Disclaimer: Harry Potter es de J. K. Rowling.

N/A: ¡He vuelto! ¡Albricias! ¡Alegría! ¡Jolgorio! Vale, ya os dejo con el fic en paz XD. Esta vez es un poco distinto :) Y cortito XD.


Capítulo 3: Familia

Los Slytherin son famosos por ser capaces de hacer cualquier cosa para conseguir aquello que quieren. Por ser astutos, fríos y calculadores. Por poner el fin por delante de los medios. También son famosos por ser unos hijos de puta que aman las artes oscuras y hacen sacrificios humanos al amanecer mientras comen bebés entre pan y pan, pero eso no viene a cuento en este preciso momento.

Pero lo cierto es que Draco Malfoy, que en su tiempo había sido un orgulloso Slytherin, el paradigma de los valores de su casa de Hogwarts, no se sentía astuto. Ni frío, ni calculador. Y ni siquiera era capaz de poner el fin por delante de los medios, por la sencilla razón de que había dejado de tener un "fin". ¿Acaso lo había tenido alguna vez? ¿O todo lo que había hecho no era sino el reflejo de lo que esperaban de él? No lo sabía. No estaba seguro de querer saberlo.

Cuando la guerra acabó, después de ser juzgados y evitar Azkaban, Lucius quiso que volviera a Hogwarts. "Es tu deber restaurar el honor de los Malfoy", había dicho. Como había hecho tantas otras veces, en otro tiempo y otras circunstancias, bajo la presión de unos ojos rojo sangre.

"Es tu deber".

"Hazlo por tu familia."

"Haz que esté orgulloso de ti."

Y Draco lo había hecho. Siempre. Sin preguntar, casi sin dudar. Porque era su padre quien se lo pedía. Porque él era un Malfoy, y eso era lo que significaba llevar ese apellido. Proteger a la familia. Al linaje. Cumplir con la tradición que les habían impuesto todos los ancestros que poblaban los viejos pergaminos de la biblioteca de la Mansión.

Pero cuando la guerra acabó, miraba a aquel hombre con ojeras y barba de mil días, con el pelo lacio y opaco, observaba sus dedos huesudos, sus arrugas, sus ojos vacíos, y ya no veía a su padre. Ese espectro ya no era Lucius Malfoy. Era una sombra, un borrón que aún vivía en tiempos pasados que habían sido mejores.

Y lo que más odiaba Draco no era verlo así. Ni siquiera odiaba que, después de todo lo que había pasado, aún se creyera con derecho a darle órdenes de ese calibre. Lo que más le repugnaba era que, al mirarse al espejo, veía exactamente lo mismo.

"Enhorabuena, Draco", le decía una voz maliciosa en su mente. "Has conseguido lo que querías. Te has convertido en tu padre."

No quería volver a Hogwarts. ¿Era un cobarde? Probablemente. Le importaba una mierda. No quería ir y punto. Porque era lo que su padre deseaba. Porque ya no ansiaba ser como él, ni hacerle sentir orgulloso. Porque todo lo que significaba ser un Malfoy era una mentira, y él ya no se la creía.

(Porque aquellos muros guardaban... cosas. Cosas horribles. Cosas que prefería olvidar.)

Y por la misma razón, tampoco podía quedarse en la Mansión Malfoy.

Lucius le dijo que era un descastado. Un desagradecido. Gritó que si salía por esa puerta, nunca jamás podría volver a entrar. Su madre cerró los ojos y aguantó las lágrimas, manteniendo la compostura como la dama que aún era.

–No te vayas, hijo –susurró. "No me dejes sola", quería decir.

Draco cogió sus pertenencias, tensó la mandíbula, y cerró la puerta tras de sí.


N/A: Ya sé que es muy cortito, pero planeo actualizar dentro de poco de nuevo, y entonces ya veremos cómo se las apañan Hermione y Draco compartiendo piso :P