Aclaración de la autora: Es algo corto, pero espero les guste. 7u7 apareció Sei aunque sea un poco. ¡Calma! Pronto saldrá Mink, el salseo ya viene.

Capitulo 3: Más confusión.

—¿Qué…es…?

Miré el atuendo en mi cama, había un vestido de color negro, muy extraño, aunque hermoso debo decir. No obstante, no comprendí porque aquello estaba en mi cama. Mientras sostenía una toalla cubriendo mi cuerpo, miré hacia la puerta, esperando a que uno de mis mayordomos entrara a explicarme que estaba pasando.

—¿Aoba-sama? —la voz de Koujaku me llamó tras la puerta.

—Koujaku, pasa, necesito que me expliques algo…

Koujaku, impasible como de costumbre, me miró un momento sin pronunciar palabra, luego miró el vestido y me pareció verle sonreír, pero de ello no estaba seguro, lo dejé pasar y esperé con ansias una respuesta.

—Ha sucedido un pequeño error, yo le dije al sastre que te hiciera un atuendo para la noche, pero supongo que al ver tu foto cometió un error, quizá consideró que eras mujer y lo ha hecho para ti.

Supongo que estaba tan sorprendido que hice una cara ridícula, Koujaku parecía estar aguantando sus ganas de reír. Mi orgullo como chico se sintió herido durante un momento, pero decidí pensar que la persona se confundió debido a mi cabello largo —mala excusa pero la más conveniente—.

—Bueno, usaré algún otro traje.

—Eso no puede ser —dijo Koujaku— todos tus trajes han sido llevados al sastre, pues habías dicho que te quedaban grandes.

—Pero… no puedo bajar vestido de chica —dije nervioso—, me verán raro, ¿no crees?

—Yo no diría eso, la mayoría creen que eres una mujer, quizá por tu nombre, quizá por tu cabello. Si quieres, puedo cortarlo.

No comprendí a que venía eso, ni siquiera entendí si estaba haciendo todo a propósito. Me pregunté a mi mismo varias veces si de verdad tenía cara de chica. Miré a Koujaku y luego al vestido, comprendí que no tenía salida, y que era preferente bajar con ropas femeninas a ir desnudo frente a todo el mundo, quizá podría decir que soy mi propia hermana gemela, o algo del estilo. Y sin nada más que agregar al asunto y con mala gana dejé que Koujaku me ayudara a ponerme el vestido (fue más difícil de lo que pensé). Una vez que estuve listo, me miré en el espejo, la vergüenza era notoria y teñía mis mejillas con un claro carmín.

Además, me costaba respirar, Koujaku me había puesto un corset para mujer.

—Jamás había visto a una persona con mayor belleza —susurró Koujaku, con un tono diferente al usual. Mi cuerpo vibró nervioso y ligeramente cohibido, la mirada de mi mayordomo era distinta, como si me quemara totalmente. Desvié la mirada y fingí no darme cuenta, quizá todo eran ideas mías.

—K-Koujaku… —murmuré dudoso.

—¿Sí?

—¿Podrías quedarte a mi lado? Realmente me siento nervioso, es mi primera vez en un evento de alcurnia, no me siento preparado, ¿Qué debería hacer?

—Como tú desees —Koujaku se colocó su mano en el pecho, hiso una suave y muy elegante reverencia, después sus ojos se encontraron con los míos—. No te dejaré ir en toda la noche.

Sus palabras me supieron cual dulce veneno, una parte de mi sintió felicidad y la otra experimentó un terror profundo, por un momento me sentí a la merced de mi mayordomo… sí, de mi mayordomo, no había otra palabra. No éramos amigos, colegas ni familia, nuestra relación era casi tan extraña como el vestido que yo traía puesto. Como fuera, dejé de pensar en eso, por el momento debía encontrar una forma de sobrevivir a esta situación. Koujaku tomó mi mano y me condujo delicadamente; ahora si me sentía como una princesa, y puedo asegurar que era una vergüenza extrema. ¿Qué dirían de mí? Aunque no me interesen mucho las opiniones ajenas, hacer el ridículo tampoco era de mi gusto.

Cuando llegamos a la escalera que daba vista al vestíbulo mis pies se helaron, fue una sensación inquietante el ver tantos rostros ajenos a mi persona, realmente había olvidado lo desconectado que había estado de la sociedad, pues al no contar con amigos o parientes, me pareció que el tener un poco de compañía era suficiente. Realmente era un error, pero ¿Cómo iba pensar en cosas como esas? No había forma de que hiciera de mi vida social un aspecto primordial, así no era yo realmente. Fuera como fuera, no había salida, así que sonreí suavemente, sin estresarme, respiré hondo y me dispuse a ser amable, estaba nervioso, sí, pero no por eso sería grosero.

—Me complace presentarles a —Koujaku habló alto, todos dirigieron sus miradas hacia nosotros—, Aoba, nuestra joya maestra.

Se escucharon aplausos, o eso me pareció, pues en mis oídos resonaba el latido incesante de mi corazón. Posiblemente me hubiera desmayado de no ser por la calidez y soporte que me brindaba la presencia de Koujaku.

Esta noche era todo un reto para mí.

Mientras los invitados conversaban, Clear se encargó de recibir a los invitados de honor de aquella curiosa fiesta.

—Clear, bueno verte —dijo Mizuki.

Mizuki era un importante amigo, o mejor dicho, un importante aliado, era un hombre de buena clase, en varios sentidos, además tenía buenos contactos y otras cuantas cosas que sobraría mencionar. Clear le dedicó una suave sonrisa y le invitó a pasar, al igual que al acompañante de Mizuki.

—Es encantador —dijo Clear—. ¿Cuál es su nombre?

—Sei, es encantador ¿no es así? Tardé mucho en encontrar un vestido que hiciera lucir su belleza, me gusta presumir.

—Típico de ti —Clear sonrió ligeramente—, con ese vestido luce como una preciosa novia, tus gustos son increíbles, como era de esperarse de ti, Mizuki-san.

El acompañante de Mizuki no dijo nada, solo guardó silencio asintiendo, esa era su forma de agradecer el cumplido, y no es que no deseara hablar o agradecer, simplemente Mizuki se lo había prohibido, no le quedaba más que obedecer. Clear le pidió que le siguiera, más adelante había una pequeña sección privada, donde Mizuki conocería a la "novia" de los cuatro sucesores.

Noiz estaba con Aoba, estaba acompañándole mientras Koujaku recibía a otros invitados. Aoba no quería estar solo así que la compañía de Noiz le vino de maravilla. Noiz le ofreció un curioso vino a Aoba, le dijo que estaba bien que tomara una copa. Todos se mostraron absolutamente amables y cordiales, como si ignoraran el hecho de que él estuviera vestido de mujer. "déjamelo a mí", había dicho Noiz "No hables, por ningún motivo". Aoba pensó que Noiz lo hacía por él, para evitar que todos descubrieran que él era un hombre en vez de mujer, pero la realidad era muy distinta. Pronto las cosas se pusieron peor, Aoba comenzó a sentirse mareado, sus pies no funcionaban bien, Noiz tuvo que alejarlo.

—Iremos a un lugar más privado —le dijo a su amo.

Al llegar a dicho lugar privado, se encontró con Clear, Ren y Mizuki, los tres hablaban cordialmente, en especial Clear y Mizuki, Ren era más callado y prefería escuchar mientras disfrutaba de una buena copa de vino. Aoba parecía diferente, pues no pidió una explicación como era de costumbre, simplemente sonrió y se posicionó al lado de Clear, quien acarició su cabello con dulzura.

—Que dulce te has puesto, Aoba-san, ¿la droga ya te hiso efecto?

Aoba no respondió, solo dejó que Clear lo abrazara. Mizuki sonrió ampliamente.

—Me atrevería a decir que él es más hermoso que Sei… —dijo.

—Es una nueva adquisición, aún no hemos podido probarla —espetó Ren.

Mizuki miró a Ren con asombro, como si no creyera lo que este decía, y tenía sus razones, pues le parecía increíble que ellos, de entre todos, no hubieran ya hincado el diente en un humano de tan buena calidad, quizá había alguna buena razón tras de ello, pero no podía imaginar cual era. Sei miró a Aoba en silencio, y luego a Mizuki.

—No me imagino el porqué, tiene una gran esencia, ¿acaso están en algún tipo de ayuno maniaco? —preguntó Mizuki, al fin.

—No, no realmente —comentó Noiz, mientras servía a sí mismo una copa de vino—, en realidad solo seguimos instrucciones, supongo Koujaku tiene una muy buena razón.

Aoba soltó un suspiro, Noiz se sentó a la derecha de Clear, la habitación era algo estrecha, pero los largos sillones permitían que todos pudieran ponerse a sus anchas, y sin decir nada posicionó sus labios en el cuello de Aoba, besando suavemente su piel, sintiéndola con sus labios y lamiendo con lentitud. Noiz a duras penas podía controlarse y aunque detestara obedecer a Koujaku, sabía que debía hacerle caso en esta ocasión.

—Su piel…realmente —murmuró el rubio, relamiéndose los labios.

—No puedes hacer eso —renegó Clear, alejándole de Aoba—, si dejas una marca nos meteremos en problemas —acto seguido comenzó a dejar besos en el brazo de Aoba, hasta llegar a su mejilla y besarle nuevamente.

—¿Quieren un aperitivo? Me encantará ofrecerles un trago de Sei.

Clear sonrió y le dirigió una mirada algo cruel a Sei, pero simplemente se limitó a curvar sus labios con malicia —Acepta tu Noiz y tú también Ren.

Ambos jóvenes asintieron, se colocaron uno a cada lado de Sei. Mizuki cambió de lado, se sentó junto a Clear y simplemente acarició el cabello de Aoba, sus ojos no podían apartarse de él, era realmente hermoso, era una lástima que no estuviera consiente de lo que pasaba, ver su expresión de confusión y terror hubiera sido una delicia.

Noiz, removió en un suave gesto el vestido de Sei dejando su hombro desnudo. Sei no dijo nada, cual muñeco se dejó hacer, pero desvió la mirada, se notaba que no estaba contento con lo que ocurría, pero ¿Cómo quejarse? Él sabía que no tenía ese derecho. Ren, por su parte comenzó a besar ligeramente el cuello de Sei, mientras su mano acariciaba suavemente la pierna de Sei, acercándose lentamente a su entrepierna.

—¿Quieres la primera ronda? —preguntó Noiz, sonriendo pervertido.

—Bien —asintió Ren. Acto seguido se colocó en el suelo, se posicionó entre las piernas de Sei y alzó su vestido encontrando lo que buscaba. Noiz deslizó sus dedos con calma por el cuello de Sei, como si examinara cerámica fina, esa piel tan blanca era preciosa, era de buena calidad y no tenía marcas, quizá por maquillaje o porque Mizuki curaba muy bien a su joya para que siempre estuviera hermosa, luego de admirar tan linda piel, Noiz empezó a darle besos en el cuello. Sei dejó escapar una exhalación, su cuerpo estaba empezando a reaccionar, pero no dijo nada, solo siguió callado mientras el rubor teñía sus mejillas vergonzosamente.

Ren comenzó a acariciar el bulto entre las piernas de Sei, mientras lamia las piernas de este, dejando besos y mordisqueando, la sensación de carne entre sus dientes era estimulante, además la linda marca roja que debe era encantadora, por lo menos así lo veía Ren. El cuerpo de Se comenzó a estremecerse, ligeros escalofríos hacían temblar todo su ser, dejando su piel de gallina, aunque dolía y no le agradaba, la realidad era que su cuerpo ya estaba entrenado para sentirse bien quisiera o no. Y entonces, sin aviso alguno, los filosos —y no muy grandes— colmillos de Noiz se asomaron, los clavó con fuerza en el cuello de Sei.

—¡A-Ah!

Sei tenía prohibido emitir sonido alguno, pero el dolor en su cuello fue tan intenso que un pequeño quejido se escapó de sus labios. Mizuki sonrió divertido, sabía que a Sei le aterraba desobedecerle pues temía a los castigos que el moreno usualmente imponía.

Ren tomó el falo erecto de Sei y lo acomodó en sus labios, comenzando a chuparlo lentamente. Sei comenzó a jadear por la creciente y dulce excitación que se desató en su cuerpo. El dolor punzante en su cuello se mescló con el placer en su parte baja, ahora sentía un curioso éxtasis. Noiz comenzó a beber a tragos la sangre del azabache, tenía un agradable aroma y el sabor estaba excelente, era un humano con sangre de alta calidad, eso era notable, aunque no le provocaba de la misma manera que Aoba, no obstante aquello era irrelevante en el momento.

—Sei, estas muy excitado —se burló Ren—. ¿Se siente tan bien?

Sei miró a Mizuki, no sabía si responder o no. El moreno sonrió malicioso y dijo: —Sí, le está gustando, continúa, mi pequeño Sei no quedará satisfecho solo con eso.

—¿Hm?

—Buenos días, Aoba-san —sonrió Clear.

—¿Q-Qué pasó ayer?

—Luego de cenar tomaste un baño y dormiste toda la noche —respondió Clear.

—¿Qué? Pero… ¿y la fiesta? ¿y-y el vestido?

Clear sonrió y se sentó en la cama junto con su amo, tomó un mechón del peli-azul y sonrió con ternura, con un deseo perverso indecible.

—Fue solo un sueño.