – a tu hija me refiero – aclare al ver sus expresión confundida.

Claro que la amo, es mi hija – me abrazo fuertemente – pero aun no era tiempo de que ella naciera.

¿Qué pasara con nosotros?

Por el momento… Será nuestro secreto – me acarició el rostro.

Nuestro secreto – susurre antes de estrellas mis labios contra los suyos.


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