Tu nombre es Eridan Ampora. Estás en una nave dirigible de corta distancia de la XXXXX-86 y te preguntas cómo cojones has acabado huyendo de tu propia nave. La condesa entregó esa nave para que Vriska, Feferi, Gamzee y tú defendierais y gobernarais Andrómena en su nombre. No siempre os quedabais todos en esa nave, porque el jodido sistema solar tiene cuatro putos planetas habitables, pero parecía que hacías un equipo decente.

Dejas escapar un suspiro, al menos tú has salido bien parado. Solo ver el aspecto que tiene Vriska unos metros más atrás de ti te hace llorar, y no es de alegría precisamente. De todos modos está inconsciente y no crees que sobreviva, tampoco sabías en qué estabas pensado cuando saltaste sobre Gamzee y trataste de arrancarle un jodido cuerno. Estúpidas ideas heroicas que siempre te venían a la cabeza en el puerto de despegue de XXXXX-86. Supones que un ojo morado y una leve contractura en la muñeca nunca han sido las peores heridas de guerra.

Pero seamos sinceros, tu mayor preocupación es saber cómo vas a llamar a la emperatriz y decirle lo que ha pasado. Empezar con un "metí el tentáculo dónde no debía" era sinónimo a que te cortaran la cabeza. Un consejo de guerra era la respuesta directa a cualquier que perdiera una nave del imperio. Y bueno, tú no la habías perdido, pero a ver quién era el guapo que entraba y le decía a Gamzee que se bajase de la puta nave. Se había cargado a casi toda la jodida tripulación por un esclavo, un estúpido y tonto baja sangre que no valía nada. Bueno, la verdad es que a ratos si le podías aceptar que tenía algunos atributos decentes, pero tampoco te vas a poner pejiguero. Tu vida está por delante de la de cualquier baja sangre, pasase lo que pasase entre los dos.

Suspiras confiando que si la llamas desde el planeta que le aporta una gran cantidad de oro, quizá la opulencia haga que no te mate de primera instancia. Luego ya veremos si echarle un par de polvos Tavros se te cobrará con cadena perpetua o peor ser degradado en la cadena de mando. Ugh, solo de pensar en que Vriska te de órdenes y no sea en la cama te da repelús.

Ves de refilón como Vriska intenta moverse. Es complicado que lo consiga, porque la has atado bien al sillón de segundo de a bordo de la nave de corta distancia. No querías que se cayera estando inconsciente. Lo cierto es que te abruma todo este carácter heroico y melancólico que te asalta en las situaciones de riesgo, ni que fueras un héroe de película.

—¡Joder! — la escuchas gritar. La verdad es que casi nunca usa palabras impropias, y te sorprenderías de que lo hiciera, pero es que tiene que estar hecha una mierda. —Eridan ¡Quiero agua!

Suspiras de nuevo y pulsas el botón de piloto automático, solo será necesario que vuelvas a sentarte cuando paséis el límite de la órbita para entrar en el planeta S-05. Lo dicho, no quieres que esa mujer te de órdenes militares.

— Dame agua de una vez — la escuchas decir otra vez, forcejeando y tratando de desatarse. Tiene el brazo hecho una mierda y ves como al moverse le duele, pero la muy burra no para quieta.

—Ya voy — dices tomando una de las cajas dónde suele haber capsulas de viaje. Estas naves suelen estar vacías, así que es posible que no haya nada de agua, de hecho estas naves son para acercarse a otras naves. Te sientes brutalmente estúpido por no haber pillado la nave real que solo usa Feferi para las representaciones y fiestas sociales. Caminas por el corto espacio desde el sillón de pilotaje al de Vriska y te pones a buscar una cápsula de agua delante de ella.— Mira hay una de tacos, y otra de Faygo. ¿Quieres Faygo? Te irá mejor que el agua.

Sacas la cápsula de la caja y la colocas en la máquina transformadora de tu derecha, dentro de la ranura correspondiente. Piensas que si se emborracha un poco quizá deje de sentir dolor. El diseño de la máquina es un poco arcaico, y parece ser que es de las que a veces se atascan así que le das una patada para que funcione y quizá también para aliviar toda la jodida frustración que sientes.

—No veo una mierda con el ojo izquierdo — dice mientras sacas la botella de Faygo ya materializada por la parte inferior de la de la máquina transformadora. Intentas forzar una sonrisa, pero en realidad la interpretación no es lo tuyo, así que dejas de fingir y simplemente la miras con el rictus serio.

—Es que ya no tienes ojo izquierdo — le anuncias dándole de beber directamente de la botella. La bebida azucarada se le derrama por la comisura de los labios y le mancha en uniforme azul. Le retiras la botella porque un leve ataque de tos le asalta y ves que escupe un poco de sangre.— ¿No te acuerdas de lo que ha pasado?

— Vagamente— la oyes murmurar cuando se recobra del ataque de tos. —Me acuerdo de que no sabes tener el puto bulto quieto, y que eres una patética alimaña.

Pones los ojos en blanco y reajustas la venda que malamente le cubre la cuenca del ojo vacía. Está hecha un asco la pobrecilla, pero sigue teniendo esa mala leche habitual. Sonríes, eso significa que quizá no se muera. Ignoras que te ha insultado, sigue estando por debajo de ti en el hemoespectro pero se lo perdonas por esta vez.

—No finjas que no me oyes — dice de nuevo alzando un poco más la voz. — ¿Es que no había más esclavos en la nave? Tenías que ir a por el juguete de Gamzee…

Dejas escapar un suspiro casi involuntario. Tampoco es que fuera tan raro, estabas aburrido en la fiesta de cumpleaños de Equius. Todo era tan aburrido… "Toma un regalo" "oh, un destornillador", y más mierdas por el estilo para el mecánico de la nave. No podías soportarlo y ahí estaba el baja sangre, con una argolla al cuello buscando la bandeja de canapés especial para los esclavos. Recuerdas que no pudiste evitar acercarte, con el canapé de aquel manjar extraño del planeta Kepler-62 que no se les servía a los esclavos y se lo dejaste probar.

Lo que verdaderamente te impresionó de él fue el cómo te hizo creer que tanto si se lo comía como si no lo hacía era estrictamente por las ordenes que tú le dabas. Cuando te dijo que ni siquiera era digno de decir en voz alta lo que realmente pensaba, no pudiste evitar desearle. Aquel estúpido deseo se acrecentó durante la velada, cuando se dejó golpear e hizo un verdadero esfuerzo por no quejarse. En tu retorcida mente solo cabía pensar cómo sería tocarle y prohibirle gemir, obligarle a no sentir mientras lames en esas zonas que no podría evitar sentir placer. Y todo parecía muy idílico cuando lo arrastraste a tu camarote, y atado a la pata de tu cama jugaste cómo querías con él, para luego echarlo sin miramientos. Decirte que de alguna manera experimentaste algún tipo de sentimientos, que iban más allá de llenar cubos, no sería una mentira pero no estás dispuesto a hacerlo. Ni ahora, ni nunca. Pero lo cierto era que no tardaste ni dos días en pensar que necesitabas esos jodidos labios rozando tu piel, que te costaba respirar cuando imaginabas que era otro el que lo ataba en la cama y que solo Gamzee tenía el verdadero poder sobre él.

Tavros, Tavros Nitram, de alguno de los planetas más pobres del imperio de la condesa. Se lo robabas siempre a Gamzee, cada noche que el estúpido payaso no estaba tú sí, cada día libre, cada rato de la comida aunque supusiera comer en el camarote del Makara. Tampoco es que os pillara haciendo nada, pero fue suficiente para desatar su cólera. Gamzee era un maníaco, un enfermo que tenía a Tavros atrapado… Al pensar en esa última frase te golpeas la cara. Ningún alta sangre atrapa a ningún baja sangre, son vuestros por derecho. El Makara simplemente lo había tomado primero y fuera por lo que fuera, no estaba dispuesto a compartirlo.

Un intenso suspiro de Vriska te hace volver a la realidad, sabes que se ha dado cuenta de lo que había pasado con el baja sangre. La miras con un rictus serio e intentas no pensar en cómo te hace sentir Tavros. Es problemático volver a la realidad y asumir que tú estabas al mando de XXXXX-86 y tienes que recuperarla, pero sin romanticismos ni tonterías baratas. Eres un Ampora y que se note que estas por encima de todos, te dices.

—Eres tan patético que me cuesta mirarte hasta con el ojo que me queda — oyes decir a Vriska. Lo dice con más desagrado del habitual, y asumes que debe odiarte por las heridas que ha recibido por tu culpa, pero ni siquiera tienes ganas de pensarlo.— ¿Qué sabes de Feferi?

—Nada, puede que esté muerta — dices pensando que habías liberado a Captor de sus cadenas y le habías ordenado poner a salvo a la princesa. Conocías la extraña relación que tenían y supones que por eso mismo habrá obedecido tus ordenes, pero con los idiotas como él nunca se sabe— ¿Por qué?

Sabes que está pensando que si Feferi está viva tienes menos probabilidades de que te salves, porque si está viva, si alguien más a parte de Vriska y tú, la investigación dirá que tú eres el responsable directo. Pero si Feferi está muerta, la Condesa estará demasiado cegada por la muerte de su princesa y podrás escurrir el bulto culpando a Gamzee. Aunque si lo piensas bien, el Makara está por debajo de ti en el hemoespectro, así que debería haberte cedido al baja sangre con una sonrisa y feliz de que quieras sus sobras. Sí, aquello podía ser una buena excusa, la Condesa lo entendería.

—Podríamos asegurarnos de que esté muerta — escuchas pensando que tus oídos te traicionan. ¿Es posible que Vriska esté verdaderamente preocupándose por ti? ¿Tiene que ver con que le salvaras el culo en la nave?

—Han colgado a muchos del color de mi sangre por decir algo parecido — dices dibujando una sonrisa. En el fondo te gusta que siga en tu equipo, pero asumes que es posible que te pida algo a cambio así que eres cauto. — De todos modos no importa, si Sollux se la ha llevado a algún lugar no podríamos matarla sin más…

Una risa salió de los labios de la Serket, que señaló la botella de faygo para que tú se la acercaras a la boca de nuevo. Te apetecía hasta a ti tomar un trago, pero podía ser problemático cuando entraras en órbita y tuvieras que pilotar hasta algún hospital.

—Entonces no te preocupes — dijo instantes antes de volver a beber, y tras tragar una gran cantidad de aquel líquido azucarado te miró de nuevo —. Feferi y Sollux tienen un romance y si han huido no los volvernos a ver.

Asientes entre sorprendido y un poco molesto, tú pretendías a la princesa Feferi, pero tampoco tiene mucha importancia. En parte sigues preocupado por Tavros, en parte te preocupa Vriska, en parte sabes que tu culo peligra más que cualquier otra cosa. Te sientas en el sillón del piloto y miras al infinito vacío del espacio. Te gusta ver todos esos lejanos puntos brillantes, sigues vivo y eso ya es un triunfo.

—Por cierto, esto puede ser por culpa del faygo o no sé…— Escuchas la voz de Vriska desde atrás.— No creas que se volverá a repetir, pero gracias por salvarme la vida.

Y continúas mirando al infinito. Quizá es lo único que te queda, o quizá la suerte esté de tu lado, nunca se sabe.