Disclaimer: El potterverso pertenece a J. K. Rowling. En cambio, los personajes me pertenecen y forman parte de la Magia Francesa, expansión del potterverso, ya mencionado.
Este fic participa en el reto especial: "OTP" del Foro de la Expansiones
Maneras de meter la pata y salir airosa después.
Papeles burocráticos.
30 de junio de 2010. Ministerio de Magia francés. Versalles.
¿Por qué demonios le interesaba tanto lo que hiciera? No eran nada y sin embargo se encontraba molesta con él por no informarle de que estaba preparando un viaje a Bélgica. Un viaje que duraría un tiempo indefinido. Tan molesta que le había pedido cambio de turno a su compañera de trabajo para poder ser ella quien atendiera la demanda de Jean Paul Laroche de acceso al país vecino. Un pequeño antecedente del joven en aquel país le costaba pasar por aquellas oficinas que servían como un pequeño consulado y cuya principal función era agilizar trámites entre países, aunque también estaba el valorar si un francés podía cruzar o no las fronteras.
Moira Claes daba vueltas por el despacho con las manos en los bolsillos de la chaqueta. Su mirada se dirigía de vez en cuando al libro que descansaba sobre la mesa. La facultad a desarrollar. El último libro del mago filósofo en cuya primera página se podía leer "Para Moira Claes. Espero que te ayude a creer en la filosofía". El libro todavía no había salido, pero sin embargo Moira se lo había encontrado en el buzón de su casa. Y todavía lo piensa siendo incapaz de recordar en qué momento le dio la dirección de su casa.
Debe de reconocer que todavía no lo ha leído. Porque no puede pasar de la página de la dedicatoria, aunque lo lleva a todas partes. Posiblemente el libro ha viajado más que todos los que tiene en su casa. Y es en momentos como ese cuando piensa en que Odette Bessette no puede tener razón.
Odette es su mejor amiga, y la primera persona que conoció cuando llegó a Francia haría dos años. Trabajaba en el la Oficina del Estatuto Mágico. Y era raro el día en el que no quedaban. Moira había puesto al día a la otra de todo lo relacionado con Jean y el día que recibió el libro a Odette no se le ocurrió cosa que sugerirle que estaba prendado de ella y que estaba en su mano el aceptar aquella proposición en forma de libro o darle calabazas ya de manera definitiva. ¡Claramente las cosas no eran así!
No tendría que ser tan difícil, pero lo cierto es que posiblemente tenía razón. ¿Y si había sido ella quién había propiciado que Jean se fuera a Bélgica? Según el informe preliminar que había recibido del joven se iba para acudir a unos seminarios de la Academie van Magische Vlaamskunst que tendría que ayudarle para su próximo libro. Pero esos seminarios estaban fechados. Poner que estaría un tiempo indefinido era que tenía pensado hacer algo más…
Posiblemente la paranoia la estaba invadiendo. Se sentó en la silla. Quedaba todavía diez minutos para que fuera la hora prevista de la cita con el escritor. Rápidamente quiso cambiar la palabra cita, pero no encontraba nada mejor. Estaba claro que cita era cuando dos personas quedaban y acudían a hacer cosas de pareja… ¡mas también acudir al médico era considerado una cita!
Suspiró y buscó los documentos que tendría que rellenar. Había hecho aquello muchas veces, pero con gente que le era completamente desconocida. Esas entrevistas con alguien conocido. Y encima en aquellos momentos.
Llevaba sabiendo los planes del joven desde hacía varios días, y había pretendido postergar el momento de sentarse y meditar todo cuanto pudo, lo que daba como resultado que a diez minutos, ahora nueve, tuviera que llegar a una conclusión lógica de porqué se molestaba tanto al saber que Jean se iba sin decirle nada. ¿Le gustaba? ¿Podía gustarle alguien con quien se pasaba el día discutiendo sobre cualquier tema? Lo cierto es que a pesar de que solían quedar casi todas las semanas, más por él que por ella, a veces Moira se preguntaba el por qué siempre acudía. El por qué se había vuelto casi necesitaba a recibir una nota de él con un lugar y una fecha. Por que siempre lo hacían así. Siempre era él quien decidía todo y ella quien se acercaba.
Apoyó los pies en el filo de la mesa, inclinando la silla hacia atrás. ¿Y acaso se molestaba por otra cosa y en realidad no le gustaba? Podía ser. Podía estar molesta por el simple hecho de que el hombre se iba a ir a su tierra natal, la cual no pisaba desde hacía varios meses y no le había dicho nada ella. Aunque de nuevo estaba el problema inicia, ¿acaso esperaba que le pidiera que le acompañara? ¿A ella con la que no dejaba de pelear?
Un nuevo suspiro se quedó interrumpido en sus labios cuando llamaron a la puerta. ¡¿Ya estaba allí?! Se incorporó del sillón, tomando una postura erguida, que pretendía aparentar normalidad, y ordenando de manera casual los papeles que estaban encima de la mesa.
— ¡A-adelante! —Y tragó en seco esperando que ello fuera suficiente para que dejara de estar nerviosa.
La puerta se abrió, al otro lado estaba Jean, con esa expresión de cordialidad que se transformó en sorpresa por encontrarse con ella. Moira solo le miró de reojo.
— ¿Qué haces aquí? Creí que la cita era con mademoiselle Bessette…
— Odette no ha podido venir y me ha tocado sustituirla. —Sonó algo molesta, queriendo hacer más real su mentira, y sin mirarle en ningún momento directamente. —Anda, siéntate y terminemos esto cuánto antes.
Con algo de desconfianza, Jean obedeció. ¿Y ahora se estaba comportando de esa forma? Moira tuvo que centrarse en encontrar los papeles necesarios para realizar a cabo aquellos pequeños trámites.
—Oye… Moira… ¿No estarás enfadada porque no te he dicho que me iba a Bélgica durante una temporada, no? —Jean trataba de sonar tranquilo, queriendo contagiar ese sentimiento a ella, sin mucho éxito tras ver la mirada que ella le dedicó.
— ¿Enfada? ¿Por qué? ¡Sólo estoy haciendo mi trabajo! —Y a la joven no le hizo falta leer la mente del hombre para saber que estaba pensando que era tan arisca como un gato. —A ver… —Quería cambiar de tema, y tras escribir la fecha en la hoja de trámites, volvió a hablar. — Supongo que no hace falta que te diga que a raíz de ciertos altercados se debe de aprobar tu viaje al país vecino y en caso de no ser aceptado será ilegal el que cruces las fronteras.
—Moira, no hace falta que seas tan cortes.
—Estoy trabajando, así que te agradecería que no me tutearas de esa manera. —Y cada vez que abría la boca para hablar notaba como dejaba relucir que sí estaba enfada. Maldición.
—Como quieras. —Apoyó el codo en el reposabrazos de la silla y encima de su mano la barbilla, mirando el despacho.
—Primera pregunta. ¿Para qué quieres ir a Bélgica?
—Para realizar unos cursos de la Academie van Magische Vlaamskunst. —Su tosco flamenco sacó una sonrisita a la chica, y el gesto de Jean se relajó un poco.
— ¿Y qué tiempo quieres quedarte? —El tono de ella había bajado un poco, casi se parecía al habitual de la joven.
—Indefinidamente.
—Sin embargo los cursos terminan en septiembre. —No tendría que haber soltado eso de esa manera. Por primera vez en toda la conversación, Moira miró a Jean y vio la sonrisa en su rostro.
— ¿Te has estado documentando? —Se cruzó de brazos. Tenía los ojos puestos sobre ella y solo conseguía que se sintiera más avergonzada.
—Odette me lo dejó apuntado.
Aquella no era la cara de alguien que había creído sus palabras. Sino más bien al contrario. Moira decidió continuar con aquella entrevista, sin añadir nada más que pudiera ponerse en su contra. Se sentía como si la situación fuera al revés y ella estuviera en el lugar del entrevistado.
—No has respondido al porqué te quieres quedar más tiempo en el país.
—Nunca me lo has preguntado de manera directa. —Le aguantó la mirada, aunque al final acabó respondiendo. Debía de ser consciente de que era ella quien tenía que evaluar si podía o no ir a Bélgica y no podía hacerla enfadar, a pesar de que fuera divertido discutir con ella. —Tengo la esperanza de que me puedan mostrar más del país. Busco conocer algunas creencias antiguas para seguir escribiendo libros.
— ¿Entonces vas acompañado? —Nunca reconocería que sentía celos de esa figura que en su mente era una mera sombra. Y por ello se sentía estúpida, queriendo evadirse en las anotaciones que hacía en la hoja.
—No lo sé. —Con simpleza se encogió de hombros.
— ¿Cómo que no lo sabes?
—Aun no se lo he pedido.
Moira tuvo que apartar la mirada porque había caído en la tentación de alzar de manera leve la cabeza.
— ¿Sabes? Si fuera por mí no te daría el permiso. Me siento… ¿traicionada? ¡Puede! —No dejaba de garabatear, porque apenas podía siquiera ella entender lo que estaba escribiendo. Meros formalismos. Escritura mecánica. Menos mal que llevaría el sello. —Creo que nunca he ocultado que tenía ganas de volver a Bélgica. ¡Y que precisamente tú vayas a ir y no me digas nada! ¿Creías que me iba a enfadar o algo? Bah… Te puedes marchar cuando quieras. —Y marcó con el sello de "aprobado" la hoja antes de entregársela.
Tras tomar la hoja, Jean la miró por un instante, doblándola por la mitad.
— ¿Por qué te molesta que "precisamente" sea yo? —Preguntó mientras se la guardaba en la cartera que se sacó del bolsillo. Era el lugar más seguro para un documento tan importante.
—No lo sé. Quizás sí. —Suspiró y al ver que Jean no habló, siguió ella, con dudas. Con muchas dudas. —Quizás es solo que pensaba que éramos más que simple conocidos. Te he contado muchas cosas y creía que yo también merecía escucharte. —Sonrió levemente. No sería el primer palo que se daba por confiar en la gente antes de tiempo, por ser una persona a la que nunca le había costado abrirse. —O quizás sea simplemente es que me estoy empezando a enamorar de ti. —Y seguía sin costarle nada.
Con la espalda contra el respaldo, escuchó bien atento a la joven. Su rostro no se alteró, ni siquiera al escuchar sus últimas palabras, pese a que en su interior la cosa era bien distinta. Moira había dejado de mirarle, y le hubiera gustado levantarse y cogerle el rostro para hacer que sus ojos se fijaran en él, pero la conocía bien y posiblemente ahora tenía que actuar con pies de plomo.
— ¿Sabes tú algo? Me lo has chafado todo. —Ya se había ganado la atención de ella, ahora sólo tenía que mantenerla. —Me había encargado de agenciarme una cita para que me dieran el visto bueno de ir a Bélgica el día que sabía que lo tenías libre para que no me vieras y no supieras nada, porque deseaba pedirte que me acompañaras, una vez estaba seguro de que podía ir, y no hubieras podido oponerte porque te hubiera recordado que tienes vacaciones. Bastantes vacaciones en vista de que desde que estás aquí trabajando nunca te has ido. Y una vez hubiéramos estado allí… —Se levantó de la silla y se acercó a ella, giró la silla en la que estaba para tenerla de frente y se puso a su altura. —Te hubiera pedido salir, con algún discurso que seguro llamarías recargado. Por que yo ya llevo tiempo enamorado de ti.
Una mueca se formó en los labios de la joven, asimilando aquellas palabras. Y siendo consciente de que sus impulsivos actos habían estropeado todo lo que Jean tenía planeado.
—La he cagado, ¿verdad?
—Bueno, sí. En parte… Oye, mira el lado bueno, te has ahorrado escuchar un discurso moñas. —Desde luego, eso sí que era algo bueno. Moira no soportaba demasiado los discursos llenos de florituras. Siempre era mejor ir al grano.
—Idiota.
No he tenido tiempo de escribir algo decente, he estado de exámenes y aunque tenía la idea y todo eso, solo he podido plasmar lo que tenía en mente. Me hubiera gustado profundizar un poco más en la relación de ambos y no dejarla tan... así...
También me apunto el contar alguna vez el porque Jean tiene antecedentes que le impiden circular libremente entre Francia y Bélgica o el "pasado" por así decirlo de Moira.
