Había pasado un mes entero, aun no se acostumbraba a su nuevo hogar y tampoco a su estilo de vida, además ahora tenía limitaciones nuevas. Ya no podía ir a la ciudad como antes. Aoba le había comentado a Koujaku acerca de sus estudios, actividades y amistades, y el mayordomo, con un estilo tan propio y educado, dejó muy en claro que aquellos asuntos eran claramente irrelevantes, pero que si de todas formas deseaba estudiar, podía ir al colegio que estaba cerca del pueblo, o bien estudiar en casa. Aoba prefirió ir a dicho pueblo, y quedó encantado cuando lo vio por primera vez, era pequeño y sin embargo precioso. Ahí, Aoba encontró una escuela esplendida, entró a la escuela sin problemas, le aceptaron enseguida.

—Simplemente, creo que es una pérdida de tiempo —murmuró Noiz.

Aoba, en aquellos momentos leía plácidamente en el sofá, dirigió una mirada seria a Noiz. Quizá la escuela era una pérdida de tiempo para Noiz pero para el 'joven amo' era importante y bastante fructífero pues no gustaba de ser un inútil. Además, ¿no sería mejor tener muchos estudios, para así dirigir la mansión correctamente?

—¿Tienes alguna objeción? —preguntó Aoba, haciendo un ligero puchero.

—Quizá —respondió él—. Entre más tiempo pases aquí, mejor.

Aoba miró en silencio a su frio mayordomo, que en aquellos momentos, se encontraba limpiando los dos grandes ventanales de la habitación. Noiz le regresó la mirada, inexpresivo, parecía estarle diciendo "me gusta tu presencia" y eso hiso que su 'joven amo' sonriera algo ¿halagado? Podría decirse que era un sentimiento similar al de la felicidad.

—Aoba-sama.

Aoba volteó para ver a Ren, tan tranquilo como siempre, quedó expectante a la respuesta de su amo.

—Ah, ¡Ren! Me alegra verte, ¿sucede algo?

—Koujaku me ha dicho, que hoy yo debo instruirte en el arte del baile.

—¿Debo aprender a bailar? —preguntó Aoba, azorado.

—Sí —respondió Ren, algo a secas—. Por favor sígueme.

Aoba dejó su libro de lado, y siguió a su silencioso mayordomo hasta llegar el salón de baile. Ren colocó la música, y sin preguntar tomó a su joven amo para comenzar a instruirle. Durante largo rato estuvieron practicando y practicando, para cuando el sol comenzaba a esconderse, Aoba ya había aprendido a bailar. En aquellos momentos, Aoba bailaba gustoso, con una sonrisa en el rostro, sin dejar de mirar a Ren a los ojos. Ren permanecía calmado, pero cuando Aoba hacía algo bien, le dedicaba una suave sonrisa, como diciendo "lo haces estupendo", y por ello las mejillas del peli-azul enrojecían levemente. A Ren le parecía adorable.

Después de tan grandioso baile, Aoba se marchó y salió al jardín. Clear en aquel momento estaba cuidando las rosas, él era el encargado de hacer florecer ese jardín con tanto esmero. Aoba admiró las flores y se percató de la perfección de las mismas. Ninguna rosa estaba marchita, ninguna era un capullo, todas era jóvenes rosas completamente abiertas. Aoba quedó hipnotizado por un momento, como si las rosas estuvieran hablándole, algo querían decirle, algo intentaban gritarle, pero Aoba no comprendía, solo podía mirar absorto las rosas blancas que suavemente bailaban al compás del viento. Tocó una, deslizó sus dedos, encontrándose con las espinas, el agudo dolor le hiso despertar, el dolor recorrió su dedo al igual que el hilo de sangre que fluyó libremente. Unas gotas cayeron en la rosa y otras en la tierra. Aoba en silencio se alejó lamiendo su dedo para aliviar un poco el dolor.

Clear, que había mirado toda la escena, se acercó al jardín, una sonrisa tierna se deslizó por sus labios, observó atentamente la sangre en el suelo y en la rosa. La sangre se disolvió rápidamente en la tierra, como si esta estuviera absolviéndola. Al instante que esto ocurrió, una rosa nueva brotó, pero esta era totalmente roja, a diferencia de las blancas en todo el jardín. Clear admiró la rosa roja, tan preciosa, tan fragante, nacida de las pequeñas gotas de sangre.

Solo la sangre de alguien especial puede hacer florecer una flor así. ¿No es preciosa? Aoba-san es especial, es tan especial, solo él podría hacerme sentir de esta manera. Después de todo, él ha sido traído para nosotros. ¿No es magnífico como el destino funciona? Clear cortó la rosa en donde la sangre de Aoba había caído, tomó los pétalos manchados y dejó que el dulce olor impregnara su espíritu. Tenía un olor delicioso, había pasado mucho tiempo desde que probaba algo tan esplendido. Clear guardó los pétalos en un pañuelo y luego los guardó en su bolsillo. Luego miró amoroso la rosa roja, deseaba llevarla consigo así que esta la cortó con delicadeza.

Mientras Clear suspiraba y tomaba la rosa roja en manos, para acomodarla en su saco, Koujaku también había observado la escena desde el ventanal que estaba en el segundo piso, una sonrisa siniestra adornó su semblante. La luna roja saldría el próximo mes, y con ella también despertaría su real amo. Koujaku sabía, que Aoba no había sido traído solo porque sí, ni siquiera había sido traído ahí solo por su sangre, había algo mucho más profundo dentro de ese joven y ellos debían despertarlo.

—Me pregunto si el dolor servirá. Aunque, quizá le haga llorar.

Koujaku se alejó de la ventana, sabía que faltaba poco para que anocheciera. Tomó asintió y comenzó a tocar el piano, pero a pesar de que sus dedos hacían sonar tan bella música, su mente estaba perdida en distintos tipos de pensamientos. Entonces su celular sonó, miró el número, ¡qué bien le venía esa llamada! Nada mejor que la llamada de un amigo para animar las cosas.

—¿Mizuki? Sí, hoy vamos a presentarles a nuestro querido Aoba, por favor, invita a todos —dijo Koujaku, mientras sostenía el teléfono con calma.

Esta noche, las cosas, iban a cambiar.

Aoba estaba dándose un baño, si algo realmente había llegado a gustarle, eran los baños lujosos que podía darse en la enorme tina que era solo para él. La verdad, ese mes había sido uno muy duro, pero ya que las cosas mejoraban y se sentía acompañado, el dolor de la perdida se iba borrando suavemente, aun extrañaba a su abuela, sin embargo ya había logrado hacerse a la idea de que ella estaba en un lugar mejor.

Mientras Aoba escuchaba el agua moverse y se relajaba, exhaló un suspiro largo y apacible. Y como si fuera poco, ahora tenía alguien más en quien pensar. Hace poco había comenzado sus estudios en el pueblo, curiosamente la escuela era pequeña, no había muchos alumnos, y por alguna razón, todos ignoraban a Aoba, como si le temieran, huían de él, a duras penas lo miraban y saludaban. El joven peli-azul se sentía triste cuando esto pasaba, el rechazo jamás es agradable, en especial si tú no has hecho nada para merecerlo. Lo bueno de todo esto, es que Aoba había sido capaz de conocer a Mink.

Mink, era el maestro de Aoba. Cuando Aoba lo vio supo que era amor a primera vista, quedó fascinado. Adoraba su voz, su expresión sería y su porte sereno. Mink era ridículamente atractivo a los ojos de Aoba, y jamás perdía oportunidad para hablar con él. Durante los descansos ambos platicaban con calma, Mink era agradable, aunque algo cerrado en un inicio. Pronto, el profesor comenzó a simpatizar con su alumno, le parecía de lo más tierno, era como un pequeño pajarito deseoso de aprender, además era un chico amable, dulce y simpático. Ambos se agradaban.

"Pero él es mayor que yo, seguro me ve como un estudiante, ni amigos somos ¿soy tonto?". Pensó Aoba, mientras lavaba su cabello con calma, escuchó un ruido.

—Aoba —llamó Noiz.

—¿N-Noiz? ¿Q-Que sucede?

El joven mayordomo miró hacia otro lado por un segundo, como si estuviera pensando en que responder. Dirigió su mirada gélida a su amo, y dijo tranquilamente.

—En la noche, habrá una fiesta, para ti.

—¡¿Fiesta? —exclamó Aoba, exaltado—. ¡P-Pero yo no pedí una fiesta!

—Lo sé, la fiesta la ha organizado Koujaku en tu honor, todos queremos celebrar tu llegada, ha pasado un mes, así que no suena mal hacer una fiesta, además es tu deber ofrecerlas de vez en cuando.

—¿De verdad? —preguntó Aoba.

Noiz asintió sin decir nada, después se arrodilló colocándose tras Aoba, y comenzó a lavar el cabello de su amo. Aoba se sintió indescriptiblemente bien, estremecimientos violentos recorrieron cada fibra de su cuerpo, y aunque no tenía frio, sintió un raro escalofrió que dejó su piel de gallina.

—No hay que temer —susurró Noiz, directamente en el oído de Aoba—. Será divertido, por fin tendremos algo de diversión, ¿no te parece bien?

Aoba se quedó pensando, si lo que Noiz decía era cierto —y probablemente lo era—, entonces no estaba mal ofrecer una fiesta, además, seguro sería una fiesta elegante, algo muy simple en donde la gente bebe, platica un poco, hay música y luego todo termina, seguro no sería nada muy difícil o imposible de manejar. Aunque, de todas formas le parecía algo raro que Koujaku tomara una decisión como esa sin consultarle, aunque bien apreciaba el gesto.

—Aoba… —Noiz llamó nuevamente.

Cuando Aoba volteó a ver a Noiz, podría jurar haber visto rojos los ojos de Noiz, cosa muy extraña. Parpadeó un par de veces, pero no había nada fuera de lo ordinario, todo seguía tal y como estaba, quizá algo le había entrado en el ojo y por eso vio color rojo, quizá eso había sucedido. Pero, eso no fue lo que más le había sorprendido. Lo increíble, era que Noiz ahora mismo estaba besándolo.

Los labios de Aoba estaban siendo lamidos por Noiz. Aoba trató de moverse, pero Noiz le sujetó y no le permitió escapar. Se sentía maravilloso, jamás había probado la dulzura de un beso hasta el día de hoy. Noiz besó suavemente una y otra vez a su amo, hasta que este se hubo relajado. Noiz sonrió en sus adentros, Aoba le parecía tierno, como alguien muy inocente o inexperto, esperando para ser educado. Mientras Aoba se dejaba llevar, presa del nuevo y exquisito placer que esos labios estaban proporcionándole, también estaba pensando, ¿estaba eso bien? ¿Estaba permitido? ¿Era normal? ¿Estaba mal? ¿Debería luchar más? ¿Debía rechazarlo aun si le gustaba? No estaba seguro, pero sabía que uno solo debía besar a la persona que más quería, así que pronto se sintió abrumado, no estaba seguro sobre sus propias emociones, no sabía si quería a Noiz tanto como para besarlo. Aunque llevaba un mes conviviendo con todos, resultaba difícil saber si ya le estimaba o no. ¿Amor, amistad, agradecimiento? ¿Cuál era el sentimiento correcto?

El beso terminó. Noiz se separó sin decir nada, le dedicó una fría mirada a su joven amo, y sin decir nada o explicar lo ocurrido se fue. Aoba se quedó en la tina unos minutos más, sentía su rostro arder por la vergüenza, pero también sentía que sus labios adormecidos estaban muy complacidos. Su mente divagó largo rato, hasta que volvió al mundo y salió de la tina para poder vestirse, tenía que arreglarse para la fiesta.